Fecha/Date: 07/01/97
REPLANTEAR LA AGENDA
La situación social de América Latina es motivo
actualmente de profunda preocupación. Los datos disponibles
testimonian agudos déficits en incremento en áreas claves para la
vida cotidiana de la mayoría de la población. Recientemente
advirtió al respecto Shadid Javed Burki, Vicepresidente del Banco
Mundial para América Latina: “América Latina es notable como
región en la que la pobreza, particularmente la pobreza absoluta,
parece no registrar mejora alguna? La proporción de personas en
la pobreza absoluta en la región se incrementó entre 1987 y
1993”. 1
En el mismo sentido ha indicado Gert Rosenthal,
Secretario General de la CEPAL, que la pobreza en América Latina
creció en comparación con las décadas comprendidas entre los años
1950 y 1980. 2
El aumento de la magnitud y profundidad de los procesos
de pauperización en la región, requiere un replanteo de fondos de
los abordajes con que normalmente se ha analizado su evolución
social . Hay demasiados vacíos a los que ellos no contestan, y
surgen numerosos interrogantes sin respuesta clara.
Ese replanteo es imprescindible para llegar a nuevas
propuestas portadoras de innovación sustantiva en esta materia
crucial.
Los resultados limitados de muchas de las políticas hasta
ahora aplicadas están indicando insuficiencias severas en los
marcos conceptuales en los que se apoyan.
Este es un terreno dónde, como ha sugerido Carlos
Fuentes, es imprescindible “pasar del cambio imaginado, a la
imaginación del cambio”. 3
Urgen abordajes que arrancando de análisis rigurosos de
las causas del deterioro, lleguen a alternativas de acción
efectivamente imaginativas.
Una de las dimensiones más marginadas en la discusión
sobre el tema, es el del rol que puede jugar la cultura, en toda
propuesta relevante de cambio. Las vinculaciones entre los
procesos de implementación de políticas y programas sociales, y
las condiciones y potencialidades culturales de las comunidades
han sido muy limitadamente exploradas.
La cultura no aparece con frecuencia como un tema de la
agenda de cambio en el que es posible apoyarse sino como una
restricción u obstáculo externo que dificulta la aplicación de
las políticas diseñadas.
Replantear la agenda supone, como una de las dimensiones
a agregar a la misma, reintegrar el tema de la cultura en su
plenitud.
Este trabajo se propone llamar la atención sobre la
necesidad de abrir y explorar sistemáticamente las vinculaciones
situación social /respuesta posibles /marcos culturales. Su
objetivo se halla autolimitado a presentar el tema para invitar a
su indagación detallada. Para ello se recorrerán tres momentos
de análisis sucesivos. En primer lugar se trazará un perfil
sumario de la situación social de la región. En segundo lugar se
identificarán ciertos mitos y estructuras de razonamiento
fuertemente anclados en las percepciones de grupos sociales de
alta influencia que actúan como mitos “bloqueadores” en la
superación de los problemas. En tercer término, se señalarán
algunas líneas de trabajo sobre posibles aportes desde lo
cultural a la problemática social.
TENDENCIAS EN EL CAMPO SOCIAL
El análisis de la evolución de la situación social
latinoamericana permite observar la presencia de ciertas
tendencias de carácter inquietante, que por su vigor y
persistencia, parecen sólidamente asentadas en aspectos
estructurales de la realidad.
La Cumbre Presidencial de Miami llamó la atención sobre
que “casi la mitad de la población del Hemisferio vive en la
pobreza”. 4 Un informe cercano, producido por una Comisión de
notables
presidida por Patricio Aylwin y patrocinada por el BID, CEPAL Y EL PNUD, indica
luego de
puntualizar diversos déficits sociales de consideración, que: “Los hechos
descritos precedentemente
que afligen, en mayor o menor medida, a casi la mitad de los habitantes de
América Latina y el
Caribe - pobreza, falta de trabajo, marginación social- constituyen un escándalo
desde el punto de
vista moral, son un obstáculo o freno al desarrollo e importan una peligrosa
amenaza a la paz social
y a la estabilidad política de nuestras naciones”. 5En base a estas y
otras fuentes
internacionales, es posible identificar ciertas tendencias de desarrollo en la
región, entre las cuales se
hallan las que se indican sumariamente a continuación.
Crecimiento absoluto y relativo de la pobreza
Las estimaciones disponibles indican un aumento del porcentaje de
familias de la región
ubicadas por debajo de la línea de pobreza. Así las mediciones de la CEPAL ,
señalan que en 1980
dicho porcentaje era del 41.09% en 1986 habría ascendido al 43,5% y en 1990 se
ubicaba en el
47%.
En una población con fuerte crecimiento demográfico, ello significa
junto al aumento de
la pobreza relativa, un incremento considerable en las dimensiones absolutas de
la pobreza. El
número de pobres habría aumentado en 60 millones de 1980 a 1990.
Degradación de la “calidad” de la pobreza
Las fuentes disponibles tienden a señalar que aumenta el segmento de la
pobreza que
ingresa en la clasificación de “pobreza extrema”. Se incluye en dicha categoría
a las familias que si
gastaran todo el ingreso que reciben exclusivamente en comprar alimentos,
hipótesis irreal dado la
imprescindibilidad de otros consumos, igual no les alcanzaría para adquirir el
mínimo de proteínas y
calorías necesarias. Ese grupo de población ha aumentado su proporción en el
total ubicado por
debajo de la línea de la pobreza. Tiene agua expresión física en el crecimiento
de las áreas
marginales en los principales centros urbanos de la región.
El carácter discriminatorio de la pobreza hacia los niños.
Las tendencias en curso han llevado a una acentuación de la pobreza en
el sector más
débil de la población, los niños. Según resaltó recientemente Carol Bellamy,
Directora Ejecutiva de
UNICEF, de un total de 237 millones de niños menores de 16 años, 118 millones
son pobres. La
tercera parte de ellos se halla en la indigencia. 600.000 niños perecen
anualmente por causas que
podrían evitarse. Bellamy sintetiza la situación destacando que : “los niños
llevan la peor parte de la
pobreza y del extremo desequilibrio en la distribución de la riqueza que existe
en casi todo el
hemisferio”. 6
Estas realidades discriminatorias se expresan en múltiples planos. La
OIT ha llamado a
alarma por el aumento acelerado de la mano de obra infantil en el área. Ha
estimado que en 1990
existía en ella 20 millones de niños trabajadores menos de 14 años. Esa
situación contravenía las
legislaciones y compromisos internacionales vigentes, los dejaba fuera del
sistema escolar o los
inducía a la deserción, y los sometía a condiciones de vida deteriorantes. Por
otra parte ha
aumentado continuamente la población de niños en situación de riesgo, que viven
en las calles de
grandes ciudades de América Latina, en medio de cuadros de vida lóbregos, y
peligrosos. Al
mismo tiempo resultan preocupante los indicadores de desnutrición. La UNICEF
plantea que es
necesario rescatar de la desnutrición a unos 6 millones de niños. Una expresión
de la regresividad
de los procesos en marcha en ese plano es que a pesar de los avances médicos,
los especialistas en
nutrición han identificado en algunos países y áreas, una reducción de los pesos
y tallas de los niños
al nacer.
