Cuad Cien Soc 104 (CCS)

CUADCIEN, 09/01/97, MIGRACIONES Y TEJIDOS TERRITORIALES ENTRE NICARAGUA Y COSTA RICA

Cuadernos de Ciencias Sociales

País/Country: Costa Rica

Programa Costa Rica; Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales(FLASCO)

Autor/Author: Abelardo Morales Gamboa

Número/Number: 104

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 09/01/97


(Versión preliminar para uso interno de FLACSO Costa Rica) **

Este documento es un avance preliminar de la investigación "Desplazamiento de Población, Desarrollo e Integración Fronteriza entre Nicaragua y Costa Rica". Se agradecen los comentarios y observaciones pero se ruega no citar ni utilizar sin autorización escrita del autor.

Introducción

Primero habían llegado unos cuantos hombres, entre ellos algunos muy jóvenes, con carita de niños, habían tenido que empacar su adolescencia en el mismo saco en que llevaban a la espalda sus escasas pertenencias. Después el grupo se hizo más grande, mujeres y algunas de ellas también todavía niñas, arrancadas de sus pueblos y separadas de sus hijos, realizaban una estación más de una prolongada expatriación hacia Costa Rica que se perdía, como un hilo humano, entre pueblos fronterizos e, incluso, entre territorios enclavados más adentro, donde el marasmo de la producción había lanzado a mujeres y hombres nicaragüenses, de varias generaciones, fuera de sus fronteras.

El sitio era un paraje deshabitado en la margen del río Papaturro, en el municipio de San Carlos de Nicaragua, desde donde se iniciaría una travesía río arriba para, después de dejar atrás una frontera imperceptible, iniciar la búsqueda de las arterias laborales dentro de la economía costarricense que proporcionarían medios de trabajo y sustento a esas gentes. El drama del viaje ha quedado impreso en los periódicos, donde se retrata el testimonio de mujeres, que tienen que sortear los peligros del camino, hambres, enfermedades, y el acoso monetario y sexual de los coyotes.1

Ese vertiginoso incremento de las expatriaciones laborales de nicaragüenses y su inserción en Costa Rica, más visible desde 1991, pero constante en una historia de vicisitudes comunes, es uno de los rasgos más notorios de la creciente ensambladura estructural entre esas dos sociedades y sus territorios, dejadas más en evidencia por otras dinámicas de la globalización como la transnacionalización productiva y la flexibilización y precarización laboral (Pérez Sáinz, 1996; Renzi, 1997; y Rocha y Terán, 1997, inédito).

Aquel desbordamiento humano de la frontera pone de manifiesto, entre otras distintas realidades, la reconfiguración de un proceso de regionalización que hace visible al menos dos situaciones. La primera, en el ámbito territorial más reducido, y en sentido literal con lo antes dicho, es que la frontera misma como un hecho político inmutable, pero también como categoría jurídica, está siendo desbordada transversalmente por dinámicas sociales que nacidas como riachuelos, desembocan como ríos en una reconfiguración territorial más amplia. Eso no hace más que validar la conocida distinción entre el concepto de frontera como límite y el de zona o región (Matthai, 1990). Pero por otra parte, comprueba que

"...las fronteras han sido el resultado del tejido de la práctica social en el tiempo y en el espacio, y su oscilación, su fisonomía cambiante, su naturaleza concreta han formado -y forman- parte sustancial de la transformación de la historia local en la historia mundial" (Fábregas, 1990, p. 65).

Justamente allí se instituye una segunda transformación. El proceso de emigración-inmigración refuerza, en una dirección, un sentido de pertenencia territorial más amplio, y que postula una serie de enjuiciamientos a las tradicionales formas de nacionalismo, identidad y ciudadanía territorial. Pero en una dirección contraria, se acentúa las barreras y mecanismos de exclusión que se alimentan de los valores culturales de rechazo y de las fobias a la presencia del extranjero e, inclusive, de una imagen del extranjero y su mundo que circulan por las redes de comunicación e intercambio cultural. La reciprocidad de la migración repercute no solo sobre el repertorio cultural del país de acogida, sino también de la sociedad de origen, y quienes experimentan más cruelmente esos desgarramientos son los migrantes. "Si el inmigrante se avergüenza de su condición e intenta aculturarse, siempre fracasa: avergonzado de su origen, sufre por partida doble" (Christian Ferrer, 1993, pág. 62).

Desde esa cotidianeidad a través de las fronteras, se van construyendo nuevos procesos de acción regional no solo desde lo local, sino desde el dominio mismo de los hogares, que constituyen la unidad básica del fuerte encadenamiento de redes de parentesco y canales de sobrevivencia, y que sirven de soporte a la constitución de comunidades transnacionales, o a la formación de "ecosistemas internacionales" (Scott, 1995, p. 298). Esa nueva expresión de la transfrontericidad de los recientes procesos sociales, refleja la aparición de un cambio en la función tradicional de las fronteras como líneas de separación. Pero ese es un cambio que se mantiene siempre en una tensión con su función de resguardo y como líneas de confinamiento de fuerzas extrañas y no deseables.

En este trabajo se postula la hipótesis de que las migraciones entre Nicaragua y Costa Rica están llevando al establecimiento de nuevas formas de contacto e interdependencia entre regiones de origen y de destino de esas migraciones. Las migraciones no alteran las definiciones de la territorialidad nacional, pero si tienen impacto sobre la distribución del territorio en escalas de carácter local, y sobre la constitución de nuevas regionalidades transnacionales. A su vez ese nuevo fenómeno de inter-regionalización está mediado por transformaciones que han acontecido previamente al interior de cada región, como resultado de otros procesos macro sociales y económicos. Son múltiples las dinámicas que están conduciendo cada vez más al establecimiento de diversos encadenamientos interregionales, y en el caso de Nicaragua y Costa Rica éstos, si bien son cada vez más visibles a partir de los flujos de emigración/inmigración, tienen también una base cimentada en aspectos importantes de la cultura y la economía transfronteriza.

Mientras que la arqueología de una territorialidad que desborda a la frontera como límite radica en las redes de parentesco e intercambio vecinal, en las actividades económicas y otros elementos físicos del espacio actual, descansa la arquitectura visible de ese complejo más denso y profundo de capas y tejidos que han evolucionado a lo largo de la historia y con el progreso de la cultura y la técnica. Una dificultad para descubrir más claramente esa textura profunda está en la segregación entre los tejidos socioproductivos mismos como fenómeno que caracteriza a las llamadas "economías de dispersión", que surgen de los procesos más generales de globalización, y de tales tejidos respecto de otras redes transversales que conforman dicha estructura.

Territorialidad y regionalización

El estudio de la territorialidad es relevante por varias razones asociadas a esta investigación. En primer lugar, porque en ésta es central la relación entre espacio físico territorial y el espacio cultural del ecosistema social. Las dinámicas asociadas a los diversos comportamientos de los seres humanos producen siempre una alteración del medio natural, en particular de la disposición de sus componentes físicos manipulables y de las diversas manifestaciones de vida; ya sea que éstas existan como recursos-fuente de vida, o bien que resulten indispensables para alcanzar, a partir suyo, otros medios de vida no disponibles de forma inmediata.2 Pero también esa interacción entre el espacio físico y la acción humana crea una modificación de las imágenes y de los comportamientos que tienen las personas en relación con su territorio.

Según las modernas interpretaciones, a partir de la relatividad de la relación entre acciones humanas y medio geográfico se configura una serie de situaciones espaciales concretas, donde resalta la interacción de los elementos físicos del medio, de la cultura y la historia de los grupos humanos que habitan ese territorio.3 Los territorios son momentos de la materia física en procesos de transformación y vida, que para ser hechos habitables o accesibles, son a su vez transformados por las diversas formas de vida que se asientan en ellos.

