Este trabajo examina los objetivos en el área de comercio
exterior de El Salto Social y los elementos teóricos que
fundamentan su selección de prioridades estratégicas. Identifica
las fuentes directas e indirectas de la estrategia de
internacionalización y revisa los desarrollos teóricos que, a
juicio del autor, sustentan la concepción del Plan o tienen
relevancia analítica para la formulación de esta estrategia y de
algunos de sus elementos particulares.
Las influencias teóricas sobre el diagnóstico, la definición
de estrategias y la determinación de políticas y programas se
reflejan en diferentes niveles: el general -- en la concepción del
modelo de desarrollo y de sus condicionantes -- y los sectoriales,
en el grado de complementación e integración entre la comprensión
de los problemas sectoriales y el enfoque general del Plan de
Desarrollo.
El artículo busca precisar tres puntos. Primero, caracterizar
el marco teórico e ideológico del Plan a partir de los argumentos
y de las políticas allí formulados. Segundo, establecer los nexos
entre el plan y las nuevas teorías sobre desarrollo,
industrialización y comercio internacional. Tercero, la
importancia del trabajo teórico y empírico para la definición de
las políticas económicas.
EL ANÁLISIS ECONÓMICO Y SUS CONSECUENCIAS NORMATIVAS
En las últimas tres décadas se han registrado cambios
importantes en la geopolítica industrial [Humbert 1988]. Estas
transformaciones obedecen, en gran parte, a los avances
tecnológicos, a la consiguiente heterogeneidad de recursos
productivos entre los países y al predominio de la competencia
oligopólica. Estos elementos han modificado el cuadro de la
economía internacional y han impuesto la necesidad de políticas
económicas activas. Los estudios recientes sobre la economía
mundial muestran que han cambiado los patrones del comercio
[Krugman 1986, 15] y que en sus segmentos más dinámicos
predominan esos nuevos elementos. Así, introducen conceptos que
antes omitían las teorías clásicas del equilibrio y sus
explicaciones llevan a revaluar las teorías tradicionales sobre
comercio internacional y desarrollo económico. Hoy se admite que,
en vista de sus fundamentos, éstas no pueden explicar los hechos
más relevantes del comercio actual.
Los enfoques recientes no abandonan por completo las viejas
ideas, pero difieren de las teorías convencionales principalmente
en que no admiten algunos supuestos irreales que éstas usaban por
conveniencia y simplicidad analítica.
La nueva realidad internacional y su análisis más realista han
dado lugar a una amplia literatura en diversos campos: la
economía industrial [Chevalier 1977], la inversión extranjera
[Hymer 1979, Vernon 1971], la internacionalización de las firmas
y de las estrategias de competencia entre empresas
multinacionales [Palloix 1973], el nuevo comercio internacional
[Krugman 1986] y las estructuras y el funcionamiento de los
mercados [Bejarano 1986]. Las hipótesis del modelo puro de
competencia ya no tienen igual pertinencia analítica en estos
desarrollos. Hoy son obvias las fallas del mercado en el comercio
exterior; ante este hecho, los nuevos enfoques subrayan sus
consecuencias para el logro de objetivos económicos nacionales.
Al cambiar la percepción acerca del alcance de los "mercados
perfectos" también surge una visión diferente sobre los aspectos
normativos.
En particular, el análisis de los determinantes de la
variación de los patrones de intercambio muestra que una política
comercial estratégica puede tener dos efectos positivos sobre el
ingreso: elevar los niveles de eficiencia de la producción
creando economías de escala y aumentar la capacidad del conjunto
de la economía para generar economías externas [Krugman 1986,
Ocampo 1991]. Así, frente a la neutralidad que defendían los
enfoques ortodoxos, la nueva teoría del comercio internacional
considera válido aplicar políticas activas. Admite que pueden
definirse sectores estratégicos y hacer esfuerzos en su favor
para elevar la competitividad de las unidades de producción en
razón de las externalidades globales que pueden generar.