La “feminización de la pobreza”
Otro sector de población particularmente afectado por los déficits
sociales es el de las
mujeres humildes. Ha crecido fuertemente en la región el número de hogares de
recursos limitados
con un solo cónyuge, la mujer, al frente del mismo. En la casi totalidad de los
países, los hogares
con jefatura femenina superaran al 20% del total de hogares, y se observa un
ascenso significativo
en este indicador. En los hogares modestos eso implica condiciones de vida
mucho más duras que
la mujer. Debe al mismo tiempo que trabajar intensamente, desarrollar las
tareas del hogar, y llevar
sobre sí el peso de los dos roles básicos del marco familiar. Por otra parte,
su trabajo se lleva a cabo
normalmente en condiciones de discriminación salarial y ocupacional, y bajo el
peso de fuertes
estereotipos y prejuicios adversos. Los hogares a cargo de una mujer, tienden
según los estudios
existentes a presentar índices de pobreza relativa mayores.
La mujer rural, asimismo, registra agudamente el impacto de la pobreza,
A las
condiciones sociales desfavorables, se suman marcadas discriminaciones
culturales, y se produce
entre otros aspectos una intensa exclusión del sistema educativo. Es
restringida o dificultada su
asistencia a la escuela. En amplias zonas las tasas de analfabetismo de las
mujeres campesinas en
amplias zonas superan ampliamente a las tasas promedio, y a las masculinas.
Empleo e ingresos
Según indican numerosos análisis, las condiciones básicas de empleo e
ingresos de
buena parte de la población de la región han experimentado severas dificultades
en los últimos 15
años. Entre los principales procesos en curso se observan los que siguen:
Entre 1980 y 1992 disminuyó constantemente el empleo en el sector
moderno. Entre
otros testimonios coincidentes al respecto, destaca Oscar Altimir que si bien ha
crecido la
productividad en empresas medianas y grandes en los últimos años, el empleo en
ese segmento
se ha reducido en más del 3% anual. 7
Se ha degradado seriamente la calidad de los empleos. Según las
estimaciones de
Víctor E. Tokman 8 de cada 10 empleos creados desde 1980 fueron generados en el
sector
informal.
En este marco de dificultades laborales serias, los ingresos de
los
asalariados y de los
informales han tendido a reducirse marcadamente. Los salarios mínimos reales
descendieron de
un índice de 100 en 1980, a 70,1 en 1995. En la década de 1980 al 90, los
asalariados de las
empresas medianas y grandes perdieron el 7% del valor real de su salario, los
que trabajan en
empresas pequeñas y el sector público el 30% de su salario real. El ingreso de
los informales se
redujo en esa década en un 42%.
En el caso de quienes han mantenido sus trabajo se observa según
indica Alfredo
Costa Filho debilitamos en sus condiciones labores como: “corte de horas extras,
reducción de
beneficios asociados a adiestramiento, maternidad/paternidad, vacaciones,
fomento de la
dimisión voluntaria, baja de contribuciones sociales del empleador, regímenes de
media jornada,
etc”. 9
Además de incrementarse las tasas de desocupación ha subido el
período promedio
de duración de la misma.
Un caso elocuente ilustrativo de otros es el de los servidores
públicos. Su peso en la
mano de obra total no agrícola, con mucha frecuencia sobrestimado era en 1980 de
15,7%. Pasó
en 1995 a representar el 13,6%. Pero además de la pérdida de puestos de trabajo
el deterioro en
los niveles salario reales mínimos y promedio fue de tal significación, que se
ha estimado que
actualmente cerca del 20% de los empleados públicos integran hogares ubicados
por debajo de
la línea de la pobreza. 10
Los procesos señalados conforman un cuadro donde una buena parte de la
población
supuestamente ocupada integra un “circuito informal” caracterizado por
ocupaciones inestables,
baja productividad, imposibilidad de absorber tecnología avanzada, bajo
ingresos. Se hallan
inmersos en una “precarización” que a su vez transmiten a la generación
siguiente.
Las perspectivas que se ofrecen a amplios sectores de las nuevas
generaciones oscilan
entre la “precarización” señalada y la desocupación abierta. Las tasas de
desocupación juvenil
abierta han crecido fuertemente en toda la región y tienden a sobrepasar el 20%.
La irrupción de los “nuevos pobres”
Junto a la pobreza conformada históricamente en la región, y a los
denominados “pobres
estructurales” aparecen hoy contingentes crecientes de sectores de las clases
medias en “picada” que
se caracterizan con la categoría de “nuevos pobres”.
Se trata de grupos sociales que por la estabilidad de su ocupación, el
prestigio de la
misma , los ingresos que reportaban, sus acumulaciones previas en campos como a
educación, la
cultura, y la misma vivienda formaban parte de la clase media, y ahora están
experimentando serias
crisis en todos esos planos.
Entre ellos se hallan funcionarios públicos como entre otras maestras,
enfermas,
empleados de línea, cuyos ingresos han pedido buena parte de su valor
adquisitivo, pequeños
comerciantes e industriales, que están marcando récords de quiebras y
convocatorias, empleados
administrativos de empresas de diversa índole también con ingresos reales en
baja, jubilados cuyos
haberes se han visto mermados seriamente en términos de capacidad de compra
efectiva, buena
parte de profesiones liberales antes “ pasaje” a la clase media y ahora con
graves dificultades
ocupaciones .
Diversos indicadores directos e indirectos dan cuenta del crecimiento
de este grupo
social. Entre ellos, Alberto Minujín estima que en el caso argentino
significaban en 1990 el 18,4%
de la población cuando en 1974 casi no tenían existencia estadística.
