RESUMEN
Este ensayo describe el papel de los bienes básicos y la mercancía patrón en el esquema de precios de producción propuesto por Piero Sraffa. Su tema central son los problemas relacionados con la interpretación de Homero Cuevas: la importancia de los bienes básicos y de los bienes de lujo en la determinación de los precios y la distribución del excedente; la composición y el papel de la mercancía patrón; las limitaciones de la distinción entre los dos tipos de bienes y del concepto de mercancía patrón y la supuesta imposibilidad de construir la mercancía patrón.
After spending much of my academic youth on the diversionary delights of Post-Sraffian value theory, I became persuaded that time is too precious to be thus occupied for an entire carrier.
Geoffrey Hodgson
Este ensayo expone y comenta el papel que juegan los bienes básicos y la mercancía patrón en el esquema de precios de producción propuesto por Piero Sraffa. También discute la relación entre el análisis de Sraffa y algunos problemas planteados por Ricardo y Marx. 1
La obra de Sraffa puede interpretarse desde diversos puntos de vista y los trabajos existentes podría clasificarse en dos grandes vertientes. Una, la de los que consideran su libro Producción de mercancías por medio de mercancías como una crítica a los fundamentos conceptuales de la teoría neoclásica. 2 Otra, no incompatible con la primera, la de los que lo consideran como una contribución a la teoría de los precios de producción, es decir, como un intento de aclarar y resolver ciertos problemas planteados por los economistas de la tradición clásica y marxista. 3
Cuando el texto de Sraffa se considera como un estudio de las variaciones de precios en respuesta a los cambios en las variables distributivas, se deben evitar prejuicios ideológicos y no incurrir en el error de
buscar en Producción de mercancías lo que no existe: una teoría de la acumulación capitalista y de las crisis o, incluso, una teoría del modo en el cual las relaciones entre las dos clases sociales determinan la división del producto entre salarios y ganancias. Para todos estos problemas, Sraffa nos remite a los lugares donde recibieron el tratamiento más avanzado dentro de esta posición teórica: a El Capital de Marx, esencialmente, y a todo el trabajo que es necesario realizar para desarrollar las ideas en él contenidas en relación con el estado presente de la realidad y de los conocimientos económicos [Garegnani 1979].
Así, pues, el tema de este ensayo es bastante limitado. No abarca todos los campos cubiertos por la obra de Sraffa, tampoco analiza la importancia y alcance de su libro ni sus nexos con otras escuelas de pensamiento. Después de presentar brevemente su sistema analítico, intenta demostrar que las críticas de Homero Cuevas se deben a una incomprensión del problema que se planteaba Sraffa, ocasionada por una interpretación forzada de las analogías formales entre el sistema sraffiano y las ecuaciones de precios formuladas por Marx, sin distinguir claramente los problemas que cada autor intentaba resolver y pasando por alto la diversidad de perspectivas desde las que intentaban resolverlos. De modo que sólo se discuten las cuestiones ligadas más directamente a los planteamientos de Cuevas [1985, 1986, capítulos 5 y 6]: la importancia de cada tipo de bienes en la determinación de los precios y en la distribución del excedente; la composición y el papel de la mercancía patrón; las imitaciones de la distinción entre los dos tipos de bienes y del concepto de mercancía patrón y la supuesta imposibilidad de construir la mercancía patrón.
EL SISTEMA DE SRAFFA
En las primeras secciones de su libro, Sraffa demuestra que en un sistema económico de subsistencia, donde se produce lo justo para mantenerse y las mercancías son producidas por industrias distintas, "hay un único conjunto de valores de cambio que, en caso de ser adoptado por el mercado, restablece la distribución original de los productos y hace posible que el proceso se repita; tales valores surgen directamente de los métodos de producción" [Sraffa 1966, 18].
Si el sistema económico produce un excedente, su distribución debe realizarse "a través del mismo mecanismo y al mismo tiempo que se determinan los precios de las mercancías" [Sraffa 1966, 21]. Si la tasa de salarios supera el nivel de subsistencia, los precios relativos y una de las variables distributivas se pueden determinar simultáneamente, tomando como datos la tecnología y la otra variable distributiva.
