CUADECO, 07/01/95, LAS REVISTAS LATINOAMERICANAS DE ECONOMÍA Y LA ENCRUCIJADA ACTUAL

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional de Colombia, Santafe de Bogota, Columbia

Author: Alberto Supelano Sarmiento

No 23

Frequency: Semi-annual


Date: 07/01/95

Presentación en el Encuentro Latinoamericano de Directores y Responsables Académicos de Revistas especializadas en economía y ciencias afines "Los problemas del desarrollo y el papel central de las revistas en la creación y difusión del pensamiento económico- social latinoamericano", Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, 26-28 de junio de 1995. El autor es Director de Cuadernos de Economía, revista de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.

Siguiendo el ejemplo mexicano, deseo comenzar con la palabra gracias, esa palabra que expresan todas las lenguas. La gracia es un don, y aquél que lo recibe, lo agradece. Se me ha dado el don de participar en este encuentro y doy las gracias: gracias a la doctora Alicia Girón, directora del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Autónoma de México y gracias al doctor Salvador Rodríguez, director de Problemas del Desarrollo: caballero andante que hace unos meses recorría los caminos de América Latina para invitarnos a compartir aventuras y desventuras. Celebro que su empeño nos haya congregado. Espero que esta reunión inicie nuevas andaduras.

América Latina se halla ante una encrucijada: cierre y apertura de caminos. ¿Sabremos elegir, desharemos los malos pasos, reescribiremos nuestra historia? Escindidos desde nuestro origen, miramos al futuro e ignoramos el pasado. Desdeñamos nuestras tradiciones y acogemos las ajenas. Evitamos mirarnos a la cara y nos reflejamos en espejos. Imágenes opacas nos muestran el camino, un camino en que nos perdemos o vamos a la zaga. Las imágenes van adelante, siempre inalcanzables. No tendremos un futuro propio si no reparamos las heridas del pasado, si no aclaramos nuestra imagen para que refleje lo que somos: parte de una especie en proyecto permanente. Los logros de los hombres no son independientes de su historia. La historia, por supuesto, es un tejido, una mezcla de hechos, tradiciones y culturas, ha dejado de ser local y se ha vuelto universal; no se trata de aislarnos del proceso sino de fecundarlo, de vivirlo y no de que nos viva.

Quisimos ser modernos y nos lanzamos al progreso guiados por la razón, ciencia en una mano y en la otra democracia. Hijos de la contrarreforma y la intolerancia, no hemos sabido hacer con ellas lo que otros han podido hacer: instrumentos para entender el mundo y a nosotros mismos y medios para organizar la convivencia entre los hombres. Faltos de espíritu crítico, simulamos la ciencia y la democracia: compramos tecnologías y copiamos instituciones, no las creamos. Perdidas las certezas de nuestros mayores, corrimos tras el espejismo del mercado. Éste, por fin, haría de nosotros lo que deseamos ser, traería progreso, justicia y democracia. No tan pronto, pero sí mañana.

Una `década perdida' como consecuencia de esa huida: opulencia para unos pocos, miseria o pobreza para la mayoría. Los desposeídos de la tierra siguen condenados al hambre, la enfermedad, la penuria y el silencio. Las ciudades se han hecho inhabitables, lugares de infamia, crimen y corrupción. Los opulentos rodean sus viviendas con murallas y cuerpos de seguridad privados, sin tranquilidad para disfrutar riquezas y privacía. Los pobres y los desempleados andan sueltos por las calles: informales y mendigos, peligro público, adultos y niños desechables. Han reaparecido viejas enfermedades, enfermedades del cuerpo que se creían erradicadas; también han resurgido las del alma, que el progreso llama síquicas, y que no se ven pero se sienten. Sus síntomas son la droga, el alcoholismo y el suicidio, no sólo en hombres y mujeres, también en niños y adolescentes. Se derrumbaron las nuevas ilusiones y regresaron las antiguas religiones. Las dictaduras dieron paso a las democracias. Pero la democracia es aún frágil y aún no ha extendido sus raíces en nuestras tierras.

¿Recuperaremos la lucidez?, ¿soñaremos nuestros propios sueños?, ¿podremos conciliar los espejismos de la razón con las esperanzas del corazón?, ¿encontraremos un camino propio para que la libertad no destierre a la justicia, y la equidad no anule la libertad?, ¿donde la fraternidad nos lleve a compartir el destino de nuestros semejantes y la cooperación ponga límite a la competencia entre individuos y naciones?

