CUADECO, 01/01/96, LA ECONOMÍA EN EXAMEN RIGUROSO

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional de Colombia, Santafe de Bogota, Columbia

Author: José Félix Cataño

No 24

Frequency: Semi-annual


Date: 01/01/96

Jean Cartelier y Antoine D' Autume. ¿L'économie devient-elle une science dure?, Economica, París, 1995.

El ministerio francés de investigación reunió en 1992 a varios pensadores provenientes de diversas corrientes de la economía para que compararan el estado de la ciencia económica con el de las ciencias `duras'. La pregunta central era la siguiente: ¿puede hoy la economía equipararse a las ciencias naturales (tanto en su metodología como en sus resultados)?

Recordemos que desde el siglo XVII (al separarse de la política y de la religión) la economía pretende adquirir un estatuto científico recurriendo a formulaciones lógicas y cuantificables. Tres siglos de construcción (debates intensos de metodología y logros explicativos y prácticos) no pueden haber pasado en vano.

Por fortuna, la editorial francesa Economica publicó, bajo la edición de Jean Cartelier y Antoine D'Autume, las ponencias de esa reunión. Hubo una amplia gama de participantes y de enfoques. Neoclásicos importantes: Malinvaud, Hildebrand, Varian, Polemarchaquis, Kirman; heterodoxos de diversos matices y grados: Benetti y Cartelier (enfoque monetario), Dumenil, Levy, Foley (visión clásica), Boyer, Amable, Lordon (Escuela de la Regulación) y Robert Clower (antiguo impulsor de la teoría de los equilibrios no-walrasianos). Además, estaban bien representadas las técnicas auxiliares de la economía: la econometría (David Hendry) y lo mejor de la epistemología económica francesa (Brochier, Favereaud, Guesmerie, Walliser, Lantner).

Las respuestas a la pregunta central pueden clasificarse en dos grupos: En el primero, las que intentaban establecer si la economía comparte las características formales de las ciencias duras: 1. Unos principios explicativos o leyes generales del objeto empírico de investigación aplicables a diferentes situaciones; es decir, la existencia de una teoría general de los fenómenos estudiados válida para muchos casos particulares; 2. Que las variables y sus relaciones mutuas se puedan cuantificar y medir en forma estadística; 3. Que se puedan hacer predicciones sobre los eventos reales cubiertos por la teoría; 4. Hacer experimentos para probar la solidez de los argumentos explicativos, es decir, que existan métodos de prueba y refutación empíricos.

El debate concluyó que la economía no reúne o no puede reunir todas esas características. Todos los participantes coinciden en que la economía posee una teoría dominante (la formulación del equilibrio general de los mercados de Arrow y Debreu) con niveles de formalización equivalentes a los que existen en las ciencias naturales, pero la mayoría de ellos acepta que aún no cumple todos los requisitos y que, por tanto, no es una ciencia dura.

Malinvaud, Brochier, Lantner, Feveraud y Foley son los principales exponentes de esta conclusión. Según ellos, la economía no es una ciencia dura porque: 1. Los fenómenos económicos son más complejos y menos permanentes que los naturales; 2. Los fenómenos económicos se presentan en contextos políticos y sociales donde la interpretación deja campo a la subjetividad. La economía, entonces, está dominada por lo normativo y, por ende, por los valores que existen en la sociedad; 3. La autonomía de lo económico en la sociedad y su permanencia no son un rasgo adquirido; 4. En la economía no se pueden hacer pruebas de laboratorio ni experimentos. En su lugar, se construyen modelos artificiales. Al no poder hacer experimentos controlados, los economistas ensayan y prueban con los modelos; 5. Los economistas no pueden hacer cálculos y predicciones exactas por las dificultades de información y construcción de datos; 6. En contraste con la física, el equilibrio general carece de sustancia pues sus magnitudes no se dejan medir estadísticamente.

Ahora bien, si la economía no puede aspirar a ser `dura', queda abierta la forma específica de ser `blanda'.

Según Polemarchaquis y Walliser, la economía sería una ciencia dura sólo por razones de método (capacidad de formalización matemática) pues las decisiones de los individuos y el equilibrio de su interacción no pueden ser refutables aun en situaciones empíricas ideales. Esta irrefutabilidad compromete el estatuto científico de la economía, pero aún queda, concluye Polemarchaquis, "la posibilidad de considerar la racionalidad y el equilibrio como las reglas de sintaxis de la lengua en que se expresan las leyes económicas".

Para Lantner, por el contrario, la cuestión no se puede decidir todavía pues la economía es una ciencia en formación que, a pesar de haberse liberado de la moral y de la política, todavía no se ha independizado del último obstáculo: las ideologías.

Más prudente, Malinvaud afirma que si bien la ciencia económica está próxima a las ciencias duras gracias a su formalización matemática, es inútil intentar un mayor acercamiento pues no es posible endurecerla más. La economía se matematizó pero, por su objeto de estudio, se mantendrá en un espacio intermedio entre ciencias duras y ciencias sociales.

