Fecha/Date: 06/01/97
Todos los días cientos de nicaragüenses, huyendo del desempleo, la
miseria y el hambre, se
aventuran a atravesar ilegalmente la frontera costarricense. Muchos de ellos
logran "hacer su vida" en
Costa Rica, enviar dinero a sus familiares e incluso, ahorrar para mejorar sus
condiciones de existencia. No
obstante, cada una de las etapas de esta aventura demanda de grandes sacrificios
y, aun cuando estos se
realicen, los migrantes no se libran de los riesgos de ser expatriados, de
regresar con una mano adelante y
otra atrás porque, a falta de trabajo, el hambre los devolvió de nuevo a casa, o
de caer en medios donde la
miseria tiene expresiones, hasta entonces, desconocidas. Además de la
discriminación laboral, los recién
llegados enfrentan diariamente diversas formas de rechazo de los "legítimos"
habitantes de Costa Rica.
Este ensayo tiene una doble finalidad. En la primera parte se exploran
las estragias que los
migrantes han ideado para acomodarse y enfrentar una nueva y difícil realidad:
hacer vida lejos de casa. La
segunda parte se caracteriza la conflictividad étnica en el Valle Central de
Costa Rica, analizando las
relaciones entre nicaragüenses y sectores populares costarricenses.
Metodología
Para realizar este trabajo nos basamos en 13 conversaciones con
nicaragüenses y 15 con
constarricenses. La mayoría de los entrevistados habitan o tienen su círculo
social más cercano, en tres
barrios marginales: Carpio en San José, Los Diques y Los Llanos de Santa Lucía
en Cartago. Todos los
nicaragüenses entrevistados son migrantes que han ingresado al país sin recursos
económicos, dispuestos a
realizar cualquier trabajo para ganarse la vida. Los costarricenses
entrevistados, con tres excepciones (el
Jefe de la Policía Especial de Migración, el Subjefe del Departamento de
Planificación de Migración y
Extranjería y el Señor Teniente de Policía de los Llanos de Santa Lucía) son
habitantes de los precarios
mencionados anteriormente.
Aunque elaboramos un machote para las entrevistas, rápidamente nos
convencimos de que
los informantes se expresan más libremente en una conversación fluida, es decir,
en la que las preguntas
surgen como producto del diálogo y no de la secuencia lógica que, con
anterioridad al encuentro con el
informante, habíamos imaginado. Además, también en una conversación fluida, es
más fácil detectar las
contradicciones internas en el discurso de los informantes. Frecuentemente, al
iniciar la plática, los
informantes (aunque halla habido un trabajo previo por parte nuestra para
hacerlos entrar en confianza)
están preocupados por guardarse opiniones que consideran peligroso expresar.
2 Esto
sucede especialmente cuando se toca el delicado tema de las relaciones étnicas.
Sin embargo, conforme
avanzan en una conversación que ellos, en alguna medida controlan, adquieren
mayor seguridad para
contar sus experiencias y expresar sus opiniones. Por otra parte, las
percepciones de los actores sociales
suelen ser contradictorias. Las tensiones existentes en la diversidad
discursiva con que ellos nutren su
interpretación del mundo social, así como las cambiantes circunstancias que
enfrentan cotidianamente,
relativizan sus percepciones. Por estas razones decidimos evitar trabajar con
cuestionarios y, más bien,
optamos por exponer temas al informante permitiendo que él o ella, con la mayor
libertad posible, los
desarrollara pues, cuando el informante se siente libre de hablar, en la
catarsis que produce el diálogo,
termina, o bien mostrando las contradicciones de su discurso, o bien
sincerándose espontáneamente.
La metodología consistió en gravar las conversaciones que, una vez
transcritas, estudiamos
minuciosamente con el fin de obtener de los informantes el mayor provecho
posible y, en algunos casos,
más de lo que ellos se propusieron brindarnos. De tal forma, utilizamos la
técnica conocida como "historias
de vida" que, según el historiador Víctor Hugo Acuña, se distingue de los otros
documentos personales "por
su carácter oral y relacional. Es decir, por su dimensión
conversacional".3 Pero en este caso
no se trata de escudriñar en toda la historia personal de los participantes. Con
respecto a los nicaragüenses
nos interesó rescatar su historia desde el momento en que tomaron la decisión
de migrar y, en el caso de
los costarricenses, indagar en aquella parte de su vida en la que los migrantes
nicaragüenses han tenido
algún grado de incidencia.
Perspectiva Teorica
Se estima que, desde 1990 hasta hoy han ingresado ilegalmente a Costa
Rica varios cientos de
miles de nicaragüenses. Sin embargo, los intelectuales costarricenses han
prestado muy poca atención al
tema de la migración centroamericana a Costa Rica y, en particular, a su impacto
en la cultura
costarricense. Hasta hoy, dejando de lado las reflexiones al respecto en
artículos de periódicos, la
investigación sobre migraciones se ha abordado casi exclusivamente desde la
óptica demográfica. De tal
forma, se desconocen las importantes transformaciones que, en el ámbito
cultural está produciendo este
fenómeno. ¿Obedecerá ello a que implícitamente se asume que los conflictos
étnicos no van a adquirir
importancia en un país donde la tradición democrática se ha considerado central
en la formación de la
nacionalidad costarricense? Si es así, se comete un serio error pues, como lo ha
demostrado la historia
reciente, la vida cultural es susceptible de sufrir profundas transformaciones
en cortos períodos de tiempo.
Según Solberg, Suhrke y Aguayo, estudiosos del problema de los refugiados a
nivel mundial, la concepción
de la otredad existente en las distintas sociedades, lejos de ser estática, se
encuentra permanentemente en
proceso de transformación. 4 Ello resulta bastante evidente para
quienes nos enfrentamos al
estudio de la migración nicaragüense a Costa Rica. La rápida transformación de
la composición étnica de la
población se ha visto acompañada del surgimiento de discursos discriminatorios.
Estos, como el lector
podrá apreciar en las siguientes páginas, han venido ganando terreno, entre
los sectores populares. Si no
prestamos atención a esta problemática puede ser que un día no muy lejano, al
despertar nos sorprenda la
explosividad de problemas étnicos hasta hoy inimaginalbles en el otrora pacífico
mundo costarricense.
Consideramos a la población migrante nicaragüense como minoría étnica
fundamentándonos
en una definición ampliamente aceptada en los estudios actuales sobre la
temática de la diversidad cultural.
Entre otros estudiosos del tema, Martin Marger afirma que los grupos étnicos son
creaciones sociales; es
decir, que no es posible establecer parámetros para determinar la diversidad
étnica. En algunas sociedades
esta estará determinada por diferencias idiomáticas y religiosas, pero tales
diferencias, como en el caso que
nos ocupa, no son imprescindibles para determinar la existencia de distintos
grupos étnicos. Siguiendo a
Marger, en una sociedad es posible encontrar grupos étnicos minoritarios que,
ante nuestros ojos, son muy
similares al grupo mayoritario, pero los catalogamos como minoría en cuanto son
percibidos como
diferentes, tanto por ellos mismos como por el grupo mayoritario. 5
La cultura, conjunto de valores compartidos por grupos sociales
específicos, se teje en la
interacción cotidiana de los agentes sociales. El concepto de cultura es clave
en las temáticas analizadas en
las siguientes páginas que versan sobre las estrategias de sobrevivencia
ensayadas por los migrantes para
enfrentarse a su nueva realidad y también acerca de la reinvención de discursos
sobre "la otredad" en la
sociedad costarricense.
La cultura permite a los sectores sociales subordinados tanto adaptarse
como crear estrategias
de respuesta a las demandas de los grupos dominantes. 6 Según
Renato Rosaldo "cuando
enfatiza las jerarquías sociales y las culturas autoenglobadas, la disciplina
alienta a los etnógrafos a estudiar
los patrones cristalinos de toda una cultura, y no las zonas borrosas en medio."
7 Para él
esas "zonas borrosas" representan el terreno donde tienen lugar los mecanismos
de resistencia y
acomodamiento. Estos actúan en forma conflictiva y contradictoria, y se
transforman de acuerdo a la
interacción cultural. De tal forma, no podemos dividir a los sujetos que
estudiamos en dos grupos: aquellos
que tienden a absorver la cultura dominante y aquellos que continúan manteniendo
sus patrones ancestrales
de comportamiento cultural. En la dinámica cultural los grupos étnicos
minoritarios, utilizan el
instrumental que les ofrece su cultura original así como aquel que obtienen de
su conocimiento de la cultura
dominante para responder con ingenio a los retos cotidianos. 8 De
tal forma, en esas "zonas
borrosas" encontramos a los inmigrantes poniendo en práctica el factor que les
otorga ventajas sobre el
grupo mayoritario: su capacidad de desenvolverse en dos culturas distintas.
Siguiendo a Raymond Williams, consideramos que existen prácticas
culturales al interior de los
grupos subalternos que distan mucho de ser simple reflejo de la cultura
dominante. 9 Los
sectores populares son generadores de diversos y, frecuentemente,
contradictorios discursos. Estos, aunque
se encuentran en interacción con los dominantes, tienen su propia dinámica. De
tal forma, desde este punto
de vista, vemos la discriminación étnica por parte de los sectores populares
como producto de prácticas
culturales que, si bien están influidas por la cultura dominante, son
continuamente transformadas por la
experiencia particular de dichos grupos. De acuerdo a James Scott, los sectores
populares recrean su
cultura con el fin de idear mecanismos de resistencia, frecuentemente sutiles,
que les permiten enfrentar la
dominación. En este artículo descubrimos la reconstrucción de elementos
culturales por parte de la
comunidad nicaragüense con uuna doble finalidad: sobrevivir en un nuevo y
adverso mundo, y responder a
la discriminación étnica. 10
Los estudios sobre la migración nicaragüense en Costa Rica han
privilegiado los aspectos de
tipo cuantitativo; en particular aquellos relacionados con el impacto económico
y demográfico de las
migraciones. 11 También en la década pasada hubo preocupación por
el estudio de las
fronteras desde la perspectiva de los conflictos geopolíticos. 12
No obstante, acerca del
tema que nos interesa desarrollar en las siguientes páginas: la interacción
cultural entre los migrantes y la
sociedad costarricense, solamente contamos con trabajos preliminares.
13 De tal forma,
esperamos que este estudio contribuya a incentivar el debate sobre un tema poco
explorado por la
academia pero de creciente interés para el conjunto de la sociedad costarricense
y, por supuesto,
nicaragüense.
Los nicaragüenses como grupo étnico
Denominamos a los nicaragüenses en Costa Rica como un grupo étnico por
cuanto ellos se
autodefinen y son definidos por la población mayoritaria como un sector que
comparte características
diferentes a las de la costarriqueñidad. En Nicaragua las identidades
colectivas regionales, en algunas
coyunturas, pueden predominar sobre la identidad nacional. Sin embargo, en Costa
Rica, una serie de
circunstancia se han entrelazado para que estos migrantes, sin dejar de lado sus
solidaridades regionales, se
consideren, ante todo, nicaragüenses. Ello no significa que, invariablemente,
ellos construyan una identidad
nacional positiva. Con frecuencia esta tiene connotaciones negativas e incluso,
como lo veremos adelante,
algunos intentan esconderla pero, en la conciencia de los inmigrantes, en su
práctica cotidiana entre su
gente y en el mundo de la otredad, ellos son "los nicaragüenses".
Los inmigrantes y la comunidad receptora
a)El Estado en la creación de los otros
Indudablemente, el Estado costarricense ha tenido un papel central en la
construcción de estas
diferencias étnicas. La gran mayoría de los inmigrantes han ingresado al país
como ilegales. Es decir, el
acto mismo de cruzar la frontera sin portar los documentos exigidos por el
gobierno costarricense, es un
acto delictivo que, según establece claramente la legislación, debe pagarse con
la expulsión y, en caso de
reincidencia, con la cárcel. El artículo 88 de la Ley General de Migración y
Extranjería establece que "será
sancionado con pena de 6 meses a 1 año de prisión el extranjero deportado que
reingresare al país
eludiendo el control migratorio por un lugar no habilitado." 14
En la década presente el
Gobierno ha decretado varias amnistías para que los extranjeros en condiciones
de ilegalidad, puedan
regularizar su situación migratoria. En 1990 el Presidente de la República,
Rafael Angel Calderón y el
Ministro de Gobernación Luis Fishman, decretaron un régimen de excepción por un
año para "facilitar la
radicación de aquellos extranjeros que estuviesen residiendo ilegalmente en el
país".15 No
obstante, este beneficiaba exclusivamente a aquellos extranjeros que hubiesen
ingresado al país antes del 2
de julio de 1990. Los mismos funcionarios decretaron otro régimen de excepción
en enero de 1994 en
beneficio de los extranjeros que ingresaron al país con anterioridad al 31 de
julio de 1993. 16
Desde entonces no ha habido ningún otro régimen de excepción.
El 26 de julio de 1995 el Presidente José María Figueres y los
Ministros de Trabajo y
Seguridad Social, Farid Ayales Esna y de Gobernación y Policía, Maureen Clarke
Clarke, crearon la
Tarjeta de Trabajo Estacional que se otorga a los ilegales con vigencia no mayor
de 6 meses y puede
prorrogarse, únicamente por una vez por el mismo período. Declaran en el mismo
decreto los altos
funcionarios que, con la Tarjeta buscan una solución integral a los problemas
que genera la masiva
inmigración ilegal al territorio costarricense (la abrumadora mayoría de la
cual, aunque el documento no lo
mencione, es nicaragüense). Estos problemas, según los altos funcionarios, son
los siguientes: el creciente
número de extranjeros que, ilegalmente y escapando a los medios de control del
Estado, ingresan
diariamente al país, la "competencia desleal" que esta ola inmigratoria genera
en perjuicio de los
trabajadores costarricenses e, íntimamente relacionado con este punto, la
existencia de la discriminación
laboral. 17 En efecto, en la reciente documentación sobre la
Tarjeta de Trabajo elaborado
por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, se subraya la necesidad de
evitar la "competencia desleal"
de los ilegales extranjeros. Además, se repite, insistentemente, que la tarjeta
es importante como
mecanismo de control de los extranjeros pues, según uno de los funcionarios del
Ministerio "es el primer
intento serio en nuestro país de controlar la creciente ola migratoria de
nicaragüenses con fines de empleo
hacia Costa Rica".18 En efecto, la Tarjeta de Trabajo Estacional
ha permitido al gobierno
costarricense elaborar los primeros análisis estadísticos sobre migrantes
ilegales.
