Fecha/Date: 07/01/97
Ha pasado poco más de un año desde que culminaron la Cumbre Social en
Copenhague y la Conferencia de Beijing y algunos meses desde la conferencia
Hábitat II en
Estambul. La ONU y el Banco Mundial, así como una multitud de ONGs, hacen
esfuerzos
activos por cumplir sus políticas de desarrollo dirigidas a lograr el desarrollo
sustentable
centrado en el ser humano. Hace casi cinco años, la comunidad mundial se dio
cita en Río de
Janeiro para asistir a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Ambientes y
Desarrollo, mejor
conocida como la Cumbre del Ambiente. La Agenda 21, que constituyó la pieza
central de esa
reunión, no sólo comprometía a las naciones allí reunidas con los principios del
desarrollo
sustentable, sino que además exigía la ejecución de un programa de
acción1. Muy
pronto se cumplirá una década desde que la Comisión Mundial sobre el Ambiente y
el
Desarrollo emitió su llamado en pro de un entendimiento amplio sobre el
desarrollo sustentable,
reconociendo que si no se prestaba atención al desarrollo social, el futuro no
nos depararía ni la
calidad ambiental ni la prosperidad económica2. Por último, el año
que viene se
celebrará el vigésimoquinto aniversario de la Conferencia de Estocolmo que fue
la fuente de
donde emanaron los esfuerzos de desarrollo sustentable surgidos a partir de esta
fecha.
No obstante, exceptuando un grupo relativamente limitado de actores
institucionales,
el concepto de "desarrollo sustentable" no es un término con el cual se siente
familiarizados gran
número de académicos y formuladores de política; mucho menos un concepto con el
cual se
sientan comprometidos. El término desarrollo sustentable centrado en el ser
humano es
comprendido por un grupo muy reducido de personas. El concepto de desarrollo
social es
igualmente limitado. Actualmente, no se discuten en público, o se discuten muy
poco, los
acuerdos de El Cairo, Río, Copenhague, Beijing o Estambul, ya sea en los medios
de
comunicación o en los foros políticos mundiales. Más aún, queda un largo camino
por andar
antes de que podamos decir, como comunidad global, que hemos cumplido con las
obligaciones
adquiridas en diversos programas de acción internacionales. 3
Por varias de estas razones, el tiempo presente es idóneo para
considerar los
problemas asociados con lo que hemos llegado a llamar "la brecha de la
ejecución".
Particularmente, el momento es propicio para examinar los problemas comunes en
la ejecución
de la política de desarrollo social y para enfocar un aspecto específico que
puede dificultar los
esfuerzos de desarrollo, cualquiera que sea el tipo de diseño de política
seleccionado para
responder a un problema determinado en la agenda pública: se trata de la crisis
de coordinación.
Este trabajo se apoya en datos recabados en dos estudios sobre el
desarrollo
sustentable4 y en la conferencia y los talleres sobre Política de
Desarrollo Social
patrocinados por la ONU/DDSMS para sacar a la luz pública aspectos importantes
que deben ser
resueltos a medida que se avanza en la ejecución de los compromisos de
Copenhague. El
trabajo explora la naturaleza de la crisis de coordinación, el contexto dentro
del cual ha surgido,
algunos de los factores específicos que la ocasionaron y algunas formas de
abordaje que
pudieran considerarse.
1. La naturaleza de la crisis de coordinación
Partiremos de la premisa que nuestro ambiente político está lleno de
ruido. Hay
exigencias de todas partes y de toda clase. En un extremo, se encuentran los
llamados
ideológicos de amplia base que hoy se escuchan con más fuerza desde la derecha
que desde la
izquierda y que exigen acción de todo el espectro. En el centro del espectro,
están los conflictos
sobre la naturaleza y el papel de las instituciones y de los formuladores de
política responsables
por la acción. En el otro extremo, hay campañas muy específicas para lograr
determinadas
metas políticas. Estas actividades son causa y efecto de sistemas fragmentados
de formulación
de políticas y de gestión pública. De hecho, todos los estudios de país, las
entrevistas y los
talleres efectuados en relación con los estudios arriba mencionados, produjeron
una
preocupación real por el hecho que la fragmentación y la competencia entre
ministerios claves,
funcionarios electos, ONGs locales, ONGs internacionales e instituciones
internacionales han
socavado los esfuerzos de desarrollo. Para progresar con el desarrollo
sustentable centrado en el
ser humano se requerirá hacer esfuerzos por juntar algunas de estas piezas
disímiles. Nuestra
incapacidad global para lograr que las numerosas piezas del proceso político
funcionen bien
juntas, es lo que constituyen la crisis de coordinación en la administración
pública. El
término "crisis" se ha sobreutilizado, pero no es demasiado fuerte para
describir el problemas,
tampoco sobreestima las consecuencias de nuestra incapacidad para juntar los
elementos
requeridos para garantizar el progreso.
Quizás una forma de considerar el problema sería similar al reto de
hacer música con
sonidos desiguales. La diferencia entre hacer ruido y hacer música no se
encuentra tanto en la
naturaleza de los sonidos mismos, o en el número de sonidos que coexisten en un
determinado
momento, sino en la forma en que se juntan armónicamente o la forma en que
chocan y crean
una cacofonía que hace prácticamente imposible llegar a sostener una discusión y
emprender
una acción significativa.
Existe la tentación de pensar que lo único que hace falta es un
conductor capaz de
juntar a quienes producen los sonidos y convertirlos en una orquesta de músicos,
pero esto sería
sobre simplificar las cosas. La tarea de crear armonía y orden a partir de
sonidos disparejos
requiere que se preste atención a la partitura, al talento de los músicos, a la
capacidad del
conductor y a la capacidad de la audiencia para escuchar y comprender. De
manera similar, el
esfuerzo por comprender los problemas de la ejecución de políticas de desarrollo
social, que son
el meollo del desarrollo sustentable centrado en el ser humano, requiere que se
consideren varios
aspectos muy complejos; uno de los cuales es la crisis de la coordinación.
2. El contexto de la crisis de coordinación
El reto que la crisis de coordinación plantea a la gobernancia
(governance) deriva en
gran medida del contexto dentro del cual se hace su aparición. Este contexto
está formado por
tres esferas superpuestas de acción, dentro de las cuales deben funcionar los
gerentes públicos.
Ellas son; las responsabilidades gerenciales dentro de la propia organización
gubernamental, la
tarea de gerenciar a través de organizaciones gubernamentales y las tareas de
gerenciar fuera del
gobierno.
a. Gerenciar dentro de la propia organización
Pese a los numerosos cambios que se han observado en la naturaleza del
gerente
público, el principal reto sigue siendo la necesidad de administrar su propio
ministerio,
organismo, departamento o proyecto. El papel y las responsabilidades del
funcionario público
continúan atados a la naturaleza y a la misión de una organización pública. Sin
embargo,
también es cierto que la tarea del gerente ha venido cambiando en muchos
sentidos importantes
en los últimos años. 5
En primer lugar, han habido presiones causadas por la tensión existente
entre las
técnicas de gestión tradicionales orientadas al control y las propuestas
contemporáneas que dan
mayor importancia a la descentralización, la eliminación de niveles y la
desregulación. En estas
propuestas, la transformación de director central a entrenador y facilitador
representa no sólo un
cambio en el estilo de gestión, sino también un importante giro estructural y
operativo en la
organización. Algunos de estos aspectos no han llegado a ser cabalmente
comprendidos, por
ejemplo las consecuencias de suprimir a la gerencia media en el proceso de
eliminación de
niveles.
