Fecha/Date: 10/01/96
INDICE
PROLOGO
CAPITULO I
CAPITULO II
2.1 La imagen de la ciudad europea
2.2 Ciudades divididas
2.3 El fenómeno de la marginalidad
2.4 Características de la pobreza
urbana
CAPITULO III
3.1 Visualización de los niños (de la
calle)
3.2 Una definición de trabajo
CAPITULO IV
4.1 Reconocimiento de una realidad no
registrada y no deseada
4.2 Recuento de los niños de la calle: un
juego de números
CAPITULO V
CAPITULO VI
CAPITULO VII
NOTAS
APENDICE I
APENDICE II
PROLOGO
En el torbellino mundial de transformaciones económicas, sociales
y culturales que caracteriza la vida en la actualidad, los niños parecen
convertirse en una especie cada vez más amenazada.
En la televisión, los informativos muestran diariamente a los niños
como las víctimas más vulnerables de la guerra. Niños huyendo del
peligro, sin adultos a su lado. Niños a cargo de sus hermanos por ausencia
de los padres y otros familiares dispersos. Menores trabajando en la calle
para contribuir al sostén y el mantenimiento de su familia. Vemos
frecuentes imágenes de niños pequeños, abandonados, acurrucándose
con sus compañeros durante la noche, en lugares sucios pero al menos
secos, aspirando pegamento para aliviar el sufrimiento. Podemos verlos,
intentando sobrevivir con todo tipo de actividades, viviendo de lo que la
calle les ofrezca, como vendedores ambulantes de los artículos más
dispares, a veces considerados como una molestia por su insistente
ofrecimiento de servicios no deseados, o simplemente en la mendicidad.
A menudo, estos niños suelen transgredir las reglas de juego de la
sociedad, robando, asaltando, vendiendo pequeñas cantidades de
drogas, en ocasiones ofreciendo sus cuerpos a cambio de dinero. Casi
siempre, perseguidos y a veces asesinados por oscuras fuerzas policiales,
cuando no se matan entre sí en reyertas y riñas callejeras.
Menos visibles pero igualmente presentes son los millones de
niños trabajando en fábricas o explotados en talleres en todo el mundo
para satisfacer la demanda de los bienes apreciados por los más privilegi-
ados de la economía mundial. Con el único fin de sobrevivir, estos niños
deben vender su mano de obra y renunciar a cualquier posibilidad de
futuro, obligados por la miseria de sus padres y la exigencia de un
mercado que se niega a pagar un precio equitativo por los servicios
prestados, y se aprovecha de la desigual distribución de prestigio, poder
y bienes materiales.
Las imágenes de la televisión suelen reforzar la miope visión de la
conciencia pública en el opulento mundo occidental, mostrando que los
niños amenazados son una característica exclusiva de la estructura social
de las grandes metrópolis del Tercer Mundo. En la Unión Europea, en
Estados Unidos y Canadá, los niños de la calle como tales no existen en la
conciencia popular. A pesar de la presencia harto evidente de jóvenes
drogadictos en los guetos estadounidenses y la multitud de fenómenos
atribuidos a "problemas de la juventud" en las ciudades europeas, "los
verdaderos niños de la calle sólo existen en países lejanos".
La cuestión crucial, no obstante, es si los procesos de globalización
económica producen igualmente una marginalización global. En el
desarrollo de estructuras económicas interrelacionadas a nivel mundial,
las grandes metrópolis vienen a ser el punto donde se asienta la "aldea
mundial de la modernidad". Si, en estas ciudades, las actividades
económicas y los sistemas emergentes de apoyo cultural y social tienden
a manifestarse de formas sorprendentemente similares, no sería desca-
bellado imaginar que, al menos algunas de las estructuras, mecanismos y
expresiones de pobreza, producto de fenómenos económicos, sociales y
culturales similares, estén adquiriendo características similares en todas
partes del mundo. Desde luego, las expresiones concretas variarán según
el contexto concreto en el que aparecen, pero en términos de proceso,
mecanismo y resultado, es muy posible que los fenómenos relacionados
con la pobreza y la marginalización tiendan a confluir en la sociedad
mundial.
La idea de la convergencia global de las estructuras de pobreza y
marginalidad y de las causas, procesos y mecanismos que las producen,
constituye la premisa básica de este estudio sobre el fenómeno de los
niños de la calle en las ciudades europeas. Estos niños no serán
latinoamericanos, africanos o asiáticos, aunque muchos podrían serlo,
por los movimientos migratorios masivos producidos por la guerra y los
conflictos políticos, por las repercusiones de las luchas de independencia,
o por la simple amenaza de morir de hambre en sus países de origen.
Muchos de estos niños serán europeos, ciudadanos de países de Europa
Oriental, expulsados hacia las grandes ciudades por los recientes
conflictos, en busca de una vida más segura. Miles de ellos pueblan las
calles de Moscú, San Petersburgo, Budapest y las devastadas ciudades de
la antigua Yugoslavia. Muchos, sin embargo, son simples ciudadanos de la
próspera Unión Europea, que, al igual que sus padres y familiares,
marchan a la zaga de las transformaciones económicas, social y culturales
de las últimas décadas.
A fin de captar la esencia del preocupante fenómeno de los niños
de la calle en la Unión Europea, y romper el silencio que lo circunda, el
Grupo de Trabajo Europeo sobre Niños de la Calle encargó a la Comisión
de Bienestar Social de Eurociudades explorar e identificar las carac-
terísticas del fenómeno, a través de la red urbana de instituciones
públicas y privadas.
La Comisión de Bienestar Social transfirió la solicitud a su Centro
de Estudios de Política Social, situado en el departamento municipal de
Seguridad Social y Empleo, de la ciudad de Rotterdam, encargándole la
elaboración y ejecución del proyecto, así como la coordinación de la
recolección de datos, el análisis de los resultados y la redacción de un
informe.
Explorar la "tierra desconocida" de los niños de la calle en la
ciudad europea es una tarea ardua, y un verdadero desafío. Al desbrozar
un terreno completamente nuevo, sin ningún tipo de datos registrados
oficialmente y sin una clara definición del concepto, la investigación
debe apoyarse en la experiencia práctica de funcionarios públicos
comprometidos con la causa, y en algunas organizaciones no
gubernamentales que encuentran a estos niños en su trabajo cotidi-
ano.
En las ciudades de la Unión existen cientos de funcionarios
públicos y entidades privadas que, cuando se les interroga directamente,
reconocen de hecho la existencia de niños de la calle en sus ciudades. Sin
embargo, estas personas aplican las nociones y los calificativos habituales
en sus lugares de trabajo, reduciendo a los niños de la calle a las
categorías, generalmente mal definidas, de su labor cotidiana. Incluso las
definiciones que se aplican explícitamente al fenómeno de los niños en la
calle ("meninos da rua") hacen referencia a situaciones sumamente
diversas.
En el enfoque del fenómeno, los investigadores del Centro de
Estudios de Política Social utilizaron esta importante fuente de
información, y se asignaron la tarea de buscar una definición operativa
del concepto de los niños de la calle "al estilo europeo", empleando con
este fin, algunos elementos estratégicos del marco de referencia
latinoamericano. Una vez elaborada esta definición de trabajo, solicitaron
a sus colegas de un gran número de ciudades europeas que clasificaran y
categorizaran la situación en sus áreas respectivas. A su vez, los
funcionarios públicos se basaron en documentos ya existentes sobre el
fenómeno, y en la experiencia de funcionarios que trabajan en contacto
directo con los "niños de la calle".
Un sorprendente número de ciudades respondieron al cuestiona-
rio, comprometiéndose seriamente con el problema. En Rotterdam se
reunió todo el material, que fue analizado y luego se redactó un informe.
El análisis preliminar fue discutido asimismo en las ciudades respectivas, a
fin de confirmar al máximo los resultados e interpretaciones básicas.
Los investigadores confíamos en haber llegado al meollo del
fenómeno en la ciudad europea. Sin embargo, tienemos plena
conciencia de que su esfuerzo es sólo un primer paso, preliminar, en el
trazado de esta complicada "tierra desconocida" del entorno urbano.
En medio de toda la prosperidad, hay niños de la calle en las ciud-
ades europeas. Si bien la idiosincracia del problema aún no ha sido
completamente dilucidada - es necesario un mayor esfuerzo para ello -
las principales dimensiones cualitativas ya están empezando a esbozarse
con nitidez. No obstante, careciendo de datos registrados, el método
empleado en esta investigación sólo puede producir un cálculo estimado
de las cifras. Hay, sin embargo, una rotunda afirmación de nuestros
informantes: las cifras están creciendo, y las actuales políticas se basan
más en los esfuerzos humanitarios de unas pocas organizaciones y perso-
nas dedicadas, que en un enfoque racional y político del fenómeno.
I. PUNTOS DE PARTIDA1
Fuera de la constatación, casi casual, de la existencia de los niños
de la calle en las ciudades del sur de la Unión Europea, donde son
ayudados por organizaciones privadas de beneficencia, el fenómeno
propiamente dicho ha sido objeto de escaso interés científico. Pocos
estudios de fondo han sido realizados en el "foco" del fenómeno,
América Latina. Menos aún en Europa, donde casi no existen publicaci-
ones científicas que se dediquen a definir este sector aparentemente
muy heterogéneo de la realidad social, con excepción de estudios
menores, de carácter descriptivo, basados generalmente en un grupo
especial y pequeño de niños, de una localidad determinada. La mayoría
de las publicaciones oficiales, tanto a nivel local, nacional como internaci-
onal, se orientan hacia algunos efectos específicos negativos derivados
de la vida en la calle, en cuanto a las perjudiciales consecuencias para la
persona en cuestión, o en términos de constituir una molestia, de una u
otra forma, para el público en general.
Una conceptualización válida del fenómeno no sólo tiene valor
académico. A fin de influir a través de la acción pública o privada, es
necesario identificar las características exactas del área para la cual se
proyectan las políticas. Para construir un primer marco provisional de
referencia, por medio del cual podamos enfocar el fenómeno en la
Unión Europea, presentamos una reseña de algunas publicaciones
latinoamericanas sobre el tema.
Según las organizaciones especializadas Childhope and Rädda and
Barnen se deben distinguir al menos dos grandes categorías de "niños de
la calle" según su origen:
Primero, existe el "verdadero niño de la calle",
resultado de la irresponsabilidad de los padres o la familia -
abandono, parejas esporádicas - y que se puede definir,
por lo tanto, como un niño solo y abandonado a su
suerte.
Para recalcar la importancia de esta distinción es significativa la
siguiente
estimación. Se calcula que solamente cerca del 10 por ciento del
total de los niños que trabajan en la calle son auténticos niños de
la calle, completamente abandonados por sus
padres.3
Valverde usa una definición muy amplia delimitando a los
niños de la calle como la categoría de niños que se dedican a
diversas actividades para satisfacer las necesidades básicas de
supervivencia, que aparentemente no pueden ser satisfechas por
otros miembros de la familia, ya sea por voluntad propia o por
fuerzas ajenas a su voluntad (4).
Dentro de esta amplia definición se puede elaborar una
tipología provisional. UNICEF propone, tal como se menciona en
Valverde4, los siguientes términos de referencia para
el fenómeno de los niños de la calle:
a. Niños de alto riesgo.
Una categoría de niños que viven en sus hogares, en
barrios de extrema pobreza, sin poder satisfacer las necesidades
mínimas de subsistencia. Además, la supervisión familiar es
insuficiente, y viven en barrios marginales que carecen de
servicios públicos, escuelas o programas comunitarios de
relevancia.
b. Niños en la calle.
Una categoría de niños que se encuentran
trabajando en las calles. Pasan gran parte del día en la calle pero
mantienen contactos regulares con el grupo familiar. Pueden
pernoctar algunas veces en la calle, pero transfieren sus ingresos a
sus padres.
c. Niños de la calle.
Una categoría de niños para quienes la calle es el
sitio principal de vida y trabajo. Son menores, que, en su mayoría,
han abandonado la casa paterna voluntariamente, aunque incluye
asimismo a huérfanos y niños abandonados.
En un estudio sobre niños de la calle en Kingston, Jamaica,
Brown5 divide las categorías b. y c. en tres subgrupos,
identificando su relación con el medio urbano y respondiendo a
sus actividades económicas:
Desde el punto de vista del segmento del mercado en el que
trabajan, Pisoni refiere en un informe para el Parlamento Cen-
traméricano y otras organizaciones6, junto a "menores
trabajando en el sector formal" y "menores trabajando en el sector infor-
mal" (ambos sectores en los que los niños se encuentran en alto riesgo de
convertirse en niños de la calle pero no lo son aún verdaderamente) a
"menores con actividades de ingresos marginales". Esta última categoría
incluye tanto a los niños que mantienen relaciones estables con su
familia, como a los niños de la calle que viven permanentemente, día y
noche, en la calle.
La mayoría de los autores sigue, en alguna medida, la definición
formal de UNICEF sobre el concepto de menores, incluyendo a todos los
niños menores de 18 años. No obstante, en la recolección de los datos
empíricos se observan criterios menos estrictos: el límite máximo es
alrededor de 20 años; la edad mínima con que se identifica a los niños de
la calle no suele ser menor de los 10 años, con una edad promedio de
alrededor de los 15 años.
Según la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por las
Naciones Unidas en 1989, el término "menor" se refiere formalmente a
toda persona menor de 18 años. Esta categoría de edad se subdivide en
corchetes biológicos, que distingue a los "infantes" (0-5), "niños" (6-11) y
"adolescentes" (12-17 años de edad).7 Los adolescentes, a su
vez, se subdividen, según las definiciones elaboradas por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), en niños trabajadores (personas menores
de 14 años) y adolescentes trabajadores entre los 15 y los 17 años de
edad.
Desde la perspectiva de la vivencia de los niños, sin embargo, los
límites de edad no parecen tener una importancia decisiva. Se han
observado niños de la calle de apenas 5 años de edad,8 en
Europa, América Latina, Africa y Asia. La edad máxima parece estar entre
los 18 y 20 años, después de la cual comienzan a desaparecer de las calles
debido a las crecientes dificultades. La persecución policial, la violencia y
el crimen organizado contribuyen a expulsarlos de los lugares
públicos.
Sin embargo, el problema de la edad-limite es de gran importan-
cia para la identificación de niños de la calle en "el mundo vivo". En el
Reino Unido, por ejemplo, la edad-limite superior para la noción legal de
niño y niñez es los 16 años. Este es el motivo porqué es legalmente
impossible de registrar "niños de la calle" y identificarles como tal, si
tienen una edad superior. Se utilizan terminos como "jóvenes sin techo"
para estes "adolescentes", indicando de este modo de hecho un sub-
grupo de todos los sin techo. Los "jóvenes sin techo" constituyen una
categoria, que en los años pasados se ha augmentado fuertemente, a
causa de reducciones en las prestaciones sociales para este grupo de
edad.
El limite legal de edad tiene igualmente importancia desde el punto de
visto del código penal y su aplicación. Bajo las leyes existentes
prostitución de "menores" siempre tiene que considerarse como
violación por el prostituante. En casi todos los paises las nociones legales
sobre la niñez hacen la identificación del fenómeno social de los niños de
la calle una cosa altamente complicada.
La cuestión de las definiciones sigue siendo confusa aunque está
comprobado claramente que la existencia y la calidad de la
relación del niño de la calle con su hogar familiar es de suma
importancia para la calidad de vida resultante en las calles. Naturalmente,
la situación del hogar familiar es, por sí misma, un factor de alta rele-
vancia, ya que la situación problemática de la casa paterna es productora
directa de los niños de la calle. La extrema pobreza, ausencia de uno de
los padres, violencia doméstica, todos son factores que portan un alto
riesgo de generar el fenómeno. Los elementos de riesgo mencionados
señalan, de forma inmediata, situaciones en las que la consecuencia
lógica sería un alto número de niños de la calle. Es obvio que el
fenómeno tiende a concentrarse en áreas donde la pobreza y la
indigencia son características esenciales de vida. Desempleo, irre-
gularidad de ingresos, niveles muy bajos de educación, falta de acceso a
servicios públicos, viviendas deficientes, contaminación ambiental, riesgo
de enfermedades contagiosas, son factores que imponen una carga casi
insoportable en las familias, debiendo improvisar estrategias de
supervivencia en circunstancias muy duras. Las estrategias suelen
funcionar como armas de doble filo. Inventadas para proteger a las
familias de las vicisitudes de la vida cotidiana, acarrean a la vez sus
propias inseguridades. De esta manera, la familia monoparental (el
conocido fenómeno de las jefas de hogar, con mujeres solas al frente de
su hogar, común no sólo en el Caribe sino en prácticamente todos los
barrios pobres del mundo), puede funcionar durante un buen tiempo
como una efectiva estrategia de supervivencia. A la vez, sin embargo,
produce su propia inestabilidad estructural debido al fracaso de las redes
sociales sobre las que se apoyan. Cuando una de estas familias se
derrumba, los niños suelen no encontrar otra salida que mantenerse a sí
mismos (y a la familia en desgracia), "saliendo a ganarse la via".9,
10 Las mismas estrategias de supervivencia, con los mismos resulta-
dos ("los niños que crecen salvajes") han sido registradas en las grandes
ciudades de Estados Unidos, ya en 1975.11
Otra dimensión constitutiva en la vida de los niños de la calle es
su conexión directa con la calle. La calle es su entorno, su
territorio, su mundo físico, social, cultural y económico, que le ofrece a la
vez oportunidades para sobrevivir, y peligros para su integridad física y
mental. Es precisamente su vida en las calles lo que crea su identidad
como un tipo social, influye y recrea sus percepciones, normas y valores,
facilita y limita su conducta al mismo tiempo. Es el lugar donde el niño se
siente miembro de un grupo, parte de una red, que requiere ciertas
conductas a cambio de la protección del grupo, reforzando su identidad
social. Es el único lugar donde se pueden encontrar los medios materiales
necesarios para sobrevivir, el lugar para trabajar, vender, comerciar,
servir. Es un lugar desagradable, no tiene nada de pintoresco, pero de
ninguna manera es un lugar que sólo ofrece sufrimientos. También
produce calor y reporta satisfacciones.s12 ln Se debería recordar, sin
embargo, que la calle no es necesariamente el único sitio importante
para el niño de la calle: la calle siempre rivaliza con el hogar paterno y las
instituciones de asistencia de la sociedad formal; una competición en la
que muchas veces, los actores de la sociedad formal son los perdedores
absolutos.
Los niños de la calle siempre trabajan, incluso cuando
piden limosna. Procuran sus propios ingresos, para sí mismos y con
frecuencia para su familia, de una multiplicidad de recursos. En algunos
casos reciben alguna forma de asistencia. La mayoría de publicaciones
sobre esta dimensión no ofrecen respuestas a la pregunta de cuáles son
las características e implicaciones sociales y económicas del tipo de
actividades que realizan, y cuáles son sus propias vivencias de su mundo
del trabajo, sino sobre la manera en que estas actividades se relacionan
con el mundo económico formal. "Informalidad, irregularidad e ilegalid-
ad", son términos que consideran el trabajo de los niños de la calle como
desviaciones de lo que se entiende por un sistema bien organizado.
Desde el punto de vista de los niños de la calle, estas actividades no
tienen nada de informal, irregular o ilegal. Para ellos pueden ser la única
salida racional, no necesariamente la forma elegida para ganarse la vida,
cuando todos los caminos parecen estar cerrados.
La calle, el mundo de los niños de la calle, es un lugar duro e
insalubre. La vida en la calle es una amenaza para la salud física y
mental. Diversos informes mencionan enfermedades infecciosas,
parásitos intestinales, enfermedades de la piel producidas por la falta de
higiene y la desnutrición, afecciones pulmonares y asmáticas,
drogadicción y la incidencia de problemas relacionados con el SIDA
debidos al consumo de drogas y la prostitución. La enfermedad parece
ser una condición frecuente, casi estructural, en la vida del niño de la
calle. Las afecciones se curan solas, sin atención médica.13 Y
siempre está presente el peligro muy real de violencia contra los niños
de la calle, o entre sí. En las grandes ciudades latinoamericanas, la muerte
violenta de un niño de la calle no es, en absoluto, un fenómeno inciden-
tal. Tampoco lo es en las caóticas calles de las ciudades de Europa
Oriental, y ciertamente no lo es en las regiones de la ex-Yugoslavia,
devastadas por la guerra.
