Los nocivos efectos sociales de la política seguida en el
cuatrienio anterior, la persistencia de diferentes formas de
violencia y el potencial democrático de la Constitución Política,
que otorga un lugar central a lo social, son factores objetivos
que explican la propuesta formulada en el plan de desarrollo
El Salto Social, así como las expectativas y el respaldo
de la opinión pública a algunas de sus iniciativas.
Lo social recobra espacios no sólo en Colombia. La crisis
latinoamericana de los ochenta y la estrategia neoliberal --
basada en los procesos de liberalización, desregulación y
privatización-- significaron enormes costos sociales que se
reflejan en un alarmante aumento de la pobreza, que oscila entre
42 millones de pobres más en el período 80-89 --en el cálculo
optimista del Banco Mundial-- y 59 millones en el de la Cepal.
Según proyecciones del Pnud, de seguir así, en el año 2000 habría
25 millones más, para un total de 296 millones de pobres, el 56
por ciento de la población regional [Boltvinik 1994, Nueva
Sociedad 1994].
Los mayores niveles de pobreza obedecen principalmente al
deterioro de los niveles de ingreso --resultado, a su vez, de la
mayor concentración de la propiedad y del cambio en los tipos de
ocupación-- que llevaron a buscar otras fuentes de ingreso
(microempresa, trabajo doméstico y trabajadores por cuenta
propia) y a una gran expansión del sector informal, donde el
empleo es precario. (1)
Esta dramática situación ha renovado el interés en el tema
social y los problemas de la pobreza, a nivel de los gobiernos y
de organismos internacionales como el Banco Mundial, el Banco
Interamericano de Desarrollo e incluso el Fondo Monetario
Internacional. Aunque estos organismos mantienen la creencia de
que mayores niveles de crecimiento implican mayores y mejores
niveles de ingreso, y persisten en su conocido recetario:
equilibrio macroeconómico, austeridad fiscal, bajo perfil del
Estado, apertura comercial y control monetario. Reiterando así su
convicción de que primero es el crecimiento económico y la
eficiencia, y luego la equidad, como efecto del crecimiento.
Sea como sea, el momento es propicio para asumir el compromiso
de que lo social y particularmente la equidad sean propósitos del
desarrollo, compromiso que orienta la propuesta consignada en
El Salto Social [Presidencia-DNP 1994]. A pesar de que
las dificultades heredadas del pasado y las situaciones
coyunturales restrinjan el margen de maniobra gubernamental, y
haya deficiencias en la misma formulación del plan.
VISIÓN GENERAL DEL PLAN
El Plan propone seguir una nueva vía de desarrollo. Se "busca
llevar a la práctica un modelo alternativo de desarrollo.
Alternativo al esquema proteccionista porque la globalización de
la economía requiere de economías abiertas y competitivas, pero
alternativo también al neoliberalismo que entrega
irresponsablemente al mercado la corrección de todos los
desequilibrios" [Presidencia-DNP 1994].
Reconoce así la necesidad de mantener el proceso de apertura,
pero introduciendo algunos ajustes, sobre todo en sectores que no
pueden ser expuestos en forma indiscriminada a la competencia y
los vaivenes internacionales y requieren ciertas condiciones o
políticas selectivas (subsidios, aranceles, crédito dirigido)
para permanecer en el mercado. Mientras que la política de
Gaviria fue básicamente macroeconómica --con la esperanza de que
los beneficios fueran generales y se distribuyeran por igual en
cada sector-- el Plan se propone apoyar y estimular sectores
específicos, sin retornar a la idea de sector líder o a políticas
sectoriales bien diferenciadas, entendiendo que se requieren
estrategias específicas en algunos sectores: exportador,
agropecuario, industrial y turístico, cuyas políticas se exponen
en forma horizontal a lo largo del Plan, con referencias
verticales explícitas.
El Estado recupera su papel protagónico en muchos frentes,
ante todo en el sector social y ejerciendo una mayor regulación
en lo económico. En la administración anterior, la concepción
sobre Estado, economía y sociedad iba a contravía de la
Constitución, ahora se acerca más al espíritu de la Carta. Sin
otorgar al Estado un papel de empresario, reconoce su liderazgo
en el campo social y su papel regulador en el ámbito económico.