En la interacción de los seres humanos con los recursos de su hábitat natural se crean, también, los mecanismos a través de los cuales se introducen cambios en la cultura. La consecuencia de esa interdependencia dinámica entre espacio físico, historia y cultura es una cierta forma de humanización del espacio que ha conducido a diversos autores a ensayar las más diversas metáforas como intentos de definición de esa realidad. Por ejemplo, George (1976) señala que "el espacio mismo se convierte en situación" (pág. 30); mientras que Pablo Fernández (1991) afirmaba que el espacio es totalmente simbólico: "los lugares -señala ese autor- son las imágenes de las metáforas con que se dice el pensamiento" (pág. 13). En el margen de ese tipo de argumentaciones está la idea de que el territorio es también un elemento más de la ideología, moldeado por ésta pero también donde ella, incesante por naturaleza, encuentra sus propios linderos físicos. Para Fernández, "las imágenes están hechas de lugares" (pág. 19), aunque también podría sostenerse la inversión de la frase en el sentido de que los lugares están hechos de imágenes, puesto que los sitios existen como producto de la acción de humana, de la representación ideológica que se tiene de ellos, como una construcción a partir de la cotidianeidad y de la manipulación mecánica y consciente de los elementos que están ocupando los espacios donde esas acciones se realizan.

Una segunda cuestión, pero no de segundo orden, vincula nuestro tema de estudio con el problema de la configuración de las regiones. Si bien las diferencias entre los conceptos de espacio y territorio, no se reducen a pequeños detalles de semántica, las diferencias entre territorio y región son más bien de orden y de escala. Sin embargo, la literatura a la cual hemos tenido acceso no particulariza en términos de las diferencias entre esas diversas dimensiones. Aun así, podríamos afirmar que la semejanza entre el territorio y la región deriva de que ambos resultan de construcciones, más bien mentales, moldeadas por la acción humana, pero el punto de partida y la escala de construcción entre ambas difiere. Ambos, siguiendo la definición de George, son espacios convertidos en situación; pero mientras el territorio continúa remitiéndonos a una visión más estática del espacio, la región se nos presenta como una situación espacial más dinámica.

El territorio, por su lado, aparece como un objeto más bien atado a la fijación de límites, por eso se habitúa a hablar de él como un perímetro delimitado por escalas de jurisdicción nacional, departamental o municipal, mientras que la noción de región nos proporciona una escala espacial más modular que puede abarcar diversos ámbitos de esa territorialidad. Inclusive podríamos tender a hablar indistintamente de territorio o de región como sinónimos, entendiendo que tanto uno como otro están en función de las actividades humanas que tienen lugar en ellos; pero en sentido estricto, podríamos decir que, mientras que la configuración de un cierto territorio no crea necesariamente una región, todo proceso de definición regional es a su vez un proceso de construcción territorial. El territorio es más bien de carácter administrativo, mientras que la región es un concepto geográfico.

El estudio de las regiones ha sido, por otra parte, un campo de trabajo donde han predominado las visiones de los planificadores. Pero hoy en día el concepto permite otras aproximaciones gracias a las cuales se pueden conjugar los análisis en su escala administrativa y territorial, con los procesos económicos, sociales y culturales, y aproximarse a situaciones más dinámicas de construcción regional como manifestaciones contemporáneas de nuevas formas de territorialidad. Según la literatura, existen al menos tres orientaciones de la construcción regional asociados a su vez a diferentes conceptos de la "regionalización".

El primer plano, corresponde al uso del concepto de región para definir a una unidad administrativa y de planificación, y resulta del establecimiento de límites a un espacio territorial para facilitar los procesos de intervención, o la lógica de acción territorial, desde el Estado central en los dinámicas territoriales que acontecen en él. El concepto de región está referido desde una cierta perspectiva más tradicional a una escala administrativa y de la planificación oficial, que ha sido el resultado de una cierta visión más tradicional de la construcción de regiones desde los centros de decisión, o bien de la delimitación de las regiones desde una visión que sigue siendo muy estatocéntrica.

Un segundo plano de la regionalización está asociado a la reconfiguración territorial resultante de la globalización económica y que se manifiesta en una serie de tendencias hacia a la diferenciación territorial entre regiones, como un fenómeno asociado a la lógica de intervención territorial de las empresas. Esas tendencias llevan a reforzar una dinámica de competencia entre territorios, bajo las mismas normas de la competencia libre de mercados, tanto por la asignación de recursos, como por otras demandas particulares como cuotas de mercado, atracción de tecnologías, incentivos, infraestructura, etc. Con la intensificación de procesos económicos y sociales los procesos de regionalización se vuelven más complejos, pues están sometidos a mecanismos de diferenciación territorial mucho más intensos y están condicionados, también, por el fortalecimiento de tendencias económicas y sociales globalizantes. Entre los procesos asociados a la globalización que están teniendo un mayor impacto en la configuración de nuevas regiones en Centroamérica, se pueden considerar al menos tres de ellos: a. la industria maquiladora y de agroexportación, b. la producción de enclave que sigue girando predominantemente en torno al banano y, c. las migraciones. Aun no se cuenta con un conocimiento avanzado de las implicaciones de esos procesos sobre la escala de construcción regional en Centroamérica, pero constituye un campo de trabajo que puede revelar buena cantidad de novedades.

Pese a la creencia de que ese regionalismo, influido por ideas neoliberales, propicia una mayor autonomía regional, más bien podría existir el riesgo a incentivar una competencia interregional ruinosa, que alimente una serie de desequilibrios que podría a exigir después de la intervención estatal para corregir sus consecuencias negativas.4 Un caso evidente se ha observado por ejemplo, en los variantes ciclos de las inversiones en la plantación bananera de Costa Rica durante las últimas dos décadas. Su retiro de la zona sur del país y posterior incentivo en la zona Nor Atlántica evidencia los trazos de esa competencia territorial perniciosa para el desarrollo integral de economías tan vulnerables como las centroamericanas.

Pero el tercer nivel de entendimiento de la regionalización está relacionado con el incremento del activismo político y el potencial ecológico originado en iniciativas regionales endógenas. Desde esa perspectiva más autárquica, puede entenderse la construcción regional como el resultado de procesos de reestructuración social y económica, acompañados de una visión de autodirección, responsabilidad propia y búsqueda y conservación de la identidad.

Tal regionalización puede entenderse inclusive como una estrategia contraria o complementaria a las tendencias de la globalización económica y de los estados; o bien como una respuesta local, desde abajo, a las exigencias de dinamización y modernización de los procesos regionales frente a la globalización. Entendido como un proceso inverso, distinto a la constitución formal de regiones administrativas o regiones plan, los potenciales endógenos y la capacidad de los actores locales para producir encadenamientos hacia adentro y hacia afuera a partir de sus propios recursos, cobran una relevancia mayor que la que se le asigna a las técnicas de planificación estatal en la perspectiva tradicional, basados estrictamente en criterios de administración territorial.

La construcción regional en esta otra perspectiva, imagina la ampliación de un tejido socioproductivo que resulta de una "estructura política regional fundada desde abajo, partiendo de la generación de riqueza regional, utilizando estructuras de producción poco productivas pero crecientes, y de entrelazar las tradiciones histórico-económicas y cultural- económicas y sobre todo el personal calificado" (Arndt, 1995, pág. 121).

Estamos hablando, entonces, de orientaciones distintas de la regionalización, una regionalización que puede resultar espúrea, se sustenta, en mayor medida, en factores exógenos, y con poca capacidad para controlar los factores de estrangulamiento de su desarrollo regional, mientras que en el otro sentido hablaríamos de una regionalización dinámica y endógena, que se construye desde abajo y desde adentro procurando asegurar entrelazamientos territoriales, mediante el fomento de las estructuras económicas y de poder locales, así como de la búsqueda de equilibrios ecoambientales y ecosociales, de la preservación de la identidad histórica y la cultura. Según Sergio Boisier (1987), "junto a las funciones de localización y distribución deben existir la función participativa de una sociedad regional dinámica y diversa como condición necesaria para alcanzar un desarrollo regional sostenible".

En la especificidad de los territorios sociales tal vez no tiene sentido reducir la regionalización a uno de los tres enfoques, pues todo espacio territorial experimenta en esta época de planetarización económica y otras manifestaciones en la sociedad y en la cultura, la presencia de manifestaciones locales y regionales de la globalización que entremezclan tiempos y espacios de la región plan con la globalizada y la región endógena. La diversidad de factores que interfieren en los procesos de construcción regional tienen, como consecuencia, la configuración de una cierta esquizofrenia territorial, que ofrece un marco complejo para entender cómo las regiones se van construyendo.

