Fecha/Date: 04/01/97
INTRODUCCION
Entre 1979 y 1989 Nicaragua vive un proceso histórico de cambio
profundo de la sociedad. En esa
década por la vía una revolución, el pueblo de Nicaragua busca la transformación
de su formación social para pasar
de un capitalismo dependiente a una formación social de carácter socialista. El
trabajo que aquí se presenta
constituye una síntesis de una investigación más amplia sobre las prácticas
sociales de la Jerarquía eclesíastica de
Nicaragua a través de su producción discursiva.1 La preocupación
principal del estudio es comprender la función
social y política asumida por la Iglesia Católica nicaragüense en ese proceso,
comparando dos momentos:
Noviembre de 1979 y Abril de 1984.
Entendemos por “prácticas” el conjunto de actividades que
regulan el comportamiento del
ser humano en sus relaciones con la naturaleza, con los otros seres humanos, con
él mismo y en el campo religioso
con el espacio trascendental. Las prácticas constituyen el conjunto de las
acciones y la capacidad estratégica que
experimenta el comportamiento de los actores.
En la Iglesia católica se entiende por “Jerarquía eclesiástica”
al conjunto del clero y de
religiosos que adquieren la legitimidad de ejercer el poder de la administración
sacramental. Ellos son los
productores oficiales de las prácticas religiosas y tienen la legitimidad de
producir oficialmente el discurso. El
poder está jerarquizado de la siguiente forma: el Papa, los cardenales, los
obispos, los sacerdotes y los diáconos.
En nuestro análisis hemos restringido el término de Jerarquía eclesiástica al
conjunto de obispos reunidos en la
Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) considerándola como un actor colectivo.
Estudiamos el discurso en una perspectiva histórica, emitido en un
tiempo y un espacio determinados,
como una expresión de sus prácticas y como una forma de representación de los
valores de sus productores.
Escogimos para el análisis el estudio de las cartas pastorales emitidas por la
Conferencia Episcopal porque son una
expresión de esas prácticas. Las cartas aceptadas y firmadas por el conjunto de
obispos, son elementos de la
producción discursiva que, referidos al contexto Latinoamericano y de Nicaragua,
toman particular importancia en
el periodo histórico que analizamos. Estos documentos resumen una posición
oficial, tienen efectos en el juego de
legitimidad y son elementos claves que expresan, de forma escrita, una toma de
posición oficial en el conjunto de
los obispos. La Carta Pastoral es una expresión de la práctica de la Jerarquía
eclesiástica, porque expresa una toma
de posición pública, oficial y escrita en un momento determinado, concretando de
esa forma una práctica social.
Frente a ella, las acciones colectivas se discuten, se reajustan, permitiendo
asumir posiciones de solidaridad y/o
creando distancia entre otros. Las cartas pastorales constituyen puntos de
referencia a nivel de una acción colectiva
y son de una importancia decisiva para legitimar el poder político. Son
elementos que constituyen un desafío
público al que se enfrenta la Jerarquía eclesiástica.
Escogimos dos cartas escritas en coyunturas específicas, que son
expresión de dos momentos
diferentes de la práctica social de la Jerarquía Eclesiástica: la primera, al
inicio del proceso revolucionario que
vive ese país en los años 80 y, la segunda, hacia la mitad de dicho proceso, en
abril de 1984, porque consideramos
que son dos momentos que expresan la transformación social de ese país. Los
cambios propiciados por la
revolución evidencian la pérdida de hegemonía de los antiguos sectores
dominantes.
La lucha ideológica que vive la sociedad nicaragüense en los años
ochenta traspasa el campo religioso.
La Iglesia Católica participa intensamente en el debate en torno a la
legitimación del nuevo poder político. La
Iglesia asume el papel como productora de sentido trascendental de la versión
del cristianismo católico. En este
proceso surgen nuevos actores que empezarán a participar legítimamente en la
escena social. Estos actores están
representados por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el
gobierno dirigido por este actor
político. Dichos actores vienen a intervenir en la sociedad como nuevos
productores de sentido, compitiendo de
esta forma con la Iglesia católica, la cual asumió este papel históricamente
entre la población nicargüense. En este
contexto nos parece importante comprender la especificidad del campo
religioso2 en competencia con el campo
político, donde la Iglesia no lucha con las mismas armas porque sus objetivos
son diferentes.
En un proceso de cambio como el que vive Nicaragua en ese momento, el
campo religioso se ve a la
vez afectado por nuevas ofertas de sentido y por la manifestación de nuevas
formas de participación social, política
y cultural. La Iglesia Católica participa activamente en ese debate social y
político, y entra en un grave conflicto
con los actores políticos que dirigen el proceso: el gobierno y el Frente
Sandinista de Liberación Nacional. Esta
participación será, según nosotros, uno de los puntos cruciales que conducirán a
la Jerarquía eclesiástica a
convertirse en una opositora abierta contra el proceso revolucionario y más
específicamente contra el gobierno.
Nos parece importante, en este contexto, comprender la especificidad de la
acción de los obispos en tanto que estos
entran en competencia con actores de otros campos, sobre todo del campo
político.
La Iglesia lucha por reproducir su campo de acción, enfrentándose a los
nuevos principios que
implican un cambio estructural profundo. La Iglesia, que siempre combatió los
procesos revolucionarios, ante esta
situación siente que el espacio para su reproducción y los privilegios que
siempre ha mantenido se encuentran en
peligro. Por eso compite con lo político interviniendo directamente en dicho
campo y respondiendo a los intereses
de su género, aunque ello le implique confrontación con fuerzas religiosas y
políticas tanto nacionales como
internacionales. Sus prácticas expresan un doble conflicto: la tensión que
experimenta en su propio campo y las
discrepancias con sectores del campo político.
Para comprender la realidad de la Iglesia Católica y de la religión es
necesario referirse a la
complejidad de la sociedad, a las relaciones sociales, a las relaciones de
fuerza que luchan por imponerse. Por
tanto, es importante ver las fuerzas que compiten, las diferentes estrategias
que se ponen en juego en ese
movimiento, los diferentes desafíos e intereses que se mueven alrededor de esas
fuerzas.
Este trabajo comprende tres partes: La primera parte, los antecedentes,
la problemática y las hipótesis.
La segunda parte, el material analizado y la estrategia seguida, en tercer
lugar, presentamos resultados parciales a
que llegamos en el estudio sobre las prácticas discursivas de la Jerarquía de la
Iglesia católica de Nicaragua.
Concluímos con una reflexión sobre los aportes de la investigación y nuevas
perspectivas de análisis.
PRIMERA PARTE
1. La investigación: antecedentes y su evolución
A pesar de la importancia que reviste la religión en tanto que
inspiradora de la producción de sentido
y de la acción social en el seno de la población de la América Central, y de
Nicaragua en particular, el campo
religioso no había sido estudiado por la sociología en esta región. No es sino
a partir de los años ochenta que esta
disciplina se interesa por el factor religioso.
La presente investigación tiene dos antecedentes: primero, el proyecto
"Nuevas formas de conciencia
en sectores populares cristianos en Centroamérica", realizado en el Consejo
Superior Centroamericano (CSUCA),
de 1982 a 1985. El objetivo de este trabajo fue estudiar el cambio que se
produce en la Iglesia católica con el
Vaticano II, y el proceso de construcción de la conciencia en las clases
subalternas católicas. En este trabajo se
conoce como la práctica profética de la Iglesia católica. Este fenómeno provocó
la creación de un sujeto popular de
origen cristiano, que formado en el seno de la Iglesia católica, apoya y se
incorpora a las luchas que viven los
pueblos centroamericanos en los años setenta y ochenta. A todo lo largo del
proyecto y paralelo a las tareas teórico-
metodológicas del equipo de trabajo que desarrolló la investigación en los seis
países de América Central,
asumimos personalmente la responsabilidad del trabajo para Nicaragua.
El segundo, lo constituye el proyecto "Discurso jerárquico de la
Iglesia católica en Nicaragua", como
una introducción al estudio de la actuación de la Jerarquía eclesiástica en la
escena pública en un momento de
crisis. El trabajo representa una primera aproximación al estudio del papel
social y político que juega la Iglesia
católica en ese país. Este fue presentado como tesis para obtener el grado de
Maestría en el programa de estudios
de posgrado en sociología de la Universidad de Costa Rica, en marzo de 1989.
En el presente estudio tratamos de recuperar las experiencias de esas
investigaciones en la medida que
ello nos sirve como antecedentes para explicar las prácticas de la Jerarquía
eclesiástica. La recopilación de la
información que da soporte a esta investigación se efectuó en Nicaragua en
varias etapas: La primera, entre 1982 y
1985. La segunda en agosto de 1986. La tercera, en enero y febrero de 1987, y
una última, para completar
información, entre marzo y mayo de 1991.
Se recopilaron una serie de documentos del contexto histórico y de la
Iglesia. También se realizaron una serie
de entrevistas con políticos, religiosos, sacerdotes, miembros de comunidades
cristianas de base y con otros laicos
no integrantes de estas organizaciones. Las diferentes etapas nos permitieron
ir consolidando el proyecto doctoral
que iniciamos en la Universidad Católica de Lovaina, a partir de 1989.
Consideramos que los años en Bélgica nos
permitieron tomar distancia para dar una mirada más equilibrada, más crítica
sobre la importancia de los
documentos objeto del análisis de discurso, emitidos en la coyuntura de
noviembre de 1979 y de abril de 1984, y
medir los efectos que estos producen en el cuadro de una acción colectiva.
1.1. El discurso como práctica social.
El discurso de la Jerarquía eclesiástica es la expresión de una
práctica de sentido en el campo
religioso, mediante la cual establecer este actor lucha para mantener el
monopolio de la significación católica. La
Iglesia católica, en su condición de institutción transnacional y con
aspiraciones universales defiende el sentido
religioso católico de sus clientes. En el período histórico estudiado, la
Jerarquía eclesiástica de la Iglesia
nicaragüense ve su espacio amenazado ante la aparición del proyecto
revolucionario, productor de sentido que se
impone como una nueva fuerza. El proyecto revolucionario es creador de nuevos
tipos de relaciones, ofrece otros
productos que alimentan el sentido de la población en un momento de profundos
cambios económicos, sociales,
culturales y políticos, propone un nuevo sistema simbólico destinado a legitimar
el nuevo orden .
La Jerarquía eclesiástica comienza a percibir la fuerza simbólica del
proceso revolucionario como un
potencial que influye sobre amplios sectores de la población, principales
clientes del sistema simbólico que ella
ofrece. Pese a ello, la Jerarquía eclesiástica no genera un sistema de
significados compatible con la nueva realidad
social. Consideramos que esta situación contribuye a que ésta se inserte en una
lucha por conservar el espacio de
producción de significados religiosos de carácter católico. Este debate, la
lleva a una fuerte confrontación con el
gobierno la cual repercute en la propia Iglesia. La Jerarquía eclesiástica entra
de lleno en el debate político con el
gobierno.
El estudio de la acción social y política de la Jerarquía eclesiástica,
a través de su producción
discursiva, nos conduce a considerarla como una práctica social relevante de la
producción simbólica emitida por
los actores. Este actor religioso reacciona en una sociedad compleja
constituída por fuerzas sociales tanto en
acuerdo como en desacuerdo. Percibida de esta forma la práctica social, ésta
interviene en la vida social y en la
esfera ideológica política de los fieles católicos.
La Iglesia, según Weber, se comporta como actor social que produce
bienes de salvación y su discurso
constituye una parte de la significación de la institución como un sistema de
símbolos encargado de atribuir
significado a la realidad social a través de la óptica religiosa. Esta práctica
de la Iglesia está influenciada por
diferentes tendencias e interviene a partir de sus posiciones cuestionando o
consolidando la hegemonía existente.
El discurso religioso forma parte del sistema de bienes simbólicos que
hacen posible una práctica
social particular en la cual participan los productores y consumidores de bienes
de salvación. Estos actores sociales
participan en una lucha por la hegemonía y optan por proyectos políticos
antagónicos.
1.2. Preguntas generales e hipótesis.
La investigación partió de la formulación de las siguientes preguntas:
¿Qué significa tratar de
comprender la función política de la Jerarquía eclesiástica a través de su
discurso? ¿Cómo los obispos, que son
actores en el campo religioso, trascienden el campo político y actúan en él?
¿Cómo caracterizar la función social y
política de la Iglesia Católica en una sociedad en proceso de revolución?
¿Cuáles son los destinatarios
privilegiados de sus discursos? ¿Qué posición asumen los obispos dentro del
proceso revolucionario?
La hipótesis básica que orientó la investigación fue la siguiente: La
Iglesia católica, tanto en
Nicaragua como en América Latina, juega un importante papel político. Como actor
religioso cumple una función
de mediador ideológico sobre el pueblo católico, su seguidor, al orientar su
toma de decisiones con respecto al
"BIEN" y al "MAL". El discurso de los obispos constituye así una forma de
intervención de la Iglesia entre sus
fieles y en la esfera pública.
De esta hipótesis central se desprenden las siguientes:
SEGUNDA PARTE 2. El material: tipo de análisis y modo de interpretación.
Indicamos a continuación la estrategia metodológica resaltando los
procederes, sin presentar los
contenidos por razones de espacio. Los resultados parciales serán dados en la
tercera parte de este trabajo. El
estudio coyuntural de dos cartas pastorales nos remite a plantearlo en una
problemática más amplia del contexto
histórico que va de julio de 1979, cuando se inicia el proceso revolucionario en
Nicaragua, a agosto de 1987, época
de la firma de los acuerdos de paz para Centroamérica, en Esquipulas
(Guatemala), mediante los cuales se pretende
resolver la crísis que viven en esa década los países de la región, excepto
Costa Rica, estable políticamente desde
los años cincuenta.
Al hacer un primer análisis de los hechos,3 éste nos conduce
a dividir este período en tres escenarios
socio-históricos: el primero, de julio de 1979 a diciembre de 1981; el segundo,
de enero de 1982 a diciembre de
1985 y el tercero, de enero de 1986 a agosto de 1987. El análisis de los hechos
nos permite destacar la actuación de
la Jerarquía eclesiástica en la relación con otros actores del campo religioso y
del campo político. En el campo
religioso resalta la actuación del Vaticano y la de los cristianos de
comunidades de base que en la Iglesia católica
asumen una opción profética.4 En el campo político se destaca la
actuación del proyecto democrático-popular,5 o
proyecto revolucionario sandinista y el proyecto democrático-burgués, así como
la actuación del gobierno de los
Estados Unidos durante las dos administraciones del Presidente Ronald Reagan.
Los escenarios son definidos a partir de diferentes momentos del
conflicto vivido entre los actores: en
el primer escenario, se da una aproximación en las relaciones entre los diversos
actores; en el segundo, un
endurecimiento del conflicto lo cual lleva a un distanciamiento entre los
diversos actores y en el tercero, se produce
un proceso de distensión. La transformación social vivida en Nicaragua produce
una crisis en el seno de la Iglesia
católica, tanto a causa de las tensiones internas en la institución, como a
causa de la oposición, de la Jerarquía
eclesiástica al proyecto revolucionario. Estos hechos constituyen momentos
privilegiados para medir la legitimidad
dominante y la acción de la Iglesia Católica en ese contexto.