La vida de un niño de la calle puede estar combinada con las
intervenciones de parte de instituciones en la sociedad formal.
Estas instituciones son, por lo general, de dos tipos: aquellas que se
preocupan por los niños de la calle, y aquellas que los persiguen,
reprimen y a veces asesinan. Existen casos además, en los que las
instituciones represivas operan como un sistema de acceso a la asistencia
y la rehabilitación.
Las instituciones represivas están constituidas por la policía, comités de
vigilancia más o menos informales organizados a nivel de barrio, y, en
algunos casos, incluso por escuadrones de la muerte, reclutados de las
fuerzas formales del orden y los cuerpos militares. Por otra parte, existe
un número de instituciones privadas que ofrecen una amplia variedad de
servicios a los niños de la calle. La asistencia varía desde el estableci-
miento de centros de acogida nocturna, con un mínimo de facilidades,
hasta proyectos comunitarios que intentan rehabilitar a los niños de la
calle, por ejemplo, tratando de orientar sus vidas hacia la sociedad en
general. La mayoría de los servicios proporcionados son, más bien,
funciones específicas desarrolladas para atender un fenómeno "recién
identificado". Todos son servicios de pequeña escala, con un alcance
limitado, un mínimo de medios materiales y alto compromiso moral. Con
frecuencia, se trata de nuevas funciones en instituciones antiguas, cuya
misión anterior era ofrecer apoyo a las "familias problemáticas", y
aconsejar a los padres en la educación de los hijos. En los países fuera de
Europa y Estados Unidos, estas instituciones están apoyadas sólidamente
por organizaciones donantes extranjeras y privadas, y a menudo
establecidas y gobernadas directamente por las mismas. Casi una
situación similar se puede observar en la Unión Europea, donde las
organizaciones en los países meridionales dependen fuertemente de las
contribuciones de caridad, y algún apoyo oficial. En los países septen-
trionales, las actividades para los niños de la calle son organizadas y
dirigidas generalmente por organizaciones privadas, pero reciben
subsidios estatales. En Europa, al igual que en los países del mundo en
desarrollo, las organizaciones públicas parecen estar prácticamente
ausentes en la esfera de la intervención directa. El cuidado de los niños
de la calle parece ser un asunto privado.
Si bien las iniciativas existentes son pequeñas en escala y alcance, no
disponen de medios suficientes y carecen a menudo de apoyo estatal,
parecen estabilizar la situación de un importante número de niños de la
calle. Sin embargo, no parecen ser capaces de impedir que ese número
siga creciendo. Y, ciertamente, no están en condiciones de mejorar la
situación socio-económica generadora del fenómeno de los niños de la
calle.
Una institución muy especial y muy importante que incide en la
vida de los niños de la calle es el sistema educativo. A menudo, los niños
de la calle no carecen completamente de educación. Tienen alguna
experiencia escolar, generalmente muy negativa, que resulta decisiva en
el proceso de convertirse en niño de la calle. En algunos casos, los
problemas escolares actúan como detonante para iniciar la existencia de
un niño de la calle. Al mismo tiempo, sin embargo, la escuela y una
educación son casi condiciones previas absolutas para escapar
eficientemente de una vida en la calle.
Este estudio se propone esbozar el contexto y las características
del fenómeno de los niños de la calle en las ciudades de la Unión
Europea. En el segundo capítulo se presenta una reseña global de las
semejanzas y diferencias en estructuras de la ciudad europea y los
procesos de transformaciones económicas, sociales, demográficas y
culturales que cambian el mundo urbano en Europa, para comprender
los antecedentes relevantes del fenómeno. Estos procesos han causado
un crecimiento de la pobreza urbana en los últimos años, en los países
meridionales, y son responsables de de un resurgimiento de la pobreza
("la nueva pobreza"), de la segmentación social, la segregación y fragmen-
tación de grandes grupos de las poblaciones urbanas nuevas o ya
establecidas en las ciudades septentrionales de la Unión. Esta "nueva
pobreza" ha resultado ser un fértil terreno de cultivo para la aparición de
niños de la calle en diferentes formas y circunstancias en una sociedad
cada vez más opulenta.
En los capítulos III, IV y V se discute la realidad de los niños de la
calle en la ciudad europea, en base a datos empíricos definidos,
recogidos y estimados por instituciones públicas y privadas de quince
grandes ciudades europeas, trece dentro de la Unión y dos en Europa
Oriental. Dado que las "etiquetas" empleadas en las diferentes ciudades
son heterogéneas, refiriéndose a menudo a grupos y categorías más o
menos diferentes, los números de niños de la calle presentados no
pueden ser más que un simple cálculo estimativo. Igualmente
importante, sin embargo, es una discusión sobre la percepción política
del problema, de los marcos de referencia empleados para situar a este
fenómeno. Estas opiniones pueden ser deducidas de los calificativos
empleados y los tipos de intervenciones practicadas en las diversas
ciudades. Esta parte del estudio concluye con una descripción de las
instituciones activas en el campo de los niños de la calle y grupos relaci-
onados, los servicios que proveen, y el alcance de sus actividades.
Finalmente, el capítulo VI intenta, a modo de conclusión, situar el
fenómeno de los niños de la calle en Europa dentro de una perspectiva
mundial, identificando eventuales semejanzas y diferencias entre el
perfil de los niños de la calle en Europa y sus compañeros en el mundo en
desarrollo.
II EL CONTEXTO: LA POBREZA EN LAS CIUDADES EUROPEAS
2.1 La imagen de la ciudad europea
El 90 por ciento de la totalidad de los habitantes europeos reside
actualmente en la ciudad (1996). Más del 50 por ciento habita en áreas
metropolitanas y ciudades con más de 200.000 habitantes. Estas ciudades
constituyen los asentamientos nucleares, los centros de la actividad
económica, social y política de la Unión, tanto a nivel regional como
nacional. La prosperidad europea de hoy se debe, en una gran parte, a
esta estructura urbana descentralizada y equilibrada. Las ciudades
desempeñan un papel indispensable como motores del progreso
económico, y contienen la mayor parte de la riqueza de la Unión. Por
otra parte, son consideradas como "las cunas de la historia, los centros
del patrimonio cultural europeo" y productoras de innovaciones
culturales y sociales.
Sin embargo, a pesar de su rol central y vital en la estructura económica,
social y política de la sociedad europea, y, a veces precisamente debido a
este rol prominente e ineludible, las ciudades también suelen ser los
focos de graves problemas. En tiempos de cambios económicos, sociales,
culturales y demográficos, las ciudades exhiben, con mayor intensidad,
las incertidumbres, desarticulaciones y problemas inherentes a estos
procesos. Las grandes concentraciones de habitantes pobres y menos
privilegiados parecen ser un rasgo estructural de la población de la gran
ciudad, como resultado de los acelerados cambios en las estructuras
económicas y sociales urbanas.
Las ciudades tienden asimismo a ser los lugares casi naturales donde los
inmigrantes de cualquier procedencia buscan refugio, un lugar seguro
para vivir y un futuro económico sólido, huyendo de conflictos políticos
o del hambre en sus países de origen.
Las ciudades varían ampliamente en sus historias económicas, en
la estructura de sus mercados de trabajo y en las ventajas y desventajas
locales que presentan. Las ciudades muestran diferencias fundamentales
en términos de organización política y administrativa, relacionándose de
maneras diferentes con los niveles regionales y nacionales. Están sujetas a
marcos legales diferentes, y observan un comportamiento muy diverso
en sus respuestas a los problemas urbanos, según sus diferentes culturas
e ideologías políticas y administrativas. Quizás la diferencia más marcada
se encuentre en su percepción social y definición política de lo que
constituye un problema social, así como en los criterios ideológicos,
políticos y técnicos aplicados por los gobiernos al evaluar sus posibles
intervenciones. Una de las diferencias más notables se puede observar,
en consecuencia, en la manera en que perciben y reconocen la existencia
y extensión de la pobreza y marginación urbanas, y su grado de
preparación para desarrollar políticas orientadas a combatir la
pobreza.
Existen diferencias fundamentales entre las ciudades en cuanto a
la distribución de poderes y competencias entre las diversas autoridades
públicas que actúan en el dominio urbano, y la distribución de funciones
entre las autoridades públicas y organizaciones privadas.
Desde un punto de vista más práctico, sin embargo, los recursos
financieros para el gasto colectivo a disposición de las diversas autorid-
ades varían enormemente entre las ciudades de los distintos estados
miembros de la Unión Europea, y frecuentemente incluso entre las
principales ciudades de un mismo estado.
Este mundo urbano de diferencias debería tomarse seriamente en
cuenta a la hora de reconocer la magnitud y la intensidad de los
problemas sociales en las diferentes ciudades de la Unión, y evaluar el
carácter de sus intervenciones para enfrentar los problemas tal como se
perciben. En este sentido, Lisboa simplemente no es Bruselas, como
Birmingham no es Munich; sus estructuras sociales, sus posibilidades
económicas y sus marcos políticos de referencia constituyen identidades
que, en conjunto, conforman una impresionante diversidad de
coincidencias y contradicciones: el mundo urbano de la Unión
Europea.
2.2 Ciudades divididas
A partir de los años cincuenta, numerosas ciudades europeas estaban
inmersas en procesos de transformación económica causados por la
creciente vinculación entre las actividades económicas urbanas y las
redes nacionales e internacionales en constante crecimiento. Con la
ampliación del escenario económico, las actividades económicas se
extendieron rápidamente mientras crecía la prosperidad general más allá
de cualquier expectativa. Con el aumento de la riqueza, las ciudades
europeas experimentaron simultáneamente profundos cambios
demográficos. La población en las ciudades meridionales se incrementó
rápidamente como resultado de las migraciones rurales y urbanas, las
florecientes ciudades metropolitanas se convirtieron en centros de
atracción para la población rural de las decadentes estructuras
económicas y sociales tradicionales del sector rural.
En las ciudades septentrionales, los movimientos demográficos alejaban
a la población de los barrios antiguos tradicionales hacia la periferia. En el
proceso de suburbanización, las familias jóvenes y móviles, con mayores
ingresos, se trasladaron a las áreas periféricas "verdes" circundantes a los
centros metropolitanos, en busca de más espacio, aire puro, mejores
viviendas y, en general, un clima social más adecuado para criar a sus
hijos. Al mudarse, se llevaron consigo no sólo la mayor parte del capital
social de las ciudades, sino también la base financiera proveniente de la
recaudación fiscal, dejando a los segmentos menos móviles y de menores
recursos de la población urbana en el progresivo deterioro del centro de
las ciudades. El retroceso observado en la vivienda, la calidad del medio
ambiente y comodidades urbanas marcó el inicio de un proceso de
expansión de los guetos, la pobreza y la informalidad (lo que, en
términos latinoamericanos, vendría a ser el proceso de "tuguriza-
ción").
En las ciudades del sur de Europa, los inmigrantes rurales se trasladaron
a
los barrios urbanos más antiguos, provocando altas densidades de
población y saturando las funciones urbanas tradicionales. En las
ciudades del norte, los que partían eran reemplazados frecuentemente
por nuevos actores del escenario económico y social urbano, que
llegaban en busca de un lugar económico para vivir, o sin alternativas
para asentarse en otra parte. A menudo eran inmigrantes que habían
huido de la inseguridad económica y política en sus países, en proceso de
descolonización, o bien inmigrantes de la región del Mediterráneo,
contratados para compensar la escasez de mano de obra calificada en la
economía europea, entonces todavía floreciente.
Algunos años más tarde, las empresas, industrias de servicios y otros
establecimientos económicos se alejaron de la ciudad, estableciéndose
en los suburbios y la periferia urbana. Con ello, provocaron una
declinación de las funciones económicas de los antiguos sectores céntri-
cos de la ciudad, y una sensible pérdida de empleos en los sectores
tradicionales urbanos, acelerando a la vez el proceso de decadencia
material y social. En las áreas industriales más antiguas, desaparecieron
sectores económicos enteros, mientras que otros sectores se vieron obli-
gados a reducir sus actividades, cambiando sus métodos de trabajo
intensivo por métodos de producción de capital intensivo, y arrojando
un gran número de trabajadores no cualificados y semi-cualificados al
desempleo.
En las ciudades del sur, la decadencia urbana causó graves problemas en
la capacidad de absorber a los nuevos habitantes, añadiendo graves
discrepancias a las ya existentes, entre las facilidades necesarias y la capa-
cidad de la ciudad de proporcionarlas.14
Las ciudades europeas respondieron a esta crisis urbana de los
años setenta y ochenta de una manera sorprendentemente similar.
Todas otorgaron prioridad a la recuperación económica, mediante
políticas destinadas a crear una sólida base económica, optando en este
sentido por una modernización fundamental y considerando como
"inevitables" los daños económicos y sociales de "corto plazo". Con el fin
de dar un nuevo impulso al crecimiento económico, "poner en marcha
los motores del crecimiento económico sostenible", muchas ciudades
elaboraron ambiciosos programas de restructuración espacial y
revitalización económica, encauzando los fondos públicos hacia inversio-
nes infraestructurales, para atraer nuevos capitales privados, dando
prioridad a las actividades de innovación tecnológica. Al mismo tiempo
se crearon programas para convertir el entorno urbano en un lugar más
agradable de residencia y trabajo, ya sea para los inversores como para el
ciudadano común. Se modificaron las políticas de vivienda, de la
renovación de los viejos barrios urbanos y las inversiones en viviendas
sociales, se pasó a construir residencias más lujosas y costosas, como
aliciente para provocar el retorno de los sectores más privilegiados al
centro de la ciudad. Con el mismo fin, se otorgó prioridad a los servicios
educativos y culturales, dando un giro político que resuló en detrimento
de los gastos colectivos, destinados antes al "desarrollo social". La premisa
básica para esta opción política se fundamentaba en la profunda
creencia de que los beneficios de la nueva prosperidad, financiada
mediante el recorte del gasto público para las funciones sociales
tradicionales y creada por medio de una orientación de las inversiones
hacia la "revitalización económica", llegaría gradualmente a beneficiar a
aquellos segmentos de la población convertidos ahora en "víctimas
temporarias" de las transformaciones económicas, que "inevitablemente"
tenían que sufrir los efectos cumulativos de la crisis económica y las
políticas de recuperación.
Si bien la "regeneración urbana", en este sentido, se puede
observar como un proceso exitoso en la mayoría de las ciudades
europeas, la nueva prosperidad no ha eliminado los problemas sociales
de desempleo, pobreza, marginación, deficientes condiciones de
vivienda y los riesgos de la salud pública para una considerable parte de
la población urbana dependiente. Políticos y urbanistas parecen haber
errado por igual, de alguna manera, en sus análisis de la crisis urbana en
los años ochenta y en la ejecución de las políticas que desarrollaron en
base a esas ideas: ha quedado demostrado que la firme creencia de los
años ochenta, de que la revitalización económica beneficiaría a largo
plazo a toda la población, era errónea.
Antes bien, se observa una fuerte tendencia de la "nueva eco-
nomía" a excluir cada vez más a grandes segmentos de la fuerza laboral
tradicional, cuando ya no se necesita la "fuerza muscular" de muchos
recién llegados a la ciudad. La contribución de amplios segmentos de la
población urbana antigua y nueva ya no es necesaria para el crecimiento
sostenido de la economía. De hecho, muchos residentes urbanos se están
tornando superfluos, desde el punto de vista económico.
Además de las discrepancias entre la oferta y la demanda de
mano de obra urbana, los cambios demográficos han provocado la con-
centración de amplios segmentos no activos de la población en las
ciudades. Estos segmentos dependen cada vez más del presupuesto
público para sus ingresos (mínimos) de subsistencia y una (mínima)
calidad de vida. La esencia de la crisis urbana de los años noventa parece
tener un carácter social, en el sentido que la exclusión social y económica
con los fenómenos lógicos derivados de pobreza, marginalización e
informalización se han convertido en dimensiones estructurales de
sectores específicos de la población urbana en la Unión Europea: los
jubilados, los desempleados por largo tiempo, las familias
monoparentales, discapacitados físicos o mentales, muchos grupos
minoritarios étnicos, y entre ellos, un sorprendente porcentaje de
mujeres. Todos tienen una característica en común: no tienen nada inte-
resante para ofrecer en la nueva economía y dependen, por lo tanto, de
la solidaridad de los que están en mejor posición.
En términos políticos, no es la presencia de estos grupos urbanos
lo que constituye la raíz de la nueva crisis urbana. Ocurre, más bien, que
se está profundizando la brecha entre un segmento dinámico de la
población, que participa en la revitalización económica, y un considera-
ble grupo estancado y atrasado, en creciente marginalización. La crisis
urbana de los años noventa en la Unión Europea está constituida por el
desarrollo desigual de los segmentos de la sociedad urbana, y esto
implica una amenaza para su cohesión interna. La cohesión social es una
condición previa fundamental para que las ciudades desempeñen su
papel de centros de progreso en una nueva Europa. Lo que, a nivel
europeo, se analiza como "la dualización de la economía y sociedad
europea", y a nivel nacional como "una sociedad de dos carriles", se
puede observar nítidamente, y casi de forma física, en las ciudades
europeas. La ciudad europea es una "ciudad dividida"; dividida entre un
segmento dinámico y uno estancado, cuando no en retroceso, de la
población. El segmento dinámico participa en la nueva economía, es el
portador de una nueva cultura urbana, vive cómodamente en un
ambiente urbano agradable, percibe los ingresos más altos que nunca, y
posee promisorias perspectivas de futuro. El otro segmento parece estar
cada vez más relegado en los procesos de desarrollo económico, social y
cultural, excluido de los mercados donde se distribuyen los valiosos
bienes y servicios, el mercado de trabajo, el mercado de la vivienda, cada
vez más excluido del acceso a facilidades culturales, educativas y de
salud, cada vez más dependiente de las prestaciones sociales, que
también se reducen, excluido al mismo tiempo del prestigio social a
medida que los valores de solidaridad colectiva pierden su poder
normativo. Este segmento de la población, sin embargo, no se debe ver
meramente como una masa de débiles víctimas urbanas. Muchos de ellos
intentan organizar una cierta seguridad en su existencia, y alguna per-
spectiva de futuro para sí mismos y sus familias, adoptando comporta-
mientos nuevos para superar las limitaciones de la vida cotidiana. Si el
servicio de seguridad social no les provee ingresos suficientes, deberán
arreglárselas por sí mismos, y lo hacen apelando a un sinnúmero de
actividades, algunas en contradicción con las reglas de juego económico
tradicionales. Se procuran un techo cuando no lo reciben del estado o
cuando el costo de la vivienda formal excede sus recursos. Las barracas
de Lisboa y el mercado "subterráneo" de la vivienda, por debajo del
mercado formal en Rotterdam, formado por alojamientos informales,
son una prueba fehaciente de la capacidad de organización de los
grupos marginales. Cuando no existe acceso al mercado formal, la
informalidad es la respuesta lógica.15
En este sentido, las ciudades no sólo están inmersas en procesos de
división en términos de residentes con recursos y sin recursos, barrios
pudientes y barrios pobres, las ciudades también están divididas en
cuanto a la manera en que diferentes grupos, con diferente acceso a los
mercados formales de bienes, servicios y prestigio social, organizan su
existencia según sus propios modelos de comportamiento y
consecuentes concepciones, valores y expectativas culturales.
2.3 El fenómeno de la marginalidad
Revisando las características y la magnitud de la pobreza y
exclusión social en las ciudades europeas, se puede constatar que
algunos de los temas que aparecen en los estudios y publicaciones
existentes constituyen verdaderamente temas recurrentes.
La ausencia de empleo adecuado, y la permanente pérdida de
oportunidades de empleo para las personas con bajos niveles de
formación, conformando un desempleo estructural a gran escala,
parecen estar en el núcleo de los problemas sociales urbanos. La pobreza
generalizada, causada por la falta de empleo, incapacidad laboral o
simplemente por la edad, afecta a un gran número de residentes
urbanos no activos. La pobreza se está generalizando en el sentido de
que la falta de ingresos y los consecuentes problemas financieros suelen
ser asociados con problemas de salud y deplorables condiciones de
vivienda. El efecto cumulativo de estos factores causa la marginalización
y la informalización, comprendidos como procesos en los que las
personas son progresivamente excluidas de las instituciones
distribuidoras de la sociedad "normal" general. Una dimensión central de
este proceso es la imposibilidad de acceder a los servicios, y a la participa-
ción en los procesos de decisiones, incluso en situaciones en las están en
juego sus propias condiciones de vida.