En este particular, resulta importante discutir dos rasgos recientes de ese proceso de regionalización en Centroamérica cuyas particularidades, en dos dimensiones, aportan elementos novedosos para validar las hipótesis en torno a la interdependencia de las historia local, de la región ístmica y de la global. En cuanto al primer rasgo, la reflexión sobre la reconfiguración de Centroamérica como región puede permitirnos justamente identificar las particularidades de esa dinámica de construcción territorial entre los extremos de la región endógena y la región plan. El segundo aspecto, tiene que ver con otro nivel de la construcción territorial y en específico con la nueva transfrontericidad como manifestación de un nuevo globalismo social desde lo local.

Regionalismo en Centroamérica:
Entre La Región Plan Y La Región Endógena

El regionalismo resulta ser, como ya lo hemos señalado, un concepto polisémico y su discusión puede conducir a veces a un terreno de imprecisiones semánticas y a un laberinto de dificultades analíticas. El concepto mismo de región, de acuerdo con Katrin Lompscher del Instituto para el Desarrollo Regional y la Planificación Estructural (IRS) de Alemania, no ha sido definido todavía de manera unívoca, lo que provoca que se le interprete de muy diferentes maneras dependiendo de la escala administrativa, territorial, etc., de las cuales se parte; o bien de los propósitos de quien utiliza el concepto (Lompscher, 1995).

De esa falta de precisión en su uso, resulta que se hable de forma indistinta de regiones en un sentido, para referirse a segmentos al interior de espacios territoriales constituídos por el Estado Nación, pero en otro, también para hablar de conjuntos territoriales transnacionales y que corresponden a áreas geográficas que engloban a varios estados al mismo tiempo. También se encuentra en la literatura, y también de acuerdo con el uso del concepto en este mismo trabajo, referencias bastante comunes a regiones transnacionales, como espacios constituidos por territorios transfronterizos entre varios países limítrofes.

La utilización de los conceptos de región y regionalismo, requiere de la definición tanto de los límites del espacio que estamos considerando, como de la escala desde la cual se está procediendo a delimitarlo; y segundo, que el estudio de las regiones y del regionalismo deben constituirse en una materia analítica de la mayor importancia, para incorporar una perspectiva de análisis más interdisciplinaria que comprenda tanto las dimensiones de análisis de la economía y de la política, como de la sociología y la antropología.

En relación con conformación de nuevos procesos de regionalización en Centroamérica, primero habría que reconocer que ella es en sí una región por muy diversas razones, y no todas coincidentes. El factor geoestratégico, como señala, Elizabeth Fonseca (1996), le confiere una cierta unidad basada en la ubicación territorial del Istmo entre las dos masas continentales que conforman a la América del Norte y la América del Sur.5 Desde otras perspectivas geográficas y ecológicas que no comentamos en esta presentación, encierra una gran diversidad. Por otra parte, existe un pasado común y un conjunto de identidades culturales que combinadas en un pequeño espacio territorial, producen desde afuera la idea de una homogeneidad regional. Pero, como dice Robert Carmack, citanto a varios estudiosos de la geografía centroamericana, "pocos lugares en el mundo, de tamaño equivalente, varían tanto como la región centroamericana en la forma de terreno, el clima, la flora, la fauna, los suelos y la vegetación" (Carmack, 1993).

En Centroamérica también se presenta el hecho de que las regiones son realidades cambiantes y, por lo tanto, la regjonalización es un proceso muy dinámico y con heterogeneidades múltiples, donde los factores espacio- territoriales no son ni suficientes ni determinantes. Ellos tienen sentido a la luz de condiciones históricas, de factores culturales y procesos sociales mediante los cuales los pueblos establecen formas de adaptación a un medio natural que les obliga a crear una base ecológica y un hábitat cultural que están en la base de su propia historia social. Una región es, en esta perspectiva, una construcción histórico social.

Desde el periodo conocido como la historia antigua de este territorio (es decir del largo periodo de la América Central aborigen), pasando por el periodo de ocupación colonial española de más de 300 años, luego el periodo post independentista del siglo pasado, hasta el surgimiento y desarrollo de formas republicanas de gobierno, hasta nuestros días, se han observado las más diversas configuraciones de espacios regionales y formas de regionalización que varían en sus límites, dinámicas culturales, características políticas y en la forma en que se vinculan con el resto del mundo.6

El predominio de visiones "eurocéntricas" en la tradición analítica occidental y los afanes de dominación geopolítica han impuesto siempre un concepto de región definido desde afuera, a partir de una serie de simplismos o de definiciones que propician caracterizaciones más uniformes. En algunas de esas visiones sobre la regionalización de Centroamérica, como sucede también con otras regiones del mundo, impera un criterio de regionalización que es sinónimo del reparto de esferas de influencia de las superpotencias. También en esas visiones foráneas están ausentes los elementos necesarios para considerar las dinámicas propias de una regionalización endógena.

Las definiciones de la regionalidad centroamericana han correspondido por lo general a distintos regímenes de dominación externa, y ha sido tal su fuerza ideológica que inclusive los académicos más críticos no hemos logrado romper sus fronteras conceptuales. Por ejemplo, hasta muy recientemente se ha continuado hablando de Centroamérica como los cinco países que conformaron el Reino de Guatemala y que posteriormente intentaron formar una Federación o las Provincias Unidas de Centroamérica.

Al proponer el concepto de "construcción regional", para intentar caracterizar las realidades y más que ello, las dinámicas a partir de las cuales se instituye una forma específica de regionalización en Centroamérica, se reconoce que en las lógicas territoriales están contenidas las controversias propias de la conflictividad social.

En efecto, desde inicios de la década de los noventa se perfilan en el Istmo centroamericano procesos de construcción regional que coinciden a nivel externo con la distensión ideológica global, la conformación de entidades supraestatales en otros ámbitos geográficos y el establecimiento de bloques de mercados transnacionales. Internamente esos procesos se eslabonan a partir de factores tales como, la distensión político militar y la consolidación de una etapa de paz regional; la democratización de los sistemas políticos y la apertura de espacios para la participación civil y la concertación social, así como el replanteamiento de los problemas del desarrollo económico y social, de la inserción económica externa y del proceso, estructura y dinámicas de integración intra centroamericana.

Los impulsos de la globalización han creado instancias para la conformación de nuevas formas de vinculación extrarregionales, así como para la creación y desarrollo de movimientos sociales y dinámicas organizativas de caráctar transnacional. La experiencia de la guerra, luego la paz y los esfuerzos para el desarrollo económico crearon condiciones para el desarrollo de visiones del mundo, conductas y prácticas regionales entre distintos sujetos. De esa manera, se establecieron las bases económicas, políticas y sociales para la constitución de fuerzas sociales regionales, entre el empresariado local, diversos segmentos de la sociedad civil, como ONG, organizaciones campesinas, indígenas, de derechos humanos, etc. (Morales 1997b y Morales y Cranshaw, 1997).

Esta evolución regional del Istmo no es una casualidad histórica. Como ya hemos señalado, la unidad geográfica y las similitudes culturales han propiciado una serie de intentos previos de integración económica y política, que han sido a su vez interrumpidas por las constantes intervenciones de potencias extra regionales, desde la ocupación colonial europea hasta la dominación geopolítica de los Estados Unidos, cuya definición de Centroamérica como región, está subordinada a su delimitación como parte de su esfera de influencia casi natural.

Han existido diversos intentos de construcción de instituciones regionales, tanto instituciones económicas como políticas. El caso más reciente giró en torno al Mercado Común Centroamericano. Pero también la crisis económica y la inestabilidad político militar de la década de los ochenta, marcaron huellas imborrables sobre un nuevo desarrollo regional. No es casualidad entonces que la búsqueda de la paz y de la estabilidad democrática fueran los primeros movimientos hacia una nueva reconfiguración regional de América Central. Los diversos esfuerzos de pacificación, tanto desde las gestiones del Grupo de Contadora, como de las rondas de Esquipulas I y Esquipulas II, fueron emprendidos teniendo en cuenta siempre una perspectiva regional del conflicto.

Así entonces, la construcción de una región transfronteriza o supranacional, como la centroamericana, resulta ser una aventura política, que combina la creación de instituciones regionales con la formación de procesos economicos y sociales guiados por un cierto sentido de identidad regional. Sin embargo, en Centroamérica el experimento de construcción regional muestra con frecuencia una separación esquizofrénica entre las iniciativas y declaraciones políticas con los demás procesos de la integración real.