LAS NUEVAS TEORÍAS SOBRE COMERCIO Y DESARROLLO
Las transformaciones de la economía mundial en los últimos
treinta años han llevado, también, a renovar la visión de la
industrialización y del desarrollo económico. El análisis ha
incorporado nuevos conceptos: el progreso tecnológico, el
"capital humano", la formación de externalidades en la red de
intercambios y, por tanto, ha abierto espacios para nuevas formas
de política.
La productividad y el tamaño del mercado
No obstante, algunas ideas anteriores conservan pertinencia
analítica. Un ejemplo es el análisis de Nurkse [1953], donde el
subdesarrollo es un proceso de causación circular y el tamaño del
mercado determina el nivel de desarrollo. En economías pequeñas,
éste es uno de los factores que obstaculizan el desarrollo, pues
el tamaño del mercado depende de la productividad asociada a la
acumulación de capital físico. Por consiguiente, la ampliación
del mercado, que produce la ruptura del círculo, está asociada a
la capacidad para inducir un aumento general de la productividad
vía formación de capital. Si no existe deflación, para que el
desarrollo prosiga hacia adelante y se garantice un crecimiento
equilibrado, es necesario que la productividad se expanda a nivel
global.
En suma, para Nurkse el tamaño del mercado es una externalidad
de primer grado con respecto a la acumulación del capital y al
crecimiento económico y reconoce la existencia de economías
externas de segundo grado, asociadas al mejoramiento de la
cantidad y la calidad de los bienes públicos (transportes,
comunicaciones), a la formación de capital "humano" (educación y
formación laboral) y a otros servicios asociados a la
producción.
El concepto de productividad en la obra de Marx también
aparece en un esquema de causación recíproca, pero entendido en
forma distinta. La forma más desarrollada de la acumulación está
ligada al avance de la capacidad productiva de la sociedad con
base en la producción de plusvalía relativa, cuya fuente básica
son las mejoras de la productividad laboral. Sin embargo, aquí la
productividad no surge exclusivamente de la separación y de la
especialización de tareas sino, sobre todo, del conjunto de
interacciones del proceso laboral, de la cooperación y de la
coordinación entre los procesos de trabajo, es decir, de la
creación de una especie de trabajador colectivo (ideal) que
aumenta la potencia laboral y la productividad de la unidad de
producción [Marx 1867, I, XI].
El modelo analítico del circuito se ha extendido a las
relaciones de complementación y a los encadenamientos
interindustriales para examinar las formas de interacción --
competitivas y complementarias -- entre las fracciones del capital
industrial [Palloix 1978]. Zarifian, por ejemplo, usa este modelo
en el análisis de estructuras complejas de producción en las
economías industriales [1985].
Además del tamaño del mercado, las teorías recientes del
desarrollo tienen en cuenta también la estructura sectorial de la
producción y la dotación de recursos naturales para establecer
criterios de diferenciación y caracterización del desarrollo en
economías pequeñas [Chenery y Syrquin 1975].
Determinantes de los patrones comerciales
El auge de las economías asiáticas recién industrializadas ha
sido otra causa de revaluación de las teorías. Sus modelos de
especialización dinámica basados en procesos de internalización y
aprendizaje tecnológicos han erosionado viejos conceptos, han
dado lugar a nuevas visiones y han planteado interrogantes acerca
de las estrategias de desarrollo. La experiencia de las economías
dinámicas del Este Asiático muestra que se puede propiciar la
complementariedad entre el modelo de sustitución de importaciones
y el modelo exportador. Allí se ha avanzado en etapas
escalonadas: desde procesos simples de producción de bienes de
consumo a procesos de producción de mayor densidad tecnológica de
bienes de equipamiento, donde son más intensas las economías de
innovación y aprendizaje tecnológico [Amsdem 1989 y Van DijcK
1990]. En cambio, el esquema de liberación comercial en América
Latina simplemente tiende a abandonar el modelo de sustitución de
importaciones, sin aprovechar estas experiencias.