Existe también tensión sobre los gerentes debido a las expectativas
sobre la
competitividad de la gerencia, basadas en una visión de corto plazo y en las
exigencias de
capacidad de respuesta ante las expectativas de corto plazo. La planificación
estratégica como
enfoque predominante de gestión ha cedido terreno ante los principios de calidad
gerencial. No
obstante ambos suponen un desarrollo constante de largo plazo hacia una misión
que ha sido
cuidadosamente elaborada. Sin embargo, al mismo tiempo, la restricción de
recursos, las
presiones de mercado y las incertidumbres que crea el cambio político han
intensificado las
presiones competitivas por una acción rápida. Existe poca tolerancia respecto
al tipo de
desarrollo lento y constante que plantean las doctrinas de cambio estratégico en
la organización.
Paralelamente, existen dificultades obvias, causadas por el cambio
rápido en un
entorno pobre en recursos. La mayoría de los modelos contemporáneos de gestión
asumen la
inversión a largo plazo, con el fin de obtener resultados de largo plazo y de
garantizar una fácil
adaptación. No obstante, los enfoques actuales de gestión orientados a efectuar
recortes asumen
un modelo relativamente simplista de eficiencia en el ingreso/egreso. Como
gerentes, se nos
dice que no debemos esperar más recursos en el futuro y que podemos más bien
esperar
reducciones. La frase trillada es que debemos aprender a "lograr más con
menos". Bajo tales
condiciones, ocurren por lo menos dos tipos de comportamientos. Primero, se
retiran los
recursos del desarrollo y de la ejecución de esfuerzos estratégicos de largo
plazo para orientarlos
a resolver problemas tácticos de corto plazo asociados con la supervivencia.
Segundo, se hace
creer al personal que los recortes o las mayores expectativas pueden ser
resueltos simplemente
aumentando la productividad del personal existente. No obstante, hay limites
respecto a cuánto
se puede sobrecargar el personal existente, quien ya lleva largos períodos sin
recibir aumentos
de sueldo y quien de hecho puede haber visto reducidos sus beneficios.
Debe indicarse, igualmente, que varias de las tensiones asociadas a las
restricciones
de recursos, incluyendo la tendencia a sacrificar el bienestar de largo plazo
por la supervivencia
del corto plazo, se intensifican a medida que cambia la naturaleza de los
presupuestos. En
muchas organizaciones hemos pasado de situaciones en la cuales el Estado
asignaba el
presupuesto y le decía a los ministerios que vivieran dentro de él, a
presupuestos ensamblados en
los cuales a esos mismos ministerios se les pide que encuentren nuevas maneras
de
autofinanciearse y que no esperen presupuestos del tipo anterior o que por lo
menos no esperen
que sean adecuados para cubrir sus requerimientos financieros. Más bien la
exigencia apunta a
que los gerentes públicos sean creativos en el financiamiento de sus
operaciones, apelando a
diversos pagos por derechos de uso, multas y cobros de permisos. Este giro
hacia los
presupuestos ensamblados ha sido sumamente importantes en muchos países y sin
embargo, se
ha estudiado muy poco.
Por supuesto que uno de los primeros peligros que presentan este giro
es el de agravar
las desigualdades existentes, ya que el pago por derechos de uso, aunque sea
relativamente bajo,
puede marginar a los pobres de los servicios. Estudios presentados en la
Conferencia de
Estocolmo el otoño pasado indicaban que en China, la imposición de un pago de
derechos por
servicios médicos fue seguida por una notable disminución en los niveles de uso
en las áreas
más pobres y un aumento concomitante en la morbilidad y mortalidad infantiles.
Quizás resulte
más peligroso aún el hecho que este enfoque lleva a los contribuyentes a sumir
que la política
pública es una situación de cobros de servicios en lugar de una serie de
determinantes acerca de
lo que más conviene a la nación en su conjunto. Siendo así, continúa el
argumento, |porqué
deben pagar impuestos para cubrir la educación las personas que ya no tienen
niños en el
sistema escolar, y porqué las personas que se oponen a la política exterior de
la nación deben
pagar para operar las fuerzas armadas o las funciones diplomáticas, si se trata
de contribuyentes
que no están de acuerdo con la política.?
Apartándonos de estos debates políticos amplios, veamos los asuntos más
inmediatos
que enfrenta un gerente. El primero es que el uso de los presupuestos
ensamblados pudiera
significar una base de recursos relativamente inestable e impredecible para la
planificación y la
gestión. Los ingresos producidos por los impuestos especiales u otros
mecanismos "blandos" de
ingresos variarán bajo la influencia de una amplia gama de fuerzas; desde el
ciclo empresarial
hasta los giros demográficos y el efecto de la meteorología sobre las cifras del
turismo. No
obstante, funcionen bien o mal estos instrumentos como generados de ingresos,
tienen la
tendencia de agravar el problema del corto plazo frente a la perspectiva
estratégica.
Las combinaciones entre el cambio hacia el corto plazo y del llamado -
relativamente
poco sofisticado - a lograr más con menos producen un socavamiento del estado
de ánimo, una
mayor rotación de personal y un aumento en los niveles de tensión dentro de las
organizaciones
existentes. En la reunión de Estocolmo el año pasado, se le preguntó a los
representantes del
nivel ministerial de cincuenta países cuántos de ellos adjudicaban recursos a la
renovación
organizativa destinada al bienestar y el estado de ánimo de sus empleados.
Ninguno dio una
respuesta afirmativa.
La idea de que siempre hay redundancia que puede ser recortada mediante
una
reducción adicional general de diez por ciento, es una de las actitudes más
insensatas y
destructivas de la gestión moderna. El siguiente tres por ciento de reducción,
aparte de tres por
ciento menos servicios, pudiera significar la eliminación de un ministerio o de
una de sus
unidades, dejando a la organización por debajo de los límites mínimos de capital
organizativo y
llegando al punto en el cual ya no puede cumplir con ninguno de los servicios
que tiene bajo su
responsabilidad. La tendencia a sencillamente decirle a las personas que
busquen formas
creativas de resolver las tensiones nos ha llevado en algunos países a lo que
pudiéramos llamar
el síndrome CEF: o sea, el síndrome del teléfono Celular, el correo Electrónico
y el Fax. Debido
a que ahora tenemos la capacidad para comunicar rápidamente las instrucciones y
las exigencias,
asumimos que el funcionario que se encuentra del lado receptor de la
comunicación está en
capacidad de hacer, con la misma rapidez, el trabajo necesario para cumplir con
lo que le
pedimos. Esas expectativas, a su vez, han llevado a muchas organizaciones a la
situación en que
la respuesta más común, cuando se le pregunta a alguien "¿Cómo está?", es
"!Agobiado¡".
b. La gerencia a través de las organizaciones gubernamentales
Todas éstas son tensiones que enfrentan los administradores dentro de
sus
organizaciones, en el nuevo ambiente de la administración pública. Sin embargo,
al mismo
tiempo, los gerentes se enfrentan a mayores exigencias de administrar también
horizontalmente
a través de las organizaciones gubernamentales. El nivel de
turbulencia y la falta
de predecibilidad en el ambiente político y económico hace que los gerentes
tengan que trabajar
más duro para asegurarse que sus organizaciones puedan cumplir sus
responsabilidades con
efectividad, a la vez que trabajar en conjunto o competir contra otros para
lograr apoyo.
En general, los gerentes públicos se encuentran en la necesidad de
enfrentar
relaciones intergubernamentales cada vez más complejas, asociadas
simultáneamente con la
descentralización, la regionalización y la globalización. Mientras más se
fragmentan la toma de
decisiones y la autoridad de ejecución debido a estos cambios, más esfuerzos y
más recursos
deberán dedicarse a la coordinación horizontal de políticas en el gobierno. A
su vez, ello
requerirá prestar mayor atención a los pactos interorganizacionales para
satisfacer las
necesidades simultáneas de apoyo mutuo y de evitar la competencia destructiva.