11 Recientemente
este amplio sector social llevó a cabo una “huelga de deudores bancarios” en
México frente a la
imposibilidad de afrontar préstamos contraídos ante los desequilibrios de empleo
e ingresos que se
presentaron en sus realidades. Se ha estimado que medida con criterios
estrictos 30% de la cartera
de créditos de los bancos mexicanos tiene más de tres meses de atraso.
12
En Venezuela se calcula que la clase media se redujo en un tercio en
los últimos 25
años. 13
Los “nuevos pobres” tienen rasgos sociológicos muy particulares. Ante todo
no se reconocen
como un sector social especifico. Mantienen los valores propios de la clase
media. Tratan a veces
de “esconder” su nueva pobreza, que no es coherente con dichos valores. Han
debido en muchos
casos trasladarse de la escuela privada que no pueden pagar a la pública, y de
la salud privada a los
servicios generales. Sienten un profundo “desarraigo social” ante esta crisis
producida en un
período de tiempo rápido, cuyos orígenes no pueden explicarse con facilidad y
que tienden con
frecuencia a atribuir a errores personales de ellos mismos.
El debilitamiento de la unidad familiar
Se está produciendo en el marco de situaciones descriptas un serio
deterioro en las bases
de la institución “fortaleza” de cualquier tejido social, la unidad familiar.
La familia de acuerdo a
evidencias múltiples tiene roles insustituibles para la “salud” de la sociedad.
Su papel de formadora
de valores, de los niños, de protección a su maduración efectiva, de cuidado
directo de su desarrollo
sano, de ayuda y sostén del proceso educativo de la escuela, de marco de
pertenencia básico, y otros
roles de una lista muy amplia y abierta, la convierten en célula esencial de
tejido social. Por
ejemplo, como se señala hoy con frecuencia en economía, no hay ningún sistema de
protección
social que supere su eficiencia, ni produzca una relación imput/output mayor.
En la región hay un serio proceso de debilitamiento de la familia
particularmente agudo
en los sectores pobres, fuertemente influido por las circunstancia antes
caracterizadas. El ascenso
antes señalado de los hogares humildes en los que queda sola al frente de los
mismos la mujer, es
indicativo de este proceso. Su otra cara, es la “deserción” del hogar de los
maridos. Este último
sector ha sido limitadamente estudiado. ¿Por qué se produce el “abandono”, qué
razones de fondo
determinan una tendencia consistente de esta magnitud? En un trabajo pionero
Rubén Katzman
construye un relevante cuadro de hipótesis. 14 Sintéticamente, se
plantea que el jefe
de hogar pobre siente en primer lugar que no puede cumplir un rol fundamental
que se espera de él:
proveer buena parte de los ingresos del hogar. La precarización, y la
desocupación combinadas le
dejan limitado margen al respecto. Al mismo tiempo la presencia de los medios
masivos en cada
rincón de la sociedad, “excita” a las familias de todas las condiciones a
aspirar como pautas de
consumo, a los que exhiben los medios, típicas de la clase media. Esa presión
se desata también en
las familias humildes. El jefe de hogar se encuentra sin ocupación estable ante
expectativas
crecidas. Como consecuencia, siente que pierde diariamente “legitimidad” en su
papel. Asimismo
que uno de sus roles principales el de servir de “modelo de referencia” a sus
hijos está cuestionado
casi totalmente. Su imagen se devalúa ante su entorno familiar, y ante él
mismo. Entra en situación
“cuasianómica ”, y percibe las dos posibilidades clásicas en casos de stress
hipertenso. El parece
tener fuertes raíces en este “círculo sin salida”.
El deterioro de la familia va a repercutir sobre el desarrollo del niño
en múltiples planos
desde el directamente biológico, hasta el intelectual, afectivo y moral.
Inducirá como lo demuestran
diversos estudios al respecto, entre otras consecuencias un menor rendimiento
escolar, o impulsará
hacia un abandono rápido de la escuela.
El ascenso de la violencia
La sociedades latinoamericanas enfrentan actualmente un serio problema
de ascenso de
los índices de criminalidad y del clima de inseguridad. Estudiando
rigurosamente el problema Luis
C. Ratinoff indica que se considera que un escenario de incidencia del delito
moderado controlable
con estrategias normales es del 0.5 a 5 homicidios violentos anuales por cada
100.000 habitantes.
De 6 a 8 por 100.000 se ingresaría en un escenario donde las estrategias
convencionales tendrían
aplicación limitada. Por arriba de ese umbral en la conversión de la violencia
en un “fenómeno
epidémico”, con subculturas que la practican a su interior, y gravísemos daños
sociales. La tasa
latinoamericana ha venido creciendo y se ubica actualmente en un 20 por 100.000.
15
Los costos sociales, económicos y existenciales, de este nivel de
delito son altísimos.
Por otra parte, de acuerdo a los datos existentes, la delincuencia tiende a
concentrarse en edades
cada vez más jóvenes. Las causas de su aumento son complejas, y están en
exploración.
Claramente guardan relación con muchos de los procesos antes mencionados. Entre
ellas, destaca
como el último cuadro reseñado, el debilitamiento de la familia, puede estar
privando a la sociedad
de la principal fuente de regulación del comportamiento con que cuenta. La
“anomia familiar”
dificulta la transmisión a las nuevas generaciones de valores esenciales para
trazar fronteras, y
prevenir conductas delictivas.
El conjunto de déficits de diverso orden referenciados funcionan
interrelacionadamente
generando un “círculo perverso de exclusión”. Se van dando hacia el interior de
la sociedad
“profecías que se autorrealizan”. El circuito de carencias nutricionales,
crisis familiar, deserción
educativa, conduce a imposibilidad de competir en el mercado laboral, y al
desempleo y a la
precarización, que se transmiten hacia las generaciones siguientes. Los
“excluidos”, que de acuerdo
a las estimaciones no son una minoría sino casi la mitad de la población, no
forman parte de la
fuerza de trabajo regular, y tienen una participación errática como consumidores
en el mercado.
El Informe Aylwin retrata así la situación. “La pobreza genera
marginalidad y esta
alimenta la pobreza. En realidad los pobres no participan en la vida económica,
ni en la social, ni en
la política. Están excluidos del mercado y su presencia política o su
influencia social se mantiene en
el plano formal antes que en real? En realidad al excluir a los pobres de la
economía y de la
sociedad se les niega el derecho de luchar para liberarse de su pobreza”.