Por otra parte, el componente más dinámico del comercio
internacional entre economías grandes son las operaciones
intraindustriales, con una competencia oligopólica muy intensa
que ya no tiene el carácter de complementación que se atribuía al
comercio anteriormente. Así, los temas de análisis de las teorías
no convencionales son la estructura de los mercados oligopólicos
en el comercio intraindustrial [Krugman 1986], la creciente
participación en el comercio mundial de las firmas
multinacionales [Michalet 1976], los cambios en los patrones de
especialización de los países en desarrollo [Humbert 1988], los
nuevos factores de cambio tecnológico y la competencia
internacional [Ayres 1984, Tyson 1989].
La dinámica de la internacionalización ha introducido nuevos
elementos en las estrategias de competencia entre economías
grandes, como los sistemas de inteligencia económica y la
política comercial. La nueva teoría del comercio adopta una
concepción global de la competencia internacional --que hoy no se
circunscribe al manejo de las tasas de cambio sino que también
incluye políticas selectivas con efectos indirectos sobre la
producción-- como parte de la redefinición de los factores que
determinan los patrones comerciales [Krugman 1986, Brander 1986,
Tyson 1989, Ocampo 1991], entre los cuales se destacan aquéllos
que contribuyen a mejorar la capacidad tecnológica: el
aprendizaje, el diseño, la innovación, el uso de nuevos
materiales y las externalidades generadas por los encadenamientos
tecnológicos.
Patrones de especialización y política comercial
El análisis de los patrones comerciales también ha permitido
identificar los principales determinantes de su evolución a largo
plazo: las economías de escala, el desplazamiento de las curvas
de aprendizaje y los procesos de adaptación e innovación
tecnológica [Ocampo 1991]. En un nivel muy general, estos
elementos complementan la explicación clásica basada en las
diferencias de los recursos disponibles en cada país.
Si el proceso de especialización internacional se asemejara al
que describen las teorías tradicionales existiría una tendencia
mayor hacia la complementariedad y hacia el comercio
interindustrial. En la realidad, en cambio, predomina el comercio
intraindustrial donde campean la rivalidad y la lucha por mejores
posiciones y mayor poder de mercado [Brander 1986].
Con un mayor espacio para el realismo, se ha encontrado que
las diferencias entre países no son rígidas: las ventajas no son
estables, muestran avances y retrocesos, son reversibles, pueden
ser creadas o destruidas. Los patrones comerciales cambian al
vaivén de las transformaciones productivas inducidas por las
innovaciones y por los resultados de los procesos de
investigación y desarrollo experimental [Katz 1993], así como por
la experiencia y el aprendizaje industriales [Amsden 1989].
Los determinantes de la evolución del comercio a largo plazo
justifican, así mismo, la redefinición del papel de la política
comercial por sus efectos sobre la generación de rentas en
industrias con potencial para lograr economías de escala o sobre
las economías externas ya existentes, que pueden ser aumentadas
mediante el apoyo a sectores que irrigan al conjunto de la
economía.
La visión contemporánea parte de una premisa distinta a la de
la teoría tradicional: los patrones de especialización dinámica
no obedecen a la existencia de proporciones diferentes de
recursos homogéneos sino, principalmente, a su diferenciación y
cambio cualitativo. Por tal razón, los nuevos enfoques admiten
la identificación de sectores estratégicos [Spencer 1986] y el
uso de políticas selectivas [Agosín y Ffrench-Davis 1993].
Así, en el caso de las economías en desarrollo, se acepta la
conveniencia de diseñar estrategias para robustecer su estructura
productiva. Algunos autores señalan la necesidad de fortalecer la
demanda interna [Linder 1989], otros resaltan la importancia de
las externalidades generadas por una acción estatal selectiva
[Krugman 1988 y Ocampo 1991]. En los análisis comparados de las
economías de Asia y de América Latina se subrayan los factores
culturales: la disciplina social, la formación de valores éticos,
el desarrollo de una cultura tecnológica y productiva, el respeto
de las reglas básicas [Van Dijck 1990]. Por tanto, teóricamente
se vuelven justificables las acciones estatales para mejorar las
condiciones de socialización y cohesión social en torno de
objetivos económicos, sociales, educativos y ambientales.