Para Sraffa, al igual que para los economistas clásicos y Marx, la clave de la teoría de los precios de producción es el "movimiento de los precios relativos que sigue a una variación en el salario", movimiento que obedece a "la desigualdad de las proporciones en que se emplean el trabajo y los medios de producción en las diversas industrias. Es claro que si esa proporción fuera la misma en todas las industrias, al cambiar la tasa de salarios no se presentaría ninguna variación de precios por grande que fuera la diversidad de la composición-mercancía de los medios de producción en las diferentes industrias"; por ello, también "es imposible que los precios permanezcan inalterados cuando hay una desigualdad de `proporciones'" [Sraffa 1966, 30].
Sraffa analiza, además, la influencia sobre los precios relativos de los cambios técnicos que se presentan en la producción de dos tipos de bienes: los bienes básicos y los bienes no básicos; en el caso de los primeros, es decir, de los bienes que se necesitan --directa o indirectamente-- en todos los procesos productivos, el cambio en la estructura tecnológica afecta todos los precios relativos y también la relación entre los salarios y los beneficios. En el caso de los segundos (bienes que no se utilizan como medios de producción o sólo se utilizan en la producción de sí mismos o de otros productos no básicos), el cambio sólo afecta los precios relativos de los bienes involucrados, sin extenderse al conjunto del sistema.
Para estudiar en detalle la forma en que se modifican los precios relativos cuando varía la distribución, Sraffa acude a una construcción auxiliar, la `mercancía patrón', una mercancía compuesta en tal forma que su precio --expresado en términos de la totalidad de sus medios de producción-- no se modifica cuando ocurren cambios en las variables distributivas.
El análisis se completa con el estudio de los productos conjuntos, los bienes de capital fijo y los medios de producción escasos o no reproducibles. 4
Sraffa trata de resolver ciertos problemas que, en forma un tanto confusa, se plantearon los economistas de la tradición clásica, pero su esquema analítico no es idéntico al de aquéllos y aunque las soluciones que propone contribuyen a aclarar esos problemas también sirven para mostrar, a veces implícitamente, los límites dentro de los que son válidas tales soluciones.
Una diferencia analítica importante tiene que ver con el tratamiento de los bienes salariales. Mientras que para los economistas clásicos éstos son el núcleo de la teoría de los precios, en el esquema de Sraffa son considerados en su papel de bienes no básicos; para los primeros, la distribución depende básicamente de un salario de subsistencia que aparece dado en términos físicos; para Sraffa, en cambio, el salario puede superar ese nivel de subsistencia y el tipo de beneficio sería la variable fundamental, que puede determinarse en forma exógena al sistema.5
Los economistas clásicos establecían diferencias entre bienes `necesarios' y bienes `de lujo'; para ellos, las condiciones de producción de los primeros influirían sobre el conjunto de los precios relativos, mientras que en el caso de los segundos su impacto sería más limitado. En el esquema de un bien, donde el salario es una cantidad determinada de la mercancía que se produce, el bien salarial es el único necesario, ya sea que para producirlo sólo se requiera trabajo o que, además, también se requiera una cantidad cualquiera de sí mismo. Así, la distinción entre bienes necesarios y bienes de lujo aparece como una distinción entre bienes salariales y bienes de lujo.
Al criticar la teoría de precios de Smith, Ricardo acepta que los impuestos sobre los bienes de lujo sólo aumentan sus precios relativos, pero no acepta la idea de que cuando se gravan los bienes de primera necesidad aumenta el nivel general de precios; en su esquema, los beneficios deben disminuir.