El cambio así
inducido se pudiera denominar la "gobernancia (governance) por medio de
Memorándum de
Entendimiento" (ME), siendo ésta una situación en la cual los ministerios y los
departamentos
operan mediante una serie de acuerdos entre partes potenciales antagónicas, en
lugar de operar
mediante los canales formales de autoridad. No existiendo tales acuerdos,
aumentará el nivel de
competencia necesario para asegurar los presupuestos, la jurisdicción sobre
clientelas
potencialmente productoras de ingresos y el control de programas directos de
servicios que son
reconocidos y valorados por los electores (en comparación con programas menos
visibles pero
de necesidad vital relacionados con la infraestructura). Sin duda, este tipo de
gestión basado en
la negociación agravará la crisis de coordinación, ya que exige reconciliar la
estructura
administrativa y las premisas expresadas por los funcionarios electos durante el
proceso amplio
de formulación de políticas.
Mientras más compleja y potencialmente competitiva se torne la tarea de
gestión
interorganizacional e intergubernamental, más difícil será mantener lo que Heclo
ha denominado
los círculos de confianza y las líneas de confianza, que son los elementos que
permiten funcionar
a un gobierno. Heclo propone que los líderes políticos necesitan funcionarios
públicos con redes
en todo el gobierno que les permita mantener un sistema altamente
profesionalizado aunque
informal de coordinación y comunicación6. No obstante, muchas de las
reformas
gerenciales se han fijado como blanco los administradores profesionales, quienes
se supone
están "saboteando" las políticas y los planes de los políticos7. En
un momento dado
durante la administración Reagan, los funcionarios recurrieron a un joven
académico para que
enseñara a los políticos recién nombrados lo que se llamaba el arte de la
gestión de
rompecabezas8. El propósito era impedir que los funcionarios de
carrera adquirieran
suficiente autoridad o conocimientos para poder captar el cuadro completo de lo
que sucedía y
por ende, estar en capacidad de detener una iniciativa. Naturalmente, si se
socavan los círculos o
las líneas de confianza, entonces éstos tampoco servirán para coordinar ni
facilitar. En el
contexto actual, los funcionarios de carrera son estimulados - sea por la
realidad, y si no por la
retórica - para que vean a sus contrapartes en otros ministerios como
competidores en busca de
los mismos recursos escasos y del apoyo político.
La tendencia ha sido intensificar la competencia, en lugar de facilitar
la cooperación,
sobre todo en momentos en que se requiere mayor acatamiento a los canales de
responsabilidad.
La documentación sobre los canales de responsabilidad, el "accountability", es
prácticamente
inexistente en los países en desarrollo. Se suele ignorar el asunto, aunque los
líderes de las
naciones en desarrollo continúan expresando su preocupación sobre el problema de
la
legitimidad9. El debate sobre los canales de responsabilidad en el
entorno actual de
gestión ha impulsado usualmente el juego de echar culpas a otros y de señalar
con el dedo, todo
en momentos en que lo que más hace falta es una mayor cooperación y
coordinación.
Otro aspecto irónico lo constituye el hecho de que se ha generalizado
aun más el
señalar culpas, al tiempo que instamos a la toma de riesgos para mejorar la
creatividad. Nos
encontramos actualmente en una situación en que los administradores públicos
deben manejar
las tensiones entre propugnar actitudes competitivas duras basadas en los
incentivos del mercado
y el llamado en pro de la toma de riesgos y principios de gestión de calidad más
creativos. En
consecuencia, existen tensiones entre las premisas de la Gerencia de Calidad
total (TQM) y el
llamado movimiento de Reinvención del Gobierno10. La literatura de
TQM exige
que se tranquilice a las personas dentro de una organización y se les asegure
que no van a perder
su empleo, para que así puedan identificar los problemas con toda honestidad y
experimentar
con soluciones sin temor a quedar en posición vulnerable. Por otra parte, las
estrategias de
reinvención del gobierno muchas veces comienzan con el anuncio de una meta
primordial, como
lo es la de recortar dramáticamente el tamaño de la fuerza laboral . Cuando
varios ministros
evalúan estos estilos contrastantes de gestión, se establece una situación en la
cual las relaciones
intergubernamentales pueden convertirse en una colisión de culturas
organizacionales, en lugar
de un esfuerzo cooperativo para ejecutar y operar la política pública.
c. La gestión fuera del gobierno
Indudablemente, los altos ejecutivos se ven obligados a gerenciar
también fuera del
gobierno. Cada vez más, los gobiernos se valen de la privatización y la
formación de sociedades
mixtas públicas y privadas para lograr estos propósitos. Al mismo tiempo, la
exigencia de que
los gerentes públicos actúen más bien como intermediarios y como compañías
matrices
inversionistas ("holding") respecto a toda una serie de funciones contratadas no
hace que la tarea
sea más sencilla ni mejor definida; todo lo contrario, la hace más compleja y
por encima de todo,
hace mucho más difícil que nunca cumplir con el reto de la coordinación. Este
problema tiene
varias dimensiones.
Primeramente, la privatización no se utiliza en su sentido puro, o sea
que el gobierno
dejará de estar involucrado en determinada actividad y permitirá al sector
privado asumir el
servicio, si es que el servicio se ha de seguir prestando. Por lo contrario,
hoy en día recurrir a la
privatización, en muchos países significa que la toma de decisiones generales se
mantendrá en el
gobierno y es la entrega directa de los servicios lo que pasará a una firma
privada o a otra clase
de organización no gubernamental (ONG). En esa situación, el gobierno debe
retener una
capacidad adecuada para operar el sistema de contratación, administrar los
contratos en
ejecución y mantener mecanismos para los canales de responsabilidad. Por esta
razón, el hecho
de que las funciones se contraten externamente no significa que el gobierno
abandonará la
actividad o deje de necesitar personal. Más bien, se trata de adquirir nuevas y
diferentes
responsabilidades. Pero, no son muchas las evidencias de que, pese al aumento
drástico de las
privatizaciones en los últimos veinte años, los gobiernos estén tomando medidas
para crear
capacidades adecuadas y efectivas de administración de contratos. De hecho, se
ha avanzado
muy poco más allá del énfasis en los procesos de licitación o en las
alternativas de bajo nivel a
los procesos de licitación, como por ejemplo las compras mediante tarjeta de
crédito.
El giro desde el poder a la contratación, del desempeño de las
funciones públicas
mediante el legítimo uso de la autoridad política a un sistema de gobierno
basado en el ejecución
de acuerdos discretos, es un gran paso. Sin embargo, se requiere un servicio
público mucho más
complejo para poder cumplir. Es más, las personas que poseen el tipo de
destreza de
negociación y gestión que se requieren para operar el estado contratante,
resultan igualmente
atractivas para el sector privado. Tomará el mismo tiempo entrenarlas y en
muchos casos
resultará más costoso pagarlas y retenerlas que a los funcionarios de hoy.
Otra dimensión que intensifica la crisis de coordinación es el mito que
la
desregulación conlleva el fin de las restricciones legales. De hecho, quienes
llevan cierto tiempo
trabajando con contratos de servicios saben que sencillamente no son obligantes
y que además,
representan un riesgo adicional. En el caso de las regulaciones, es el gobierno
quien decide si se
inician o no los procedimientos para obligarlas. En un contrato, cualquiera de
las partes puede
iniciar un proceso conflictivo formal. Aunque no sea sino en ese sentido, la
mayor contratación
conlleva una pérdida de flexibilidad por parte del gobierno. Adicionalmente la
legislación
sobre la contratación gubernamental en muchos países, hasta en los más
desarrollados, suele ser
rudimentaria. Las leyes fueron promulgadas en épocas en que la principal
preocupación
consistía en evitar la corrupción en la adquisición de bienes. Ahora que el
énfasis está en la
entrega de un servicio, en lugar de la adquisición material, y las
preocupaciones principales van
más allá de las prácticas corruptas para abarcar la gestión efectiva del
cumplimiento de los
contratos, ha llegado la hora de reexaminar ese conjunto de leyes.
