Fecha/Date: 01/01/97
Los acontecimientos de febrero pasado en Ecuador han planteado una serie de
interrogantes relativos a la
institucionalización del sistema político y al desarrollo de la ciudadanía. Sin
embargo, los dilemas planteados a la
consolidación democrática no son privativos de ese país, sino que también se
presentan, con sus propias particularidades,
en los otros paises del sur andino: Bolivia y Perú. Intentaré, en pocas líneas,
esbozar esa problemática.
Si bien la consolidación democrática es un proceso que, con la excepción de
Costa Rica, preocupa a todos los países de
la región de América Latina y el Caribe, en el sur andino adquiere rasgos
específicos, principalmente debido a la
persistencia de un sistema de dominación que mantiene un nucleo duro de corte
"colonial", el que permea todos los
ámbitos de la política y la vida cotidiana.
Por esa razón, en la subregión andina, las posibilidades de desarrollo
democrático están estrechamente ligadas a los
caminos que sigue la búsqueda de solución a los problemas de carácter étnico,
como ha quedado claramente establecido
a raiz de importantes movilizaciones que, en los últimos años, han provocado su
tematización por la opinión pública.
Empero, lo novedoso no es el cuestionamiento en sí, sino que la fórmula de
superación de los problemas étnicos que
poco a poco se sedimenta no sea ya "que la tortilla se vuelva", propia de
ciertos fundamentalismos, sino una demanda de
ciudadanía. Por primera vez en la historia, la democracia formal está siendo
valorizada como un camino que puede
conducir a superar el colonialismo interno sin abolir la diversidad cultural.
Desde luego, este fundamental avance no es
suficiente para que esa solución deseada se haga efectiva. Veamos.
La apertura democráctica iniciada a principios de los años 80s ha ampliado las
bases demográficas de la participación
política, incorporando --al menos como votantes-- importantes contingentes de la
población hasta entonces marginados
de la toma de decisiones públicas. Sin embargo, habida cuenta de nuestro
desarrollo político, esa población no ha
encontrado instituciones modernas y eficientes que canalicen su participación y
sus intereses ni, pese a su creciente
valorización de la democracia, ha adquirido aún la competencia necesaria para
desenvolverse eficazmente según las
reglas del juego propias de esa forma de gobierno. Enfrentamos, entonces, un
grave déficit en la construcción de la
ciudadanía en tanto comportamiento social, así como de instituciones que
promuevan y garanticen su ejercicio.
En ese contexto, esos sectores "populares", que habitan en el limbo de la
ciudadanía y que conforman un ineludible
caudal electoral cuyo peso numérico se refuerza por su creciente asentamiento en
los centros urbanos de mayor
relevancia, en su afán por impugnar a la clase política tradicional que, incluso
en su versión izquierdista lleva la impronta
de su estirpe oligárquica, ha promovido el surgimiento de nuevos líderes
políticos que han sido denominados
"neopopulistas".
Así, la misma democracia ha brindado los canales institucionales para que estos
nuevos líderes surjan desde los
márgenes del centro oligárquico, haciendo efectiva su participación en las
elecciones y en el ejercicio de funciones
públicas a través de precarios partidos políticos. Cociencia de Patria
(CONDEPA), Cambio 90 y el Partido Roldosista
Ecuatoriano tienen en común una gelatinosa institucionalidad interna y un vacío
programático notable.
El carácter paradójico de esa apertura se deriva del hecho de que la democracia
ha permitido la formación de liderazgos
y partidos que, si bien responden, en su origen, a una real impugnación de los
sectores subalternos hacia el sistema de
dominación colonialista, lo hacen cediendo a la tentación de procesarla sobre el
telón de fondo de una cultura política de
corte autoritario, sin atenuar tampoco los efectos excluyentes de las políticas
neoliberales, de las cuales se vuelven
ejecutores.
El riesgo es, entonces, que lo que en principio se presentó como un justo
cuestionamiento a los resabios "mercantilistas"
que se expresan en términos de color de la piel, apellido, etc., orientada al
desarrollo de la ciudadanía, se desvíe hacia
una impugnación autoritaria como en Perú o, como deja entrever el caso
ecuatoriano, a una "restauración" oligárquica,
también autoritaria. El caso boliviano parece ser diferente, ya que, pese a sus
veleidades autoritarias, los partidos
"neopopulistas", debido tanto sus propios limites para convertirse en mayoría
como al fortalecimiento que ha logrado el
sistema político, han mantenido su accionar dentro de los parámetros
democráticos.
El desafío es encontrar fórmulas que permitan plantearse los dilemas actuales en
términos que no conduzcan a optar por
alternativas autoritarias que se orientan, en su versión de épica populista, a
desbocar las ansias participativas de los
excluidos, o, en su contraparte, la del melodrama aristocrático, a ensayar
nuevamente viejos conjuros para los ancestrales
temores de gentes de rancio abolengo.
Se trata, por el contrario, de optar, frente a las exaltaciones autoritarias,
por la democracia como canal apropiado para el
procesamiento y superación de los conflictos étnicos. Eso tal vez implique que,
parafraseando a René Zavaleta, las
impolutas hordas de los que no se lavan ya nunca vuelvan a vestir el dia con su
desnudez; pero, por contraparte, que ya
nadie se proponga, como lo hizo un intelectual orgánico de la oligarquía
boliviana en los años '30, envenenar a la plebe
como a ratas de río.
Este Cuaderno de Ciencias Sociales reune tres ensayos inéditos que tienen,
precisamente, la virtud de plantear el
problema en esos términos, para los casos de Bolivia, Ecuador y Perú. Nuestra
intención, al reunirlos aquí, es ofrecer a
los lectores del área centroamericana elementos para la comprensión de los
intrincados mares en que navegan las
sociedades surandinas en su deriva democrática. Agradecemos a los autores por
habernos autorizado su edición
conjunta.