Sueños como esos son eternos, a la medida del tiempo breve de los hombres. Pero nuestro tiempo puede ser aún más breve: no es América Latina la única parte del planeta que se encuentra en la encrucijada. Las fuerzas que el hombre desencadenó en la época moderna han puesto en peligro su propia subsistencia y la de la biosfera entera. El uso de la razón pretendió emanciparnos del mundo natural: se creó la ciencia, apareció la desmesura: la naturaleza dejó de ser expresión de trascendencia y se volvió objeto de dominio; así, todo se volvió posible. La tecnología, fruto de la ciencia, adquirió un poder ilimitado. Hoy se ven sus límites: toda forma de vida se encuentra amenazada.

Cambia el panorama, cambia el lenguaje. Con la fusión entre ciencia y técnica, la razón se hizo instrumental y fragmentada; los límites de la razón nos hicieron perder de vista los límites de nuestra acción: nos creímos omnipotentes e inmortales. La visión del ser humano como parte de un todo fue sustituida por la de un mecanismo formado por parte separadas. Paradoja: por mucho tiempo actuamos globalmente con un pensamiento local y separado. Los resultados son apreciables: la población ha crecido hasta niveles insospechados y hoy se vive veinte o treinta años más que antes; las fuerzas tecnológicas han avanzado tanto que hoy no queda intacta ninguna región del planeta; hemos arrasado con los bosques y cientos de miles de hectáreas corren el riesgo de volverse áridas y yermas. El enorme consumo de energía puede agotar las fuentes de recursos fósiles y ha trastornado el clima, creando ese efecto invernadero que puede alcanzar proporciones de hecatombe. La liberación de la energía por la fisión atómica no sólo se ha hecho muy costosa en términos dinerarios sino también en términos de vidas y catástrofes ambientales. El crecimiento de la población se ha concentrado en los países pobres y la producción de alimentos se ha vuelto insuficiente para erradicar el hambre: no porque se haya alcanzado el límite del potencial nutricio, sino por los límites que imponen nuestras propias sociedades.

La visión del hombre moderno permitió el desarrollo de la ciencia y produjo avances materiales; pero al ser parcial y mutilada, ha mutilado una parte de nosotros. El desarrollo espiritual ha quedado rezagado, y con él las formas de organizar la convivencia entre los hombres. La otra cara de esa visión mecanicista y fragmentada es lo que podemos llamar la mentalidad social moderna. Siguiendo a Erwin Lazlo, estos son algunos de sus rasgos esenciales:

  1. 1. Los seres humanos son autónomos e independientes, sus fines sólo se consiguen a expensas de los otros. El desarrollo de las sociedades es el producto de la lucha o la competencia entre individuos. De modo que se debe ser agresivo a riesgo de perecer.

  2. 2. La riqueza y los frutos materiales del progreso tecnológico se difunden por goteo: mientras más riqueza haya arriba más se vertirá hacia abajo. Así se justifica el aumento de los ingresos de la inversión y se reprocha cualquier incremento de los ingresos salariales. Los altos beneficios nunca producen inflación; ésta siempre es causada por los salarios o los gastos sociales.

  3. 3. El mercado es un mecanismo autorregulado y guiado por una mano invisible. Con ello se afirma que éste no debe ser intervenido de modo inteligente y con prudencia, que los intereses sociales e individuales son armónicos y que el mercado libre distribuirá sus beneficios con justicia.

  4. 4. La tecnología desbordada y el espíritu de empresa. Todo es posible y lo que es posible debe producirse; debe extraerse el máximo de la tierra, de la personas y de las organizaciones. No importa que no sea necesario o que sea contraproducente: para el medio ambiente, para la vida, para la salud física o mental. Se trata sólo de que sea vendible, y para vender se crean la necesidad y la demanda.

  5. 5. Lo nuevo siempre es mejor. Todo se vuelve efímero y obsoleto, ya nada es duradero. El afán de lucro alimenta una máquina insaciable; las fortunas se amasan haciendo irreparable lo reparable o llamando nuevo y actualizado al producto del año pasado.

  6. 6. Lo único razonable es aquello compatible con la que se llama racionalidad económica. El valor de todas las cosas, sin excluir a los humanos, se mide por su precio. El principal fin de la vida es obtener dinero, lo demás vendrá por añadidura: sólo se trata de comprarlo.

  7. 7. Las comunidades deben organizarse en naciones y regirse por Estados nacionales. Todo lo que es bueno para el país es bueno para los ciudadanos. El poder nacional debe reforzarse para hacer frente al extranjero; éste puede arrebatarnos nuestras tierras o nuestras riquezas. La competencia entre individuos se torna colectiva. Los otros son siempre enemigos potenciales; ésta es la fuente del racismo, la xenofobia y la guerra interminable.

