CUADECO, 01/01/95, PRESENTACIÓN

Cuadernos de Economía

Country: Colombia

Publicación del Departamento de Teoria y Politica Economica, Facultad de Ciencias Economicas, Universidad Nacional deColombia, Santafe de Bogota, Columbia

Author: Alberto Supelano

No 22

Frequency: Semi-annual


Date: 01/01/95

Director,
CUADERNOS DE ECONOMIA

Este número de CUADERNOS DE ECONOMÍA está dedicado al examen del Proyecto del Plan de Desarrollo presentado por el Ejecutivo al Congreso y a los ciudadanos de la nación. Al tratar un tema de profunda y quizá efímera actualidad, se separa de su tradición pero recupera otra: la presencia orgánica de la Facultad en la discusión de los problemas y el futuro del país. Disyunción y conjunción: se trata de fundir ambas tradiciones.

Los autores han hecho un esfuerzo por presentar sus puntos de vista en forma rápida, clara y oportuna. Este no es un simple ejercicio académico, es también un derecho ciudadano que debe ejercerse con más frecuencia y mayor amplitud.

No se trata apenas de difundir la opinión de colaboradores inmediatos y asiduos, también se quiere contribuir al diálogo de tradiciones diversas y plurales, a superar la ausencia de pensamiento crítico y el autismo tecnocrático y profesional, no sólo en el país, también en esos centros del saber que llamamos universidades y, a veces, universidades de excelencia.

La modernización de las sociedades no se reduce al avance material, a la adquisición de las tecnologías más recientes, a la imitación de las instituciones de los países industrializados. Consiste también, y sobre todo, en la transformación de nuestros esquemas mentales y nuestros hábitos cotidianos.

Para ser modernos --término que hoy significa productivos, eficientes, competitivos y un tanto sociables-- no basta reformar las instituciones, los códigos, la jurisprudencia o la constitución. Es necesario modificar las costumbres y prácticas reales. No basta emitir leyes --Colombia es el país de las leyes- - es necesario cumplirlas y hacerlas cumplir y, aunque sea, no pasar semáforos en rojo amparados por escoltas. No basta consagrar los derechos humanos, es necesario respetarlos día a día, hora a hora, empezando por los de los niños, propios y ajenos. No basta proclamarse ecologista, es necesario venerar la vida, no únicamente la nuestra, también la de las demás especies y, por lo menos, no botar desechos en las fuentes de agua o basuras en las calles. No basta hablar de participación, es necesario escuchar, atender y aceptar a los demás o, cuando menos, sus ideas. No basta ansiar la ciencia y la tecnología, por importantes que éstas sean, sería necesario tan sólo que vías, puentes, hidroeléctricas o termoeléctricas se ciñan a las especificaciones del Handbook y no sean meras ocasiones de enriquecimiento. No es necesario prometer grandes reformas educativas, bastaría que la profesión recuperara la dignidad que tenía hace años y los profesores no tuvieran que trabajar como taxistas o piratas.

Es mucho lo que nos falta y no poco lo que tenemos. La nueva Constitución abrió espacios en su letra, es necesario llenarlos con nuestras acciones. Tenemos buenas leyes y quizá mejores gobernantes. No son suficientes. Tenemos que reformar los valores éticos que determinan nuestras acciones y comportamientos reales. Pese a la reforma del Estado, seguimos esperando que todo nos venga de arriba o pensando que allí todo está mal o corrompido. Necesitamos ser críticos, no sólo de los demás, también de nosotros mismos. La tradición moderna consiste en superar las tradiciones, su fuente es el lenguaje articulado, la discusión, el diálogo: la discusión política o interesada y la discusión libre, propia de intelectuales y académicos.