Pero esta nueva modalidad de "legalización temporal" no ha sido
recibida con entusiasmo por
la comunidad nicaragüense pues, además de que solo resuelve temporalmente su
situación migratoria,
convierte a los "legalizados temporales" en sujetos "visibilizados" por las
instituciones de control social del
Estado. Por consiguiente, una vez que haya vencido su status de trabajadores
temporales, ellos se
convierten en "blancos" fácilmente "detectables" por la policía migratoria. Por
otra parte, la Tarjeta solo se
otorga cuando el interesado, además de pagar 5,000 colones, cuenta con un
contrato laboral en el que el
patrón debe comprometerse a respetar la legislación laboral vigente en Costa
Rica. Es realmente difícil
para los trabajadores nicaragüenses conseguir contratos de trabajo pues si han
logrado colocarse
masivamente en el mercado, ha sido gracias a las "ventajas" que ofrece al sector
empresarial su condición
migratoria. 19 Sin embargo, todo parece indicar que, en el futuro
próximo, la Tarjeta será la
única solución que ofrecerá el gobierno costarricense a los inmigrantes. Ello se
hizo evidente en la Cuarta
Reunión de la Comisión Binacional realizada en Granada con la participación de
los presidentes de Costa
Rica y Nicaragua. Había en ese momento un ambiente favorable para que Nicaragua
negociara el asunto
migratorio con Costa Rica. El temor a las deportaciones masivas de inmigrantes
provenientes del istmo en
Estados Unidos, despertó la solidaridad en los países centroamericanos con
respecto a los pobres que
abandonan su tierra en un intento desesperado por ganarse el sustento. Ligado a
ello, el esfuerzo
desplegado por los presidentes centroamericanos para convencer a Bill Clinton,
durante su visita a Costa
Rica, de que intercediera con el fin de evitar que tales deportaciones masivas
tuvieran lugar, dio centralidad
al tema de las migraciones y creó un ambiente propicio para su discusión al
interior de las sociedades
centroamericanas. Sin embargo, pese a que la cuarta reunión binacional se dio en
este marco, el presidente
José María Figueres, solo ofreció al presidente Arnoldo Alemán, como medida
paleativa para mejorar la
difícil situación de los migrantes nicaragüenses, agilizar los trámites
requeridos para la obtención de la
Tarjeta de Trabajo Estacional. 20
La Tarjeta de Trabajo Estacional como su nombre claramente lo indica,
constituye un
documento llamado a sancionar la segmentación étnica del mercado laboral
costarricense. En efecto, en
los últimos años hemos asistido a un proceso de división del trabajo en el que
a los nicaragüenses
corresponde realizar las labores menos especializadas, mal remuneradas y,
prioritariamente, de carácter
temporal. La política del Estado costarricense ha incidido fuertemente en esta
segmentación del mercado
laboral. 21 Anualmente se otorgan permisos de trabajo a
nicaragüenses que se
comprometen a participar en actividades de recolección de caña, frutas o café.
Estos, como lo estipula su
contrato, deben regresar a su país cuando la temporada acaba. Además, la
condición de "ilegalidad" ha
hecho muy difícil que los nicaragüenses que ingresan subrepticiamente logren
encontrar trabajos
permanentes. En efecto, la Tarjeta institucionaliza la segmentación étnica del
mercado laboral pues, en el
decreto de su creación, el gobierno reconoce que esta tiene como fin ordenar el
"trabajo estacional de
extranjeros" y por ello solo se otorga a peones agrícolas y de construcción y,
por medio de un adendum, a
empleadas domésticas. 22 Uno de nuestros entrevistados del
precario Los Diques, José,
considera que él se creó falsas espectativas con este permiso pues creyó que le
serviría para encontrar un
trabajo permanente. Sin embargo, reflexiona José, este documento, como vence en
pocos meses, "está
hecho para que la gente se emplee en la recolección de café y caña y no para que
se integre a trabajos fijos."
(José, 19/3/96)
De tal forma, la política estatal contribuye a la segmentación étnica
ubicando a los inmigrantes
en los trabajos más pesados, inestables y mal remunerados. Pero ello no
significa que esta división del
trabajo esté exenta de conflictos. Existe un importante grupo de costarricenses
que se ganan la vida en
actividades donde predominan los trabajadores nicaragüenses. Estos consideran
que han sido o temen ser
desplazados por nicaragüenses. Por otra parte, en el contexto de crisis que vive
el país, cada día más
trabajadores costarricenses son empujados hacia ese sector del mercado laboral
en el que predominan los
nicaragüenses y, por ello, cada día aumenta la competencia entre ambos grupos.
Esto preocupa a los
funcionarios públicos participantes en el Programa del Café que realiza el
Ministerio de Trabajo en
cooperación con el Instituto del Café de Costa Rica. Dicho programa opera como
distribuidor de fuerza
laboral y gracias a este, quienes se proponen participar como recolectores de
café (sean nacionales o
extranjeros) tienen la opción de acudir al Ministerio para solicitar que se les
ayude a encontrar trabajo en
fincas cafetaleras ubicadas en distintas zonas del país. El programa tiene como
finalidad dotar a las fincas
cafetaleras de la mano de obra necesaria en el momento de mayor demanda, es
decir, cuando esta, por lo
genral escasea. Sin embargo, aseguran los funcionarios del Programa, en la
última cosecha hubo exceso de
mano de obra pues mientras abundó aquella proveniente de Nicaragua, la
costarricense ha aumentado
debido a "un mercado de trabajo con pocas opciones laborales lo que obligó a
los nacionales a integrarse a
la recolección del café".23
Como lo vimos anteriormente, el Presidente Figueres y, en general, los
funcionarios públicos
que han elaborado documentación en torno a la tarjeta, hablan de "competencia
desleal" basándose y a la
vez alimentando el temor experimentado por los costarricenses, especialmente
aquellos de bajos recursos,
de ser desplazados por los foráneos. En efecto, de acuerdo al decreto de
creación de la Tarjeta, este nuevo
documento limitará la competencia "desleal" en perjuicio de los trabajadores
nacionales. Según el discurso
de los funcionarios esta supuesta "competencia desleal", es responsabilidad
exclusiva de los recién llegados
pues obvian por completo mencionar las nuevas posibilidades de acumulación que
la creciente ola
inmigratoria de "competidores desleales" ofrece al capital. También los
funcionarios al referirse a la
"competencia desleal" sugieren que los nicaragüenses, en un universo de opciones
y, por consiguiente, por
voluntad propia, han optado por competir en el mercado laboral vendiendo su
trabajo por debajo de los
salarios mínimos. En esta forma, con el concepto de "competencia desleal" los
funcionarios sugieren ante
la opinión pública que los perjuicios que acarrea la sobreexplotación de los
migrantes sobre los trabajadores
costarricenses, son generados por aquellos que, atrapados en su condición de
ilegalidad, no les queda más
que aceptar la oferta de quienes sí cuentan con la opción de decidir los
términos bajo los cuales contratan
fuerza laboral.
b) Los ticos diferenciándose de los nicas
Tanto nicaragüenses como costarricenses coinciden en que ellos
constituyen grupos diferentes.
Para los vallecentralinos, tales diferencias se fundamentan en uno de los
elementos esenciales de la
construcción nacional costarricense: su superioridad racial y cultural con
respecto al resto de los
centroamericanos. Sin embargo, hay variantes significativas en las
construcciones étnicas del grupo
mayoritario. Son múltiples los prismas desde los que se mira la otredad. Estos
oscilan entre la admiracion a
los nicas por ser buenos trabajadores hasta el rechazo rotundo a su apariencia
fisica y a aquellos rasgos
culturales que el grupo mayoritario les atribuye. Pero, en términos generales,
los vallecentralinos han
interiorizado concepciones negativas sobre los nicas que, con frecuencia, se
expresan sutilmente, envueltas
en un contradictorio discurso humanista de tolerancia y respeto a las
diferencias.
La política estatal hacia los migrantes así como la construcción de los
nicas por parte de los
"legítimos" habitantes del país, han creado diferencias que, aunque en grados
distintos y desde ópticas
diferentes, han sido interiorizadas tanto por ticos como por nicas. Marlene,
empleada doméstica de 23 años
quien ingresó a Costa Rica en 1992, expresa, con total convicción este proceso
de reconstrucción de la
identidad colectiva cuando nos dice: "Yo soy nicaragüense, yo soy diferente."
(12/10/95) Aunque, como
lo señalamos anteriormente, hay variaciones importantes en la construcción del
"nica", existen tres
diferencias bastante aceptadas por la comunidad costarricense vallecentralina y
que han tenido una decidida
incidencia en la construcción de la comunidad nicaragüense en Costa Rica.
Si bien los dos grupos hablan el mismo idioma, el acento nicaragüense y
el uso de algunos
vocablos inexistentes en el Valle Central, constituyen un elemento diferenciador
fundamental para los ticos.
Los nicas perciben que cuando los ticos se proponen humillarles sutilmente, lo
hacen burlándose de su uso
del lenguaje. Marlene reciente particularmente las irónicas bromas que le
hicieran sus compañeros por su
pronunciación cuando trabajaba en un hotel de Jacó. Los ticos encuentran
graciosa la pronunciación de los
nicaragüenses no solo por ser diferente sino también porque cometen, lo que
ellos consideran, crasos
errores al hablar. Por eso Marlene se defendía recordándoles que los
costarricenses no pronuncian
correctamente la "d" pues "como se los dije yo ese día, no todos pero por lo
menos en Jacó para decir
pescado dicen pescao".
Asombraba a la joven que las más hirientes bromas con respecto a su uso
del lenguaje
provenían de un guanacasteco porque, según ella, el acento guanacasteco es muy
similar al nicaragüense.
Los habitantes del Valle Central asocian culturalmente a los guanacastecos con
los nicaragüenses y esta
asociación en general, tiene fuertes matices discriminatorios. Por esto miembros
de la comunidad
guanacaste sienten la necesidad reafirmar su pertenencia a la comunidad
costarricenses y para ello es muy
importante mostrar, ante los vallecentralinos, que son diferentes a los
nicaragüenses. En este contexto
debemos comprender las burlas del compañero de Marlene. De tal forma, para él es
importante demostrar
que, en el uso de esa fundamental herramienta cultural, entre él y ella, hay
diferencias significativas.
En efecto, la forma de hablar se considera tan importante en la
construcción de las diferencias
que, cuando pregunté a Marvin, nicaragüense de Chinandega que ingresó al país
hace aproximadamante
año y medio, si los ticos éramos como ellos o diferentes, me respondió:
"diferentes. No tienen el deje de
nosotros los nicaragüenses, esa manera de hablar que tenemos que acentuamos al
final la palabra muy
fuerte". (28/8/96) La costarricense doña Mónica, vecina de los Llanos de Santa
Lucía, ama de casa, me
decía que ella considera "groseros" a los nicaragüenses. Le pregunté si su
aseveración excluía a las mujeres
de esa nacionalidad, a lo que me respondió: "ellas como que son muy groseras
para hablar. Me imagino que
talvez el acento de ellas..." (Doña Mónica, 30/10/96) En otra ocasión, en casa
de doña Mónica conversé con
doña Nena, también vecina de los Llanos de Santa Lucía, quien expresó una
opinión muy positiva sobre los
nicaragüenses. No por casualidad, en una de las pocas ocasiones en que doña
Mónica intervino, lo hizo
para recordar que los nicaragüenses hablan distinto a los ticos. El tono
empleado en esta ocasión por doña
Mónica implicaba que había elementos defectuoso en su uso del lenguaje. Por eso
doña Nena respondió a
la provocación afirmando que "todos somos iguales". (15/11/96). A continuación,
en un tono amistoso
imitó a sus amigos nicaragüenses cuando, al utilizar un extraño vocablo en Costa
Rica: tiernito (para
referirse a un bebé) alargan, según su percepción, excesivamente la "i".
Pero a la sutil discriminación que encontramos en la "diferencia" del
uso del lenguaje, debe
sumarse aquella que alude al comportamiento de los nicaragüenses. Esta se
refiere particularmente a los
que pertenecen al género masculino. Consiste en atribuirles una propensión
especial al recurso de la
violencia en la resolución de los conflictos cotidianos. Esta supuesta
propensión a la violencia la expone,
con "tacto", el Teniente Vargas, quien presta sus servicios en los Llanos de
Santa Lucía. El teniente nos
explica en la entrevista lo siguiente: "el nicaragüense es un ser humano y son
personas que vienen acá con
el fin de llevar sustento a su país". (23/10/96) Continúa comentando que los
ticos recienten el hecho de que
los patronos paguen tan bajos salarios a los nicaragüenses y, de nuevo, se
preocupa por aclarar que "el
nicaragüense es un ser humano". A continuación afirma que estos a veces les
causan problemas. A la
pregunta ¿qué tipo de problemas?, responde: "el nicaragüense a veces es
agresivo... Nosotros hemos tenido
algunos casos donde un nicaragüense le ha pasado una navaja por el estómago a
otra persona".
Cuando llegué a entrevistar a doña Nena en casa de doña Mónica, la
anfitriona invitó a otras
de sus amigas: doña Jeannette y Blanca. Ellas llegaron cuando yo terminaba la
entrevista con doña Nena y,
entonces, tuvo inicio una intensa discusión entre las mujeres acerca de este
grupo étnico. En realidad, todas
las mujeres con la excepción de doña Nena mostraron sentimientos muy adversos
hacia los nicaragüenses.
Doña Jeannette, apoyada por la anfitriona, expresó opiniones agresivas. Buena
parte de ellas giraron en
torno a la supuesta propensión a la violencia por parte de los nicaragüenses.
Doña Jeannette, con gran
seguridad, afirmó lo siguiente: "Yo leo la Extra todos los días y en todas , no
hay una Extra diaria que no
venga un mensaje, que no venga una noticia que un nica mató a un... por allá
mató a alguien". (15/11/96)
Las mujeres, además de ser vecinas, son compañeras en una organización femenina
de la comunidad que
recibe, regularmente, asesoría sobre problemas relacionados con el género. Quizá
por ello la anfitriona
atribuye a esta violencia un matiz particular cuando la caracteriza con el
término machismo. Ella asegura
que lo que más le molesta de los nicaragüenses es que son muy machistas. Le
pregunto si los ticos no lo
son y entonces doña Mónica explica como establece ella la diferencia: el nica
tiene mala fama de que mata
a las mujeres, en cambio, los ticos por lo general no van más allá de las
agresiones verbales. (30/10/96)
Doña Jeannette y doña Mónica muestran claramente que el prejuicio está
en el fundamento de
la construcción de los estereotipos étnicos. Estos son alimentados por las
noticias acerca de hechos
violentos en las que nunca se olvida mencionar la nacionalidad de los
delincuentes cuando se trata de
extranjeros y, en particular, nicaragüenses. En cambio los costarricenses
participantes en actos de
violencia, lejos de ser definidos por su pertenencia a la nación costarricense,
lo son exclusivamente por sus
acciones criminales. Los prejuicios también impiden ver a nuestras entrevistadas
que la mayor parte de las
mujeres asesinadas en los últimos años, han sido víctimas de compañeros
costarricenses.
Doña Jeannette y Blanca, otra de las participantes en la discusión,
introducen un nuevo
elemento característico de la supuesta propensión a la violencia del
nicaragüense: la violencia sexual.
Según doña Jeannette, un nicaragüense violó a las niñas de la señora
costarricense con quien convivía.
Blanca generaliza el ejemplo dado por doña Jeannette cuando afirma lo siguiente:
"Hay nicas que vienen
aquí y conocen su pareja, veda, se ajuntan, casi siempre son ajuntados cuesta
mucho que los nicas son
casados, veda, y ¿qué pasa? que la muchacha tiene chiquitos que no son del
compañero y al tiempo el
muchacho viola aquellas chiquitas. Y siempre, casi siempre por estos lados pasa
así". La construcción
del "nica violento" se encuentra muy generalizada en Costa Rica. Incluso algunos
de los nicaragüenses más
integrados a este país, como en los casos de José (analizado más adelante) y el
de Marvin, han
interiorizado el estereotipo del nica violento en contraposición al
costarricense pacífico. Marvin tiene una
aguda comprensión acerca de cómo se generan los prejuicios que recaen sobre su
etnia. El afirma que,
cuando un nicaragüense comete un acto violento "no dicen el nicaragüense fulano
de tal, sino los
nicaragüenses. Nos engloba a todos y es por eso que a veces el costarricense no
puede ver a un
nicaragüense porque ya se le ha inspirado el miedo, el temor de que todos somos
así, de que todos somos
violentos, de que todos somos agresivos y no".24 Sin embargo, en
esta misma conversación
Marvin muestra las contradicciones de su discurso cuando afirma que los ticos
son superiores a los nicas
porque son menos propensos a la violencia. Marvin, igual que, como lo veremos
luego, José y doña María,
es un nicaragüense que, buscando integrarse a la comunidad costarricense, ha
interiorizado algunas de las
nociones negativas hacia su grupo étnico. Este joven ha logrado ganarse la
confianza de sus jefes
costarricenses en su trabajo de guarda de una comunidad de clase media alta
ubicada en una urbanización
cercana a La Trinidad de Moravia. La admiración que siente hacia sus patronos la
convierte en "admiración
hacia los costarricenses". En Marvin, la asimilación de la idea de la
superioridad del otro, subsiste en su
conciencia conflictivamente con el convencimiento de que existen "estereotipos"
que conducen a la
discriminación de los nicaragüenses.
