CUADECO, 01/01/96, EN DIÁLOGO CON ISAIAH BERLIN

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional de Colombia, Santafe de Bogota, Columbia

Author: Ramin Jahanbegloo

No 24

Frequency: Semi-annual

Date: 01/01/96


Apartes tomados de Isaiah Berlin en diálogo con Ramin Jahanbegloo, Anaya & Mario Muchnik, España 1993.

LA CONTRAILUSTRACIÓN: JOSEPH DE MAISTRE Y EDMUND BURKE

Jahanbegloo: Volvamos a Contra la corriente y específicamente al ensayo sobre la Contrailustración. ¿Cuál ha sido el aporte de la Contrailustración al desarrollo del pensamiento europeo?

Berlin: El más importante es la creencia de que la ciencia y la razón no poseen todas las soluciones, de que para ciertas cuestiones centrales de valor --éticas, estéticas, sociales, políticas-- puede haber más de una respuesta. La creencia antigua era que para cada pregunta hay una sola respuesta verdadera. Quizá no la conozcamos; quizá seamos demasiado estúpidos o débiles, estemos mal equipados o lisiados por el pecado original o algún otro motivo nos incapacite para hallarla. Pero si una pregunta es genuina debe tener una sola respuesta verdadera. Usted y yo no la conocemos; pero acaso un día la descubra alguien. Quizás Adán la supiera en el Paraíso; quizá la sepan los ángeles, y si ellos no, entonces la sabrá Dios, pero en principio la respuesta debe existir. Del mismo modo podemos no saber cuál es el método correcto. Algunos lo buscan en las Sagradas Escrituras, o en la Revelación; otros en la Iglesia, otros en las matemáticas, los laboratorios, la vox populi, otros (como Rousseau) en el corazón puro de un campesino sencillo o un niño. La Salvación depende de que se encuentre la senda recta; de ahí que se hayan librado guerras espantosas para salvar almas y para impedir que falsas creencias las destruyan. Pero sin duda debe haber un método de obtener la respuesta verdadera. De lo cual se desprende que, una vez obtenidas todas las respuestas verdaderas, se las podrá colocar una al lado de otra porque una proposición verdadera no puede ser incompatible con otra proposición verdadera --es una verdad lógica- -, y el resultado será la armonía. Esa es la solución al rompecabezas. En el caso de las preguntas por los valores que resultarán en la idea de vida perfecta, una vez que se sepa en qué consiste ésta se puede actuar adecuadamente. Tal es la visión monista. La Contrailustración rompió con ella. Es una corriente que comienza en el siglo XVIII, en Alemania, donde individuos como Hamman dijeron: "Dios no es matemático; es artista". Para Hamman es imposible resolver los problemas sin aprehender el mensaje de la Biblia. Piensa que cuando se empiezan a cuestionar las doctrinas de los racionalistas franceses o philosophes se comprende que sus fórmulas son demasiado abstractas y generales como para resolver los dolorosos problemas de la Vida. También Herder habla por la Contrailustración cuando dice que "cada cultura tiene su propio centro de gravedad". Lo que quiere decir es que las diferentes civilizaciones persiguen metas diferentes y están destinadas a perseguirlas. El hecho de que no seamos griegos no es un perjuicio, el hecho de que no seamos romanos no es reprochable. Intentar parecernos a los romanos es distorsionar nuestra naturaleza. Somos lo que somos. Nuestros ideales son lo que son. Aristóteles es de ellos, pero Leibniz es nuestro. No podemos volver a un pasado remoto. Buscamos el bien, buscamos lo justo, buscamos lo bello, y el hecho de que no correspondan a lo que éstos eran para los turcos de la Edad Media, que vivían en un mundo muy distinto y se enfrentaban con los problemas por él creados --de los cuales tenemos escasa idea-- no es relevante para nuestras vidas y nuestros fines.

J: ¿Quién inventó la palabra `Contrailustración'?

B: Hay un norteamericano que escribió un libro sobre el `Contrarrenacimiento'. En cuanto a `Contrailustración', no sé quién inventó el concepto. Alguien lo habrá dicho. ¿Habré sido yo? Me sorprendería un poco. Tal vez sí. La verdad es que no tengo idea.