En el fondo de la cuestión puede resultar válida la hipótesis de que no existe en esta región un proyecto político que pueda conducir con meridiana inteligencia los procesos regionales hacia un conjunto de metas comunes, claras e integrales. Por el contrario, el proyecto social dominante de integración regional sin mostrar realizaciones mínimas relevantes, se muestra también incapaz tanto de corregir su actual rumbo como de incorporar las dinámicas más profundas de una regionalización emergente que, tan solo en los escenarios transfronterizos, pueden marcarle un derrotero muy distinto al desarrollo de la región y dejar desfasados los actuales esquemas formales.

El Trasiego De Las Fronteras Y Las Fronteras Desbordadas

El proceso de creación de fronteras ha conducido en numerosos casos de la geografía política a la instalación de líneas de separación infra y extracomunitarias, dando origen a un fenómeno bastante extendido de "comunidades divididas por fronteras", que ha sido una preocupación poco tratada en los estudios fronterizos,7 pero que es una expresión inversa a la constitución de sociedades transfronterizas propiciadas por los cambios en la dinámica política y económica de las regiones y por la globalización. Sin embargo, la dicotomía del hecho comunitario, entre comunidades divididas y comunidades transversales, que se expresan ambas como realidades que compiten con fuerza alrededor de las fronteras, refleja precisamente el entreveramiento entre lo local y lo global, como momentos y espacios mutuamente interdependientes de la historia social y de la evolución de las prácticas sociales que dieron origen a hechos fronterizos muy disímiles.

Las especificidades fronterizas que se manifiestan en nuevas interacciones sociales, ejercen un importante efecto sobre la dinámica de territorios, poblaciones y economías que tienen a las tradicionales líneas de separación como ejes de su actividad. Para los habitantes y los agentes económicos locales de los asentamientos fronterizos, el límite puede constituir una barrera que corta las arterias de un tejido social comunitario y de una economía intercomunitaria, pero también es un patrimonio en la medida en que existen diferencias de recurso, de precios y de costos de producción entre los ecosistemas productivos y las estructuras de comercio ribereños, que pueden ser aprovechadas para orientar las decisiones económicas y la organización de los sistemas de abastecimiento.

Por otra parte, la transnacionalización de diversas actividades productivas en zonas de frontera agrícola se ha ido operando en Centroamérica, casi simultáneamente a un proceso de formación de "regiones transfronterizas" que integran a espacios territoriales adyacentes en varios países dentro de un sistema regular de relaciones (Morales, 1987a). Ese fenómeno se expresa en la constitución de redes y canales de conexión que pueden ser formales e informales, pero que ejercen presión sobre las políticas y dinámicas institucionales en el manejo de los problemas fronterizos por parte de los Estados nacionales o de los poderes locales. Tales redes y sistemas de conexión tienden a organizarse a partir de ciertos ejes transversales que se pueden identificar a partir del flujo de relaciones entre dos o más centros poblacionales ubicados a ambos lados de la franja fronteriza. En otros países el desarrollo urbano en ambos lados de un mismo punto de la frontera ha dado origen la conformación de ciudades transfronterizas (San Diego-Tijuana; El Paso-Ciudad Juárez, entre Estados Unidos y México por ejemplo).

El tratamiento político de las fronteras fijas comienza a ser permeado por el movimiento de mercancías y otros bienes, por el tráfico de indocumentados, es decir por la preocupación que genera la circulación de los objetos y los seres humanos a través suyo. De allí emerge otro tipo de frontera, la frontera activa que da origen a una nueva porosidad en las relaciones interestatales, bajo la imagen de las "soberanías filtradas" (Duchacek, 1986).

La emigración nicaragüense hacia Costa Rica, como fenómeno colectivo, ha estado presente en la historia de las relaciones entre ambos países. El trasfondo cultural de ese fenómeno ha sido la estrecha identidad étnica, desde la historia antigua, en el actual territorio fronterizo común, y esa característica ha tenido como resultado la estructuración de un sistema de redes de parentesco e intercambios vecinales, que han proporcionado los canales para la formación de las diversas corrientes migratorias por entre ese territorio común.8 Tal fenómeno acontece, a su vez, en el contexto de otras importantes transformaciones recientemente ocurriridas en el Istmo centroamericano, las que crean el marco para afirmar que el carácter de esa oleada migratoria coincide con otras manifestaciones del globalismo sub regional y que presenta particularidades distintas a las que registraba en etapas anteriores.9

El espacio territorial tico-nicaragüense ha experimentado un flujo de migración constante, generalmente originada en los territorios ubicados al norte de la frontera y con destino hacia Costa Rica. Esas migraciones han sido en la mayoría de los casos la variable dependiente de otros fenómenos que han impactado a la sociedad nicaragüense, bajo una combinación de cambios económicos y conflictos políticos, que han actuado como detonantes de la expulsión de población de sus lugares de residencia.

La emigración originada por la búsqueda de empleo tiene antecedentes que pueden rastrearse desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las plantaciones de banano y otras actividades de siembra y recolección, así como la incipiente industria artesanal del calzado y el vestido, la talabartería y la herrería, en Costa Rica, demandaban mayores contingentes de mano de obra.10 Desde entonces, la salida de población nicaragüense mostraba también la implicación de una situación política inestable entre las causas de las migraciones, aunque ese rasgo no aparecía tan claramente manifiesto. En general, la literatura revisada sobre la historia del conflicto interno en Nicaragua durante las primeras décadas del siglo XX, detalla verdaderamente poco en torno a la emigración originada como consecuencia de la inestabilidad política y la intervención americana en suelo nicaragüense, lo que hacía aparecer al movimiento de población hacia Costa Rica, durante aquellas décadas, como un conjunto de acciones voluntarias originadas en la búsqueda de mejores condiciones de trabajo e ingreso en el país vecino.11

Sin embargo, las luchas entre las tradicionales fuerzas liberales y conservadoras, junto a la ocupación que ejercieron los marinos norteamericanos sobre territorio nicaragüense desde 1910, repercutieron directamente tanto sobre la situación de pobreza, como sobre la falta de seguridad de importantes grupos de población que se desplazaban tanto internamente como hacia países vecinos en búsqueda de mejores condiciones de vida.

El movimiento migratorio después de los años cincuenta y hasta mediados de los años setenta, tendía a disminuir significativamente, y se mantuvo casi concentrado en torno a la salida forzosa de dirigentes políticos de oposición al somocismo, cuya seguridad y libertad se mostraban amenazadas por la dictadura. Durante ese momento de emigración de dirigentes políticos e intelectuales, se presenta otro patrón de migraciones más marcado hacia el interior, que tenía como características principales según los estudios elaborados por el CSUCA (1978): 1. Una corriente migratoria rural - rural que se origina en los sectores rurales de Boaco, Chontales y Matagalpa, también con alta probabilidad desde León12, hacia el territorio rural de Zelaya que se había constituído en zona de apertura de la frontera agrícola. 2. La configuración de un territorio social entre departamentos de expulsión y departamentos de atracción sobre la base de un conjunto de redes de parentesco, afiliación, redes de intercambio a nivel vecinal, que absorbía la mayor parte del superávit poblacional de los demás departamentos del país. 3. La estructuración de tres campos migratorios en Nicaragua: el de la Región del Pacífico, el de la región Central Atlántica, y el de la Región Central Norte.

Managua se convirtió, de acuerdo con datos de 1971, en el principal polo de atracción de población (con más del 65% de las migraciones que se registran en los departamentos del Pacífico y más del 40% de las migraciones de todo el país).13 A nivel regional, lo que acontece dentro de Nicaragua coincide con el perfil de las migraciones en los años setenta que se atenía a un patrón rural-rural, de naturaleza temporal y de movilidad estacional (Castillo y Palma, 1996).

En la historia más reciente, desde finales de los años setenta, se conoció un movimiento migratorio que ha tuvo tres momentos muy diferentes, delimitados también por tres diferentes escenarios de la historia política del país en durante esas tres décadas. En un estudio recientemente publicado, se señala que "los flujos migratorios principales refuerzan, al mismo tiempo, dos procesos poblacionales, asociados a su distribución espacial de signo contrario. Por una parte, tendencias centrípetas, alrededor de la capacidad de atracción de la ciudad de Managua, como uno de los factores principales en las migraciones internas nicaragüenses; y por otro lado, tendencias de tipo centrífugas al fortalecerse el peso relativo poblacional de las Regiones Autónomas, Norte y Sur y Río San Juan" (OIM, 1997, pág. 81)14.