Con Gaviria, la prioridad fue el crecimiento global y la
estabilización interna y externa, principalmente a través del
manejo monetario. Suponiendo que el crecimiento llevaría a un
mayor desarrollo y equidad, lo social tenía un carácter apenas
residual, correspondiente a la concepción del goteo. Con
Samper, la política social pasa a ser prioritaria y la política
fiscal recupera sus propósitos de desarrollo. El gasto público se
reorienta hacia la inversión social, financiando la "fase social
de la apertura económica". El equilibrio macroeconómico es,
entonces, una condición necesaria pero no el objetivo del plan.
Los fundamentos del Plan
En el documento se aprecia una preocupación constante por
redistribuir los frutos del crecimiento y admite que los cambios
económicos y políticos no han mejorado el nivel de vida de la
mayoría de los colombianos. Propone consolidar las reformas
positivas, "garantizando al mismo tiempo que sus beneficios se
extiendan al conjunto de la sociedad" [Presidencia-DNP 1994].
Así, la equidad constituye un objetivo central, y el
desarrollo económico se convierte en un imperativo. En el Plan no
hay un divorcio entre crecimiento y desarrollo, ni una dicotomía
entre la política económica y la política social. Avanza hacia
una concepción más integral del desarrollo, en sus distintos
ámbitos: económico, social, político, cultural y ambiental.
Podría argumentarse que todos los planes de desarrollo, sobre
todo desde la administración Betancur, han tenido propósitos de
bienestar y equidad. No obstante, hay diferencias importantes en
cuanto a la determinación de los medios y los fines y a las
estrategias para alcanzarlos.
En el actual Plan, el crecimiento no es un fin en sí mismo
sino un medio para mejorar los niveles de vida, y no puede
lograrse a costa de la depredación del medio ambiente y de la
sostenibilidad y la sustentabilidad del desarrollo. En su balance
de los primeros cien días, el Presidente fue muy explícito: "de
nada nos sirve crecer más, exportar más, construir más, si las
ganancias que obtenemos por ese progreso no se traducen en
mejores posibilidades de vida para un mayor número de
colombianos". Una vez más, la equidad es un elemento central.
De ahí que la política se conciba en forma integral. Más
exactamente, la política económica involucra criterios sociales y
ambientales y las políticas sociales y ambientales, un contenido
económico.
El modelo alternativo
Este modelo se sustenta en cuatro criterios básicos:
- La equidad y la solidaridad, entendidos como
objetivos esenciales de la política económica y social, y como
fuente básica de la estabilidad social y de la paz.
Muy positivamente, los recursos destinados al frente social se
ven como una fuente de inversión productiva y no a la manera
tradicional, como un mero gasto. Este enfoque de la inversión
trasciende el de la mera contribución material de las personas y
adopta una concepción más amplia que retorna a las personas su
calidad de ciudadanos, considerándolos como portadores de
derechos y no como objetos de compensaciones o favores, al tiempo
que presta atención no sólo a las generaciones presentes sino
también a las futuras.
Este avance permite profundizar el concepto de "desarrollo
humano sostenible", enriqueciéndolo en los términos sugeridos por
el Consejo Nacional de Planeación, que sugiere incluir "la
condición integral, autónoma, creativa y relacional del ser
humano como principio y fin del desarrollo" [CNP 1995].
Con ello surgiría el mandato de definir, de acuerdo con
nuestras posibilidades reales, los bienes meritorios, entendidos
como aquellos que se merece la gente por el sólo hecho de serlo,
y cuya provisión no puede estar sujeta exclusivamente al
crecimiento económico. En términos más precisos:
"se postula que, como parte del proceso de planeación, el
Gobierno defina --dentro de las posibilidades del país y del Estado--
el conjunto de bienes fundamentales que necesitan todos sus pobladores
para poder participar en la vida democrática y a los que todos deben
poder acceder independientemente de su capacidad de pago. Es este un
concepto que el Consejo sugiere introducir en la planeación colombiana
para desarrollar el régimen de derechos de la Constitución y para que
haya una mayor claridad en el acuerdo entre la sociedad y el Estado"
[CNP 1995, 14].
Lo cual nos acercaría más al cumplimiento de los principios
constitucionales -- que dan al Estado colombiano el carácter de
un Estado Social de Derecho-- y a hacer realidad los derechos,
deberes y garantías consagrados para todos los colombianos. (2)
- El crecimiento económico depende de la inversión de los
agentes individuales tanto como de la acumulación de capital
social. El capital social se entiende como un patrimonio
colectivo y, por tanto, sus beneficios deben ser apropiados en
forma colectiva. Esta visión enriquece el concepto de desarrollo
humano sostenible y precisa sus tres componentes básicos: el
capital conocimiento (educación, experiencia, ciencia y
tecnología), la infraestructura y el medio ambiente.