En su análisis de la renta de la tierra, Ricardo sostiene que --siempre y cuando haya ausencia de cambio técnico-- para aumentar la producción agrícola se requiere cultivar tierras cada vez menos fértiles. Como el salario debe permanecer al nivel de subsistencia, en términos del producto agrícola, el aumento de los costos de producción reduce el tipo de beneficio; el proceso de expansión agrícola se detendría cuando el tipo de beneficio llegara a un nivel que no indujera la inversión; entonces, la acumulación de capital cesaría y la población permanecería estacionaria. En cambio, cuando es un bien de lujo el que se produce en condiciones de rendimientos decrecientes no se presenta el efecto descrito porque el tipo de beneficio y el salario permanecen inalterados, en términos de bienes necesarios. En síntesis, sólo cuando aumentan los costos de producción de los bienes necesarios y el salario permanece constante, en términos de esos bienes o de una canasta de la que formen parte, se tiende al estado estacionario.
Años después, Dmitriev y Bortkiewicz demostraron que, además de los bienes salariales, dentro de los bienes necesarios había que incluir los bienes directa o indirectamente necesarios para producir los primeros. El análisis de Bortkiewicz permite corregir un error de Marx, quien, al determinar la tasa media de ganancia como la relación entre la plusvalía total y el valor total del capital, se vio inducido a concluir que en esa determinación son importantes las condiciones de producción de todos los bienes, incluidos los bienes de lujo; error que mantiene el profesor Cuevas.
En realidad, si el tipo de salarios se fijara en términos físicos, en la determinación del tipo de beneficio sólo entrarían las condiciones de producción de los bienes básicos, es decir, de los bienes que consumen los trabajadores y de todos los que se necesiten directa o indirectamente para producirlos. A este respecto debe observarse que, en la Historia crítica de la plusvalía,Marx acepta la distinción entre bienes necesarios y bienes de lujo, observando, además, que un cambio en las condiciones de producción sólo afectará la tasa de plusvalía si el cambio se lleva a cabo en los sectores que producen bienes necesarios; un aumento de la productividad en los sectores que producen bienes de lujo tan sólo disminuirá su valor.
Sin embargo, el esquema de Sraffa difiere del que plantean los dos autores mencionados por cuanto abandona la hipótesis del salario de subsistencia fijado en términos de mercancías; para hacer más notoria su diferencia abandona la terminología clásica (que sugiere una distinción basada en el consumo de bienes) y la sustituye por términos más afines con el aspecto tecnológico de los procesos productivos: bienes `básicos' y bienes `no básicos'. "El criterio de distinción" --dice Sraffa-- es "si una mercancía entra (directa o indirectamente) en la producción de todas las mercancías. Las que lo hacen serán denominadas productos básicos, y las que no lo hacen serán denominadas productos no básicos" [Sraffa 1966, 24]. Es claro que ese criterio no coincide con la distinción entre bienes de consumo y bienes de producción, no sólo porque los bienes salariales forman parte de los bienes necesarios sino porque puede haber mercancías no básicas que sólo se utilizan para producir otras mercancías no básicas.
Podría pensarse que la denominación de Sraffa coincide con los conceptos clásicos sólo cuando se acepta la hipótesis de salario de subsistencia o, en otros términos, cuando se supone que éste viene especificado por una canasta conocida de bienes. En tal caso, las cantidades de trabajo necesarias en cada proceso quedan representadas por los coeficientes de la matriz tecnológica. No obstante, Sraffa no adopta la hipótesis de un salario dado en términos de mercancías, "debemos tener ahora en cuenta el otro aspecto de los salarios, puesto que además del elemento de subsistencia, que siempre está presente en ellos, pueden incluir una participación en el excedente producido"; entonces sería posible "separar las dos partes componentes del salario y considerar sólo la parte del `excedente' como variable; en tanto que los bienes necesarios para la subsistencia de los trabajadores continuarían apareciendo entre los medios de producción" [Sraffa 1966, 25].
Sraffa adopta la práctica usual de considerar todo el salario como variable; sin embargo, eso implica "relegar los bienes necesarios de consumo al limbo de los bienes no básicos" y representa un inconveniente puesto que "los bienes de primera necesidad son, esencialmente, bienes básicos" [Sraffa 1966, 26] y entonces cabe la posibilidad de que los cambios en las condiciones de producción de los bienes salario no influyan sobre el conjunto del sistema.