En este asunto de la gestión de conflictos, existen por lo menos dos
dimensiones
adicionales que revisten importancia para los gerentes públicos en el entorno
actual, así como en
el futuro probable. Primeramente, tenemos que desarrollar cabalmente los
mecanismos para
reconciliar las prácticas competitivas orientadas al mercado, incluyendo el uso
del poder legal
como arma en el arsenal del gerente del sector privado, con las exigencias de la
gestión pública
contemporánea en el sentido de imponer un uso más generalizado de técnicas
alternativas para la
solución de conflictos, las cuales serían más cónsonas con los principios de la
gerencia de
calidad y con la necesidad de restarle importancia a los asuntos legales
formales y aumentar la
dinámica interpersonal y menos formal en la solución de problemas. Aunque el
uso de las
herramientas legales como instrumentos de poder en un mundo competitivo varía en
alguna
medida de una cultura a otra, indudablemente existe en la vida moderna. Aun
aquellos países
cuyos sistemas legales han sido calificados de débiles e ineficaces deben estar
alertas, ya que la
globalización está cambiando el papel de la ley y de las instituciones legales
del sector privado y
por extensión tendrá un impacto similar sobre los gobiernos cuando éstos entren
en negocios con
las empresas privadas.
En segundo lugar, nos encontramos ante un mayor énfasis en los
derechos; las
personas que antes consideraban que rendir cuentas a la comunidad era el factor
más importante
ahora están dispuestas a afirmar sus derechos individuales y exigir el
rendimiento de cuentas
hacia sí mismos. Esta tendencia también varía notablemente de una cultura o de
una nación a
otra, pero es evidente que los gobiernos que prometen imponer una política del
estilo de pago-
por-servicios deben estar preparados para cumplir con canales de responsabilidad
orientados al
consumidor. Mientras más se orienta el rendimiento de cuentas al individuo en
lugar de a la
comunidad política, más crecerá la fragmentación y más se intensificarán los
problemas de
coordinación.
Existen también asuntos que tienen que ver con los tipos de
organización con los
cuales trabaja el Estado privatizado. Uno de los problemas más patentes es el
que pudiéramos
llamar el problema de Federal Express, también conocido en términos populares
como
"quedarse con la crema ". Cuando se iniciaron las empresas de valija privada,
ellas
argumentaban que sólo desean participar en una pequeña proporción del negocio
postal, que es
mucho más amplio. El problema está, naturalmente, en que se trataba de la
porción mas
rentable. Las empresas alegaban que la autoridad postal estaba en libertad de
competir con ellas,
pero es difícil competir cuando una organización no puede reducir su actividad a
sólo la parte
más rentable, "la crema", sino que está obligada a mantener una estructura de
costos exigidos
por el trabajo intensivo en mano de obra que requieren servicios costosos como
por ejemplo, la
entrega del correo rural. Por consiguiente, al tratar con organizaciones fuera
del Gobierno, los
formuladores de política y los gerentes públicos se encontrarán con el problema
de la "crema", y
a menos que prefieran abandonar los servicios que no sean rentables en términos
competitivos,
esto les creará mayores dificultades para la cabal coordinación y
racionalización de los servicios.
Quede otra preocupación: la gerencia moderna fuera del gobierno
requiere trabajar
con un gran número de ONGs, lo cual a su vez implica resolver toda una serie de
temas críticos,
particularmente en los países más pequeños, los estados insulares o las naciones
menos
desarrolladas. Esto incluye el peligro de dejarse apabullar por ONGs muy
fuertes; las tensiones
que surgen entre la ONG locales y las ONG usualmente más grandes que gozan de
financiamiento internacional, conllevan el riesgo que el propio país se
convierta en campo de
batalla entre ONGs en conflictos o en proyecto piloto para un gran experimento
de alguna ONG.
También debe tomarse en cuenta el aumento en los niveles de ruido cuando las ONG
compiten
por recursos, atención e influencia política. También en estos casos, por
razones obvias, la
dinámica de esta tendencia lleva a un intensificación de la crisis de
coordinación.
Lo tratado hasta ahora se ha referido a las dificultades que se
encuentran en cada una
de las tres esferas de actividad. No obstante, es necesario estudiar también
las áreas en que hay
superposición de las esferas de actividad gerencial. Los vínculos de este tipo
son cuatro:
d. Gestión de la infraestructura gubernamental en una era de
globalización,
descentralización y privatización
Aunque los gobiernos descentralicen, privaticen y utilicen los recursos
globales del
Internet y otras estructuras de apoyo internacionales, sigue habiendo la
necesidad de que los
gerentes mantengan su infraestructura. La lección más importante que dejaron
los esfuerzos
mundiales de reforma administrativa en los años setenta y ochenta fue que no
basta con el solo
proceso. La gobernancia (governance) requiere de instituciones, así como de una
infraestructura
que las apoye y que les permita interactuar con efectividad. Sin embargo, el
esfuerzo por
desmontar el aparato de la administración pública como reacción en contra de la
burocratización
presenta una amenaza a la parte de esta infraestructura que es necesaria. Los
gerentes deben
conocer bien las necesidades y la tarea que implica mantener esa infraestructura
aun cuando
enfrenten tendencia destructivas.
A la vez que existe la necesidad de regularidad, predecibilidad,
control de corrupción
y de legislación son atacados. Esto es así pese a los numerosos llamados por
mayor regulación
en áreas tales como la protección ambiental, asuntos relacionados con la salud y
las condiciones
laborales. Si bien es cierto que ya tenemos más de una década haciendo uso
generalizado de
herramientas regulatorias orientadas al mercado11, lo cierto es que
inclusos esas
herramientas requieren de sistemas básicos de reglas y de cumplimiento obligado.
No funcionan
solas12. Además, hay políticas de nuevo estilo que operan
paralelamente a diseños
regulatorios más tradicionales y no hay motivos para esperar que esta situación
cambie en el
futuro cercano.
De forma similar, han habido en algunos países reclamos legítimos en
contra de la
denominación tradicional de la educación y de la profesión de administración
pública por parte
del derecho y los abogados; algunos han llegado al extremo de culpar al derecho
y los sistemas
legales de la mayor parte de nuestros problemas13. No obstante, ese
tipo de
argumento es peligroso en momentos en que la Asamblea General de la ONU, con el
asesoramiento del Grupo de Experto de la ONU sobre Administración y Finanzas
Públicas, pide
que se hagan esfuerzos por lograr un mayor respeto al orden público y a los
sistemas de justicia.
Una gobernancia (governance) capaz de proporcionar el tipo de legitimidad,
transparencia y
canales de responsabilidad que necesitamos no podrá lograrse en el contexto
moderno, salvo que
exista un fuerte proceso legal independiente y que los gerentes públicos
reconozcan su
importancia. La capacidad de acometer la crisis de coordinación es ciertamente
una de la
razones importantes por las cuales no se debe permitir que los reclamos anti-
derechos socaven e
derecho público.
Otra preocupación relacionada es la demanda a los países para que
construyan
servicios públicos basados en el mérito, compatibles con la evaluación del
desempeño, el
rendimiento de cuentas y el reclutamiento y retención de personal de alta
calidad. Sin embargo,
esta exigencia se le hace a los gerentes públicos en momento en que los sistemas
del servicio
público se encuentran bajo ataque. Es evidente que necesitamos sistemas de
servicio público
más flexibles y ágiles, sistemas capaces de reclutar y retener a los
funcionarios altamente
calificados que requeriremos para administrar el Estado contratante. Es el caso
de muchos
países en desarrollo, el reto se torna aun más complejo debido a que en estos
momentos, esos
mismos sistemas se necesitan para luchar contra la corrupción. Un problema
relacionado es que
a los gerentes públicos se les solicita apoyar al gobierno central para mejorar
la capacidad del
personal, cuando los fondos de entrenamiento y desarrollo están pasando a
satisfacer otras
exigencia, sobre la base de la teoría que ya no hará falta el personal
público14.