16
ACERCA DE MITOS Y ESTRUCTURAS DE RAZONAMIENTO
“BLOQUEADORAS”
Los agudos problemas sociales que se presentan en la región, son
totalmente
contradictorios con su elevado potencial natural de recursos económicos. Se
trata de una zona
dotada de enormes posibilidades en campos que van desde los minerales
estratégicos, hasta fuentes
de energía de toda índole, y excelentes condiciones agropecuarias.
Es necesario buscar las explicaciones en la historia socioeconómica de
América Latina,
en su modo de inserción en la economía internacional, en los errores cometidos
en la elaboración de
políticas, y otros campos conexos. En cualquier análisis será útil ver el papel
activo que en la
dificultad de concebir e impulsar soluciones renovadoras han tenido ciertos
mitos y estructuras de
razonamiento fuertemente influyentes, que “bloquean” los caminos hacia su
encuentro.
Trataremos a continuación de poner a foco esquemáticamente algunos de
ellos.
La teoría del derrame
Se ha ofrecido con frecuencia a las sociedades la visión de que el
esfuerzo debía
centrarse en ciertas metas macroeconómicas que automáticamente conducirían a la
solución del
conjunto de problemas sociales en etapas posteriores. La realidad indica la
imprescindibilidad de
que los países crezcan a fuertes tasas, obtengan equilibrios macroeconómicos,
aseguren la
estabilidad, y mejoren su competividad. Sin embargo, la suposición de que por
sí el crecimiento se
“derramaría” hacia el conjunto de la población, y que se trata en definitiva de
un problema de
“tiempo y paciencia histórica”, se ha demostrado infundada. El análisis hecho
por el sistema de
Naciones Unidas en sus Informes de Desarrollo Humano sobre la experiencia de 130
países en las
últimas décadas indica que las interrelaciones entre desarrollo económico y
desarrollo social son
mucho más complejas que la versión sugerida desde la teoría del derrame. Las
hipótesis centrales
de la misma no han funcionado virtualmente en ningún caso. Si no median
interconexiones activas
y sistemáticas entre lo económico y lo social esta ultima área permanecerá sin
soluciones. Los
países que han logrado resultados en ambos campos se han caracterizado por
superar la visión
simplista del derrame, y avanzar hacia una activa política “socioeconómica”.
La perspectiva reduccionista del desarrollo
¿Cuáles son las “palancas” del desarrollo? En la región se ha tendido
a poner el acento
en la acumulación de capital, como un eje central del mismo, y en la
postergación de otras formas
de gasto o inversión para privilegiar dicha acumulación. Sin embargo el
desarrollo se ha
demostrado como un proceso mucho más multifacético en la experiencia histórica
reciente. El
Banco Mundial distingue actualmente cuatro formas de capital. Se hallan los
activos naturales
recursos con que un país cuenta como dotación natural. Otra forma son los
activos construidos
creados por la labor de dicha sociedad que incluyen, entre otras dimensiones,
los activos fijos, las
infraestructuras, el capital financiero, el capital comercial. Pero junto a
ellos hay otras dos formas
de capital, el capital humano conformado por la calidad de la población, en
aspectos claves como
nutrición, salud y educación, y el capital social. Esta última categoría hace
referencia a que toda
sociedad tiene determinado acervo en términos de valores, cultura, grado de
inteligencia de sus
instituciones. Debería agregarse a ello aspectos intangibles pero de gran peso
como el “stock de
cooperación” con que cuenta una sociedad a su interior, y la capacidad de
generar permanentemente
redes que entrelacen los esfuerzos de sus actores en relación a metas de interés
colectivo. Asimismo
su “pluralismo organizacional”, es decir la existencia de múltiples formas de
organización que le
den la mayor flexibilidad posible para contestar a diferentes desafíos. En las
visiones de desarrollo
de fines de este milenio, se está revalorizando el peso de estas dos últimas
formas de capital.
Recursos humanos, y capital social parecen dos palancas formidables del
desarrollo. La experiencia
de las sociedades que han invertido sistemática y consistentemente en recursos
humanos y en
algunos casos en formas del capital social y ahora están obteniendo resultados
totalmente
diferenciales respecto a otras en términos de progreso tecnológico y
competitividad así lo indica.
Entre ellas, con heterogeneidad de situaciones se hallan países que han logrado
simultáneamente
buenas metas de progreso económico y desarrollo social, como Canadá, los países
nórdicos,
Holanda y Bélgica, Japón, los tigres asiáticos, Israel.
No solamente el crecimiento económico de por sí no soluciona los
problemas sociales,
sino en la nueva visión en expansión, la falta de inversión social impide el
crecimiento económico
sostenido. Indica al respecto James Wolfensohn, Presidente del Banco Mundial:
“Sin desarrollo
social paralelo no habrá desarrollo económico satisfactorio”. 17
Amartya Senn,
prominente autoridad en el tema social, plantea en un reciente trabajo que ha
habido al respecto
errores de fondo en la concepción que denomina de “sangre, sudor y lágrimas” que
se
“sobrevendió” al mundo en desarrollo. Desde esta concepción tan difundida en
América Latina se
reclaman enormes sacrificios en lo social al servicio de un futuro supuesto de
prosperidad
expansiva. Pero señala el catedrático de Harvard, la realidad indica que hay
profundas
interdependencias entre el desarrollo humano, y la expansión de las capacidades
productivas. El
crecimiento y la productividad están ligados a las inversiones en nutrición,
salud, educación, y
rubros semejantes. Por ende los sacrificios referidos pueden minar las bases de
un crecimiento
sostenido. 18
El relegamiento del tema de la inequidad
Estructuras de razonamiento de fuerte peso en la región han relegado de
la agenda de
discusión el tema de la inequidad. En algunos casos considerándolo marginal a
los grandes debates
sobre las líneas del desarrollo. En otros, sugiriendo que en definitiva un
fuerte grado de inequidad
formaría parte del “Sangre, sudor y lágrimas” necesario para que se produjera la
acumulación de
capital planteada.
La experiencia de los “países exitosos” ha seguido un camino casi
opuesto. Han tendido
a ubicar el problema en el centro de la agenda, y a desarrollar políticas
consistentes de
mejoramiento de los niveles de equidad. Los resultados diferenciales en uno y
otro caso son muy
indicativos. Un riguroso trabajo econométrico de Bridsall, Ross y Sabot, “La
desigualdad como
restricción al crecimiento en América Latina” 19 explora la
evolución de los
indicadores de inequidad en América Latina y el Sudeste Asiático en las últimas
cuadro décadas.
