CUADERNOS DE ECONOMIA
Los autores han hecho un esfuerzo por presentar sus puntos de
vista en forma rápida, clara y oportuna. Este no es un simple
ejercicio académico, es también un derecho ciudadano que debe
ejercerse con más frecuencia y mayor amplitud.
No se trata apenas de difundir la opinión de colaboradores
inmediatos y asiduos, también se quiere contribuir al diálogo de
tradiciones diversas y plurales, a superar la ausencia de
pensamiento crítico y el autismo tecnocrático y profesional, no
sólo en el país, también en esos centros del saber que llamamos
universidades y, a veces, universidades de excelencia.
La modernización de las sociedades no se reduce al avance
material, a la adquisición de las tecnologías más recientes, a la
imitación de las instituciones de los países industrializados.
Consiste también, y sobre todo, en la transformación de nuestros
esquemas mentales y nuestros hábitos cotidianos.
Para ser modernos --término que hoy significa productivos,
eficientes, competitivos y un tanto sociables-- no basta reformar
las instituciones, los códigos, la jurisprudencia o la
constitución. Es necesario modificar las costumbres y prácticas
reales. No basta emitir leyes --Colombia es el país de las leyes-
- es necesario cumplirlas y hacerlas cumplir y, aunque sea, no
pasar semáforos en rojo amparados por escoltas. No basta
consagrar los derechos humanos, es necesario respetarlos día a
día, hora a hora, empezando por los de los niños, propios y
ajenos. No basta proclamarse ecologista, es necesario venerar la
vida, no únicamente la nuestra, también la de las demás especies
y, por lo menos, no botar desechos en las fuentes de agua o
basuras en las calles. No basta hablar de participación, es
necesario escuchar, atender y aceptar a los demás o, cuando
menos, sus ideas. No basta ansiar la ciencia y la tecnología, por
importantes que éstas sean, sería necesario tan sólo que vías,
puentes, hidroeléctricas o termoeléctricas se ciñan a las
especificaciones del Handbook y no sean meras ocasiones de
enriquecimiento. No es necesario prometer grandes reformas
educativas, bastaría que la profesión recuperara la dignidad que
tenía hace años y los profesores no tuvieran que trabajar como
taxistas o piratas.
Es mucho lo que nos falta y no poco lo que tenemos. La nueva
Constitución abrió espacios en su letra, es necesario llenarlos
con nuestras acciones. Tenemos buenas leyes y quizá mejores
gobernantes. No son suficientes. Tenemos que reformar los valores
éticos que determinan nuestras acciones y comportamientos reales.
Pese a la reforma del Estado, seguimos esperando que todo nos
venga de arriba o pensando que allí todo está mal o corrompido.
Necesitamos ser críticos, no sólo de los demás, también de
nosotros mismos. La tradición moderna consiste en superar las
tradiciones, su fuente es el lenguaje articulado, la discusión,
el diálogo: la discusión política o interesada y la discusión
libre, propia de intelectuales y académicos.
Sin embargo, el debate --si es diálogo y no monólogo-- no es
un ejercicio escolástico, es un imperativo ético y
epistemológico, pues la realidad la construimos entre todos así
pensemos como solipsistas. No se puede ser críticos de oficio o
por simple impaciencia, pese a que los trancones, la violencia,
la impunidad, la injusticia... no fomentan la paciencia. Los
críticos asumen responsabilidades con los demás y consigo mismos
y actúan para ampliar las posibilidades no para recortarlas.
Responsabilidad, autonomía e independencia de los poderes es lo
que nos falta para ser verdaderos ciudadanos y no ciudadanos de
papel.
Los temas de los artículos que aquí se publican no pueden
estar fuera de lugar en los debates políticos y parlamentarios.
La senda que recorrerá el país en los próximos años no puede ser
una mera expresión circunstancial de fuerzas e intereses en
contienda o de simples repartos presupuestales. La concepción y
el lenguaje del plan de desarrollo invadirán los discursos y
antidiscursos de los próximos años, y sus diversas
interpretaciones determinarán el curso de los conflictos y, quién
quisiera: la conciliación o la paz.
Acaso la reflexión conjunta contribuya a cambiar en algo
nuestra rigidez profesoral, nuestra tímida autocrítica, nuestra
distancia de los problemas cotidianos y el escaso impacto de
otras ideas en los ámbitos donde aún se toman las decisiones.
Pero sobre todo, ojalá la revista despierte inquietudes --
académicas, ideológicas o políticas, y de largo alcance--
promueva discusiones libres y sea vehículo de comunicación con
nuestros estudiantes, con los demás grupos universitarios, con
los técnicos que un día también pensaron como estudiosos --sin la
premura de tomar decisiones inmediatas-- y, por supuesto, con los
demás: políticos de profesión, empresarios del poder, capitanes
de industria, sin exclusiones: en la sociedad civil todos somos
ciudadanos.
Pero no deseamos una república platónica, los letrados temen y
ambicionan el poder, no atienden razones de tradiciones distintas
a la propia, cuando no toman o aplazan las decisiones y, por lo
demás, aún no nos recuperamos del anterior gobierno y de los
doctrinarios de su equipo. Tal vez llegué el día en que
ciudadanos y estudiosos educados en la práctica de la democracia
contribuyan a orientar el rumbo del Estado. No ya como
funcionarios sin memoria sino por derecho propio, no ya por las
acciones de hecho sino por la justeza de las ideas y la
legitimidad de las demandas. Eso no sería ya modernidad: la
postmodernidad, por ahora, sólo es un tema de coctel, una pose
intelectual o una fuente más de financiación.
CUADERNOS DE ECONOMÍA 22 consta de cinco secciones. La primera
discute la concepción general del plan de desarrollo y algunos de
sus aspectos macroeconómicos. Aquí se incluye la primera parte
del Documento que el Consejo Nacional de Planeación entregó al
Gobierno por mandato constitucional y el informe que nuestra
Facultad presentó a este Consejo. El artículo de Consuelo
Corredor revisa el papel que juega la equidad dentro de la visión
global del Plan. Los trabajos de Jorge Iván González y del equipo
de la Universidad de Antioquia se refieren a su dimensión
macroeconómica.
La segunda sección, sobre el sector agropecuario y las
políticas rurales, incluye cuatro de las ponencias que se
presentaron en el Seminario "El sector rural en el Plan Nacional
de Desarrollo", organizado por Fescol y Cega el 7 de diciembre
pasado, y un breve ensayo de Absalón Machado. La tercera trata el
tema del medio ambiente y el concepto de desarrollo humano
sostenible que ha sido acogido en las Bases del Plan de
Desarrollo y otros documentos oficiales.
La cuarta incluye dos trabajos sobre el nuevo entorno
internacional y las exigencias que éste impone al país en materia
de competitividad y comercio internacional. En la última se
presentan sendos trabajos de Libardo Sarmiento y de Jaime Zuluaga
sobre el tema de la seguridad ciudadana y el papel de la política
social esbozada en El Salto Social.
Finalmente, también es necesario dar las gracias.
A todos los que hicieron posible esta publicación en un tiempo
tan breve: colaboradores, comentaristas públicos y anónimos,
funcionarios de administración, productores editoriales,
impresores y redactores de artículos que no pudieron ser
incluidos.