Además, en los últimos años el Estado ha asumido cierto
liderazgo en la estrategia de competitividad [Tyson 1989, Amsden
1989 y Van Dijck 1990]. En los países en desarrollo, éste se
manifiesta en la adecuación estructural para el desarrollo; en
las políticas de equidad distributiva, para elevar la calidad de
vida y la formación laboral; en la creación de economías
externas, reforzando los encadenamientos entre producción y
distribución [Gereffi 1990, 225] y en el apoyo a la renovación
tecnológica. Los nuevos elementos de análisis subrayan también la
necesidad de estrategias institucionales para fomentar el
aprendizaje y el desarrollo científicos [Katz 1993, Dosi 1991].
LA APERTURA COMERCIAL
En el pasado, las concepciones neoliberales no gozaban de
mucha credibilidad en América Latina porque su comercio se basaba
principalmente en la exportación de bienes primarios y las
políticas de industrialización dominaban el panorama de la
política comercial, marcadamente proteccionista. El enfoque
tradicional de las ventajas comparativas explicaba
satisfactoriamente los patrones de especialización de estos
países. Las exportaciones colombianas dependían principalmente de
los recursos naturales: clima, tierras y población.
Las ideas implícitas en la sustitución de importaciones
justificaron los excesivos niveles de protección a la producción
nacional por más de veinte años. Salvo pocas excepciones, la
industria nunca pudo alcanzar estándares de producción y
competitividad internacionales. Luego de las primeras etapas de
industrialización, el sector entró en una fase de inercia
rentista causada por el aislamiento internacional, decayó su
dinamismo inicial y dejó de jalonar el crecimiento de la
economía.
La liberalización comercial se justificó con el argumento de
eliminar las distorsiones del mercado. El modelo de sustitución
de importaciones ya no resultaba apropiado para las necesidades
del crecimiento; además, los altos niveles de protección
permitían mantener bajos niveles de competitividad. La estrategia
de internacionalización de ese entonces se basó en la apertura
comercial y en una política activa de liberación de los
mercados. El proceso de apertura se complementó con la
desregulación de las relaciones económicas en otros campos, con
el fin de facilitar la transformación productiva y los ajustes
laborales. Las instituciones del mercado también sufrieron
reformas importantes para favorecer una regulación más liberal
(privada) de la economía.
Estas políticas pretendían acercar la producción interna a los
patrones internacionales. La liberalización del comercio
exterior ha inducido un aumento significativo de las
importaciones. No obstante, la competencia de las importaciones
no basta para alcanzar estándares internacionales de producción.
La apertura no garantiza la transformación productiva hacia
adelante si faltan los factores del cambio estructural
progresivo.
La reforma comercial fue radical, para acelerar sus efectos
sobre la estructura productiva. En teoría, se pensaba mantener la
tasa de cambio real ajustada a la evolución de la productividad,
a fin de mantener la competitividad de las exportaciones. Pero,
sin ningún fundamento en la productividad, el tipo de cambio se
ha mantenido revaluado en los últimos tres años. Al reducir sus
precios, la revaluación ha reforzado la demanda de importaciones,
especialmente de las que son elásticas a los precios: bienes de
consumo y de capital. Después de tres años de apertura comercial,
las importaciones siguen creciendo a tasas muy superiores a las
exportaciones, las importaciones para consumo se han multiplicado
por cuatro, mientras que las exportaciones menores, más sensibles
a la tasa de cambio, han perdido competitividad por la
apreciación del peso. Pese a ello, estas exportaciones han
seguido creciendo, aunque con tasas de crecimiento inestables.