Estudiamos el contexto histórico bajo tres perspectivas: en primer
lugar, un análisis sincrónico nos
permitió caracterizar la Jerarquía eclesiástica, en su relación con los actores
de su entorno, tanto en la institución
eclesiástica como en el campo político, a nivel nacional e internacional. En
segundo lugar, un análisis diacrónico
de los hechos que definen el contexto histórico, nos permitió estudiar el juego
que establece la Jerarquía
eclesiástica en su relación con otros actores. Estos dos procesos metodológicos
nos permiten pasar a un tercer
momento de análisis, en el cual se establece para cada uno de los tres
escenarios históricos las posiciones asumidas
por la Jerarquía eclesiástica en relación con los actores de su entorno, tanto
en el campo religioso como en el
campo político y en la conjunción de ambos campos. En síntesis, el análisis
sincrónico y el diacrónico nos
permitieron percibir el sistema de posiciones de la Jerarquía eclesiástica en
relación con los otros actores relgiosos
y políticos, a partir de los siguientes criterios: identificación,
aproximación, oposición, tensión, dominación.
Estos niveles de estudio nos permitieron retomar la dinámica de la
acción de la Jerarquía eclesiástica
en su contexto histórico, con la intención de situar las dos cartas pastorales
estudiadas en un enfoque integrador
micro-macro, en tanto que los discursos son una forma de expresión de las
prácticas que se inscriben en la
dinámica de la sociedad y de la producción social en su conjunto.
Los diferentes niveles de análisis que hemos seguido para comprender
las prácticas sociales de la
Jerarquía eclesiástica son progresivos y a los cuales se llega recurriendo a los
métodos siguientes: análisis
sincrónico, análisis diacrónico y análisis de las posiciones que asumen la
Jerarquía en su relación con los otros
actores religiosos y políticos, nacionales e internacionales. Posteriormente
profundizamos el estudio recurriendo al
análisis estructural del discurso, en este trabajo resaltamos el procedimiento
seguido y los resultados obtenidos, en
la segunda y tercera parte.
2.1. El corpus: los textos estudiados.
El análisis del discurso por el que optamos trata de poner en relación
ideas que se encuentran aisladas
en el texto. También resalta la verificación empírica de los temas o tópicos a
que recurren los actores. El análisis se
aplica a las dos cartas escogidas para estudiar las lógicas de acción de la
Jerarquía eclesiástica: La primera,
"Compromiso cristiano para una Nicaragua nueva", emitida el 17 de noviembre de
1979. Y la segunda, "Sobre la
Reconciliación", del 22 de abril de 1984 (los textos originales los incluímos en
los ANEXOS 1 y 2,
respectivamente). Estos documentos fueron emitidos en coyunturas particulares de
la historia de la Iglesia católica
de Nicaragua. Constituyen la expresión de momentos diferentes de la práctica
social de la Jerarquía eclesiástica: la
primera carta fue emitida a inicios del proceso revolucionario mostrando una
identificación con dicho proceso y la
segunda, cuatro años más tarde evidencia un profundo rechazo.
Los documentos fueron escogidos a partir del conflicto que se da entre
la Jerarquía eclesiástica y el
gobierno: momento significativo de la vida de la Iglesia Católica, y momento
crítico de la vida social nicaragüense
al vivir una revolución. Estos son momentos particularmente importantes para
comprender las transformaciones
que el proceso revolucionario pretende llevar adelante en la década de los años
ochenta y para medir la legitimidad
dominante. El estudio de los hechos a través del análisis sincrónico y
diacrónico, nos llevó a escoger estos dos
documentos que nos parecen importantes como producto de la práctica de la
Jerarquía eclesiástica dado su
contenido y la coyuntura en que fueron producidos. Las dos cartas se
seleccionaron de un total de cincuenta y
nueve documentos emitidos por la Conferencia Episcopal, entre julio de 1979 y
noviembre de 1987.6 Los
documentos fueron ordenados en cuatro categorías que se señalan a continuación:
Fuente: Documentos emitidos por la Conferencia Episcopal de
Nicaragua entre julio de 1979
y agosto de 1987. Las dos cartas, a las cuales se aplica el análisis, se escogieron del
total de las siete Cartas Pastorales,
por considerar que expresan el pensamiento del conjunto de los obispos. En la
Iglesia católica este grupo concentra
un gran poder y ocupa el lugar más alto en la escala estamental de la
institución. Su palabra tiene legitimidad no
sólo en su propio campo sino que trasciende a otros campos de la sociedad sobre
todo en las coyunturas que se
emiten las dos cartas escogidas. Las cartas son importantes para el análisis
discursivo porque concretan una forma
de práctica de la Jerarquía, expresan la posición oficial de la Iglesia con
repercusión en la esfera pública, cuentan
con el respaldo unánime de los obispos y tienen efecto en el juego político de
la legitimidad. El discurso presente
en estos documentos es una práctica de la hegemonía a través de la cual la
Iglesia católica gestiona sus conflictos
teniendo incidencia en el campo social y político. De esta manera la Jerarquía
interviene en la producción de
hegemonía en un doble sentido en el campo social y político y en el campo
religioso. Las cartas pastorales
constituyen puntos de referencia a nivel de una acción colectiva, en una
secuencia cronológica a partir de la cual
las acciones colectivas se reajustan y se discuten las diferentes tomas de
posición ante la legitimidad del poder .
2.2. El método de Análisis de Evaluación Temática
Estudiamos las Cartas Pastorales siguiendo el método de Análisis de
Evalución Temática (AET) como
una forma de análisis estructural del discurso, lo que nos ha parecido más
apropiado para explicar el sentido de la
palabra de los obispos. Nos planteamos este método después de revisar varios
autores como CARBO, GIMENEZ,
GREIMAS, GRITTI, HIERNAUX, PICCINI, REMY y RUQUOY7, quienes utilizan
el análisis estructural. Esta vía
metodológica nos ha permitido estudiar las representaciones de la Jerarquía
eclesiástica, sistematizar el
pensamiento de los obispos y comprender la lógica de sentido alrededor de los
tópicos. El análisis del discurso
trata de poner en relación las ideas desligadas en la exposición semántica del
texto y efectuar la verificación
empírica del contenido de las cartas.
El Análisis de Evaluación Temática (AET) busca los temas o
tópicos8 del texto, las secuencias, las
distancias, los intervalos, como una manera de estudiar el pensamiento de los
obispos. El corpus está constituído
por las dos cartas pastorales.
El AET hace una apreciación de los temas usados por la Jerarquía
eclesiástica en su discurso, como
producto de un análisis detallado de la manera como éstos son tratados. Los
temas constituyen pistas de las
actitudes que asume este actor colectivo ante el nuevo proyecto de sociedad. El
análisis nos permite encontrar la
forma de pensar de los obispos, así como entender y comprender sus posiciones.
Los temas indican actitudes que se
convierten en códigos de las representanciones, por ejemplo, de la revolución,
de la sociedad, del pueblo, etc.
El AET se guía por los principios generales del análisis estructural:
inicialmente hace una evaluación
de los temas, posteriormente observa la orientación positiva o negativa de cada
uno. Luego construye unidades
tensionales de sentido, según una estructura de las contradicciones, las
oposiciones e implicaciones alrededor de
estos temas.
El procedimiento metodológico nos permite descubrir la red de
relaciones vertidas en el texto, así
como visualizar la estructura subyacente que nos lleva a formular un modelo a
partir de los tópicos y la dinámica
de relaciones presentes en los textos, permitiéndonos realizar una relectura de
los documentos a partir de la lógica
implícita del texto. Tal método descubre la estructura del texto sin prefijar
categorías de análisis ni anticipar las
conclusiones.
La representación de las unidades de sentido se hace a través de un
modelo de expresión simbólica que
ordena la estructura implícita del texto. Esta nueva lectura permite detectar el
tipo de relaciones y asociaciones de
sentido que están implícitas en el texto.
Los resultados aquí obtenidos no excluyen la necesidad de confrontación
utilizando otros métodos de
análisis estructural de discurso, por ejemplo como los que plantean Remy y
Hiernaux.
Si bien el procedimiento seguido en el AET lleva a una adaptación del
método de análisis estructural,
este implica un esfuerzo de trabajo largo y exige un análisis riguroso del
texto. Para los fines de esta investigación
el AET se consideró apropiado porque proporciona elementos que ayudan a
construir el objeto de estudio, en cuyo
proceso tratamos de ser lo más objetivos posible tratando de superar la
arbitrariedad y la subjetividad en la
evaluación y clasificación de los temas, así como en la construcción de los
modelos a que llegamos.
Le queremos dar a todos los temas o tópicos la misma posibilidad de ser
estudiados como forma de
resolver nuestras interrogantes. Los modelos que estructuramos se agrupan en dos
espacios: el de los temas
religiosos y el de los temas no religiosos, éste último con gran énfasis en el
campo político. Los modelos han sido
construídos con la ayuda del AET.
La metodología de análisis estructural del discurso, apenas ha
comenzado a utilizarse en el quehacer
de las ciencias sociales en Centroamérica, donde consideramos que existe un
vacío al respecto. La posibilidad de
efectuar una investigación como la que realizamos acudiendo al análisis de
discurso podría contribuir en el proceso
de búsqueda de alternativas metodológicas en investigaciones
futuras.9
2.3. El modelo simbólico coyuntural de discurso
Las expresiones de sentido son representadas en un modelo de expresión
simbólica que pone en
evidencia la estructura implícita del texto. Esta nueva lectura nos permite
evidenciar las diferentes relaciones y
asociaciones de sentido implícitas en el texto. El proceso metodológico nos
permite constatar la existencia de
modelos simbólicos-culturales de discurso adaptados a un contexto espacio-
temporal determinado.
El análisis de la evaluación temática nos permite llegar al
planteamiento de un modelo simbólico, al
cual acude la Jerarquía eclesiástica en su práctica discursiva coyuntural. En un
primer momento el método busca
los temas a que acuden los obispos en su discurso como una forma de recuperar
las representaciones de este actor
religioso. En un segundo momento, el análisis nos permite ordenar esas
representaciones en un modelo simbólico a
partir de la estructuración de unidades de sentido, de las combinaciones de
dichos elementos como una vía para
interpretar el discurso. El modelo nos muestra la estructura implícita del
texto. El procedimiento seguido permite
realizar un análisis a partir de una estructura de relaciones de contradicción,
oposición y de implicación.
La representación la hacemos a través de un modelo que ordena la
estructura implícita del texto. Este
paso se fundamenta en los resultados obtenidos en el análisis temático que lleva
a definir los tópicos en el discurso.
Posteriormente, se trata de buscar las oposiciones alrededor de estos temas,
como búsqueda de unidades tensionales
de sentido a partir de contradicciones, oposiciones y de implicaciones que se
derivan de estas relaciones (podemos
ver resultados en el gráfico 1, apartado 2.4). Esta relectura permite detectar
todo este tipo de relaciones y
asociaciones que no aparecen necesariamente explícitas ni juntas en el texto.
Este procedimiento se inspira
parcialmente en el seguido por Giménez al realizar el estudio de un discurso de
origen muy similar.10
Para explicar el modelo tomamos el ejemplo de la Carta Pastoral Sobre
la Reconciliación, en que la
contradicción fundamental se construye a partir de dos temas que en este caso se
clasifican como religiosos:
PECADO
RECONCILIACION De esta contradicción se derivan otras oposiciones que se explican a
partir de ella, para los espacios y
atributos mencionados.
El modelo es construido en base a los siguientes criterios:
1) ------- Contradicción: Relación vertical u horizontal
entre temas radicalmente
contradictorios.
2) ____ Oposición: Relación vertical u horizontal de
oposición, pero no tan radical
como la contradicción
3) | Implicacion: Relación vertical de asociación entre temas
|
|
Ejemplo
El ejemplo es escogido porque revela con claridad el procedimiento. Por
otra parte, conviene señalar
que una contradicción religiosa como
PECADO <---------------> RECONCILIACION
podría implicar otras contradicciones de origen político surgidas en el mismo
texto. Por ahora se indica para
reforzar que es posible encontrar niveles no religiosos en el discurso
religioso. Este estudio sólo se ha centrado en
el nivel simbólico-religioso y en el simbólico-político, en los cuales se ha
ordenado la contradicción fundamental y
las derivadas de ella.
Esta etapa hace posible detectar una estructura de relación entre los
diversos temas tratados en el
texto. Esa lógica va a descubrir una serie de contradicciones, de oposiciones y
de implicaciones ocultas en el
documento, a partir de esos temas tal y como se muestra en el ejemplo. El
análisis de evaluación temática nos
permite formular un modelo periférico, coyuntural, de origen simbólico en el
cual se expresan las representaciones
de los obispos, y los argumentos a que ellos recurren para formular sus
representaciones. Esta estructura nos
permite efectuar una relectura del documento.
Como siguiente paso se hace una diferencia entre la lógica religiosa y
la lógica no religiosa,
empleadas en el texto, que pueden tener un origen político. Esta diferenciación
se presenta mediante dos polos el
(+) y el (-) (véase gráfico 1, apartado 2.4).
Habiendo explicado la estrategia metodológica, en el apartado siguiente
se hace el análisis de los dos
documentos.
2.4. La estructura simbólica del discurso religioso
El estudio nos permitió observar que en los discursos religiosos hay
una estructura simbólica de fondo
que no cambia en los modelos coyunturales de las dos Cartas analizadas, que
podríamos proponer como específica
del campo religioso católico y sobre la cual nosotros constatamos que hay una
continuidad en el discurso de la
Jerarquía eclesiástica.
El discurso es una práctica de la hegemonía de la Iglesia a través de
la cual ella gestiona sus conflictos
y eso tiene incidencia en el campo social y político. La hegemonía interna de la
institución no está separada de la
hegemonía externa. En una reconstrucción hegemónica como la que vive Nicaragua
en el proceso revolucionario,
la Jerarquía emite un discurso basado en una estructura simbólica que en el
fondo es la que siempre expresa el
campo religioso como el católico. De ahí que nosotros consideramos que no
importa cuál sea la situación social, en
sociedades revolucionarias o no, la Iglesia defiende su espacio institucional
basándose en un modelo similar de
Iglesia y argumentando su posición con una producción discursiva que indica que
el papel de la Iglesia va más allá
del campo religioso pudiendo intervenir en el campo social y político a través
de su práctica discursiva.
El discurso como práctica social de la Jerarquía eclesiástica tiene
repercursiones en las relaciones de
poder y en el juego hegemónico de la sociedad interviniendo en la legitimación
del orden social. Los discursos
pueden determinar la estrategia de la acción adoptada por la Jerarquía
eclesiástica. La estructura de fondo nos
permite ver que hay un doble proceso de legitimación de valores que ponen en
evidencia la existencia de un
antagonismo ideológico, el Bien y el Mal, del cual se valen los actores para
formular su discurso.