Los factores políticos también incidieron fuertemente sobre la expatriación de población. El primer movimiento, manifiesto durante el segundo lustro de los años setenta, estaba asociado a la crisis del somocismo y la lucha insurreccional; ese movimiento estaba constituido fundamentalmente por disidentes políticos razón por la cual la composición social de ese flujo migratorio era bastante homogéneo, y predominaban en él figuras destacadas de la élite política, profesionales y académicos, cuya contribución al desarrollo profesional de Costa Rica resultó muy importante. Ese grupo retornó durante los últimos meses del somocismo para integrarse a las tareas de lucha cívica y acción armada, y posteriormente para incorporarse a las actividades surgidas después del triunfo de la revolución sandinista.

Posteriormente con la llegada de los sandinistas al poder se originó otra corriente migratoria, esta vez compuesta inicialmente por ex partidarios del gobierno de Somoza, pero que se fue haciendo más heterogénea conforme se fue diversificando el frente de oposición al sandinismo: empresarios, expropiados, disidentes de la revolución, combatientes ligados a la Contra y refugiados desplazados de los territorios de guerra. Se estima que en Costa Rica estuvieron asentados unos 250 mil nicaragüenses, aunque el número de aquellos que alcanzó el estatuto de refugiados representaba apenas del 10% de esa cifra global.

La última corriente se estableció después de 1990. Aunque las condiciones políticas de Nicaragua habían cambiado desde ese año, la emigración pareciera estar vinculada tanto a razones económicas como políticas. Entre las primeras se encuentran las pocas oportunidades para encontrar empleo y entre las segundas, la inseguridad que se vive en muchas regiones del país como resultado de la persistencia de conflictos políticos y acciones armadas en varios municipios y departamentos del país.

La configuración del fenómeno migratorio en la década de los noventa, de acuerdo con los aspectos antes señalados, revela en él una cierta interrelación entre su dinámica y las condiciones estructurales, económico - sociales y políticas, que le han originado y que inciden en la forma que adquieren los movimientos de población migrante.

Pero por otra parte, el desarrollo y maduración del proceso migratorio de Nicaragua hacia Costa Rica, ha coadyuvado al establecimiento de nuevas formas de interrelación e interdependencia entre los dos países vecinos. Eso último significa que en las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica, el tema migratorio ha llegado a alcanzar después de 1990 el primer lugar de la agenda de relaciones bilaterales, desplazando como prioridad política a otros asuntos o temas que fueron más polémicos, propios de las disputas ideológicas libradas entre ambos países en la década anterior.

Pero aparte de su trascendencia política en la agenda bilateral, el tema de las migraciones esconde un trasfondo estructural muy dinámico que presagia cambios fundamentales no solo en los patrones de relación política en la dimensión interestatal, sino también en los mecanismos de interconexión entre circuitos económicos, redes sociales y dinámicas culturales, que pueden constituir el germen de una nueva territorialidad binacional entre Nicaragua y Costa Rica, como expresión local de una construcción regional desde la plebe. Pese a la trascendencia cotidiana que tienen hoy en día las migraciones intracentroamericanas, en el contexto de la migración extra regional, no existe un enfoque integral del problema dentro de la agenda de negociaciones regionales sobre integración. Ese hecho parece servir de ejemplo de que las angustias de la gleba, originadas por el impacto del ajuste y la pobreza, no figuran como prioridades en la diplomacia palaciega regional.

Desde el punto de vista territorial, las migraciones crean diversas formas de contacto entre regiones, siendo este aspecto uno de los más poco estudiados por las diversas corrientes que se han ocupado de diferentes campos de estudio desde la geografía y la demografía. Estudios desarrollados en otros contextos, por ejemplo sobre los efectos regionales de la emigración mexicana hacia los Estados Unidos, demuestran que los factores ligados a la dinámica productiva y el impacto regional de las políticas macroeconómicas, por ejemplo las relacionadas con el tipo de cambio y el ajuste estructural, al afectar los niveles de empleo e ingreso, condicionan muy fuertemente los flujos migratorios, las características sociodemográficas de los emigrantes y las modalidades de dicha emigración (Papail y Arroyo, 1996). Por eso, esta investigación apunta al estudio de dos dimensiones: una, las relaciones entre los procesos de emigración y el desarrollo local de las comunidades de origen de los migrantes, mientras que la otra pone en relación la "inter-territorialidad" que producen las migraciones entre regiones de origen y regiones de destino, en este caso a nivel transfronterizo entre Nicaragua y Costa Rica.

En el tratamiento de esta cuestión, hemos sostenido como hipótesis la existencia de diferenciaciones cada vez más importantes, pero comúnmente poco perceptibles, entre las modalidades de la emigración, los comportamientos sociales de los migrantes y los efectos que ella tiene sobre el sistema social, y que están asociadas a las diferencias entre territorio, tejidos socioproductivos y cultura local de las comunidades expulsoras de esa población. Justamente esas diferenciaciones nos hacen suponer, como segunda hipótesis, en la configuración de patrones muy distintos de "inter-territorialidad" originados por la composición de diferentes formas de contacto entre regiones y comunidades, y que obedecen a diferencias en relación con las modalidades migratorias y las características más específicas del fenómeno.

El Rastro De Los Nómadas: Migraciones Y Regionalización

En un momento en que la literatura más reciente sobre los estudios regionales enfatiza en que, para poder competir en un mercado global de tecnología, el crecimiento endógeno de las regiones debe traducirse en ciertas manifestaciones territoriales de la innovación (Verduzco, 1995), la sostenibilidad del desarrollo en esta región binacional está basado en el aprovechamiento de las ventajas del coste de la mano de obra y no está determinada por el mejoramiento de la capacidad tecnológica de las empresas. Esa función la suple la migración laboral que permite a las compañías contratantes de esa mano de obra, el ahorro de costos de producción y de otras inversiones para mejorar la productividad. La relación entre migraciones y mercados de trabajo en Centroamérica no ha sido estudiado suficientemente, y en la indagación bibliográfica previa no se encontraron materiales que permiteran hacer una caracterización de ese fenómeno que, según la literatura producida en otros contextos, tiene un enorme relevancia.15

Ese problema planteado todavía de manera general puede resultar de importancia para comprender el entrelazamiento entre la emigración/inmigración y los factores del desarrollo de las regiones de destino de las mismas. Esa es quizás también una hipótesis que se debe considerar con mayor cuidado y atención, pero el supuesto enunciado puede servir como pista de investigación para comprender las dinámicas asociadas al desarrollo económico de las regiones que atraen mano de obra inmigrante, y en particular del tipo de economías que se sustentan en el aprovechamiento de las condiciones laborales de los indocumentados.

En otra dimensión podemos sostener que la emigración es un factor originado en una serie de condiciones desventajosas para la satisfacción de las necesidades básicas de los grupos expulsados. Dichas condiciones están determinadas por dinámicas que se pueden distinguir en tres niveles, de acuerdo con una propuesta analítica elaborada por Lourdes Arizpe, para el caso de la migración en México (Arizpe, 1978; 1985): un nivel estructural, otro nivel relacionado a las condiciones del desarrollo local y las características de las unidades familiares y, finalmente, el de los factores precipitantes de la emigración a nivel individual y familiar.

El nivel estructural de la emigración

En el nivel estructural, la migración aparece como un fenómeno estrechamente vinculado a una serie de condiciones que las organizan como un fenómeno de manifestaciones macrosociales; estas causas no solo se presentan bajo la forma de factores histórico-estructurales de una formación social, sino también incluyen la estructura económica, la dinámica histórica y los tejidos sociales que subyacen a las relaciones entre países de origen y países de destino.

En general se ha analizado que a nivel de un país, la salida de personas se convierte en pérdida de recursos humanos activos, que no solo disponen de algún nivel de calificación ventajosa para el trabajo, sino que cumplen funciones muy importantes dentro de las unidades familiares y los espacios comunitarios. Debido al carácter selectivo de la migración, generalmente viajan las personas que cuentan con mayor nivel de escolaridad y capacitación para el desempeño de oficios y para hacer frente a las vicisitudes de un contexto externo. Esa situación tiene un costo relativo para las economías nacionales de los países centroamericanos que carecen de servicios e infraestructura educativa para la capacitación de sus habitantes y, pese al esfuerzo que se hace para la calificación de sus recursos humanos, las condiciones estructurales operan como factores de expulsión de esa población.