La tercera diferencia que se atribuye a los nicaragüenses en Costa
Rica, es la física. Los
nicaragüenses por lo general son más morenos y sus rasgos son más indígenas y
negroides que los de los
vallecentralinos. Esa diferencia física debe analizarse dentro de la concepción
de superioridad étnica de los
costarricenses en relación con el resto de los centroamericanos la cual se
encuentra profundamente
interiorizada entre los sectores populares. Doña Jeannette, reaccionando contra
las uniones interétnicas,
sostiene que ella no comprende como una tica acepta convivir con un nica pues,
"ni bonitos que son". A la
pregunta: porqué no son bonitos, contesta: "es que son muy chiquitillos y así
como muy morados los labios.
No me gustan". La actitud radicalmente anti-nicaragüense de doña Jeannette
quizá no es representativa de
los vallecentralinos quienes tienden a expresar sus antagonismos con los
nicaragüenses mediante un
discurso más sutil. No obstante, prueba la importancia de estas diferencias en
la aparicencia física, el hecho
de que, como lo veremos más adelante, los nicaragüenses con rasgos más
aceptables para los
costarricenses, son los que logran integrarse con mayor facilidad a la comunidad
vallecentralina.
Los ticos también se diferencian de los nicas atribuyéndoles una buena
disposición para el
trabajo. Doña Nena defiende a los nicaragüenses señalando su admiración hacia
este grupo porque son muy
trabajadores, cualidad que contrasta con la vagancia que, según ella,
caracteriza a los ticos. Doña Nena,
discutiendo con doña Jeannette le dice: "Pregúntele a un tico si le gusta ir a
cortar caña." El teniente
Vargas opina que los nicas "son muy valientes para el trabajo". Pero esta fama
de trabajadores que,
normalmente se considera un atributo positivo, puede tener connotaciones
negativas para aquellos grupos
que se sienten amenazados por inmigrantes que trabajan muy duro a cambio de
remuneraciones menores a
las que ellos, como costarricenses, tienen derecho de recibir.
La comunidad nicaragüense
Marlene cuenta que cuando ella, junto con sus compañeros de trabajo,
esperaba bus en la
parada del Herradura, se detuvo un señor "en un carrazo... y nos dio "ride", nos
dijo que era nicaragüense...
y yo iba pensando que él debería ayudar a las personas que andan necesitadas,
pero no... nada de eso". En
efecto, la primera característica que distingue a la comunidad nicaragüense
analizada en este ensayo, es su
composición social: está integrada por migrantes pobres. Los nicaragüenses
miembros de la clase media y
alta, no tienen lazos con aquellos que vienen a Costa Rica a ganarse la vida "en
lo que sea". Estos se han
construido como comunidad en una vía multidireccional. Las políticas del Estado
costarricense contribuyen
a segregarlos como un sector diferenciado del de los "legítimos" pobladores de
Costa Rica. La concepción
de que los nicas son "distintos" por parte de la comunidad dominante ha
contribuido a que ellos mismos
empiecen a concebirse como pertenecientes a la otredad. Además los migrantes
comparten una historia
común. Todos ellos, en una forma u otra, pasaron por la difícil aventura
migratoria, han vivido con el temor
de ser descubiertos por las autoridades, han compartido espacios de
socialización con la que consideran "su
gente" y han contribuido a crear redes de solidaridad que les ayudan a enfrentar
el difícil reto de la
sobrevivencia cotidiana. 25 En síntesis, las políticas estatales,
la construcción del otro por
parte de los "legítimos" costarricenses y la necesidad de adaptación a un nuevo
universo social en
condiciones bastante desventajosas, son las bases en las que se sustenta el
sentimiento de pertenencia a la
comunidad nicaragüense. En esta sección analizamos como se ha construido esa
comunidad siguiendo los
pasos de la experiencia migratoria, fundamento de la construcción de una cultura
compartida entre nuestros
migrantes.
a) El viaje
Las historias de los migrantes mexicanos a los Estados Unidos, generan
sentimientos de
consternación en la comunidad costarricense. Sin embargo, esta prácticamente
desconoce las condiciones
en que cientos de miles de nicaragüenses han cruzado la frontera, así como las
peripecias que han debido
pasar para burlar la vigilancia de los puestos migratorios. Resulta difícil de
creer que un trayecto de unos
cien kilómetros pueda demandar de un esfuerzo físico que, unido al hambre de los
mal provistos migrantes,
los lleve con frecuencia a condiciones cercanas a la inanición.
Para Marlene, quien ingresó a Costa Rica en 1992, el viaje se inició
en su localidad: Pueblo
Nuevo de Estelí. De allí partió con 30 hombres y 1 mujer. El grupo, dirigido,
según Marlene, por un
"coyote" se enrumbó hacia Granada y de allí a Papaturro, en la frontera. De
Papaturra hasta donde se ubica
el último puesto migratorio, en Upala, tardaron ocho días. Según la informante,
"así veníamos, aguantando
hambre y cuando ya estábamos en territorio tico comiendo cacao maduro que lo
tomábamos de donde nos
metíamos a escondernos a la orilla de la carretera para que no nos vieran... no
podíamos ni coger el bus
atrás porque nos cogían adelante." Además de tales peripecias, debieron
enfrentarse a un imprevisto: en
Naranjo se les enfermó el muchacho que los dirigía y, sin posibilidades de
acudir al hospital, decidieron
solicitar la colaboración del guarda de una de las fincas de la región y,
continúa narrando Marlene, "más
bien nos sacó con el arma y fue a llamar a la policía y nosotros con el grave
nos internamos en el medio del
cafetal y caminamos y caminamos y ese día nos cayó una gran lluvia y no traíamos
nada con qué
arroparnos porque diay la ropa la traíamos mojada." (p.6) La difícil aventura
migratoria se hacía más
"cuesta arriba" para Marlene por su condición de género. Aunque, según su
testimonio, la mayoría de los
30 hombres que viajaban con ella eran buenos, algunos "que querían aprovecharse
comenzaban a estarme
molestando. Yo no pegaba los ojos porque yo decía, ¿a qué horas? Las
condiciones en que viajaban
eran realmente adversas, pero gracias a la solidaridad del grupo, todos lograron
evadir exitosamente la
vigilancia de los puestos fronterizos. Uno de los compañeros de viaje empeñó un
reloj y con el dinero
recibido, pagó el pasaje de todos a Orotina. Marlene recuerda que ella vendió
su cadenita de oro en "un
rojo para ayudarnos entre todos". (Marlene, p.7.) Sin embargo, los dividendos
obtenidos en estas
transacciones no alcanzaron para comprar comida; apenas sirvieron para los
gastos de transporte, cuando la
distribución de los puestos fronterizos les permitía movilizarse en bus de una
localidad a otra. Por ello, el
hambre los acompañó hasta llegar a Higuito, un campamento de caña, historia que
retomaremos en el
apartado siguiente.
Mayerly, empleada doméstica de 17 años, había ingresado a Costa Rica 6
meses antes de
nuestro encuentro. (Mayerly, 13/2/97) Ella se vino con una amiga. Ambas, al
igual que Marlene, pagaron a
un coyote para que las introdujera subrepticiamente en Costa Rica. Pero en este
caso el coyote apenas las
dejó en la frontera. Es decir, ellas tuvieron que ingeniárselas para pasar los
puestos de vigilancia de la zona
norte. Mayerli y su amiga permanecieron durante cinco días y noches en el
corredor de una señora, a quien
le compraron, a precios exhorbitantes un bollo de pan, unas galletas y una Coca
Cola. Con este escaso
alimento sobrevivieron hasta que don Gustavo, nicaragüense residente en Costa
Rica y conocido de
Mayerli, les ayudó a salir del apuro. En efecto, el coterráneo, en respuesta a
una llamada telefónica de
Mayerli desde la frontera, se tomó la molestia de organizar el rescate de las
jóvenes. El convenció a dos
conductores amigos suyos de que las trajeran escondidas entre las capotas de sus
trailers. Aunque, cuenta
Mayerli, en los puestos de vigilancia revisaron sendos camiones, "no miraron
nada, solo miraron las carpas,
pero nosotras veníamos debajo de las carpas..." Finalmente, al llegar a San José
don Gustavo acompañó a
las desaliñadas, sucias y hambrientas viajeras hasta el Parque de la Merced
desde donde ellas llamaron a
una amiga residente en Costa Rica para que viniera a rescatarlas.
No siempre el viaje resulta tan penoso. Marvin vino con dos jóvenes que
ya varias veces
habían ingresado subrepticiamente al país, de tal forma, tenían una buena
experiencia acerca de cómo
esconderse en los campos y las montañas para no ser notados por la policía
migratoria. Además, Marvin,
hombre de aproximadamente 30 años, sacó buen provecho de su experiencia en las
montañas de Nicaragua
como soldado del Ejército Popular Sandinista para hacerle frente a esta aventura
migratoria. Marvin no
padeció hambre como Marlene gracias a su conocimiento de las plantas silvestres.
Según nos cuenta "en la
montaña hay de todo. Si usted es inteligente y ha vivido en la montaña sabe qué
puede comer y qué no
puede comer". El y sus amigos hábilmente sortearon los puestos migratorios. Al
llegar a San José, Marvin
se despidió de sus amigos, preguntó donde había un lugar fresco, le dijeron que
en San Antonio, entonces
tomó esa ruta. Al llegar a Andalucía decidió quedarse porque, en ese entonces,
estaban "empezando a hacer
todas estas casas y aquí hay vida, dije, aquí hay construcciones y aquí me voy a
quedar." Cuando conversé
con Charlie, el sobrino de Marvin, él tenía escasos 12 días de haber ingresado
al país.(17/8/96) Este joven
de 16 años puede considerarse un afortunado si se compara con la mayor parte de
los migrantes. En la casa
de Charlie tanto él como su padre tenían trabajo lo que permitió al joven
ahorrar para adquirir el pasaporte
e ingresar legalmente al país. Marvin y su esposa, la hermana de Charlie, lo
recibieron en la pieza que ellos
habitan. Además, su cuñado, rápidamente le consiguió un trabajo como guarda. De
tal forma, la experiencia
de Charlie distó mucho de la traumática experiencia que todos los días,
intentando cruzar la frontera, viven
cientos de nicaragüenses.
Doña María Eugenia, ingeniera del Ministerio de Seguridad Pública a
cargo de la
construcción de una comandancia en Los Chiles, narra su experiencia reciente en
la Zona Norte.(30/11/96)
A doña María Eugenia le asombró en su viaje a La Cruz, Peñas Blancas, Upala y
los Chiles "ver muchos
[nicaragüenses] escondidos entre los cafetales y algunas plantaciones que hay
ahí". Esta escena la vivió
doña María Eugenia viajando en un vehículo oficial. Cuando los ilegales que
casualmente encontraban de
camino veían el vehículo, corrían a esconderse temorosos de que se tratara de la
Policía de Frontera. Doña
María Eugenia nos cuenta que próximamente se construirán modernas instalaciones
para la Policía de
Frontera, cuerpo creado en la presente administración a raíz de la masiva
migración nicaragüense. Según
la funcionaria, con este proyecto se intenta mejorar las "condiciones
infrahumanas" en que trabajan los
integrantes de la Policía de Frontera. Los migrantes detenidos son encerrados
en un sótano donde solo
cuentan con un servicio sanitario "en muy malas condiciones", tres bancas y
pésima ventilación. Sin
embargo, esta barraca, ubicado en instalaciones pertenecientes a Migración y
Extranjería, no se incluye
dentro de las nuevas obras proyectadas. En este sótano los detenidos permanecen
hasta que han sido
apresados suficientes ilegales como para llenar un bus, es decir, solamente por
algunas horas. Entonces son
enviados a la frontera del lado de Nicaragua. Por lo general el número de
detenidos, solamente en los
Chiles, es de más de cincuenta personas al día y, nos dice nuestra informante,
las autoridades migratorias
siempre intentan hacer las deportaciones lo más pronto posible para evitar tener
que alimentar a los
detenidos pues "cuando pasa mucho tiempo tienen que darles de comer... por
ejemplo, si llegan en la
mañana a mediodía deberían de comer algo". Sin embargo, según aseguran miembros
de la Comisión de
Derechos Humanos de Centro América (CODEHUCA) cuando ellos visitaron ese sótano
a las 4.30p.m,
varios nicaragüenses que esperaban por su expulsión desde las 9am, no habían
recibido comido.
26 El drama de estos migrantes lo expresa doña María Eugenia
cuando comenta que,
aquellos que han recorrido tan largo camino infructuosamente, "se ven agotados,
se ven con hambre, a
veces con la ropa sucia, rota, sin maletas..."
En la década pasada, debido a la existencia del status migratorio de
refugiado, el viaje de ingreso a
Costa Rica, distaba mucho de ser tan penoso como, en términos generales, lo es
en la actualidad. Las
grandes dificultades del viaje estaban en territorio nicaragüense. En la guerra
de Nicaragua el gobierno
costarricense abiertamente se inclinó a favor de los contras y, como parte de su
política anti-sandinista,
promovió la migración de nicaragüenses opositores a Costa Rica, creando campos
de refugiados en la zona
norte. Por ello, si bien las condiciones de guerra hacían muy penoso el viaje de
quienes huían de los
escenarios bélicos, en cuanto ingresaban a Costa Rica, lejos de evadir a las
autoridades, las buscaban con el
fin de entregarse para ser trasladados a los campos de refugiados donde, aunque
privados de libertad,
contarían con techo, alimentación y vestimenta.
Don Arnulfo, migrante de Rama, nos cuenta lo siguiente: "Yo me vine
cuando la guerra en
nuestro país. La segunda guerra... Dejé botado todo lo que tenía: un ganadito,
una finca, una casa. Me vine
con mi familia trayendo un chiquillo que tenía como ocho años por montañas, en
ese trayecto dilatamos
doce días andando desde las cinco de la mañana hasta las seis de la tarde
pasando por unas montañas que ni
Dios podía ayudarnos donde hay tigres, hay culebras y unos grandes ríos." Pero
don Arnulfo y su familia en
cuanto cruzaron la frontera con Costa Rica, lejos de huir de las autoridades, se
dieron a la tarea de buscarlas
para entregarse a ellas y, en esta forma, ser trasladados a un campo de
refugiados. Don Arnulfo está muy
agradecido con Oscar Arias pues alega que fue "muy bueno, trató muy bien a los
nicaragüenses, no había
esa represión como se ha puesto ahora. Entonces estuvimos en Tilarán, ahí había
más o menos 3,500
refugiados."