La comparación nos permite ver que hay una estructura de fondo que se
descubre en el análisis
estructural, la propuesta entre el Bien y el Mal como una estructura dual que es
característica del campo religioso
cuando se trata de religiones como la católica. La realidad es leída a través de
símbolos que representan la
oposición de valores entre el Bien y el Mal. La Iglesia y sus representantes los
obispos, se pretenden portadores del
bien, y así capaces de definir el orden a través de la escogencia entre el bien
y el mal en una situación de caos .
Sólo se puede salir de la crisis haciendo la separación entre el bien y el mal,
a través de la Palabra de Dios, como la
única expresión de la verdad. Esto se expresa en las siguientes oposiciones
extraídas de las dos cartas:
Los modelos simbólicos construídos a partir de los temas o tópicos, de las
contradicciones y oposiciones y
de las argumentaciones positivas o negativas que hacen los obispos sobre dichos
temas nos llevaron a ordenar los
contenidos implícitos de los documentos. Ello nos permitió percibir que los
modelos cambian porque hay una
reconstrucción en términos coyunturales. Sin embargo, la posibilidad de comparar
ambos resultados, tal como se
muestra en el gráfico 1, página siguiente, nos permitió ver que pese a esa
reconstrucción coyuntural, la estructura
simbólica no cambia, se dan los mismos puntos de referencia que llevan a la
propuesta de una conversión personal.
En el caso de la primera carta pastoral, los obispos parten de un
acontecimiento colectivo para llegar a
la conversión personal. En la segunda, intentan ser más claros en sus argumentos
para mostrar lo que piesan a
partir de un acontecimiento personal, para que los 'desviados en el camino' (los
cristianos de las comunidades de
base, sacerdotes, religiosos y religiosas que hacen una opción profética y
apoyan el proyecto revolucionario) en el
campo religioso, y los sandinistas en el campo político, comprendan bien que el
proyecto revolucionario lleva al
camino del Mal y que deben hacer la conversión personal para
buscar el camino del Bien.
En la segunda carta los obispos retoman parte del discurso de la
primera carta para intentar mostrar
una posición coherente de la institución eclesiástica. Hay un esfuerzo de
reproducción del discurso como queriendo
decir, 'nosotros no estamos errados continuamos con nuestra misión y mostramos
la verdad con más claridad
ahora', situando esa verdad en la conversión personal, a la cual se llega
mediante la palabra de Dios que
en la primera apenas se menciona.
Analizamos dos cartas que nos remiten a la problemática de un país
específico; el aporte de este
estudio es pues limitado. Los resultados no nos permiten llegar a conclusiones
más generales, aunque se refieran a
la realidad de la Iglesia Católica en América Latina. Los resultados obtenidos
aquí no excluyen la necesidad de
una confrontación, utilizando otros métodos de análisis estructural del
discurso.
2.5. El mesoanálisis
Estudiamos las prácticas de la Jerarquía eclesiástica a través de la
acción desarrollada por los obispos
de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Podemos así comprender la experiencia
en una evolución de las
prácticas de un actor colectivo de origen religioso.
La trayectoria teórica-metodológica seguida nos permitió el estudio de
las prácticas de este actor
colectivo a partir de una situación colocada entre el nivel macro (contexto
histórico) y el nivel micro (coyuntural).
Hemos podido ver la dinámica que se establece en la libertad de acción y en la
manera de controlar los efectos
producidos en la trayectoria, permitiendo así medir la evolución de la acción.
Hemos indicado cuanto la noción de
transacción permitiría una mediación. Llamamos a este nivel intermedio entre el
micro y el macro, mesoanálisis.
En éste, la trayectoria se presenta como un punto de vista donde nosotros vemos
el contexto histórico y las
dimensiones espacio-temporales refiriéndose a las situaciones coyunturales.
En este caso, el análisis de las prácticas de la Jerarquía eclesiástica
en un proceso que implica un
cambio de interpretación entre el contexto histórico y la experiencia cotidiana
(coyuntural) nos permitió estudiar
las prácticas sociales de este actor colectivo, tratando de descubrir el juego
de los actores en este proceso. Nuestro
objetivo fue establecer las transacciones entre lo sagrado y lo profano, entre
lo religioso y lo político, a fin de ver la
posición de los actores en el seno del campo religioso y en relación con el
campo político. Esta dinámica pone en
evidencia las posiciones de fuerza entre los actores. La transacción es una vía
de aprehensión del juego de los
actores, de las relaciones y sus consecuencias.
TERCERA PARTE
3. Presentación de resultados
En los años ochenta Centroamérica estuvo sometida al escenario de
sociedades que vivieron conflictos
sociales y políticos, expresión de las relaciones de fuerza contradictorias ante
la búsqueda de proyectos políticos
alternativos. Algunos proyectos buscaron reproducir el orden social establecido
en situaciones de capitalismo
dependiente, otros fueron dirigidos a salir de la pobreza y de las condiciones
de dominación establecidas.
En ese contexto, la Iglesia Católica, y en particular su Jerarquía,
lucha por mantenerse presente en el
juego de legitimidad a fin de conservar su posición de privilegio y de poder en
la escena pública y privada. El
análisis nos revela que la Jerarquía eclesiástica de Nicaragua lucha por la
reproducción de su legitimidad ante los
juegos representados por la construcción de una nueva hegemonía venida de las
clases subalternas.
Si bien la Iglesia se desarrolla en la sociedad civil, ella tiene
necesidad del poder político para la
legitimación y la afirmación del espacio que ocupa en la sociedad. En la
realidad latinoamericana estos procesos
se invierten: los regímenes políticos tienen necesidad de la Iglesia Católica
para su reproducción. El Estado tiene
necesidad de la Iglesia para la formación de nuevos consensos. Las prácticas de
la Jerarquía Eclesiástica en el
contexto revolucionario están marcadas por dos juegos. El primero consistió en
mantener la credibilidad que le
permitía legitimarse en el nuevo proyecto de sociedad. El segundo consistió en
mantener el poder en la
confrontación que se da en la sociedad como producto de la construcción de la
nueva hegemonía. En esa situación
de incertidumbre ante el conflicto que conlleva el proceso revolucionario, la
Jerarquía eclesiástica quiere conservar
su punto de vista en el debate público.
El estudio mostró que la Jerarquía eclesiástica participó en el juego
de la construcción de la nueva
hegemonía en un debate con las clases subalternas. La Iglesia quiere mantener
la posibilidad de intervenir en la
producción de sentido de sus fieles, a través del sistema simbólico religioso
basado sobre las creencias y los valores
católicos y compitiendo con el sistema simbólico construído por el proceso
revolucionario.
3.1. Dos prácticas religiosas de la Iglesia católica
El estudio nos mostró dos prácticas religiosas, una práctica
conservadora en la Iglesia católica de la
cual la Jerarquía eclesiástica es su mayor expresión y otra, la práctica
liberadora, expresada en la opción profética.
Estas dos prácticas sobresalen por su peso significativo en la institución
eclesiástica y por su actuación en el
contexto social.
La primera práctica mencionada es expresión de la legitimación del
sistema de dominación que da
soporte al juego de la hegemonía de las clases dominantes para mantener un orden
social que le permita la
reproducción de la institución. La estructura social dominante es asimilada por
la Iglesia en la cual la Jerarquía
eclesiástica ocupa la posición más alta. En esta concepción el orden social y la
salvación son respectivamente
administrados por las fuerzas dominadoras en el campo político y en el campo
religioso respectivamente. En la
Iglesia la Jerarquía asume la posición dominadora.
En un proceso de transformación como el que vivió Nicaragua en los años
ochenta, nos encontramos
con una lucha en la cual los sectores de la burguesía no somocista se enfrentan
a la construcción de una nueva
hegemonía basada en la lógica de las clases subalternas. Las clases
empresariales que integran la burguesía
antisomocista y los grupos militares somocistas son quienes originan la
formación de las fuerzas
contrarrevolucionarias. La Jerarquía eclesiástica participa en el conflicto
junto a los grupos que optan por el
proyecto democrático-burgués.
La otra forma de práctica religiosa, que interviene y que actúa de
manera significativa en el contexto
latinoamericano, es la que es expresión de una fuerza liberadora y cuya
representación religiosa no es una
concepción de salvación impuesta desde la Jerarquía eclesiástica. Esta viene de
la experiencia vivida en las
comunidades cristianas de base. Se convierte en fuente de sentido para luchar y
obtener la salvación que propaga la
doctrina religiosa. La religión es vista como una fuerza que alimenta las
prácticas seculares de sus seguidores. De
esta forma el individuo se vuelve sujeto con posibilidades de luchar por su
salvación a través de un proyecto social
viable como un adelanto terrenal del Reino de Dios. El cristiano es capaz de
desarrollar un comportamiento que
oriente sus acciones para alcanzar tanto las condiciones materiales de
existencia como la salvación espiritual,
siendo los pobres (la gran mayoría de la población latinoamericana) el objetivo
de esta práctica religiosa. En
Nicaragua esta tendencia de la Iglesia católica se constituye en las comunidades
cristianas de base que en este
estudio mencionamos como la opción profética.
Estas dos formas de expresión religiosa intervienen en las funciones
que asume la Iglesia católica de
Nicaragua. Si bien existen otras tendencias, abordamos solamente aquellas que
expresan la situación de la
Jerarquía eclesiástica y la de la opción profética, como opciones que se
evidenciaron en el contexto histórico.
Dejamos de lado otras formas de religiosidad como aquellas que tienen un arraigo
popular con formas más
desinstitucionalizadas. En el contexto analizado resalta, sobre todo, la tensión
que se produce entre la Jerarquía y
la opción profética. Nuestro estudio se dirigió a la comprehensión de las
prácticas de la Jerarquía eclesiástica con
repercusión en el campo religioso y en el campo político. Hicimos un esfuerzo
por comprender la dinámica de este
actor en un proceso evolutivo que se circunscribe a dos coyunturas específicas
del período revolucionario.
3. 1.1. La Jerarquía eclesiástica y los proyectos de sociedad
La Jerarquía eclesiástica nicaragüense se defiende en la sociedad en
proceso revolucionaria
recorriendo un camino difícil en sus relaciones con el gobierno, pasando por
diferentes etapas entre julio de 1979 y
agosto de 1987: desde una armonía casi total en l979/1980 a un fuerte
distanciamiento, crisis y conflictos entre
1981 y 1986, hasta un proceso de distensión que captamos entre fines del 86 y
agosto de 1987.
El conflicto que afecta las relaciones entre la Jerarquía eclesiástica
y el gobierno, responde a las
diversas opciones en torno a dos proyectos socio-políticos: el democrático-
burgués y el democrático-popular. La
tensión que se genera en la Iglesia católica entre la Jerarquía eclesiástica y
las comunidades cristianas de base,
representantes de la opción profética, responde a la autonomía propia del campo
religioso, a la constitución de
proyectos diferentes de Iglesia y a la opción ante proyectos divergentes de
sociedad. Estos elementos del contexto
nacional se explicaron en el estudio acudiendo a elementos del contexto socio-
político externo, tales como la
posición asumida por el gobierno de los Estados Unidos, por el Vaticano y por el
CELAM (Consejo Episcopal
Latinoamericano) frente al proyecto revolucionario.
La Jerarquía eclesiástica se enfrenta a una dinámica de relaciones con
los diversos actores nacionales
e internacionales, asumiendo diferentes posiciones. La dinámica de las
relaciones que se generan entre los actores
nos permitió definir una tipología de posiciones de los actores según la actitud
que asumen ante el proceso
revolucionario. En ella destacan posiciones de identificación, aproximación,
oposición, tensión, dominación y las
formas combinadas, por ejemplo, la de aproximación con tensión.
Durante este proceso la Jerarquía eclesiástica mostró una
identificación con las instancias jerárquicas
de su propia institución (el CELAM y el Vaticano) como actores que representan
fuerzas internacionales de la
Iglesia católica. En el orden nacional, la posición de la Jerarquía eclesiástica
frente a la opción profética varía de
una posición de aproximación a una posición de tensión. Con el proyecto
revolucionario la Jerarquía también
cambia su posición de aproximación al asumir una de oposición.
Las divergencias de la Jerarquía eclesiástica con la opción profética
responden a factores religiosos y
políticos. En el campo religioso éstas se originan al optar por proyectos de
Iglesia diferentes, a pesar del acuerdo
que existe entre ambos sobre los objetivos que mueven a la institución
eclesiástica. En el campo político el conflicto
surge al adherirse a proyectos de sociedad diferentes. Los cristianos de la
opción profética, así como algunos
sectores del clero y religiosos, participan y colaboran con el proyecto
democrático-popular, mientras que la
Jerarquía eclesiástica, con matices opta por el proyecto democrático-burgués.
Las tensiones entre ambos actores
religiosos se originan al asumir posiciones diferentes ante proyectos de Iglesia
y proyectos políticos divergentes.
En la Iglesia católica la opción profética entra en un juego de
transacción complejo con la Jerarquía
eclesiástica. Se genera una interacción entre ambas partes, en la cual la
Jerarquía asume una posición dominante y
la opción profética, una posición de contrapoder. Los cristianos de comunidades
de base, del clero y de religiosos
que se identifican con esta tendencia de la Iglesia, se convierten en sujetos en
el campo religioso con capacidad de
actuar adquiriendo una posición en el juego de poder institucional.
En el campo político la Jerarquía eclesiástica muestra una
identificación con los sectores
conservadores: por un lado, con el gobierno de los Estados Unidos bajo la
doctrina de Seguridad
Nacional12 y el neoconservadurismo del Presidente Reagan y, por otro,
con el proyecto
democrático-burgués que persigue reformas tras la caída de la dictadura, sin
contemplar un cambio estructural, tal
como lo propone el proyecto democrático-popular dirigido por el Frente
Sandinista de Liberación Nacional. Por
último la Jerarquía se identifica con los sectores contrarrevolucionarios que se
oponen al proyecto revolucionario, a
pesar de su desaprobación a la agresión armada.
3.1.2. La opción profética: su ética y sus repercusiones en el campo
religioso
El papel que juega la Iglesia católica en el proceso revolucionario va
unido a la defensa de su espacio
institucional, su poder y sus privilegios, pero también se enfrenta a dos
propuestas de sociedad: el proyecto
democrático-popular y el proyecto democrático-burgués, los cuales representan
diagnósticos diferentes de la
realidad social. Hay sectores en la Iglesia que optan por el primero y otros
grupos que van a mostrar su desacuerdo,
tímidamente al principio y con fuerte oposición a partir de 1982.