En las regiones de recepción esa población inmigrante calificada pasa a desempeñar tareas que no requieren necesariamente de altos niveles de calificación, principalmente en labores agrícolas o de servicios que demandan más un esfuerzo físico que el dominio de un oficio especializado. Pese a que puedan existir algunos mecanismos para la sobrevivencia, los propósitos y las condiciones de la emigración obligan a los inmigrantes a someterse a condiciones de explotación mayores que las experimentadas en sus lugares de origen (eso puede formar parte de una cierta cultura de autoexplotación del migrante). Esa situación se ve agravada por otros factores relacionados con la existencia de contextos racistas, discriminatorios, hostiles y agresivos.16 En el caso de los nicaragüenses en Costa Rica, esas dos situaciones plantean una cierta dicotomía entre una especie de satanización que se hace del inmigrante con razones étnicas (Alvarenga, 1997), frente a otra posición extrema que, ante la evidencia de la disposición al sacrificio de esos inmigrantes, se les idealiza como una fuerza laboral muy trabajadora y eficiente, y por tanto se les prefiere más que a los trabajadores locales.

Pero en otro aspecto, la emigración es una situación social que se origina en la existencia de una serie de factores de extrangulamiento, ya sea por causas económicas o políticas, que en el caso nicaragüense operan más claramente como factores de expulsión y que impiden que la emigración sea un acto voluntario, sino el resultado de un proceso que por sus factores detonantes acaba siendo forzoso. Así pues en el origen de esa situación se encuentran una serie de factores que según recientes análisis sobre las viejas y nuevas expresiones de la pobreza en Nicaragua, se nutre de un trasfondo de recesión productiva, agravada por un conjunto de políticas que han sido puestas en práctica desde los últimos años del gobierno sandinista y las dos administraciones subsiguientes, y que influyeron en cambios drásticos en la estructura del empleo (Renzi y Kruijt, 1997; Rocha y Terán, 1997). Por otra parte, también se mantiene un estancamiento en las actividades del sector formal que repercute sobre los mercados laborales tanto en el sector agrícola moderno como entre las medianas unidades agrícolas y las de subsistencia (Maldidier y Marchetti, 1996).

Causas mediatas y nivel local

La emigranción tiene también causas mediatas que se manifiestan a nivel regional y local "como presiones agregadas que afectan de manera diferencial a los individuos, en tanto forman parte de distintos grupos sociales y unidades familiares" (Castillo Girón, op. cit, pág. 25). En este nivel se estudian las particularidades socioeconómicas, políticas, culturales e incluso ecológicas de la comunidad y los grupos sociales en estudio.

En la literatura se argumenta que la migración, si bien se origina en condiciones de estrangulamiento, también contribuye aún más a la caída económica de una determinada región, la emigración significa a nivel local la pérdida de recursos pertenecientes al segmento de la mano de obra mejor calificada. Esa situación ha quedado demostrada por estudios realizados en cuatro municipios en una región del estado de Jalisco17, según los cuales "la migración a Estados Unidos ha significado para la gente de estos cuatro municipios un camino para emplear la mano de obra familiar y, con el dinero ganado, crear la flexibilidad necesaria para defenderse de los embates inflacionarios e incluso lograr la movilidad económica y social. Sin embargo, su impacto en la creación de nuevas oportunidades laborales que permitan reestructurar y mejorar la economía local ha sido mínimo e incluso perjudicial para el crecimiento de aquellos sectores que intentan aprovechar la vocación de los recursos naturales de la zona (Castillo Girón, 1995, pág. 115).

El tema de las remesas fue tratado especialmente por Manuel Orozco, R. de la Garza y Miguel Baraona (1997), y señalan como dato interesante que aparte de que remesas se han convertido en una especie de "safety nets" para los gobiernos que difícilmente se hubieran logrado con recursos locales, también han beneficiado la economía del país desde donde son enviadas, en este caso Estados Unidos, mediante el aumento de las exportaciones, "que no son sólo de bienes materiales, sino también de valores culturales". Según la evidencia ofrecida por estos autores, las remesas no significan una solución en el largo plazo en la medida en que no producen la emancipación de ciertos límites estructurales para el mejoramiento de las condiciones de desarrollo local, aunque tienen impacto particular en el nivel de las familias consideradas individualmente. No obstante, ese es un factor que todavía debe ser investigado en cada situación de manera particupar, para determinar cómo es la relación entre las remesas y el desarrollo local en cada. A ese respecto deben mencionarse los contribuciones recogidas en un dos volúmenes publicados por la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE) de El Salvador, bajo la coordinación de Mario Lungo (1997), que analizan diversos componentes del tema migraciones y desarrollo, así como sobre el impacto de las redes y las remesas en el desarrollo local.

Factores precipitantes

El tercer nivel, corresponde al análisis de los factores precipitantes que fuerzan a las familias y a los individuos a adoptar la decisión de emigrar. Entre tales factores se encuentran una serie de situaciones personales y familiares que las personas argumentan como razones de su decisión. A nivel del hogar, la salida de algunos de sus miembros en edad activa produce la pérdida de recursos productivos, y obliga a desarrollar algunos cambios en los patrones familiares para redefinir los papeles entre los miembros que se quedan en su comunidad de origen. En algunos de los casos analizados, este cambio de roles tiene repercusiones que afectan a las personas más vulnerables, con implicaciones diferenciadas según edad y género. Los niños sufren la ausencia de sus padres, las obligaciones domésticas se recargan generalmente sobre las hijas mayores, por lo general aún niñas, y en la mayoría de las situaciones las abuelas suplen el rol de la madre ausente. Situaciones semejantes se presentan a nivel de los espacios comunitarios y los procesos productivos de la comunidad, donde se ha podido documentar que la emigración genera la pérdida de líderes y activistas del desarrollo local, que por sus cualidades intelectuales tienen mejores opciones de insertarse productivamente en otros contextos aunque en tareas más pobremente remuneradas.

Migraciones Y Espacio Binacional Entre Nicaragua Y Costa Rica

En la relación entre fenómeno emigratorio y el desarrollo local, aparte de la utilidad de los análisis tradicionales sobre la migración que se han basado en especial en la demografía para la caracterización del perfil de los migrantes, es importante poner atención a otro tipo de variables, tales como: la organización de la producción; las características tecnológicas; las características de los servicios públicos; las condiciones de los medios recreativos y de esparcimiento. Los estudios hechos en la región sobre este tema, tienen como referencia el contexto de las migraciones hacia los Estados Unidos. Hasta el momento han sido pocas las investigaciones en torno a las implicaciones de las migraciones intracentroamericanas sobre el desarrollo local. Todavía no ha sido posible identificar el impacto de la migración entre Nicaragua y Costa Rica en términos de las modificaciones introducidas tanto en los territorios de origen como en las regiones receptoras, en aspectos tales como la estructura demográfica por la deficiencia en los mecanismos de registro, sobre las condiciones de desarrollo local debido al desarrollo todavía temprano de las migraciones y en otros aspectos cualitativos por la ausencia de estudio e investigación.

A pesar de esas limitaciones, se puede especular que en la configuración de la dinámica migratoria intervienen dos conjuntos de factores. El primero está referido a las condiciones estructurales y particularidades del desarrollo de las comunidades desde donde se origina la emigración, pero también corresponden a estos factores otros relacionados con la dinámica sociopolítica, ej. situaciones de violencia o violaciones de los derechos humanos. Los ciclos económicos del país de origen y del país receptor son determinantes, a nivel estructural, en el comportamiento migratorio. Pero también la migración está asociada a ciertos sucesos políticos que tienen efecto detonante sobre las decisiones de personas y familias enteras antes de emigrar. El segundo grupo de factores se refiere al conjunto de experiencias, de canales, mecanismos y estrategias que viabilizan la migración, como las redes sociales de apoyo que se convierten en el soporte para la sobrevivencia física de los emigrantes, pero también en el sedimiento cultural de la emigración como dinámica social (Greenwood y Ruiz, 1995).