J: Al leer su ensayo sobre la Contrailustración parece que le importara más el pensamiento de Vico y Herder que el de Burke, Maistre o Bonald. ¿Considera a Vico y a Herder más libres de prejuicios reaccionarios y de odio a la igualdad y la fraternidad?

B: Pronto se publicará un largo ensayo que he escrito sobre Maistre [The Crooked Timber of Humanity 1990]. Él fue un crítico terrorífico de la Ilustración, pero brillante y de gran importancia. ¿Por qué me interesan Vico y Herder? Soy fundamentalmente un racionalista liberal. Me identifico profundamente con los valores predicados por pensadores como Voltaire, Helvétius, Holbach, Condorcet. Tal vez fueran demasiado estrechos, y muchas veces se equivocaran respecto a los hechos de la naturaleza humana, pero eso no mengua su condición de grandes liberadores. Liberaron a las gentes de diversos horrores, del oscurantismo y el fanatismo, de enfoques monstruosos. Se opusieron a la crueldad, a la opresión, libraron la lucha apropiada contra la superstición y la ignorancia y contra muchas cosas que arruinaban la vida de la gente. Por eso estoy de su lado. Pero son dogmáticos y demasiado simplistas. Si me interesan los puntos de vista de la oposición es porque creo que comprendiéndolos uno afina su visión; los enemigos inteligentes y dotados de la Ilustración suelen señalar las falacias y vacuidades de su pensamiento. Los ataques críticos que llevan al conocimiento me interesan más que la repetición y la defensa de los lugares comunes de y sobre la Ilustración. Afirmar una y otra vez que John Stuart Mill tenía más razón que Hobbes, o que Sajarov es un pensador más noble que Lenin, o que mucho de lo que dijo Herzen es más acertado que lo que dijo Marx puede volverse muy tedioso, ¿sabe? Si usted cree en los principios liberales y el análisis racional, como creo yo, debe tener en cuenta las objeciones, y considerar dónde están las grietas de sus estructuras, dónde empieza a equivocarse: la crítica hostil e incluso la oposición intolerante pueden revelar verdades. El odio puede afinar la visión tanto como el amor. Yo no comparto, ni siquiera admiro mucho, la visión de los enemigos de la Ilustración; pero he aprendido mucho de ellos, porque muestran que ciertos conceptos centrales, la edad de la razón y, sobre todo, ciertas implicaciones políticas son inadecuadas y a veces desastrosas.

J: ¿Qué piensa de Burke?

B: Bien, Burke es un crítico importante. Como Herder, señaló el poder y el valor que tiene la tradición en el moldeado de los hombres. Los argumentos de Burke contra la Revolución francesa son penetrantes y proféticos, y hasta ahora la mayoría de los críticos sociales progresistas no los habían aceptado sin retaceos, a veces sin admitirlo. No hay que culparlo a él de los excesos de algunos de sus admiradores modernos. Nunca deberíamos culpar a nadie por lo que un día pueda derivar de su pensamiento. Es ridículo echarle a Hegel la culpa del nazismo y, sin embargo, hay quien lo hace. Maistre es otra cosa; está más cerca de la Action française que Hegel de los nazis. Los grandes liberales del XVIII creían que para hacer vivir al pueblo adecuadamente se necesitaban educación y leyes: es decir, zanahoria y garrote. La zanahoria tienta y el garrote coacciona. Helvétius pensaba que se podía reformar la sociedad induciendo al pueblo a actuar correctamente por medio de premios y castigos, adiestrándolo como a los perros o a las focas. La idea es que, una vez que adquieran el hábito de vivir como el educador cree correcto, todo marchará bien: florecerán la felicidad, la armonía y la virtud. Pero esto contradice la idea kantiana de la personalidad y la libertad humana, en la cual yo creo. El proyecto de moldear a los seres humanos como si fueran niños o animales conduce lógicamente a Auguste Comte, Marx y Lenin. No bien se está seguro de lo que hay que hacer, puede hacerse por la persuasión o por la fuerza, y ambas niegan los derechos humanos básicos, por encima de todo el de elección. La falta de libertad de elección deshumaniza.

J: ¿Diría entonces que Marx está cerca de Maistre?