En el campo religioso y en el espacio institucional la Jerarquía
eclesiástica se enfrenta a un fenómeno
de cambio, éste se venía gestando desde los años sesenta en la región
centroamericana. En Nicaragua la
religiosidad ha sido históricamente muy desinstitucionalizada, es decir, la
práctica religiosa católica en Nicaragua
ha tenido poca dependencia de la propia institución. Uno de los motivos que
llevó a esta situación fue la escasez de
sacerdotes que caracterizó en el pasado a la Iglesia de este país. En esas
condiciones la institución apoyó más a la
sociedad política que a la sociedad civil. La práctica se vuelve más privada
(menos institucional) y a la vez sirve de
unión en momentos de expresión masiva de la fe, como por ejemplo, la asistencia
a la Procesión de la Sangre de
Cristo. No será sino a fines de la década de los sesenta que se desarrollará una
pastoral con más arraigo popular y
más institucionalizada a través de la integración de comunidades cristianas de
base, aunque con una acción
bastante autónoma de la Jerarquía.
En general, se puede decir que la desinstitucionalización llevó en
Nicaragua a desarrollar un
catolicismo con una capacidad de acción poco vinculada a la institución, lo que
favoreció la autonomía de las
comunidades cristianas de base. De ahí también que acontecimientos como la
expulsión de obispos y sacerdotes, no
produjera ningún tipo de desestabilidad que afectara directamente a los fieles.
Muy distinto hubiera sido si se
eliminan celebraciones como la Novena de la Purísima que se celebra en el mes de
diciembre o la Procesión de la
Sangre de Cristo del Viernes Santo, dos acontecimientos religiosos de gran
arraigo popular y de participación
masiva. Probablemente ello hubiera afectado directamente la situación de los
fieles.
En la década de los ochenta surgen nuevas ofertas de sentido religioso,
propuestas por movimientos
sectarios y espiritualistas; pero mucho antes, a fines de los años sesenta, en
la Iglesia católica surgen proyectos
pastorales que permiten hablar de un proceso de transformación en el campo
religioso católico. Producto de estos
cambios son los nuevos grupos de Iglesia a nivel de las bases cristianas que se
forman como sujetos con capacidad
de comprender las causas de la pobreza y explotación que viven las mayorías
latinoamericanas. Estos grupos
conciben la religión como fuente liberadora de salvación, ante la situación de
pobreza y opresión, en su práctica
religiosa desarrollan una conciencia que los convierte en sujetos con gran
proyección en su campo religioso y en el
medio social y político en el que actúan. Se diversifica el campo religioso
católico y la opción profética sobresale
por sus acciones en la institución y no por su peso cuantitativo, sino por el
aporte cualitativo al propiciar la
formación de un sujeto que surge de las bases de fieles y entra en competencia
con el poder de la Jerarquía
eclesiástica. Las comunidades cristianas pasan a competir como productores que
participan en la producción de los
bienes de salvación puesto que tienen acceso al ejercicio de la práctica
sacramental y a la lectura e interpretación de
la Biblia. La relectura bíblica se hace a partir de la realidad de pobreza
experimentada cotidianamente por estos
cristianos.
Nos encontramos ante el fenómeno de la formación de una ética religiosa
comprometida con lo
personal, comunal, social y político, valorizando de esta forma la necesidad de
reflexionar sobre las condiciones
materiales de existencia a partir de la praxis humana. Los cristianos
desarrollan una conciencia que implica el
cuestionamiento del orden social establecido así como también del poder
eclesiástico ejercido de manera
estamental. La religión comprendida de esa manera implica una transacción entre
lo individual y lo social, entre lo
trascendente y lo humano, hacia la integración de ambas esferas para formar una
ética humana de contenido
cristiano. Es la experiencia de la transacción entre lo sagrado y lo secular,
con una recuperación de las nociones
originales del cristianismo a través de la lectura bíblica. Esta situación
genera una transacción entre las prácticas
religiosas y sociales que forman una ética humana orientada hacia una práctica
integradora de lo sagrado y lo
profano.
Por parte de la Jerarquía eclesiástica existe cierta búsqueda para
mantener el monopolio de producción
del sentido católico y no se admite que otras fuerzas dentro de la institución
utilicen en nombre de la Iglesia el
mismo contenido simbólico. Los grupos de la opción profética son católicos,
utilizan símbolos católicos sin ser
controlados por la Jerarquía eclesiástica. De ahí el desafío que representa para
ella retener el control del monopolio
de sentido católico. Si bien admite el surgimiento de estos grupos a fines de
los años sesenta y no impide su
desarrollo durante los años setenta, cuando éstos actúan durante la revolución
como una fuerza eclesiástica con
capacidad de convocatoria entre las clases subalternas, la Jerarquía
eclesiástica se opone a su actuación. No admite
que otras fuerzas hablen en nombre de la Iglesia católica porque en el fondo la
deslegitiman, ya que es ella quien
concentra el poder católico y se considera como único actor productor legítimo
del sentido católico.
Respecto a la competencia que representa el desarrollo de un poder en
las bases cristianas,
consideramos que este conflicto interno de la Iglesia es más profundo, difícil y
delicado para la propia institución
que el de la Jerarquía eclesiástica con el gobierno. En el contexto
latinoamericano las comunidades cristianas de
base identificadas con los procesos de lucha popular, se originan y actúan en un
contexto de dominación, de
injusticia y carencia de condiciones mínimas de existencia. Ellas denuncian
dicha situación como extraña al
espíritu del Evangelio. Esta actitud les produce a estos cristianos persecución,
represión y muerte por parte del
poder establecido. Esta situación se vive en Nicaragua durante el somocismo. Las
comunidades cristianas en
Nicaragua promueven sus prácticas pastorales y sociales fundamentadas en una
lucha contra el poder de la
dictadura somocista. Su aporte para derrocarla es reconocido en la historia de
la Iglesia católica latinoamericana
como un hecho de gran trascendencia.
En los años de la revolución, estos grupos de la Iglesia se identifican
y apoyan el proyecto
democrático-popular. El planteamiento general aplicado al resto de América
Latina no funciona igual, es decir, en
Nicaragua las comunidades cristianas no están en contra del poder como en los
otros países sino que apoyan el
poder que se construye sobre las clases subalternas. Los cristianos que optan y
participan en el proyecto
revolucionario se vieron obligados a plantearse una serie de preguntas para
definir su papel en la situación
revolucionaria.
El cristiano comprometido con lo social y lo político, se encontró ante
una situación en la que el poder
lo apoyó, no por su condición de cristiano sino por su compromiso con la
consolidación del proceso, aunque su
conciencia de participación la desarrolló en el espacio religioso. Esta
situación llevó a interpretaciones como la que
percibe a los cristianos comprometidos con el proyecto democrático-popular
(proyecto revolucionario) como una
"sucursal del sandinismo". Nosotros consideramos que se trata de un cristianismo
que en ese momento redefine su
práctica religiosa, política y social al confrontarse con un nuevo proyecto de
sociedad. La evolución hacia
legitimidades de orígenes múltiples, religiosos o seculares, lleva a algunos a
un conflicto de fidelidad. Cuál de las
dos legitimidades es predominante? La respuesta a ello puede variar, algunas de
estas actitudes entran en tensión
con las posiciones asumidas por la Jerarquía eclesiástica. Esta fue una de las
situaciones más críticas por las que
atravesó la Iglesia católica nicaragüense en la coyuntura estudiada.
3.2. La competencia por la producción simbólica
La armonía inicial en las relaciones que se establecen entre la Iglesia
católica y el gobierno
revolucionario al inicio del proceso empieza a resquebrajarse cuando la primera
percibe otro actor social capaz de
crear nuevos símbolos para el pueblo. Se produce por parte de la Jerarquía
eclesiástica una intensa lucha por
reinvindicar el monopolio de la producción de significación. El proyecto
revolucionario se convierte en el creador
de relaciones sociales nuevas y de un sistema simbólico encaminado a legitimar
el orden que empieza a
construirse, en un marco político de dominación social donde los sectores
populares son los actores principales.
El nuevo sistema simbólico apoya principios tales como la colectividad,
la socialización de los bienes,
el respeto a los héroes y mártires de la revolución, la solidaridad con el
pueblo, la lucha por la dignidad nacional.
La actitud de la Jerarquía eclesiástica coincide con las clases empresariales
pertenecientes a la burguesía opositora
somocista, quienes también reaccionan y temen que la propuesta del nuevo sistema
simbólico reduzca su espacio de
acción y dominación. Ambos actores perciben la fuerza simbólica del proceso
revolucionario como un potencial
que influye sobre amplios sectores de la población hasta entonces principales
clientes del sistema simbólico
religioso que la Iglesia católica ofrece. La Jerarquía eclesiástica considera el
proyecto revolucionario como un
competidor en la creación de significación y se opone a él sin dejar de lado la
posibilidad de entrar en un proceso
de transacción con el nuevo proyecto de sociedad.
Los valores que se construyen en una sociedad secularizada representan
un desafío para la institución
eclesiástica al no tener necesidad de legitimarse religiosamente para obtener la
credibilidad social. Este proceso de
descentralización en la producción de valores no sólo afecta los procesos
revolucionarios sino a toda la sociedad.
La Iglesia católica quiere mantenerse activa en el debate que representa éste
fenómeno. En ese proceso, y en la
situación de lucha ideológica que vive Nicaragua, la Jerarquía eclesiástica
entra en conflicto y compite con el
Estado tomando parte en el debate junto a las clases empresariales. La Jerarquía
eclesiástica se enfrenta a la
construcción de una ética de carácter revolucionario que implica la
transformación de los valores antiguos.
Pretende que la Iglesia sea la única institución legítimamente capacitada para
emitir los valores en esa sociedad.
Ella lucha por la legitimidad que le permita intervenir en la escena pública.
Esto la lleva a asumir posiciones que
coinciden con las de los sectores opositores incluídos quienes propician la
guerra, participando así en el debate por
la legitimidad del poder político y por la construcción de una nueva hegemonía.
Lucha también por generar formas
de proyección social promoviendo programas de atención en la salud y en la
educación, compitiendo de esta forma
con los programas dirigidos a las mismas áreas creados por el gobierno
revolucionario. Ello la hace entrar en
competencia con éste, debido a la duplicación de programas en medio de
condiciones muy limitadas por el bloqueo
económico y la guerra contrarrevolucionaria.
En un proceso de transformación y transición hacia una nueva formación
social como el que vive
Nicaragua en la década de los ochenta, la producción de sentido es objeto de una
situación candente y cuestionante.
En ese contexto se vive una intensa lucha ideológica. La expresión de esta lucha
se muestra en la competencia que
se genera en torno a la construcción de una nueva identidad, esta situación
afecta el campo religioso. La Jerarquía
eclesiástica entra en el debate considerando la primacía de lo religioso sobre
las nuevas formas seculares de
sentido. La lucha por la producción simbólica es asumida por la Jerarquía
eclesiástica para mantener su vigencia
en la nueva sociedad.
La Jerarquía eclesiástica entra de lleno en el debate político con el
gobierno. El interés por ese debate
resulta de una seducción que el mundo político establece con el mundo religioso.
Ella se funda sobre una cierta
comunidad de intereses entre la Jerarquía eclesiástica y algunos oponentes al
gobierno. Esta afinidad electiva
(según Weber) se explica no por una manipulación de la Jerarquía por parte de
algunos sectores nacionales e
internacionales, sino que esta connivencia tiene efecto en el reforzamiento de
esos sectores.
3. 3. Discursos diferentes y una estructura simbólica que no cambia
Los resultados del estudio de los dos discursos objeto de esta
investigación nos mostraron que éstos
son expresión de las prácticas de la Jerarquía eclesiástica en coyunturas
distintas, expresando las posiciones
diferentes que asumen los obispos durante la experiencia revolucionaria. El
primer discurso publicado cuatro meses
después de iniciado el nuevo proyecto de sociedad y expresado en el lenguaje de
la revolución, demuestra atracción
y aproximación al nuevo proceso por parte de la Jerarquía eclesíastica. El otro
discurso, escrito cuatro años
después, expresa un total rechazo a la revolución y la gran tensión que se
genera en la institución eclesiástica ante
la posición de afinidad de la opción profética con el proyecto revolucionario.
La opción profética mantiene una
gran vigencia en la revolución, sin el control incluso de la propia Jerarquía.
El análisis de los discursos nos llevó al estudio del pensamiento de
los obispos en ambas coyunturas,
analizando la situación y la posición de los actores involucrados, los desafíos
que mueven la dinámica del juego
social de los obispos tanto en su campo religioso como en la acción que
despliegan en el campo político, las
consecuencias y los efectos. Cuando se comparan los discursos, en un primer
momento se constatan las diferencias,
pero en un análisis posterior se descubre que el uno y el otro son inspirados
por una estructura simbólica similar.
Hay aquí una paradoja que nuestra interpretación aclarará más adelante.
El análisis de las dos cartas, nos permitió hacer una evaluación de las
representaciones sociales y
religiosas de los obispos a través de los temas a los cuales acuden ellos en sus
prácticas discursivas, la forma en que
perciben el proceso de transformación que vive el país y la manera como se
vinculan con la población. El análisis
de evaluación temática nos permitió establecer modelos simbólicos coyunturales
del discurso, a partir de la
definición de tópicos, de las calificaciones, de las contradicciones y de las
oposiciones vertidas en el texto. El
modelo mostró un cambio en la manera de presentarse (ver gráfico 1, apartado
2.4), utilizando estructuras
periféricas con contenidos diferentes porque el mensaje se adecúa a la
coyuntura. Esto es importante para la
Jerarquía eclesiástica si quiere mantener la credibilidad y de algún modo la
dominación. Si en la primera carta se
hubiera presentado como en la segunda no se hubiera mantenido la credibilidad.
El análisis de los dos documentos
nos mostró dos composiciones diferentes del discurso porque se basan en
acontecimientos diferentes, adaptando el
documento a las circunstancias cotidianas del momento en que fue escrito y
mostrando que lo que sucede es que
hay temas más frecuentes que otros.
La comparación de los resultados obtenidos en el análisis de las dos
cartas pastorales nos permitió
percibir la existencia de una estructura simbólica que no cambia. En ambos
documentos se dan los mismos puntos
de referencia que llevan a una conversión personal. En el caso de la primera
carta pastoral, los obispos parten de lo
colectivo para llegar a la propuesta de la necesidad de una conversión personal.
En la segunda, intentan ser más
claros en sus argumentos para mostrar lo que piensan a partir de lo personal.
Constatamos la existencia de una
estructura de discurso que podríamos decir que es específica del campo religioso
en su versión católica. Esta
estructura simbólica pone en evidencia la existencia de un antagonismo
ideológico, entre el
Bien y el Mal, del cual se valen los actores para formular su
discurso. El antagonismo es neto y
deja poco lugar a zonas intersticiales. El Bien y el Mal son
calificados principalmente por
calidades morales. La estructura simbólica de fondo, que se descubre a partir de
una estructura dual, es
característica del campo religioso en expresiones como la católica. La realidad
es leída a través de símbolos que
representan la oposición de valores entre el Bien y el Mal. La
Iglesia católica y sus representantes,
los obispos, se pretenden portadores del bien, y así capaces de definir el orden
(cosmos) a través de la escogencia
entre el bien y el mal en una situación de desorden (caos).11 Sólo se
puede salir de la crisis haciendo la separación
entre el bien y el mal, lo cual se logra mediante la referencia a la palabra de
Dios, como la única expresión de la
verdad.