Henri, nicaragüense operario de construcción que ingresó a Costa Rica
huyendo del servicio
militar hace siete años, explica con las siguientes palabras su experiencia:
"Cuando escapé de Nicaragua me
sentía perseguido por el ejército, por la contra no, es más, ni la conocí. No me
dio miedo cuando llegué a
Costa Rica porque en ese entonces estaban apoyando a los nicaragüenses que
venían huyendo. Nos
agarraron en Los Chiles, en un puesto de Guardia Rural, los mismos guardias nos
agarraron y nos llevaron
al refugio." (Henri, p.26) Sin embargo, para Henri su experiencia en los campos
de refugiados, fue tan
traumática que, a los tres días de haber ingresado al campo de refugiados de
Upala, se fugó con unos
amigos, pues, "era horrible, como estar preso, la comida era mala, los guardas
andaban detrás de uno y no
se podía hacer nada, ni trabajar. En ese campo...vivía en un gran galerón donde
había unas 70 u 80 personas
en cada galerón." (Henri, p.26)
Pero el caso de Henri no es el más típico. Los miles de nicaragüenses
que como refugiados
ingresaron en los ochentas, 27 desde los campos y aprovechando
las posibilidades que les
ofrecía el Estado costarricense, buscaron los mecanismos de vincularse al mundo
exterior. Estos campos se
convirtieron en centros reproductores de nueva fuerza laboral que, mediante un
sistema complejo de
control, las autoridades distribuían, entre los ricos productores cafetaleros y
cañeros. Este sistema de
reclutamiento laboral está claramente explicado por don Arnulfo en el siguiente
párrafo: "Llegaban
patrones de San José, de Alajuela y decían: yo necesito diez personas. Ya
hablaban con el director, con el
administrador y les extendía un permiso. En el permiso decía ahí que les tenía
que dar alojamiento, casa, su
dormida aunque fuera en un camarote y darles su pasaje o llevarlos de regreso
también. Había patrones que
lo cumplían y otros que no, pero yo he tenido suerte con los patrones..."
En efecto, la vida en los campos era difícil por la estricta vigilancia
de que eran objeto los
refugiados y por la obligada convivencia en galerones con decenas de personas
desconocidas. Sin embargo,
pese a tales adversidades la existencia de los refugiados estaba garantizada y,
además, contaban con buenas
posibilidades de incorporarse, en condiciones aceptables, al mercado laboral.
Otra es la historia de los
cientos de miles de nicaragüenses que, desde que el gobierno costarricense
decidió que no había razón para
otorgar la categoría de "refugiado", han cruzado la frontera.
¿Cómo lograron Marlene y sus compañeros de viaje sobrevivir sin tener
siquiera lo necesario
para comprar un bollo de pan en un país donde, lejos de contar con alguna
protección (como la tuvieron sus
compatriotas en el tiempo de la guerra) son perseguidos por las autoridades como
liebres por perros de
caza? Ese es el tema que, a continuación, analizamos.
b) La solidaridad
Doña Mónica, ilustraba los abusos de los hombres nicaragüenses que
conviven con mujeres
costarricenses, narrando la experiencia de una vecina que se casó con uno de
ellos. Entonces, dice doña
Mónica, "ya por medio de él ahora tiene cuatro en la casa de ella, ¿cómo harán?
No se sabe, pero de que allí
los tienen, allí los tienen." Doña Mónica debido a su desconocimiento de la
comunidad nicaragüense no
comprende que el acto de ofrecer posada forma parte de una estrategia esencial
en la sobrevivencia y
reproducción de la comunidad nicaragüense. En efecto, la existencia de
redes informales pero
bastante generalizadas de apoyo al interior de la comunidad migrante de
nicaragüenses, ha sido de
importancia vital para la sobrevivencia e incorporación al mercado laboral de
los recién llegados. En
nuestras entrevistas no encontramos sistemas de apoyo que permitan visualizar
estrategias comunitarias
claramente definidas que vinculen a los migrantes con la gente de su región o
comunidad de origen.
28 Sin embargo, dentro de la comunidad migrante, ha sido
construido un sistema de valores
que convierte la ayuda a los recién llegados, especialmente cuando estos
pertenecen a la misma comunidad
de origen, en un deber moral. Por supuesto, no todos los migrantes son
copartícipes de este sistema de
valores. Algunos se escudan en su pobreza para eludir esta "responsabilidad"
impuesta por sus coterráneos,
las mujeres solas en los riesgos que puede acarrear para ellas la colaboración y
quienes se han esforzado
por lograr la plena aceptación de los costarricenses, simplemente evaden con la
indiferencia los
compromisos hacia los recién llegados. No obstante, las redes de apoyo
constituyen una práctica común.
Consideramos que estas son de vital importancia para los migrantes en general
pero, en especial, para la
sobrevivencia y adaptación en Costa Rica de los recién llegados. La sanción
moral a quienes evaden esta
responsabilidad la expresa Marlene, empleada doméstica de 23 años quien ingresó
a Costa Rica en 1992,
con las siguientes palabras: "no todos tenemos el corazón de ayudar. No todos
somos bondadosos. Hay
muchos que están bien posesionados pero cuando ya se posesionan se les olvida
las necesidades que ellos
han pasado también."... "Ellos son los egoístas, que no ayudan." (Marlene,
12/10/95) El rescate del
concepto de la "bondad" construido en contraposición al de "egoismo", es
fundamental en la construcción
de la ética de la solidaridad, ética que tendrá un papel crucial en el proceso
de incorporación de migrantes a
la nueva sociedadad y posibilitará la sobrevivencia de cientos de miles de
nicaragüenses en los momentos
más difíciles de su aventura inmigratoria. Esta ética tiene su dinámica
particular al interior de la comunidad
migrante. Es decir, no advertimos en la comunidad receptora vínculos de
solidaridad tan claramente
desarrollados como en el caso de los inmigrantes. Ello lo comprendimos
claramente cuando don Arnulfo
quiso explicarnos como funcionan estos vínculos con un ejemplo ficticio que, en
lugar de nicaragüenses,
involucraba costarricenses. Según don Arnulfo, obviamente si viniera una mujer
costarricense de Jacó y
tocara la puerta de cualquier casa en San José, solicitando ayuda, la gente no
dudaría en dársela. En
realidad, don Arnulfo se equivoca, pues en la comunidad costarricense, la
desconfianza se impondría sobre
la solidaridad. 29 (don Arnulfo, 29/10/95)
Quizá nuestro lector se pregunte como es posible que una población
pobre y marginalizada pueda
tener la capacidad de brindar ayuda a otros. En las condiciones de pobreza
extrema en que se encuentra un
buen grupo de migrantes, especialmente los recién llegados, encontrar a alguien
que les ofrezca un techo o
compartir una porción de su comida, es una tabla salvadora. La pobreza de los
recién llegados es tal que
cuando Marlene junto con su hermano se radicó en Jacó, pese a su propia
pobreza, sentía lástima por
aquellos coterráneos que "pasaban, ¿usted sabe?, tal vez todos sucios, todos mal
comidos, contando las
grandes aventuras que habían pasado."
En efecto, los miembros de la comunidad migrante establecida en Costa
Rica, aun cuando
habiten en precarios o en una humilde habitación (lo cual es bastante común)
donde no cuentan ni siquiera
con los servicios básicos, con frecuencia albergan indocumentados en sus casas
e incluso les proporcionan
alimentación hasta tanto consigan trabajo. Cuando Marvin vino a Costa Rica, no
contó con ningún apoyo.
Su primer trabajo lo consiguió gracias a su ingenio para ganarse, a primera
vista, la estima de un maestro de
obras que trabajaba en la construcción de una de las casas del barrio Andalucía,
donde Marvin decidió
instalarse. Nos explica que, en ese entonces, construían la casa de la esquina.
El simplemente se acercó y
sin decir nada, tomó una pala y se incorporó a las labores de "hacer mezcla." En
esa labor estuvo todo el día
hasta que, en la tarde el maestro de obras le dijo: "Usted tiene trabajo.
Véngase mañana a las seis de la
mañana."
Pero, pese a que Marvin debió abrirse camino por sí solo en Costa Rica,
él ha sido un
importante apoyo para muchos de los recién llegados. Desde que se pasó al cuarto
donde actualmente
habita con su esposa y su hijo, hace 6 meses, ha recibido alrededor de quince
personas entre familiares y
vecinos. Marvin opera como una especie de puente que posibilita a la gente de su
pueblo: El Viejo,
emprender la aventura migratoria contando con un importante apoyo en Costa Rica.
Pero también Marvin
ayuda a desconocidos que solo tienen en común con él, la nacionalidad y su
condición de migrantes. Me
explica que él ayudó a los muchachos que trabajan en la construcción donde nos
situamos en el momento
de la entrevista. Marvin explica que decidió brindarles ayuda porque desde que
los vio supo que "eran
nicaragüenses". Ellos le dijeron que buscaban trabajo, pero como andaban con
sus maletas, Marvin les
sugirió que primero las guardaran a lo que ellos contestaron que no tenían donde
dejarlas. Entonces,
continúa explicando Marvin, "se me remordió el alma y vine y hablé con un señor
ahí... pero antes de eso
hablé con ellos y les dije como era todo aquí y que no se metieran en problemas
para que no me metieran a
mi". Afortunadamente, concluye Marvin, los muchachos resultaron muy buenos.
Aunque no los hospedó en
su cuarto, en una ollita que diario llevaban a su habitación, él les proveía de
"su almuerzo, su cena y
desayuno". Recordemos que Mayerli logró trasladarse desde la frontera hasta San
José gracias a la
intervención de don Gustavo, quien había ayudado a otras personas a ingresar,
desde Nicaragua,
ilegalmente y, como en este caso, no les había cobrado un cinco.
Henri habita junto con un amigo una humilde vivienda compuesta de dos
habitaciones del
precario de Carpio. Henri cuenta con valiosos recursos para los recién llegados
que se resumen en su
experiencia como inmigrante, en sus vínculos sociales que le permiten ayudar a
los recién llegados a
encontrar trabajo y en su capacidad de brindarles techo y comida. Henri ha
ayudado a instalarse a su
hermano y a varios amigos de su pueblo natal: Boaco. No obstante también ha
colaborado con
desconocidos. A uno de ellos lo tuvo en su casa por tres meses pues le costó
mucho conseguir trabajo. En
una ocasión en que Henri paseaba por el Parque Central, una vecina de Boaco que
acababa de ingresar al
país con su esposo lo reconoció y le solicitó ayuda. Gracias a esa casualidad la
pareja contó con un techo
donde pernoctar pues de no haberlo encontrado, hubieran tenido que dormir en el
parque. Henri también
sostiene que él mismo se encargó de conseguir trabajo al esposo de su vecina en
una empresa constructora
de Escazú y, concluye esta historia exclamando con orgullo: "¡Yo fui el ángel
salvador!" (Henri, 29/10/95)
Pero no siempre estas historias de colaboración tienen un final feliz.
El mismo Henri se ha
enfrentado con muchachos que le han dado problemas de licor. Así mismo José del
precario Los Diques de
Cartago, nos cuenta que su hermano, quien es cristiano y reside cerca de su
casa, acostumbra recibir recién
llegados a quienes cobra una cuota por la comida que cancelan cuando encuentran
trabajo. Nos cuenta José
que "una vez llegó un migrante con la biblia debajo del brazo diciéndole que él
también era cristiano y
resultó bebedor y escandaloso." (José, 19/3/96)
No obstante, portarse mal con los "protectores" puede llevar fácilmente
al recién llegado a
adquirir mala fama y, por consiguiente, a perder la posibilidad de encontrar
nuevamente el apoyo de la
comunidad en un mundo donde este puede ser vital incluso para la sobrevivencia.
En alguna medida por
esta razón, en la mayoría de los casos, los recién llegados se preocupan por
retribuir los favores recibidos.
El buen comportamiento, en términos generales, de los "protegidos" con sus
protectores, contribuye a
explicar la anuencia de los que se encuentran en mejores condiciones a colaborar
con recién llegados o con
aquellos que se encuentran en serios problemas económicos.
Esta colaboración se expresa de formas bastante originales. Por ejemplo,
Marlene y sus compañeros
de viaje, hambrientos y después de varios días de camino tratando de burlar a
la Policía Migratoria,
descubrieron la primera manifestación de solidaridad étnica en una finca de caña
ubicada en Higuito. Ellos
eran unos desconocidos para los trabajadores nicaragüenses de esta plantación
quienes procedían de
regiones distintas a las de origen de los recién llegados. Sin embargo,
mostraron su solidaridad dándoles el
día de trabajo a los compañeros de Marlene, es decir, según nos explica ella,
"no les regalaron el día sino
que se los prestaron. Algunos ganaban para la comida y otros para el pase y
así."
A los meses de haber ingresado a Costa Rica, Marlene trabajó, junto con
otros nicaragüenses,
en la empresa "Los Sueños". Cuenta que ella y sus compañeros de trabajo
colaboraban con los recién
llegados, aunque no fueran de su pueblo. La forma típica de colaboración, según
nuestra informante,
consistía en que cada uno de ellos daba un servicio diario de comida a uno de
los recién llegados. Como la
cuenta de la comida en la empresa se paga cada quince días, los recién llegados
tienen tiempo para
conseguir trabajo y retribuir la deuda aun antes de que sea necesario
cancelarla. En este caso, en general, el
crédito proviene del comedor de la empresa. No obstante, los "protectores"
corren su riesgo pues, si al
llegar el momento de cancelar, los "protegidos" no han encontrado trabajo, ellos
deberán pagar la factura.
c) El capital de don Arnulfo
Don Arnulfo es un miembro de la comunidad nicaragüense que, con gran
compromiso, ha
asumido su papel de protector. Marlene, su sobrina, lamenta no haber conocido la
dirección de su tío hasta
varios meses después de haber ingresado al país pues él siempre está dispuesto a
ayudar a los recién
llegados y, para don Arnulfo habría sido un verdadero gusto colaborar con
alguien de su familia. Según
Marlene, la capacidad de su tío para brindar solidaridad proviene "de sus
experiencias". Don Arnulfo vive
solo con su familia en la casa de la finca donde él trabaja como guarda y
vaquero, ubicada en Jacó. Por ello,
él está en capacidad, aunque no sin correr el riesgo de ser despedido, de
permitir a los recién llegados
pernoctar en el corredor de la casa de la finca. Además, según Marlene, "de lo
poquito que él gana,
comparte. No les ayuda con plata, pero les ayuda en lo principal, con la comida,
porque se han visto casos...
peor en Jacó, que llegan personas que ni para comprar un pedazo de pan." El
mismo don Arnulfo explica
que él les ayuda con la comida porque "cuando van así y dicen, mire que no tengo
dinero, que no traigo
plata, a uno le duele... entonces talvez le digo a la doña: merodiemos (sic) un
poco de la ración y
compartamos un poquito". .
Don Arnulfo ha creado su propia estrategia para que el patrón no
descubra que él utiliza su
posición de guarda de la finca para ayudar a otros nicaragüenses. Solo recibe a
estos ya entrada la noche y
les hace abandonar la finca por la mañana bien temprano.
Como lo señalamos atrás, él ingresó al país hace 7 años como refugiado
y, desde entonces, ha
andado mucho camino. Como recolector de café ha estado en Sabalillo, Tambor de
Alajuela, San Juanillo
(entre Naranjo y Zarcero) Rosario del Naranjo y San Isidro de Grecia. Don
Arnulfo se atrevió a asegurar
que el mejor campo de refugiados estaba en Tilarán porque él había visitado los
restantes y, por ello, podía
comparar. El viaje a Costa Rica no fue su primera experiencia migratoria: ya
había vivido en Honduras por
varios años. Además, con cierta regularidad viaja a Nicaragua y, sin cobrar un
centavo, trae a su regreso
nicaragüenses que él mismo, valiéndose de una finca propiedad de un amigo suyo,
introduce en territorio
costarricense.