Al mismo tiempo que los altos funcionarios se preocupan por coordinar
esfuerzos
para desarrollar y mantener la infraestructura, se ofrecen menos incentivos para
el desarrollo
profesional de los altos ejecutivos. Hay menos tiempo y dinero disponible,
precisamente cuando
se le exige a los más altos niveles gerenciales que jueguen un papel más
complejo. En la
mayoría de los nuevos sistemas gerenciales, la eliminación de niveles ha
terminado con la mayor
parte de lo que se llamaba gerencia media. En lugar de poder contar con estos
grupos, se le pide
a la alta gerencia que interactúe más directamente con el personal de línea en
la solución de
problemas y en la gestión operativa. Eso crea tensiones entre las crecientes
demandas internas
que se ejercen sobre los gerentes de alto nivel paralelas a una mayor presión
para que trabajen en
formas más complejas, frecuentemente con fuerzas externas. Resulta
particularmente peligroso
ignorar las necesidades de estos altos funcionarios, sobre todo si consideramos
que hemos
venido jubilando o despidiendo a los gerentes medios que hubieran sido sus
sucesores.
e. Gerenciando políticas en comunidades bajo tensión por la gobernancia
global: Fuerzas centrífugas y centrípetas
Sin duda es cierto que las tareas extremas de los gerentes públicos, y
sobre todo
aquellos asociados con la coordinación, hoy en día presentan más retos y
revisten más
importancia que nunca. El esfuerzo por efectuar la gestión interna y el
esfuerzo por operar
externamente se llevan a cabo en un mundo en el cual se encuentran cada vez más
fragmentados
los países y las regiones. Se presta más atención a lo que distingue uno de
otro, que a lo que
tienen en común.
En primer lugar, está la tarea de efectuar la gestión en medio del ir y
venir de la
gobernancia (governance) global. Los Estados trabajan sobre la reforma de su
estructura de
gobernancia al mismo tiempo que la comunidad internacional reexamina el papel y
los estilos
operativos de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, los Bancos de Desarrollo
Regional y el
Fondo Monetario Internacional. Los altibajos de la gobernancia global por medio
de
conferencias están también relacionados con esa dinámica. No habiendo un
acuerdo claro sobre
la forma de utilizar las instituciones internacionales para la toma de
decisiones, la última década
presenció el surgimiento de la acción global en foros ad hoc, conferencias
mundiales o cubres
reunidas para tratar problemas tales como los derechos del niño, el ambiente, la
situación y los
derechos de la mujer, el desarrollo social y los problemas de las ciudades. De
Nueva York, El
Cairo, Río de Janeiro, Copenhague, Beijing y Estambul, obtuvimos por lo menos
tres resultados
positivos significativos. La buena nueva es que las conferencias produjeron
ráfagas de energía y
atención que se enfocaron sobre problemas importantes. En muchos países, se
logró mucho
durante las fase previas a las conferencias, por ejemplo, la Conferencia sobre
el Desarrollo y
Beijing. Algunas de las organizaciones que fueron establecidas durante ese
proceso continúan
activas, así como algunas de la coaliciones de ONGs formadas en la fase de
preparación de los
debates de las conferencias.
Otra importante contribución la constituyeron las declaraciones y los
planes de acción
de las conferencias, ya que se ah nutrido unos de otros de manera que hoy
disponemos de varios
acuerdos globales suscritos por más de cien países, en algunos casos casi
doscientos, todos con
principios y compromisos comunes. Acuerdos que sirven de marco de referencia
para ayudar
tanto a los Estados individuales como a la comunidad internacional a resolver la
crisis de
coordinación; tema sobre el que volveremos enseguida.
El aspecto negativo de la gobernancia global por medio de conferencias
es que
habitualmente faltan el seguimiento y la síntesis. Una vez terminadas las
conferencias, suelen
desvanecerse de la pantalla del radar de los principales formuladores de
política.
Recientemente, se ha hablado bien poco acerca del quinto aniversario de la
Cumbre de la Tierra
en Río, aniversario que habría de convertirse en un año de evaluación y
rendimiento de cuentas.
Tampoco se ha mencionado el hecho que se cumplirán diez años del informe de la
Comisión
Brundtland. Es más, en aquellos casos en que se ha seguido atentamente un tema,
suele haber
sido por parte de alguna ONG interesada en su área específica, por ejemplo los
problemas de
género, y no como producto del trabajo de síntesis amplia de los compromisos
comunes
adquiridos en diversos programas de acción emanados de conferencias.
Esa tendencia, a su vez, trae a luz otro aspecto de la crisis de
coordinación: el reto de
forjar y administrar sociedades en un contexto de comunidades políticas,
subsistemas y
coaliciones. La ejecución de teorías de elección pública y otras herramientas
basadas en el
mercado y orientadas al consumidor generalmente estimula la iniciativa política
para la
organización de comunidades de política especializada, lo cual a su vez aumenta
la
fragmentación y agrava la crisis de coordinación. Al Estado le resulta cada vez
más difícil
cumplir con la necesidad de tomar decisiones globales acerca de la política, con
miras a servir el
interés público amplio, después de haber quedado sin las herramientas y los
mecanismo
necesarios para cumplir la tarea. Cada comunidad de políticas se concentra en
un conjunto
específico de asuntos, bien sea la salud, la educación, el comercio, el ambiente
u otro asunto
similar, y tiende a preocuparse muy poco por el impacto de sus exigencias sobre
los demás
aspectos de la gobernancia o del Estado.
f. Gerencia de sociedades: Un cometido prometedor pero volátil
Es en el contexto descrito que se le exige a los Estados seguir
adelante, forjando o
facilitando diversos tipos de sociedades, particularmente asociaciones con el
sector privado y
organizaciones in fines de lucro. Es irónico que se haya prestado relativamente
poca atención a
lo que precisamente se necesita para aceptar el reto de gobernar a través de
sociedades, quizás
porque la discusión ha estado dominada por personas que la promueven con muy
poco interés en
considerar las posibles dificultades que pueden surgir. Con esto no estamos
sugiriendo que no
convenga forjar más sociedades, y más fuertes; lo importante es que e gerente
público no puede
darse el lujo de caer en la retórica unilateral de los promotores de la idea.
Si tomamos en serio el concepto de sociedad, observamos que en el
sector privado las
sociedades existen pero no siempre son la forma más atractiva de empresa. Si
funcionan bien,
sugieren la combinación de recursos en pro de una empresa conjunta basada en un
compromiso
y un riesgo mutuo. No obstante, no todas las relaciones de negocios son
verdaderas sociedades
y un número relativamente bajo de lo que se denomina sociedades
públicas/privadas implican
niveles equivalentes de compromiso o de riesgo. El Estado no es el mismo tipo
de socio que el
empresario común. Es más, ninguna sociedad es más fuerte que su miembro más
débil. Existe
el peligro que el Estado se encuentre asociado con socios débiles o
relativamente irresponsables.
Esta posibilidad es una de las razones por las cuales los empresarios prefieren
entrar en otros
tipos de relación de negocio, en lugar de sociedades.