La combinación de esos dos factores originan el desarrollo de una dinámica mediante la cual la migración pasa de ser una situación temporal a un fenómeno permanente, la regularización de dicha dinámica se hace posible gracias a que las diversas generaciones de emigrantes contribuyen a alentar en sus comunidades de origen y familiares el deseo de emigrar, de esa manera se perpetúan las "cadenas migratorias" (Castles, op.cit. pág. 54). La configuración de esos tejidos sobre los cuales se entreteje la migración, están condicionados por la textura de instituciones económicas, sociales y rasgos de la identidad local. Por ejemplo, algunas características de las comunidades de origen de los migrantes condicionan las modalidades que asume la emigración. En especial, algunos de dichos factores a los que es importante prestar atención, están relacionados justamente con los tejidos sociproductivos, factores históricos y culturales relacionados con el origen de la comunidad y las familias (por ejemplo, si existe una experiencia previa de migración como antecedente). Por otra parte, según Castillo y Palma, las modalidades que asumen los impactos de las emigraciones también están relacionados con las características de las sociedades receptoras, sean países de destino final o tránsito (pág. 38).

Las disparidades, asimetrías y desequilibrios del desarrollo interregional entre Nicaragua y Costa Rica, fueron objeto de un anterior estudio sobre la configuración del espacio transfronterizo entre Nicaragua y Costa Rica y de la dinámica de las migraciones en ese entorno (Morales, op. cit.). La información sistematizada en dicho estudio nos permitió lograr un acercamiento a una región binacional que refleja, justamente, una serie de diferenciaciones en términos temporales y espaciales, como resultado del funcionamiento de variadas lógicas de acción territorial combinada: algunas relacionadas a la dinámica socioproductiva, a la geopolítica y a la manifestación espacial de la conflictividad ideológica. En ese entorno, como resultado de esas modalidades de acción territorial diferenciadas se constituye un espacio binacional heterogéneo, que confirma de alguna manera la afirmación de que la "esquizofrenia social" deriva también, en cierto modo, en alguna forma de "esquizofrenia territorial".

El levantamiento de información cualitativa a través de entrevistas, que forma parte de una fase de investigación todavía en curso, persigue el análisis del componente migratorio sobre el territorio y su entrelazamiento con la construcción regional. Una primera característica a ese respecto es que en ese segmento "las dinámicas migratorias han tenido una presencia constante en el tiempo, hasta el punto de constituir actualmente la dinámica poblacional más relevante" (Morales, 1997a, pág. ). Entre otros factores a valorar en torno a los impactos de la migración, que todavía no han sido suficientemente estudiados, debería considerarse: a. la importancia de las remesas enviadas por los migrantes, b. efectos sobre el mercado de trabajo (desplazamiento o no de mano de obra local); c. cambios que ocurren en los niveles familiares, a nivel de la organización comunitaria, o en las características de grupos específicos. Dadas las características de este artículo, esos temas no son abordados aquí pues más bien deberían figurar en una agenda de investigación más amplia.

El fenómeno migratorio, por ejemplo en la región Nor Atlántica costarricense, ha tenido diversas vertientes, las más antiguas desde Nicaragua, pero también otras originadas desde el Valle Central de Costa Rica, y que han estado asociadas a la formación de una "región viva" en la zona norte de Costa Rica (Girot, 1988). En el periodo más reciente, el fenómeno migratorio se ha conformado a partir de la vertebración de "un sistema circular de mano de obra vecinal hacia las plantaciones de café y banano, que se confunden con otros desplazamientos masivos de nicaragüenses hacia el territorio del país vecino" (Morales, idem.).

En segundo lugar, se señalaba en ese estudio que el proceso de poblamiento de la frontera binacional, inclusive en el segmento costarricense, al originarse en las migraciones nicaragüenses, han dejado establecidas una serie de vinculaciones de parentesco, de filiaciones locales y lealtades colectivas que le otorgan a esas micro regiones un principio de identidad muy homogéneo e históricamente más volcado hacia Nicaragua. Aparte, entonces, de las relaciones de parentesco y vecindad entre poblaciones fronterizas de ambos países, se conformó un tejido de rutas y redes comerciales que constituyen los principales lazos de una economía transfronteriza en procesos de expansión permanente. Pero sobre ese hábitat ecosocial se asentaron después las dinámicas de regionalización emprendidas desde Costa Rica, desde los años cincuenta como un proceso dirigido desde el poder central, pero que en los años ochenta se diseñaron de forma más explícita para integrar ese territorio al estado nacional, y no necesariamente para dotarle de las posibilidades de construirse como región endógena.

En el proceso de construcción regional, al menos de la zona norte de Costa Rica, a consecuencia de esa yuxtaposición de tejidos, se produce una cierta tensión entre la arqueología del territorio y la dinámica que le imprime a ese mismo territorio la fuerte penetración del capital, bajo la expansión de las economías de plantación y la agroindustria de exportación. Esa base económica conecta el proceso de regionalización productiva con el tejido social de las migraciones. Si bien no existen datos empíricos que permitan identificar la distribución territorial de la mano de obra inmigrante de Nicaragua, el conocimiento común señala que ésta se ha constituido en la fuerza de trabajo principal de actividades agrícolas e industriales dinámicas. Sobre el empleo de dicha mano de obra descansa la productividad económica que ha servido de base a la construcción de una región globalizada en la zona norte de Costa Rica. Entre esas actividades productivas fundamentales se encuentran la plantación de banano, la producción cañera, la citricultura, ganadería y en menor escala la producción de granos y café.

En la medida en que la fuerza de trabajo que accede a ese mercado de trabajo subregional está constituida en su mayoría por inmigrantes indocumentados, el régimen laboral establecido en la zona por parte de las compañías y los empleadores recurre a mecanismos de apropiación de excedentes, por medio del aprovechamiento distintas formas de precarización laboral (como bajos niveles de remuneración, la subcontratación e inestabilidad en el puesto de trabajo), y no por medio de incrementos en la productividad misma mediante la introducción de mejoras tecnológicas. Las condiciones de trabajo de la fuerza laboral inmigrante se convierte en uno de los componentes del dinamismo productivo de las principales ramas de la economía subregional de la Zona Norte. Esa característica origina, en cierto modo, el establecimiento de un cierto "dumping social" como recurso estratégico de las empresas para hacerle frente a su inserción en los mercados externos.

Colocada en una perspectiva más inmediata, la relación entre migraciones y territorio, en la dimensión binacional entre Nicaragua y Costa Rica, nos permite identificar dos expresiones de la regionalidad. Una regionalización continua que se sustenta en la prolongación de las redes sociales sobre la base de un territorio contiguo, apenas separado por la línea divisoria entre los dos países. Esa contigüidad territorial es el resultado de un conjunto de características y procesos que acontecen en la frontera binacional y que permiten ver en ella un territorio poroso de interacciones y dinámicas, a consecuencia de lo cual se establece allí algo similar a lo que Ivo Duchacek denomina como "perforated sovereignities".

La otra forma de regionalización sería más bien discontinua en el territorio, pero que encuentra otro tipo de contigüidades en el tiempo y la cultura. Esa otra regionalidad, se configura a partir de una discontinuidad territorial pero se entrelaza a partir de una serie interacciones que por encima de los elementos territoriales de contacto físico, mantienen en comunicación a poblados de origen en diversos departamentos de Nicaragua con otras regiones de destino en Costa Rica, principalmente en el Valle Central, distantes territorialmente unas de las otras, pero donde la comunidad de inmigrantes recrea su propia cultura y establece algún vínculo dinámico con aquellas comunidades al otro lado de la frontera.

El emplazamiento de los inmigrantes en espacios públicos en Costa Rica, durante fines de semana y otros días de fiesta, gestan una trama de intercambios simbólicos que sirven para la recreación (que en este caso no es simple entretenimiento), entendida como la reproducción, circulación e intercambio de los valores que sirven a la identidad del nicaragüense. Pero también como lo muestra Patricia Alvarenga (op. cit.), también allí se establece un puente de conexión entre esa vivencia situacional del inmigrante y su cultura de origen.