Gracias a su experiencia, a sus relaciones sociales que se extienden
por el Pacífico y el Valle
Central costarricense y a su disposición a colaborar, don Arnulfo se ha
convertido en un redistribuidor de
recursos. El sabe donde se encuentran las fuentes de trabajo gracias a las
conexiones que mantiene con su
extensa red de amistades pues, como él mismo nos dice, "donde quiera que voy
tengo amigos". Por ello él
tiene la capacidad de distribuir dichas fuentes entre los recién llegados que
acuden a su casa en busca de
ayuda o entre aquellos que él mismo ha traído a Costa Rica. Cada vez que don
Arnulfo colabora con uno de
estos migrantes, gana un amigo, es decir, una conexión que se traduce en una
nueva opción para colocar
"protegidos" en el mercado laboral y para que estos puedan empezar a ampliar su
rango de amistades en un
contexto donde la "amistad" es vital para la sobrevivencia. 30
Pero las "amistades" de don Arnulfo no se encuentran exclusivamente
entre los nicaragüenses.
El también tiene muchos amigos costarricenses, algunos de los cuales constituyen
piezas claves en el
sistema de control de los inmigrantes. Cuando don Arnulfo trajo a su hermano de
Nicaragua consideró que,
un buen lugar para el recién llegado era Grecia. Como su hermano se encontraba
visiblemente nervioso por
su condición de ilegalidad, don Arnulfo decidió mostrarle que, con astucia, era
posible ganarse el apoyo
incluso de los miembros de la seguridad nacional. Entonces cuando en compañía de
su hermano se
encontró al guardia, se le acercó con la excusa de invitarlo a tomar un refresco
y entabló con él la siguiente
conversación:
"-Le voy a presentar a un hermano mío
-¡Ah, hermano suyo! ¿Y cuándo vino este? ¿Este vino mojado?
-Sí, medio mojado. (nos reímos). No vaya a creer que es de esa gente de malas
condiciones.
-Ah, no, pura vida, estamos para servirle. Trabaje, compórtese bien, si toma
sepa tomar."
En esta forma don Arnulfo logra entablar relaciones de amistad que le
permiten crear, aun
dentro de la sociedad costarricense, una red de apoyo para sus protegidos. El
guardia de la localidad, por
su misma condición en las relaciones de poder, está destinado a ser la más
temida figura de autoridad para
los ilegales. No obstante, don Arnulfo, gracias a su vasta experiencia en las
relaciones humanas, sin
problemas, establece amistad con él y, lo que es más, obtiene un compromiso
tácito de su parte de que no
molestará al recién llegado a menos que este actúe como "vecino
problemático".31
d) Enfrentando a la sociedad costarricense
Nos dice don Arnulfo que cuando su actual patrón le preguntó: ¿usted de
donde es?, el
contestó que era guanacasteco porque, según sus propias palabras: "yo a la
persona que me interesa le digo
que soy guanacasteco... no porque a su patria uno la va a negar, sino porque a
cualquier persona uno no le
puede decir." A continuación reflexiona don Arnulfo acerca de la fama de
mentirosos que, según él, se han
ganado los nicaragüenses. Por ello, asegura, a él no le gusta mucho mentir.
Evidentemente cuando don
Arnulfo dice que no le gusta mucho mentir, significa que lo hace, aunque
comedidamente. En realidad sería
muy difícil para los nicaragüenses, especialmente para los ilegales, evitar la
mentira. Más bien, esta es un
arma de defensa.
Una de las estrategias utilizadas por los nicaragüenses para evadir ser
identificados por los
agentes de migración y para evitar ser objeto de discriminación por parte de la
comunidad costarricense,
consiste en identificarse como guanacastecos. 32 Así lo hizo
Marlene cuando la mujer
conductora del taxi que tomó en compañía de otras dos nicaragüenses, le preguntó
su nacionalidad. Ella
respondió que era de Guanacaste y, en ese momento, pasaban por el Parque de la
Merced. Entonces la
taxista, que, según Marlene, creyó su mentira, "¡comienza a hablar de los nicas!
[Y dice]...Ese poco de
muertos de hambre, que se tomaron el parque. Ahora ni los ticos podemos venir a
divertirnos."
Creo que Marlene exagera su capacidad para "hacerse pasar" por
guanacasteca pues su acento
la delata como nativa del norte de Nicaragua. Marlene no es consciente de ello
y, la taxista, dándose
cuenta de que intentaba engañarla, actuó agresivamente.
En cambio Henri asegura que nunca niega su nacionalidad. Sin embargo,
él mismo nos contó
sus experiencias tratando de pasar por tico. Cuando se escapó de un campo de
refugiados, encontró trabajo
en una farmacia de una mujer israelita, quien había empleado a varios
nicaragüenses ilegales. Henri
aprendió a cambiar su acento para hablar como costarricense en caso de que la
policía de migración entrara
a la farmacia. Tampoco a Mayerli le gusta hacerse pasar por "tica". No obstante,
ella lamenta que, cuando
buscó trabajo infructuosamente durante un mes, se sintiera obligada a aceptar
que era nicaragüense. Para
Mayerli era imposible mentir pues, según sus palabras: "inmediatamente me
decían: 'usted es nicaragüense',
no esperaban que yo les digiera (sic)." Pero si Mayerli no se atrevió a ocultar
su nacionalidad, sí se las
ingenió para "alterar un poco" su edad después de que una señora le dijo que no
la aceptaba porque tenía
solo 19 años. Entonces, cuenta riendo la joven: "ya me dieron un consejo. Al
segundo trabajo ya andaba
diciendo que tenía 25." A Mayerli, después de 6 meses de estar en Costa Rica le
resulta imposible hablar
como tica, especialmente porque le cuesta pronunciar la letra "ese". En cambio,
su amiga Olga "es
experta". Después de practicar asiduamente para pronunciar el castellano como
tica del Valle Central,
según Mayerli ha engañado hasta a los Policías de Migración.
La capacidad de utilizar estas estrategias de defensa ante la
discriminación étnica depende de dos
factores: la experiencia y la apariencia física. Cuanto más tiempo halla estado
el migrante en Costa Rica,
más habilidad habrá adquirido para fingir un acento vallecentralino o
guanacasteco. La elección en este
caso depende de la destreza adquirida para "fingir" el acento vallecentralino
que es más difícil que el
guanacasteco. Como lo vimos en el caso de Marlene, los recién llegados pueden
pensar que, sin esfuerzo
alguno, pasan por guanacastecos, pero ello no es cierto, especialmente cuanto se
trata de migrantes que
provienen del norte, región donde predomina un acento fácilmente diferenciable
del guanacasteco. Pero
para pasar por vallecentralino, no basta con la aptitud para expresarse como
tal. En este caso la apariencia
física es muy importante. Los nicaragüenses más blancos y que han estado varios
años en el país son los
que, con mayor facilidad, pueden timar a los habitantes nacionales presentándose
como vallecentralinos. Si
no son descubiertos, ello les permite acomodarse mejor al medio cuando
consideren pertinente poner a
prueba su capacidad de mutación que pasando por guanacastecos, ciudadanos
costarricenses, pero de
segunda categoría.
Estos procesos de mutación tienen muchos matices. Algunas veces, como
en el caso de don
Arnulfo, Henri y Marlene, se utilizan ocasionalmente, cuando, en un momento
dado, se considera que no es
conveniente dar a conocer su procedencia. En otros casos, más bien, expresan un
alto grado de asimilación
de la cultura dominante. Esta mutación ya no solo se presenta intencionalmente,
se convierte en una forma
de comportamiento cotidiano que se reproduce sin que el sujeto se lo proponga.
Es decir, en este caso ha
habido una "interiorización" de la cultura dominante.
Doña María y sus hijas fueron traídas a Costa Rica por don Arnulfo hace
seis años. La familia
habita en el precario Carpio donde don Arnulfo la visita con regularidad,
especialmente en las últimas
semanas pues él ha comprado una casa en la vecindad para una de sus hijas. Pero
don Arnulfo es la única
amistad nicaragüense que doña María acepta. Pese a que vive en una zona del
precario donde predominan
los nicaragüenses, es evidente que doña María evade la comunicación con ellos.
Ella y sus hijas son rubias
y por ello, fácilmente pueden pasar por ticas. Aunque en el precario sus vecinos
costarricenses saben que
son nicas, las aceptan como "diferentes a sus coterráneos" tanto por su físico
como por su comportamiento.
De tal manera, las mismas formas de expresión de la discriminación, promueven
comportamientos
enajenantes por parte de los nicaragüenses que se proponen incorporarse a la
comunidad costarricense.
Doña María nos habló mal de sus vecinos nicaragüenses pues, "vuelan
tiros borrachos...
¡Cómo se dan allá!, y vienen a hacer lo mismo aquí. Todos son nicaragüenses pero
hay unos que no son
malos." (doña María, 21/10/95) De tal forma, para doña María, la gente buena es
excepcional entre sus
coterráneos. Nos explica que para evadirlos utiliza la siguiente estrategia:
"aunque seamos los mismos de
allá me aparto mucho para no tener problemas con nadie. No tengo vinculaciones.
El único es don
Arnulfo..." Como posteriormente conocimos amistades costarricenses de doña
María, podemos asegurar
que, cuando afirma que solo tiene vinculaciones con don Arnulfo, se refiere a
sus relaciones con
nicaragüenses. Doña María también "protege" a sus hijas de los malsanos
nicaragüenses, "cerrando el
portón, para que no salgan y estén aquí viendo tele." Según nos comentan Marlene
y su prima Idalia,
quienes nos acompañaron a visitarla, doña María se enojó mucho cuando supo que
su hija mayor tenía un
novio nicaragüense.
El comportamiento de doña María en parte, responde a las dificultades
que enfrenta para criar
a sus hijas en Carpio, un precario capitalino donde hay frecuentes
manifestaciones de violencia. Pero, por
otra parte, también ella es fiel representante de ese grupo de nicaragüenses
cuya respuesta a la
discriminación es el rechazo (abierto o sutil) a sus coterráneos, que se
manifiesta acompañado de una
ansiedad por mostrar a la sociedad dominante que ellos también pueden
comportarse como costarricenses.
José, residente del Precario Los Diques, cuya apariencia es muy
similar a la de los habitantes
del Valle Central, ingresó a Costa Rica hace tres años y permaneció
ilegalmente en este país hasta que
obtuvo la Tarjeta. Al iniciar la entrevista aseguró que nunca se había sentido
discriminado por
constarricenses pues los ticos, nos dice apropiándose de una de las expresiones
más típicas del Valle
Central, son "pura vida". No obstante, conforme avanzamos en la conversación nos
dimos cuenta que, en
realidad, José ha respondido a la discriminación negando su identidad étnica con
el fin de ser aceptado por
la comunidad dominante. José "no cree que los ticos hagan a un lado a los
nicas", (José, 19/3/96) pues él
únicamente tiene amigos ticos. Acto seguido nos cuenta con orgullo que ellos le
dicen que él no parece nica
porque no es ni escandaloso ni pleitero. En efecto, José, al igual que doña
María, en un esfuerzo por ganar
la aceptación de "los otros", ha interiorizado esta concepción del nicaragüense
como individuo agresivo y
se esfuerza por convencer a la sociedad dominante que él es diferencia a sus
compatriotas.
Las distintas expresiones de la discriminación
Los frecuentes comentarios sobre nicaragüenses que en la actualidad
pueden oírse en los
diversos espacios de socialización evidencian que el "asunto nica" se ha
convertido en una de las
"preocupaciones permanentes" de la comunidad costarricense. Como el lector pudo
apreciar cuando
analizamos la construcción de las diferencias entre los sectores populares
vallecentralinos, estos han
elaborado esteriotipos negativos sobre los nicaragüenses, como el de su supuesta
tendencia innata a la
violencia. Una reciente encuesta realizada por el Instituto de Estudios Sociales
en Población de la
Universidad Nacional, muestra la elevada proporción de la población
costarricense, aproximadamente el
44%, que es adversa a la migración nicaragüense. 33
En la oficina de la Policía Migratoria ubicada en Migración y
Extranjería con frecuencia ticos,
o incluso nicaragüenses residentes, acuden a denunciar casos de personas que se
encuentran en el país
ilegalmente. Revisamos 58 denuncias correspondientes a 1994 y 1995. Desconocemos
el número total de
denuncias correspondientes a este lapso pues debido a problemas de
reorganización de esta oficina,
tuvimos acceso solo a un legajo de esta documentación. La mayor parte de los
denunciantes son residentes
de barrios de San José, Alajuela y Heredia, lo cual se explica por la misma
ubicación de esta oficina,
localizada en el occidente de San José, carretera a Alajuela y a pocos
kilómetros de Heredia. De tal forma,
es bastante asequible a vecinos de estas provincias. 40 casos corresponden a
denuncias de nicaragüenses
que viven en la vecindad del denunciante y 3 en la misma casa. En este último
caso se trata de una mujer
costarricense y dos nicaragüenses con el status de residentes que denuncian
compañeros que se encuentran
ilegalmente en el país, por violencia doméstica. Aunque los lugares de
residencia son diversos, es evidente
el predominio de barrios pobres y de precarios. De estos 40 casos 13
corresponden a gente que habita en
precarios (de los cuales 5 casos se ubican en Carpio) y otros 13 a residentes de
barrios que podemos ubicar
como pobres. En 18 de los 58 casos se alega como motivo para la denuncia,
simplemente, la condición de
"ilegalidad" de los denunciados, en 3 se trata de las denuncias por violencia
doméstica mencionadas
anteriormente, en 1 el motivo alegado es la aglomeración de nicaragüenses en una
casa, en otro es el robo
y en los restantes 35 casos las denuncias giran en torno a la propensión a la
agresividad y al escándalo por
parte de los vecinos nicaragüenses.
El número de personas denunciadas en cada caso, es variable. Puede
tratarse de una persona,
una familia, o de un grupo de migrantes. Un ejemplo de denuncia contra un grupo,
lo encontramos en el
caso de la efectuada por HC, vecino de Lourdes de Montes de Oca, contra MN por
albergar ilegales. Señala
el denunciante que estos "lo amenazan ya que hay una especie de campamento lleno
de indocumentados".
(N. 062-11, 1994) Un caso de denuncia a una familia nicaragüense es la efectuada
por NN de Barrio de la
Cruz contra varios hermanos nicaragüenses. Según el denunciante, quien vive en
un cuarto de alquiler
contiguo al de los denunciados, "estas personas hablan barbaridades de las
autoridades de migración e
inclusive en una ocasión los citaron y no vinieron". (N. 454-95, 1995) También
encontramos denuncias que
ubican centros laborales como la que realizó MC de San Jerónimo de Moravia
contra nicas porque "son
gentes problemática". Estos, alude el denunciante, trabajan en la empresa
Follajes del Helecho de
Exportación donde "quitan empleados ticos para que trabajen los indocumentados.
Hay más de 16
personas. Cuando llegan los oficiales los esconden en el río." (074-94)
Estas denuncias pueden ser interpretadas como producto de conflictos
intercomunales en los
que, una de las personas o uno de los grupos contrincantes, tiene una particular
debilidad con respecto a sus
adversarios: su status migratorio. Es decir, los ticos o algunos nicaragüenses
con documentos en orden,
tienen a su favor, en sus disputas con ilegales, la posibilidad de denunciar
ante las autoridades su irregular
condición migratoria.
Como se evidencia en la denuncia de MC la conflictividad étnica expresa
competencia por
recursos laborales. Los empresarios de la construcción, de fábricas de maquila,
los productores de café y
caña, contratan con frecuencia nicaragüenses indocumentados, quienes carecen de
derechos y, por tanto,
sus patrones no les pagan salario mínimo ni seguro social. Además, esta minoría,
ha adquirido fama de
tener una buena disposición hacia el trabajo, por más difícil, riesgoso o
humillante que este parezca ser.