Los fenómenos de pobreza y marginalización generalizadas, a los
que son arrojados grandes segmentos de la población urbana, se
complican y agravan aún más con la presencia de considerables grupos
de inmigrantes, grupos de personas de color y minorías étnicas, y más
recientemente, grandes flujos de refugiados de diversos países. Los
grupos urbanos autóctonos, en decadencia económica y social y pérdida
de prestigio, junto con una gran cantidad de personas de grupos étnicos
minoritarios establecidos, así como los recientes inmigrantes que llegan a
la ciudad, están en un proceso de constituir, en general, una nueva
subclase social de residentes urbanos con menores privilegios y
mayor exclusión.16
Para el propósito de este capítulo, se presentarán como estudios
de caso las ciudades de Amberes, Barcelona, Birmingham, Burdeos,
Glasgow, Rotterdam, Lisboa y Madrid, a fin de ilustrar la estructura y
significado de la pobreza urbana. Representan, en diferentes términos, la
situación urbana que constituye el caldo de cultivo para el surgimiento
de los niños de la calle en la Unión Europea.
El informe Política Social Europea y la Ciudad, de 1993,
estimaba el número de indigentes en la Unión a mediados de los ochenta
en 44 millones de personas, de acuerdo con las cifras presentadas por el
Observatorio Europeo de la Pobreza. Estas cifras sugieren que, hace diez
años, uno de cada ocho ciudadanos de la Unión vivía en condiciones
financieras muy precarias, según los criterios de calidad de vida de su
propio país ("por debajo del nivel de pobreza"). Desde entonces, las cifras
se han incrementado continuamente. El último cálculo del número de
indigentes en los doce países de la Unión era de 53 millones, de los
cuales, 21 millones están desempleados.17
Dentro de las cifras totales mencionadas, los niveles máximos de
pobreza se encuentran en los países más pobres, Grecia, Irlanda, Portugal
y España. En estos países, según los informes, al menos una quinta parte
de la población vive actualmente por debajo del nivel de pobreza (según
criterios nacionales). Es en los países más pobres donde existen los
porcentajes más altos de desigualdad de ingresos, medidos en base a
este nivel de pobreza.18 Si bien es una expectativa lógica que
la pobreza se concentre en las áreas más pobres, la presentación de cifras
nacionales oscurece el hecho de que, en la mayoría de los estados miem-
bros de la Unión, y a juzgar por los criterios nacionales de cada estado
miembro, la pobreza tiende a concentrarse en las grandes ciudades.
Algunas regiones, sin embargo, complican esta imagen general europea:
en Grecia e Italia, la pobreza todavía no constituye un fenómeno
predominantemente urbano, a pesar de que ambos países están
acercándose velozmente al resto de la Unión en este respecto.
Cuando la pobreza se observa desde la posición ventajosa de la
gran ciudad, las dimensiones cuantitativas y cualitativas del fenómeno
como un problema social y político se pueden identificar y definir más
nítida y concretamente.
Refiriéndose a una "División Social", el Concejo Municipal de la
Ciudad de Birmingham establece que la pobreza urbana es uno de los
principales problemas de la ciudad.19 Un primer perfil,
realizado ya en abril de 1989, estimaba que 499.500 personas, el 50 por
ciento de la población total, vivían en el nivel de pobreza o por debajo
del mismo, inclusive aquellas personas con derecho a subsidios de
ingresos o de vivienda. Se constató la existencia de una íntima
vinculación entre bajos ingresos, malas condiciones de vivienda,
frecuentes problemas de salud y bajo rendimiento escolar. El problema
se concentra en el área central de la ciudad, aunque también se
encuentran importantes bolsones de pobreza y desintegración en
algunos suburbios periféricos urbanos, creados en los años sesenta y
setenta como viviendas sociales para la clase baja.
La ciudad de Amberes20 identifica "grupos de riesgo
social reconocidos formalmente", incluyendo a personas totalmente
desempleadas que buscan trabajo, beneficiarios de subsidios públicos de
subsistencia y otras formas de asistencia social y personas incapacitadas
que no están en condiciones de ganar un ingreso, como personas de
riesgo. Se estimó que alrededor de un 25 por ciento de la población de la
ciudad depende, de una u otra manera, de la asistencia estatal, y que
estos grupos, de variada composición, suelen vivir en el sector céntrico
de la ciudad. Estas áreas experimentaron un deterioro demográfico,
social y económico que produjo una espiral descendente de indigencia
social y racismo en las últimas décadas.
El Concejo Municipal de Rotterdam21 señaló que, a
fines de los ochenta y primera mitad de los noventa, alrededor de un 30
por ciento de las familias vivía en o por debajo del nivel de pobreza
nacional. Estudios a nivel nacional confirman la existencia de una
extendida "pobreza relativa", concentrada básicamente en las grandes
ciudades. La pobreza es asociada con el desempleo, incapacidad laboral y
bajos niveles educativos, mientras que los grupos de inmigrantes están
super-representados en el extremo más bajo de los gráficos de
distribución de ingresos.
Si bien la ciudad de Barcelona muestra un porcentaje de pobreza
más bajo comparado con Cataluña y España en general, 22la
posición relativamente más aventajada de Barcelona "no impide que su
situación social sea considerada como preocupante". En España, según
documentos del estado de la Unión Europea, alrededor de uno de cada
cinco hogares se pueden clasificar como pobres en términos
nacionales.
La situación en Barcelona es levemente mejor, con un porcentaje general
de desempleo de tres puntos por debajo del porcentaje nacional en
1988. Su economía recibió un fuerte impulso con los Juegos Olímpicos de
1992, elevando a los hogares pobres hacia niveles más altos. En 1996, sin
embargo, a pesar de una reciente serie de políticas de intervenciones
integradas y orientadas a las áreas problemáticas de la ciudad, llevadas a
cabo por el Concejo Municipal de la Ciudad, Caritas Española registró
graves problemas de marginalidad en esta próspera ciud-
ad.23
Burdeos, quinta en el rango de metrópolis francesas, con 685.000
habitantes en 1992, cuenta con una población estable en el casco
céntrico de 210.000 personas. El Concejo Municipal24
reconoce la existencia de muchas familias en "enorme pobreza y precaria
situación económica y social". Al emplear el término "precaria", el Conce-
jo indica la ausencia de una o varias facilidades que permiten a individuos
y familias asumir las responsabilidades básicas de sus vidas y personas.
El Concejo Municipal de Lisboa25 hace hincapié en la
falta de "equilibrio socio-urbanístico" de la ciudad. Se refiere a un
incremento en situaciones de exclusión y marginación social de grandes
segmentos de la población, a la persistencia de una grave escasez de
viviendas, a la degradación del espacio público y la falta de transporte
público adecuado. Observa en las áreas de la "trama social" de Lisboa,
bolsones de pobreza, marginalidad e informalidad, envejecimiento de la
población, viviendas en malas condiciones, el constante conflicto entre
las necesidades de vivienda y problemas de tráfico y actividades
económicas terciarias, mientras que constata una escasez de todo tipo
de servicios públicos. Los jóvenes y los grupos minoritarios son los que
más sufren los efectos cumulativos de esta situación.
La ciudad de Madrid26 informa que, de una población
de 3.100.000 personas, sólo 1.200.000 (el 40%) es económicamente activa;
la tasa de desempleo de la población urbana activa es del 21 por ciento
en algunos barrios y va en aumento. El último censo indica para la ciudad
de Madrid una tasa general de 14 %. Alrededor del 25 por ciento de
todas las personas mayores de 6 años de edad sufren problemas
causados, de una u otra forma, por la pobreza. El Ayuntamiento registró
más de 18.000 familias en pobreza generalizada en 1990, mientras que un
total de 95.000 personas perciben ingresos per cápita menores de 125
ECU (15.000 pesetas) al mes. La ciudad observa que el número de
personas sin hogar está creciendo, y señala el complicado problema de
los "niños mendicantes".
2.4 El perfil de la pobreza urbana
Si bien la pobreza se ha venido incrementando a través de toda la
Unión Europea en los años ochenta, el fenómeno no ocurrió de la misma
manera en todas partes. El número de pobres se acrecentó
notablemente en Italia, los Países Bajos y el Reino Unido, mientras que
disminuyó ligeramente, al menos en la primera mitad de la década del
ochenta, en Francia, Alemania, Grecia y España.27
Dentro de los estados miembros, las mismas categorías de pobla-
ción no siempre resultaban afectadas de igual manera.28 Si
bien en muchos países, las personas de la tercera edad siguen expuestas
al riesgo de bajos ingresos, este riesgo es considerablemente menor que
hace quince años, principalmente gracias al mejoramiento de los planes
de jubilación. Sin embargo, la gente de mayor edad sigue siendo, en
muchos países y ciudades, la categoría única más numerosa en
condiciones de pobreza o aquella que depende de la asistencia social. Su
situación es relativamente crítica en Bélgica, Dinamarca, Alemania y
Grecia, mientras que mayor progreso ha sido alcanzado en Francia e
Irlanda. La declinación más acentuada en seguridad socio-económica
relativa se ha observado en los Países Bajos. Un considerable cambio se
ha registrado en la situación de los niños pobres. Estudios comunitarios
constatan que el índice de pobreza entre la infancia se ha deteriorado en
todos los países de la Unión, en especial en Alemania, Irlanda, los Países
Bajos y el Reino Unido, debido a las consecuencias de la recesión
económica y recortes presupuestarios en la asistencia social en los
ochenta.29
Un tercer cambio observado en los ochenta reside en el hecho de
que los desempleados pasaron a constituir una proporción mucho mayor
de la población pobre de lo que había sido en los años setenta. Sin
embargo, el número absoluto de los pobres con empleo también se está
incrementando, provocando agudos cambios en el trazado de los mapas
de pobreza en los estados miembros.
Otro proceso de cambio en la población de menores ingresos se
ha asociado con cambios en la estructura familiar dentro de los estados
miembros. En los países más rurales, como Grecia, Italia y Portugal, el
porcentaje de pobres pertenecientes a las familias numerosas está
disminuyendo. Otro cambio importante en la estructura familiar,
evidente en todos los países de la Unión Europea y, en especial, en las
grandes ciudades, es el aumento de familias monoparentales que
constituyen una categoría de grave riesgo de pobreza. En muchos países,
las oportunidades de empleo para esta última categoría, que ya eran
escasas, han disminuido aún más a causa de los recortes en los servicios
de guarderías.
Una característica marcada del perfil europeo de la pobreza es el
alto porcentaje de mujeres entre la población de menores recursos.
Muchos estudios y declaraciones de conferencias30, identifi-
can tres categorías de alto riesgo: las mujeres de mayor edad, que han
perdido sus ingresos por fallecimiento del cónyuge o divorcio; mujeres
menores de 65 años sin pareja que dependen de trabajos de bajos
ingresos o no cualificados, o carecen de empleo; y madres jefas de hogar
que mantienen a sus hijos. El alto número de mujeres en la pobreza no
sólo corrobora la tendencia hacia la "feminización" de la pobreza. Los
estudios también demuestran que las mujeres se ven afectadas de otras
maneras por la falta de ingresos, en comparación con los varones de
menores recursos (el factor de género).
Si bien la pobreza generalizada, que afecta a segmentos de la
población en grados diferentes y de diferentes maneras en las diversas
ciudades, no se puede definir totalmente como falta de recursos
financieros, es obvio que la falta de ingresos y la incapacidad de ganar un
ingreso juegan un papel determinante. La mayoría de los grupos
dependientes tienen, por diversas razones, un acceso marginal al
mercado de trabajo, o carecen completamente de acceso al mismo.
Por lo tanto, el desempleo está en la raíz de la crisis social urbana en
Europa y, en consecuencia, la tasa de desempleo urbano constituye el
mejor indicador de la extensión de la pobreza.
El desempleo implica exclusión de los mercados de trabajo concretos, y
conduce en consecuencia a la pérdida de muchas otras formas de
participación social. Destruye redes sociales, erosiona la estabilidad del
hogar y limita severamente la perspectiva futura de mejoramiento de la
posición social de las personas afectadas. La función de la capacidad de
ganar un ingreso o, en términos inversos, el desempleo permanente se
torna más crítico en la ciudad europea cuando consideramos que las
tendencias económicas dentro de la Unión, en especial en las ciudades
grandes, todavía están excluyendo la mano de obra, deteriorando así la
trama social y produciendo un amplio espectro de consecuencias sociales
negativas.
La carga del desempleo sigue estando distribuida de manera muy
desigual entre la fuerza de trabajo urbana, y suele ser una dimensión
estructural de la posición de determinados grupos. Aparte de los
jubilados mayores, excluidos por razones de edad o incapacidad física, el
desempleo está marcadamente relacionado con bajos niveles de
capacitación y educación por parte de la oferta, y una grave escasez de
empleos adecuados por parte de la demanda, derivada de cambios
fundamentales y estructurales en las actividades económicas a nivel
internacional, nacional y urbano. Algunos grupos de población se
enfrentan a obstáculos específicos al procurar acceso al mercado de
trabajo: las familias monoparentales suelen encontrar insuficientes
facilidades para el cuidado de los niños; los inmigrantes, grupos minorita-
rios étnicos y grupos de color muestran altos niveles generalizados de
desempleo, por estar en desventaja, institucional o social, para acceder a
un empleo.
Las condiciones que generan el desempleo suelen originarse
mucho tiempo antes de que los jóvenes ingresen en el mercado laboral.
Los antecedentes sociales, culturales y educativos determinan, con
frecuencia, la capacidad de una persona de encontrar una posición
laboral estable, o su marginalización y falta de empleo.
En muchos países, el nivel de subsidio de desempleo ha sido insuficiente
para asegurar, al receptor y su familia, una existencia más o menos
similar en calidad de vida a la de las personas con empleo. El subsidio de
desempleo tampoco ha logrado elevar en todos los casos las condiciones
de vida de los beneficiados y sus familias a un mínimo social digno. Por
otra parte, no todos los desempleados reciben subsidio, y aquellos que
no lo perciben, se ven obligados a depender de la ayuda condicionada, o
de sus familias, o de ingresos irregulares y a veces ilegales: obligados a
vivir en la calle y de la calle, en el sector informal.
Si el empleo es una condición previa para la integración en el
sistema profesional, económico y de prestigio, la vivienda es el requisito
previo para la integración en el sistema urbano propiamente dicho. En
este sentido, la falta de un techo, una dimensión esencial en la vida de
muchos niños de la calle, es el indicador más dramático de la exclusión
social y la creciente inutilidad de las redes de contención públicas y
privadas que deberían garantizar un nivel básico de integración social. La
década de los ochenta, sin embargo, mostró un incremento gradual de
personas sin techo en la Unión Europea. "Los sin techo" se concentran
generalmente en las grandes ciudades, no sólo porque la mayoría de
ellos son "producidos" en las ciudades, sino también porque en ellas se
encuentran los centros de acogida.31
La mayoría de los que viven en las calles europeas en los años
noventa ya no pueden ser considerados como los clásicos vagabundos y
mendigos del pasado. A ellos se ha sumado una nueva generación de
excluidos, producto de la crisis económica, el creciente fracaso de las
redes sociales primarias y las políticas sociales cada vez menos
adecuadas.32 Casi todos los estados miembros y sus grandes
ciudades han mencionado en sus informes un incremento de personas
sin techo y cambios en la composición de este sector de la población. El
problema del creciente número de personas sin hogar es el fenómeno
más visible de la crisis habitacional en la Unión. Actualmente se observan
también mujeres en los círculos de personas sin techo, madres con hijos,
drogadictos, inmigrantes recién llegados, residentes ilegales y un
creciente número de jóvenes.33
En 1996, la ciudad de Rotterdam calculaba que unas 3.000 perso-
nas utilizaban los servicios de los centros de alojamiento nocturno, y
vivían en la calle durante el día; un número mucho mayor se alojaba en
pensiones de todo tipo.34 Glasgow calculó el número de sus
habitantes sin techo en unos 7.000 para el mismo año. Las ciudades del
sur experimentaban un problema similar, si bien es difícil disponer de
cifras seguras. Lisboa menciona entre 2.000 y 2.500 personas
completamente "sem abrigo", sin techo.35 De manera muy
similar, Madrid registró en 1991 unas 1.500 personas sin
hogar.36 La situación en las ciudades de Europa oriental es
aún más acuciante. Funcionarios de los servicios sociales de Budapest
mencionan unos 3.000 jóvenes sin techo en 1992, mientras que en San
Petersburgo y Moscú, se habla de "varios miles" en el mismo
año.37
Las ciudades europeas varían en cuanto al tipo de problemas de
vivienda que enfrentan. La mayoría todavía sufre grave escasez de
vivienda, combinada con serias deficiencias, humedad y falta de las
instalaciones básicas. Esta problemática situación es la causa de
enfermedades, especialmente entre los niños pequeños.38
Otras ciudades39 han logrado solucionar con éxito el
tradicional problema de la vivienda, pero se encuentran con la creciente
imposibilidad de los inquilinos para pagar el alquiler y la hipoteca,
mientras se recortan drásticamente los subsidios estatales destinados a
aliviar los altos costos de vivienda y bajos ingresos. Este proceso causa
enormes problemas de deudas, que finalmente conducen a las evasiones,
la interrupción de los servicios de gas y electricidad, y finalmente al
desalojo y a la calle.
Los altos precios del suministro de energía han introducido un
nuevo fenómeno en el escenario de la pobreza europea, el concepto de
la "pobreza del combustible". Es una especie de indigencia resultante del
hecho de que las personas con ingresos más bajos, en especial los jubila-
dos mayores y las familias monoparentales, son incapaces de pagar las
cuentas de calefacción necesaria para mantenerlos abrigados durante
todo el invierno. Estos los hace susceptibles a un alto riesgo de
enfermedades respiratorias crónicas.40
Un fenómeno reciente es, igualmente, la escasez de viviendas en las
ciudades holandesas, francesas y alemanas, como resultado directo de los
grandes flujos repentinos de inmigrantes a la ciudad y a su mercado
laboral. Entre ellos, los refugiados de Europa oriental, Africa y Asia, cuyo
número aumenta rápidamente, tienen un rol prominen-
te.41
En las ciudades del norte de la Unión, el aumento en los precios
de los alquileres en las viviendas sociales en los años ochenta superó la
inflación, en un momento en que el desempleo reducía los ingresos de
un gran número de familias. Los problemas de deudas se convirtieron en
una trágica expresión de la pobreza en los estados de bienestar social del
norte de Europa. Estos problemas son especialmente agudos en las
ciudades británicas y holandesas, obligando a una vida inestable a las
familias de menores ingresos.
Gracias a los denodados esfuerzos en el desarrollo de nuevas viviendas
sociales y renovación de apartamentos semi-derruidos en los barrios
céntricos de las ciudades, los problemas de escasez y mala calidad de la
vivienda han pasado a un segundo plano en la agenda política de
Alemania, los Países Bajos y algunas regiones de Francia, comparados con
Irlanda, el Reino Unido y los países del sur de la Unión Europea.
La situación habitacional en las ciudades del sur se puede
caracterizar a través de diversos factores determinantes. Hasta mediados
de los años setenta, las ciudades del sur crecieron rápidamente debido a
la inmigración rural y una tasa de nacimientos relativamente alta; en años
posteriores, la inmigración desde el campo se detuvo casi abruptamente,
y la tendencia se invirtió, observándose un masivo éxodo hacia las áreas
suburbanas. Al mismo tiempo, disminuyó la tasa de nacimientos. La pérd-
ida de habitantes, sin embargo, dejó lugar a un creciente número de
inmigrantes provenientes de las ex-colonias, el sur del Mediterráneo y
Africa occidental. Esta nueva corriente incrementó las presiones sobre la
deteriorada existencia de viviendas disponibles en el sector céntrico de
las ciudades. En muchas de las ciudades del sur, el flujo de inmigrantes
desde el campo y del extranjero se hizo muy visible en la expansión de
los barrios de emergencia, no muy distintos a los asentamientos informa-
les que se pueden observar, por ejemplo, en las ciudades latino-
americanas, aunque la magnitud del problema es mucho menor que en
los países del tercer mundo.42
La situación de la vivienda entre los grupos de menores ingresos en los
países del sur de Europa adopta formas muy diversas, si bien se pueden
señalar características generales en casi la mayoría de ellos: falta de
vivienda apropiada para esos grupos, concentración en las áreas más
antiguas de la ciudad, donde las condiciones de vida no se pueden elevar
fácilmente a niveles normales adecuados. Por otra parte, en la mayoría
de las ciudades del sur existe una competencia entre la restauración de
los antiguos centros culturales, la reconstrucción de antiguos sectores
para grupos de ingresos medios y más altos, y la creación de espacios
para familias de menores ingresos.