Podría pensarse que la política de revaluación ha favorecido
la transformación productiva. Sin embargo, no es razonable
concederle ese alcance estructural. Las importaciones de
maquinaria y equipo se duplicaron en cuatro años, pero esto no
significa que esté en curso la reasignación de recursos que
pretendía el modelo. El patrón de especialización internacional
del país no ha cambiado después de cuatro años de apertura; las
exportaciones siguen basadas principalmente en ventajas
competitivas de tipo tradicional y las exportaciones no
tradicionales, intensivas en trabajo, han perdido competitividad
debido al manejo de la tasa de cambio.
Agosín y Ffrench-Davis [1993] muestran que estos efectos de la
estrategia de apertura son comunes a varios países
latinoamericanos. Analizan las consecuencias de este modelo sobre
la expansión de la frontera productiva y concluyen que es menos
efectivo a largo plazo frente a la estrategia de
internacionalización liderada por las exportaciones.
La apertura y el Salto Social
Las razones analíticas y políticas que hoy llevan a mantener
la apertura comercial surgen de una concepción no ortodoxa del
comercio internacional [Krugman 1986, Agosín y Ffrench-Davis
1993]. El Plan reconoce que la apertura está generando una
transformación productiva del país y dinamizando la producción.
Considera que la redefinición de sus orientaciones básicas --
manteniendo niveles de protección adecuados y políticas
sectoriales para mejorar la competitividad-- permite consolidar
la apertura diseñando una estrategia de apoyo a las
exportaciones.
La diferencia entre este enfoque y el esquema de neutralidad
del gobierno anterior se aprecia en tres aspectos. Primero,
subraya la necesidad de políticas estatales para elevar la
capacidad productiva sectorial y de la economía. Segundo,
reconoce la importancia de aplicar políticas activas de comercio
exterior como parte de la política comercial estratégica del
país. Tercero, plantea la necesidad de crear espacios de
concertación con el sector privado para alcanzar los objetivos
económicos y sociales del Plan.
Para gestionar la apertura se prevé una política arancelaria
que mantenga la estructura de protección en niveles adecuados --
para no incurrir en una protección excesiva-- y mantener los
subsidios tributarios a las exportaciones de desarrollo reciente.
Estas medidas de corto plazo se complementan con otras de mayor
alcance, como el desarrollo de programas activos de concertación
sectorial para fortalecer los procesos de innovación, aprendizaje
y competitividad.
Bases estratégicas de el Salto Social
El Salto Social reconoce cuatro hechos básicos.
Primero, la sociedad colombiana sufre un grave desequilibrio
socioeconómico de carácter estructural; su origen básico son los
problemas de equidad derivados de la desigual estructura de
distribución del ingreso. En respuesta a estos problemas, el
gobierno se propone adelantar políticas activas tendientes a
mejorar los índices de equidad distributiva y el entorno social
de las políticas de apertura y competitividad. La orientación
económica en este punto consiste principalmente en inducir
economías externas mediante la formación de "capital humano"
[Ocampo 1991, Katz 1993].
Segundo, acepta los efectos positivos de la apertura sobre el
crecimiento económico pero admite que éste no es suficiente para
erradicar la pobreza y aumentar la equidad. Su propuesta se
orienta, entonces, a incrementar los recursos destinados a
educación, salud, vivienda y otros servicios sociales [Van DijcK
1990], los cuales busca aumentar sustancialmente, en términos
absolutos y relativos: aspira a canalizar hacia el sector social
más del 13 por ciento del Pib durante el período. La idea que
está detrás de estos programas es que el mejoramiento general de
la calidad de vida y de la formación laboral fomentan la
capacidad de integración y absorción laboral del sector formal, a
la vez que elevan la productividad y mejoran la competitividad de
los procesos de trabajo en el conjunto de la economía [Amsdem
1989].