Se vuelve posible, entonces, abordar el crecimiento en toda su
complejidad, involucrando sus distintos componentes y superando
la limitaciones impuestas por la visión que lo concibe como un
mero proceso técnico en el que entran factores e insumos y salen
cosas y productos. Ya no se trataría tan sólo de crecer, sino
cómo y en beneficio de quién.
Muy acertadamente, el Plan plantea que uno de sus objetivos
esenciales es canalizar mayores recursos hacia la inversión en
capital social, aceptando que su escasez "puede ser la mayor
restricción al crecimiento económico del país". De nuevo, en este
punto es valioso el aporte del Consejo, que propone un cuarto
componente: la organización civil y el desarrollo institucional
[CNP 1995, 14 y 31]. Puesto que las formas de organización de la
sociedad y del Estado son determinantes para lograr un compromiso
colectivo y alcanzar los objetivos previstos. Si el desarrollo
institucional, la descentralización y la participación ciudadana
se reconocen como elementos insustituibles para reconstruir la
legitimidad del Estado y superar el falso dilema entre "más o
menos Estado" y "un mejor o peor Estado" (capítulo 9), es
necesario incluirlos en forma explícita como componentes del
capital social, que es patrimonio de todos.
- Las ventajas competitivas son creadas y, por tanto, el
mayor dinamismo económico no es un resultado automático del libre
funcionamiento de las fuerzas del mercado. Este
reconocimiento supera la teoría convencional del comercio
internacional, donde las ventajas comparativas surgen de unas
dotaciones iniciales dadas, que no pueden crearse y reproducirse,
de modo que se debe garantizar una absoluta libertad para
asegurar su combinación óptima. Con esta orientación, la
administración Gaviria abandonó el sector exportador que resultó
castigado por una política revaluacionista que ha reducido su
competitividad internacional, ha contribuido a reprimarizar la
economía y a un desbalance externo nada despreciable.
El Plan reconoce que las ventajas deben ser creadas y, por
tanto, que se requieren políticas selectivas explícitas para
lograr la competitividad: "Las ventajas no surgen meramente de la
disponibilidad de recursos naturales o de mano de obra no
calificada, sino de factores que son producto del proceso de
desarrollo" [Presidencia-DNP 1994]. No bastan, entonces, un
escenario macroeconómico sano y una desregulación para no
entrabar las actividades. Se acepta que el desarrollo es un
proceso y, como tal, dinámico; por tanto, que es producto y
productor de las condiciones que permiten el avance material e
inmaterial de la sociedad.
El liberalismo a ultranza, lejos de crear y recrear las
condiciones adecuadas para la sostenibilidad y sustentabilidad,
las destruye, pues sólo presta atención a los costos y las
expectativas privadas, ignorando los costos y los beneficios
sociales.
- El logro de los objetivos requiere una movilización de
toda la sociedad. Admitiendo la necesidad de un "Buen
Gobierno" (capítulo 9) para alcanzar sus objetivos, el Plan está
muy cerca de comprometerse con el propósito de desarrollar la
Constitución en materias tales como: descentralización,
participación ciudadana, concertación, competencia, participación
privada y regulación estatal.
Esta formulación es de extrema importancia y refuerza la
propuesta de introducir la organización social e institucional
como componentes del capital social, con lo cual se superaría la
visión liberal del Estado en la que el ciudadano es externo y sus
relaciones estrictamente contractuales. Ahora se asume que el
Estado y la Sociedad Civil son protagonistas de la causa común
del desarrollo. Las distintas acciones propuestas rescatan el
espíritu de la Constitución que, como se sabe, fue fruto de un
proceso consensual.
Todo esfuerzo para construir una cultura de la concertación es
fundamental en un país azotado por la intolerancia y la negación
del otro. De ahí la importancia de un Pacto Social que va
más allá de los meros objetivos económicos. Así mismo, la puesta
en práctica del artículo 339 de la Constitución --que obliga a
concertar el plan de desarrollo con las entidades territoriales--
y del artículo 340 --que define al Consejo Nacional de Planeación
como instancia consultiva y foro para la discusión del Plan-- es
un enorme avance en la práctica de la concertación como
instrumento de modernización de la cultura política y
construcción de ciudadanía.