Los procesos de transformación económica, cambios de-
mográficos, resurgimiento y aumento de la pobreza, no deben oscurecer
los serios cambios culturales que han tenido lugar en las últimas décadas.
Los ciudadanos europeos, en especial la población urbana, han cambiado
fundamentalmente su repertorio cultural en los últimos treinta o
cuarenta años, no sólo debido a la aparición de nuevos grupos en el
escenario urbano, que trajeron consigo sus propias identidades
culturales, ideas, expectativas y conductas, sino y en especial porque las
sociedades europeas han experimentado procesos de largo plazo de
desarrollo y diferenciación cultural relativamente autónomos. Las
estructuras tradicionales, que, vistas en retrospectiva, parecen haber
convertido al mundo en un lugar transparente y ordenado, con claras
normas y valores indiscutibles, ha dejado lugar a una sociedad, un modo
de vida, caracterizado por el individualismo, la anomia y el consumo: un
"mundo de extraños"43, en el que cada uno se convirtió más
en la medida de su propia conducta.44 Parece existir una
erosión de las estructuras familiares, reemplazadas por formaciones
sociales más superficiales, y, a veces, provisorias. La influencia de
estructuras institucionales, como el barrio, la iglesia, el sindicato, la
escuela, perdió su poder apremiante sobre el individuo, que tuvo que
buscar seguridad en nuevos grupos, más funcionales y de diferente
índole. Estos cambios culturales provocaron, como consecuencia, una
pérdida de los lazos tradicionales de solidaridad colectiva y de las insti-
tuciones de apoyo, inclusive no sólo la familia sino también las
organizaciones estatales. El espacio público en la ciudad, y a menudo el
espacio privado de las redes primarias, se han convertido en escenarios
de intereses conflictivos. En estos escenarios, las partes más débiles,
lógicamente, son las que pierden, quedando excluidas y relegadas a las
zonas marginales, a la calle. El poder de las redes tradicionales de
funcionar como redes de contención adecuadas se ha debilitado y no ha
sido reemplazado por nuevas y efectivas formas para proteger a los
pobres y a los más débiles. Estos grupos están cada vez más abandonados
a su propia suerte, en el sector informal de la sociedad urbana.
III LOS NIÑOS DE LA CALLE EN EUROPA: REALIDAD EMPIRICA Y SU
CONCEPTUALIZACION
3.1 Visualización de los niños (de la calle)
Uno de los indicadores más dramáticos y embarazosos de la crisis
y descomposición social es la presencia de niños de la calle como un
fenómeno "normal" en el contexto urbano. Hasta épocas muy recientes,
la presencia de niños y jóvenes sin techo en las ciudades europeas era un
fenómeno desconocido, o, por lo menos, no era un tema que figurara en
las agendas políticas de los estados miembros y se discutiera
públicamente. Los niños de la calle y los niños trabajadores eran
considerados un problema "típico" de los países en vías de desarrollo,
especialmente, de las grandes metrópolis latinoamericanas.45
Las publicaciones de las oficinas de Naciones Unidas sobre este tema
están coloreadas generalmente por una terminología que expresa
asombro, emoción y vergüenza. Informes objetivos basados en
investigación cuantitativa (y cualitativa) no se encuentran, salvo algunas
pocas excepciones; las publicaciones más recientes son antologías de
estudios esporádicos de caso.
Un típico ejemplo de esta clase de estudios de caso, "enfundados" en un
cierto patetismo entre el prólogo y el epílogo, es una reciente
publicación de la UNESCO, cuyos redactores formulan el problema en los
siguientes términos:
"Privados de las alegrías de una infancia y
adolescencia normales, muchos de ellos mueren a temprana edad en un
estado de extrema pobreza, o sucumben a las balas del odio. Los que
escapan, luchan por sobrevivir, deambulan por las calles o se consumen
en la desesperación, aliviando su dolor en escapes imaginarios y a
menudos autodestructivos. Deseando vivir, a pesar de todo, llevan una
existencia deprimente y peligrosa en las calles. Se cuentan por millones,
viviendo sin techo ni derechos, sin siquiera haber pasado por la escuela.
De adultos, serán analfabetos o, en el mejor de los casos, escasamente
educados. Cada día es un ciclo de tormentos: hambre, sed, trabajos
arriesgados y mal pagados, enfermedades, soledad, falta de afectos,
represión policial, papeleos legales, instituciones, sórdidas prisiones,
drogas, esclavitud disfrazada de trabajo doméstico o esclavitud abierta,
prostitución, abuso sexual y enfermedades mortales como el SIDA serán
las consecuencias."46
La institución más prominente entre las organizaciones multila-
terales dedicada a la infancia, UNICEF, publica cada año informes sobre la
situación de los niños en el mundo.47 Estos informes son más
descripciones contextuales, no orientadas a la formulación de políticas,
que un estudio enfocado hacia el problema y las posibles intervenciones.
Su preocupación se centra especialmente en la situación de la salud,
nutrición y educación de los niños en el mundo. No contienen análisis de
grupos de riesgo ni de políticas para prevenir los riesgos, ni informan
sobre obstáculos e impedimentos específicos de los programas de
desarrollo dirigidos hacia categorías específicas de niños.
Con honrosas excepciones,48 los informes de situación de la
UNICEF y UNESCO no se refieren específicamente a un país o región, ni
distinguen categorías relevantes de niños, y tampoco proporcionan
recomendaciones sobre las intervenciones necesarias en las áreas, grupos
o situaciones señaladas, como así tampoco ofrecen un desglose
cuantitativo detallado con datos sobre determinados problemas.
La mayoría de los informes multilaterales sobre los niños no incluyen
información sustancial sobre los niños de la calle, no proveen los datos
básicos para una primera estimación, y no distinguen subcategorías
cuantitativas manejables de sectores de riesgo y alto riesgo entre la
población infantil, ya sea a escala mundial, nacional y menos en términos
regionales o locales.
Cuando existe alguna información exacta, el procedimiento normal es
recoger los datos entre las instituciones de asistencia conocidas, ONG y
organizaciones privadas. Un buen ejemplo de este procedimiento lo
ofrece un informe del Consejo de Europa sobre niños de la calle en
algunos países del sur de la Unión Europea en 1994.49 Los
estudios de caso más específicos son recogidos y presentados en un
micro-nivel de formulación de políticas y programas de intervención:
contienen un gran número de informes menores sobre, por ejemplo,
una ONG ocupada en 30 "meninos da rua", otra con 25 jóvenes en la
prostitución, y otra que se ocupa de 40 "niños de la calle".
A juzgar por la experiencia pasada, no parece fácil enfocar el
fenómeno de los niños de la calle en términos más descriptivos o
empíricos, con la objetividad de métodos científicos. Hasta hace poco, en
los países desarrollados todas las personas sin techo pasaban des-
apercibidas, más aún los jóvenes sin techo.50 Por ejemplo, las
primeras publicaciones en los Países Bajos sobre los sin techo, con
algunas referencias a los jóvenes, comenzaron a aparecer a mediados de
los ochenta, causando conmoción y, en algunos casos,
incredulidad51.
El fenómeno de los niños de la calle, estrechamente relacionado con el
problema de los jóvenes sin techo, escapó a la atención mundial y a su
conceptualización, excepto algunas nociones indicativas, producidas
especialmente en las ciudades del sur, donde instituciones privadas se
vieron en directo contacto físico con este "grupo objetivo".
La perspectiva desde la que se define a los niños de la calle en los
documentos académicos y políticos existentes es, con frecuencia, la de
"un problema" con el que se identifica a una categoría de niños. Parece
que la relevancia de hablar sobre los niños se encuentra en el hecho de
que se desvían de la situación "normal". Frecuentemente, los "niños
problemáticos" son tipificados como "privados" del contexto "normal"
económico, social y afectivo: la familia. Cuando se menciona a "los niños"
en la agenda política, aparentemente es porque está perturbado su
funcionamiento "normal". Un enfoque de los "niños" como una categoría
social de derecho propio, con su propia identidad y su propia posición en
las discusiones socio-económicas y de desarrollo es una
excepción.52 Quizás, la única forma en la que aparecen como
ciudadanos "normales" sea su posición como sujetos (pasivos) de los
programas y proyectos educativos. Incluso en este contexto, "los niños"
deben ser "educados para ser los futuros ciudadanos de la sociedad civil",
para satisfacer las futuras demandas de la economía y sociedad del
futuro.
El aspecto sorprendente, en este contexto, es que en la mayoría
de los países del mundo, la categoría de niños es el componente más
importante de la población nacional. Aunque en las ciudades
tradicionales "occidentales", el porcentaje de niños se ha reducido
constantemente en las últimas tres décadas, desde principios de los años
ochenta se observa una visible tendencia a un "rejuvenecimiento", un
incremento gradual del porcentaje de niños en los sectores céntricos de
las grandes ciudades. Este fenómeno es claramente visible en las areas en
las que se concentran las comunidades negras y de minorías étnicas, así
como los nuevos inmigrantes: los guetos urbanos y los barrios de
viviendas sociales.
Se puede afirmar, casi con seguridad, que la posición de los niños
en las ciudades europeas ha cambiado considerablemente en las últimas
tres o cuatro décadas. Las consecuencias de la transformación urbana
afectan directamente la posición de los niños: estos datos se refieren a
los cambios en la infraestructura espacial, cambios en la estructura del
mercado de viviendas, o, más concretamente, a la misma construcción
material, cambios fundamentales en la composición de la población
urbana en términos de categorías de edades y origen étnico, cambios en
la estructura socio-económica, caracterizados por una revitalización y
marginación, por progreso económico y exclusión social, por
crecimiento económico y segregación y fragmentación, por dinamismo
cultural y estancamiento, por una dualización fundamental en un amplio
espectro de sectores urbanos. Los niños se ven afectados, por naturaleza,
por los procesos de cambio en la estructura de las relaciones primarias,
por la erosión de la moralidad tradicional en un nuevo entorno
económico y social, por la descomposición de los lazos tradicionales y un
continuo resurgimiento de lazos primarios en nuevas formaciones
sociales.
Es con este trasfondo volátil que aparece el fenómeno de los
niños de la calle en la escena urbana: no sólo el mundo urbano, las
estructuras urbanas y las redes urbanas han cambiado, el propio
concepto del niño, sus roles, sus obligaciones y expectativas, sus modelos
de conducta, necesidades y ambiciones también han cambiado.
En un enfoque integrado del fenómeno de los niños de la calle,
aparecen dos factores de elemental importancia.
En primer lugar, un niño de la calle no debería ser considerado un
fenómeno en sí mismo, y perfectamente explicable por sus propias
características. El niño de la calle es el producto final de una larga cadena
de sucesos, enraizados en estructuras sociales desventajosas: los niños de
la calle son el resultado de las desigualdades del medio social, económico,
cultural y físico en que viven, producidas por el propio ser humano, por
las cuales el niño se ve obligado a terminar en la calle. La definición de un
niño de la calle en términos del proceso de convertirse en uno de ellos,
no es sólo de interés académico, también posee una alta relevancia
política. Obliga a enfocar la atención en acciones preventivas,
combatiendo los factores que conducen al fenómeno, en lugar de
combatir el resultado, donde la recuperación no sólo es difícil y costosa
sino que, a veces, es simplemente imposible.
En segundo lugar, si se adopta la posición de los niños en general
como punto de partida, y su cambiante posición en la sociedad urbana,
se combate el estereotipo, particularmente vigente en el mundo
desarrollado, de que los niños de la calle se originan solamente entre los
sectores más pobres de la sociedad, y sólo en sociedades pobres. Si bien
la pobreza, y las consecuentes limitaciones sociales, económicas y
culturales, son el factor prevaleciente en la "producción" de niños de la
calle, esta verdad no debería oscurecer el hecho de que, en muchos
casos, los niños de la calle son el producto final de otras fuerzas. Un
ejemplo de ello es el hecho de que los jóvenes drogadictos, que
deambulan por las calles de las ciudades europeas y han cortado sus
relaciones con las redes primarias, provienen de todas las clases socia-
les.
En cuanto a la prevención del surgimiento de nuevas categorías
de niños de la calle, la cuestión que parece sumamente relevante es qué
pasará con los hijos de las clases obreras, en franca declinación en la
ciudad europea, donde los trabajadores tradicionales son despedidos
masivamente, expulsados del mercado laboral por cambios en la
estructura de la actividad económica y reemplazados por nuevas
tecnologías. Casi con certeza seguirán desempleados para siempre,
dependiendo de subsidios de desempleo, bajo la continua amenaza de
recortes, mientras los gastos de vivienda y educación de los hijos se
tornan cada vez más imposibles de soportar. ¿Cuál será el futuro de estos
niños de las clases bajas, de los obreros tradicionales y los pequeños
burócratas, cuyo número se ha reducido drásticamente en varios países
europeos por las políticas de ajuste de los años ochenta, los años de las
reformas Reagan-Thatcher, la década de la austeridad pública y en los
noventa, por la innovación tecnológica y las privatizaciones? ¿Quién
pagará las facturas del médico, la escuela, los servicios educativos, el
transporte interurbano, y quién proveerá el ingreso al mundo laboral, los
salarios y una vida digna?
La crisis urbana europea, el proceso inicial de la pobreza masiva, y
la informalización de la economía y la sociedad en las aglomeraciones
urbanas de los estados miembros, la existencia de un gran número de
indigentes crónicos y la posible adición de significantes números de
"pobres nuevos", que poco a poco conforma una importante subclase
urbana, constituyen el contexto presente y futuro de los "niños de la
calle" y los "niños trabajadores" en el fondo de la estratificación social
urbana de Europa.
Sigue abierto, naturalmente, el interrogante de si los procesos de
transformación económica y cambios sociales y demográficos, con el
consecuente desarrollo del fenómeno de informalización y
marginalización "producen" niños de la calle en las ciudades de la Unión
Europea de la misma manera, y con las mismas dimensiones, que el
desarrollo económico, la transformación social y el fracaso de las
instituciones tradicionales en las megaciudades del Tercer Mundo.
Ahora bien, este estudio toma como punto de partida la hipótesis de
trabajo de que, inducidos por el proceso de globalización económica y
transformación social a nivel mundial53, las estructuras,
procesos y mecanismos de pobreza y marginalidad masivas tienden a
convergir globalmente, produciendo, en algún momento, el mismo tipo
de consecuencias en todas las sociedades: marginalidad global.
Siguiendo esta hipótesis general, y no probada hasta el momento, en sus
consecuencias, debería ser sólo una cuestión de tiempo antes de que la
pobreza, la marginalidad, la falta de vivienda en Europa, que ya lo reco-
noce como un problema político de primer orden, muestren su lado
oscuro con más intensidad que la que se observa actualmente en las
escenas de mera supervivencia de los sectores pobres, incluso en los
países más prósperos del norte de la Unión. Este lado oscuro se
manifestara en guetos, asentamientos marginales e irregulares y la
presencia muy visible de niños de la calle.
Los fenómenos de pobreza, marginalización, barrios irregulares, personas
abandonadas a sus propios medios de sobrevivencia y niños de la calle
pueden haber adoptado, hasta ahora, formas menos violentas, no tan
intensas o de una magnitud inconcebible, tal como la adoptan en las
ciudades de los países en desarrollo. Sin embargo, existen ya, y se están
tornando más visibles desde el próspero norte hasta el empobrecido
sur.
Para formular la hipótesis en términos más concretos, diremos
que, al observar la situación en Lisboa y Nápoles, en París y Berlín, en
Rotterdam y Birmingham, y comparándola con las experiencias en las
grandes ciudades de América Latina, la diferencia esencial entre ambos
lados del Atlántico es la relativa ausencia (hasta ahora, al menos) de odio
y violencia en Europa. Comparando con ciudades como Rio de Janeiro,
Sao Paulo y Belo Horizonte en Brasil, donde los escuadrones de la muerte
y las bandas de jóvenes criminales se disputan públicamente el poder de
los rincones "estratégicos" de las calles y plazas metropolitanas;
comparado con la ciudad de México y Guadalajara, donde la droga y los
niños de la calle se mezclan libremente54 y comparado con
Cali y Medellín en Colombia, donde los conflictos mencionados son
agravados por la extrema violencia de la mafia del narcotráfico, las
fuerzas de la ley y el orden y los propios niños de la calle (sólo en
Medellín, operan varios miles de sicarios, asesinos a sueldo que matan a
los niños55), los niños de la calle en Europa parecen todavía
estar lejos de estas formas organizadas de violencia y muerte, aunque
operan en el mismo espacio público, donde el crimen encuentra su
espacio de trabajo, y en algunos casos, ambos mundos se
superponen.
3.2 Una definición de trabajo
La imagen de "los niños de la calle" en las grandes metrópolis del
Tercer Mundo - en Brasil, Colombia, Tailandia y las Filipinas - se forma
generalmente a través de las escenas de televisión, mostrando a niños
que hurgan en los basurales públicos, durante el día, y duermen en las
estaciones de tren y espacios públicos de noche, consumen droga o
beben guaro, se agrupan en bandas de delincuentes menores,
sobreviviendo en un mundo de drogas y prostitución.
Estas imágenes del fenómeno no se pueden reproducir
fácilmente en las avenidas de los centros urbanos de la Unión Europea,
en las estaciones de tren de las capitales del Norte, en las estaciones de
metro de Estocolmo, Londres o París, en los iluminados edificios del
gobierno municipal de Amsterdam, Bonn, Copenague y Oslo. Más hacia el
sur, sin embargo, llegando a Lisboa, Nápoles o Atenas, se podría
encontrar frecuentemente a niños que, juzgando por su conducta y su
situación, no difieren en apariencia de sus semejantes en el Tercer
Mundo. Los niños pasan la mayor parte del tiempo, día y noche, en la
calle. Trabajan, viven y duermen en aparcamientos, estaciones, edificios
en construcción, portales de oficinas y trasfondos de supermercados.
¿Cómo definir a los niños albaneses que duermen bajo los
puentes de Bologna, a los grupos semi-organizados de vendedores
ambulantes en Lisboa o Nápoles, los jóvenes, a veces casi niños, que
comercian con la droga en Berlín, "die Kinder von Bahnhof Zoo" en
Hamburgo, los pequeños ladrones y "organizadores" en los suburbios de
Lyon y París, los jóvenes sin techo en Bradford y Manchester, los jóvenes
drogadictos sin techo que duermen en la estación de tren de Rotterdam,
la madre adolescente con sus dos hijos, que parece vivir en el andén del
Metro de Londres, el joven marroquí de catorce años en Rotterdam, cuya
tarea es vigilar su territorio para llevar a potenciales clientes de droga a
su patrón, la joven de dieciséis años que ofrece su cuerpo a cambio de
dinero para comprar su cuota diaria de heroína, los "Jugendliche ohne
Obdach", los jóvenes sin techo en Stuttgart, y los niños en Brno,
Budapest, Praga y San Petersburgo, que cortaron relaciones con sus
familias y descarrilaron socialmente, en el torbellino de cambios sociales
y económicos en sus países?
El panorama de los grupos y categorías mencionados se propone,
no solamente obligar a recapacitar sobre la existencia de los niños de la
calle en la próspera Unión Europea. Sirve, a la vez, como materia prima
de una realidad muy heterogénea que, de alguna manera, debe ser
moldeada para formar una definición realizable del fenómeno.
En el segundo capítulo de este informe se han enumerado
algunos elementos esenciales derivados de estudios latinoamericanos. Al
aproximarnos al fenómeno, las siguientes dimensiones parecen
relevantes:
- "la existencia y calidad de la relación de un niño
de la calle con su hogar paterno"; esta relación no sólo es
relevante cuando no está presente, también lo es en el proceso de des-
composición, ya que es importante tener en cuenta el proceso en el cual
se forma un niño de la calle (se trata de una categoría dinámica);
- "la conexión directa con la calle";
- "el trabajo o las actividades generadoras de
ingresos de los niños de la calle;
- "problemas físicos y mentales;"
- "las intervenciones de instituciones de la
sociedad formal en la vida de los niños de la calle".