Mientras que en la primera región la inequidad ha seguido pronunciándose, hasta
convertirse hoy
según estimaciones en la región más desigual del mundo, en el Sudeste Asiático
ha habido esfuerzos
sistemáticos por mejorarla. En tanto la polarización entre 20% de población,
ubicada en los
estratos superiores, y el 20% más bajo, se redujo a 4,2 a 1 en Taiwan a 8 a 1 en
Corea, y es de 4 a 1
en Noruega, creció a27 a 1 en Brasil, a 26 a 1 en México, y ascendió en toda
América Latina. La
inequidad se pago caro, además de socialmente en términos de eficiencia
macroeconómica. El
mejoramiento de la equidad, a través de diversas reformas entre otros aspectos
de educación de
buena calidad generalizada, fue base en el progreso del Sudeste Asiático.
Asimismo fue obstáculo
grave en América Latina. Entre otros aspectos según indican los autores la baja
desigualdad
estimula el crecimiento por las siguientes vías:
El gasto social: ¿gasto o inversión?
Varias mitos fuertemente arraigados en el medio latinoamericano
caracterizan la
realización de programas en el campo social como un “gasto”, le asocian
características de
“concesión” a “presiones clientelares”, o “compensación” para atenuar impactos,
y finalmente
adjudican una especie de “ineficiencia congénita” a su gestión. Se trataría por
tanto de un gasto casi
improductivo, necesariamente destinado a la ineficiencia, y que estaría en
consecuencia distrayendo
recursos de usos más útiles para el economía.
Funcionando en el marco de parámetros culturales de ese tipo, el gasto
social pierde
credibilidad y los programas respectivos, serían en definitiva “ilegítimos”.
A nivel internacional, la mitología ha sido totalmente superada, y las
preocupaciones
son otras. Se señala continuamente por ejemplo que una de las inversiones más
rentables en el
mundo hoy es dedicar recursos a la educación de las niñas jóvenes, porque
aumentar su capital
cognoscitivo va a incidir fuertemente en sus pautas de fertilidad, y en sus
capacidades para manejar
etapas cruciales como el preparto, el parto mismo, y la lactancia. El Banco
Mundial señala que tres
años más de escolaridad de las madres pueden reducir la mortalidad infantil en
un 15 por mil.
Asimismo se demuestra que un campesino con educación primaria completa tiene una
pruductividad superior en un 70% al que no la ha completado. Las ideas que se
manejan son que
los social es una inversión no un gasto. Que es una prioridad y no sólo para el
sector público sino
para toda la sociedad. Que todos los actores sociales en conjunto deben sumar
esfuerzos para
invertir recursos adecuados en la materia. La preocupación es mejorar
crecientemente la calidad de
esa inversión, y aprender de programas sociales gerenciados con excelencia las
claves de sus éxitos.
Nancy Bridsall sostiene al respecto: “Los programas en educación y salud pueden
parecer
consumos pero en realidad buenos programas son inversiones en las capacidades,
productividad, y
futuros ingresos de la gente”. 20
La mitología circulante en la región al respecto dificulta seriamente
concentrar esfuerzos
en mejorar la calidad de la gerencia social, que debería ser el tema, y los
desvía hacia la negación y
descalificación del gasto social.
La reducción continua del gasto social que se ha producido en la
región, con frecuencia
“racionalizada” por esa ideología, ha incidido en deterioros severos en áreas
donde por las
dificultades económicas la demanda de la población crecía. Así se estima que
con excepción de la
seguridad social, el gasto real per capita bajó en América Latina entre 1980 y
1990 en todos los
rubros. Con índice de 100 en 1980, era en 1990 en educación 83.7, en salud
94.8, en vivienda 66.6
en otros servicios (subsidios, agua, gastos regionales, etc.), 67.2.
21
La cultura, un área ajena al desarrollo
Los mitos circulantes dan todavía un lugar aún más secundario que el
gasto social
tradicional, a las asignaciones a cultura. Habría una especie de desvinculación
cuasitotal entre
cultura y desarrollo. Se trataría de un campo ajeno a los esfuerzos por mejorar
la economía, e
incluso a la política social. Un área que por ende, no tendría por qué figurar
en la agenda mayor de
los temas del desarrollo, y sería relegable para otra etapa cuando se hubieran
cubierto ampliamente
las metas trazadas. Estos mitos, que no logran captar los roles claves que
juega de hecho la cultura,
en los esfuerzos por el desarrollo, llevan mecánicamente a su marginación en las
agendas, y en las
asignaciones presupuestarias.
La renuncia a la solidaridad
Un reciente añadido de gran trascendencia a la mitología circulante es
la reacción frente
a las realidades de la exclusión social de amplios sectores de población antes
consignadas, en
términos de “razonamiento fatalista”. La polarización, la inequidad acentuada,
y la exclusión,
serían fenómenos inevitables, y las sociedades latinoamericanas estarían
predestinadas a
conformarse con un porcentaje de población reducido con todas las posibilidades,
y un gran número
con niveles de vida precarios en pobreza, o indigencia. Tras este mito, habría
subyacente una idea
fuerza mayor: la renuncia expresa a la solidaridad. Ella no estaría acorde con
los tiempos
históricos. Sería una concepción prescindible.
La marginación del tema del perfil de sociedad
Una gran exclusión del debate es con frecuencia la de revisar hacia
dónde va el perfil
mismo de sociedad. Cada una de las concepciones analizadas, de los mitos
mencionados, y las
estructuras de razonamiento operantes, tiene impactos en términos de perfil de
sociedad.
La teoría del derrame implica así, lanzar generaciones a fuertes
carencias, bajo la
promesa de un escenario que automáticamente será mejor para las siguientes. La
visión
reduccionista del desarrollo significa dar un rol menor a los recursos humanos,
e ignorar parte
fundamental de la creación de una sociedad, como lo es la generación y
acumulación del capital
social. El relegamiento de la inequidad, implica saltear el “stress social”
agudo que vivirá la misma
como consecuencia de ella. La desvalorización del gasto social, lleva a cerrar
apoyos en momentos
de mayor necesidad. La renuncia a la solidaridad, es casi una opción por
determinado perfil de
sociedad, donde los derechos humanos básicos estarían fuera del alcance de
vastos sectores de las
mismas. Tendría garantizados derechos ciudadanos, pero no derechos sociales
elementales como el
derecho al empleo, la salud y la educación entre otros.
Este tema resulta insoslayable en cualquier perspectiva de análisis.