Pero, como advierte el Consejo "sólo en la medida en que las
organizaciones de la sociedad civil se fortalezcan, la planeación
participativa cobrará sentido y será algo más que un paso
necesario en la tramitación de una ley del Plan" [CNP 1995, 2], a
lo que cabría añadir el compromiso político del Estado y de los
partidos para que la concertación sea un proceso continuo y
acumulativo.
En este sentido sería conveniente que el Plan, en tanto
propuesta gubernamental concertada con la sociedad civil, se
convirtiera en estrategia de largo plazo, más allá del Gobierno
respectivo. Aquí es esencial la presión organizada de la sociedad
y del Consejo Nacional de Planeación, cuyo período es de 8 años
con una renovación del 50 por ciento de sus miembros cada cuatro
años. Si hay un consenso acerca de la orientación y filosofía del
Plan, no deberían ser modificadas sino enriquecidas, manteniendo
las estrategias que rindan frutos y reformulando o abandonando
las que resulten ineficaces. Es necesario superar la costumbre de
que cada administración busca diferenciarse de la anterior por la
vía negativa: el abandono de los programas y proyectos que han
rendido frutos, pero que se identifican con el mandatario
anterior, y la persistencia de vicios estructurales que mantienen
un orden que excluye importantes sectores de la población.
La articulación entre política económica y política social
Amplios sectores de la opinión pública coinciden en que uno de
los aspectos más positivos del Plan es la integración entre la
política económica y la política social. Este aspecto le otorga
consistencia al Plan y se convierte en el eje que articula las
distintas iniciativas.
En efecto, el documento considera el empleo como el núcleo
fundamental focal del plan de desarrollo: "El empleo productivo
es el punto vital de encuentro entre el desarrollo económico y el
desarrollo social" [Presidencia-DNP 1994]. Se admite, así, que en
una sociedad mercantil, las personas sólo pueden satisfacer sus
necesidades vitales cuando tienen un ingreso, lo que para la
mayoría de la población significa asegurar la venta de su fuerza
de trabajo.
Pero el Plan trasciende la visión del empleo como mera fuente
de ingreso, al admitir que la desocupación y la ocupación
precaria restringen no solamente el potencial productivo de la
fuerza de trabajo y un nivel de ingreso adecuado, sino también el
bienestar y la pertenencia a la sociedad, además de generar
serios problemas de inequidad.
El hecho de que el empleo sea un objetivo central del Plan
implica una doble estrategia en lo económico y lo social. Se
busca ofrecer más y mejores oportunidades de empleo; de modo que
como estrategia económica se requiere una política macroeconómica
sana, la búsqueda de competitividad y una activa política de
empleo. A su vez, como estrategia social se requiere elevar el
nivel educativo y adelantar una política de fomento a la economía
solidaria y a la pequeña propiedad. De este modo el empleo forma
parte de un programa integral, más allá de su papel en el
crecimiento económico.
La meta es generar un millón de empleos en el cuatrienio,
distribuidos así: programas de modernización industrial 170 mil,
desarrollo agropecuario 200 mil, construcción 80 mil, comercio
410 mil, servicios privados 510 mil, servicios del gobierno 110
mil y servicios públicos 9 mil. En términos cuantitativos no es
una meta muy ambiciosa, pues durante el gobierno anterior se
generaron un millón doscientos mil, fruto de la misma dinámica
económica, sin políticas explícitas de generación directa de
empleos.
Preocupa, sin embargo, que el énfasis recaiga en la cantidad
de empleos aunque se contemplan planes de capacitación por parte
del Sena(3); falta incluir otras estrategias para mejorar la
calidad del empleo. El proceso de apertura no disparó las tasas
de desempleo, como se esperaba, pero hoy es inocultable el
deterioro en su calidad, como se aprecia en el cuadro 1.