La operación de docenas o centenares de sociedades limitadas en medio
de fracasos
del mercado, por ejemplo, la presencia de conglomerados, mercados de capital
móviles y la
combinación incorrecta de recursos, representan un reto muy difícil de abordar,
aunque sólo se
le considere desde el punto de vista de la crisis de coordinación. Además, el
hecho que estas
sociedades suelen ser ad hoc hace más abrumadora aun la tarea de coordinación.
La retórica
política no es sustituto para una gestión sólida en la gobernancia a través de
sociedades, pero
hasta el presente eso no ha sucedido.
Existen aún dos preocupaciones que merecen consideración con respecto a
las
sociedades. Primero, la complejidad que implica asumir que las sociedades
constituyan un
conjunto de premisas en un mundo multicultural. La relaciones de trabajo tanto
personales
como institucionales están sujetas de manera especial a las variaciones
culturales. En segundo
lugar, las sociedades pueden resultar una tierra de nadie, un espacio entre el
poder político y los
mercados económicos en el cual no cabe ninguno de los conjuntos de regla ni
precisa ni
consistentemente.
g. La gestión del desarrollo centrado en el ser humano a través de la
coordinación de mezclas desiguales de política y técnicas de gestión
El tratamiento de las sociedades es apenas un aspecto de un tema más
amplio. La
tendencia en la reforma del Estado hasta el presente ha sido concentrarse bien
sea en el diseño
político o en la gestión pública, pero no en ambos. Sin embargo, cualquiera de
los dos fracasará
si no existe una coordinación mutua. La gerencia no funciona si su tarea
consiste en ejecutar
diseños políticos mal coordinados, mal diseñados o insuficientemente
armonizados. De hecho,
si se reconoce que hoy en día la mayoría de los temas críticos no son tratados
por una sola
política sino por mezclas de políticas, que implican herramientas variadas,
entonces es
importante asegurarse no solamente que las políticas individuales estén bien
formuladas, sino
que los diversos tipos de política que se combina puedan funcionar bien juntos.
En
consecuencia, las políticas de desarrollo centrado en el ser humano, que mezclan
iniciativas,
programas de capacitación profesional, servicios directos de socorros sociales y
servicios de
colocación de contratos deben estar diseñadas considerando la necesidad de
coordinación. En la
media que las políticas se diseñan para "orientarse al cliente" y los
ministerios son evaluados en
base a resultados medidos en el punto de servicio (propugnado frecuentemente
como la mejor
práctica contemporánea), entonces la coordinación puede resultar particularmente
difícil. Por
tanto, los programas de evaluación de resultados deben diseñarse para que
funcionen tanto para
el beneficiario del servicio, como también para que puedan ser coordinados e
integrados por los
gerentes públicos.
En último análisis, cuando la campaña en pro de los modelos de mercado
llegue a ser
cuasi-religiosa, tanto la democracia como la gestión pública serán imposibles -
la acción
coordinada puede ser eficiente o no, pero lo importante es mantener la
legitimidad política,
busca el interés público y garantizar la defensa eficaz de los derechos humanos.
Las
definiciones del Estado y el papel que éste juega en adelantar el desarrollo
sustentable centrado
en el ser humano son temas políticos que deben ser resueltos internamente de
conformidad con
la soberanía nacional y el derecho a la autodeterminación, y además,
conjuntamente con otros
participantes de la comunidad global. Estos asuntos son de un alcance mucho más
amplio que
las discusiones sobre el mercado.
3. Causas de la crisis de coordinación
Esta discusión sobre el contexto de la gestión pública y la reforma del
Estado no sólo
describe el entorno dentro del cual los formuladores de política y los
administradores buscan
resolver la crisis de coordinación, sino que también surgiere alguna de sus
causas y posibles
respuestas, incluyendo la poca atención que se ha prestado al marco
internacional del Desarrollo
Social, la falacia política, la complejidad de los presupuestos ensamblados, el
mito del Comité
Coordinador Interministerial y la poca atención a la administración de contratos
como elemento
de la privatización.
La discusión que precede sugiere que uno de los problemas que enfrenta
la gestión
pública es que se está asumiendo que el proceso, particularmente el proceso de
mercado,
orientará las obligaciones y las prácticas futuras de la gobernancia
(governance). Pero es
evidente que esto no será así. Lo que sí es cierto es que existe un cuerpo útil
de entendimientos
comunes, totalmente estudiados durante casi una década de discusión
internacional, lo cual
serviría de punto de partida para la síntesis de los tipos de tarea y de métodos
de gobernancia
que se requieren. Proviene del conjunto de declaraciones y programas de acción
de El Cairo,
Río, Copenhague, Beijing y Estambul. Estos conjuntos de compromisos nos hacen
saber que la
tarea de la gobernancia no se limita a cumplir con las condiciones previas para
el crecimiento
económico global, sino también de establecer las condiciones y las políticas
necesarias para
avanzar hacia el desarrollo sustentable centrado en el ser humano. Estos dos
conjuntos de tareas
de gobernancia no son mutuamente excluyentes, no obstante requieren de la
reconciliación y
coordinación. Eso aún está por suceder.
En segundo lugar, se ha observado una tendencia hacia la falacia
política en las
últimas dos décadas. La falacia política tiene varias premisas, aunque quienes
las comparten
rara vez admiten en público que ellos las apoyan. La primera premisa es que el
problema
primordial de la gobernancia es diseñar una política, La segunda es que si la
política falla,
probablemente se debe a los "juegos de la ejecución", trucos que emplean los
administradores
públicos para evitar la ejecución y el posible éxito de la
política15. La tercera, por lo
tanto, es que la política ideal será aquélla que puede ser diseñada para que
opere sin necesidad
de que la burocracia juegue un papel clave en la ejecución o en la operación.
Por consiguiente,
las políticas basadas en el mercado que se valen de las fuerzas del mercado para
influenciar el
comportamiento son la mejor selección, ya que no dependen de juicio de los
administradores
sino de incentivos y desincentivos del mercado para lograr sus resultados.
Esta visión de la gobernancia presenta varios problemas significativos.
Por supuesto
que es más sencillo, y en términos de gratificación inmediata produce también
más satisfacción
pasar horas y hasta fines de semana sentado en algún lugar agradable diseñando
la forma en que
otros deben vivir, que dedicarse a la difícil y a veces ingrata tarea de
ejecutar una política. El
hecho obvio es que tenemos más diseños políticos que los que pudiéramos jamás
ejecutar. Han
emanado de todos lados, desde las ONG hasta los organismos internacionales,
ninguno de los
cuales es responsable por la ejecución y la operación a largo plazo de ninguna
de las propuestas
políticas.
La verdadera tarea consiste en ejecutar y operar la política. Es
sumamente
importante estudiar la documentación de la ejecución de políticas para aprender
porqué algunas
no produjeron el desempeño esperado, pero con esto no basta.
Desafortunadamente, está bien
justificada la caracterización de gran parte de la literatura de ejecución
política como el producto
de forenses políticos que pueden decirnos de qué murió la política, pero no cómo
ayudarla para
que viva una vida sana.
Es particularmente importante el hecho que las herramientas basadas en
el mercado
no se operan solas. Requieren de ejecución y de operación al igual que otros
tipos de política,
aunque las formas de administración puedan ser algo diferentes de otros diseños.
Es así como
deben establecerse sistemas de autorizaciones, monitorearlos y cuando se
necesario, obligar a su
cumplimiento. Deben fijarse y recabarse los impuestos de uso especial. Los
requerimientos de
"rotulación" deben aclararse en cuanto a forma y contenido y también hacerles
seguimiento
respecto a su exactitud para que sea efectiva la dimensión de selección del
mercado en las
políticas de "rotulación". La decisión de contratar las operaciones de cuidado
diario, actividades
de justicia de menores o entrega directa de servicios sociales de las ONGS
representa un paso,
pero queda toda una serie de tareas administrativas que deben ser otorgadas y
administradas bajo
esos contratos y respecto a los cuales se debe rendir cuentas. El tamaño global
de la fuerza
laboral del gobierno puede declinar en comparación con la entrega directa de
servicios, pero las
tareas administrativas siguen siendo numerosas y complejas.