Para que esto no ocurra, Sraffa sugiere establecer un salario mínimo en términos del precio de los bienes de subsistencia; así, los cambios en las condiciones de producción de estos últimos ejercen su influencia a través de ese límite mínimo y, por tanto, sobre el conjunto de precios relativos. Pero si cambian las condiciones de producción de un bien salarial que no es básico desde el punto de vista tecnológico, la curva que expresa la relación entre salarios y beneficios, medidos en términos de bienes básicos, no cambiará; eventualmente habrá un desplazamiento a lo largo de la curva, pero si no cambia el tipo de beneficio tampoco cambiarán los precios relativos de los bienes básicos. Los bienes que entran en el `consumo excedente' de los trabajadores no influirán sobre los precios porque no provocan variaciones en el límite mínimo del salario. Sea como sea, Sraffa afirma que sus resultados no se alteran si el salario se considera en la forma más correcta, esto es, dividiéndolo en una parte de subsistencia y otra de participación en el excedente. Esa afirmación ha sido confirmada por los análisis de Luigi Pasinetti [1984], quien elabora con rigor las demostraciones matemáticas correspondientes.
CRÍTICAS A LA INTERPRETACIÓN DE HOMERO CUEVAS
Contrariamente a lo que piensa el profesor Cuevas, la mercancía patrón sólo es una construcción aritmética, una canasta o índice que permite analizar la relación entre precios de producción y variables distributivas; si ésta se eliminase, el análisis de Sraffa no perdería consistencia, pues sólo es un instrumento analítico, un recurso lógico, un artificio para hacer más nítido el razonamiento y aclarar los problemas de medición que no pudieron resolver satisfactoriamente los economistas clásicos. Es evidente que no se requiere un sistema económico patrón, un sistema físico real que produzca esa mercancía compuesta; al contrario, debería ser claro que a un sistema económico especificado en términos de una tecnología dada corresponde un sistema o mercancía patrón; si la tecnología fuese distinta el sistema económico también sería diferente y a éste correspondería otro sistema patrón.
Homero Cuevas no tiene en cuenta que el análisis de Sraffa se desarrolla en un nivel distinto del que escoge Marx; mientras que al primero le interesa analizar los cambios de los precios cuando varía la distribución, al segundo le interesa descubrir la naturaleza del valor y, a partir de ella, encontrar la relación entre precios y valores.
A Sraffa no le preocupa descubrir el origen del valor o de la ganancia. Como ya se dijo, para ese problema específico y otros ligados a él nos remite a El Capital mismo, aunque su solución personal contribuye a aclarar algunos errores cometidos por Marx. Por otra parte, cierta desconfianza en la presentación matemática de Sraffa y una confusión entre agregados y componentes del sistema llevan a que Homero Cuevas no acepte que la composición de la mercancía patrón es independiente de la proporción en que se produzcan bienes básicos y bienes no básicos, problema que ya se comentó. Es cierto, sin embargo, que Sraffa no demostró formalmente sus afirmaciones, pues se negó a usar el álgebra de matrices. Esa tarea fue llevada a término por Pasinetti, quien entre otras cosas demostró que si se incluían los bienes no básicos en la mercancía patrón, sus participaciones serían iguales a cero [Pasinetti 1984, 124-143].
Para identificar los límites de la solución de Sraffa, examinaremos a continuación la relación entre la mercancía patrón y el problema clásico de la medida intentando mostrar la especificidad del planteamiento sraffiano.
En la investigación de Adam Smith, la riqueza de las naciones depende de la división del trabajo y de la relación entre el empleo del sector capitalista y el empleo en los sectores no capitalistas. Para su propósito teórico, la medida más adecuada del capital y del excedente es la cantidad de trabajo que se puede emplear con uno u otro, esto es, el trabajo que puede ser adquirido u `ordenado'. Con esta medida, el capital es la ocupación total que se puede ofrecer y el excedente, la cantidad de nuevos puestos potencialmente disponibles en el período. La relación entre las dos cantidades es la tasa de crecimiento de la ocupación potencialmente productiva.