CUADRO 1
MERCADO LABORAL 1990-1994
Siete ciudades principales (porcentaje)
| 1990 | 1991 | 1992 | 1993 |
| Desempleo total |
10.5 |
10.2 |
10.2 |
8.6 |
| Empleo informal |
31.0 |
31.2 |
32.3 |
33.0 |
| Subempleo |
14.7 |
15.0 |
15.6 |
16.2 |
| Empleo temporal |
15.8 |
17.1 |
18.9 |
19.5 |
| Fuente: Dane, Encuesta de Hogares. |
Se requieren, entonces, acciones en materia cuantitativa y
cualitativa para mejorar el empleo estable y garantizar los
ingresos de todas las personas que quieren trabajar y buscan
empleo. La reducción en la elasticidad empleo-producto,
ocasionada por los cambios tecnológicos, hace que la absorción de
mano de obra tenga ritmos decrecientes. La búsqueda de la
competitividad exige modernizar las empresas, lo que en la
mayoría de los casos lleva a reducir la nómina. Se necesitan
estrategias para estimular la actividades intensivas en mano de
obra, la producción de bienes transables en particular, de tal
suerte que se dé estabilidad y mejore la calidad del empleo, con
aumentos reales en la productividad. Estos requerimientos superan
en algo más del doble la meta del Plan.
CUADRO 2
NECESIDADES DE CREACIÓN DE EMPLEO PARA SUPERAR
CARENCIAS DE CANTIDAD Y CALIDAD 1995-1998
| Aspectos por resolver |
Empleos |
| Desempleo abierto 7 ciudades (septiembre de 1994) | 435.000 |
| Empleo informal (33% del empleo total) | 1.672.000 |
| Subempleo (16% del empleo total) | 810.000 |
| Crecimiento PEA 2% | 452.000 |
| Total de necesidades en 4 años | 3.369.000 |
Fuente: Zerda, Alvaro. "Generación de Empleo: metas cautelosas para el punto focal
del plan", Caja de Herramientas, Bogotá, diciembre de 1994. |
Además, como ha señalado el Consejo, la distribución sectorial de
los nuevos puestos de trabajo estipulados en el Plan no cuenta
con estrategias concretas que la sustenten y "privilegian la
ocupación en el sector terciario, mientras que en las actividades
agrícolas e industriales sólo contribuyen con el 25 por ciento de
los nuevos puestos de trabajo" [CNP 1995, 55].
Para que las políticas en materia de empleo logren los objetivos
económicos y sociales propuestos, es necesario trazar estrategias
diferenciadas. Por ejemplo, a niveles urbano y rural y al
interior de cada uno de ellos. En el caso urbano, el desempleo
afecta fundamentalmente a los trabajadores de poca calificación y
en particular a los jóvenes y a las mujeres pobres. En los
niveles de alta calificación parece haber en cambio un exceso de
demanda.
La creación de nuevas fuentes de empleo no puede seguir basada en
la construcción y el comercio, como ocurre en las grandes
ciudades, pues en la primera se trata de empleos temporales y en
el segundo hay un alto grado de informalidad. Como bien señala
Hugo López, se deben combinar políticas macroeconómicas que
garanticen un ritmo sostenido de la ocupación con políticas
específicas: "el Gobierno debe combinar políticas de
recalificación laboral en las ciudades más grandes (infartadas
por el desequilibrio estructural entre oferta y demanda de
calificaciones) y políticas de empleo de emergencia en las
ciudades más afectadas (las más chicas)" [López 1994, 8]. Pero
incluso en este último caso, como indica su nombre, los planes de
emergencia son, y deben ser, temporales, y no sustituyen las
estrategias específicas para hacer más estable el empleo e
integrarlo a los circuitos económicos en forma productiva. De
otro modo, se limitarían a favorecer grupos muy pequeños durante
un lapso muy corto.
Dentro de la política activa de empleo, el Gobierno asigna una
tarea importante a la Red de Solidaridad Social, que tiene a su
cargo un programa de empleo solidario en tres frentes: empleo
rural de emergencia (110 mil empleos), empleo urbano de
emergencia (110 mil) y plan de capacitación para el trabajo (123
mil becas durante el cuatrienio). Con excepción de este último,
sus efectos serán de corto plazo y de carácter transitorio.
Dadas las características del desempleo, la precariedad del
empleo existente y la búsqueda de objetivos sociales y
económicos, el énfasis gubernamental y la concentración de los
esfuerzos deberían recaer sobre la educación, la capacitación y
el desarrollo científico y tecnológico.