La falacia política presenta el peligro adicional que cada proceso de
diseño de política
se trata como separado, o sea que ella debe funcionar sola al ponerse en marcha
y no se
considera cómo reconciliar las políticas existentes unas con otras, y menos aun
cómo evaluar de
antemano sus efectos sinérgicos.
Desafortunadamente, la falacia política es una enfermedad generalizada
en el mundo
actual. Es una de las principales fuerzas que causa e intensifica la crisis de
coordinación.
Debemos abordar la noción de falacia política que considera que es posible, de
alguna manera,
resolver los problemas diseñando políticas sin tomar en cuenta las tareas de
gestión pública
asociadas con su ejecución y operación.
Una tercera lección que surge de lo tratado arriba es el hecho que el
auge de los
presupuestos ensamblados ha agravado la crisis de coordinación y ha introducido
toda una serie
de dificultades en la empresa pública. No estamos sugiriendo que deban
abandonarse los
esfuerzos creativos para obtener financiamiento, pero es importante comprender
algunas de las
consecuencias y la dinámica creadas al pasar a los mecanismos múltiples y
discretos de
financiamiento en un amplia gama de ministerios y políticas.
En la medida en que los presupuestos ensamblados se basen en impuestos
al consumo
específicos y en derechos de uso, habrá una gran variedad de cuestiones por
resolver en términos
de la adecuación de los enfoques a los compromisos adquiridos respecto al
desarrollo
sustentable centrado en el ser humano. No se trata solamente del hecho que los
ministerios
tienen mecanismos financieros más fragmentados y menos predecibles, sino que la
selección de
ese tipo de herramienta financiera tendrá consecuencias para la equidad y la
rendición de
cuentas, así como para la eficiencia y la efectividad.
En algunos sentidos se relacionan con los problemas de los presupuestos
ensamblados, las dificultades que surgen de la falta de atención a la gestión
pública y las
consecuencias de la administración de contratos como elemento de la
privatización. Como se
indicó anteriormente, las operaciones contratadas suelen fragmentar la toma de
decisiones y
significan que la gobernancia debe hacerse manteniendo cierta distancia y
valiéndose de medios
que en algunos casos son más complicados en lugar de menos complicados, que
cuando el
gobierno presta directamente los servicios.
Igualmente, es evidente que surgen también cuestiones de coordinación y
rendición
de cuentas porque ahora son el contratista y sus empleados, y no el gobierno y
los empleados
públicos, quienes entran en contacto directo con los ciudadanos. En la mayoría
de los países,
falta mucho por definir exactamente cuáles son las responsabilidades del
gobierno que pasan al
contratista con el contrato. Cuál es el punto en el cual los requerimientos del
debido proceso, de
obligaciones y cuáles son los mecanismo que garantizan la fidelidad hacia las
normas
gubernamentales de responder a la ciudadanía. Estas interrogantes con
frecuencia permanecen
sin respuesta, ya que los promotores se concentran en lo normativo de la
contratación en lugar
de estudiar los asuntos más complejos de cómo manejar el proceso. Es
absolutamente esencial
que se aborden estos asuntos.
Por último, falta por mencionar una dimensión que claramente constituye
una
práctica que coadyuva a la crisis de coordinación. Se trata del mito del Comité
Coordinador
Interministerial (CCI). Durante entrevistas que se llevaron a cabo
recientemente en relación con
un estudio de desarrollo sustentable efectuado en seis naciones, se preguntó a
los entrevistados
cómo se coordinaban todas sus políticas complejas. Invariablemente, la
respuesta de los
entrevistados indicaba que existían comités coordinadores interministeriales
dedicados a tales
problemas. No obstante, en las preguntas de seguimiento se reconocía que dichos
comités
creados como una manera de evitar la crisis de coordinación, pueden incluso
contribuir a ella en
lugar de resolver las dificultades.
Por una parte, tales comités se integran por representantes de varios
ministerios,
siendo un solo de ellos el representante del ministerio que tiene la
responsabilidad primordial de
ejecutar la política o el conjunto de políticas. Por consiguiente, el comité
puede ser un vehículo
para dispersar la autoridad coordinadora, evitando que el ministerio principal
tome acción
expresa sin el consentimiento de los demás ministerios que de hecho pueden estar
compitiendo
por los recursos, el poder o la situación de privilegio. Existe por lo tanto un
incentivo para que
el ministerio rector evite convocar al comité coordinador a menos que sea
necesario, o que no
existan temas embarazosos para la organización que se reunirá, ni que la hagan
vulnerable al
ataque o a la manipulación.
Es evidente que el CCI no será tomado en serio cuando sea presidido por
el primer
ministro u otra persona de alta jerarquía, con poder para obligar la cooperación
y la acción. Por
esta razón, el primer ministro o su designado podrán ser nombrados para
presidir un CCI, pero
el cargo lo aceptarán nominalmente. El aspecto clave es que los comités
coordinadores no
funcionan sino cuando su liderazgo tiene poder o si las organizaciones miembros
tienen
incentivos para hacer que la cooperación sea verdadera. Así, por ejemplo, si se
evaluaran los
organismos de cooperación en parte sobre la base de los resultados de políticas
respecto a las
cuales ellos fueron unidad coordinadora, igual que se les evalúa por sus tareas
primordiales,
entonces los incentivos o desincentivos pueden tornarse tan reales que
consideren seriamente la
crisis de coordinación. En el último análisis, los comités de coordinación
interministeriales
nunca serán más que una parte de un gran conjunto de estrategias para resolver
la crisis de
coordinación.
4. Propuestas para la solución de problemas
Este trabajo habrá cumplido su cometido primario si logra indicar la
naturaleza, el
contexto y las causas de la crisis de la coordinación que afecta a prácticamente
todos los
aspectos de la reforma del Estado y de la administración pública. Sin embargo,
también se
señalan algunos aspectos de la soluciones. Adicionalmente a las sugerencias que
se indican en
la última sección, esto incluiría las mezclas de política diseñadas para mejorar
la coordinación ,
mejorar la rendición de cuentas, reforzar las capacidades para la mejor
coordinación, incentivar
los sistemas presupuestarios y utilizar los círculos continuos de
retroalimentación.
El uso de comisión ad hoc y de otros diseños no asociados con
los ministerios
existentes ofrece la ventaja de la independencia, pero presenta el riesgo de
prestar escasa
atención a la coordinación. Quienes se encuentran afligidos con la falacia
política y consideran
que su tarea primordial consiste en forjar políticas para evitar las
organizaciones
gubernamentales existentes son particularmente susceptibles a cometer este
error. Si el
liderazgo político determina que las políticas deben ser diseñadas por un
tercero externo,
entonces es de suma importancia considerar a cada paso cómo conectar la política
con el
Ministerio que será responsable de ejecutarla. Además es igualmente importante
que las
políticas individuales sean comprendidas en términos de la mezcla de políticas
de la cual forman
parte. En último análisis, casi siempre es preferible que la política sea
generada en el ente que
será responsable de su gestión, entre otras razones debido a que los ministerios
responsables
necesariamente estarán muy conscientes de la relación que existe entre las
nuevas políticas y la
actual mezcla de políticas.