El problema de Ricardo es distinto: determinar las leyes que regulan la distribución del producto. El trabajo `ordenado' de Smith no es adecuado para enfrentar su problema. De ahí su crítica, las magnitudes expresadas en términos de esa medida dependen de los precios y del salario; así la renta que debería distribuirse variaría al cambiar la distribución. Por ello optó por medir las mercancías en términos del trabajo necesario para producirlas, esto es, mediante el trabajo `incorporado', una medida absoluta que tiene la ventaja de no modificarse cuando cambia la distribución.
No obstante, esta medida no es la más adecuada para analizar la distribución. Como señaló Garegnani, el capital debe medirse en términos de "cantidades: a. independientes de variaciones en la distribución, de modo que se puedan tomar como parte de los datos que determinan el tipo de beneficio; b. para las que sea posible postular una relación conocida con el valor del capital medido por ellas" [Garegnani 1978, 19]; en efecto, "para que los resultados de la teoría puedan ser significativos[...], las mercancías expresadas en términos de la unidad de medida común deben hallarse una a la otra en la misma relación en que se cambiarían en la situación estudiada" [Garegnani 1978, 7]. El trabajo incorporado no satisface la segunda condición. Cuando el tipo de beneficio es positivo los precios relativos difieren de las relaciones de trabajo incorporado en las mercancías, excepto cuando las industrias que las producen tienen igual composición orgánica. En Ricardo, la dificultad para resolver el problema surge cuando intenta utilizar una medida única para resolver dos problemas distintos:
Para analizar el primero es útil una medida absoluta, el trabajo incorporado pero, como dice Sraffa:
En este intento encaminado a extender la aplicación del valor absoluto al segundo problema (el de distinguir las dos clases de cambios en los valores [de] cambio), Ricardo se enfrentó al dilema siguiente: mientras [que] la primera aplicación presupone una proporcionalidad exacta entre el valor absoluto y el relativo, la última implica una desviación variable del valor absoluto hacia el de cambio, para cada bien particular. Ricardo nunca logró resolver satisfactoriamente dicha contradicción, como puede observarse en su último trabajo [Sraffa 1973, XXXV].
Sraffa no se preocupa por el origen del valor. Como ya se dijo, escribe después de Marx. Por tanto, no le interesa descubrir una medida invariable; en Producción de mercancías muestra que el segundo problema de Ricardo puede resolverse adoptando una mercancía compuesta como unidad de medida, la mercancía patrón. Obsérvese que se ha distanciado de la problemática clásica y que su análisis puede hacerse compatible con el marxista si no se busca en su libro soluciones a problemas que no se plantea y si no se permite que las analogías formales confundan los problemas que se estudian o los niveles en que se desarrolla el análisis.
La mercancía patrón se define como una canasta de bienes compuesta de tal modo que las proporciones físicas entre los productos son iguales a las proporciones físicas entre los insumos necesarios para su producción, es decir, en palabras de Sraffa, es una mezcla "que se compone de las mismas mercancías (combinadas en las mismas proporciones) que el conjunto de sus propios medios de producción; en otras palabras, una mezcla tal que el producto y los medios de producción son cantidades de la propia mercancía compuesta" [Sraffa 1966, 38]. Por esta razón, para cualquier relación de precios relativos y cualquier relación entre las variables distributivas, la relación entre el valor de los productos y el valor de los insumos es constante y sirve como referencia para analizar los cambios en los precios de bienes individualmente considerados.
Así, el problema que resuelve Sraffa es distinto del que se plantearon los clásicos. Para él,
tal mercancía no sería menos susceptible que cualquier otra de aumentar o descender en precio respecto de otras mercancías individuales; pero sabríamos con certeza que tal fluctuación tendría su origen exclusivamente en las peculiaridades de la producción de la mercancía que estaba siendo comparada con ella y no en las de su propia producción. Si pudiéramos descubrir tal mercancía nos encontraríamos en posesión de un patrón capaz de aislar los movimientos de precios de cualquier otro producto, de modo que pudieran ser observados en un vacío [Sraffa 1966, 38].