Un aspecto sobresaliente que nos mostró el estudio es que el discurso
de la Jerarquía se adapta a la
coyuntura, a nivel de las representaciones, mientras que la estructura simbólica
profunda del discurso permanece.
Parecería que en un momento dado la Iglesia hubiera cambiado de manera profunda
y después percibimos que el
cambio sólo se da en su periferia, como forma táctica para responder a la
coyuntura y mantener su objetivo.
Para la Jerarquía elesiástica, en la revolución 'hay una descomposición
del orden social a causa del
comunismo que se pretende construir'. La Iglesia católica debe intervenir como
única instancia legitimadora de
salvación, dirigiéndose a un cristianismo privado y personalizado. En un proceso
de transformación como el que se
quiere llevar a cabo en Nicaragua con la revolución, la Jerarquía eclesiástica
actua por todos los medios para
ejercer su función. Dicha función está basada en una acción que se construye
desde las tradicionales esferas del
poder económico, político y religioso, expresadas en las clases empresariales
antisomocistas. En este caso concreto,
éstas son las representantes de esta construcción y el centro de esta acción.
Estos grupos están en conflicto con el
proyecto revolucionario, o sea con el proyecto democrático-popular. La Jerarquía
rechaza el nuevo ordenamiento
que propone el proyecto democrático-popular. Hay un encuentro entre la Jerarquía
eclesiástica y las clases
empresariales antisomocistas generando el conflicto con el proyecto
revolucionario.
Para la Jerarquía eclesiástica no es suficiente un compromiso social si
no se lleva adelante una
conversión personal, una transformación personal, proponiendo esta conversión
interior como un elemento
dinamizante de la transformación colectiva. En esa estructura de pensamiento, la
Jerarquía eclesiástica se identifica
con el proyecto de sociedad propuesto por el proyecto democrático-burgués. A
partir de esta opción este actor
religioso pretendió que el pueblo nicaragüense se comprometiera con su
conversión personal.
La comparación de las dos cartas pastorales nos permitió constatar que
la estructura del discurso es
invariante. Ello nos lleva a pensar que pese a la situación revolucionaria la
Iglesia no cambia. En sociedades
revolucionarias o no, la Iglesia católica defiende su espacio institucional. La
acción de los obispos está dirigida a
defender el espacio institucional y su lugar de privilegio. Sus temores están
fundados en el aspecto disciplinario y
simbólico, que podrían verse desestabilizados en un momento como el que vive
Nicaragua en la revolución. La
Jerarquía eclesiástica de la Iglesia católica en América Latina canaliza sus
prácticas a la reproducción de la
institución y de sus privilegios interviniendo tanto en la esfera privada como
en la esfera pública. Esto resulta
contrastante con la situación que se presenta, por ejemplo, en las iniciativas
de las jerarquías católicas en América
del Norte y en Europa, donde la lógica de acción se apoya sobre todo en el
fortalecimiento de la autoridad
simbólica más que en el de la autoridad disciplinaria13.
APORTES, LIMITACIONES Y NUEVAS PERSPECTIVAS
La Jerarquía eclesiástica lucha por mantener el monopolio de la
producción de sentido de la versión
católica ante una nueva instancia que surge en el campo político ofreciendo
otros productos para alimentar el
sentido de la población. La Iglesia católica, con influencia en la población
desde temprana edad, defiende su
condición de productora de sentido entre sus seguidores. Esta característica de
la institución no constituye una
novedad. Ella forma parte de la lógica propia del campo religioso en el mundo
católico. El aporte de esta
investigación consiste en haber estudiado este hecho en un contexto concreto, en
este caso la situación de la Iglesia
católica de Nicaragua en el momento particularmente candente en que ese país
quiere llevar a cabo un nuevo
proyecto de sociedad.
Debemos señalar que el estudio se limitó al análisis de dos cartas
pastorales, en un país determinado y
en dos coyunturas específicas, por lo tanto los resultados no pueden ser
generalizados al conjunto de países
latinoamericanos. Tratamos de explicar las lógicas de las prácticas sociales de
la Jerarquía eclesiástica con
repercusión institucional y política. En la situación de la Iglesia católica,
abordamos solamente las relaciones que
se establecen entre la Jerarquía eclesiástica y la opción profética, por ser
esta relación de tensión la que sobresale
en el análisis de las dos cartas pastorales. Dejamos de lado otras formas de
religiosidad popular existentes. En el
aspecto político abordamos sobre todo las prácticas religiosas que intervienen
en el juego de la legitimación del
nuevo régimen. Nuestro aporte se refiere al análisis del proceso evolutivo de la
dinámica del actor, la Jerarquía
eclesiástica, circunscribiéndonos a dos coyunturas específicas del período
revolucionario. Este estudio nos permitió
mostrar que existe un cambio en la Iglesia y en el campo religioso católico,
pero a nivel de las bases (experiencias
de comunidades cristianas que conforman la opción profética) y no propiamente de
la Jerarquía eclesiástica,
aunque estos cambios repercutan en la función social y política de la Jerarquía.
La Jerarquía eclesiástica que siempre ocupó una posición de dirigencia
y de privilegio en el campo
religioso católico, se ve amenazada cuando el proceso revolucionario genera
nuevas formas de sentido para la
población nicaragüense (el proyecto democrático-popular). La Jerarquía
eclesiástica percibe la fuerza simbólica del
proyecto revolucionario como un potencial que influye sobre amplios sectores de
la población católica,
tradicionalmente seguidores del sistema simbólico católico. Por eso la Jerarquía
eclesiástica entra a participar
activamente en el juego de poder por la producción simbólica a pesar de que ella
no produce un sistema simbólico
compatible con la nueva realidad social. Esta situación la lleva a luchar por
conservar el monopolio de la
producción de sentido católico y a participar en el debate ideológico con el
gobierno, con consecuencias en la
propia institución eclesiástica.
Al inicio del proceso revolucionario la Jerarquía eclesiástica muestra
una aproximación con dicho
proceso transformada luego en oposición. También constatamos que al incio hubo
una relación de aproximación
con la opción profética situación que se convierte luego en una relación de
tensión. Por otro lado, constamos que la
relación de la Jerarquía con los otros actores que fueron analizados, tanto
religiosos como políticos, fue de
identificación.
Al concluir estas reflexiones sobre los resultados del estudio, podemos
decir que la experiencia de un
caso concreto nos permitió constatar que la Iglesia católica lucha por conservar
el monopolio de la producción de
sentido en una sociedad secularizada que vive un proceso revolucionario.
Estas reflexiones nos permiten sugerir nuevos problemas de
investigación y de análisis. Sería
interesante saber que está ocurriendo actualmente en las relaciones Iglesia-
Estado; cuál es la situación interna de la
Iglesia; cuáles son hoy las prácticas de los diferentes actores colectivos que
integran la Iglesia católica de
Centroamérica, y de Nicaragua en particular, en tanto que la Iglesia sigue
interviniendo en la legitimación del
poder político.
Un segundo aspecto, muy importante de tener presente actualmente en
América Latina, remite al
problema de la secularización de la sociedad al que se enfrenta la Iglesia
católica. La transformación que vive el
campo religioso es debida a la aparición de nuevas fuentes de sentido que
provienen tanto de otras versiones
religiosas como de las condiciones propias de esa sociedad secularizada. Estos
elementos caracterizan en parte la
competencia que afecta el monopolio de la versión católica.
Cuál va a ser el papel de la Iglesia en una situación de secularización
en la cual los valores que se
imponen no tienen necesidad de legitimación religiosa para obtener la
credibilidad social?. La secularización
supone descentralización de valores, que ni el Estado ni la Iglesia están en
condiciones de monopolizar. La Iglesia
quiere mantenerse activa luchando por su incorcoparación en la producción de
esos valores.
Esta problemática nos lleva a plantear otros interrogantes que debemos
abordar en futuras
invesgaciones: Cómo abordar las modalidades a partir de las cuales se definen
unas y otras versiones productores
de sentido? Cuáles son las modalidades de conversión o distanciamiento entre la
Iglesia y las instancias
secularizadas que producen un sistema simbólico seductor? En la versión
religiosa y en los valores modernos
secularizados, cuáles son los puntos de conflicto del catolicismo en relación a
otras versiones religiosas en esta
tensión de legitimidad? Los lugares de producción de sentido se multiplican? Si
eso es así, alrededor de cuáles
problemas? Todas estas evoluciones a nivel estructural son indicadoras de una
transformación estructural donde las
diversas actividades se hacen autónomas las unas en relación a las otras?
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ANEXO 1
Carta Pastoral "Compromiso cristiano para una Nicaragua nueva"
(17 de noviembre de 1979)
A los sacerdotes, religiosos y religiosas, Comunidades de Base, Delegados de
la Palabra, y a todos los hombres
de Buena Voluntad.
PAZ Y BENDICION EN EL SEÑOR
Nos dirigimos al pueblo de Nicaragua, del cual formamos parte, que
busca el camino de la verdad y la
realización de la justicia en el momento actual del proceso revolucionario que
vive nuestra patria, y sobre el que
muchos hoy en el mundo tienen puestos los ojos. Queremos hablar en la claridad
que nos exige el evangelio (ef.
Mt. 5,37) y que nos exige también el pueblo católico y el pueblo nicaragüense
todo, a quienes nos debemos. Lo
hacemos como Pastores de la Iglesia, conscientes de que muchos cristianos
participaron activamente a la hora de la
insurrección y trabajan actualmente para la consolidación de su triunfo. Creemos
que esta palabra puede ser un
servicio al pueblo de Dios, animándolo en su compromiso ayudándolo a discernir
lo que es obra del Espíritu Santo
en el proceso revolucionario. Estamos convencidos, como Iglesia, que es mucho lo
que hay por hacer y que no
siempre hemos sabido estar a la altura de lo que exigían las necesidades de
nuestro pueblo.
No podemos realizar solos este discernimiento. Recomendamos y sumimos
las sabias palabras del
Papa Pablo VI: "A las comunidades cristianas toca discernir, con la ayuda del
Espíritu Santo, en comunión con los
Obispos responsables, en diálogo con los demás hermanos cristianos y todos los
hombres de buena voluntad, las
opciones y los compromisos que convienen asumir para realizar las
transformaciones sociales, políticas y
económicos que se consideran de urgente necesidad en cada caso" (Oc. Ad, n.4).
POr ellos esta Carta Pastoral es
también un llamamiento a continuar el diálogo con las comunidades cristianas y
una petición a que ellas, que están
inmediatamente insertas en nuestra realidad, sepan encontrar el verdadero
espíritu "para impulsar eficazmente con
Cristo la historia de nuestros pueblos hacia el Reino" (Puebla, n. 274). Sabemos
también que lo nuestro no es
ofrecer "oro y plata" (hechos. 3,6), ni proponer soluciones políticas o
económicas, sino proclamar la Buena Nueva.
Deseamos hablar con humildad y sencillez, porque somos pastores y
miembros de una Iglesia "Santa a
la vez necesitada de purificación" (L, G., N.8; E., n.15).
PRIMERA PARTE
COMPROMISO CRISTIANO POR UNA NICARAGUA NUEVA
A. Realizaciones
Queremos comenzar con una palabra sobre los logros del proceso
revolucionario que nos llevan a:
a. Reconocer que nuestro pueblo ha venido acumulando, a través de años de
sufrimiento y marginación social, la
experiencia necesaria para convertirla ahora en una acción amplia y
profundamente libertadora.
Nuestro pueblo luchó heroicamente por defender su derecho a vivir con
dignidad en paz y en justicia.
Este ha sido el significado profundo de esta acción vivida contra un régimen que
violaba y reprimía los derechos
humanos, personales y sociales. Así como en el pasado denunciamos esas
situación como contraria a las
exigencias evangélicas, queremos ahora reafirmar que asumimos la motivación
profunda de esa lucha por la
justicia y por la vida.
b. Reconocer que la sangre de aquellos que dieron su vida en ese prolongado
combate, la entrega de una
juventud que desea forjar una sociedad justa, así como el papel sobresaliente de
la mujer -secularmente postergada-
en todo este proceso, significan el despliegue de fuerzas nuevas en la
construcción de una nueva Nicaragua. Todo
esto subraya la originalidad de la experiencia histórica que estamos viviendo.
POr otra parte, la lucha de nuestro
pueblo por ser el artífice de su propia historia, ha sido caracterizada
profundamente por el pensamiento y la obra de
Augusto César Sandino, lo que acentúa la originalidad de la Revolución
nicaragüense, dándole un estilo propio y
una bandera muy definida de justicia social, de afirmación de los valores
nacionales y de solidaridad internacional.
c. Ver en la alegría de un pueblo pobre que, por primera vez en mucho tiempo,
siente dueño de su país, la
expresión de una creatividad revolucionaria que abre espacios amplios y fecundos
al compromiso de todos los que
quieren luchar contra un sistema injusto y opresor y construir un hombre nuevo.
d. Valorar la determinación de comenzar desde el primer día del triunfo a
institucionalizar el proceso
revolucionario sobre una base jurídica. Como se demostró en la decisión de
mantener los programas anunciados
con anterioridad al triunfo, por ejemplo: la promulgación del Estatuto sobre los
Derechos y Garantía de los
nicaragüenses, la práctica consecuente de las libertades de información, de
organización política partidaria, de
culto, de movimiento, la nacionalizaciones que recuperan para el país las
riquezas, los primeros pasos de una
reforma agraria, etc.; así como en la capacidad de lanzarse, desde los primeros
días del proceso, a planificar y
organizar una cruzada nacional de alfabetización que dignifique el espíritu tu
nuestro pueblo, lo haga apto para ser
mejor autor de su propio destino y participar con mayor responsabilidad y
clarividencia en el proceso
revolucionario.
e. Reconocer la existencia en el país de conflictos entre intereses opuestos,
motivados por la reforma agraria,
las expropiaciones de grandes propietarios, etc.; conflictos que pueden ser
gravados por un proceso de cambio de
estructuras económicas, sociales, políticas y culturales.
f. Reconocer también los riesgos, los peligros y los errores de este proceso
revolucionario, conscientes de que
en la historia no hay procesos de pureza humana absoluta, y en tal sentido
valorar la libertad de crítica y de
expresión como un medio insustituible para señalar y corregir los errores y
perfeccionar los logros del proceso
revolucionario
B. Tareas
Creemos que el actual momento revolucionario es una ocasión propicia
para hacer real la opción
eclesial por os pobres. Debemos recordar, sin embargo, que ninguna realización
histórica revolucionaria tiene la
capacidad de agotar las posibilidades infinitas de la justicia y de la
solidaridad absoluta del reino de Dios. Por otra
parte debemos afirmar que nuestro compromiso con el proceso revolucionario no
puede significar ingenuidad ni
ciego entusiasmo, mucho menos la creación de un nuevo ídolo, frente al que hay
que doblegarse
incuestionablemente. Dignidad, responsabilidad y libertad cristiana son
aptitudes irrenunciables dentro de una
participación activa en el proceso revolucionario.