Para D'Autume, la macroeconomía es la rama más cercana a las ciencias duras por su orientación empírica más firme y porque reúne teoría, datos, modelos, previsión y proposiciones prácticas.

Para Varian, la pregunta no es pertinente pues la economía debe equipararse más a la ingeniería que a la física. Es más una metodología para la acción que una ciencia explicativa ("la teoría del equilibrio general es apenas una pequeña parte de la economía") y, por ende, es inútil hacerle las exigencias de las ciencias duras.

Dumenil y Levy dicen que la economía, al tener profundas diferencias con la física, debe optar por sus propios criterios de cientificidad y que el formalismo será apenas un lenguaje entre una multiplicidad posible: "la matemática es el lenguaje natural de la física mientras que es apenas uno de los lenguajes de la economía". Al mismo tiempo, niegan la posibilidad de construir una teoría económica a partir de una totalidad teórica superior y propenden por una articulación `flexible' de las teorías particulares.

Para los teóricos de la Regulación, la pretensión del carácter de ciencia dura es inoficiosa, pues la economía no hace inferencias particulares coherentes a partir de un núcleo científico, es decir, no puede extenderse sin usar hipótesis ad hoc.

La especificidad de la economía, según Hendry, consistiría en que al no poder experimentar ni procesar fácilmente sus datos, debe elaborar un instrumento poderoso y exclusivo que aporte la otra parte de cientificidad: la econometría.

El segundo grupo de respuestas tuvo un matiz más radical: antes de establecer si la economía es un dura o blanda es necesario examinar qué la aparecer como una ciencia. Hubo tres contribuciones a esta reflexión: la de Clower y Howit, "Los fundamentos de la economía"; la de Benetti y Cartelier, "La economía como ciencia: permanencia de una convicción mal compartida"; y la de Kirman, "La evolución de la teoría económica".

La idea común es que si los pensadores sociales ven a la economía como una ciencia es porque ésta ofrece una representación construida teóricamente de acuerdo con las exigencias formales (matematización y abstracción) del fenómeno social más esencial de la historia moderna: el mercado. Construir esa representación científica ha sido el problema esencial de la ciencia económica, como evidencia el estudio de la teoría de los precios. Si la teoría walrasiana, en la formulación de Arrow y Debreu, es la referencia obligada, debería ser entonces el logro científico por excelencia de la economía después de que Adam Smith planteara la inquietud y las ideas principales para resolverla. Por tanto, la pregunta decisiva es: ¿se justifica otorgar al Equilibrio General walrasiano al menos el título de ciencia formal de los economistas?

Todos coinciden en responder que, justamente debido a la formalización, la economía ha hecho visible el fracaso para cumplir el reto esencial de su programa de investigación. La formalización no ha `endurecido' la economía pero ha permitido reconocer que no puede ser una ciencia dura. No hay una teoría formal del mercado que sea aceptable, puesto que la mejor que hoy existe no cumple dos requisitos esenciales: dar cuenta del aspecto monetario de las relaciones económicas y establecer la lógica subyacente a la coordinación de los comportamientos descentralizados por parte del mercado.

En términos más claros, el equilibrio general es una teoría donde la realidad mercantil está ausente. Allí, "el mercado ideal se identifica con la ausencia del mercado" (Benetti y Cartelier) o, como dicen Clower y Howit:

el hecho más extraño de la economía contemporánea (si estamos de acuerdo en que el problema de Adam Smith es el problema central de la economía) es la ausencia de una explicación intelectualmente satisfactoria del modo en que funciona la `mano invisible' [...] En la teoría dominante (al crear una representación de lo virtual y no de lo real) el problema de Smith se descarta por hipótesis.

¿Por qué ese balance tan negativo? El modelo neoclásico tiene dos graves carencias: una teoría de las transacciones (los agentes no pueden comprar ni vender) y una teoría de la estabilidad (no se sabe cómo los individuos forman los precios ni como éstos convergen al equilibrio). Así, la economía dominante está obligada a basarse en los teoremas de existencia del equilibrio, que abusivamente se presentan como demostración de la coherencia de una sociedad comercial cuando apenas reflejan una correspondencia exclusivamente matemática y virtual.

En suma, el resultado es pesimista. Mientras los economistas se hacen cada vez más importantes (por la amplitud de los problemas que tratan y por el peso cada vez mayor de los fenómenos comerciales en el funcionamiento de las sociedades) se pone de presente esta profesión basa su éxito social en algo distinto a la solidez de la ciencia. Las vías de superación no son claras. Kirman propone unir el rigor a un sistema adaptativo complejo donde la idea misma de equilibrio pierda importancia; Benetti y Cartelier sugieren construir una visión monetaria del proceso económico; Dumenil, Levy, Amable, Boyer y Lordon buscan sentar las bases de una ciencia económica con una articulación flexible entre las partes sin pretender crear un todo coherente.

Sin embargo, hay algo evidente. Mientras estos proyectos alternativos no den sus frutos, la mala teoría existente no será destronada porque los economistas también le tenemos horror al vacío.