Esto tiene relación con las difíciles condiciones en que se encuentran los
nicaragüenses que ingresan
diariamente a Costa Rica. Ellos, cotidianamente luchan por vencer el fantasma
del hambre y, por eso,
cualquier trabajo que les permita comer, es bien recibido. Al respecto comenta
Marlene lo siguiente: "en
una construcción quienes se rizgan (sic) a lo peor son los nicaragüenses porque
vienen como peones y los
mandan a batir mezcla a hacer todas las cosas más pesadas y entonces diay ya no
es culpa de nosotros sino
del patrón si se pone a alabarlo a uno."
Quizá la disposición de muchos nicaragüenses a trabajar en lo que sea y
a cambio de
remuneraciones, frecuentemente, por debajo de los salarios mínimos vigentes,
explique porqué los sectores
populares costarricenses han convertido la expresión "muertos de hambre" en uno
de sus insultos favoritos
hacia estos extranjeros. Marlene comenta que, cuando trabajaba en una elegante
casa de Curridabat, ella y
sus dos compañeras nicaragüenses eran insultadas por las otras empleadas
domésticas, de nacionalidad
costarricense. Nuestra entrevistada describe estos insultos de la siguiente
manera: "nos trataban de muertas
de hambre, que estábamos dejando el país en miseria porque todos los
nicaragüenses veníamos a comernos
la comida de ellos" Henri explica que en Carpio hay muchos costarricenses sin
trabajo a quienes les
reciente que esos puestos los ocupen nicaragüenses. El joven señala que: "los
ticos insultan a los
nicaragüenses llamándolos muertos de hambre... una vez en una discusión le decía
un tico a un nica: nica
muerto de hambre que venís a comerte los frijoles de Costa Rica." De tal forma,
en el discurso popular
costarricenses, padecer de hambre se convierte en motivo de insulto por cuanto,
la miseria de aquellos que
no pertenecen a la comunidad costarricense, se revierte negativamente contra
esta comunidad,
especialmente contra sus más pobres miembros.
Como lo señalamos anteriormente, Marlene asegura que los nicaragüenses
están dispuestos a
realizar trabajos que los ticos no quieren efectuar. Don Arnulfo comenta que él
trabajó en una finca
ganadera en Jacó donde no contratan ticos, "porque los ticos no les van a
aceptar barato como pagan y
como uno tiene necesidad lo aprovechan."
En esta tendencia a la segmentación del mercado laboral son los
trabajadores costarricenses
más pobres, es decir, los que disputan con los nicaragüenses los puestos de
trabajo, quienes se han sentido
especialmente amenazados por ellos. Las difíciles condiciones de negociación de
los migrantes con los
empresarios nacionales, deben tener un efecto negativo en el status de los
trabajadores costarricenses.
Resulta realmente preocupante que la crisis económica costarricense, la cual se
ha agudizado durante el
presente año, empuje a un número creciente de costarricenses a buscar trabajos
en sectores del mercado
laboral dominados por nicaragüenses. Ante la escasez de recursos y en un
contexto donde ya es evidente la
existencia de tensiones entre ambos grupos étnicos, es muy probable que estas se
agudicen.
Las denuncias de policía analizadas anteriormente evidencia que la
conflictividad étnica tiende
a hacerse más explosiva en los sectores pobres costarricenses. Ello se explica
porque, como lo señalamos
antes, los nicaragüenses se han convertido en una seria competencia para ellos.
Don Adrián, tico vigilante
del barrio Las Rosas, explica que el problema con la creciente ola migratoria
consiste en que "hay muchas
empresas que están quitanto muchos de aquí y meten [a] ellos y les pagan un
miserable sueldo". (27/8/96)
Don Ricardo, costarricense avecindado en los Llanos de Santa Lucía, esposo de
doña Mónica y operario de
construcción, una de las áreas de mayor competencia entre nicas y ticos,
enfáticamente afirma: "yo no estoy
de acuerdo en que estén entrando tantos y yo no sé porqué están dejando entrar
tantos si habemos muchos
de nosotros ticos de que podemos hacer cosas que ellos no tienen necesidad de
hacer." (13/11/96).
Por otra parte, nuestra experiencia en Carpio y en Los Llanos de Santa
Lucía y las denuncias
que revisamos en la Policía de Migración, nos llevan a concluir que los
conflictos típicos del hacinamiento,
han adquirido connotaciones étnicas. La carencia de derechos por parte de esta
población migrante, los
discursos populares que diariamente difunden prejuicios contra nicaragüenses,
elementos tradicionales del
nacionalismo costarricense (superioridad de los costarricenses con respecto al
resto de los
centroamericanos, por ejemplo) y la competencia en el mercado laboral, han
incidido en que pobladores de
barriadas marginales tiendan a construir a los migrantes que viven en estas,
como invasores. Desde su
punto de vista, si los nicaragüenses no vinieran a instalarse en los barrios
marginales, ellos podrían vivir un
poco más cómodamente. Esto es claramente expresado por Mario, vecino de un
precario de Tibás, cuando
le pregunté qué es lo que molesta a los costarricenses de los nicaragüenses.
Entonces contestó: "seguro que
nos molesta que vengan de allá para acá como quien dice a hacer más campo aquí
en Costa Rica." (5/5/96)
Cuando doña Jeannette expresaba su agresivo discurso anti-nicaragüense,
reflexionó por unos instantes
acerca del origen de sus sentimientos. Entonces dijo: "...será que uno es
egoista y no quiere que estén en el
lugar de uno porque yo así lo siento."
En las pláticas con nuestros entrevistados costarricenses se percibe
muy claramente el temor
de que el proceso migratorio continúe con la misma celeridad del presente y
las condiciones en sus
sobrepoblados barrios se vuelvan todavía más difíciles. Doña Jeannete está
preocupada porque según ella
Guápiles, donde habita su madre, "está inundado" y, sigue reflexionando, "bueno,
es que no hay un lugar
aquí en Costa Rica donde no aparezcan un montón [pues] está muy invadido el país
de ellos."
Pero no debemos pensar que entre los sectores populares costarricenses
necesariamente
predomina un discurso discriminatorio abiertamente agresivo. La conflictividad
étnica parece tener
variantes significativas en las distintas comunidades. Nuestras entrevistas en
Los Diques de Cartago
apuntan a la existencia de una convivencia bastante pacífica entre los dos
grupos. Cuando conversamos con
el pulpero costarricense de Los Diques, don Gerardo, y le preguntamos qué
opinaba de los nicaragüenses,
nos dijo que "son muy buena gente. Al nicaragüense aquí no lo veo ni con drogas
ni con nada de eso..."
(don Gerardo, 19/3/96) Creímos que la opinión de don Gerardo era excepcional.
Sin embargo, hablando
con la gente de la comunidad nos quedó la impresión de que, en efecto, los
nicaragüenses de este precario
no enfrentan serios conflictos étnicos. Manuel, nicaragüense vecino de los
Diques nos asegura que en ese
barrio "casi no se ven problemas con ticos."(5/5/96) Uno de sus coterráneos,
Juan, corroboró su
versión.(5/5/96) También José y doña Carmen, expresaron que no se sentían
discriminados en esa barriada.
(5/3/96) No por casualidad la única voz disidente con respecto a la aceptación
de los nicaragüenses, fue la
de Mario, quien se hallaba de visita en Los Diques, donde vivió hasta que, hace
varios años se mudó a un
precario en Tibás. 34 Mario, sin ambajes, asegura que los nicas
son malos y reproduce el
esteriotipo del nicaragüense como individuo propenso a la violencia. Pero,
definitivamente, su discurso
abiertamente anti-nica, es discordante con las relaciones étnicas en Los Diques.
Creemos que en este precario dos razones han contribuido a aliviar las
tensiones étnicas. A
diferencia de Carpio y de los Llanos de Santa Lucía, el número de habitantes ha
tendido a disminuir gracias
a que, buena parte de la población ha estado migrando en los últimos años hacia
los "Proyectos", es decir,
viviendas construidas por el Estado para evacuar a esta población localizada en
una zona de alta
peligrosidad. Por ello, aunque nicaragüenses y costarricenses han continuado
llegando a instalarse en Los
Diques, sus habitantes no han sentido que los problemas de hacinamiento hallan
aumentado, problema que,
anteriormente explicábamos, está ligado a la discriminación étnica en barrios
marginales.
Por otra parte, una de las preocupaciones fundamentales de esta
comunidad es la delincuencia,
vinculada al tráfico de drogas. Explicaba don Gerardo que, como la policía nunca
ingresa al precario, los
mismos vecinos realizan las tareas de vigilancia. Ellos vinculan la delincuencia
con gentes que habitan en
otra barriada al sur del mismo precario y que, durante las noches, invaden su
territorio para robar, asaltar y
vender drogas. Para combatir a estos "delincuentes" los vecinos se organizaron
en un servicio voluntario de
vigilantes nocturnos que, encapuchados, vigilan la población. Este servicio
según don Gerardo ha sido muy
exitoso, tanto que se ha limpiado el barrio de delincuentes y en la actualidad
el número de vigilantes
nocturnos ha bajado de 15 a 5. Señala don Gerardo que en estas labores de
vigilancia la colaboración
nicaragüense ha sido de suma importancia. De tal forma, para estos vecinos de
Los Diques, la negativa y
dañina otredad, en el presente, no se relaciona con los inmigrantes sino más
bien con la peligrosa vecindad
ubicada al sur de la barriada que los buenos compañeros nicaragüenses
contribuyen a defender.
Aun en Carpio y en Los Llanos de Santa Lucía, donde la existencia del
conflicto étnico es
manifiesto, no podemos decir que todos sus habitantes costarricenses comparten
estereotipos negativos de
los nicaragüenses. En Carpio Henri cuenta con muy buenas amistades ticas y doña
María, como lo
comentábamos antes, a excepción de don Arnulfo solo tiene amigos costarricenses.
Entre las mujeres
costarricenses entrevistadas en Los Llanos de Santa Lucía, encontramos una
decidida defensora de los
nicaragüenses: doña Nena. Sin embargo, tenemos buenas razones para creer que,
aun en casos donde,
aparentemente, hay una plena aceptación de los nicaragüenses, subyacen
mecanismos sutiles de
discriminación étnica.
Don Domingo, costarricense oriundo de Pérez Zeledón y en la actualidad,
residente en Carpio,
es uno de los mejores amigos de doña María. Cuando le pregunté si a él le
molestaba que en Carpio hubiera
tantos nicaragüenses, contestó: "Yo soy una persona que yo transo con todo, le
transo al nica, le transo a
cualquier nacionalidad."(29/10/95) Después de que, supuestamente pusimos fin a
la entrevista, don
Domingo continuó comentando sus problemas con los vecinos, dando especial
énfasis a un enfrentamiento
que tuvo recientemente con un nicaragüense quien, asegura, le quitó un pedazo de
terreno para luego
venderlo. Don Domingo, se alteró al recordar este hecho y contó que expresó a
quien le causó tal daño lo
siguiente: "¿Cuál es su derecho venir a pelear tierras conmigo, cuál es su
derecho?...Ninguno. Usted dentro
de su casa y yo tengo aquí más derecho que usted. Usted se conforme con que le
dieron su pedacito de
tierra donde viva, usted tiene que agradecer." Esa concepción de que los
nicaragüenses deben dar gracias a
los costarricenses porque les permiten vivir en su país, está presente en el
discurso de doña Jeannette quien
considera que si ella tuviera que ir a vivir a otro país, llegaría "con la
humildad más grande... No como
ellos que dejan mucho que desear".
Don Domingo, cuando se había dado por finalizada la entrevista, se
refirió a la posibilidad de
que el gobierno en el futuro les ofreciera lotes en un lugar más apto para
vivir. El señaló que en ese caso,
sería necesario excluir a los "malos vecinos". Le pregunté si él creía que los
nicaragüenses deberían de
tener derecho a adquirir uno de estos lotes y me contestó que, si se trataba de
nicaragüenses buenos, por
supuesto que deberían de compartir con ellos ese derecho. No obstante, según sus
propias palabras, "si es
una persona que tras de nicaragüense y todavía problemático... no podría."
En el enfrentamiento de don Domingo con el nicaragüense que, él
asegura, le robó un terreno,
vemos claramente que la competencia por el espacio físico, está vinculada con
los conflictos étnicos.
También este caso ilustra la concepción popular de que los nicaragüenses son
invasores y como tales,
carentes de derechos. Si tienen donde vivir y qué comer es porque la comunidad
costarricense les está
haciendo un favor y, por tanto, deben conformarse con las condiciones de
existencia que sus vecinos ticos
dispongan para ellos. Aunque don Domingo se declara amigo de los nicaragüenses,
es evidente, cuando
señala "tras de nicaragüense y todavía problemático" que él considera a estos
inferiores a los costarricenses.
En efecto, en los precarios, los conflictivos discursos sobre etnicidad
encuentran un terreno
fértil en las luchas por el espacio. El teniente Vargas niega que en los Llanos
de Santa Lucía haya habido
denuncias por invasión de viviendas que involucren a ambos grupos étnicos. Sin
embargo, doña Mónica y
doña Nena, utilizaron ejemplos de este tipo de conflictos para ilustrar sus
contradictorios puntos de vista.
Doña Mónica nos cuenta la trágica historia de su vecino, quien tenía a su papá
muy enfermo. Como el
convaleciente vivía fuera del Valle Central el señor y su familia decidieron
pedir a un vecino nica que les
cuidara la casa mientras se ausentaban para ir a cuidar al enfermo. Mes y medio
más tarde, al morir el
enfermo, regresaron a su casa. Pero cual seria la sorpresa de la familia cuando
el vecino nica que se había
comprometido a cuidar la propiedad, los recibió machete en mano y, para
ahuyentar a los auténticos
poseedores, le cortó una mano al jefe de familia.
En cambio doña Nena ilustra con un conflicto similar la persecución que
sufren los
nicaragüenses en el precario. La historia tiene el mismo argumento, solo que los
papeles se invierten y, las
características de las protagonistas: mujeres e indocumentadas, vuelve más
vulnerable a la parte afectada.
Cuenta doña Nena que en la barriada había dos muchachas nicaragüenses con sus
respectivos niños. Estas
mujeres debieron abandonar la barriada porque los vecinos las amenazaban
diciéndoles que si no les cedían
el lote y se iban, las delatarían. Doña Nena ayudó a estas pobres mujeres porque
ella, transgrediendo los
fundamentos del discurso nacionalista, considera que "uno como ser humano tiene
derecho a un pedacito en
cualquier rincón de la tierra, ¿verdad? Porque la tierra es de todos."
En el otro extremo de los discursos sobre la otredad encontramos a doña
Jeannette quien,
como lo hemos visto en páginas anteriores, sin ambajes, manifiesta su rechazo a
los nicaragüenses. Sin
embargo, tampoco el discurso de doña Jeannette está exento de contradicciones.