Como todo proceso humano, también éste se halla sujeto a posibles
errores y abusos. No pocos
nicaragüenses sienten levantarse en ellos ciertas preocupaciones y temores. Es
nuestro deber de pastores recoger
las inquietudes del pueblo a cuyo servicio estamos y discernir las causas
objetivas que las producen: las que sean
consecuencia de abusos o negligencias para denunciarlas, las que se deban a
deficiencias que provienen más bien
de la limitación de los medios y de las condiciones presentes, para evitar que
sean utilizadas demagógicamente.
El Gobierno ha creado canales que creemos seguirán siendo cada vez más
eficaces para acoger las
quejas que puedan surgir frente al proceso revolucionario. Esto plantea la
necesidad de dialogar, aunque sea
brevemente y sabiendo que nuestra percepción no es la de todos, sobre algunas
preocupaciones que han llegado
hasta nosotros y que nos parecen más importantes.
a. A pesar de que la política de las autoridades ha sido la de evitar
ejecuciones o mal trato de los presos y
apelar al pueblo a no tomarse la justicia por su mano, no han dejado de
producirse abusos.
Se han dado estas dolorosas situaciones por parte de algunos líderes
locales. Nuestra actitud será
presentar a las autoridades nacionales las pruebas que nos han llegado de tales
abusos, en la confianza de que ellas
sabrán ponerle remedio en la medida en que la posibilidad de control e
integración nacional vaya haciéndose más
real.
b. Mucho se oye hablar sobre el desorden que reina en el país y hasta de caos
administrativos. Tomemos
conciencia de que vivimos días de creatividad y de transición; y recordemos que
la albor de reconstrucción es todo
el pueblo, no sólo de cierto sectores.
c. Respecto de la libertad de organización política partidaria, nos parece
muy necesaria la participación
consciente y activa de las mayorías nicaragüenses en el proceso revolucionario
que vivimos; esto debe producirse a
través de los organismos de democracia popular directa que ya existen y de los
que vayan creando a través de un
diálogo nacional. Diversas fuerzas han contribuido generosamente al proceso
histórico y nadie debe obstaculizar
su contribución. Encabezando esas fuerzas, es evidente que el Frente Sandinista
de Liberación Nacional tiene
logrado un lugar en la historia. Para consolidar esa posición, su principal
labor es, a nuestro juicio, continuar
convocando al pueblo entero a ir forjando su propia historia a través de una
participación plural y decidida en el
vida nacional. Esto exige de los actuales líderes una absoluta fidelidad al
pueblo de los pobres que no desdiga de
los principios de justicia y del nombre de "Sandinista" ganando en la lucha por
la liberación.
C. Socialismo
Se oye expresar a veces hasta con angustia el temor de que el presente
proceso nicaragüense se
encamine hacia el Socialismo. Se nos pregunta a los obispos qué pensamos sobre
ello.
Si, como algunos piensan, el socialismo se desvirtúa usurpando a los
hombres y pueblos su carácter de
protagonista libre de su historia; si pretende someter al pueblo ciegamente a
las manipulaciones y dictados de
quienes arbitrariamente detentarían el poder, tal espurio o falso socialismo, no
lo podríamos aceptar. Tampoco
podríamos aceptar un socialismo que extralimitándose pretendiera arrebatar al
hombre el derecho a las
motivaciones religiosas de su vida o de expresar públicamente esas motivaciones
y sus convicciones, cualquiera que
sea su fe religiosa.
Igualmente inaceptable sería negar a los padres el derecho a educar a
sus hijos según sus convicciones
o cualquier otro derecho de la persona humana.
Si, en cambio, socialismo significa, como debe significar, preeminencia
de los intereses de la mayoría
de los nicaragüenses y un modelo de economía planificada nacionalmente solidaria
y progresivamente
participativa, nada tenemos que objetar. Un proyecto social que garantice el
destino común de los bienes y recursos
del país y permita que, sobre esta base de satisfacción de las necesidades
fundamentales de todos vaya
programando la calidad humana de la vida, nos parece justo. Si socialismo
implica una creciente disminución de
las injusticias y de las tradicionales desigualdades entre las ciudades y el
campo, entre la remuneración del trabajo
intelectual y del manual; si significa participación del trabajador en los
productos de su trabajo, superando la
alineación económica, nada hay en el cristianismo que implique contradicción con
este proceso. Más bien el Papa
Juan Pablo II acaba de recordar en la ONU la preocupación causada por la
separación radical entre trabajo y
propiedad.
Si socialismo supone poder ejercido desde la perspectiva de las grandes
mayorías y compartido
crecientemente por el pueblo organizado, de modo que vaya hacia una verdadera
transferencia del poder hacia las
clases populares, de nuevo no encontrará en la fe sino motivación y apoyo.
Si el socialismo lleva a procesos culturales que despierten la dignidad
de nuestras masas y les
comunique el coraje para asumir responsabilidades y exigir sus derechos, se
trata de una humanización
convergente con la dignidad con la dignidad humana que proclama nuestra fe.
En cuanto a la lucha de clases sociales, pensamos que una cosa es el
hecho dinámico de la lucha de
clases, que debe llevar a una justa transformación de las estructuras, y otra el
oído de clases que se dirige contra las
personas y contradice radicalmente el deber cristiano de regirse por el amor.
Nuestra fe nos asegura que es un impostergable deber cristiano dominar
al mundo, transformar la
tierra y todos los demás recursos de producción para que permitan al hombre
vivir y hacer de esta tierra
nicaragüense una tierra de justicia, solidaridad, paz y libertad, en la adquiera
todo su sentido el anuncio cristiano
del reino de Dios.
Tenemos además confianza de que el proceso revolucionario será algo
original, creativo,
profundamente nacional y de ninguna manera imitativo. Porque, con las mayorías
nicaragüenses, no capitalista,
ni dependiente, ni totalista.
SEGUNDA PARTE
MOTIVACION EVANGELICA
Varias veces en el pasado hemos intentado iluminar desde el evangelio
la situación de nuestra patria
(Cfr. nuestros mensajes del 8 de enero de 1977 y el 8 de enero de 1978). Más
recientemente, el 2 de junio del
presente año, declaramos el derecho del pueblo nicaragüense a la insurrección
revolucionaria. Para todo ellos nos
hemos apoyado en la fidelidad del Evangelio y en la doctrina tradicional de la
Iglesia.
Nos toca también ahora, en la nueva situación, pronunciar una palabra
de fe y de esperanza sobre el
actual proceso revolucionario y el modo de realizar en el las exigencias
evangélicas.
Queremos por lo tanto recordar aquello que es en verdad fundamental en
nuestra fe cristiana y que
estamos redescubriendo y recuperando como central en la actual situación de la
patria y en la orientación del
proceso de cambio revolucionario.
Anuncio del Reino de Dios
a. El corazón del mensaje de Jesús es el anuncio del Reino de Dios. Reino
basado en el amor del Padre por
todo ser humano y en el que los pobres ocupan un lugar de preferencia. Reino
significa globalidad, nada escapa a
el. Proclamar el Reino de Dios quiere decir anunciar al Dios del Reino y su amor
de Padre, fundamento de la
fraternidad entre todos los hombres.
Jesús nos precisa que el Reino significa liberación y justicia (Cfr.
Lc.4, 16-20), porque es un reino de
vida; la necesidad de construirlo es el fundamento para que sumamos y
colaboremos con el actual proceso dirigido
a que todos los nicaragüenses tengan en verdad vida. La fe en este Dios nos
mueve a recalcar lo que siempre
hemos predicado, pero que cobra ahora una concreción y urgencia excepcionales.
Creer en ese Dios es dar vida a
los otros, amarles de verdad, practicar la justicia. La vida concreta que Dios
quiere para los nicaragüenses sólo se
puede realizar en la superación radical de los propios egoísmos y en el despojo
de los propios intereses que por
tantos años han sido fomentados en nuestra patria. Trágicamente debemos
recordar como estos han llevado a la
muerte a nuestros hermanos. Y por ello debemos exigir de todos la práctica del
amor y de la justicia, olvidándose
cada uno de si mismo y pensando que es lo que el puede dar.
Compromiso Evangélico
b. Anunciar el Reino implica hacerlo presente en la historia, que llegue a
nosotros. En ese esfuerzo se juega la
autenticidad de nuestra fe en el Dios que libera, estableciendo lo que la
Sagrada Escritura llama "La justicia y el
derecho" en favor del pobre. Ese compromiso es el lugar de verificación de
nuestra fe en Cristo que dio su vida por
proclamar el Reino de Dios. No hay vida de fe sin el testimonio y este se da en
las obras. Solo desde aquí se
comprende y se valida el anuncio por medio de la palabra. En el compromiso por
los pobres y contra la injusticia
social, nuestra fe se hace verdad fecunda no solo para los demás sino también
para nosotros mismos. Es actuando
como cristianos que nos hacemos cristianos. Sin esa solidaridad nuestro anuncio
de la Buena Nueva será una
palabra vacía. Una evangelización liberadora implica un compromiso con la
liberación de nuestro pueblo. Como
lo han dicho los Obispos en Puebla: "El Evangelio nos debe enseñar que, ante
las realidades que vivimos, no se
puede hoy en América Latina amar de veras al hermano y por lo tanto a Dios sin
comprometerse a nivel personal y
en muchos casos incluso a nivel de estructuras" (n.327). Por eso, después de
larga y paciente espera, nuestro pueblo
se ha lanzado a la lucha por su liberación plena y total.
Liberación en Jesucristo
c. La liberación en Jesucristo comprende los diferentes aspectos de la vida
humana porque Dios quiere que el
hombre viva y lo haga en plenitud. Por ello Dios creó al hombre de acuerdo a un
plan que liga estrechamente
poseer la tierra, relación social y relación con Dios. Relación con la
naturaleza, en primer lugar, donde el ser
humano encuentra la satisfacción de sus necesidades más elementales; dominarla a
través de una economía
racional y puesta al servicio del hombre, es la base de una sociedad justa.
Relación entre las personas humanas,
seguida de una dimensión social, que debe estar marcada por una comunión que
supone una auténtica fraternidad y
una participación real de todos en la orientación de la sociedad a la que
pertenecen; esto para nosotros hoy, debe
volverse principalmente obra de justicia para loas oprimidos, esfuerzo de
liberación para quienes más la necesitan"
(Pueblan.327). Pero la liberación significa también y radicalmente una relación
con Dios. Como hijos que acogen
y viven su amor gratuito, este lazo es el fundamento último de la relación del
hombre con la naturaleza, así como
de su dimensión social. El rechazo del hermano significa el rechazo de Dios
mismo. El gesto de amor al pobre y
al oprimido es gesto de amor al Señor mismo (Cfr. Mt. 25, 31-46). La liberación
integral comprende estos tres
diferentes planos, que se implican mutuamente. Olvidar uno de ellos es recortar
los derechos y las potencialidades
de la persona humana. Acoger el don gratuito del Padre supone comprometerse en
la lucha por la justicia y la
creación de la fraternidad; esta encuentra, a su vez, su pleno sentido en el
reconocimiento de la presencia del amor
liberador de Dios en la historia.
Compromiso Social
d. En el Reino de Dios, núcleo del mensaje de Jesús, es al mismo tiempo
requerimiento para un compromiso
social e ineludible elemento crítico que juzga la historia, se niega a
absolutizar toda realización en ella y la
mantiene más bien abierta a la creatividad humana y a la irrupción de la gracia
del Señor.
Vivimos hoy en nuestro país una ocasión excepcional de testimoniar y
anunciar el Reino de Dios.
Sería una grave infidelidad el Evangelio dejar pasar por temores y recelos, por
la inseguridad que crea en algunos
todos proceso radical de cambio social, por la defensa de pequeños o grandes
intereses individuales, este exigente
momento de concretar esa opción preferencial por los pobres que nos reclaman
tanto el Papa Juan Pablo II como la
Conferencia Episcopal de Puebla.
Esta opción ha supuesto la renuncia a viejos modos de pensar y actuar,
la conversión profunda de
nosotros mismos como Iglesia. En efecto el día en que la Iglesia dejara de
presentarse al mundo como pobre y
aliada natural de los pobres traicionaría a su fundador divino y al anuncio del
Reino de Dios. Nunca como ahora
en la situación de Nicaragua, ha sido tan urgente ratificar convencidamente esta
opción preferencial por los pobres.
Los pobres de que habla Jesús, de los que se rodea son pobres reales
auténticos, hambrientos,
afligidos, oprimidos; son todos aquellos que no están previstos en la
organización de la sociedad y que son
rechazados por ella. Desde esta solidaridad con los pobres, Jesús anunció el
amor del Padre a todo ser humano y
afrontó el sufrimiento, la persecución y la muerte.
Opción Preferencial por los Pobres
e. He aquí, hermanos nicaragüenses, como nuestra fe en Jesús y en el Dios de
la vida, encarnada ahora en una
búsqueda razonable, debe iluminar el compromiso de los cristianos en el actual
proceso revolucionario. El primer
aporte de la Iglesia y del nicaragüense es su preferencia por el pobre y por lo
tanto debe apoyar las medidas y leyes
que lo rescaten de toda marginación, reveindiquen sus derechos y fortalezcan las
organizaciones que aseguran su
libertad. No podemos ni debemos cerrar los ojos ante los riesgos y los posibles
errores propios de toda construcción
histórica; creemos por el contrario que habrá que señalarlos con toda claridad y
valentía desde el Evangelio cuyo
anuncio es nuestra tarea y responsabilidad. Pero estamos convencidos también
que esto solo podrá ser auténtico si
escuchamos con humildad y discernimiento el llamado que el Señor nos hace a
través de los signos de los tiempos.
Y queremos mantener ese discernimiento y compromiso en compañía de toda
la comunidad eclesial
nicaragüense, en el cual queremos encontrar ánimo e interpelación, unidos al
pueblo pobre cuyo "potencial
evangelizador" hemos descubierto y que llama a toda nuestra Iglesia a una
conversión (Puebla n. 1147).
TERCERA PARTE
RESPONSABILIDAD Y DESAFIO EN LA HORA PRESENTE
Los ojos de América Latina miran hacia Nicaragua. También los ojos de
la Iglesia latinoamericana.
Nuestra revolución se da un momento en que la Iglesia Católica a través de las
experiencias del Concilio Vaticano
II, de Nedellín y de Puebla ha ido tomando cada vez conciencia de que la causa
de los pobres es su propia causa.
Son muchos los miembros de la Iglesia que en este continente han dado
un claro y reciente testimonio
de esta solidaridad. Conscientes de que el proceso revolucionario pide
generosidad y sacrificios, exhortamos a
todos ustedes hermanos nuestros, a que encontremos en la fe, motivación y fuerza
para ser los primeros en aceptar
las renuncia y entregarnos al trabajo que la construcción de la nueva Nicaragua
nos exija.