Las definiciones y conceptos empleados en este estudio no han
sido formulados con precisión. Esta es una decisión deliberada, dado la
heterogeneidad del fenómeno en estudio. Nos parece más eficiente,
considerando el estado actual de conocimiento del fenómeno, referirnos
a un complejo "conjunto de hechos", diferentes en los distintos estados
miembros de la Unión, y diferentes incluso entre las ciudades de un
mismo país.
En segundo lugar, como este trabajo no está en condiciones de
mantener contacto directo con los niños de la calle para recoger los
datos necesarios de primera fuente, sino que tiene que emplear las
experiencias de personas e instituciones que trabajan con estos niños,
moldeados por sus percepciones y marcos de referencia, el estudio debe
comenzar presentando las "etiquetas" que estas personas e instituciones
aplican a sus "grupos objetivos".
La siguiente definición, por lo tanto, no es en primer lugar un
concepto delimitante, sino un instrumento para descubrir hechos,
orientando la atención de funcionarios públicos y privados que trabajan
en el sector social, al tipo de hechos que se deben identificar.
"Los niños de la calle" son personas entre 0 y 21 años de
edad, que
básicamente no poseen una residencia estable
en un hogar privado o en una institución, y duermen en lugares
improvisados, (al aire libre, en aparcamientos, almacenes, etc. no
destinados a ese fin) o invaden viviendas abandonadas, cambiando
frecuentemente de lugar (en pocas palabras: más o menos
homeless, sans abri stable, sin techo estable, sem abrigo
estavel);
y quienes
hasta un cierto grado "viven en la calle y de la
calle": no poseen un ingreso o subsidio estable y regular, y no
pueden depender diariamente del cuidado seguro de la familia,
otras personas importantes o instituciones relevantes. Deben
ganarse el pan, al menos en parte, haciendo trabajos irregulares,
vendiendo todo tipo de artículos (como drogas), eventualmente
viviendo de la mendicidad o el robo. (Hay casos, sin embargo, en
que reciben un subsidio social estable, o un ingreso, pero no les
alcanza por diversas circunstancias, por ejemplo, los jóvenes droga-
dictos, las prostitutas drogadictas, etc.)
Más fáciles de definir y especificar, en cierto grado, son las
instituciones que trabajan con algunos niños de la calle. Denominamos a
estas instituciones con un termino general "instituciones de
asistencia".
"Instituciones de asistencia" son cualquier organización
pública o privada, fundación o institución, proyecto, programa o
iniciativa que intenta, como tarea parcial o total:
Dentro de estas ciudades, el cuestionario fue presentado y
explicado a los funcionarios de la Comisión de Bienestar Social, siendo los
propios funcionarios intermediarios los que están en la posición de
responder al cuestionario o actuar como intermediarios para sus colegas,
responsables del sector relevante. Las personas que respondieron al
cuestionario han sido contactadas en una segunda ronda, para que
completen los datos faltantes o expliquen aspectos que no estaban
claros.
Se solicitó a los funcionarios que adjunten todos los documentos
escritos, videos, etc. existentes en sus ciudades, sobre el fenómeno de
los niños de la calle. Un gran número de ciudades respondió enviando
material, desde informes de un par de hojas a extensos documentos de
investigación, relacionados hasta cierto grado con el problema
estudiado.
IV NIÑOS DE LA CALLE: DATOS Y CIFRAS EN EUROPA
4.1 Reconocimiento de una realidad no registrada y no
deseada
En este capítulo se presentan los resultados de los cuestionarios
mencionados. Se recibieron respuestas, de una u otra forma, de las
ciudades de Barcelona, Bologna, Bradford, Brno, Copenague, Ginebra,
Lisboa, Manchester, Madrid, Nottingham, Oslo, Praga, Rotterdam,
Estrasburgo y Stuttgart. Todas, excepto Ginebra y Oslo, respondieron
como mínimo las preguntas del cuestionario.
La calidad de los datos, por supuesto, varía considerablemente. Lo
más interesante es que esta variación muestra claramente que el tema
de los niños de la calle es un tema muy sensible a nivel político, y que,
especialmente el término "niños de la calle" parece estar estigmatizado,
en el sentido de que existen numerosos niños que responden a esa
definición pero que no deberían ser identificados con "ese horrible
término tercermundista". Solamente en los países del sur de la Unión
parecen emplear libremente estas palabras (meninos da rua, nens del
carre, ragazzi di strada), mientras que el término francés "enfants de la
rue" parece ser aplicado exclusivamente a los niños del tercer mundo, al
igual que la palabra holandesa "straatkinderen". En todos los países del
norte de la Unión, el fenómeno es descrito utilizando un término que
resalta la falta de techo de los jóvenes, una subcategoría del problema,
que hace invisible las demás dimensiones del fenómeno.
Otro interesante descubrimiento que se puede constatar de la
variación en la calidad de las respuestas es el grado en que las
autoridades públicas intervienen directamente en el fenómeno. En la
mayoría de los casos, la iniciativa es privada, considerada como el agente
relevante en este terreno especial. En los países del sur, las relaciones de
trabajo entre el sector público y el privado parecen ser mucho más
directas, mientras que en los países del norte, las autoridades públicas
actúan a través de una compleja red de normas legales que regulan las
relaciones entre las organizaciones públicas y privadas.
Los datos recogidos se han organizado de la siguiente
manera:
(a) Un primer cálculo del número de niños de la calle, tal como
lo mencionaron las propias autoridades municipales o sus contactos, y los
calificativos usados en el contexto municipal de la ciudad en cuestión. En
el mismo párrafo se presentan los datos concernientes al perfil local de
los niños de la calle, tal como lo perciben las autoridades municipales o
sus agentes privados, así como el conocimiento y las impresiones que
poseen sobre las causas y el proceso de convertirse en niño de la calle.
(b) Una breve descripción de las políticas en las ciudades
participantes - siempre que existan - desarrolladas y ejecutadas por las
autoridades municipales u otras agencias, y un inventario (muy selectivo)
de las instituciones públicas y privadas y sus funciones y
actuaciones.
4.2 Recuento de los niños de la calle: un juego de números
Es prácticamente imposible hacer un recuento exacto de los niños
de la calle. Una de las características más salientes del fenómeno es la
ausencia de relaciones o, en el mejor de los casos, la existencia de una
relación superficial, entre los niños de la calle con las instituciones de la
sociedad formal, que tienen por rutina registrar a sus clientes, facilitando
el recuento de casos. En este sentido, los niños de la calle se asemejan a
los sin techo o a los inmigrantes ilegales.
Un primer método para estimar su número es sumar todas las personas
con quienes han establecido contacto las instituciones de asistencia, en
un momento o período determinado. El resultado nunca puede ser más
que una aproximación a la magnitud real del fenómeno, porque los niños
de la calle que no han sido contactados no figurarán entre los casos. Por
otra parte, la suma total de los casos registrados, de por sí, puede ser
bastante dudosa considerando que la calidad de los registros de las
instituciones de asistencia deja bastante que desear.
Las estimaciones de la magnitud del fenómeno son afectadas,
además, por la sensible índole del tema en términos políticos. A menudo,
el fenómeno se desconoce, exista o no: simplemente no encaja en el
marco de referencia política y burocrática, y por ello pasa desapercibido
o es definido con otros términos, más familiares. A veces, no hay
voluntad política para reconocerlo, porque no armoniza con la imagen
proyectada de la ciudad.
En el cuadro siguiente presentamos una primera estimación del
número de niños de la calle en las ciudades participantes.
En primer lugar, el cuadro indica que la mayoría de las ciudades
europeas reconocen la existencia de niños de la calle en su jurisdicción,
de una u otra manera. De las autoridades municipales que respondieron
al cuestionario, sólo dos afirmaron explícitamente que no identificaban
el problema, o tenían certeza de que no existía en sus ciudades. La
ciudad de Ginebra informó a los investigadores que, si bien le interesaba
participar en el proyecto, la "Délegation à la petite enfance no posee
datos o documentos sobre este tema." La respuesta de la Comuna de
Oslo fue que "el gobierno se complace en informarles que no conocemos
el problema de los niños de la calle en la ciudad de Oslo".
Otras ciudades de la Comisión de Bienestar Social, que no aparecen en el
cuadro, respondieron en el mismo sentido, a través de una comunicación
personal o "todavía estaban trabajando en la recolección de los datos
solicitados".
El amplio espectro de estimaciones en la mayoría de las ciudades
subraya, una vez más, la falta de conocimiento específico del fenómeno
dentro de las burocracias pertinentes. El "recuento final" depende en
gran medida de las definiciones corrientes en las burocracias locales,
organizaciones y proyectos privados, y en el reconocimiento de ciertos
"grupos objetivos" como objetos de intervención social que pertenecen
a la categoría de niños de la calle.
Barcelona
La ciudad de Barcelona calcula el número de niños de la calle en su
territorio en al menos 1.300, pero, según la definición empleada, el
número podría fácilmente ser más que duplicado (3.000).
En su excelente informe trimestral sobre los asuntos sociales y sus
antecedentes, el departamento responsable del Ajuntament de
Barcelona menciona56 que, de hecho, no existen datos
específicos disponibles sobre "niños de la calle". Por ello, el
departamento se ve obligado a emplear indicadores como medidas. Los
niños "reales" de la calle, o niños que podrían llegar a serlo se
encuentran, según los autores, en el grupo de niños atendidos por tres
de los programas de asistencia de la ciudad.
Los niños que no asisten a las clases, o desertan de la escuela, se sitúan
entre edades de 8 a 14 años; en esta categoría los varones son más
numerosos que las niñas. Frecuentemente provienen de familias
"inestables" y dificultades en la escuela (problemas de aprendizaje,
problemas de disciplina), mientras que las autoridades escolares y los
maestros no ejercen suficiente control de asistencia a las clases. Se los
encuentra en los sectores de la ciudad donde hay menos control policial,
y se mantienen ocultos durante las horas de escuela. La mayoría de ellos
regresa a sus hogares por la noche, y no suelen cometer delitos
frecuentes.
Los niños que escapan del hogar suelen ser mayores de 14 años,
aunque recientemente, esta categoría está comenzando a menor edad.
Frecuentemente provienen de otras partes de la región o incluso del
país, buscando las oportunidades, anonimidad y las aventuras de la gran
ciudad. Constituyen aún un grupo pequeño pero su número está
aumentando. Suelen terminar, finalmente, en la total marginalidad,
ganando ingresos, por ejemplo, con el lavado de parabrisas. Si la "mafia"
organizada en el sector les permite operar, ganarán dinero con la venta
ambulante de droga, la prostitución y el robo.
Los lavadores de parabrisas, obviamente, son un grupo muy es-
pecífico, caracterizado por su actividad. Incluye edades desde los 12 años
hasta la edad adulta. Operan en grupos organizados, controlados por
verdaderas "mafias" de adultos. Su actividad es tolerada, aunque
frecuentemente utilizan sutiles métodos para intimidar a los
conductores a fin de que acepten sus servicios. La mayoría son varones,
aunque también se han visto mujeres activas en este "oficio".
El sector identifica como causa de la "producción" de los tipos
observados de "menores de riesgo" la incapacidad de las familias para
"controlar" a sus hijos. A menudo, se trata de familias socialmente
excluidas y mal organizadas. Son pobres, desempleados por largo
tiempo, divorciados o no casados, familias con un sólo padre o madre,
con insuficiente experiencia escolar y una historia de "inestabilidad" en
cuanto a la vivienda (deficiente, poco espacio, frecuentes mudanzas,
atrasos de alquileres, desalojo, etc.
Otro conjunto de factores que generan riesgos para los niños,
según informa Barcelona, es el fracaso de las autoridades escolares en
prevenir la falta de asistencia y problemas asociados, con una estrecha
supervisión de los niños de riesgo, y la aplicación de métodos efectivos
de intervención al inicio de los problemas.
Otro factor crítico se encuentra en la falta de empleo, de los niños
o de los padres, y la falta de acceso a cualquier otro ingreso regular: los
niños deben ayudar a sus familias o ganar sus propios ingresos.
Manchester
La información proporcionada por Manchester proviene de una
pequeña organización denominada "Seguro en la Ciudad", que colabora
estrechamente con el Concejo Municipal de Manchester en la asistencia a
las necesidades de los niños de la calle. La organización es apoyada por la
asociación nacional de caridad La Sociedad Infantil. La existencia de esta
organización en Manchester es, en sí misma, una prueba suficiente de la
existencia de niños de la calle, aunque no se emplea este término, al igual
que en el caso de Barcelona. Las etiquetas aplicadas son "niños escapados
de la casa", "jóvenes desaparecidos" y "jóvenes independientes". Su
número ha sido estimado entre 100 y 500 personas en la ciudad e entre
500 y 1.000 en la región metropolitana.
La información sobre el problema se basa en la primera investi-
gación nacional del Reino Unido sobre las "carreras escapistas" de los
jóvenes en las calles británicas.57
Los resultados esenciales de este proyecto son citados aquí en su
totalidad:
" Los jóvenes [con quien trabajan los
proyectos de trabajo en la calle] muestran generalmente un alto
grado de perturbación en sus vidas. Se observa una alta incidencia
de ruptura familiar, conflicto y violencia en sus familias. La
mayoría de los jóvenes ha pasado períodos en hogares sustitutos,
cambiando a menudo de lugar. Una importante minoría de los
jóvenes ha pasado extensos períodos sucesivos alejados tanto de
la familia como de las instituciones u hogares sustitutos, antes de
cumplir los dieciséis años. Entre los mayores de esta edad, eran
frecuentes la falta de techo y la inestabilidad de alojamiento.
Los trabajadores en este terreno identificaron como factores
clave en la decisión de huir de la casa: los abusos en la familia, y la
sensación de no ser escuchados o queridos, y las peleas en las
instituciones de hogares sustitutos. Las dificultades económicas de los
padres, y falta de recursos de las autoridades locales, se identificaron
como importantes factores contextuales a la hora de comprender al
joven que escapa del hogar. La fuga se explica como una respuesta, más
o menos estructural, a situaciones de marginalidad social (hogares
destruidos, violencia), problemas sicológicos y falta de atención por
parte de las autoridades públicas.
Estrasburgo
La "Direction de l'Action Sociale - Service Insertion Solidarité"
informa que no poseen información específica sobre la categoría de
niños y adolescentes, menores de dieciocho años. Sin embargo, poseen
conocimientos fiables sobre una categoría mayor (de 18 a 30 años),
calificados como "zonards, routards, jeunes en errance, sans abri, sans
domicile fixe o jeunes à la rue". Esta categoría, que oscila en el límite del
concepto de niños de la calle, es conocida y registrada sólo en cuanto
aparecen en los lugares de acogida ("accueil") y alojamientos ("héberge-
ment" para los sin techo). Estos jóvenes provienen generalmente de
familias destruidas (monoparentales o divorciados) o son huérfanos. La
mayoría son varones, que se encuentran en las calles, frecuentemente
recién salidos del hospital o la cárcel, sin ingresos cuando son menores
de 25 años de edad, y con un subsidio social mínimo cuando son mayores
de esa edad ("revenue minimum d'insertion"). Algunos mayores de 21
años tienen derechos a subsidio de desempleo, si tienen antecedentes
laborales.
Su historia de vida se caracteriza por una falta de atención
paterna, fracasos escolares y ausencia de perspectivas de empleo. Una
gran parte pertenece a los grupos de inmigrantes, con dificultades de
integración debido al creciente racismo y xenofobia. La estigmatización
de sus orígenes, cada vez mayor, y el hecho de que permanecen en
ciertos lugares sociales ("espaces sociales") y barrios también juega un rol
importante.
"No se informan cifras porque la categoría de niños menores de
18 años no se ha identificado".
Bologna
La ciudad de Bologna estima el número de personas que
responden a la definición empleada en el cuestionario entre 500 y
1000.
Se usan diferentes caracterizaciones, ninguna de ellas "formal",
pero que identifican a uno o más de los "elementos problemáticos". Son
los jóvenes de origen "gitano", refugiados de la ex-Yugoslavia,
inmigrantes del norte de Africa al servicio de otros para vender drogas,
hijos de prostitutas, drogadictos, inmigrantes clandestinos de Albania y
Marruecos, niños trabajadores de origen chino. Al definir la categoría-
problema, Bologna emplea criterios étnicos, elementos culturales y
nacionalidad. Son reconocidos, pública y políticamente, como un proble-
ma para la seguridad urbana, desde el punto de vista de la salud pública y
de su propia salud individual, y como un problema en cuanto a
aprendizaje e integración (educación, kindergarten, entretenimiento,
etc.).
En 1994, Bologna registró la presencia/ingreso de 177 menores
(132 varones y 45 mujeres). De los niños varones, 57 eran italianos, 23 de la
ex-yugoslavia, 27 de Africa del norte, 25 albaneses. Las 45 niñas se dividían
en 6 italianas, 38 eslavas, y una de Africa del norte. La delincuencia menor
"contra la propiedad privada" parece ser el delito cometido con mayor
frecuencia por los menores yugoslavos, mientras que los delitos
relacionados con la droga con cometidos, en su mayoría, por varones
italianos y norafricanos.
La mayoría de los niños yugoslavos y de otros países no pertene-
cientes a la Unión Europa no tiene documentos. Por ello, es difícil
establecer la verdadera nacionalidad, la edad exacta y la fuente de
ingresos.
Al igual que las otras ciudades, Bologna señala las circunstancias
familiares y problemas de vivienda como la causa principal del fenómeno
de los niños de la calle, especialmente en lo que concierne a los
inmigrantes. El desempleo de los padres, problemas financieros de la
familia y fracaso escolar también tienen un papel esencial.
Stuttgart
El "Jugendamt LH Stuttgart" del concejo municipal de la Ciudad de
Stuttgart reconoce la existencia de niños de la calle en su territorio, y ha
desarrollado una impresionante política de intervención a principios de
la década del noventa.
Calculan el número de "Jugendliche und junge Erwachsene ohne Obdach"
entre 100 y 500, una categoría de jóvenes "amenazados de varias
maneras". Uno de los proyectos recibió, en 1995, 130 niños menores de
18 años (57 varones y 73 niñas), 117 personas entre 18 y 21 años (89
varones y 28 niñas) y 122 adolescentes mayores de 21 años (102 varones y
20 niñas), lo que constituye un total de 369 personas, de las cuales 248
eran varones y 121 mujeres. Es sorprendente el alto porcentaje de niñas
en la categoría de menor edad.
En 1992, el problema de niños y adolescentes sin hogar apareció como
un punto importante en la agenda política. La necesidad de intervención
fue reforzada por la presencia muy visible de jóvenes con problemas
("emergencia"). Estos jóvenes, en parte provenientes de la misma ciudad,
y en parte llegados de fuera de la metrópolis, habían abandonado el
curso normal de socialización y desarrollo, por una u otra razón. Habían
roto con sus familias, o habían sido expulsados de su casa.
Las instituciones tradicionales de apoyo, en el sector formal, no
estaban en condiciones de alcanzar adecuadamente a estos jóvenes,
porque por una parte, ellos se negaban al contacto con las formas
establecidas de asistencia, y, por el otro, las formas tradicionales de
intervención estaban orientadas legalmente hacia la familia, y no hacia
los problemas de los hijos.
Las causas que conducen a vivir en la calle para los jóvenes
mencionados varían ampliamente. Algunos jóvenes abandonan el hogar
porque sus familias están en proceso de disolución, o la situación se
torna intolerable a causa del alcoholismo y/o violencia, incluida la sexual.
Otros niños no satisfacen las aspiraciones educativas y profesionales de
sus padres. Otra categoría de niños es abandonada a su suerte porque
nadie se ocupa de ellos, situaciones a menudo complicadas por el
divorcio o separación de los padres. Otros niños han sido arrojados por
sus propios padres a la calle, o por los hogares sustitutos, debido a
conflictos generacionales o conflictos en el hogar derivados de la
integración en el mundo externo (inmigrantes). También existen niños
que han escapado de las instituciones-hogares y se niegan a regresar a las
mismas.
En la búsqueda de un lugar para vivir y dormir, estos niños suelen
entrar en 'escenarios" en los que, casi inmediatamente, están expuestos a
los peligros de la criminalidad, la drogadicción y la prostitución.