Uno de los ejemplos más claro del vertebramiento nuevos circuitos binacionales es el funcionamiento del negocio de la transferencia de dinero, desde Costa Rica a Nicaragua. Una sola empresa que opera el envío de remesas familiares y otras encomiendas, tiene abiertas varias ventanillas en San José, pero moviliza gran parte de sus operaciones desde unas doce sucursales más instaladas en centros poblacionales donde se ubican las mayores concentraciones de inmigrantes nicaragüenses, como se puede observar solo en el anuncio publicado por dicha empresa en la Guía Telefónica Comercial (Páginas Amarillas). Pero esa misma empresa, opera en Nicaragua a través de otras ventanillas y agencias que funcionan en todos los departamentos, e inclusive disponen de medios para entregar directamente el dinero en el lugar donde viven los destinatarios de las remesas.

En conclusión, se ha postulado que la vinculación a través de las migraciones entre espacios de origen y de destino es un tema importante, en si mismo, por la relevancia que tiene la investigación sobre la constitución de redes y el establecimiento de formas de contacto entre regiones transfronterizas y la configuración de nuevas formas de territorialidad. Pero también se pueden aducir otras razones:

La emigración/inmigración produce modificaciones importantes en las comunidades de origen y de destino. Esas modificaciones se pudieran examinar en la actividad socioproductiva, las dinámicas familiares, y la vida societal (dimensión organizativa, cultura y relaciones sociales). La migración produce también otras variaciones en las formas de relación entre comunidades de origen y comunidades receptoras, lo que produce una conexión e interdependencia dinámica: el desarrollo de un territorio o región se hace dependiente del otro y viceversa, en la medida en que entran en juego factores relacionados con la demanda y oferta de trabajo, redes de apoyo, remesas familiares, abastecimiento y consumo, etc.

Finalmente, los emigrantes también mantienen relación con sus comunidades de origen no solo y exclusivamente a través del envío de remesas de dinero obtenido como fruto de su trabajo, sino a través de una serie de mecanismos que son funcionales tanto para el mantenimiento de su identidad y aspectos de la cultura, como también para el establecimiento de un patrimonio de experiencias y conocimientos que servirían de apoyo al desarrollo de nuevas migraciones. Como señalan Castillo y Palma (op. cit.), las redes sociales y lo simbólico tienen un peso pocas veces reconcido en el estudio de las migraciones: "Los individuos, las familias y las comunidades acumulan una experiencia que sirve de base para las decisiones e incluso para la organización de los desplazamientos. Al mismo tiempo, los emigrantes -desde sus lugares de destino- contribuyen a la conformación de una imagen de éxito de la emigración, no sólo con las remesas sino también con información y mensajes alusivos" (pág. 49).

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(1)Cristina y Elsa, originarias de Masaya, narraron que algunos "coyotes", nombre con el cual se denomina a las personas que se ofrecen a facilitar la entrada de migrantes indocumentados, como buitres hambrientos, les ofrecieron trasladarlas a suelo costarricense a cambio de mantener relaciones sexuales con ellos: "Me dijeron que me llevarían a lado tico pero que debía acostarme con ellos" (La Nación, 29-09-97, p. 5A).

(2)Para los geógrafos, el espacio terrestre es el objeto de estudio de la geografía, pero a diferencia de las demás ciencias sociales o las de la naturaleza, el propósito de esta ciencia es el conocimiento de las relaciones que constituyen un sistema o complejo entre las características y dinámica física del medio natural y la dinámica de las agrupaciones humanas que residen o realizan sus acciones sobre ese medio (Véase George, 1976, pág. 21).

(3)"Una situación es la resultante, en un momento de la determinado -que por definición, es el momento presente en geografía- de un conjunto de acciones que se contrarían, se suavizan o se refuerzan y sufren los efectos de las aceleraciones, de los frenos o de la inhibición, por parte de los elementos duraderos del medio y de las secuelas de las situaciones anteriores" (George, idem, pág. 28).

(4)James Scott (op. cit.), señala al respecto que "aun siendo tan importante la acción regional, es dudoso que la competencia libre entre regiones pueda sustituir a las medidas de intervención estatal y a una política económica y social integral", (pág. 73).

(5)Carlos Granados (1985), ha argumentado que el carácter de región de Centroamérica se deriva del factor estratégico que le ha conferido una importancia geográfica a nivel global. Pero también en sus investigaciones posteriores, si no es que mal interpreto las ideas que le he escuchado y que no han sido todavía publicadas, se refuerza esta afirmación con el argumento de que su carácter de puente biológico y cultural están a la base del desarrollo de un conjunto de pontenciales endógenos que determinarían una cierta especificidad de este conjunto geográfico frente a otras regiones del mundo y del mismo hemisferio.

(6)A este respecto son de gran utilidad los análisis de Carolyn Hall (1985), desde la geografía histórica, para explicar el proceso de conformación de Centroamérica como región geográfica.

(7)El tratamiento de este tema ha sido quizás abordado de manera indirecta por algunos estudios que han analizado los procesos de formación de fronteras en la historia de la humanidad, y que se han dirigido al establecimiento de las diferencias entre frontera y límite, así como de la evolución en la función de las fronteras (Véase Kristof, K. D., 1959).

(8)Algunos valiosos trabajos aportan un conocimiento de base para el entendimiento de la conformación del hábitat cultural de algunos segmentos de la región binacional Nicaragua-Costa Rica, (Castillo, 1991).

(9)Como observación previa reconocemos que existen limitaciones de información y estudios más sistemáticos para identificar más adecuadamente el comportamiento de los procesos migratorios intrarregionales, al menos durante el presente siglo. Dada la falta de información cuantitativa, las deficiencias de instrumentos de registro poblacional, e información e investigación en torno al tema, solamente se pueden proporcionar algunas deducciones muy generales.

(10)Hacia mediados del siglo XX, se escribió un pasaje que expresa con claridad plástica la presencia del trabajador nicaragüense en la expansión de actividades agrícolas de exportación muy dinámicas: "No digamos de la fecunda e impagable labor del peón y trabajador nicaragüense en los campos malsanos e inclementes de la Costa Atlántica, primero y el Pacífico después, en donde dejaron sus huesos, y perdieron su juventud, riqueza personal, millares de nicaragüenses, talando la montaña, construyendo la vivienda, sembrando el banano, acosados por las fiebres, por las fieras y los reptiles, en esa espantosa vida bananera de Costa Rica (Ibarra, 1948, pág. 9).

(11)La historia del conflicto político en Nicaragua ha sido recogida en un volumen preparado por Denis Torres (1997), que ofrece la visión de varios actores y analistas de los procesos políticos locales, cuyos planteamientos permiten entender que el sistema de dominación, así como los mecanismos de apropiación de la riqueza han generado diversas formas de exclusión que han privado a amplios grupos sociales de las oportunidades de disfrutar de oportunidades de bienestar y participación política.

(12)Los estudios señalan al respecto que los datos censales disponibles entonces no permitían discernir esa afirmación con certeza, pero que existía un alto grado de probabilidad de que esa situación estuviera ocurriendo como consecuencia del desplazamiento de población rural del departamento de León por las plantaciones de algodón.

(13)Véase de CSUCA (1978), las páginas 187 y subsiguientes.

(14)Subrayado en el original.

(15)Stephen Castles (1993), señala tres características de la primera oleada inmigratoria hacia Europa después de la Segunda Guerra Mundial, a. la política de los gobiernos se caracterizaba por sus perspectivas de corto alcance sobre el aprovisionamiento de mano de obra. No existía ninguna planificación para la residencia ilimitada de trabajadores; 2. La contratación de trabajadores inmigrantes, sobre todo para tareas poco calificadas en la industria y en el ramo de la construcción, condujo a una fuerte división del mercado de trabajo en base al origen étnico; c. los trabajadores inmigrantes eran discriminados tanto legal como socialmente, lo cual cristalizó una tendencia a la convergencia de la situación legal de los trabajadores provenientes de las colonias y de los trabajadores extranjeros que llegaron a la periferia europea.

(16)En un reciente trabajo, Patricia Alvarenga (1997), analiza las particularidades de la conflictividad "interétnica" que origina la presencia masiva de nicaragüenses en Costa Rica, y profundiza en las condiciones de adversidad no solo social y económica, sino cultural, bajo las cuales esa población desarrolla diversas estrategias de inserción y sobrevivencia en el país de acogida.

(17) Se trata de Atengo, Juchitlán, Tecolotlán y Tenamaxtlán, donde la emigración hacia los Estados Unidos ha sido una de las más importantes desde el territorio mexicano (Castillo Girón, 1995).