De ahí que sea pertinente la propuesta del Consejo de concebir la
educación, junto con el empleo, como otro eje de articulación
entre lo político y lo social; "la educación --mediando una
reforma a fondo del sistema educativo y de las concepciones que
animan el proceso educativo-- no puede ser solamente el primer
acápite de la política social sino que debe ser tomada como otra
estrategia que, al lado del propósito de aumentar las fuentes de
empleo, vincula a todas las demás en el plan de desarrollo" [CNP
1995, 13]. Sólo así se logrará convertir el conocimiento en
componente del capital social y garantizar su acumulación.
El Consejo también advierte sobre una falta de vinculación del
desarrollo científico y tecnológico al proceso educativo [CNP
1995, 83], que debe subsanarse para participar en un escenario de
creciente internacionalización. El Gobierno se compromete a
aumentar al 1 por ciento del Pib la inversión en ciencia y
tecnología, con un importante aporte del sector privado, pero no
establece mecanismos efectivos para que este sector contribuya en
forma estable a este propósito. El Consejo propone dos mecanismos
concretos que pueden ser efectivos: la financiación no
reembolsable de proyectos de desarrollo tecnológico e incentivos
tributarios que estimulen la inversión en este campo considerando
su largo período de maduración [CNP 1995, 84].
LOS GRANDES AUSENTES
(4)
No deja de sorprender que pese a las virtudes de la orientación
general del Plan, en especial su carácter social y la búsqueda de
la equidad, el Plan no precise políticas en cuatro frentes de
enorme importancia: redistribución del ingreso; reducción de los
desequilibrios regionales; diseño de políticas diferenciadas para
grupos específicos, y énfasis en lo político, como espacio
adecuado para la construcción de ciudadanía.
En estos cuatro frentes hay serias barreras estructurales para la
equidad, pues determinan las dotaciones iniciales de las
personas, es decir, las fuentes de ingresos (ya sea como
propietarios de medios de producción o de su fuerza de trabajo),
de las que se deriva su lugar en la sociedad.
La ubicación inicial en la trama social y la ubicación
territorial limitan o potencian las capacidades de las personas.
Más exactamente, como las personas no escogen la situación en la
que nacen, las desigualdades socioeconómicas favorecen la
reproducción de las condiciones que engendran la desigualdad.
Así, la desigualdad distributiva se expresa territorialmente en
profundas disparidades sociogeográficas. Y las diferencias
socioeconómicas y regionales se entrelazan con las diferencias de
oportunidades, reforzándose mutuamente. Por tanto, las políticas
económica y social deben incluir explícitamente el componente
territorial. La ubicación territorial de los centros de
producción, de servicios e institucionales no obedece al azar.
Depende de la infraestructura existente, generándose un círculo
vicioso, pues allí se ubican las nuevas fuentes de empleo e
ingresos reproduciendo los desequilibrios y promoviendo la
concentración de la población.
Para romper ese círculo vicioso es necesario, entonces, afectar
las dotaciones iniciales, lo que implica tratar en forma desigual
a los desiguales, mediante políticas diferenciadas que compensen
las disparidades iniciales. En este caso se trata de tener una
perspectiva regional y de identificar grupos de población
específicos, que a su interior no son homogéneos, que deben ser
no sólo objeto de las políticas sino también protagonistas de su
propio desarrollo.
Si se admite la necesidad de afectar las dotaciones iniciales,
para ser consecuente con la búsqueda de la Equidad, deben
diseñarse estrategias para mejorar la distribución del ingreso.
Las políticas de reforma agraria y urbana, y de fomento a la
economía solidaria y a la pequeña propiedad, resultan a todas
luces insuficientes. Es necesario rescatar los principios
constitucionales sobre la propiedad privada con función social, y
asumir el compromiso de combatir las formas monopólicas y
oligopólicas para evitar las posiciones dominantes en el mercado.
Igualmente, debe cumplirse el mandato de privilegiar a los
trabajadores de aquellas empresas que sean objeto de
privatización.
No menos importante es la necesidad de una estructura tributaria
progresiva, pues no se puede subestimar su capacidad
redistributiva y su potencialidad para que el Estado sanee sus
fuentes de financiamiento y pueda cumplir su enorme compromiso de
gasto público en el frente social.