Tercero, plantea que la competitividad alcanzada por las
exportaciones menores se vio afectada por las prioridades de
liberación cambiaria. El déficit comercial de los últimos años
refleja la escasa competitividad internacional de la economía
colombiana, que no puede explicarse por la revaluación del tipo
de cambio por cuanto sus verdaderos determinantes son la
productividad --que depende de los encadenamientos
interindustriales y se refleja en los precios internos-- y la
innovación tecnológica que otorga ventajas y permite obtener
ganancias adicionales a las empresas líderes en materia de
conocimiento y tecnología [Vernon 1966]. Así, el Plan propone
acciones dirigidas a mejorar la competitividad de la economía en
el corto y en el largo plazos.
Cuarto, el Plan reconoce los efectos negativos del desarrollo
económico sobre el entorno ecológico y ambiental. Acepta que la
economía colombiana ha seguido un modelo depredador del medio
ambiente. En este campo, las políticas buscan el fortalecimiento
institucional y la creación de una cultura que favorezca la
conservación del medio ambiente. Esto implica que, en adelante
las decisiones de inversión y de localización no dependerán tan
sólo de su viabilidad económica sino también de la evaluación de
su impacto ambiental.
Además, el Plan percibe las interdependencias entre lo social,
lo ambiental y lo económico, y propone un conjunto de políticas
integradas en una estrategia global dirigida a mejorar las
condiciones generales de desarrollo. Un aspecto esencial de su
concepción es el énfasis en el desarrollo social --reducir los
desequilibrios de la sociedad-- y cultural --formación de un
nuevo ciudadano-- como ejes de la estrategia de desarrollo a
largo plazo.
En la identificación de problemas y necesidades, y en la
definición de objetivos, lo económico no se concibe como un fin
en sí mismo ni como un elemento que por sí sólo lleva al
desarrollo del país. Su premisa es contraria a la del gobierno
anterior: el crecimiento económico no basta para mejorar las
condiciones de desarrollo del país. Esta apreciación,
esencial para la definición estratégica del plan, sustenta las
acciones estatales en varios campos, como el mejoramiento de las
condiciones de vida y el aumento de la capacidad laboral.
Sin embargo, la decisión de adelantar políticas económicas
activas y el replanteamiento de la apertura económica no implican
acoger principios teóricos particulares. En el Plan confluyen
teorías no convencionales pero su postura es ecléctica y no sigue
una sola línea de pensamiento. En sus ideas se percibe la
influencia de autores como Nurkse, Krugman, Amsden, Ocampo,
Agosín y Ffrench-Davis. También utiliza algunos desarrollos
teóricos recientes en la definición de los programas de acción y
los integra de acuerdo con la conveniencia de los objetivos
estratégicos.
La estrategia de internacionalización
El enfoque es más pragmático en cuanto a los factores que
determinan la evolución de los mercados internacionales y a los
factores de crecimiento endógeno. Adopta una línea de acción
intermedia: dar mayor peso al mercado en las actividades que
demandan mayor eficiencia económica y social, al tiempo que
contempla la aplicación de políticas para contrarrestar las
distorsiones que afecten a los bienes transables [Brander 1986,
Tyson 1989]. También busca impulsar la creación de ventajas
competitivas sectoriales con base en economías de escala y de
innovación y el desplazamiento de las curvas de aprendizaje.
En el Plan se contemplan varios frentes para mantener la
competitividad en el corto plazo y crear las condiciones que
permitan su desarrollo a largo plazo. La estrategia integra
varios elementos: políticas de creación de economías externas, de
formación de capital social y de desarrollo sectorial, para
fortalecer la competitividad mediante una política de producción
[Ocampo 1991]; la política social, a su vez, busca mejorar las
condiciones de socialización e integración a la economía [Amsden
1989].
Para acelerar la acumulación de capital en el marco del nuevo
modelo de desarrollo se contempla una política complementaria: de
inversión pública en formación de capital social, y de
inversión privada en infraestructura, energía y comunicaciones.
El Plan prevé una participación importante del sector privado en
la inversión y provisión de bienes públicos. La inversión en
estas áreas forma parte de la estrategia de competitividad a
largo plazo en la medida en que generan economías de escala para
el resto de la economía [Krugman 1988 y Ocampo 1991].