Stuttgart describe el perfil de la categoría de "Jugendliche ohne
Obdach" de la siguiente manera:
"La historia familiar y la situación presente de los jóvenes
está caracterizada por:
Copenague
La ciudad de Copenague estima el número de niños de la calle en
menos de 100. Se reconocen bajo el nombre de "niños" con diferentes
"problemas": diversos tipos de abuso (violencia, abuso sexual),
prostitución masculina y femenina, "problemas familiares" o con
"carreras delictivas". Una gran parte son mayores de 16 años. Muchas
niñas entre ellos han sido víctimas de abuso sexual y trabajan o han
trabajado en la prostitución. La mayoría de "los chicos" parecen tener un
lugar "adonde regresar", aunque algunos casi nunca lo hacen. Se ganan la
vida con la prostitución, los asaltos (incluso entre ellos mismos) y
robando en los comercios. No son violentos, pero sufren frecuente
hipertensión (estrés) al estar "siempre huyendo de un lado al otro".
El "Magistratens - 3 AFD. "Tjek-Punkt" de la ciudad cita las mismas
causas del problema que las otras ciudades: circunstancias familiares,
problemas de vivienda, desempleo de los padres, dificultades financieras,
fracaso escolar o pedagógico, problemas de inmigración o como
refugiados.
Praga
En Praga, el problema de los niños de la calle recae bajo el
Departamento de Educación, Juventud y Deporte, que reconoce la
existencia de niños de la calle bajo diferentes denominaciones. Debido al
hecho, manifiesta el Departamento, de que "el problema" no tiene una
conformación teórica o práctica muy definida, no existe ni una defini-
ción más exacta ni más amplia en la actualidad. Los niños de la calle son
calificados, con frecuencia, como "sin techo, invasores de viviendas,
indigentes, rebeldes, abandonados" o simplemente niños de la calle. No
es posible una división en subcategorías, dado que los nombres
empleados carecen de una aplicación definida o uniforme.
Los niños de la calle en la República Checa no son considerados
como una categoría específica, aunque, dentro del contexto de "niños y
grupos de jóvenes de riesgo" reciben especial atención tanto de parte de
las autoridades estatales como de instituciones no gubernamentales y
eclesiásticas.
La ciudad estima el número entre 500 y 1000 (el número exacto de
contactos conocidos era de 662 en 1995); agregando la observación de
que, a fin de realizar un cálculo válido, debería notarse que la mejor
manera de estudiar los datos es basándose en información
proporcionada por asistentes sociales que trabajan en la ciudad de Praga.
Las instituciones especializadas suelen orientarse a una clientela
proveniente de otros lugares fuera de Praga; la "presencia" en las
estaciones de tren es de naturaleza puramente complementaria.
Los hijos de refugiados o solicitantes de asilo presentan un
problema diferente. En cuanto a las cifras, no existen datos completos.
La información facilitada por la policía ferroviaria, no obstante,
proporciona una base de orientación. La policía calcula el número de
niños de refugiados en unos 80 al año. Naturalmente, esta cifra incluye
una gran cantidad de niños provenientes del exterior de Praga.
El Departamento identifica entre los 662 casos, 121 clientes
varones y 79 mujeres menores de 15 años; 254 varones y 118 mujeres en
categorías de edades entre 15 y 18 años; y 72 varones y 18 mujeres entre
los 19 y 21 años de edad.
Aproximadamente dos tercios de ellos duermen en "sótanos,
túneles de agua caliente, refugios improvisados, apartamentos aban-
donados, casas semi-derruidas". Un tercio regresa a su hogar por la noche
o después de algunos días.
En 80% de los casos identificados, los ingresos proceden de
actividades delictivas: robos u otros delitos. Un 20% deriva de la
prostitución. Además de estos recursos, la mayoría de los niños mendiga,
junta y vende papel usado, artículos recogidos de los basurales y materias
primas.
El Departamento establece que, cuando este estilo de vida se
prolonga por más de 1 ó 2 meses, en un importante período de
socialización, constituye un severo obstáculo para su vida futura.
El rasgo característico es el estado de desolación general en
términos físicos, mentales y morales. Los estímulos para el desarrollo de
una personalidad equilibrada y relaciones sociales adecuadas son
"enormemente grises y monótonos".
En la actual situación en Praga, existe un riesgo considerable
especialmente para los menores de 15 años, que no pueden ser
legalmente condenados, de ser abusados por delincuentes adultos que
los instigan a cometer robos. Hay signos crecientes de que esta situación
es particularmente vigente en los círculos del narcotráfico y otros tipos
de crimen organizado. Según las estadísticas más recientes, existen
aproximadamente unas 115 bandas y grupos activos en la ciudad, cuya
conducta exhibe elementos de la naturaleza del crimen organizado.
Según las opiniones del Departamento, las razones más frecuentes
citadas son los procesos de alienación y desinterés por parte de los
padres, antecedentes de familias desintegradas y los malos ejemplos
dados por los padres, fracaso escolar de los niños, la influencia de grupos
de pares delincuentes, el colapso general de valores en la sociedad, la
ambición consumista de obtener lo que, en las condiciones presentes, es
imposible con medios "normales", la creciente orientación hacia el
consumo y el "éxito social" como valores importantes, insuficientes
oportunidades para estructurar tiempo de ocio en las actuales condici-
ones metropolitanas de Praga, etc.
Madrid
Utilizando una definición legalmente muy estricta, el Area de
Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid informa que calcula el
número de niños de la calle "reales" en menos de 100: en la categoría de
0 a 18 años de edad, la Unidad Móvil de Servicios Sociales detectó 21
niños. En el grupo de 18 a 21 años de edad, 50 jóvenes sin techo
recurrieron a los servicios del Departamento. Para poner estas cifras en
perspectiva el Departamento de Servicios Sociales añade que ha cuidado
en 1995 casi 19.000 niños "en difficultades sociales" a través diferentes
programas, y 1.567 niños "en alto riesgo".
La mendicidad es un fenómeno que, en Madrid, adopta carac-
terísticas especiales. La existencia de niños de la calle en las calles aparece
relacionada a ciertos períodos del año y ciertos grupos étnicos, que
acostumbran a mendigar alrededor de las Navidades en Madrid. Por esta
razón, el problema de los niños de la calle se identifica, en primer lugar,
como "mendicidad infantil", a veces acompañados por un adulto, otras
veces solos. Son niños de origen "payo", gitano o portugués.
Esta situación específica es de larga duración. En un estudio
especial sobre la mendicidad infantil60, se definieron tres
grupos diferentes, que practican la mendicidad.
Para los "payos" (familias españolas), la mendicidad es una
actividad esporádica, intermitente y el último recurso de ingreso, que
debe ser interpretada exclusivamente en términos de pobreza y
exclusión social. Estas familias operan, a nivel social y económico, con las
siguientes características: débiles estructuras familiares, bajo
rendimiento escolar, empleo irregular, en el que no se precisan
calificaciones, bajos salarios y ausencia de seguridad social ("trabajo
atípico" en los términos del Estatuto Social Europeo). "En épocas de
emergencia, recurren a la mendicidad, en la que la entera familia se
convierte en una agencia económica". La mendicidad es, para esta
categoría, el producto de crisis económicas y familiares.
Para las familias gitanas, la mendicidad se interpreta como
marginalización socio-cultural. Las familias de gitanos que recurren a la
mendicidad presentan un gran hermetismo cultural, viven de acuerdo
con sus propios valores y normas específicas, que conforman su
conducta (de ahí que se la considere como una cultura distinta, en el
sentido antropológico del término). En este mundo cultural, el niño es
socializado como parte de una familia extensa, aprende a mendigar
como un oficio que le enseñan los familiares adultos; el dinero generado
por este medio es considerado, por el niño y su familia, como una valiosa
contribución a los ingresos familiares. Este fenómeno cultural, sin
embargo, debería ser considerado en un contexto económico en el que
los gitanos tienen sólo un acceso marginal a las fuentes regulares de
ingresos ("marginación económica"). En total, unas 20.000 personas de
origen gitano residen en el área de Madrid. Frente a la necesidad de
supervivencia económica del "clan", la mendicidad es una actividad que
general del 25 al 100% de los ingresos de la mayoría de las familias.
El grupo de portugueses que practican la mendicidad es descrito
como una categoría nómade y muy pobre. "Los mendigos portugueses
son el grupo familiar más lumpen de Madrid. Representan el
último escalón en la pobreza urbana." La categoría está compuesta por
familias tradicionales y muy unidas. Son colectividades completamente
separadas, sin relaciones ya sea con otros lugares geográficos o con
grupos culturales reconocibles ("desvinculados"). Desconfiando del orden
institucional, viven en continua marginalidad y circunstancias provisorias,
siempre dispuestos a mudarse y desaparecer, sin tener nada que
perder.
Al fijar la atención sobre este específico fenómeno de la mendi-
cidad, se subestima posiblemente la existencia de otras categorías de
menores que viven en las calles y de la calle, o están en proceso de
convertirse en niños de la calle. Esta hipótesis es reforzada por el hecho
de que la ciudad informa de la existencia de unas 1000 a 1500 personas
sin techo.
El fenómeno de la mendicidad es además un tema complejo,
porque en la Ley Penal española, específicamente en la Ley de garantías
infantiles, de las normas legales de Madrid, el abuso de la infancia (al
usarlos para la mendicidad) y la propia mendicidad son penados por la
ley.
Desde el punto de vista político y social, el problema de los niños
de la calle y los jóvenes sin hogar es definido en términos de abuso
infantil, drogadicción y venta callejera de drogas, y como un problema
de vivienda.
Bradford
La ciudad de Bradford, en el Reino Unido, es muy interesante en
términos de la composición de su población: contiene grandes
comunidades étnicas de origen paquistaní.
La Dirección de Servicios Sociales/Departamento de Igualdad de
Oportunidades, reconoce la existencia de niños de la calle, y se refiere a
ellos según criterios de vivienda: dividen a los "niños de la calle" en
jóvenes sin techo, de los cuales una categoría tiene derechos prioritarios,
para los cuales el Gobierno Local tiene la obligación de proporcionar una
vivienda, y otra categoría sin derecho a recibir una vivienda.
Los jóvenes sin techo se consideran generalmente vulnerables,
que necesitan apoyo para vivir independientes en una casa propia, y
precisan adquirir ciertas habilidades prácticas, aprender a manejar su
dinero, a amueblar y mantener una casa, etc.
El número de jóvenes sin techo se estima en una cifra algo menor
de 100, con edades entre los 16 y 21 años, sin precisarse las proporciones
de varones y mujeres. La mayoría recibe alguna forma de subsidio, y
permanecen por poco tiempo con amigos o parientes. Algunos son
ambulantes, trasladándose de un lugar a otro. Otros sufren incapacidad
física o mental.
Si bien no se han realizado investigaciones en la ciudad sobre las
causas del problema, la ciudad establece que la falta de vivienda
adecuada con la familia es un factor crítico, debido a la ruptura de
relaciones con los padres, o debido al abuso sufrido dentro de la
familia.
Brno
La municipalidad de Brno, el Departamento de Asistencia Social,
informa sobre la existencia de un número relativamente bajo de niños de
la calle, "menos de 100", en la ciudad, denominados niños "asa" o jóvenes
de "reprochable moralidad" o "bandas malas". La ciudad distingue dos
categorías: menores y jóvenes hasta la edad de 18 años que escaparon de
sus familias o reformatorios, y jóvenes mayores de 18 años.
Los problemas se identifican en términos de criminalidad (robo,
violencia); drogadicción, prostitución, falta de asistencia a la escuela y
fuga del hogar y de reformatorios. La ciudad menciona 84 casos
conocidos y registrados, en total. Veintidós son menores de 15 años. Al
igual que los mayores, la mayoría se han escapado de la casa. De un total
de 84 jóvenes, 50 son varones y 34 mujeres.
La mayoría subsiste con ingresos procedentes de la delincuencia
(robo). La falta de asistencia a las clases es un fenómeno que se da,
lógicamente, entre los menores de 15 años. Actos criminales más graves
y más frecuentes son cometidos por las categorías de mayor edad, de 16,
17 años y más; estos jóvenes suelen terminar en la cárcel. La prostitución
entre las jóvenes como fuente de ingresos es sospechada, aunque no
probada. El uso de la droga está aumentando, en particular entre la
comunidad Rom, en la forma de aspiración de sustancias volátiles.
Los niños problemáticos provienen, según se informa, de familias
donde falta el padre o la madre, o de familias con relaciones en proceso
de desintegración.
Los mismos padres muestran, a menudo, características "anti-
sociales": alcoholismo, delincuencia, inestabilidad familiar (cambios de
pareja). Los padres tienden a encubrir el comportamiento de sus hijos. La
mayoría de las familias en cuestión son marginales, social y
económicamente: socialmente débiles, sin empleo, bajos niveles de
educación y disciplina de trabajo insuficiente. Viven generalmente de los
subsidios sociales. Interesantes excepciones son los niños que forman
bandas de drogadictos y provienen, en apariencia, de familias "sin
problemas".
Lisboa
La ciudad de Lisboa es una de las pocas ciudades entrevistadas
que se refieren al fenómeno por su "verdadero" nombre: "meninos y
meninas da rua", niños de la calle. También es una de las pocas ciudades
europeas que interviene mediante una variedad de instituciones
privadas directa y específicamente en el fenómeno.
El Departamento de Acción Social del Concejo Municipal de Lisboa
informa que, si bien no existe un estudio exhaustivo, el Instituto de
Apoio à Criança (Instituto de Apoyo a la Infancia) presentó un estudio en
1993 en el que se identificaron 449 menores caracterizados como niños
de la calle en el centro de la ciudad.
Es posible, según esta ciudad, distinguir subcategorías en el grupo total
en base a la edad, lugar de permanencia, situación familiar, "contacto"
con el sistema legal por conducta delictiva, y algunas otras
características.
El mencionado Instituto enfoca la atención sobre este grupo,
denominado prioritario, (de 446 menores, niños de la calle propiamente
dichos), lo que implica que su número total es mayor. Describe a sus
clientes como "niños abandonados, víctimas de la explotación, o que ya
actúan con conductas anti-sociales, que duermen en las calles o en
espacios públicos, como el metro, y que ya han iniciado su carrera en la
marginalidad, o están a punto de hacerlo, en el barrio Baixa y otros
barrios adyacentes de Lisboa (el sector céntrico, barrio antiguo de la
ciudad, con plazas famosas como el Rocio).61
La frecuencia, según el documento, con la que se puede observar a los
menores deambulando por el Baixa y mendigando, está creciendo en los
últimos años. La mayoría de estos niños, a veces muy pequeños, viven lejos de
cualquier control familiar, roban y "practican otras irregularidades", y pasan
la
noche en viejos apartamentos, debajo de las escaleras y en otros escondites.
Para ellos, sus familias ya no existen, ya sea por la violencia en sus familias
de
origen, o la pobreza extrema de estas familias, incapaces de darles un sustento
y
educación. Causas más estructurales se han buscado en los acelerados cambios
sociales, que erosionan las relaciones existentes de solidaridad, y los
conflictos
generacionales siempre presentes. Los procesos de descolonización de los años
setenta han cambiado notablemente la composición de la población de
Portugal, en especial de la capital, donde han buscado refugio miles de
inmigrantes de las ex-colonias, y han encontrado pobreza y marginalidad, defi-
cientes viviendas o simplemente ninguna vivienda, y tuvieron que levantar sus
propias "baracas" (villas de emergencia), y encontrar maneras de ganarse la vida
en el sector informal del pequeño comercio junto a otras estrategias de
supervivencia. Los niños deben contribuir a los ingresos familiares de la manera
que puedan, pero a menudo terminan permanentemente en las calles,
perdiendo el contacto con sus familias, generalmente desintegradas y sin padre,
y encontrando una nueva red y una magra seguridad e identificación en grupos
de niños de la calle.
Rotterdam
A fines de los años ochenta, y a principios de los noventa, comenzaron a
aparecer en los Países Bajos los primeros informes sistemáticos sobre jóvenes
sin
techo, provocados por alarmantes artículos en los periódicos, sobre la magnitud
y la intensidad de este "dramático fenómeno" en un "estado de bienestar
ordenado", en el proceso de agudos recortes en el sector social.62 El
fenómeno de los niños de la calle, referidos antes como los jóvenes sin techo,
apareció en poco tiempo en la agenda política, también después de algunos
artículos en la prensa sobre menores de origen étnico, que dormían sin abrigo
en las grandes ciudades. A excepción de un interesante estudio de Van der
Ploeg, encargado por el Ministerio de Salud Pública, Bienestar Social y Depor-
te63, no existe hasta ahora una investigación específica sobre el
fenómeno de los niños de la calle, tanto en Rotterdam como en todo el país. Lo
que se conoce es un ensamblaje de partes extraídas de otros estudios, que
abordaban de alguna manera el problema, predominantemente en el área de
los sin techo.
En la ciudad de Rotterdam, el "núcleo duro" de lo que se ha llamado
"jóvenes ambulantes" (zwerfjongeren) se ha estimado en unas 300 personas,
entre un grupo mayor cuyos límites conceptuales no son precisos. En todo el
país existirían unos 7.000 jóvenes en estas condiciones, concentrados en las
ciudades más grandes.
"Deambular" (zwerven) se define como un cambio permanente de
domicilio temporario, siempre bajo la amenaza de terminar físicamente sin
techo y acabar en la calle. Esto último ocurre alguna vez en la vida de todos
los
jóvenes, porque dependen completamente de terceros para su alojamiento
(generalmente, otros de su categoría). Esta situación es recurrente y se
prolonga
por períodos breves o largos. No obstante, la vida en la calle, como modo de
vida estructural, sigue siendo un fenómeno marginal en los Países Bajos. De
hecho, en los Países Bajos un niño de la calle se convierte, de vez en cuando,
en
un joven sin techo, con un alojamiento temporal. La categoría no se puede
dividir en dos grupos separados, sino en situaciones diferentes.64
Los factores que definen los antecedentes del fenómeno en los Países
Bajos pueden ser descritos en los siguientes términos:
Algunos se han escapado de instituciones de asistencia, hay grupos de
adictos a drogas fuertes que deambulan en espacios públicos, hay jóvenes de
origen étnico que venden droga por las calles; prostitutas y prostitutos,
"prostitutas de la heroína", jóvenes ilegales, jóvenes que han acabado en la
calle
después de conflictos familiares o por ruptura familiar.
Unos pocos reciben subsidios, muchos viven a costas de otras personas
(amigos, conocidos, familiares), otros mendigan, venden drogas, roban en la
calle y en los comercios, y un considerable número se ve obligado a ganarse el
dinero en la prostitución. Muchas veces, los jóvenes practican diversas maneras
de ganarse la vida, o pasan de un recurso al otro.
Observaciones finales
Los informes de las ciudades demuestran claramente que en valorar y
interpretar las cifras presentadas debe considerarse que
Sin embargo, los informes de las ciudades ponen bien en claro, que
a. No existe un conocimiento verdaderamente objetivo y con
fundamentos del fenómeno de los niños de la calle. La mayoría de los informes,
de instituciones públicas y privadas, muestran una combinación de interés
político y humanitario en el "problema", motivado no por los propios objetos de
interés político y humanitario, sino desde las personas del sector político y
privado que, por una u otra razón, están involucrados en el volátil mundo de los
niños de la calle.
b. Los conceptos y las denominaciones relacionadas con el
fenómeno son muy confusos y se elaboran en función del interés particular que
las instituciones tienen en el problema.
Sin embargo, en base a los informes se pueden esbozar algunas
dimensiones del fenómeno en la ciudad europea:
c. En casi todas las ciudades existen niños de la calle.
d. La categoría consiste de subgrupos muy heterogéneos.
e. El "verdadero" niño de la calle es el final de un proceso, en el
cual
los niños pierden contacto con la red primaria familiar y las instituciones de
asistencia, educación y ayuda de la sociedad, y son a menudo expulsados por
estas redes y sociedades.
f. Terminan en una extrema vulnerabilidad y marginalidad, en la
que, frecuentemente, la única "salida" es depender de adultos que abusan de
ellos, para sus propias acciones casi siempre criminales.
g. Si bien el fenómeno no parece limitado, en absoluto, a los
escalones más bajos de la sociedad, en la mayoría de los casos, sin embargo,
estos niños surgen de familias con grandes dificultades para organizar una
cierta
seguridad de existencia; son pobres, sin empleo, con deficientes viviendas, sin
perspectivas de mejorar su posición socio-económica. Los problemas socio-
económicos se complican con los problemas en la estructura familiar, la
inestabilidad de la familia y el divorcio, conduciendo a la incapacidad de
cuidar y
controlar "adecuadamente" a los hijos. El apoyo eventual de instituciones forma-
les parece fracasar en llenar los huecos generados de esta manera, y no logran
prevenir el proceso que produce a los niños de la calle.
h. En muchas ciudades, existe un porcentaje sorprendentemente
alto de niños de origen étnico, como un resultado combinado de la débil posi-
ción socio-económica de sus familias y problemas de integración.
i. Los niños de la calle existen efectivamente en Europa, pero no son
iguales en todas las ciudades. En el sur de Europa, parecen muy similares a los
niños de la calle como aparecen en los países del Tercer Mundo, aunque no
llegan al mismo nivel de violencia observado en las ciudades latinoamericanas.