Igualmente, el Plan se queda corto cuando hace referencia a
grupos de población específicos: mujeres, niños, ancianos,
etnias, microempresarios, campesinos y artesanos. A pesar de ser
"el tiempo de la gente", son más los enunciados generales y los
lugares comunes que las estrategias concretas y los medios
adecuados para vincularlos en forma estable, productiva, creativa
y digna a las dinámicas económica y sociopolítica. Esto se puede
constatar en las siguientes áreas:
- En materia de educación básica, el problema no es tan
apremiante en cobertura como en calidad. Sería aconsejable una
agresiva estrategia de capacitación y de formación de los
maestros, principalmente en las zonas rurales. La equidad tiene
mucho que ver con la calidad y la pertinencia de lo que se
pretende enseñar así como de lo que realmente se aprende.
- Las estrategias para la niñez, la tercera edad y los
discapacitados enuncian programas de carácter muy general y
parecen políticas paliativas y asistenciales. No hay una
estrategia ambiciosa, integral y coherente para generar ingresos
familiares que permitan que las familias asuman adecuadamente el
desarrollo de estas personas. Así sucede con los ocho programas
de la Red de Solidaridad Social [Presidencia 1994] que no superan
la visión asistencialista de transferir recursos transitorios,
los cuales alivian la situación de grupos reducidos en tanto
permiten cubrir algunas carencias, pero no modifican las
condiciones estructurales que impiden su inserción productiva y
su estabilidad en el largo plazo. Piénsese, por ejemplo, en el
programa de apoyo a las jefes de hogar con hijos en edad escolar,
a quienes se dará un bono de 50 mil pesos por año para útiles,
textos y uniformes. A veces, los niños colombianos no pueden ir a
la escuela porque deben ocuparse en actividades que les reporten
unos ingresos, así sean ínfimos. El problema no obedece
únicamente a que no tengan acceso a la escuela: también existen
las limitaciones familiares y los costos de oportunidad de tener
un chico en la escuela.
- En cuanto a la participación de la mujer, la única acción
concreta mencionada en el Plan consiste en los programas de
emergencia, meramente asistenciales, de la Red de Solidaridad.
Aquí también se necesitan estrategias y acciones concretas que
garanticen su vinculación estable y en condiciones de igualdad a
los circuitos económicos y a los servicios sociales. Se enuncia
la "ampliación de la cobertura en los programas que han mostrado
mejores resultados y [que] se pondrán en marcha iniciativas
nuevas" [Presidencia-DNP 1994], pero no se identifican los
programas y las iniciativas ni siquiera se enumeran. Algo
semejante ocurre con las minorías étnicas, con respecto a las
cuales no se va más allá de los principios constitucionales.
- En lo que se refiere a la pequeña propiedad y la economía
solidaria, sería importante destacar su enorme contribución en la
producción de bienes de consumo popular. El plan para la
microempresa estipula una suma de 600 mil millones de pesos, que
resulta precaria para financiar los 700 mil créditos proyectados.
¿Por qué razón el programa para microempresas se limita al ámbito
urbano? El Plan debería incluir programas para promoverlas en las
áreas rurales, particularmente en actividades ligadas al
desarrollo agroindustrial, totalmente ausente en el plan. Se
tocan aspectos relacionados con el acceso a recursos productivos
(crédito y asistencia tecnológica), pero se dejan de lado los
servicios sociales. Sería deseable dar prioridad a los programas
de microempresas en las regiones más pobres, donde se carece de
fuentes de empleo productivo asalariado. Es preocupante que en el
Plan no se adopte una perspectiva regional cuando en realidad los
desequilibrios regionales son una seria barrera a la equidad.
- En cuanto al desarrollo rural campesino, el mero otorgamiento
de subsidios para compra de tierras supone la existencia de un
mercado amplio y flexible y de una oferta suficiente en cantidad
y calidad, los cuales no existen en el país. Se pretende que los
pequeños productores tengan acceso a la propiedad, mediante
fondos para compra, sin tocar para nada el problema de la
estructura y concentración de la propiedad. Es difícil
democratizar la propiedad sin afectar el monopolio territorial y
las relaciones de poder. A los grandes propietarios rurales,
armados y no armados, se verán enfrentados pequeños productores
en condiciones de negociación muy desiguales.
En cuanto a la provisión de servicios sociales, se enuncia una
serie de buenos propósitos y tan sólo se menciona un programa de
empleo de emergencia, adscrito a la Red. El programa de mejoras
en vivienda se inscribe en la Red y no apunta a transformar las
condiciones físicas y de hacinamiento, que no son nada
despreciables. La Red es insuficiente para superar las enormes
deficiencias en servicios públicos. El programa de desarrollo
alternativo repite la anunciada sustitución de cultivos, sin
referirse al éxito o al fracaso de los controvertidos programas
que se adelantan actualmente. Y en cuanto a la colonización, a
pesar de ser uno de los problemas más estudiados en el país, se
limita a afirmaciones generales carentes de contenido.