En la construcción del
otro subyacen diversos discursos nacionales y populares y el predominio de uno
sobre el otro depende del
contexto en que se sitúa el diálogo. Doña Jeannette me manifestó abiertamente su
aversión hacia los
nicaragüenses. Sin embargo, cuando Blanca se refirió a la nación, señalando que
"Costa Rica tiene cosas
muy bellas", doña Jeannette se sintió motivada para hablar sobre una de las
cualidades de los ticos: el
altruismo. Entonces nos dijo lo siguiente: "no estamos despreciando a toda la
gente que llega porque
nosotros no tenemos corazón para ser así, gracias a Dios somos personas muy
buenas y muy humanitarias,
eso pienso yo porque de los ticos se habla muy bien y si un puño de nicas viene
en este momento aquí y
tiene una necesidad y nosotros como un grupo organizado que somos podemos ir y
pedirle a las casas y
ayudarles, con mucho gusto...¿Cuántas veces no les hemos mandado paquetes de
ropa a Nicaragua cuando
han tenido necesidades?" No por casualidad doña Jeannette rescataba el discurso
de "la nación bondadosa"
pocos días después de que el Teletón había explotado hasta la saciedad esa
imagen para conmover a la
comunidad costarricense, haciéndola contribuir en un proyecto de beneficencia.
Tampoco el discurso de igualdad está exento de contradicciones. Cuando
pregunté a Xinia
una de las mujeres entrevistadas en los Llanos de Santa Lucía, qué opinaba de
los nicaragüenses me
contestó lo siguiente: "Yo veo que todos somos iguales. Talvez ellos escogen
venirse para acá porque ven
que nosotros somos, pues, mejores en carácter o en la forma de ser de nosotros".
(15/11/96) A continuación
Xinia explica que ellos tienen una especial propensión a ser groseros. En la
opinión de Xinia encontramos
la contradictoria presencia de dos elementos del discurso nacional: la igualdad
del género humano y la
superioridad de los costarricenses con respecto al resto de los
centroamericanos.
Nuestros entrevistados de Los Llanos de Santa Lucía han tenido poco
contacto con
nicaragüenses. Las mujeres viven una mala experiencia con un vecino problemático
que pertenece a dicha
nacionalidad y tienden a atribuir las características del mal vecino al resto de
los nicaragüenses. Las
evidencias de nuestra investigación muestran que, cuanto mayor es el contacto
con este grupo étnico,
menor es la tendencia a crear estereotipos. Es a través de la convivencia cuando
se descubre que, en el
mundo del otro hay, como en el nuestro, una rica variedad de seres humanos.
Marvin retrata muy bien la
importancia del "conocimiento" del otro en la destrucción de los estereotipos.
El me hace saber que en el
barrio de clase media y clase media alta en que trabaja se siente bastante bien
porque "me conocen muy
bien... Como yo les cuido sus casas, las calles, ellos están agradecidos conmigo
y me tratan de lo mejor".
En cambio, otra es la percepción que, según Marvin, tienen de él los
costarricenses que no lo conocen.
Asegura que esa sensación de bienestar desaparece en cuanto se quita el uniforme
y sale del barrio que
cuida. Entonces, dice Marvin, "el trato es distinto, no es igual, uno siente el
cambio de un lugar adonde lo
quieren a un lugar adonde es extraño uno prácticamente es así". Pese a su
fuerte reacción contra la
migración nicaragüense, Mario considera que las relaciones entre ambos grupos
han mejorado porque
"como ya tienen más tiempo ya se conocen como son los ticos y como son los
nicas." Ricardo es uno de
los entrevistados que con mayor vehemencia afirma que los ticos son diferentes a
los nicas porque, según
sus palabras, "la manera de ser ellos yo considero que no es la de uno. Ya la de
uno ya es completamente
tica. Ya uno se considera muy aparte de ellos." (13/11/96) el énfasis es del
entrevistado) Sin embargo, se
hizo evidente el desconocimiento de Ricardo acerca de esta comunidad cuando
intenté indagar en qué
aspectos culturales se fundamentaban estas diferencias. Ricardo no logró
precisar ninguno.
Contradictoriamente se refirió a nicas "muy amigables" que tuvieron relación con
él en el trabajo. En este
caso el "desconocimiento del otro" y el fundado temor, siendo Ricardo operario
de construcción, a la
competencia laboral nicaragüense lo lleva a pronunciarse a favor de mantener
separadas a ambas
comunidades.
Don Arnulfo cuenta que una vez, encontrándose en las oficinas de
migración, uno de los
nicaragüenses respondió al despotismo de los burócratas diciendo: "en Nicaragua
hay bellezas lindas que
no las tienen ustedes. ¿Y sabe qué? En Migración hay un hombre que usted viera
como se ponía [cuando un
nicaragüense le decía] ¿y sabe qué? vaya a pasear un día para que usted vea la
belleza. Si nosotros andamos
por necesidad." Efectivamente, la interiorización de una supuesta superioridad
nacional, que en general está
presente en los discursos nacionalistas es un dispositivo con altas
potencialidades de generar
manifestaciones violentas. El cuestionamiento de la superioridad atenta contra
el poder de los grupos
étnicos dominantes sobre los subordinados y contra uno de los más preciados
valores colectivos: el orgullo
nacional fundamentado en que, en el imaginario colectivo, el espacio territorial
de la nación pertenece a
todos sus integrantes y este es superior por la calidad de su gente, la belleza
y potencialidades de su
naturaleza, a los otros espacios territoriales que le rodean. Por ello, cuando
en las oficinas de migración uno
de los nicaragüenses respondió a la prepotencia del funcionario afirmando que en
Nicaragua hay bellezas
inexistentes en el espacio territorial costarricense, el burócrata se sintió
herido en una de las fibras más
sensibles que componen su internalizada concepción de la nación. Ello explica
porqué doña Mónica se
siente ofendida cuando los nicaragüenses en Costa Rica insisten en conversar
"cosas de allá de Nicaragua"
negándose, de esta manera, a subordinarse a las formas de socialización de la
cultura dominante.
Este "orgullo nacional" encuentra un terreno fértil para desarrollarse
en integrantes de sectores
sociales marginales. Estos, con la excepción, en el caso de los hombres, de las
diferencias de género,
debido a su posición en la jerarquía de clases, solo a través de las diferencias
nacionales pueden construir
grupos humanos que, de acuerdo a su percepción, se ubican en niveles inferiores
a los suyos. Blanca
manifiesta su convicción de que la comunidad costarricense es superior a la de
aquellas que la rodean
expresando: "Esto se ha escocherado de viaje, ¿porqué? porque antes acaso que
habían nicas ni habían de
otros países, solo costarricenses, solo ticos." Ella concluye su intervención
mostrándonos cómo en sus
sentimientos nacionales, el elemento de la superioridad de la comunidad
costarricense, es vital. Según sus
propias palabras: "para mí mi país es un país hermoso y me siento orgullosa de
haber nacido en él y le doy
gracias a Dios infinitas de que yo y mis hijos, vedá, han nacido aquí." Termina
manifestando sus deseos de
que pronto se solucione la difícil situación del país, en buena medida producto
de la masiva inmigración.
Entonces aun entre la miseria de los Llanos de Santa Lucía, será posible
reconstruir ese paraíso idílico de
paz, esencia de la nación. Para Blanca el orgullo nacional es uno de sus más
preciados tesoros y estaría
dispuesta a defenderlo con tesón ante cualquier extranjero que se atreva a
cuestionar o a relativizar con
comparaciones la belleza y la grandeza de la patria.
La Policía de Migración y los espacios de socialización
Los espacios de socialización juegan un papel central en la creación de
identidades comunes.
Naciones, clases sociales, grupos religiosos, de género y étnicos, generan una
cultura compartida en buena
medida gracias a la existencia de estos espacios de creación y reproducción
simbólica. Esta les permite
identificarse con quienes comparten con ellos ritos, valores y una experiencia
histórica común.
35 Es harto conocido en Costa Rica que los nicaragüenses gustan
de visitar el Parque de la
Merced. Este punto de encuentro, constituye un espacio de reproducción y de
recreación de la
nicaragüeñidad. En este espacio de afirmación de la identidad compartida, se
recrean y reproducen los
lazos de solidaridad. Es uno de los lugares predilectos por los recién llegados.
Ellos saben que allí pueden
encontrar apoyo. Por ello don Gustavo, en cuanto sus protegidas: Mayerli y su
amiga llegaron a San José
gracias a la oportuna ayuda de los "traileros", él personalmente las condujo al
Parque de La Merced. El
benefactor se despidió diciéndoles: "aquí las voy a dejar porque aquí vienen
muchos nicas". En efecto,
para los nicaragüenses que han logrado mejorar su status, asistir al Parque de
la Merced, significa que están
dispuestos a realizar actos de solidaridad en beneficio de aquellos que están
pasando momentos difíciles,
especialmente los recién llegados. Recordemos que Henri se encontró con la
pareja de vecinos de Boaco en
este parque. Mayerli, también en este sitio, se citó con su único vínculo en
Costa Rica: una joven
nicaragüense. Mientras Mayerli la esperaba, un nicaragüense desconocido se le
acercó y le dijo que ella
corría grave peligro pues era notorio que venía ingresando y, en ese momento, la
policía migratoria rondaba
el parque. Entonces el muchacho disimuladamente la condujo hacia un lugar seguro
mientras la policía
abandonaba el sitio. A Mayerli le tocó vivir otro susto en el Parque de La
Merced salvándose de milagro de
un operativo policiaco de grandes proporciones. Después de esto se citó con su
amiga en la iglesia. Sin
embargo, al tiempo, sus visitas al Parque volvieron a convertirse en acto
rutinario de los domingos. Mayerli
explica su insistencia en visitar este riesgoso lugar aludiendo a su "necesidad"
de afirmar sus lazos étnicos.
Según sus palabras, es muy emocionante ir al Parque porque "ya me encuentro con
un nicaragüense y es
amigo mío, ya me pongo a platicar lo que yo sufrí porque eso es lo que uno
comenta cuando se ve con un
nicaragüense, cómo te veniste, cómo te está yendo y así".
Para Marvin asistir a la Merced es de vital importancia porque, según
sus palabras: "es
nuestro correo. Digamos si viene alguien de mi lugar, va directo al Parque de la
Merced, yo llego y si me
trae cartas me las entrega, encomiendas, lo que sea. Es el punto de
concentración de los nicaragüenses". De
tal forma, este espacio también cumple funciones importantes en la reproducción
de los vínculos entre los
migrantes y sus familiares y amigos que permanecen en su comunidades de origen.
De tal forma, el parque cumple diversas funciones sociales entre las
que se cuenta la de la
reproducción cultural. Es decir, en este, a la vez que se recrea un espacio
compartido, se generan
mecanismos de redistribución de recursos así como nuevas formas de relación con
las comunidades de
origen. Sin embargo, el parque también es uno de los lugares de mayor riesgo
para los migrantes ilegales
pues constituye el espacio más frecuentado por la temida Policía Especial de
Migración. La forma de
operación de dicho cuerpo policiaco está muy relacionada con su escaso número de
integrantes. Los
integrantes de de este cuerpo visitan los espacios sociales más concurridos por
los nicaragüenses como La
Merced y la Plaza de la Cultura (Marlene) así como aquellos centros laborales
donde se contrata
especialmente a nicaragüenses. Además, atienden las denuncias sobre ilegales
que, con frecuencia se
presentan en Migración y Extranjería. Es decir, los policías actúan como
"cazadores de pajarillos" que,
utilizando el factor sorpresa, en cualquier momento, pueden "caer" en los
espacios donde se mueven los
ilegales. La Ley de Migración y Extranjería, aprobada en 1986, claramente
estipula la forma de operación
de la Policía Especial de Migración. Según el artículo 13 este cuerpo policiaco
debe inspeccionar en sitios
de alojamiento tales como hoteles y casas de huéspedes, centros de trabajo y
sitios de diversión y de
espectáculos públicos. 36 Cuenta Marlene que cuando ella
trabajaba en un hotel en Jacó "no
salía del servicio escondiéndome porque a cada instante llegaba migración".
Henri comenta que "a la
policía migratoria le temen mucho cuando llega a las construcciones persiguiendo
a los ilegales que se
esconden". En cambio, este cuerpo policiaco difícilmente ingresa a las zonas
más pobladas por los ilegales:
los precarios. Refiriéndose a la presencia de la Policía Especial de Migración
en los Llanos de Santa Lucía
el Teniente Vargas nos dice: "ellos no vienen. Somos nosotros los que cuando los
necesitamos a ellos los
llamamos." Sin embargo, la Policía de Migración tiene sus mecanismos para
controlar estos espacios.
Marlene cuenta que migración nunca ingresa a Carpio. Durante los disturbios
comunales en los que
participaron nicas, estos agentes realizaron sus labores de control y represión
sobre dicha minoría sin
necesidad de ingresar al precario. Simplemente, se limitaron a detener los buses
que conducen a dicha
población. Según nuestra narradora, "ellos bajan a los varones primero y les
piden su cédula y su pasaporte
y cuando uno no anda nada, ya lo detienen a uno, ya lo llevan a migración y
esperan completar cierto
número para llevárselos a la frontera".
De acuerdo al Jefe de la Policía Especial de Migración, don Enrique Araya
González (29/8/95) este
cuerpo cuenta con 25 agentes para todo el Valle Central y, por lo general, no
todos se encuentran
realizando las funciones que les competen. El día de la entrevista don Enrique,
excluyendo a los que
trabajan exclusivamente en los aeropuertos, solo contaba con 11 oficiales en
servicio en el Valle Central.
De tal forma, las labores de este cuerpo policiaco, como lo asegura don Enrique,
se limitan a controlar los
espacios donde asisten los ilegales. Aquellos desafortunados que caen en sus
redes son expulsados.
El subjefe del departamento de Migración, don José Joaquín Vargas,
(5/10/95) me explicó
que, de acuerdo a la Ley de Migración, debe notificarse a los ilegales la orden
de deportación quienes, a
partir del momento en que son notificados cuentan con cinco días para presentar
un recurso. Por supuesto,
lo que hacen los ilegales notificados es, simplemente, cambiar de dirección. Por
ello, los representantes de
la ley han optado por utilizar la figura jurídica del rechazo que fuera creada
con el fin de expulsar a los
migrantes ilegales cuando se encontraban cruzando la frontera. De tal forma,
bajo la figura del rechazo,
ilegales que posiblemente llevan meses e incluso años viviendo en el Valle
Central, han sido detenidos en
San José, subidos a un bus que conduce a la frontera norte junto con otros que
comparten su misma
condición y entregados a las autoridades nicaragüenses. Por estas razones la
Dirección General de
Migración y Extranjería en sus informe de 1992, solo reporta 10 deportados de
los cuales 7 son
nicaragüenses. En cambio, el número de nicaragüenses repatriados, es decir, de
refugiados que, al término
de la guerra, han sido enviados de regreso a su patria, asciende a 8,203 de un
total de 8,209. De los 13,434
rechazados registrados, la abrumadora mayoría, 13,316 corresponde también a
nicaragüenses.
37 Pero, con respecto al "rechazo" nunca sabremos cuántos fueron
realmente "rechazados"
en el momento que intentaban ingresar al país y cuantos corresponden a
"deportaciones encubiertas" bajo
esta figura jurídica. Por consiguiente, existen buenas razones para que los
ilegales teman a la Policía de
Migración. Caer en sus manos significa la expulsión del país, frecuentemente,
sin siquiera tener la
posibilidad de recoger sus pertenencias. y, mucho menos, de cobrar su salario.
38 Es decir,
significa el abrupto final de una empresa que ha demandado muchos sacrificios.