O sea que, para la mercancía patrón, una variación de los salarios es compensada por una variación de los beneficios; su precio no varía con respecto a sus medios de producción, y esto sólo es posible cuando éstos son físicamente homogéneos con la mercancía producida; en todos los demás casos los precios varían al cambiar la distribución, excepto, por supuesto, en el caso de que todas las industrias tuvieran la misma composición orgánica de capital (hipótesis que, a pesar de Cuevas, no adopta Sraffa).
Ahora, excepto en el caso de un sistema con un sólo bien básico, no puede existir una mercancía singular que cumpla con tales requisitos; de acuerdo con la hipótesis de que en el sistema hay varios bienes básicos, cada industria requerirá, como insumos, bienes heterogéneos con respecto al producto y, por la hipótesis de distintas composiciones orgánicas, el producto variará de precio con respecto a los medios de producción. Se necesita, entonces, una mercancía compuesta, en tal forma que en el sistema que la produzca como resultado neto "las diferentes mercancías estarán representadas entre sus medios de producción totales en las mismas proporciones en que lo están entre sus productos" [Sraffa 1966, 18].
Luego, Sraffa demuestra que si el salario se mide en términos de esa mercancía, se establece entonces una relación lineal entre el salario y el tipo de beneficio, tanto en el sistema real como en el sistema patrón. En estas condiciones, no es válido afirmar, como hace Cuevas, que "cuando los bienes no básicos del sistema real se van quitando, uno a uno, la tasa de ganancia va cambiando": el sistema patrón y la mercancía patrón no se construyen eliminando gradualmente los bienes no básicos. A un sistema económico especificado por una tecnología, que produce al mismo tiempo bienes básicos y no básicos en diversas proporciones, corresponde un sólo sistema patrón y una mercancía patrón única. Si se dejan de producir algunos bienes, el sistema económico ya es otro, queda especificado por otra tecnología y, por consiguiente, puede haber otra relación entre las variables distributivas, aunque de todas maneras le corresponda otro sistema patrón y otra mercancía patrón.
El problema al que alude el profesor Cuevas consiste, más bien, en si los bienes no básicos determinan el tipo de beneficio en un sistema económico real. Creo que Sraffa y Pasinetti han demostrado con nitidez que no lo determinan. En lo que se refiere a la mercancía patrón, si la tasa de ganancia no está determinada por los bienes no básicos en el sistema real, tampoco lo estará en el sistema patrón; así que el análisis de Sraffa no depende de este artificio heurístico. Recordemos sus palabras: "proporciones particulares, tales como las proporciones patrón, pueden dar transparencia a un sistema y hacer visible lo que está oculto, pero no pueden alterar sus propiedades matemáticas" [Sraffa 1966, 43].
Con respecto a Marx la contribución de Sraffa es otra. Como dijimos antes, Ricardo buscaba una medida que al mismo tiempo fuera invariable con respecto a la distribución y a los cambios en la tecnología utilizada. Sraffa demuestra que el problema sólo puede resolverse separando las dos funciones de la medida y abandonando la segunda; para una tecnología dada, la mercancía patrón no varía ante cambios en la distribución, sin embargo, sí varía cuando cambia la tecnología. Con esto resuelve un problema de relaciones de intercambio (por supuesto que no en términos de precios de mercado) y, al resolverlo, aclara que es distinto del de la naturaleza del valor, problema que concentró la atención de Marx.
Concluyamos con una cita del libro de Roncaglia que, como dije al comienzo, utilicé ampliamente para escribir este ensayo:
Deberíamos ponernos en guardia contra la atribución de importancia decisiva a analogías formales, sin reparar en las diferencias sustanciales de los problemas planteados: una transposición mecánica del aspecto matemático de una teoría para una cuestión diferente de la que se planteó originalmente puede esconder problemas conceptuales importantes, si no irresolubles; y, sobre todo, puede modificar el significado mismo del nuevo problema que se quiere resolver [Roncaglia 1980, 86].
BIBLIOGRAFÍA
Cuevas, Homero. 1985. "Sraffa: tasa de ganancia y mercancía patrón", Cuadernos de Economía 8, primer semestre, Bogotá.