Otro paso importante es que debe tratarse más directamente el tema de
los
mecanismos de rendición de cuentas. Hasta el presente, se ha prestado poca
atención a este
tema en el contexto de los esfuerzos de reforma del Estado. De hecho, algunos
argumentan que
la rendición de cuentas debe entenderse en términos de eficiencia, es decir que
las concepciones
tradicionales de rendición de cuentas basadas en el derecho y en la supervisión
política son
problemas que deben ser eliminados como hechos esenciales de la vida
publica.16
No existe necesariamente ninguna inconsistencia entre las herramientas
de rendición
de cuentas basadas en el desempeño, como por ejemplo la retroalimentaciòn del
cliente o la
evaluación de resultados, y las técnicas legales y políticas más tradicionales.
Por lo menos en
teoría, se puede sostener que en la medida en que éstas últimas sean utilizadas
para reducir la
corrupción y asegurar el tratamiento equitativo de los clientes, debería mejorar
el desempeño.
Incluso, deberían reforzarse mutuamente. No obstante, se ha estudiado poco el
hecho que
pueden existir tensiones entre cierta rendición de cuentas orientada al mercado
y otras formas,
por lo menos tal como se les conceptualiza en la actualidad. Específicamente,
es de importancia
vital hacer una evaluación más directa y en mayor detalle que hasta la fecha, de
la forma que
debería tomar la rendición de cuentas en los países en desarrollo que han estado
bajo régimen
militar o gobiernos autoritarios, o controlados tradicionalmente por un solo
partido, o aquéllos
que poseen sólo las herramientas de rendición de cuentas heredadas de un pasado
colonial y que
ahora ya no son apropiadas para su contexto cultural.
Una interrogante importante que merece ser respondida es cómo forjar
mecanismos
de rendición de cuentas que sean efectivos y no estén atados a herramientas
legales
tradicionales. Ciertamente que una respuesta podría encontrarse en los sistemas
presupuestarios
que realmente recompensan a los ministerios y a los departamentos por su
efectividad, su
capacidad de respuesta y su eficiencia. La idea es permitirle suficiente
flexibilidad a los
ministros y sus altos gerentes para que puedan innovar, pero asegurándose
mediante el uso de
incentivos que las innovaciones no agraven los problemas de coordinación. Una
de las técnicas
que actualmente se estudian con este fin lo constituyen los presupuestos por
metas.
Indudablemente, la facultad de utilizar cualquiera de estos enfoques
asume que existe
la capacidad de gestión pública o que puede ser creada. Sin embargo, pese a que
prácticamente
todos los programas de acción emanados de conferencias internacionales en los
noventa han
señalado a la creación de capacidad como un compromiso clave, falta mucho por
hacer. No
resultó alguna sorpresa que los funcionarios a nivel ministerial de cincuenta
naciones, reunidos
en la Conferencia de Estocolmo el otoño pasado identificaran a la creación de
capacidad como
uno de los principales problemas que enfrentan para la ejecución de los
principios de
Copenhague.
Aparte del esfuerzo por cumplir con las obligaciones adquiridas
anteriormente
respecto a la creación de capacidad, es de importancia critica enfrentarse a las
nuevas
necesidades en cuanto a destrezas que requerirá el Estado contratante. NO
podemos
concentrarnos sólo en crear capacidad administrativa tradicional cuando se están
necesitando
con tanta urgencia nuevos tipos de destrezas y conocimientos tales como la
administración
contractual. NO hay razón por la cual a quienes deseen entrar en negocios con
el gobierno no se
les pueda solicitar que contribuyan a este esfuerzo de crear capacidad, por
ejemplo, mediante el
pago de derechos o impuestos moderados pagaderos por todos los ofertantes de
cierta
envergadura en licitaciones públicas. Igualmente, es evidente que los gerentes
públicos deben
estudiar cuidadosamente cómo retener a los administradores contractuales
entrenados, por
ejemplo mediante compromisos regionales o multiorganizacionales, garantizando
sueldos o
beneficios adecuados.
El esfuerzo por resolver la crisis de coordinación requerirá el uso de
círculos
continuos de retroalimentación. No basta sólo con diseñar políticas al inicio y
esperar que
puedan ser efectivamente coordinadas. En una era en la que expresamente
utilizamos una
variedad de técnicas de gobernancia que conducen a un agravamiento de la crisis
de
coordinación, es esencial que la coordinación se convierta en una de las
principales funciones de
los gerentes públicos. Estos deben estar dotados de las herramientas y los
recursos necesarios
para lograrlo, y ello no será posible al menos que sea considerado un proceso
continuo.
5. En busca de una música poderosa
Para concluir, vuelvo a la metáfora de la música. Seamos claros. Lo
importante no
es que podamos o debamos esperar que la política o la dinámica gerencial del
mundo
contemporáneo suene a Mozart. Esto sugeriría un modelo europeo de política y
una orientación
gentil, de clase media, que presentaría una melodía u orquestación nada
agradable para la mayor
parte del mundo. Es posible que tengamos que tocar y adaptar a la orquesta un
conjunto de
ritmos latinos, melodías melancólicas de la India, golpes africanos y alegre
instrumentación
asiática. Pudiera resultar que los clásicos sí tienen algo que ofrecernos que
ayudaría a enfrentar
nuestro estado de ánimo actual y nuestros estilos de vida, pero igualmente
pudiéramos
seleccionar un programa que al final consistirá en toda una gama de
composiciones y arreglos.
Aun así, lo que deseamos es una música capaz de enriquecer y apoyar el
desarrollo sustentable
centrado en el ser humano, objetivo que ya ha sido establecido por la comunidad
mundial.
(*)También está disponible una versión en Inglés.
(**) MPA Program, Department of Political Science, Bldg 75 University
Heights, University of Vermont Burlington, Vermont 05405, Estados Unidos .
(1)United Nations, Agenda 21 The United Nations Programme of Action
Rio(New York: United Nations 1992).
(2)World Commission on Environment and Development, Our Common Future
(New York: Oxford, 1978).
(3)Véase e.g., World Summit form Social Development.The Copenhagen
Declaration
and Programme of Action (New York: United Nations, 1995)
(4) El primero fue un estudio de doce países publicado el año pasado por
Phillip J. Cooper y
Claudia María Vargas, Implementing Sustainable Development (New York:
United
Nations, 1995) y el otro es un estudio en curso de seis naciones de Asia y la
franja del Pacífico.
(5)Para las investigaciones sobre estas tendencias ver B. Guy Peters and
Donald Savoie,
edis., Governance in a Changing Environment. (Montreal : McGill/Queens
University
Press, 1995); James Perry, de., The Handbook of Public Administration.,
Second
Edition (San Francisco: Jossey- Bass, 1996).
(6)Hugh Heclo, A Government of Strangers (Wash., Brookings
Institution,
1982).
(7)Eugene Bardach, The Implementation Game (Cambridge, MIT Press,
1974).
(8)Véase el ensayo de Michael Sinera en la Fundación Heritage, Foundation
for
Leadership II (Wash., D.C. Heritage Foundation, 1985)
(9)He abordado este punto en "Accountability and Administrative Reform:
Toward
Convergence and Beyond" en B. Guy Peters and Donald Savoie. Op. cit.
(10)Véase Patricia Ingraham, "Quality Management in Public Organizations:
Prospects
and dilemmas", en Peters and Savoie, op.cit.
(11)Véase OECD Economic Instruments for Environmental Protection
(Paris:
OECD, 1989)
(12)He abordado este problema con mayor amplitud en "Toward the Hybrid State:
The
Case of Environmental Management in a Deregulated and Reengineered State".
International Review of Adminstrative Sciences (Summer 1995)
(13)Véase Osborne, David y Ted Gaebler, Reinventing Government (New
York: Peguin, 1992)
(14)Para las discusiones sobre este fenómeno véase Patricia W. Ingraham,
Barbara
Romzek, y Asociados, New Paradigms for Government (San Francisco: Jossey-
Bass,
1994) y Jamens Perry, op.cit
(15)Véase Eugene Bardach, op.cit.
(16)Véase Osborne y Gaebler, op.cit.