El perfil que vaya
adquiriendo la sociedad será el hábitat donde se llevarán a cabo los esfuerzos
por el desarrollo
económico, social y el fortalecimiento democrático. Si ese perfil resulta
conflictivo y contradictorio
con esos esfuerzos, los mismos carecerán de sustentabilidad. Una sociedad
dominada por mitos
razonamientos que legitiman mecanismo como el sacrificio de generaciones, el
aumento de la
inequidad, la desvalorización de la cultura, entre otros, generará intensas
tensiones que reducirán los
umbrales de gobernabilidad democrática. La inestabilidad y los costos directos
de las privaciones e
inequidades comprometerán las posibilidades de crecimiento económico sostenido y
la
competitividad de la economía.
Por otra parte como lo destaca Amartya Senn el perfil de sociedades es
en última
instancia un fin en sí mismo. Define la calidad de la vida de sus miembros.
Como ejemplifica,
invertir en educación femenina, además de ser productivo macroeconómicamente y
deseable en
términos de desarrollo social, significa contribuir a cambiar la discriminación
de género vigente, y
por ende a avanzar en la calidad de vida global de la sociedad.
Entre las causas principales que han bloqueado la solución de los
graves problemas
sociales que hoy registra la realidad de la región, se hallan mitos y modelos de
razonamiento con los
señalados.
Avanzar en el camino del desarrollo social va a requerir un enorme
esfuerzo colectivo
de superación de estos “bloqueos” y progreso en dirección a concepciones
renovadoras. Entre los
temas que requieren “aire fresco” se halla el del rescate de la cultura para los
esfuerzas por
solucionar los problemas social. A continuación se pone a foco esa
interrelación.
CULTURA Y DESARROLLO SOCIAL; UNA AGENDA PARA LA ACCIÓN
Desde la perspectiva de los mitos y estructuras de razonamiento del
tipo de las
identificadas, la labor en el campo cultural tiende a ser percibida con
“estereotipos” bien definidos.
Es una actividad “puro gasto”, sus resultados son difícilmente mediables, no
tiene un “tasa de
retorno sobre la inversión” clara, su gestión sería realizada con alta
ineficiencia. En definitiva desde
este enfoque su grado de legitimidad social es bajo y no puede esperarse mucho
de sus
contribuciones a problemas como los sociales.
Con frecuencia la cultura es percibida a partir de estos parámetros no
como
“oportunidad” sino como “obstáculo”. Aparece y reaparece como tal en los
intentos por llevar
adelante desde arriba los programas sociales que la comunidad “no sabe que
necesita”, pero son los
necesarios. Dificulta la ejecución de los mismos. Crea problemas inesperados.
La mitología no coincide en este campo como en otros, con los hechos
observables. La
cultura comienza a ser releída con fuerza creciente como un aparte central del
capital social de una
sociedad. Se registra que los países que han sabido apoyarse en ella, y
potenciarla, han generado a
partir de la misma modelos organizacionales inéditos, conocimiento nuevo, redes
de cooperación
interna potentes. Todo ello, ha enriquecido su perfil como sociedades y
simultáneamente ha
mejorado su “calidad de país” y su competitividad.
Entre otras posibilidades la cultura puede realizar aportes
fundamentales al desarrollo
social. Los valores, las actitudes, las tradiciones, a favor de la cooperación,
la solidaridad, el
voluntarismo que presenta la cultura de ciertos países, se hallan en la base de
sus logros en materia
de creación de una sociedad civil fuerte y diversificada. Así la multiplicidad
de organizaciones
voluntarias, de trabajo social en países como Canadá, Suecia, Noruega,
Dinamarca, Finlandia e
Israel entre otros, tiene una raíz central en el impulso que desde la cultura
surge permanentemente
para esos desarrollos. Un estudio sobre el voluntarismo en Israel indica que el
25% de la población
realiza tareas voluntarias, generando servicios principalmente sociales que
constituyen el 8% del
Producto Bruto Nacional. En 1984 había 3186 organizaciones voluntarias
registradas, en 1991
habrían pasado a 15.000. La explicación de la fortaleza del voluntariado la
encuentra el estudio
principalmente en la cultura. “Los textos y las tradiciones hebrea pusieron el
énfasis en el deber de
servir a Dios y al prójimo con precepto al que quedan obligados todos y cada
uno... La cultura judía
lleva en su médula los deberes de dar y de hacer para mejorar la realidad”.
22
Los cambios desfavorables en el campo de la cultura pueden hacer
retroceder los logros
obtenidos. Así analizando el panorama en los EE.UU. donde a fines de los 80 el
amplio
movimiento de voluntarios y entidades no lucrativas ocupaba el 6.5% de la fuerza
de trabajo, Robert
Putnam indica que las sociedades voluntarias llegaron a su cúspide una
generación atrás, cuando la
política y las actividades públicas tenía mayor prestigio. Según sus
investigaciones ha habido
cambios de la cultura, entre ellos la mayor dedicación e tiempo a la televisión
que constituye un
responsable fundamental en el desplazamiento de parte de la labor voluntaria.
23
Frente a la agenda de problemas sociales que presenta la región la
cultura no sólo no es
un obstáculo, sino que puede ser un aliado formidable para la nueva generación
de políticas sociales
que hoy se requiere. Entre otras áreas de interrelación que deberían explorarse
sistemáticamente,
extrayendo consecuencias en términos de acción se pueden identificar en nómina
principalmente
ilustrativa las siguientes:
La población pobre tiene un importante capital cultural que
movilizado puede
generar respuestas muy creativas y acordes a su realidad y a sus problemas de
supervivencia.
América Latina ofrece múltiples ejemplos de este tipo. Uno de los más
característicos es el de Villa
El Salvador del Perú. Esta vasta experiencia social protagonizada por más de
250.000 habitantes
marginales de Lima llegados a en su mayor parte de la sierra peruana, se inició
en la más absoluta
indigencia de recursos, y se ha convertido por sus logros en un modelo de
referencia internacional.