Además de atenuar la desigualdad, la política social genera
externalidades globales porque la mayor calificación de los
trabajadores mejora las posibilidades de integración y adaptación
laboral en la estructura institucional y técnica del mercado.
Así, la estrategia social se articula a la de
internacionalización aumentando la capacidad tecnológica y
laboral de los trabajadores [Ocampo 1991, Amsden 1989].
Con respecto a la internacionalización de la economía, la
orientación macroeconómica tiene tres elementos básicos: primero,
mantener la estabilidad del tipo de cambio para inducir una
recuperación de las exportaciones menores. Esta política busca
controlar los factores que distorsionan el mercado de cambios,
como el lavado de dólares y la apertura financiera de dicho
mercado, para contrarrestar sus efectos indeseables sobre el tipo
de cambio.
Segundo, la concertación, promovida por el gobierno para
contrarrestar los factores inerciales y especulativos de la
inflación. Además de los beneficios derivados de un sistema de
precios más transparente, esta política concibe la productividad
como árbitro y criterio en la pugna distributiva, lo que es de
gran importancia para la estrategia de competitividad. Si se
logra un efecto amplio de aumentos articulados de productividad
en la economía, en el sentido de Nurkse, se ampliaría la
externalidad debida al tamaño del mercado haciendo viable una
estrategia de crecimiento endógeno basada en la producción. Y si
la mayor productividad se extendiese a toda la economía,
mejoraría la competitividad internacional. Las unidades de
producción obtendrían rentas --en salarios y beneficios-- por sus
ganancias de productividad individuales y se propiciaría el
desarrollo de economías de escala sectoriales [Ocampo 1991].
Tercero, estabilizar y consolidar el proceso de apertura
mediante un conjunto de políticas activas orientadas a fortalecer
la competitividad, global y sectorial, promoviendo las
exportaciones [Ocampo 1991, Agosín y Ffrench-Davis 1993]. La
política comercial es un elemento necesario para consolidar la
apertura comercial. En ese sentido, el Plan considera que el
crecimiento y la diversificación de las exportaciones dependen de
la creación de ventajas en los segmentos más dinámicos, los
cuales garantizan el éxito de la apertura en el largo plazo.
El Plan formula, entonces, programas para fortalecer la
competitividad en la producción y en la comercialización. Aquí se
aprecian dos líneas complementarias: de un lado, fortalecer la
capacidad tecnológica mediante las políticas de ciencia y
tecnología y, de otro, inducir la competitividad y el desarrollo
sectorial, para lo cual se prevén tres programas sectoriales:
apoyo a las exportaciones y fortalecimiento de los sectores
agropecuario e industrial, previa concertación con el sector
privado. Además, el Plan propone modificar y perfeccionar los
mecanismos de subsidio a las exportaciones menores, adoptando los
que tengan menor oposición en las negociaciones internacionales,
como la exención de impuestos indirectos [Valdés 1990].
CONCLUSIONES
La concepción analítica del Plan de Desarrollo tiene raíces en
las teorías no convencionales del comercio internacional y el
desarrollo. Estos enfoques se reflejan en una orientación
intermedia y relativamente pragmática que no asume una posición
teórica rígida y de principios.
Un aspecto destacable en la concepción general del plan es su
enfoque de producción. No desconoce la necesidad de
mantener los equilibrios macroeconómicos, pero va más lejos:
intenta coordinar las estrategias económicas con el fin de
reestructurar el aparato productivo nacional y reforzar su
capacidad de producción.
En términos generales, el Plan otorga gran importancia a la
política social. En su conjunto las políticas sociales forman
parte de las estrategias económicas de integración laboral,
productividad y competitividad. En el diagnóstico y en los
programas se intenta articular las problemáticas social y
económica para enfatizar las interrelaciones estructurales que
determinan su evolución. Teniendo en cuenta esta causación
recíproca, las estrategias propuestas buscan integrar los dos
tipos de políticas y encauzarlas hacia una reforma estructural
que permita el desarrollo económico.