El espacio favorito de migración, según nuestros protagonistas, es el
Parque de la Merced. Las
formas de operación de la policía migratoria en este espacio, tienen sus
variantes. Maye narra que ella y su
amiga fueron advertidas por un compatriota de la presencia de policías
encubiertos visitando el Parque de
la Merced en busca de recién llegados que, carentes de experiencia en el nuevo
contexto social,
ingenuamente caerían en sus manos. Marvin comenta con asombro los grandes
despliegues policiales que
han caracterizado algunos de los operativos. Estos, según nuestro entrevistado,
se realizan los días de
reunión de nicaragüenses: martes, sábado y domingo. De repente "llegan 8 ó 10
patrullas, rodean todo el
parque, lo ponen [a uno] en una pared, [le dicen] 'abra las piernas' empiezan a
registrarlo a uno y montan a
todo el que anda indocumentado". Marvin reflexiona entonces acerca de la
necesidad de buscar otro lugar
de reunión. Según él no habría mayores dificultades en hacer saber a la
comunidad migrante de la
existencia de este nuevo espacio pues, entre su gente, "se riega la bola
rapidito, solo se dice 'apartemos este
lugar, mirémonos en otro lado...' ve y así empiezan todos de uno en uno" a
asistir al nuevo lugar de reunión.
Pero, continúa reflexionando Marvin, el problema está en que "adonde lleguemos
vamos a llegar muchos"
de tal forma que será imposible ocultarse. Además, a Marvin no le pareció
apropiada una de las
propuestas surgidas de la comunidad nicaragüense para convertir el Parque de La
Sabana en el nuevo sitio
de reunión pues "ahí hay una autopista. Por lo menos [en la Merced] si vos te
corrés no te va a atropellar un
carro porque hay semáforos y está todo tranquilo, pero si te vas a La Sabana,
hay autopista a los dos lados.
Buscando que nos atropellen es que vamos a la hora de una desesperación".
El celo con que la policía migratoria persigue a los nicaragüenses en el
Parque de la Merced, no
responde, exclusivamente, a la abundante presencia de indocumentados que lo
visitan. La "toma" de este
espacio por la comunidad nicaragüense es, en sí mismo, un acto subversivo pues
constituye un reto al
monoculturalismo vallecentralino. Ante la otredad representa un espectáculo
público donde esta minoría
étnica, al reproducirse culturalmente, muestra sus potencialidades al grupo
mayoritario y, lo que es más
peligroso, a su propia gente.
Conclusiones
Mediante la reconstrucción de los conceptos de "solidaridad" y
"bondad", los nicaragüenses
pobres han ideado mecanismos que permiten a los recién llegados superar los
primeros y más difíciles retos
que enfrentan en su nueva realidad. Las redes de solidaridad, aunque informales
y en apariencia
espontáneas, se encuentran generalizadas y apoyadas en valores morales que
impulsan a muchos a
colaborar con sus coterráneos en apuros. Algunos de los nicaragüenses mejor
asentados en Costa Rica,
llegan a crear extensas redes de apoyo que les permiten asumir el papel de
"protectores profesionales" de la
comunidad.
Los nicaragüenses enfrentan diversas formas de discriminación que
comprenden desde
violentos insultos por "muertos de hambre" hasta declaraciones amables de
amistad "a pesar de que son
nicas". El temor de los ilegales a ser descubiertos por la policía y al repudio
de un sector de la población
"legítima" del país, los ha llevado a ensayar diversas estrategias de
"ocultamiento". Estas oscilan entre la
habilidad de los migrantes para fingir un acento vallecentralino que les permita
salir airosos en un momento
de apuro, hasta el convencimiento de que se vive mejor en Costa Rica cuando se
convierten en propios los
valores de la cultura dominante.
Costarricenses de escasos recursos han sido muy suceptibles a discursos
discriminatorios
debido a la competencia por el trabajo y el espacio físico que cotidianamente
libran con los nicaragüenses.
Sin embargo, no podemos asegurar que las tensiones predominen en todas las
comunidades populares del
país donde conviven ambos grupos. En Los Diques, a diferencia de Carpio y los
Llanos de Santa Lucía, la
menor competencia por el espacio físico y la participación conjunta de ticos y
nicas en la lucha contra los
enemigos ubicados al sur de la barriada, son factores que contribuyen a explicar
la convivencia pacífica de
ambas etnias.
La competencia por el espacio en las zonas marginales, el
interiorizado sentimiento de
superioridad de los vallecentralinos y la ilusión compartida por la comunidad
nacional de que Costa Rica es
de todos los ticos, generan sentimientos de hostilidad hacia "los otros" que de
unos años para acá, han
venido afirmando su presencia en el territorio de los "legítimos" pobladores de
Costa Rica. El discurso de la
nación costarricense en buena medida se fundamenta en una visión comparativa con
las otras comunidades
nacionales de la región centroamericana. En este balance Costa Rica siempre
resulta acreedora de los
mejores atributos frente al mundo de los grupos étnicos que habitan sus linderos
y de las naciones vecinas.
En realidad, los elementos excluyentes que predominan en la construcción
nacional tuvieron su génesis
durante la formación del Estado-nación. Sin embargo, nunca antes la sociedad
costarricense se había
enfrentado al reto de una inmigracióm extranjera de tales magnitudes. Incluso
las distintas etnias que
conviven en el Estado-nación tales como los indígenas en el sur, los
guanacastecos en el noroeste y los
negros en el Caribe, han tenido una presencia limitada en el corazón del país.
Es en el presente cuando, en
un contexto de convivencia multiétnica, se pone a prueba la firmeza de los
valores que más han
enorgullecido a los costarricenses: la tolerancia y la democracia.
Los discursos discriminatorios, que oscilan entre el franco rechazo
hasta la sutil expresión de
superioridad de "los nuestros" y "lo nuestro", se fundamentan en la construcción
de los imaginarios sociales
que, sin ser un simple reflejo del mundo material, se mantienen en permanente
diálogo con este. Mientras
continúe la crítica situación económica que hoy vive Costa Rica y mientras
nicaragüenses paguen el
pecado de su ilegalidad recibiendo salarios inferiores a los costarricenses,
será difícil convencer a los
pobres habitantes de los barrios marginales de que estos inmigrantes no
constituyen una amenaza para ellos
y de que, como dice la excepcional doña Nena, "uno como ser humano tiene derecho
a un pedacito en
cualquier rincón de la tierra".
(1)Este trabajo se efectuó gracias al apoyo del Programa de
Investigación de la Maestría en Ciencias Sociales con
Mención en Integración Regional de la Universidad Nacional.
(2) Como lo señala Alessandro Portelli "entrevistas
rígidamente estructuradas excluyen elementos cuya
existencia y relevancia eran previamente desconocidas para
el investigador y no son contemplados en el esquema de
preguntas..." Alessandro Portelli "Las particularidades de
la historia oral" en: Varios autores Historia oral e
historias de vida Cuadernos de Ciencias Sociales,
Flacso, 1988, p.24.
(3)Víctor Hugo Acuña "La historia oral, las historias de
vida y las ciencias sociales", en Elizabeth Fonseca
compiladora Historia. Teoría y métodos San José,
EDUCA, 1989, p.236.
(4) Aristide Zolberg, Astri Suhrke y Sergio Auayo
Escape from Violence. Conflict and the Refugee Crisis
in the Developing World (New York: Oxford University
Press, 1989), p. 235.
(5)Martin N. Marger Race and Ethnic Relations.
American and Global Perspectives (California: Wadsworth
Publishing Company, 1985), p.7.
(6) Ver: Raymond Williams, Marxism and
Literature (Oxford: Oxford University Press, 1977),
pp.55-71.
(7) Renato Rosaldo, pp.191-192.
(8)Por ejemplo, Miller demuestra que la migración
irlandesa a los Estados Unidos, se dio acompañada de toda
una serie de ritos y prácticas culturales que buscaban
crear en los migrantes fuertes sentimientos de pertenencia
a su país de origen. En efecto, el comportamiento de los
irlandeses en los Estados Unidos estuvo muy marcado por
estas prácticas culturales. Kerby A. Miller Emigrants
and Exiles. Ireland and the Irish Exodus to North
America (New York, Oxford: Oxford University Press,
1985).
(9)Ver: Raymond Williams Marxism and Literature
Oxford: Oxford University Press, 1977, pp. 55-71.
(10)James Scott Weapons of the Weak New Haven,
Yale University Press, 1985.
(11)Véase Programa Centroamericano de Ciencias Sociales,
"Estudio sobre desarrollo, población rural y migraciones en
Centroamérica" en Estudios Sociales Centroamericanos
enero-abril, 1974, N. 7, "Tendencia de la migración de
Nicaragua: 1960-1983", en Revista de Integración y
Desarrollo de Centroamérica julio-diciembre, 1988,
N.43. María de los Angeles Zúñiga "El impacto económico-
social del refugiado centroamericano en Costa Rica"
Instituto de Estudios Sociales en Población, Universidad
Nacional, Heredia, 1989.
(12) "Crisis y regiones fronterizas", Estudios
Sociales Centroamericanos enero-abril, 1986, N.40;
Miguel Morales "Crisis del Estado nacional: los problemas
territoriales fronterizos en Centroamérica" Estudios
Sociales Centroamericanos enero-abril, 1986, N.40.
(13) Ver: Hutsune Hatanaka "Un análisis de discurso
sobre los refugiados nicaragüenses en la Zona Sur de Buenos
Aires" en Robert Carmack editor Soplos de viento en
Buenos Aires Editorial Universidad de Costa Rica, 1994,
pp. 97-109; Marjorie Greenwodd Arroyo y Rosario Ruiz Oporta
"Migrantes irregulares, estrategias de sobrevivencia y
derechos humanos" Tesis de licenciatura, Universida de
Costa Rica, 1994.
(14) Ley General de Migración y Extranjería y su
Reglamento publicados en "La Gaceta" N.152 del 13 de
agosto de 1987 y en "La Gaceta" N.103 del 31 de mayo de
1989, Imprenta Nacional, 1994, p.14.
(15)"La Gaceta", N. 195, Decreto del 16 de octubre de
1990, N. 19953-G.
(16)"La Gaceta" N. 29, Decreto del 19 de enero de 1994,
N.22830-G.
(17)"La Gaceta" N.141, Decreto del 26 de julio de 1995.
(18) Oscar Francisco Vargas Madrigal "Características de
la población nicaragüense solicitante de la Tarjeta de
Trabajo Estacional" Programa de Tarjeta de Trabajo
Estacional, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 4 de
setiembre de 1996, p.8, el subrayado es nuestro. Ver
también: "La tarjeta de trabajo estacional: instrumento
regulador de las migraciones laborales" Programa Tarjeta de
Trabajo Estacional, Ministerio de Trabajo y Seguridad
Social, 28 de octubre de 1996.
(19) Con aguda ironía Hazel Barahona escribe: "Como
buenos ticos que somos -paños tibios y palanganas-, no les
dijimos en la cara a los nicas que no los queremos aquí. Lo
que hicimos fue decirles que les vamos a dar ciero "status"
pero, que, para eso, tienen que conseguir que el patrono
les firme un contrato (como si fuera tan fácil) y que deben
pagar 5.000 colones (como si los tuvieran)." Hazel
Barahona G. "Qué buenos somos!" La Nación 23 de mayo
de 1997, p.14A.
(20)Ver por ejemplo: "Soluciones comunes buscan Costa
Rica y Nicaragua" La República 13 de mayo de 1997,
p.13; "El trato de los inmigrantes" La Nación 15 de
mayo de 1997, p.13A, "Nicas escépticos poor la tarjeta de
trabajo" Idem., p.9A.
(21)Ver por ejemplo: "Fuertes medidas contra nicas
ilegales" La Nación 6 de enero de 1995, p.4A.
(22) Ver: "Requisitos para la tarjeta de trabajo
estacional" documento impreso en el Programa "Tarjeta de
trabajo estacional" del Ministerio de Trabajo y Seguridad
Social" (asumimos que el documento data de 1996).
(23) Ver: Ana María Solórzano "Informe anual. Programa
del café. (Cosecha 1996-1997)" Documentación del
Departamento de Migraciones Laborales del Ministerio de
Trabajo y Seguridad Social, 1997.
(24)"muchos nicaragüenses... más si son hombres, vienen
y hacen desastres y okey va la bañada para todos los
nicaragüenses..." Mayerli, 13/2/97.
(25) Sobre las redes de reciprocidad en la comunidad
nicaragüense puede consultarse: Marjorie Greenwood y
Rosario Ruiz "Migrantes irregulares, estrategias de
sobrevivencia y derechos humanos" Tesis de licenciatura,
Universidad de Costa Rica, 1994. Ver por ejemplo: p.133.
(26)"La esperanza de los desesperados. Los problemas de
los migrantes nicaragüenses en Costa Rica" Brecha
enero-febrero, 1995, Año XIV, N.1., p.10.
(27) Entre 1978 y 1986, 20,954 nicaragüenses obtuvieron
en Costa Rica el status de refugiados. Ver: María de los
Angeles Zúñiga "El impacto económico-social del refugiado
centroamericano en Costa Rica" UNA, IDESPO, Heredia, 1990,
p.23.
(28) Dichas estrategias comunitarias se pueden apreciar
muy bien en el caso de la migración irlandesa a los Estados
Unidos. Una serie de rituales previos a la partida de los
migrantes buscaban fortalecer los lazos entre estos y su
comunidad de origen. Ver: Kerby A. Miller Emigrants and
Exiles. Ireland and the Irish Exodus to North America
New York, Oxford, Oxford University Press, 1985.
(29)Por ello los refugiados de Buenos Aires afirman:
"Nosotros los nicaragüenses ofrecemos cualquier cosa que
tengamos. Los ticos no ofrecen aunque tengan." Hatsune
Hatanaka, op.cit., p.108.
(30)También don Gustavo, cuenta Mayerli, ocasionalmente
realiza la difícil y riesgosa labor de introducir migrantes
ilegales, nada más por "amistad." Cuando le solicitó ayuda
para que ella junto con su amiga pudieran trasladarse desde
la frontera a San José, don Gustavo no les cobró pues,
asegura Mayerli, "fue amistad nada más".
(31)También Marvin, aunque en proporción menor a la de
don Arnulfo, juega el papel de redistribuidor de recursos.
Haciendo mofa del auxilio que él brinda a los nicaragüenses
recién llegados, me dice: "Ya tengo mi empresa". Esta
"empresa" sin fines de lucro funciona de la siguiente
manera: Marvin ha acumulado muchos amigos que le brindan
sus números telefónicos. De tal forma, cuando un coterráneo
le solicita ayuda, él llama a sus amigos solicitándoles
colaboración para colocar en un empleo a su protegido.
Además Marvin les brinda otra parte de su capital: su
conocimiento. De acuerdo a sus propias palabras: "yo les
explico como es la situación aquí, o sea, tienen un oriente
más que todo. Yo les ayudo a que se avienten y salgan
adelante".
(32) Un reportaje periodístico refiriéndose a la
población indocumentada, dice lo siguiente: "Cuando habla,
trata de imitar el acento de los guanacastecos y toma todas
las precauciones posibles para ocultar su origen
nicaragüense". "Nicas a merced de contratistas" La
Nación 17 de enero de 1994, p.4A.
(33) "Ticos ven con reserva a los nicas" La
República 3 de junio de 1997, p.6A.
(34)La prensa registra un violento conflicto en Pavas
entre bandas de jóvenes nicaragüenses y costarricenses.
Ver: "300 jóvenes asedian precarios en Pavas" La
Nación 9 de noviembre de 1995, p.10A.
(35) Un excelente análisis sobre la construcción de la
identidad nacional se encuentra en: Benedict Anderson
Imagined Communities Editorial Verso, Londres, Nueva
York, 1991.
(36)"Ley General de Migración y Extranjería",
Colección de Leyes y Decretos, San José, Imprenta
Nacional, 1987.
(37)Departamento de Planificación Informe Anual.
1993 Dirección General de Migración y Extranjería,
cuadro 7, p.27.
(38)Ver: "La esperanza de los desesperados", op.cit., p.10.