UNESCO premió a Villa El Salvador como una de las más desafiantes experiencias
en educación
popular, las Naciones Unidas como una promotora ejemplar de formas de vida
comunitaria. El
Gobierno de España le otorgó el Premio Príncipe de Asturias por el impresionante
desarrollo
alcanzado por esta comunidad en el área social y cultural. Partiendo de la
miseria, instalados en
arenales inservibles en las afueras de Lima, los miembros de la Villa llevaron a
cabo en un período
de tiempo limitado un gigantesco esfuerzo de autoconstrucción colectiva en
múltiples terrenos,
basado en la movilización de sus propias capacidades latentes. Satisficieron
las necesidades
alimentarias esenciales, dieron cobertura de salud a toda la población, tienen
tasas de matriculación
del 87% de los niños en primaria, y del 95% de los jóvenes en secundaria. Su
índice de
analfabetismo es del 3.5% mecho menor a la media nacional, lo mismo que sus
tazas de mortalidad
infantil, y bruta. Construyeron más de 50.000 viviendas, convirtieron parte del
arenal en tierras
cultivables, pusieron en funcionamiento un parque industrial de microempresas.
La actividad cultural puede construir un instrumento maestro para
la promoción de
la articulación social. El fortalecimiento de dicha articulación resulta a su
vez una condición
clave para que las comunidades humildes puedan participar en forma real y
efectiva en el diseño
y la gestión de los programas sociales, con todos los beneficios que ello
implica en términos de
acercamiento de los mismos a sus necesidades, eficiencia de su funcionamiento, y
control social
de su marcha. La deseada y tan convocada actualmente participación de la
comunidad requiere
de un tejido social fuerte. La creación de espacios culturales, y la labor
común en cultura,
pueden ayudar significativamente en ese plano.
La labor cultural puede aportar elementos relevantes al
fortalecimiento de la unidad
familiar. En dicha labora las familias pueden encontrar apoyos para algunos de
sus problemas,
y fuentes de estímulo. Pueden asimismo encontrar valores y tradiciones que
reforzarán sus
mecanismos de defensa para proteger la familia, asediada por las condiciones
externas
desfavorables mencionadas con anterioridad.
La acción cultural puede ser un factor crucial en mejorar la
autoestima de la
población pobre. El cultivo de una identidad cultural fuerte y productiva,
puede dar elementos
de autorreconocimiento cruciales frente a las situaciones de desvalorización
permanente que
afrontan. La elevación de la autoestima colectiva e individual, puede a su vez
ser un motor
poderoso para el redoblamiento de sus luchas y la concepción de nuevas
iniciativas. Este rol de
los valores de la cultura como proporcionadores de autoestima aparece con toda
fuerza en Villa
El Salvador. Señalan los investigadores: “cuando se asiste con mucha frecuencia
a reuniones de
pobladores y se conversa con los fundadores de la comunidad o sus dirigentes, no
resulta difícil
advertir expresiones recurrentes de autoconfianza colectiva, certidumbres sobre
su disposición
de un poder organizado, una cierta creencia en las capacidades de la comunidad
para proponerse
objetivos y unirse para su logro. 25
La acción cultural puede complementar y ampliar la labor de la
escuela pública
actualmente con graves insuficiencias en las áreas pobres. Se observa el avance
de serios
déficits ligados a temas como el descenso del gasto educativo real, y la
ampliación de la brecha
de inequidad. Informes del Banco Mundial indican que entre otros aspectos: “la
calidad
promedio de la educación primaria en América Latina es funesta? La baja calidad
del sistema
educativo se refleja en el alto nivel de repetición uno de los más altos del
mundo en desarrollo”.
27 Según una encuesta reciente del Ministerio de Educación del Brasil
el 70% de
los estudiantes brasileños de secundaria no saben hacer operaciones básicas de
matemáticas, y la
mitad de los mismos es incapaz de formular un juicio propio de los textos que
lee.
28
La acción cultural puede cumplir significativos roles en la lucha
por prevenir los
alarmantes avances de la criminalidad en la región. La cultura puede ofrecer
espacios
realizadores a los contingentes de jóvenes que se hallan fuera del mercado de
trabajo. Pueden
también proporcionales marcos de pertenencia básicos, frente del mercado de
trabajo. Pueden
también proporcionarles marcos de pertenencia básicos, frente a la sensación de
aislamiento
social que con frecuencia viven. Asimismo, sus mensajes pueden reforzar valores
positivos, y
ayudar a contrarrestar influencias regresivas que están actuando sobre ellos.
La cultura como lo indica la pionera línea de trabajo abierta al
respecto por la red
liderada por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de
Maryland, es
estratégica para el fortalecimiento efectivo del proceso democrático en la
región. Construir una
cultura para la democracia aparece como lo señalan los documentos iniciales
generados por la
red como un elementos sine qua non para su funcionamiento activo.
La cultura como indican las áreas de exploración referidas, sólo
ejemplificativas de una
nómina que puede ser mucho más extensa es una “inversión social” de
consecuencias
multiplicadoras en gran escala respecto a los problemas sociales del Continente.
Es imprescindible
reinstalar la cultura y sus posibilidades en la búsqueda de soluciones para los
agobiantes problemas
sociales de la región. Estamos en un Continente excepcionalmente dotado en este
plano. Como nos
recuerda Carlos Fuentes “Alucinados por el progreso, creímos que avanzar era
olvidar, dejar atrás
las manifestaciones de los mejor que hemos hechos: la cultura riquísima de un
continente indio,
europeo, negro, mestizo, mulato cuya creatividad aún no encuentra equivalencia
económica, cuya
continuidad aún no encuentra correspondencia política”29
(*) Los puntos de vista expresados en este trabajo son los del
autor y no reflejan necesariamente los de la institución donde
se desempeña.
(1)Shadid Javed Burki, Disertación en Foro de Diálogo
Interamericano. Washington, junio de 1996
(2)Declaraciones de Gert Rosenthal, El Tiempo, Bogotá, 11 de
diciembre de 1995
(3) Carlos Fuentes. Imaginación y cambio. El país, Madrid,
23 de noviembre de 1995
(4) Documento final, Cumbre de las Américas, Miami, 1994
(5) Informe de la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre el Desarrollo
Social, BID,
Naciones Unidas, PNUD, 1995
(6) Carol Bellamy en Tercera Conferencia Americana sobre la Infancia. Chile,
9 de agosto de
1996
(7)Oscar Altimir. Inequality, employment and poverty in Latin america: an
overview.
CEPAL, 1995
(8)Víctor E. Tokman. Jobs and Solidarity. Main Challenges for the post-
adjustment in Latin
America. Development thinking and practice. Conference. IDB, Washington,
September 1996
(9)Alfredo Costa Filho. Un desarrollo social con nueva escala: nota sobre el
espacio entre el
gobierno y la empresa privada. Coloquio sobre una nueva generaciòn de políticas
de desarrollo.