B: Claro que no. Al contrario, Marx está mucho más cerca de pensadores como Helvétius aunque piense que Helvétius está equivocado porque no se ocupa de la economía. Como Marx, estos pensadores del siglo XVIII eran deterministas. Pero, para Marx, ellos no habían tomado en cuenta factores esenciales, sobre todo los resultados del progreso técnico, que Saint-Simon, por supuesto, sí había considerado. No habían captado que la historia es lucha de clases. Sólo si se comprende esto, creía Marx, se pueden organizar bien las cosas. Para los marxistas, los philosophes cometieron algunos errores empíricos, pero en principio tenían razón: fueron verdaderos precursores. Plejanov, que es el marxista ruso más inteligente y un magnífico escritor, comienza su historia del socialismo con la Enciclopedia, luego pasa a Saint- Simon y Fourier, a Rodbertus y Lassalle, y así hasta llegar a Marx, Engels y a sus propios enfoques. Maistre es un pensador demasiado negro para Plejanov, de modo que lo ignora, como ignora a otros católicos críticos. Pero lo cierto es que Maistre expuso los defectos del racionalismo y el materialismo ingenuos. La disyuntiva de aceptar a Helvétius o a Maistre, de tragarse a cualquiera de ellos entero, es absurda. Hay que leerlos a los dos. Hay que leer a Tom Paine y a Burke. Es así como se aprende algo. En ética o en política no hay nada más pernicioso que sostener fanáticamente unas pocas ideas simples como claves universales, por nobles que sean. J: De modo que, desde su punto de vista, pensadores de la Contrailustración como Vico y Herder son muy diferentes de otros de la misma corriente, como Maistre y Burke. B: Bien, se parecen en el sentido de que todos son críticos de lo que podríamos llamar `monismo optimista'. Para Vico existen distintas civilizaciones y distintas escalas de valores. Herder pensaba que hay diferentes ambientes, orígenes, lenguajes, gustos y aspiraciones. La simple aceptación de que puede haber más de una respuesta válida para cada problema es un gran descubrimiento. Lleva al liberalismo y a la tolerancia. Lleva exactamente a lo opuesto de Maistre, y de vuelta a Maquiavelo. Aunque no haya habido nadie más antiliberal que Maquiavelo, sus doctrinas, paradójicamente, abrieron el camino hacia la tolerancia. A veces la gente habla y actúa al revés de lo que se proponía. Maistre era un autoritarista. Lo mismo Robespierre. Ambos fueron demasiado lejos y sus ideas llevaron --o en el caso de Maistre habrían podido llevar- - al despotismo. Cuando uno los lee, se da cuenta de que las respectivas verdades que emitieron chocan entre sí. Cuando hay distintas verdades o valores últimos mutuamente incompatibles, y no hay síntesis posible (nunca la hay, pace Hegel), en ciertas situaciones habrá que alcanzar penosamente un compromiso tolerable, si se quiere evitar la supresión total de una de esas verdades o metas humanas básicas y el consiguiente despotismo. Dicho así suena muy desabrido. Si se quieren evitar alternativas intolerables, la vida debe alcanzar diversos tipos de equilibrio a menudo inestable. Creo profundamente en esto; pero, claro, una doctrina así no inspira a la juventud. Los jóvenes buscan absolutos; y, tarde o temprano, los absolutos acaban en sangre.

J: ¿Y la crítica de la Revolución francesa que Burke hace como inglés? ¿Le parece que tiene actualidad?

B: Desde luego que sí. Burke creía que la tradición lo moldea todo. Era cristiano. Creía que había que obedecer la ley de Dios, que creó la Naturaleza con ciertos modos de funcionamiento, y que había que adaptarse a las corrientes centrales en que se movían las cosas; la idea de alterar tradiciones hondamente arraigadas en nombre de ideas abstractas era fútil, peligrosa y moralmente errónea. Claro que, llevada al extremo, esta visión desemboca en la negación completa de la posibilidad de reformas radicales. Por otro lado Burke dijo ciertas cosas sumamente sabias. Dijo que la idea de que retirando todas las capas de la civilización y el arte se encontrará una entidad tal como la pura naturaleza humana, de que se pueden penetrar en el `hombre natural' --es decir, en una criatura que corporiza lo común y verdadero a todos los hombres de todo el mundo en todo tiempo-- es una idea falsa. Hacer una revolución en nombre de la auténtica naturaleza humana --el hijo de la naturaleza de Rousseau, no adulterado por el vicio humano, el error, el arte, la ciencia, la corrupción de la cultura-- es absurdo y perjudicial. Para Burke la naturaleza humana universal no existe. Las artes y la civilización son parte de nuestra naturaleza, las diferencias de tradición son parte de nosotros. No se trata de que haya una médula envuelta en vestiduras artificiales que son invenciones humanas, arte, cultura, diferencias de hábito, perspectiva, gusto y carácter. La naturaleza es crecimiento, no algo estático e impasible, igual en todo tiempo y lugar, que espera que la liberen del cúmulo de tegumentos innaturales con que la han cubierto los vicios y flaquezas de los hombres.