En primer lugar la revolución requiere de nosotros una profunda
conversión del corazón. La
revolución nos exige además austeridad de vida. La guerra y, sobre todo, el
orden social anterior, nos han dejado
una herencia de penuria económica, a pesar de la riqueza de nuestro país. La
fuga de personas capacitadas en el
terreno administrativo y el desconcierto inevitable al comienzo de un cambio tan
radical de sistema agravan el
problema.
Hay que prepararse para soportar austeramente la escasez, e impedir que
sean las mayorías sin
recursos las que tengan que soportar sus consecuencias. Los cristianos,
conscientes del llamamiento del Señor a la
pobreza, debemos ser los primeros en aceptar con alegría y generosidad ese
tiempo de estrechez que dará paso,
estamos seguros a una vida más plenamente humana y fraterna. Aprenderemos así
existencialmente que no es la
abundancia y menos todavía el consumismo lo que satisface y realiza al hombre,
como lo ha dicho repetidas veces
Juan Pablo II. El hombre encuentra más bien su plenitud como persona en la
solidaridad que permite satisfacer las
necesidades materiales fundamentales y ser creadores de más elevada cultura, de
trabajo cada vez más humanizado
y productivo, de paz cada día más abierta al progreso espiritual del hombre. Al
mismo tiempo hacemos un
llamado a que cese la fuga de capitales, aumente la repatriación y reinversión,
sean más justos al comercio
internacional y las condiciones en que se renegocie la deuda externa de
Nicaragua; estamos ciertos que estos
contribuirá a aliviar la escasez y evitar mucho sufrimiento humano.
Generosidad de los Jóvenes
La esperanza de esta revolución descansa ante todo en los jóvenes
nicaragüenses. Ellos han hecho un
derroche de generosidad y valor que ha asombrado al mundo y serán los
principales artífices de esta nueva
"civilización del amor" que queremos construir (Puebla n. 1188). Ellos tendrán
que encarnar de modo efectivo en
el proceso revolucionario los auténticos valores del evangelio. A ellos debe
volcarse con especial solicitud el
esfuerzo evangelizador de la Iglesia entera.
Libertad en la Labor Apostólica
Para la Iglesia no pedimos los Obispos nicaragüenses ningún privilegio
que no sea el de poder
realizar, como humilde pero preciosos servicio al pueblo, su misión
evangelizadora. Para ello la Iglesia sólo quiere
"un amplio espacio de libertad que le permita cumplir su labor apostólica sin
interferencias; el ejercicio del culto,
la educación de la fe, y el desarrollo de aquellas variadísimas actividades que
llevan a los fieles a traducir en su
vida privada, familiar y social los imperativos morales que dimana de esa misma
fe" (Puebla 144). El pueblo de
Dios debe renovar su vitalidad a través de las comunidades cristianas de base
cada vez más fraterna: La iglesia
debe aprender y enseñar a mirar las cosas desde la perspectiva de los pobres,
cuya causa es la de Cristo.
Asumiendo como propia la causa de todos los nicaragüenses, la Iglesia cree poder
dar un aporte al proceso que vive
Nicaragua.
Que la Virgen del Magnificat, que canta el derrocamiento de los
poderosos y la exaltación de los
humildes (Lc. 2,52) nos acompañe y ayude a ocupar cristianamente nuestro puesto
la ardua y apasionante tarea de
llevar a buen término la construcción a una nueva Nicaragua en esta hora en que
la opción por los pobres permite
"abrir nuevos horizontes a la esperanza" (Puebla n. 1165).
Dada en la ciudad de Managua a los diecisiete días del mes de
noviembre de mil novecientos setenta
y nueve.
Mons. Miguel Obando Bravo
ANEXO 2
Carta pastoral "Sobre la Reconciliación"
(22 de abril de 1984)
CARTA DEL EPISCOPADO NICARGUENSE
SOBRE LA RECONCIALICION
A los sacerdotes y Diáconos de nuestras Diócesis.
A los religiosos y religiosas
A los catequistas y delegados de la palabra
A los hermanos de los movimientos de apostolado laical
A los directores, profesores y alumnos de colegios católicos
A todos amadísimos fieles
GRACIA Y PAZ DE PARTE DE DIOS NUESTRO PADRE Y DE JESUCRISTO, EL SEÑOR
Queridos hermanos:
En la solemne celebración Pascual, gesto definitivo del amor de Dios a
los hombres, a través de la
Redención, les invitamos a participar de una manera más plena de las riquezas
espirituales del Año Santo, que por
concesión especial del Papa Juan Pablo II, se prolongará en Nicaragua, hasta el
17 de junio, fiesta de la Santísima
Trinidad.
Esta circunstancia y la urgente necesidad que tenemos en nuestra
sociedad de una sincera
reconciliación fraterna, mediante la conversión individual, son los motivos que
nos mueven a dirigir a Uds. esta
exhortación.
I- PARTE DOCTRINAL
1- El pecado, raíz de todos los males
Cuando el pecado entró en el mundo, todas las cosas se conmovieron
desde sus raíces más profundas,
la tierra se llenó de espinas, las civilizaciones y las instituciones se
hicieron caducas, el mismo hombre se rebeló
contra sus semejantes y comenzó el imperio de la tiranía y la muerte (Cfr. Gen.
3,16-19,4.7-8).
El hombre, creado a imagen de Dios (Gen. 1,26), no le quiso reconocer
ni glorificar, sino que se
ofuscó en sus vanos razonamientos y su corazón se enterneció (Rom. 1,21). Hubo,
incluso, hombres, que como
Satanás, se disfrazaron de ángeles de luz para engañar a otros hombres y
llevarlos a la perdición (Cfr. 2 Cor.
11,14-15). Un antropocentrismo mal entendido sumió al hombre en la radical
esclavitud del pecado.
2- La Redención de Cristo
Cristo, con su muerte y resurrección, nos reconcilió con Dios, con
nosotros mismos y con nuestros
hermanos, nos libró de la esclavitud del pecado (Cfr. Col., 1,20-22; 2 Cor.,
5,18) y encomendó a su Iglesia la
misión de transmitir su mensaje, su perdón y su gracia (Cfr. Mt. 28, 18-20; Mc.
15-20).
Todo esto debe ser para nosotros un llamado a la conversión: "...Debe
ser el principio de un cambio
radical en el espíritu, en la mente y en la vida" (Cfr. Juan Pablo II, Bula
"Abrid las puertas al Redentor", n.5).
Esta conversión que hace efectiva la redención en nuestra vida
individual y social, tiene tres aspectos:
a) Es necesario evitar el pecado personal, todo acto que rompe nuestra
alianza bautismal con Dios.
b) Hay que desarraigar del corazón toda actitud de pecado, es decir,
todo desprecio habitual,
consciente o no, de las normas y valores morales cristianos.
c) Es necesario terminar con los pecados sociales, es decir, con
cualquier tipo de participación en las
situaciones de injusticia y violencia.
3- El pecado después de la Redención
Sin embargo, la situación de pecado persiste en el mundo después de la
Redención de Cristo, porque:
a) El hombre abusa de su libertad y no acepta la gracia de Dios.
b) La sociedad se ha desacralizado, pierde su orientación hacia Dios, y
no tiene en cuenta a la Iglesia,
sacramento universal de salvación, ya que la considera una estructura alienante.
c) Se pretende, a veces, aceptar a Cristo y su Doctrina, pero
rechazando a la Iglesia, cayéndose así en
la tentación de edificar 'Iglesias' fuera del fundamento de los Apóstoles y sus
sucesores, los Obispos legítimos.
d) Se olvida que la convivencia sólo se puede construir sobre un
correcto concepto de la persona como
ser inteligente, libre, religioso, con derechos y deberes que dimanan de su
propia naturaleza (Cfr. Juan XXIII, Enc.
Pacen in terris, n. 9.10).
e) Las concepciones materialistas del hombre distorsionan la persona y
doctrina de Cristo, reducen al
hombre a categorías meramente materiales, sin contenido sobrenatural, y queda la
persona humana sometida a
fuerzas materiales llamadas "dialéctica de la historia". Y el hombre, vacío de
Dios y de sí mismo, queda
desorientado, sin puntos de referencia moral y religiosa, sin contenido
trascendente, inseguro y violento.
II- NUESTRA REALIDAD
1- Situación de pecado en el mundo.
El Papa Juan Pablo II, en su Mensaje para la XVII Jornada Mundial de
oración por la Paz, 1? de enero
de 1984, manifiesta su preocupación por la situación del mundo actual, de la que
nosotros también participamos:
"Realmente la paz es precaria, y la injusticia abunda. Guerras implacables se
desarrollan en muchos países; y se
prolongan no obstante la acumulación de muertes, de lutos, de ruina, sin que
avance aparentemente hacia una
solución...muchas veces son los inocentes los que pagan, mientras que las
pasiones se enardecen y se corre el riesgo
de que el miedo conduzca a situaciones extremas".
2- En Nicaragua
a) Situación Bélica
Nuestra patria se encuentra también afligida por una dolorosa situación
bélica entre los nicaragüenses
y las consecuencias de esta situación no pueden ser más dolorosas:
-Muchos jóvenes y hombres nicaragüenses están en los campos de batalla.
-Otros tantos ven su porvenir, con el temor de ver truncada su vida
prematuramente.
- La educación materialista y atea está minando las conciencias
infantiles y juveniles.
-Numerosas familias se ven divididas por rivalidades políticas
- El sufrimiento de las madres que han perdido a sus hijos, digno de
todo respeto, consuelo y ayuda, se
manipula para excitar el oído de venganza.
- Los campesinos e indígenas, amados con predilección por la Iglesia,
sufren, viviendo en zozobra,
llegando muchísimos de ellos a verse forzados a abandonar sus hogares en busca
de una paz y tranquilidad que no
encuentran.
- Algunos medios de comunicación, usando un lenguaje de oído, favorecen
el espíritu de violencia.
b) La Iglesia
Una parte, aunque pequeña de nuestra Iglesia, ha abandonado la unidad
eclesial y se ha sometido a las
directrices de una ideología materialista; siembra la confusión, dentro y fuera
de nuestras fronteras, con una
campaña de exaltación de sus propias ideas y la difamación de los legítimos
Pastores y de los fieles unidos a ellos.
La censura de los Medios de comunicación no hace posible el que se aclaren las
posturas y se ofrezcan otros puntos
de vista.
3-Injerencia extranjera
Potencias extranjeras se aprovechan de nuestra situación para fomentar
la explotación económica y la
explotación ideológica. Nos miran como objeto de apoyo de su poderío, si respeto
a nuestras personas, a nuestra
historia, a nuestra cultura y a nuestro derechos de decidir nuestro propio
destino.
En consecuencia, la mayoría del pueblo nicaragüense vive temeroso de su
presente e inseguro de su
porvenir, experiencia profunda frustración, clama por la paz y la libertad; pero
sus voces no se oyen, apagadas por
la propaganda belicista de una y de otra parte.
4- La causa de estos males
Esta situación tiene su raíz en el pecado de todos y de cada uno: en la
injusticia y la opresión, en la
avaricia explotadora, en la ambición política y el abuso de poder, en el
desprecio a los valores morales y religiosos,
en la falta de respeto a la dignidad de la persona humana, en el olvido,
abandono y negación de Dios.
III- RESPUESTA DE LA IGLESIA
1- Conversión y reconciliación
La Iglesia desea y promueve ardientemente la paz y la tranquilidad y
cree que solo hay un camino
para conseguir este fin: LA CONFESION, es decir, que todos volvamos los ojos y
el corazón de la reconciliación,
el perdón y la paz.
"Lo que hay que convertir no es solo la conducta, sino la orientación
de la vida, 'el corazón'. Es
importante, a nivel de comunidad, ayudar a cuestionarse como personas, como
grupos y ambientes sociales; no solo
como víctimas sino que también como artífices de ciertas desviaciones colectivas
del Plan de Dios, para asumir
comunitariamente el Proyecto de Dios a incidir constructivamente en la historia
humana" (Cfr. Paz y conversión.
Doc. Pontificia Commissio Justicia et Pax. Roma. 30 sept. 1993).
El universo entero es objeto de redención, pues también el revela la
gloria de Dios (Rom. 1,20) y debe
ser santificado y consagrado a Dios (Cfr. Concilio Vaticano II., Const. Lumen
Gentium, n. 34). Cristo resucitado se
halla en el centro de la historia y del mundo para llevarlos hacia su plena
madurez y hacia su definitiva liberación
Lumen Gentium, n. 48).
2- La confesión, camino hacia la conversión
"Como apoyo de esta conversión, el Señor instituyó el Sacramento de la
Reconciliación. En el, Cristo
mismo sale al encuentro del hombre oprimido por la conciencia de la propia
debilidad, lo levanta de la postración
en que yace, le da la fuerza necesaria para reanudar el camino. Con el
Sacramento, la vida de Cristo resucitado
irrumpe en el espíritu del creyente, sucitando en el renovada generosidad de
propósitos, con el impulso de una
adhesión más convencida a su Evangelio" (Juan Pablo II, Discurso: Reforma y
santidad. Roma, 26 de nov. 1983).
Jesús reconcilió todas las cosas haciendo la paz por su Cruz (Col.,
1,20) y transmitió este poder a sus
discípulos (Cfr. Jn. 4,21; Jn. 13,34-35, 12-17).
La preparación para recibir los beneficios del Sacramento de la
Confesión es un paso importante en la
propia conversión; el examen sincero de nuestros pecados, la autocrítica de
nuestras actitudes y de nuestra vida,
nos descubre nuestras deficiencias, nos hace aborrecer el pecado que es: ofensa
de Dios, desdoro de la Iglesia,
escándalo o daño al prójimo; nos anima a una vuelta total a Dios, a reformar
nuestra vida, nos reintegra a la Iglesia
y nos acerca a nuestros hermanos.
3- El diálogo.
El camino para que la paz social sea posible tiene que pasar
necesariamente por el diálogo. Un
diálogo sincero que busque la verdad y el bien. "Que sea ofrecimiento concreto y
generoso de un encuentro de
buenas voluntades y no posible justificación para continuar fomentando
divisiones y violencia" (Juan Pablo II.
Saludo a Nicaragua 4-3-83)
No es honesto justificar siempre las agresiones y violencias internas
en las agresiones que vienen de
fuera.
Es inútil echar toda la culpa a los males pasados, si no se reconocen
las deficiencias del presente.
En este diálogo deben participar todos los nicaragüenses que están
dentro o fuera del país, sin
discriminación alguna de ideología, clase o posición partidaria. Es más,
pensamos que también los nicaragüenses
que se han levantado en armas contra el Gobierno, deben participar en este
diálogo. Si esto no fuese así, no habría
posibilidad de un arreglo, y nuestro pueblo, particularmente el más pobre,
seguirá sufriendo y muriendo.
El diálogo de que hablamos "no es tregua táctica para fortalecer
posiciones en orden a la persecución
de la lucha, sino el esfuerzo sincero de responder con la búsqueda de oportunas
soluciones a la angustia, el dolor, el
cansancio, la fatiga de tantos y tantos que anhelan la paz. Tantos y tantos que
quieren vivir, renacer de las cenizas,
buscar el calor de la sonrisa de los niños, lejos del terror y en un clima de
convivencia democrática.