En los países del norte de la Unión, los niños de la calle no son tan visibles
por
varias razones; estructuralmente, parecen moverse más entre la calle y algún
alojamiento temporal. En términos de causas y orígenes, en el proceso de
producción y los mecanismos para convertirse en niño de la calle, en conducta,
maneras para generar ingresos, establecimiento de redes de dependencia y la
manera de operar en las mismas, no existen muchas diferencias entre un niño
de la calle en el sur o en el norte de Europa.
j. Importantes diferencias se observan entre las ciudades en cuanto
a la asistencia proporcionada a los niños de la calle, y la manera en que se
convierten en niños de la calle. En este sentido, las dimensiones geográficas
parecen desempeñar un papel secundario. Las políticas públicas difieren, la
presencia de organizaciones privadas y sus actividades es diferente, es
diferente
el contenido moralístico de sus ideas sobre el problema, difieren en el conoci-
miento y el reconocimiento del problema.
V. INTERVENCIONES
En este capítulo se presentan algunas de las políticas desarrolladas por
autoridades públicas e instituciones privadas en las diversas ciudades, para
abordar el problema de los niños de la calle.
Los resultados de este estudio demuestran que, en alguna medida, existe
atención política y acción privada en todas las ciudades. La asistencia para los
niños de la calle es, a menudo, parte de programas mayores de intervención en
diferentes problemas, abarcando un espectro mucho mayor de grupos además
de los niños de la calle (por ejemplo, apoyo a la familia y el niño). En algunos
casos se trata de programas específicos, elaborados para los niños de la calle
en
instituciones con un abanico de objetivos (por ejemplo, la Casa de la
Misericordia
en la ciudad de Lisboa, una institución profesional de caridad que atiende los
diversos problemas sociales en Portugal).
Barcelona
En el capítulo IV se presentaron tres programas que actualmente
funcionan en Barcelona. No están relacionados específicamente con los niños de
la calle sino con grupos de jóvenes en situaciones de riesgo, que pueden
conducir a que los niños acaben en las calles.
Sin embargo, existía un programa dirigido particularmente al subgrupo
de "lava-parabrisas", y orientado a encontrar un trabajo mejor para este grupo;
se les daba un empleo en estaciones de gasolina, con el mismo trabajo, pagado
por fondos públicos. El programa fue interrumpido porque los trabajos
resultaron muy inestables en términos de los contratos ofrecidos y también por
el comportamiento de los "empleados"; el grupo a quien iba dirigido rechazó el
programa porque no armonizaba con sus orientaciones y redes sociales, y no
era aceptado por el público general.
En la ciudad de Barcelona, un amplio panorama de servicios públicos y
privados proporcionan atención pública y privada a los niños y la infancia. Se
abarcan diferentes áreas, como educación, recreación y juego, atención
terapéutica, información, orientación vocacional, actividades culturales, etc.
para los niños en general, con carácter preventivo. Para categorías especiales
de
menores con problemas o en situaciones de riesgo se desarrollaron programas
especiales.
Todos los programas generales prestan alguna atención a los grupos de
riesgo, reservando fondos especiales, lugares, información, etc. (política
de facetas). Junto a estas actividades generales, existe una serie de
servicios dirigidos a asuntos específicos y categorías de problemas:
centros para atención de la salud mental de los niños; servicios sico-
pedagógicos, proyectos de integración, centros de asistencia para
jóvenes discapacitados. Este nivel de asistencia e intervención tiene el
objetivo de prevenir el deterioro de la situación de un niño individual en
una situación de "alto riesgo". Si los niños aún logran filtrar por el entra-
mado de este elaborado sistema, los tres proyectos mencionados en el
capítulo IV funcionan entonces como una red de seguridad. El más
interesante está formado por los "Equips d'Atenció à la Infància i
Adolescència (EAIA), creado por el gobierno regional de Catalunya en
1986, y actualmente número nueve en la ciudad de Barcelona,
funcionando en 10 distritos de la jurisdicción municipal.
Estos equipos responden al llamado de otros servicios de primera
atención, policía y otros. Después de investigar "el caso", pueden
comenzar un trámite administrativo para colocar al niño bajo alguna
forma de tutoría (administrativa), separándolo en ocasiones de sus
familias y entorno social.
En términos técnicos, se desarrolla y ejecuta un plan de inter-
vención que puede contener los siguientes elementos:
Entre 1990 y fin de 1994, se trataron 4.805 casos a través de
EAIA.65
Manchester envió información sobre una pequeña pero muy
interesante organización denominada "Safe in the City" (Seguridad en la
Ciudad), que colabora estrechamente con el Concejo Municipal de
Manchester en la atención de las necesidades de los niños de la calle. La
organización es apoyada por la sociedad nacional de caridad The Chil-
dren's Society, que financia igualmente proyectos de trabajo in
situ para los niños de la calle en Birmingham, Leeds y Newport. "Safe
in the City" ofrece servicio de defensa jurídica para los niños de la
calle.
El informe anteriormente mencionado "Running-The Risk"
(Corriendo- el Riesgo)66 establece que el trabajo de los cuatro
proyectos fue considerablemente efectivo; los investigadores concluye-
ron que todos los proyectos de trabajo en la calle habían cumplido
satisfactoriamente tres de sus objetivos generales:
Además, se observó que el enfoque "centrado en los jóvenes",
que había sido esencial para desarrollar una buena relación con ellos,
podría crear dificultades en otras áreas, en particular, sus relaciones con
los asistentes y otras agencias.
Las respuestas corrientes de The Children's Society al tema de "la
fuga" se concentraron, generalmente, en la intervención en el momento
en que los jóvenes ya se escaparon o separaron. El estudio mencionado
sugiere que se debe desarrollar un sistema más integral compuesto por
tres etapas:
La ciudad de Estrasburgo abrirá centros de recepción diurnos más
amplios, para jóvenes sin techo, ofreciendo servicios médicos y de
enfermería, servicios higiénicos (baños, peluquerías, lavandería y
tintorería), estableciendo una especie de domicilio: casilla de correo,
casilleros con llave para la ropa y objetos de valor, etc., y servicios sociales
proporcionados por un trabajador social.
Para los que quieran participar, los centros ofrecen apoyo para
encontrar un lugar estable en términos de vivienda, salud y trabajo
("inserción").
Además de estos centros, una serie de instituciones caritativas
privadas ofrecen apoyo y servicios a las personas marginales, y entre
ellos, a jóvenes sin techo y niños de la calle. Junto a las organizaciones
conocidas como el Ejército de Salvación, la Cruz Roja y la Comunidad
Emaus, una gran cantidad de organizaciones más específicas funcionan
en Estrasburgo.
Bologna
En la ciudad de Bologna, diversas instituciones y proyectos están
asociados con jóvenes en riesgo de marginalizarse, o ya en condiciones
de marginalidad.
Un ejemplo relevante es el proyecto P.O.L.O., orientado a los
jóvenes en riesgo de caer en la marginalización y la droga.
El proyecto ofrece iniciativas en asesoramiento vocacional, y
capacitación para la inserción en el mercado laboral.
Los medios operativos para llevar a cabo el proyecto consisten de
"talleres" orientados a proporcionar una oportunidad concreta a los
usuarios, para adquirir habilidades técnicas y alguna experiencia laboral.
Además de los talleres, se ofrecen servicios que combinan información
con capacitación, en colaboración con escuelas, familias, asociaciones de
la juventud y organizaciones voluntarias, que aconsejan sobre la elección
de escuelas y profesiones. Estos servicios también están dirigidos a otros
adolescentes que asisten a la escuela secundaria (11 - 14 años).
Los jóvenes en riesgo de caer en la marginalización se seleccionan
en base a sondeos sobre problemas juveniles, realizados en las fases
iniciales de la marginalización.
Otro proyecto muy interesante es el que lleva a cabo un trabajo
en la calle, orientado a contactar y asistir a los drogadictos.
La drogadicción es un problema muy grave en la marginalidad,
por lo que se ha convertido en uno de los temas más importantes de la
política social. Se considera necesaria una intervención especial en la
drogadicción porque constituye "un área oculta a la que los servicios
sociales normales tienen dificultades de identificar y acceder". Es de la
mayor importancia, informa Bologna, intervenir en la fase más temprana
posible, en el proceso de entrar en la drogadicción, a fin de lograr
resultados positivos predecibles. Por otra parte, la ciudad considera
necesario romper la "conspiración de silencio" creada muchas veces por
los drogadictos, a fin de ocultar su problema.
El proyecto, actualmente en su fase inicial, está creando cuatro
unidades compuestas de tres "operadores" cada una, cuyas tareas son las
siguientes:
Stuttgart
La ciudad de Stutgart opera un proyecto integrado para jóvenes y
adolescentes, denominado "Schlupfwinkel" (escondite), comenzado en
1993 por un equipo conjunto del Departamento de la Juventud y
organizaciones privadas.
El objetivo de este proyecto es prevenir que los jóvenes (hasta los
21 años de edad), que viven en la calle, se acostumbren a ese modo de
vida y ya no puedan salir de él. El proyecto ofrece ayuda preventiva, en el
sentido que trata de impedir que los jóvenes deambulen demasiado
tiempo en condiciones de marginalidad y sin techo.
Las funciones de este proyecto consisten en la provisión básica de
seguridad de vida, por ejemplo, alimentos, facilidades higiénicas, un
lugar abrigado para alojarse, recreación, casilleros con llave para sus
objetos personales, comunicación, todo lo cual se ofrece sin obligaciones
por parte de los jóvenes. Además, existe la posibilidad de ponerse en
contacto con trabajadores profesionales, nuevamente sin compromiso.
Esta oferta abierta de comunicación y encuentro se propone estimular la
disposición, de parte de los jóvenes, de permitir los procesos de consejo
y guía, y acceder a los servicios existentes. El desarrollo de esta actitud de
disposición positiva necesita diferentes períodos de tiempo según el
individuo. En este período, debería existir la posibilidad de que las
personas puedan pernoctar por un período limitado de tiempo en un
alojamiento transitorio, y proporcionarles luego un lugar en un "hogar
de transición" protegido, ubicándolos en un proyecto de trabajo.
Este tipo de servicio requiere un alto grado de flexibilidad, y
trabajar "in situ": se necesita la continua presencia de los trabajadores
sociales en la calle. Por ello, el Schlupfwinkel presenta un sistema
integrado de tres formas de ayuda:
Copenague informa que las políticas estatales danesas están
orientadas a contactar a los niños de la calle e intentar su rehabilitación.
Para tal fin. el estado financia diversos proyectos de trabajo de la calle
(públicos y privados). Uno de los proyectos más conocidos de Copenague
es el "Tjek Punkt" .
Praga
La ciudad de Praga informa que en Praga, los problemas
mencionados se están resolviendo dentro del contexto de atención
social para el grupo de "niños de riesgo" en su conjunto. Actualmente se
está elaborando un proyecto de política y un sistema de prevención
social para la ciudad de Praga.
"Para apoyar a los ciudadanos a construir un hogar, cuidar
de su familia, tener una familia que servirá de apoyo a sus miembros;
ayudar a crear un nuevo hogar para aquellos que lo perdieron, por la
razón que sea, o que se encuentran en una situación por la cual no
pueden regresar a sus antiguos hogares - esta no es una tarea que pueda
depender de una sola institución.
Las personas necesitan ayuda, a veces sólo por un par de
días, otras por un período más prolongado".
Praga menciona un amplio panorama de instituciones existentes o
en desarrollo, que intentan intervenir en un amplio espectro de
problemas sociales e individuales, entre ellos, los de marginalidad y falta
de vivienda. Se orientan ya hacia grupos específicos, ya a un contexto
mucho más amplio. La ciudad informa de la existencia de centros de
refugio para las personas sin techo, una gran cantidad de instituciones
caritativas y "humanitarias", centros de crisis para intervención
terapéutica, centros de atención para los sin techo y los refugiados,
proyectos privados para atender a los niños con problemas y a los niños
discapacitados mentales o físicos. Las familias o individuos que carecen
de una red de apoyo familiar pueden recibir asistencia del Departamento
de Bienestar Social, cuya sección dedicada a la infancia atiende el
bienestar de los niños especialmente desde el punto de vista "socio-
legal".
A pesar de todas las nuevas organizaciones no gubernamentales,
voluntarias, humanitarias y caritativas, según informa el Municipio,
todavía queda por hacer una gran cantidad de trabajo social a cargo del
estado, especialmente en términos de protección socio-legal de la infan-
cia y familias o para los ex-detenidos. El criterio para determinar si es el
estado o el gobierno autónomo municipal quien se debe involucrar en la
esfera social, está determinado por la ley de asuntos sociales. La nueva
ley delega algunas áreas de asistencia social a las municipalidades, cuyas
competencias aumentan progresivamente.
Madrid
En relación con la atención puesta sobre los niños mendigantes,
se ha creado en Madrid una Policía Nacional Especial para niños,
denominada "GRUME", que recoge niños de la calle y los lleva a un centro
especial, el "Centro de Acogida de Menores", operado por el Gobierno
Regional. Cuando una persona detecta a un menor mendigando, esa
persona puede denunciar el hecho a un número de teléfono gratuito,
luego, la GRUME y/o la unidad móvil de servicios sociales llegará al sitio a
recoger al menor.
Este tipo de acción, sin embargo, constituye sólo parte de un
sistema mucho más amplio de asistencia a los sin techo y personas en
problemas, que funciona generalmente de forma mucho menos
represiva. En la esfera pública, el Gobierno Regional controla una serie de
hogares residenciales y de acogida para niños de 0 -18 años de edad, a
través del Instituto Madrileño de la Infancia. El Departamento de Servicios
Sociales del Gobierno Municipal opera un amplio panorama de
programas, de buena base organizativa y sustancial financiación, para
ayuda a la familia, infancia, personas en marginación, personas sin hogar,
proporcionando una amplia gama de servicios, desde subsidios de ingre-
sos, atención médica y consejo, a la provisión de vivienda, educación y
lugares de trabajo. Para los drogadictos existen diversos centros de trata-
miento. Para la atención de casos de abuso infantil, el Ayuntamiento ha
establecido cuatro centros de asistencia diurna, que ofrece tratamiento
para los niños y sus familias. En la esfera privada, el Ayuntamiento
subvencionó 28 asociacioens privadas, relacionadas con el bienestar de
los niños; algunas están trabajando para niños de la calle y jóvenes sin
hogar.
Bradford
Dentro de los requerimientos de la Ley sobre la Infancia, la ciudad
de Bradford cuenta con un "Night Stop", un centro de acogida para
jóvenes sin techo, que ofrece una cama, comidas y otros servicios
básicos.
Brno
Brno está trabajando en un experimento de "trabajo social en el
lugar" para jóvenes sin techo, en el que los trabajadores sociales realizan
contactos informales con individuos o grupos "en las calles". Este
experimento esta respaldado por varias instituciones públicas, como el
Centro de Prevención Social, un centro para la rehabilitación y consejo de
las personas "incapaces de adaptarse a la sociedad". El centro ofrece
alojamiento para pernoctar una noche.
El Departamento de Asistencia Social para Niños, de las 23
autoridades de distrito de la ciudad de Brno, provee protección socio-
legal a los niños y jóvenes menores de 18 años.
El Departamento Municipal de Prevención Social ofrece consejo y
asistencia en tiempos de crisis, especialmente a ex-presos y personas con
dificultades de adaptación a la vida social.
Existe una serie de organizaciones privadas en la ciudad, como
por ejemplo, The Helping Hands Fund, (una fundación de ayuda), que
ofrece servicios de rehabilitación y consejo, atención a drogadictos,
etc.
Ginebra
Si bien la ciudad de Ginebra no posee datos sobre la existencia de
niños de la calle, puede actuar a través de una amplia gama de políticas e
instituciones dirigidas a los niños, en especial a los más jóvenes (première
enfance).
La ciudad tiene competencia legal para la recepción y cuidado de
los niños en edades entre 0 y 4 años. En este sentido, ha desarrollado
políticas de integración para niños con incapacidad física y/o mental, o
con problemas sicológicos y socio-sicológicos.
Existe una serie de instituciones subvencionadas a través de la
ciudad de Ginebra, con fondos estatales:
La ciudad de Lisboa parece ser una de las pocas ciudades en
Europa en la que se ha establecido un complejo, completo y eficiente
sistema, que interviene directamente en el fenómeno de niños de la
calle. La explicación probable de la posición perfilada de Lisboa en este
sentido se puede encontrar en el gran número de niños de la calle
observados en la ciudad. El fenómeno de los niños de la calle en esta
capital europea se puede considerar como una función de los
turbulentos cambios que ha experimentado la ciudad en las últimas
décadas. Estos cambios, sin embargo, han ocurrido también en las demás
ciudades europeas, aunque no con la misma configuración de factores ni
la misma intensidad, y tampoco dentro de la misma situación económica
y política.
Desde el punto de vista político, las últimas décadas han sido los
años de desaparición de la dictadura y la acelerada transformación
democrática post-revolucionaria, complicada por las consecuencias del
igualmente acelerado proceso de descolonización de los territorios
africanos (Mozambique, Angola, Guinea Bissao, Príncipe y Sao Tome, Cabo
Verde). Estos procesos trajeron miles de ex-refugiados coloniales a
Portugal, en especial, a Lisboa. Desde el punto de vista económico, se ha
registrado una masiva migración del sector rural pobre hacia las grandes
ciudades (y otros países), en un proceso reforzado por la creciente
prosperidad derivada del ingreso de Portugal en la Comunidad Europea.
Este complejo proceso de modernización produjo obvias "rupturas en la
trama social", en especial en las grandes ciudades, y más notablemente
en Lisboa, porque las estructuras administrativas y las políticas sociales de
apoyo no alcanzaron el mismo ritmo del proceso de progreso económico
y político.67
En este contexto, Lisboa puede ser definida como la ciudad
europea cuyo perfil social contiene no sólo los elementos de la
metrópolis europea, sino también algunos elementos de las ciudades
latinoamericanas; Lisboa parece ubicarse en algún punto intermedio
como cabeza de puente entre Europa e América Latina. En términos de la
hipótesis de partida de este estudio, sobre la convergencia de los
fenómenos de "marginalidad global", no sólo los problemas de Lisboa
pueden anticipar futuros acontecimientos en Europa, también las
políticas desarrolladas para hacer frente a estos problemas pueden tener
el mismo valor.
El Instituto de Apoyo a la Infancia (IAC) es una de las instituciones
con amplia experiencia en la intervención a nivel de la calle, con los niños
de la calle.
En el verano de 1989, la Casa de la Misericordia, en Lisboa, la mayor
institución portuguesa privada de asuntos sociales, decidió comenzar un
proyecto para los niños de la calle con el respaldo de varios ministerios
del gobierno portugués, y las autoridades municipales. Dos meses
después la decisión inicial, aparecieron los primeros trabajadores sociales
en las calles y se contactaron los primeros niños en la calle. No existían
procedimientos ni normas de acción, pero sí un alto sentido de
compromiso por parte de los diversos participantes. Comenzó como un
experimento didáctico, sin poseer oficialmente ese estatus formal.
La ideología básica es que los niños de la calle deben ser tratados
en sus propios términos, en su propio entorno, y ayudados siguiendo sus
propias reglas de juego, sin desmerecer, política o moralmente, su
propio estilo de vida.