- En justicia, derechos humanos y seguridad ciudadana, se
enumeran propósitos que no superan el contenido de la
Constitución y no se establecen metas cuantificables ni recursos
concretos. Es un hecho que el problema no se circunscribe al
volumen de recursos. No se definen estrategias concretas para
lograr una mayor eficiencia y establecer responsabilidades y
sanciones. Así, esta enumeración de propósitos tiene un carácter
indicativo más que imperativo.
En este punto cabría considerar un grupo de población específico:
los desplazados de la violencia, para el que se anuncia "un
Programa Nacional de Protección y Asistencia Integral", sin fijar
su alcance y contenido. La relocalización e integración de los
desplazados es un deber imperioso del Estado que hoy no les
garantiza posibilidades de asentamiento ni el respeto de sus
vidas. También sería importante incluir objetivos en materia de
cultura política y mecanismos para erradicar vicios como el
clientelismo y la corrupción. Debe insistirse en la necesidad de
nuevas formas de hacer política y de programas para recobrar la
legitimidad del Estado y de sus instituciones.
El Plan aborda el desarrollo en sus dimensiones económica, social
y ambiental, pero se queda corto en la esfera política. Los
sentidos de pertenencia, identidad y cohesión social son
fundamentales en la construcción de una cultura política que
supere las relaciones primarias de compadrazgo, clientelismo y
lealtad personal. Es necesario apostar a la modificación de las
actuales relaciones de poder, una seria barrera a la equidad. Los
sectores económicamente más débiles son por lo general los más
débiles políticamente. Carecen de espacios y de formas
organizativas para dar a conocer sus demandas ya sea en forma
directa o a través de mediaciones efectivas. De ahí que sea
importante persistir en la descentralización, en la concertación
y en la participación ciudadana como medios para reconocer su
papel de sujetos políticos e interlocutores legítimos, así como
el de actores sociales gestores de su propio desarrollo, única
vía para construir una identidad, un sentido de pertenencia y una
cohesión social que reflejen la idea de Nación como comunidad
política.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Boltvinik, Julio. 1994. "Los organismos multilaterales frente a la pobreza",
Pobreza, Ajuste y Equidad, Viva la Ciudadanía-Consejería Presidencial para la
Política Social-Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional, Bogotá,
noviembre de 1994. Igualmente importantes son los estudios publicados en Nueva
Sociedad, Caracas, mayo-junio de 1994.
Consejo Nacional de Planeación. 1995. Todas y todos somos Nación, Bogotá, enero.
Corredor, Consuelo. 1995. "Modernidad y derechos fundamentales en Colombia",
publicación de la Consejería Presidencial para la Política Social", Bogotá.
Corredor, Consuelo (en prensa). En busca de una alternativa integral de desarrollo,
Documentos ocasionales, Cinep.
López, Hugo. 1994. Mercado laboral en Colombia: retrospectiva, coyuntura actual y
políticas previstas en El Salto Social, Fescol, Bogotá, diciembre.
Nueva Sociedad, Caracas, mayo-junio de 1994.
Presidencia de la República. 1994. Red de Solidaridad Social. Una estrategia para
el desarrollo social y humano, Bogotá, octubre.
Presidencia de la República-DNP. 1994. El Salto Social. Bases para el Plan Nacional
de Desarrollo 1994 - 1998, noviembre.
(1) Para un análisis detallado de la pobreza y el empleo en América Latina, véase
Corredor [en prensa] y, para el caso colombiano, López [1994].
(2) El análisis sobre las posibilidades que ofrece la Constitución en esta
materia se amplía en Corredor [1995].
(3) El Plan prevé que el Sena aumentará su cobertura: de 12 mil alumnos en 1994 a
30 mil en 1995 y a 50 mil en 1998. Se entregarán becas de sostenimiento a 123
mil personas de bajos ingresos por 70 mil millones de pesos.
(4) Buena parte de los comentarios siguientes se incluyeron en el documento que
la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional presentó al
Consejo Nacional de Planeación en diciembre pasado, en cuya elaboración
participó la autora de este artículo.