J: Por eso critica tan severamente la Declaración de los Derechos Humanos.

B: Sí. La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano es uno de los legados más nobles de la gran Revolución. Con todo, pienso que yo no puedo reconocer, por ejemplo, la idea de que el derecho natural e ilimitado a la propiedad es sagrado, en la cual creían Burke y los revolucionarios franceses. En el mundo actual, consideramos que la propiedad privada es indispensable para que haya un mínimo grado de libertad individual, nos lo han enseñado la mayoría de los regímenes marxistas; pero tal vez ni yo ni la mayoría de la gente estemos dispuestos a morir por el sistema capitalista. En ese sentido hemos avanzado en relación a los principios, tanto de la Gironda como del Club de los Jacobinos.

J: En esto Maistre se parece a Burke cuando dice que nunca ha visto un hombre esencial.

B: Ah, sí, Maistre respeta mucho a Burke. Él dice: he conocido franceses, ingleses, rusos y monsieur de Montesquieu nos cuenta que hay persas. ¿Pero quién es el hombre? Tiene razón, desde luego. Vico dice lo mismo; niega que exista una naturaleza humana general, invariable. Por eso no pensaba que los salvajes llevaran en el corazón leyes naturales grabadas en letras más duraderas que el bronce. Pero también tiene razón Thomas Paine cuando dice que Burke "admira el plumaje pero se olvida del pájaro agonizante". El ancien régimen no me resulta particularmente atractivo. El régimen de Luis XV no me parece mejor que, digamos, el de Luis Felipe, ni que la Tercera República. Disfrutaban de él los de buena cuna y los ricos; la miseria de los pobres era apabullante, mucho más hacia el final.

J: Pero filosóficamente hablando, ¿se siente usted más cerca de Burke o de Thomas Paine?

De ninguno de los dos. Me siento cerca de Condorcet aunque a veces era demasiado simple, políticamente demasiado ingenuo; decía que el método científico podía resolver todos los problemas; su lema era Calculemus. Y no es así. Los fines humanos chocan entre sí, y no hay cálculo que pueda ahorrarnos elecciones penosas y soluciones imperfectas. Sin embargo, su Esquisse d'un Tableau Historique des Progrès de l'Esprit Humain es una obra conmovedora y notable, y mucho de lo que dice es nuevo, cierto e importante. ¿Qué más se le puede pedir a alguien?

J: ¿Y usted concuerda con su idea de progreso?

B: No, pero el tono es correcto. Condorcet creía en la Ilustración, en la educación, en la tolerancia y en la igualdad racial y social. Creía en una sociedad humana decente. Pero cuando, escribiendo en contra de él, Maistre dice que el consejo de seguir a la Naturaleza acarrea consecuencias curiosas, no está diciendo nada absurdo. Los philosophes --razona Maistre-- nos dicen que la Naturaleza es un todo armonioso; pero si uno la estudia de veras, ¿qué encuentra? Un matadero. Plantas que se destruyen unas a otras, animales que se hacen trizas entre sí, violencia por doquier, y el peor animal es el hombre. No es frecuente que animales de la misma especie se maten entre ellos, pero el hombre sí mata a sus semejantes; no hay nada que se le resista: es el más cruel de los animales. Así pues, la Naturaleza no es más que un campo de batalla. Quizá sea un tanto exagerado, pero es más cierto que la consigna de seguir a la Naturaleza porque en ella todo es pacífico, armonioso y bello. Esto no es verdad. Por eso me interesó Maistre. Ya le he dicho que me interesan más los críticos que los defensores de aquello en lo que creo.