PNUD/DRALC, septiembre de 1995
(10)Idem anterior
(11)Alberto Minujìn, Squeezed: the middle class in Latin America.
Environment and
Urbanization. Vol 7, N1 2, octubre de 1995.
(12)John Anderson. Debtors disrobe in banking protest. The Washington Post,
June 15,
1996
(13)Data information resources, citado por The New York Times, February 9,
1996
(14)Rubèn Katzman. ¿Por qué los hombres son tan irresponsables? Revista de
la CEPAL,
abril de 1992
(15)Luis C. Ratinoff. Delincuencia y paz ciudadana. BID, febrero de 1996
(16)Informe de la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre el Desarrollo
Social, op.cit
(17)James Wolfensohn. El gasto social es clave. Clarín, Buenos Aires, 23
de febrero de
1996.
(18)Amartya Sen. Development thinking at the beginning of the 21st Century.
Development
thinking and practice. Conference. IDB, Septiembre 1996.
(19)Nancy Birdsall. La desigualdad como limitación del crecimiento en
América Latina.
Gestión y Política Pública, CIDE, México, primer semestre de 1996.
(20)Nancy Birdsall. Smart ways to lend. The Journal of Commerce. June 27,
1996
(21)Rosella Cominetti. Gasto social y ajuste fiscal en América Latina.
Gobierno de los
países bajos /CEPAL. Abril de 1994.
(22)Iehoshua Faigon. El voluntarismo en la sociedad israelí. Israel, 1992
(23)Mencionado por Robert Kuttner. No market for civility. The Washington
Post,
September 1, 1996
(24)Carlos Franco. Imágenes de Villa El Salvador. Incluido en B. Kliksberg
(comp.),
¿Cómo enfrentar la pobreza? : aportes para la acción. Grupo Editor
Latinoamericano, sda. Edic.
1992.
(25)Idem anterior
(26)Gastón Bordelois. Reflexiones desde una experiencia concreta. En
Desarrollo Humano:
un diálogo con la economía y las ciencias sociales. Programa Argentino de
Desarrollo Humano,
1995.
(27)América Latina y la crisis mexicana: nuevos desafíos. Banco Mundial,
1995
(28)Encuesta del Ministerio de Educación. Folha Sao Paulo, Julio de 1996.
(29) Carlos Fuentes. Introducción al Informe de la Comisión Latinoamericana
y del Caribe
sobre el Desarrollo Social, op.cit.
El empleo total en dicho sector pasó de significar el 40,6% de la mano
de obra ocupada
no agrícola en 1980, a representar el 55,7% de la misma en 1995. 8
El empleo informal conformado entre otras ocupaciones por el
cuentapropismo, los
servicios personales, los servicios domésticos, la buhonería y formas de
intermediación semejantes.
Etc., se caracteriza por su inestabilidad, precariedad, baja productividad, y
limitados ingresos. Se
estima que la productividad promedio en ese sector es de una tercera a una
cuarta parte de la
productividad en el sector moderno. Asimismo, los informales carecen
virtualmente de protección
social.
En la base de sus progresos se halla la generación a partir de la
cultura de solidaridad y
cooperación que trajeron de los Andes de fórmulas de autogestión y trabajo en
común casi inéditas.
Al interior de la Villa fundaron más de 4.000 unidades organizativas que
trabajan sobre todos los
problemas de los habitantes de la misma. En el centro de su cultura se halla lo
que los analistas
denominan “su explícita autodefinición como una comunidad urbana autogestionaria
centrada en el
desarrollo de valores comunitaristas, autogestores y participativos”.
24
Junto a los modelos originales de autoorganización la cultura
milenaria
de la que son
portadores, contribuyó incluso con “herramientas técnicas” muy concretas. Las
“lagunas de
oxidación” inventadas por los Incas para recoger los desechos, les permitieron
transformar los
mismos en abonos con los que crearon “verde” en zonas casi descartadas.
La misma atmósfera de creatividad social desde la propia cultura
acompaña a otras
experiencias de la región, como la de marginales en centros urbanos del Brasil,
campesinos
indígenas en Bolivia, y madres pobres a cargo de hogares de cuidado diario en
Colombia y
Venezuela, entre muchas otras.
La cultura de los pobres es capital social que potenciado puede servir
de base de
respuesta para problemas sociales esenciales.
La tecnología doméstica, los saberes, las costumbres, las capacidades
innatas de
autoorganización existentes en sus culturas pueden contribuir a soluciones
innovadoras y adecuadas
a sus realidades en educación, salud, agricultura, construcción, y otras áreas.
En otra experiencia de carácter diferente en la Argentina las
conclusiones son similares
respecto al efecto potenciador de grandes proporciones que puede tener el
crecimiento de la
autoestima en la cultura de la comunidad. Señalar Gastón Bordelois respecto al
“Programa social
agropecuario” que a través del mismo se reconoce a los pequeños productores
minifundistas
organizados en grupos “capacidad no sólo para identificar sus problemas sino
también de aportar
soluciones, asumiendo el protagonismo correspondiente. Se les hace descubrir
una instancia de
autovaloración que resulta trascendente para la afirmación personal y grupal”.
Los resultados son
sorprendentes según informa el autor que es el Coordinador del programa:
“Resulta una experiencia
que nos impacta y conmueve ver de qué manera estos pobladores rurales que viven
en situaciones
socioeconómicas críticas se motivan con la posibilidad de trabajar
mancomunadamente en procura
de una mejora de sus niveles de vida contando con modestas ayudas económicas y
técnicas. Es que
han sido recordadas y reconocidas sus existencias y sus necesidades, y se les ha
dado el espacio
necesario para que puedan volcar sus aportes y esfuerzos personales participando
activamente en el
proceso de cambio. Son, en definitiva, valorados como personas y se les
reconoce su capacidad de
asumir un rol protagónico y ser corresponsables en la tarea de su propia
elevación. Se advierte un
cambio total en la actitud que esas personas tienen con respecto el resto de
la sociedad, a sí
mismos, y frente a sus familias. 26
La labor cultural puede extender considerablemente el ámbito de acción
de la tarea
educativa. Los espacios culturales pueden motivar y atraer a sectores que han
abandonado la
escuela. Desde la cultura puede ayudarse seriamente a tratar de mejorar
centrales como el interés y
actitudes hacia la lectura. Escuela y cultura con su bagaje de “marcos
informales” de educación
pueden constituir un equipo de trabajo que incida en los resultados finales.
-Instituto Interamericano para el Desarrollo Social. BID