Cuevas, Homero. 1986. Valor y sistema de precios, CID, Bogotá.
Cuevas, Homero. 1995. "Componentes para una renovada teoría de la renta", Cuadernos de Economía 23, segundo semestre, 7-22.
Garegnani, Pierangelo. 1978. Il capitale nelle teorie della distribuzione, Dott, A. Giuffré Editore, Milán.
Garegnani, Pierangelo. 1979. Debates sobre la teoría marxista del valor, Siglo XXI, México.
Hodgson, Geoffrey. 1988. Economics and Institutions, Polity Press, Cambridge.
Lorente, Luis. 1980-1981. "Formulación matemática de la teoría del valor", Cuadernos de Economía 3-4, segundo semestre de 1980-primer semestre de 1981, Bogotá.
Lorente, Luis. 1983. "Dinero, precios y capital: una teoría causal", Cuadernos de Economía 5, primer semestre, Bogotá.
Marx, Carlos. 1956. Historia crítica de la teoría de la plusvalía, Editorial Cartago, Buenos Aires.
Pasinetti, Luigi. 1984. Lecciones de teoría de la producción, Fondo de Cultura Económica, México.
Roncaglia, Alessandro. 1980. Sraffa e la teoria dei prezzi, Laterza, Bari.
Sraffa, Piero. 1966. Producción de mercancías por medio de mercancías, Oikos, España.
Sraffa, Piero. 1973. Introducción a los Principios de Economía Política y Tributación, Fondo de Cultura Económica, México.
Steedman, Ian. 1985. Sraffa y el problema de la transformación, Fondo de Cultura Económica, México.
(1)Sobra advertir que el lector no encontrará una sola idea original o novedosa y que las líneas básicas de la argumentación han sido tomadas de varios autores; especialmente de Luigi Pasinetti [1984], Alessandro Roncaglia [1980] y Luis Lorente [1980-1981, 1983]. En el caso de Luis Lorente, los trabajos que ha publicado sólo traslucen una pequeña parte de la riqueza de su actividad docente. Es infortunado, que no exista una amplia recopilación de sus trabajos teóricos y del material preparado para sus clases.
(2) Esta interpretación es sugerida por el mismo Sraffa: "Es, sin embargo, un rasgo peculiar del conjunto de proposiciones ahora publicadas que, aunque no entran en una discusión de la teoría marginalista del valor y de la distribución, han sido elaboradas, sin embargo, para servir de base a una crítica de tal teoría" [Sraffa 1966, 13]. Esta línea de análisis dio lugar a una abundante literatura sobre temas relacionados con la teoría del capital, la función de producción y la elección de técnicas, pero no fue muy popular en nuestro medio.
(3) Esta interpretación también es válida y la influencia marxista en nuestro ambiente académico contribuyó a que tuviera más seguidores. Sin embargo, la obsesión por los problemas del valor y de la transformación de valores en precios absorbió una energía excesiva e impidió que se discutieran muchos de los desarrollos contemporáneos de la teoría económica y, paradójicamente, abrió el espacio para el predominio de la ortodoxia en los últimos lustros.
(4) Sin embargo, como éstos no modifican los resultados del esquema simplificado y carecen de importancia para las críticas del profesor Cuevas no se consideran en este ensayo.
(5) "La elección del salario como la variable independiente en las fases preliminares se debió a que lo considerábamos como consistente en mercancías de primera necesidad especificadas, determinadas por condiciones fisiológicas o sociales independientes de los precios o el tipo de beneficio. Pero tan pronto como se admite la posibilidad de variación en la división del producto, esta consideración pierde gran parte de su fuerza. Y cuando el salario se considera como `dado' en términos de un patrón más o menos abstracto y no adquiere un significado definido hasta que son determinados los precios de las mercancías, la posición se invierte. El tipo de beneficio, en cuanto que es una razón, tiene un significado independiente de cualquier precio, y puede, por tanto, ser `dado', antes de que se fijen los precios. Es así susceptible de ser determinado desde fuera del sistema de producción, en especial, por el nivel de los tipos monetarios de interés" [Sraffa 1966, 55].