LA IZQUIERDA Y EL NAUFRAGIO DEL MARXISMO

J: ¿Cree que el marxismo está tan vivo como hace veinte años?

B: Creo que ha pasado algo muy raro. Evidentemente hay algo que puede describirse como pensamiento de izquierdas; pero me parece que, por primera vez en más de dos siglos, en Occidente este pensamiento se ha derrumbado. Le aclararé la proposición. Podría decirse que la izquierda comienza con Voltaire. Tiene su centro en París. Voltaire está contra la Iglesia, contra el ancien régime, con los valores tradicionales; para las autoridades es una figura subversiva. En su día, las ideas de Voltaire fueron consideradas peligrosas para la ortodoxia establecida. Luego vienen los philosophes de la Enciclopedia. Luego el gran levantamiento radical: la Revolución francesa. Luego el bonapartismo, modificación de las ideas radicales pero sin retorno a los Borbones; en la organización napoleónica de Francia hay claros elementos radicales: un código de leyes racional, poco respeto por la realeza y la tradición en el primer imperio. Luego tiene lugar la Restauración, pero en la década de 1820 en París todavía proliferan las conspiraciones contra el régimen. Ha muerto Babeuf, pero está en acción Buonarroti. Tras esto vienen los círculos de trabajadores alemanes emigrados, la Société de Quatre Saisons y los carbonarios de izquierda. En la década de 1840 París está llena de revolucionarios: Bakunin, Marx, Herzen, Louis Blanc, Proudhon, Dézamy, Blanqui, Leroux, los otros amigos socialistas de George Sand, saint-simonianos, fourieristas, comunistas, anarquistas. Luego 1848, y después Napoleón III y el aplastamiento de la acción radical. Pero Victor Hugo y Michelet se identifican con las fuerzas republicanas que están contra el Imperio y escriben y agitan, y en protesta abandonan Francia, como los exiliados que se refugian veinte años en Londres. Sigue entonces la Comuna, y después de la Comuna los partidos socialistas, marxistas, alemanistas, posibilistas, Jaurès, Guesde, los dreyfusianos, etcétera. A continuación los gobiernos radicales que disuelven los monasterios. Luego, tras la Primera Guerra Mundial, la Tercera Internacional; la mayoría de los socialistas franceses se pasan a las filas comunistas. París sigue siendo el gran centro de diversas ideas de izquierdas, contra y a favor de Moscú. Ocurre entonces la Segunda guerra mundial, y la Resistencia comunista, y aparecen intelectuales como Sartre y Marleau-Ponty que inspiran a ciertos revolucionarios asiáticos y africanos, y cosas así. Luego, por fin, los acontecimientos de 1968. Después de eso, súbitamente, el silencio. Tomemos el caso de un joven de hoy. Quiere ayudar a los pobres contra los ricos, quiere justicia social e igualdad, la abolición del capitalismo, una sociedad humana decente y racionalmente organizada. ¿Quiénes son sus líderes? Aunque algunos sean charlatanes, ¿dónde están? ¿Quiénes son los nuevos dirigentes carismáticos de la izquierda en París, el centro del izquierdismo, o para el caso en cualquier otro lugar? ¿A dónde se vuelve ese joven? ¿A los verdes? ¿A las feministas? ¿Eso es todo lo que queda de la vieja izquierda?

J: Bien, a mí me parece que en la izquierda actual de Francia no hay ningún líder carismático.

B: En Inglaterra lo único que tenemos es al ya mayor E. P. Thompson, que propugna el desarme nuclear, y a Tony Benn. No es mucho.

J: De hecho, los principales movimientos de izquierda en la Europa de hoy son los antinucleares.

B: Pero no tienen ningún líder carismático. Nómbreme un dirigente de izquierdas que, acertadamente o no, pueda inspirar a los jóvenes. ¿Cohn Bendit? ¿El fallecido Dutschke? ¿Hayden?

J: ¿Y Miterrand?

B: Es muy moderado. No es que sea terriblemente izquierdista, ¿verdad? No lo veo tanto como socialista sino como miembro de un partido laborista gradualista.

J: ¿Qué pasó con el Partido Laborista?