La cadena terrible de reacciones, propia de la dialéctica
amigo/enemigo, se ilumina con la Palabra de
Dios, que exige amar, incluso a los enemigos y perdonarlos. Urge pasar de la
desconfianza y agresividad, al
respeto, la concordia, en un clima que permita la ponderación leal y objetiva de
las situaciones y la búsqueda
prudente de lo remedios. El remedio es LA RECONCILIACION" (Cfr. Juan Pablo II,
Paz y Reconciliación.
Discurso del Papa en El salvador, 6-3-83).
Sin apertura a la constatación y reconocimiento objetivo de las
realidades; de los hechos que
ideológica, orgánica y militarmente afligen a nuestro pueblo, no estaríamos real
y cristianamente dispuestos a la
reconciliación en aras de la totalidad viva y real de nuestra Nación.
Dado que la libertad de expresión es una parte vital de la dignidad del
individuo y por lo tanto
indispensable para el bienestar de la nación, ya que ésta progresa cuando hay
libertada de engendrar nuevas ideas.
Así pues, todos debemos tener un gran respeto a la dignidad de la persona
humana, reconocer el derecho a la libre
expresión de las propias ideas.
Las grandes potencias, involucradas en este problema, por razones
ideológicas o económicas, deben
dejarnos libres de toda coacción a los nicaragüenses.
CONCLUSION
Si queremos que nuestra conversión tenga un reflejo concreto en la vida
comunitaria nacional,
debemos esforzarnos por llevar una vida digna del Evangelio (Cfr. Fil. 1,27; Ef.
4,1), desechar toda mentira, toda
palabra dañosa y ofensiva, toda ira y maledicencia y cualquier clase de maldad,
ser benévolos y perdonar
generosamente como Dios nos perdonó por Cristo (Cfr. Ef. 4, 25, 32. Col. 3, 12,
14).
Urge valorar la vida de todos como un don de Dios, ayudar a los jóvenes
a que encuentren sentido y
valor a su vida y se puedan preparar para asumir sus futuras funciones en la
sociedad, perdonar a los enemigos o
adversarios, facilitar el retorno de los que han abandonado su Patria y
acogerlos con espíritu generoso, liberar a
quienes sufren prisión por diferencias ideológicas, crear un clima de amistad y
de paz que haga posible la
convivencia social.
"En la gran tarea de la reconciliación y pacificación de la Nación no
se puede olvidar es célula
fundamental de la sociedad que es la familia" ni el respeto a sus derechos.
(Cfr. Gaudium et spes. n. 52, citado por
Juan Pablo II en su alocución a los Obispos de El Salvador, 24 de febrero,
1984).
Que la Santísima Virgen, que asumió con ejemplar entereza su dolorosa
función de corredentora, nos
alcance la fortaleza necesaria para sumir nuestro deber cristiano de amor y de
paz.
Y que el Señor de la Paz, nos conceda a todos, siempre y en todos los
órdenes, la deseada paz y
tranquilidad (Cfr. 2 Tes. 3,16).
DADA EN MANAGUA, A LOS VEINTIDOS DIAS DEL MES DE ABRIL, PASCUA DE
RESURRECCIÓN
MIL NOVECIENTOS OCHENTA Y CUATRO. (Léase y publíquese en la forma acostumbrada)
CONFERENCIA EPISCOPAL DE NICARAGUA
(1) Los resultados de esta investigación se presentaron como tesis doctoral
en Sociología con el título
LA JERARQUIA ECLESIASTICA CATOLICA: ACTOR SOCIAL Y POLITICO EN EL PROCESO
REVOLUCIONARIO NICARAGUENSE. EL ANALISIS DE LA PRACTICA DISCURSIVA EN DOS
CARTAS PASTORALES. En setiembre de 1993 en la Universidad Católica de Lovaina.
La autora es
profesora e investigadora de la Universidad de Costa Rica.
(2) Para comprender la dinámica del campo religioso nos basamos en la
terminología de Pierre
Bourdieu, quien nos habla de campos de actividad (político, religioso, de
consumo, de la educación, etc.)
como una dimensión que contribuye a interpretar las prácticas de las diferentes
clases sociales y fracciones
de clases. Los diferentes actores asumen la posición de productores y/o
consumidores según la actividad
analizada. Cada campo se organiza según una lógica en el seno de la cual existe
una tensión entre dos polos
opuestos y definidos.
En cada campo se establece un sistema simbólico, en el religioso
participan productores y
consumidores de los bienes de salvación. Los productores monopolizan el capital
religioso, constituído por
los bienes de salvación y forman un cuerpo de especialistas y funcionarios,
quienes se encargan del
funcionamiento del sistema simbólico y de la producción de bienes de salvación.
La sociología se esfueza por
comprender los mecanismos que estos actores establecen en sus prácticas según la
posición que asuman
como productores o consumidores de esos bienes de salvación. El campo religioso
interactúa con otros
campos, como el político.
Ver Pierre Bourdieu, La distinction. Critique sociale du Jegement. Les Editions
de Minuit, 1979, Paris. El
artículo, Genèse et structure du champ religieux, en Revue Française de
Sociologie, Avril/Juin, 1971, 295-
334, que a pesar de sus años guarda mucha actualidad para el análisis de la
iglesia y la religión en
Centroamérica.
(3) Para ampliar remitimos a: Nicaragua: R.M. Pochet y A. Martínez, Capítulo
I, Nicaragua: Iglesia
manipulación o profecía, DEI, San José, 1987 y la tesis de doctorado, La
Jerarquía eclesiástica..., 1993, Op.
Cit., Capítulo II, Transacción social en la Iglesia católica de Nicaragua. Las
prácticas de la Jerarquía
eclesiástica (De julio de 1979 a agosto de 1987).
(4) El concepto original viene de Weber quien considera al profeta como "un
agente del proceso de
ruptura instaurador de un orden más elevado al nivel de la ética religiosa".
Economía y Sociedad, FCE,
México, p.361. En este trabajo usamos el concepto tal como lo aplica A. Opazo
al estudio de las
comunidades cristianas de base católicas en Centroamérica. Estas, siguiendo las
reformas del Concilio
Vaticano II vienen a introducir una nueva tendencia en la Iglesia católica.
Desarrollan una práctica
liberadora y de opción por los pobres. En estas comunidades la profecía convoca
a una comunidad de
adherentes creando nuevas formas de convivencia que adelantan la posibilidad de
transformar la sociedad
en otro orden cuyo cambio sifnifica implantar un nuevo orden normativo. A.
Opazo, Panamá: La Iglesia y
la lucha de los pobres, 1988, DEI, San José, pp. 173-174.
(5)Para hablar de proyecto democrático-popular y democrático-burgués,
nos hemos basado en
parte, en las dos opciones políticas que se destacan en esa época en la vida
política nicaragüense: la del
Frente Sandinista de Liberación Nacional y la democrática burguesa, agrupa los
siguientes partidos:
Conservador, Liberal, Socialdemócrata y Socialcristino. El proyecto democrático-
burgués, liderado por la
burguesía nacional, cambia pronto de apoyo a la revolución mostrado al inicio.
En el nivel económico
organiza el Consejo de la Empresa Privada (COSEP) y en el nivel político el
Movimiento Democrático
Nacional (MDN). De parte de estos grupos se muestra gran agresión ideológica y
seguidamente pasa a la
agresión militar. Estos dos proyectos fueron definidos por F. Houtart en
"Iglesia y Sociedad. A propósito de
la expulsión de diez sacerdotes extranjeros", Le Monde Diplomatique, México,
setiembre, 1984, p.34.
(6) Los documentos fueron recopilados por la autora en
cuatro visitas realizadas a
Nicaragua, en la siguientes en las siguientes fechas: la primera entre 1982 y
1985, la segunda en agosto
de 1986, la tercera en enero y febrero de 1987 y la última de marzo a mayo de
1991.
(7) Veáse: CARBO, Teresa, Discurso político: lecturas y
análisis, Centro de
Investigaciones y Estudios Superiores de la Casa Chata, México, 1984.
GIMENEZ Gilberto, "Linguística, semiología y análisis ideológico de la
literatura", en Literatura,
ideología y lenguaje. Ed. Grijalbo, México, 1976 y "Ensayo de análisis
ideológico y socio-
lingüistico de un documento de la Conferencia Episcopal Chilena", Centro de
Estudios Ecuménicos,
México, pp..47-115.
GREIMAS, GRITTI, y otros, Análisis estructural del relato, Premia
Editora de Libros S.A.,
México, 1986.
HIERNAUX, Jean Pierre. L'Institution culturelle, II, Méthode de
description structurale,
Presses Universitaires de Louvain (UCL), LLN.
PICCINI, Mabel, "Sobre la producción discursiva", En: La comunicación y
las ideologías,
Cuadernos del Ticom, No.22, México, 1988.
REMY, Jean. "Método de análisis estructural elaborado en una perspectiva
sociológica", Dossier del
curso análisis estructural, Universidad Católica de Lovaina, febrero de 1976.
REMY, Jean, "L'analyse structurale et la symbolique sociale", pp. 111-132,
y RUQUOY, Danielle,
"Les principes et procédés méthodologiques de l'analyse structurale", pp. 93-
109. En: Méthodes
d'analyse de contenu et sociologie, Publications des Facultés universitaires
Saint-Louis, Bruxelles,
1990.
(8) Entendemos por tópicos, los temas a los cuales recurren los obispos en
su discurso y cuya
definición está dada a partir de los propios argumentos que ellos utilizan en la
carta pastoral.
(9) Consideramos que el análisis estructural de
discurso constituye una forma de
investigación cualitativa que brinda grandes posibilidades de investigación,
sobre todo en momentos de
crisis en que se suprimen fondos para la investigación en ciencias sociales.
(10)Giménez Gilberto, Linguística, semiología y ...,
Op. Cit. pp.296. Giménez se basa y
adopta el modelo de la "Gramática Narrativa de Greimas". Incorporamos de la
técnica de Giménez
sólo la dimensión de las contradicciones.
Giménez, Gilberto, "Ensayo de análisis ideológico y socio-linguísitico de
un documento de la
Conferencia Episcopal Chilena", Op. Cit., pp. 47-115.
(11)El "caos" en la primera carta está representado por
el Antiguo Régimen o régimen de
la dictadura y, en la segunda, por el Nuevo proceso o proceso revolucionario.
(12) . La doctrina de Seguridad Nacional busca la defensa de la sociedad
democrática occidental y
cristiana ante la amenaza del comunismo. En la esfera de influencia geopolítica
de los Estados Unidos,
la Iglesia católica constituye un poder estratégico con su organización
jerárquica y el conocimiento de
la situación de la población a nivel nacional.
(13) La dimensión disciplinaria va dirigida al ejercicio de la
autoridad en la institución (en este caso
la Jerarquía eclesiástica) con el fin de intervenir en el comportamiento de sus
subalternos tanto del
clero y los religiosos como de sus fieles, a nivel personal o colectivo. Esto
nos remite a la problemática
del campo religioso y de la institución bajo los intercambios de la oferta y la
demanda, cuya lógica
depende de la forma en que se estructure la relación entre productores y
consumidores de los bienes
de salvación que integran el sistema simbólico religioso. La dimensión simbólica
va por una parte, a
producir sentido y esperanza en relación a los problemas límites de la vida. Por
otra parte, se dirige a
orientar lo sagrado con respecto al orden social, al cosmos, a la doctrina y a
los ritos eclesiásticos, con
miras a crear los valores de carácter religioso que pretenden intervenir en la
vida social y religiosa de
los seguidores de este sistema simbólico. Veáse Jean REMY, "La hiérarchie
catholique dans une
société sécularisée". Quelques hypothèses exploratoires sur l'évolution de la
dimension disciplinaire et
symbolique de l'autorité, Sociologie et société, vol. XXII, Nº2, octobre
1990, pp. 22-23.
INDICE
INTRODUCCION 1
PRIMERA PARTE
l. La investigación: antecedentes y su evolución 7
1.1. El discurso como práctica social 8
1.2. Preguntas generales e hipótesis 10
SEGUNDA PARTE
2. El material: tipo de análisis y modo de interpretación 13
2.1. El corpus: los textos estudiados 16
2.2. El método de análisis de evaluación temática 18
2.3. El modelo simbólico coyuntural de discurso 21
2.4. La estructura simbólica del discurso religioso 24
2.5. El mesoanálisis 28
TERCERA PARTE
3. Presentación de resultados 31
3.1. Dos prácticas religiosas de la Iglesia católica 32
3.1.1. La Jerarquía eclesiástica y los proyectos de sociedad 33
3.1.2. La opción profética: su ética y sus repercusiones en
el campo religioso 36
3.2. La competencia por la producción simbólica 40
3.3. Discursos diferentes y una estructura simbólica que
no cambia 42
APORTES, LIMITACIONES Y NUEVAS PERSPECTIVAS 46
BIBLIOGRAFIA GENERAL 50
ANEXO 1 Carta postoral "Compromiso cristiano para una Nicaragua nueva"
(17 DE NOVIEMBRE DE 1979)
ANEXO 2 Carta pastoral "Sobre la Reconciliación"
(22 de abril de 1984)
CATEGORIA
TOTAL
1 Documentos con la firma de uno o dos obispos,o por el
Secretario de la Conferencia
Episcopal de Nicaragua (CEN) 37
2 Cartas Pastorales (CP) con la firma de todos los
obispos
7
3 Documentos con la firma de la CEN 7
4 Otros documentos (no CP) que se registran con con la
firma de todos los obispos
8
TOTAL 59
(-)
< --------- >
(+)
MAL BIEN (-) (+)
PRIMERA CARTA
Antiguo régimen Nuevo proceso Falso socialismo Verdadero
socialismo
SEGUNDA CARTA Pecado Reconciliación Opresión Liberación Guerra Paz
Podemos indicar brevemente los puntos que vamos a desarrollar en esta
carta:
Arzobispo de Managua
PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA
Mons. Pablo A. Vega M.
Obispo de Jigalpa
Mons. Rubén López Ardón
Obispo de Estelí
Mons Manuel Salazar Espinoza
Obispo de León
Mons. Leovigildo López Fitoria
Obispo de Granada
Mons. Julián Barni
Obispo de Matagalpa
Mons. Salvador Schaefer
Obispo del Vicarato de Blueflelds
Mons. Pablo A. Vega
Obispo de Juigalpa
Presidente Mons. Bosco Vivas Róbelo
Obispo Auxiliar de Managua
Secretario
Mons. Miguel Obando Bravo
Arzobispo de ManaguaMons. Julián Barni
Obispo de León
Mons. Leovigildo López
Obispo de Granada
Mons. Rubén López Ardón
Obispo de Estelí
Mons. Salvador Schlaefer
Obispo de Bluefields
Mons. Carlos Sentí
Obispo de Matagalpa