Sin embargo, el debate --si es diálogo y no monólogo-- no es un ejercicio escolástico, es un imperativo ético y epistemológico, pues la realidad la construimos entre todos así pensemos como solipsistas. No se puede ser críticos de oficio o por simple impaciencia, pese a que los trancones, la violencia, la impunidad, la injusticia... no fomentan la paciencia. Los críticos asumen responsabilidades con los demás y consigo mismos y actúan para ampliar las posibilidades no para recortarlas. Responsabilidad, autonomía e independencia de los poderes es lo que nos falta para ser verdaderos ciudadanos y no ciudadanos de papel.

Los temas de los artículos que aquí se publican no pueden estar fuera de lugar en los debates políticos y parlamentarios. La senda que recorrerá el país en los próximos años no puede ser una mera expresión circunstancial de fuerzas e intereses en contienda o de simples repartos presupuestales. La concepción y el lenguaje del plan de desarrollo invadirán los discursos y antidiscursos de los próximos años, y sus diversas interpretaciones determinarán el curso de los conflictos y, quién quisiera: la conciliación o la paz.

Acaso la reflexión conjunta contribuya a cambiar en algo nuestra rigidez profesoral, nuestra tímida autocrítica, nuestra distancia de los problemas cotidianos y el escaso impacto de otras ideas en los ámbitos donde aún se toman las decisiones. Pero sobre todo, ojalá la revista despierte inquietudes -- académicas, ideológicas o políticas, y de largo alcance-- promueva discusiones libres y sea vehículo de comunicación con nuestros estudiantes, con los demás grupos universitarios, con los técnicos que un día también pensaron como estudiosos --sin la premura de tomar decisiones inmediatas-- y, por supuesto, con los demás: políticos de profesión, empresarios del poder, capitanes de industria, sin exclusiones: en la sociedad civil todos somos ciudadanos.

Pero no deseamos una república platónica, los letrados temen y ambicionan el poder, no atienden razones de tradiciones distintas a la propia, cuando no toman o aplazan las decisiones y, por lo demás, aún no nos recuperamos del anterior gobierno y de los doctrinarios de su equipo. Tal vez llegué el día en que ciudadanos y estudiosos educados en la práctica de la democracia contribuyan a orientar el rumbo del Estado. No ya como funcionarios sin memoria sino por derecho propio, no ya por las acciones de hecho sino por la justeza de las ideas y la legitimidad de las demandas. Eso no sería ya modernidad: la postmodernidad, por ahora, sólo es un tema de coctel, una pose intelectual o una fuente más de financiación.

CUADERNOS DE ECONOMÍA 22 consta de cinco secciones. La primera discute la concepción general del plan de desarrollo y algunos de sus aspectos macroeconómicos. Aquí se incluye la primera parte del Documento que el Consejo Nacional de Planeación entregó al Gobierno por mandato constitucional y el informe que nuestra Facultad presentó a este Consejo. El artículo de Consuelo Corredor revisa el papel que juega la equidad dentro de la visión global del Plan. Los trabajos de Jorge Iván González y del equipo de la Universidad de Antioquia se refieren a su dimensión macroeconómica.

La segunda sección, sobre el sector agropecuario y las políticas rurales, incluye cuatro de las ponencias que se presentaron en el Seminario "El sector rural en el Plan Nacional de Desarrollo", organizado por Fescol y Cega el 7 de diciembre pasado, y un breve ensayo de Absalón Machado. La tercera trata el tema del medio ambiente y el concepto de desarrollo humano sostenible que ha sido acogido en las Bases del Plan de Desarrollo y otros documentos oficiales.

La cuarta incluye dos trabajos sobre el nuevo entorno internacional y las exigencias que éste impone al país en materia de competitividad y comercio internacional. En la última se presentan sendos trabajos de Libardo Sarmiento y de Jaime Zuluaga sobre el tema de la seguridad ciudadana y el papel de la política social esbozada en El Salto Social.

Finalmente, también es necesario dar las gracias.

A todos los que hicieron posible esta publicación en un tiempo tan breve: colaboradores, comentaristas públicos y anónimos, funcionarios de administración, productores editoriales, impresores y redactores de artículos que no pudieron ser incluidos.