Como dije, América Latina se encuentra en una encrucijada. Busca ser moderna, cuando los modernos han empezado a despertar y a reconocer los espectros de ese sueño que aún no sabemos que soñamos. No elegiremos nuestro camino con acierto si no advertimos que la mentalidad y los valores modernos se están cuestionando en todos los campos y en todos los frentes, que los problemas que nos agobian no son sólo nuestros, que se trata de una crisis de civilización. El desarrollo mismo de la ciencia --que hizo posible la visión mecanicista y analítica, al precio de disociar la mente del hombre de su cuerpo y de sus emociones, de distanciar a la ciencia de la ética, de ignorar los lazos entre los hombres y el mundo en que habitan y desacralizar lo que es sagrado, de producir una separación ficticia entre esfera física, esfera de la vida y dominio del hombre y aislar sus ciencias respectivas-- ha llevado a reencontrar la visión global: el todo es más y menos que las partes; las partes no pueden comprenderse más que en conexión con el todo del que forman parte y el todo es opaco, una caja negra, si no se diferencian y conectan sus diversos componentes. Está en embrión un nuevo paradigma: teoría del caos, termodinámica de sistemas autoorganizados, epistemología ecológica o pensamiento complejo. Humberto Maturana, neurofisiólogo chileno, lo denomina biología del amor.

Es posible que hayamos llegado al punto en el que los senderos se bifurcan. La población humana está próxima a llegar a una cifra mágica, 10.000 millones de seres humanos, "íntimamente vinculada a los saltos evolutivos", el umbral en el que "la naturaleza viviente se aparta del simple plano unicelular" y se acerca a uno más complejo, el de los organismos multicelulares, siempre que compartan un entorno y un "propósito comunes y estén densamente interrelacionados. Los ejemplos de la biología contemporánea son abundantes. Así evolucionó el cerebro humano y surgieron la autoconciencia, la volición y la intuición. Desde la octava semana de gestación, el crecimiento de las células cerebrales se acelera, y hacia la décima se torna explosivo. Un millón de células se agregan al cerebro del feto a cada minuto. Después en la decimotercera semana, el crecimiento extensivo se detiene, y se hace interno. En vez de crecer en número, el cerebro crece en conexiones. La compleja estructura del cerebro del homo sapiens, producto de los últimos 50 millones de años de evolución, es reconstruida con precisión en el vientre gestante, y queda preparado para sus cambios subsiguientes durante el resto de la vida." ¿Podremos reorientar con inteligencia el crecimiento material y crecer internamente? Una opción es seguir creciendo con la mentalidad moderna, origen de la crisis, fuente del dilema. Otra, aprovechar las múltiples interconexiones existentes, entre nosotros y con el resto de la biosfera, desarrollar otras nuevas y, tal vez, dar lugar a una especie nueva, con una conciencia planetaria. Y, por supuesto, existen otras.

La elección es nuestra e invito a reflexionar y discutir sobre ella. El tiempo es breve y mi tono tal vez parezca pesimista. Sin embargo, ese no es mi ánimo ni mi punto de vista. Hay algunos indicios de esa nueva conciencia que quiero mencionar.

  1. Aún persiste la amenaza nuclear, y ésta fue y debe seguir siendo un estímulo para la formación de una conciencia global y de un destino común. Con el cese de la guerra fría y la disgregación de los antiguos Estados, la bomba nuclear es una espada de Damocles en manos de fanáticos o tiranos, igual que las armas químicas.

  2. La catástrofe ambiental aceleró el desarrollo de las ciencias ecológicas; las amenazas ya no son locales, peligra toda la biosfera. El pensamiento ecológico no sólo ha dado lugar a nuevos movimientos, también a nuevos pensamientos; ha sensibilizado a las nuevas generaciones y ha generado redes de muchos colores y de muchas proveniencias: ecologistas multirraciales se enfrentan a los poderes internacionales, contra la caza de ballenas, la contaminación de los mares y los experimentos nucleares.

  3. Pese a la pobreza y la acentuación de las inequidades, en los años 50 y 60 las aisladas poblaciones del Tercer Mundo pasaron a ser parte del mundo, como las del segundo en los noventa. De nuevo, los problemas son comunes; las tragedias en un rincón del planeta se conocen casi en forma inmediata y despiertan nuevas solidaridades, efímeras, poco duraderas, pero siempre potenciales: pueden crear nuevas sensibilidades. Además, pese al resurgimiento del racismo, el nacionalismo y otros tantos ismos, los mayores contactos culturales han generado nuevas formas de entendimiento: hoy, la visión eurocentrista ha perdido su vieja prepotencia. Las culturas no occidentales ya no se consideran primitivas o infantiles: hoy sabemos que también son refinadas y complejas. La física contemporánea aprovecha los mitos y religiones orientales para conformar su estructura explicativa e inventar sus metáforas.