B: Pasaron dos cosas. Primero, la Unión Soviética los ha traicionado. En cierto modo, aunque condenaran tajantemente a Stalin y sus obras y crímenes, ellos, sabe usted, tenían la esperanza puesta en esa dirección. Un socialismo que se ha desviado pero sigue siendo socialismo; un Estado obrero pervertido y corrupto, pero Estado obrero; Lenin salvó la Revolución, Bujarin fue un comunista honrado; Stalin y Beria son monstruos y, sin embargo, la izquierda sigue mirando con esperanza hacia los países socialistas, hasta Israel lo hace. Si Rusia ha traicionado el ideal, Yugoslavia es mejor. Si Yugoslavia ya no, entonces, China. Después Cuba, Nicaragua. Pero, básicamente, el fenómeno del comunismo en el poder se ha desacreditado. Segundo, permítame señalar que la meta principal del socialismo, aparte de la justicia social, es alimentar al hambriento y vestir al desnudo. Aún no hay ningún gobierno socialista que lo haya conseguido; la economía socialista no ha despegado. El capitalismo puede ser maligno, opresivo, puede ser explotador, puede comercializar y vulgarizar la cultura y destruir los valores morales, pero en sus dominios hay más libertad, mayor variedad, más expresión. No creo que en la Unión Soviética actual haya muchos marxistas verdaderamente convencidos; en el mejor de los casos hay muy, muy pocos. En Inglaterra y en Francia sí, y en América Latina hay muchos. ¿Pero en Europa Oriental, la tierra natal? Algo se ha desmoronado. Hay un viraje mundial a la derecha. Por mi parte, desearía que no fuese así. Yo soy liberal.

J: ¿Qué piensa de Gorbachov y la perestroika?

B: Sobre él no tengo ninguna teoría especial. Me gustaría que le fuese bien. En la Unión Soviética, toda la gente con la que hablé estaba a favor de la perestroika, pero la mayoría era escéptica al éxito de las reformas. Todavía hay demasiados problemas.

J: ¿Qué clase de problemas?

B: Sobre todo burocráticos y económicos. Con Stalin hubo una decadencia terrible de la vida económica. Los trabajadores no están bien formados, no son ingeniosos ni lo suficientemente enérgicos ni competentes. En el aspecto tecnológico están muy por debajo de Occidente. Los campesinos siguen siendo primitivos. La intelligentsia es entusiasta, esperanzada y moralmente atractiva y crítica. Pero hay una enorme burocracia temerosa de perder su poder. En Rusia siempre ha habido una burocracia rígida, reaccionaria y no muy eficaz, un ejército poderoso y una poderosa policía secreta. Pero la primera y mayor tarea de Gorbachov es rescatar la economía; algo, por cierto, muy muy difícil. Hasta Brecht, que era stalinista, dijo una vez que primero hay que llenarse el estómago y después viene la moral. Era una defensa del stalinismo, pero bajo Stalin se derrumbaron tanto la alimentación como la moral, el hambre se sumó a un exterminio odioso. Gorbachov debe enfrentarse con problemas inmensos. Espero que los supere.

J: Los intelectuales soviéticos tienen muchas esperanzas.

B: La mayoría de los que yo conozco son gente heroica, siempre sensible, sincera, dotada, excepcionalmente admirable. Se mueven entre la esperanza y la desesperación. Algunos jóvenes me parecen muy civilizados.

J: ¿Y figuras como Solzhenitsin?

B: Pienso que Solzhenitsin es un poco como los Viejos Fieles del siglo XVII. Pedro el Grande les parecía el demonio en el trono. Él piensa que el comunismo es el Diablo, una maldición terrible en Rusia o en China, y debe ser segado. Pisotea todos los valores humanos, en especial los valores tradicionales rusos, y hay que erradicarlo.

J: ¿Está usted de acuerdo?

B: No. Yo pienso que el comunismo es un fracaso total, y que lleva en la conciencia --si la tiene-- más crímenes terribles que cualquier otro movimiento histórico, incluso los de las grandes persecuciones religiosas. Cuando en 1988 estuve en la Unión Soviética, en uno de los diarios oficiales, no en un samizdat sino en un medio oficial cuyo nombre se me escapa, leí un artículo que decía que en Occidente se calcula que durante el gobierno de Stalin hubo entre quince y veinte millones de víctimas; pero que no es verdad, que fueron cincuenta millones. Bueno después de algo así no entiendo cómo se puede empezar siquiera a defender a alguien que se inspire en semejante régimen. No estoy de acuerdo con los nouveaux philosophes franceses, cuando dicen que Marx lleva directamente al Gulag. A Marx le gustaba la violencia, y la violencia alimenta violencia. Pero Marx no propugnó los asesinatos en masa; ésta es una idea nueva en Occidente. El verdadero autor de la cosa es Lenin. Con Lenin se exterminó a más gente inocente que en cualquier revolución anterior, mucha más que en 1793, 1848 ó 1870. Hubo verdadero terror, no en la escala de Stalin, pero terror real que golpeaba a derecha e izquierda; en eso se basaba el leninismo.