En relación con el comercio exterior, el Plan se propone
consolidar la apertura económica en el largo plazo, para lo cual
busca fomentar la competitividad y el desarrollo sostenido de las
exportaciones. La estrategia de internacionalización está
planteada integralmente: centrada en el fortalecimiento de la
capacidad productiva, articula varios programas en los campos del
conocimiento y la aplicación de los saberes tecnológicos, de
producción, de energía e integración física y de apoyo al sector
exportador.
Desde esta perspectiva su marco de análisis es apropiado. El
énfasis en la interrelación de las políticas tiene en cuenta que
la creación de economías externas es una forma de aumentar la
competitividad interna. Así, este enfoque da gran importancia a
la formación de "capital social", requisito indispensable
para fortalecer la competitividad a largo plazo. La inversión
pública está dirigida en su mayor proporción a este objetivo.
La generación de economías externas es un propósito de
corto y largo plazos. Con base en economías de escala estáticas,
productividad e innovación el Plan espera generar economías de
rendimiento aumentando el tamaño del mercado para fortalecer la
capacidad de crecimiento endógeno. Esta estrategia de crecimiento
se refuerza con los efectos de las economías externas sobre el
incremento de la competitividad y las exportaciones.
La estrategia de comercio exterior también es consistente con
los mecanismos que piensa utilizar. Sin embargo, habrá que
esperar algún tiempo para observar el desarrollo de los programas
y su efectividad para consolidar la apertura a largo plazo.
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(1) En su trabajo sobre la metodología positiva en economía, Milton Friedman
defendía tal enfoque teórico: "en general, mientras más significativa es la
teoría, más irreales son los supuestos" en el sentido de representaciones
inadecuadas o puras de la realidad [Friedman 1935, 22].
(2) El origen de esta proposición se encuentra en Adam Smith [1776]. Pese a las
diferencias históricas y conceptuales, este planteamiento coincide con el de
Smith, para quien el tamaño del mercado condicionaba el crecimiento
económico.
(3) Aquí también Smith es un precursor. Para él, la extensión del mercado está
limitada por las condiciones de integración física que brindan los medios de
transporte [1776, I, III] y los recursos destinados a formación y
calificación laboral son parte del capital fijo [1776, II, I].
(4) Citado por Van Dijck [1989, 183-185].
(5) Este autor justifica la aparición de las nuevas teorías desde la perspectiva
de las economías grandes y en particular de la economía estadounidense.
(6) El concepto de inteligencia económica denota el uso de la información como
parte de las estrategias de competitividad [Commisariat géneral du Plan de la
France 1994].
(7) Véanse, a este respecto, los trabajos ya citados de Krugman, Tyson y Brander
sobre economías grandes y el de Ocampo sobre economías en desarrollo.
(8) Esta es la senda evolutiva que Marx describe cuando examina los factores que
determinan el paso de un estadio del desarrollo a otro [1867, I, XIII].
(9) Villar [1986] comprobó la estrecha relación entre apertura exportadora de las
ramas industriales e intensidad de mano de obra. Por otra parte, los
principales rubros exportables del país son café y petróleo.
(10) Cuando se dan razones para defender la liberación del mercado, se parte de
una visión unilateral sobre las causas de sus distorsiones: casi siempre se
atribuyen a la acción del Estado y pocas veces se tienen en cuenta las
características estructurales del mercado.
(11) Los argumentos que expuso el documento oficial del plan del gobierno son muy
similares a los de Adam Smith [1776, IV, II].
(12) Por capital social entiende la inversión en la provisión de bienes públicos y
el gasto social en mejoramiento de la capacidad laboral: educación, salud,
recreación, etcétera.
(13) Varios trabajos muestran que las exportaciones manufactureras y agrícolas no
tradicionales colombiana son elásticas a los precios; su competitividad se
reduce con la apreciación del tipo de cambio.
(14) Citado por Ocampo [1991, 206].