Podría mencionar otros signos de ese embrión de una nueva conciencia, como la crisis del sistema patriarcal y el papel creciente de las mujeres, cuyas manifestaciones he visto en las paredes de la Universidad Autónoma de México, pero que aún no percibo en los cuerpos directivos de las revistas económicas. Espero que los mencionados sean suficientes y apoyen las interrogaciones que presento a este encuentro.

¿Sabremos fecundar el pensamiento económico latinoamericano con los aportes de otras tradiciones, otras disciplinas, otras visiones? ¿Reconoceremos al fin que la economía es parte de un sistema mayor, que no es el todo, y que su regulación no es independiente de los demás ámbitos sociales? ¿Que los economistas también tienen responsabilidades, como los ingenieros o los médicos, y que no pueden evadirlas obedeciendo a los computadores y a las cifras aparentemente objetivas que arrojan sus modelos macroeconométricos? ¿Entenderemos que la economía puramente cuantitativa, al ignorar los subsistemas que determinan al sistema económico, se vuelve ciega para explicar el funcionamiento de la economía, que en un sistema complejo no se puede maximizar una variable sin producir reacciones imprevistas e irreparables?

Edgar Morin describe así el estado actual de la disciplina económica: "La economía, que es la ciencia social matemáticamente más avanzada, es la ciencia social y humanamente más retrasada, pues ha abstraído las condiciones sociales, históricas, políticas, psicológicas y ecológicas inseparables de las actividades económicas. Por ello sus expertos son cada vez más incapaces de interpretar las causas y consecuencias de las perturbaciones monetarias y bursátiles, de prever y predecir el curso económico, incluso a corto plazo. Quizá la incompetencia económica haya pasado a ser el problema social más importante", sobre todo en los países gobernados por economistas, todos ellos pertenecientes al Tercer Mundo. ¿Seguirá la economía el ejemplo de las ciencias naturales, superará su visión recortada y su mutilación ética y conceptual, se aventurará en la búsqueda del nuevo paradigma?

Las economías dejaron de ser locales, no hace mucho eran internacionales y hoy conforman un sistema mundial interdependiente. Las economías nacionales dependen de los mercados mundiales, de bienes y de capitales; la economía del mundo se ve perturbada por las crisis o las bonanzas de los países. Permítanme citar de nuevo a Morin: "La caída de la cotización del café, por ejemplo, incita a los campesinos colombianos a cultivar coca, que alimentará las redes planetarias de transformación y tráfico de droga y, más tarde de blanqueo de dinero de países como Suiza. En sentido inverso, una reivindicación del 5 por ciento de aumento de salarios en Alemania puede afectar la cotización del cacao en Costa de Marfil a través de una disminución general de la actividad económica: a) la reivindicación incita al Banco Central, por temor a la inflación, a restringir la liquidez y aumentar la tasa de interés, b) el Banco de Francia hace lo mismo para evitar la fuga de capitales hacia Alemania, c) el dinero japonés se coloca en Alemania, d) los Estados Unidos, a falta de dinero, aumentan la tasa de interés, e) el consumo desciende en todo el mundo y con él, la actividad económica, f) los países del Tercer Mundo, cuya tasa de interés se ajusta a la variación de los precios, deben pagar tasas más elevadas, g) hay menos demanda de exportaciones para los países subdesarrollados y disminuye el precio de las materias primas y, por tanto, también la cotización del cacao en costa de Marfil".

Así pues, los mismos hechos económicos exigen una visión global, ya no son suficientes las miradas locales, provincianas, recortadas, mutilantes. Éste es el reto de nuestro encuentro: ¿contribuirán nuestras revistas a forjar esa visión?, ¿qué hacer para que el pensamiento latinoamericano no sea un ismo más, opuesto al ismo de moda?, ¿podremos unir esfuerzos para que las revistas económicas no sean ghettos culturales, camisas de fuerza profesionales, sino espacios abiertos, ventanas al mundo, foros, ágoras, redes vivas de reflexión, discusión y creación? Los invito a discutir propuestas para un actuar local guiados por un pensamiento global, como exigen las circunstancias y el momento.

Disculpen si he sido exagerado y sin matices. Provengo de Colombia, un país lleno de heridas que aún no tienen cicatrices; donde campean la pobreza, la iniquidad y la injusticia.

Al final se vuelve al comienzo; termino donde empecé y, de nuevo, doy las gracias.