J: Pero, aparte, del fracaso del comunismo como régimen político, pienso que en Occidente se ha derrumbado el marxismo como forma de pensamiento filosófico.

B: No, pienso que en Marx se pueden encontrar ideas que pertenecen al tesoro general de las ideas humanas. Por ejemplo, Marx fue el primero que predijo el ascenso de las grandes finanzas, que identificó la influencia de la tecnología en la cultura en general, que expuso los engranajes de la actividad capitalista. Predicó la lucha de clases, y por supuesto que exageró desaforadamente; la lucha de clases no es un fenómeno universal, no es tan decisivo ni está tan ampliamente extendido como él pensaba. Cualesquiera sean las tensiones sociales e injusticias, ni en Inglaterra ni en Francia ni en Estados Unidos hay lucha de clases abierta, enconada. Tal vez la haya en Nicaragua. China es un buen ejemplo de las pesadillas que puede generar el fanatismo marxista.

J: ¿Por eso describe a Marx como "un profeta antiguo que realiza una tarea impuesta desde el Cielo"?

B: ¿Yo he dicho eso? No, me parece una exageración. Creo que algunos lo dijeron porque la barba de Marx era como la de los profetas judíos en la Biblia de Doré.

J: Marx me parece muy influido por el judaísmo y el pensamiento cristiano.

B: Es posible. ¿Y quién no, en aquella época? Todos leían la Biblia.

J: ¿Pero qué considera realmente nuevo en Marx?

B: Como acabo de decir, la idea de que los cambios tecnológicos tienen una influencia dominante en la cultura. Es una idea nueva. Saint-Simon también lo dijo, pero a Saint-Simon lo leen muy pocos. Quiero decir que la idea de que el cambio tecnológico influye en el arte y la cultura es una idea marxista. En este sentido el marxismo no está muerto aunque buena parte de su doctrina --el análisis del nacionalismo, por ejemplo, o de la religión, o del rol de los grandes líderes-- sea en gran parte falaz. Nadie predijo el ascenso de las Grandes Finanzas como Marx. A veces los ideales disfrazan intereses aunque no invariablemente como él suponía. Las preguntas sobre a quién benefician una idea, un movimiento, una actividad; quién gana algo más allá del móvil que los crea, no son preguntas tontas.

J: Al parecer, en el Tercer Mundo el marxismo está vivo.

B: Es natural. Cualquier doctrina que diga "A vuestros amos los animan los peores motivos, conscientes e inconscientes" y "Si hacéis esto y esto venceréis, la historia y el futuro están de vuestra parte", tendrán seguidores donde haya opresión y pobreza. La predicción de una victoria inevitable, porque las estrellas la acompañan, no puede dejar de atraer a la clase oprimida. Marx le brinda una esperanza inextinguible. "No temáis; organizaos y la victoria será vuestra". Los cristianos creen que sucederá en el otro mundo; Marx dice que sucederá en éste. Usted habrá oído hablar de las pancartas que colgaron en Moscú: "¡Proletarios del mundo, perdonadnos!", "Hemos hecho un viaje de setenta años hacia la nada". ¿No cree que ha habido una `mutación' radical de la izquierda?

J: Creo que es consecuencia de la bancarrota filosófica del marxismo.

B: No sólo filosófica sino sobre todo económica, social y política. ¿Usted conoce algún líder capaz de organizar un movimiento comunista poderoso?

J: Es que pienso que el comunismo ya no tiene razón de ser.

B: Bueno, en Latinoamérica y probablemente en Asia todavía tiene muchos devotos. Pero históricamente hablando se ha producido un bouleversement, una mutación decisiva que nadie ha descrito por completo.