Los Principios Directivos establecen:
"Nuestro trabajo con los niños de la calle es un
imperativo humanitario y una necesidad social. Tienen derecho a nuestra
solidaridad y, en la medida en que les ayudemos, protegemos a la
comunidad de las consecuencias negativas de su marginalidad.
a. La ausencia de todo formalismo.
b. El niño debería ser, en primer lugar, objeto de una
comprensión abierta y plena, dirigida a establecer una relación integral y
personalizada.
c. El niño debe establecer contacto con nosotros,
cuando lo desee, y tantas veces lo desee, colocándose así en un sistema
que respeta plenamente su libertad.
d. Cada niño es el agente activo de su propia
rehabilitación, que se desarrolla a su propio ritmo.
e. Las acciones deberían estar gobernadas por los
valores fundamentales de nuestra comunidad, respetando las normas de
buena conducta y las relaciones sociales civiles.
El proyecto en Lisboa desarrolló la función de "animador", un
trabajador multi-funcional que actúa según la estrategia siguiente:
El desarrollo posterior del proyecto, en el trabajo con los niños de
la calle, distingue tres fases: el contacto con el niño de la calle, un
período de transición y finalmente la integración a la comunidad.
a. Contacto
El contacto, tal como lo describimos en el párrafo anterior,
consiste simplemente en acercarse al niño y establecer una "relación de
compañerismo".
En estos contactos, se informa que el proyecto sólo busca
"el bien" del niño (no la represión, la policía o el castigo). La relación entre
el animador y el niño se desarrolla en forma de relación unilateral
personal, única e intransferible. El niño es estimulado a pensar en
cambiar su difícil modo de vida. Durante este proceso se recoge la mayor
cantidad posible de datos sobre los antecedentes estructurales (sociales,
culturales, económicos) sobre este niño particular y su familia.
b. Fase de transición
Esta fase se refiere a los niños que aún no han sido rein-
tegrados en sus familias o instituciones de cuidado. De ninguna manera
se los obliga a seguir un camino trazado para ellos.
Continúan viviendo con sus propias reglas y sus propios
medios, pero ahora están apoyados de modo que sus necesidades
básicas estén cubiertas. El punto central en este período es tratar de
desarrollar planes para el futuro, y tomar los primeros pasos en esa
dirección, estableciendo relaciones más estrechas con el animador y su
red de apoyo.
c. Integración en la comunidad
La integración se define como integración en la familia (de
origen o sustituta), en una institución apropiada, en una "comunidad de
trabajo".
La reintegración en la familia es el objetivo principal del
proyecto. A veces es necesaria una larga preparación del niño y la familia
para llegar a la reintegración. Un problema continuo es que la mayoría de
las familias residen en las zonas marginales de la ciudad lo que significa
que los recursos para reintegrar al niño son por debajo del nivel normal,
y deben ser apoyados por organizaciones formales durante un largo
tiempo. Este tipo de trabajo de reintegración es realizado por especialis-
tas.
Suele suceder a menudo que no existe una familia, o la
familia es incapaz de reabsorber al menor. En estos casos se recurre a las
instituciones, si el niño acepta esta posibilidad. El niño en una institución
sigue siendo parte del proyecto. El mencionado Instituto de Apoyo a la
Infancia opera un centro de acogida en el que los niños pueden perma-
necer transitoriamente hasta ser transferidos a otro lugar. Los niños
recibidos en este centro necesitan urgentemente un hogar estable,
porque ya han regresado a la escuela o siguen capacitación vocacional,
pero carecen de un hogar estable.
Los niños cuya integración en "el mundo del trabajo" es
relevante son apoyados y aconsejados por el proyecto para encontrar un
lugar adecuado, y reciben ayuda para satisfacer las condiciones y
calificaciones necesarias, en cooperación con la red de organizaciones de
apoyo públicas y privadas.68
Rotterdam
La ciudad de Rotterdam posee una amplia red de instituciones
públicas y privadas que intervienen en problemas sociales en diferentes
grupos. Realizan sus funciones dentro de los sistemas políticos de
seguridad social y mantenimiento de ingresos, y lo que se ha
denominado los servicios sociales. Los servicios sociales se refieren a
intervenciones en problemas individuales como, por ejemplo, la falta de
hogar, problemas en la familia, problemas con los hijos, prostitución,
drogadicción, etc. En casi todos los terrenos, las instituciones públicas
trabajan junto a las organizaciones privadas, a veces en conjunto. La
mayoría de las organizaciones privadas son subvencionadas formalmente
por fondos estatales, "distribuidos por el gobierno local", mientras que
las autoridades locales agregan fondos locales a los proyectos con
relevancia local.
En el terreno de la falta de hogar, 13 instituciones locales ofrecen
sitios
para dormir y servicios básicos. Algunas instituciones se han establecido
para proporcionar servicios de rehabilitación integrados. Existen tres
instituciones específicas para reintegrar a los jóvenes sin hogar a la
sociedad. Una de ellas es completamente comercial, pero trabaja en
estrecha cooperación con el Departamento de Seguridad Social y
Empleo. El Departamento, por su parte, cuenta con un "equipo de la
juventud", que se ocupa de procurar ingresos a los jóvenes sin hogar y
jóvenes que han huido del hogar, integrando sus servicios con las
funciones de asistencia ejecutadas por otras instituciones públicas y
privadas.
El proyecto más interesante es el llamado "T-Team" (El Equipo-T,
de la palabra Thuisloos, que en holandés significa "Sin hogar"). Proveen
comidas a los jóvenes que huyen del hogar, jóvenes independientes y
otros grupos de menores sin techo y sin relaciones familiares.
Un 90% de los jóvenes que caen en el circuito de las personas sin
hogar no permanecen largo tiempo. Después de "deambular" un tiempo,
entran en contacto con una organización de asistencia y regresan a sus
hogares. El otro 10% es el grupo al que se orienta el Equipo-T. Entre
estos, un gran grupo de menores provienen de reformatorios, pero
también se incluyen muchos niños de origen étnico y retardados
mentales.
Los jóvenes son remitidos al Equipo-T a través de instituciones y
proyectos cuya función los pone en contacto directo con menores sin
hogar (entre otros, centros de la juventud, instituciones especiales para
apoyo a jóvenes con problemas familiares, policía, escuelas). Junto a esta
función de acogida, los miembros del equipo-T se ocupan activamente
de buscar y entrar en contacto con "jóvenes independientes". Los
encuentran en salas de juego, cafés, o lugares públicos donde suelen
pasar el tiempo. Cuando se trata de drogadictos o con problemas
sicológicos graves, son acompañados a las instituciones específicas y no
son "tratados" en el equipo-T.
Después de llegar a un acuerdo deliberado con su cliente, el
equipo-T desarrolla una tarea intensiva y ambulante con objetivos como
proporcionar una vivienda, un empleo o un lugar en un proyecto de
experiencia laboral, y un arreglo satisfactorio para los asuntos financieros
(ingresos, pago de alquileres, presupuesto, etc.) Esta primera fase de
acción es responsabilidad del equipo-T y se prolonga por un promedio de
cuatro a ocho semanas. Luego, las instituciones formales asumen el
trabajo de guía y control. El trabajador del equipo-T está a disposición de
sus clientes 24 horas al día, 7 días por semana. De esta manera, el
trabajador tiene mensualmente la responsabilidad por dos "cargos". El
hecho de que los menores y adolescentes sin hogar hayan "salido a flote"
no significa, sin embargo, que puedan vivir completamente
independientes. En el período de intervención se elabora un plan de
acción que incluye, principalmente, educación, trabajo (e ingresos) y el
restablecimiento de las relaciones sociales. El plan es registrado en un
contrato mutuo entre el cliente y el equipo-T. Después de la fase inicial, el
equipo-T se retira a un segundo plano, pero permanece alerta a los
acontecimientos. La ejecución del plan contratado está en manos de los
funcionarios de las organizaciones formales públicas yprivadas, como,
por ejemplo, la oficina de trabajo, instituciones educativas, centros de
apoyo e información para la juventud, con facultades legales,
corporaciones de vivienda, el departamento de servicios sociales, que, en
conjunto, pueden contribuir a crear un entorno social equilibrado.
De esta manera, el equipo-T, junto a la intervención directa, es
responsable de la construcción de una red adecuada en cada caso
individual. El equipo-T sigue al joven desde una cierta distancia,
hasta que demuestre que está suficientemente adaptado al
nuevo entorno social y el nuevo modo de vida estable. Las solu-
ciones deben ser "estructurales", y se buscan en el sistema
genérico de provisiones sociales (dirigido a todos los ciudadanos),
como la oficina del trabajo y el sistema de educación regular. De la
misma manera, los jóvenes son alojados en "alojamientos
corrientes" y no en centros de acogida para los sin hogar. La joven
persona debe ser separada completamente de su antiguo
entorno. Después de dos años de funcionamiento, el proyecto ha
resultado ser muy efectivo, y su modelo ha sido exportado a otras
ciudades holandesas.69
Observaciones finales
El estudio de las políticas e intervenciones existentes que
abordan el problema de los niños de la calle en las ciudades
europeas, si bien no es exhaustivo, presenta suficientes pruebas
para formular algunas conclusiones principales.
a. Casi todas las ciudades disponen de políticas gene-
rales y sistemas institucionales que abordan, de manera genérica,
los problemas de familia y niñez, problemas derivados del
desempleo, ruptura familiar, drogadicción, prostitución y una
amplia variedad de otros males sociales.
Casi todas conocen una división de trabajo entre las orga-
nizaciones públicas y privadas, predominando, en la mayoría de
los casos, las instituciones privadas en el contacto directo con los
niños de la calle.
Estas instituciones públicas y privadas son, en su
mayoría, instituciones formales que operan en el contexto de un
conjunto establecido de normas y presupuestos.
Estas instituciones operan por sectores, dirigidos
hacia temas y grupos específicos, y dentro de una división formal
de competencias. Si bien casi todas abogan por un enfoque
integrado de los multifacéticos problemas, en su mayoría no
parecen haber desarrollado un enfoque integrado de los
fenómenos concretos en el mundo real.
Casi todas resaltan el gran valor del trabajo preventivo, y casi
todas se ocupan de combatir los síntomas de problemas ya
aparecidos.
En general, la impresión del presente estudio es
que las instituciones formales han fallado en prevenir la aparición
de niños de la calle, y en su estructura y modo de operación
actual, sus funciones no son suficientes para prevenir la aparición
de niños de la calle en la ciudad ni para reintegrarlos a la sociedad,
aun que hay entre las iniciativas buenos ejemplos de éxito.
b. Muchas ciudades han desarrollado alguna forma de
atención política para este fenómeno, pero el desarrollo de inter-
venciones en los problemas parece ser, en todas partes, el
privilegio de un pequeño número de individuos comprometidos
con la causa, en organizaciones privadas y públicas, quienes
toman la iniciativa y consiguen el apoyo de una red más amplia de
organizaciones públicas y privadas.
c. Todos los proyectos dirigidos al problema de los
niños de la calle se caracterizan por algunos elementos
comunes.
Para que un proyecto sea efectivo, es esencial que los
trabajadores de la calle/ el proyecto de trabajo en la calle sean respaldados
por
una red de organizaciones privadas y públicas comprometidas, que ofrezcan los
servicios necesarios (fondos, educación, vivienda, consejo, atención médica,
etc.) cuando sean necesarios, adaptados a las necesidades de cada caso
individual. El compromiso personal, la integración de los servicios en un caso
individual y la coordinación de escasos recursos parece ser la espina dorsal, en
el
aspecto organizativo, de los proyectos eficientes en este campo.
e. Todos los proyectos señalan que están operando como curadores
de un mal social, intentando reintegrar a los niños de la calle en el sistema de
la
sociedad. En términos de prevención, se necesitan otros campos y otros
modelos de acción.
VI NIÑOS DE LA CALLE EN UNA PERSPECTIVA GLOBAL
Este estudio preliminar pone en evidencia que los niños de la calle
efectivamente existen en la ciudad europea, aunque su visibilidad sea
oscurecida por una variedad de condiciones materiales y por los
calificativos formales aplicadas a los grupos de jóvenes con problemas,
que habrían sido llamados por su verdadero nombre, y tratados como
niños de la calle, si hubieran sido observados en las ciudades de América
Latina.
Por supuesto, existen diferencias entre las ciudades en Europa, y
entre las ciudades europeas y las metrópolis latinoamericanas, que ha
han sido mencionadas en este trabajo; el niño de la calle europeo vive en
un entorno mucho menos violento que su compañero latinoamericano,
si bien existen prácticas en algunas ciudades europeas que se aproximan
a la "caza" de niños como "tumores en el rostro de la ciudad", en los ojos
de los más privilegiados, prácticas que se observan casi estructuralmente
en la ciudad latinoamericana.
Los niños de la calle en las ciudades del sur de Europa parecen ser
mucho más visibles, y algo más jóvenes, que sus colegas del norte de la
Unión, donde suelen confundirse entre las categorías de jóvenes sin
hogar, prostitutas y drogadictos.
En las ciudades del norte parecen ser menos visibles, porque la
mendicidad, los lustradores de calzado y la venta de artículos en
pequeñas cantidades (cigarrillos, alimentos y otros productos) no son
habituales, y a menudo son actividades prohibidas. No se los puede ver
durmiendo al aire libre, y es por eso que deben ganar su dinero en la
clandestinidad, vendiendo drogas, o en la prostitución, o robando,
aunque la mendicidad abierta parece cada vez más común. Las condicio-
nes físicas hacen difícil dormir al aire libre, pero existen espacios en
viviendas invadidas, aparcamientos subterráneos, y centros de
recepción, donde casi siempre se puede encontrar un rincón. Por lo
tanto, los niños de la calle en los países del norte son, a menudo, un
fenómeno de la noche: las jóvenes prostitutas adictas a la heroína, en la
ciudad de Rotterdam y muchas ciudades alemanas, "die Kinder vom
Bahnhof zoo", que venden su cuerpo por la noche, y durante el día
permanecen en los centros de acogida diurnos, donde se intenta dar
algo de estabilidad a sus vidas. Lo mismo se aplica a los jóvenes drogadic-
tos que prácticamente han cortado con sus familias de origen, pero
siguen en contacto con el mundo criminal que los utiliza para sus propios
fines. Encuentran un lugar para alojarse en casa de amigos, conocidos o
familiares, a menudo en viviendas abandonadas o en los refugios más
cálidos de los aparcamientos subterráneos, o bien en las casas provistas
por los trabajadores sociales.
Los niños de la calle en la ciudad europea del sur son mucho más
visibles durante el día, vagando por sus territorios conocidos, donde
intentan ganarse la vida lavando parabrisas, vendiendo todo tipo de
artículos, mendigando y asaltando en la calle. Sin embargo, también se
dedican a vender droga, la prostitución, y al robo "clandestino", al igual
que sus compañeros del norte, constituyendo el mencionado "mal social"
para la gente más acomodada.
Un hecho básico en casi todas sus historias de vida, de cualquier
grupo de niños de la calle, es la pérdida de contacto o la desvinculación
con sus familias de origen, y con las redes primarias de apoyo. Esta
ruptura de relaciones se debe a una variedad de motivos, violencia en el
hogar, abuso sexual, pobreza extrema; esencialmente, se debe a que la
familia de origen no es capaz de apoyarlos y controlarlos, debido a la
falta de medios financieros, sociales y culturales para proporcionar el
cuidado adecuado. Las familias de origen y las redes primarias se ven
atrapadas en un entorno casi totalitario de desventaja, totalitario en el
sentido de que la situación en la que se encuentran se parece a una
cárcel, de la que es imposible escapar por sus propios medios.
Este entorno, que incapacita a las familias a cumplir adecuada-
mente su rol como lugar seguro para sus miembros, ha surgido por el
desempleo, o empleo irregular, por ingresos bajos e inseguros, y a veces
la ausencia total de ingresos, por deudas estructurales y la incapacidad
de pagar los alquileres, de pagar el sustento, alimento, vestido,
educación, y todos los demás bienes y servicios, apreciados por la
"sociedad general". El entorno en el que estas familias deben organizar su
seguridad de existencia se caracteriza por rápidos cambios, no sólo en la
economía sino también en la estructura de los barrios, debidas a los
cambios en la composición de la población, la llegada de grupos extran-
jeros, y el alejamiento de los jóvenes y los más fuertes, socialmente
hablando, por el cambio de conductas, normas y valores. Este entorno
crea la inseguridad, marginalidad y pobreza en las que las familias
pierden su integridad, o nunca alcanzan suficiente estabilidad para
educar adecuadamente a sus hijos. Este entorno es el caldo de cultivo
para el fenómeno de los niños de la calle en las metrópolis
latinoamericanas así como en la ciudad europea. Se debería insistir en el
hecho de que la intensidad y magnitud del fenómeno en la ciudad
europea puede diferenciarse todavía con las formas que adopta el
fenómeno en las ciudades latinoamericanas, pero sus características
estructurales, procesos y mecanismos por los que surge, son similares a
ambos lados del Atlántico.
Igualmente similar es el hecho de que, a ambos lados del océano, las
autoridades nacionales y municipales no son capaces de prevenir
la existencia de los mencionados "males sociales", que las políticas
sociales existentes parecen perder lentamente el control sobre los
acontecimientos sociales en las grandes ciudades.
La globalización de la economía tiende a producir la
globalización de la marginalidad, en el sentido que casi en todas
partes, el número de personas en condiciones de marginalidad, y
las condiciones de marginalidad, están aumentando, mientras que
las estructuras de la marginalidad, las estructuras de desventaja
social y de desigualdad social tienden a asemejarse entre sí, en las
ciudades pobres de América Latina y las prósperas ciudades de
Europa.
VII RECOMENDACIONES
De acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Niños,
1. Considerando las transformaciones fundamentales
en las grandes ciudades, como se expresan en la dinámica de las
estructuras espaciales urbanas, composición de la población,
actividad económica y cultura, y de los sistemas sociales urbanos,
que causan un grave perjuicio en el bienestar de los niños en
todas sus dimensiones, la situación actual del niño en la
ciudad y su futuro debería ser revaluado social y
políticamente, a fin de garantizar que todos los niños
puedan desempeñarse como ciudadanos plenos en la socied-
ad civil.
2. Teniendo en cuenta que la pobreza y la
marginalidad ocasionan graves y devastadores sufrimientos para
una población infantil cada vez mayor en la ciudad, y perjudican
seriamente su desarrollo para una ciudadanía libre y adecuada en
el futuro, al dañar su entorno social y su identidad personal, la
atención política, políticas e intervención institucional se deberían
dirigir no sólo a las dramáticas consecuencias de la pobreza y la
marginalidad, sino en primer lugar, a las estructuras, procesos y
mecanismos que obligan a grandes segmentos de la población a
ganarse la vida a duras penas en los márgenes de la sociedad
moderna. En este sentido, la sociedad urbana debería
desarrollar políticas orientadas no solamente a protegerse
de la molestia o amenaza de los niños con problemas, sino
más bien en invertir en su futuro, para prevenir la pérdida
de un capital social sumamente valioso.
3. Dado que las actividades económicas y los aconteci-
mientos sociales tienden a transformar el mundo en una aldea
global, produciendo una nueva prosperidad para el segmento
dinámico de la sociedad, que puede participar en su creación y
gozar de sus beneficios, pero excluyendo a la vez a grandes núme-
ros de residentes urbanos, y empujándolos a circunstancias de
creciente marginalidad sin perspectivas de mejoría, es de
extrema urgencia que se reconozca, a nivel político, que no
son sólo los beneficios del progreso económico los que se
están globalizando, sino también sus consecuencias negati-
vas.
Los procesos que producen prosperidad, así como
exclusión en la ciudad europea, tienden a crear fenómenos de
creciente pobreza, marginalización, y la formación de una amplia
subclase urbana en dimensiones que se creen características del
tercer mundo. La globalización de la economía produce sus
propias formas de marginalidad global.
4. El fenómeno de los niños de la calle se percibe
como el indicador más marcado de una sociedad que no sabe
ocuparse de sus miembros más débiles, y como el último
producto de la erosión, cuando no destrucción, de la sociedad
civil. El drama de la existencia de los niños de la calle, que funci-
onan como un tabú social, impide que la sociedad, sus auto-
ridades y profesionales en la ciudad europea reconozcan y
admiten no sólo el principio del proceso que conduce finalmente
al fenómeno, sino frecuentemente también el reconocimiento
del fenómeno en el momento y el lugar en que su presencia es
una realidad concreta. Para desarrollar verdaderas políticas
de protección para los niños de la calle ya existentes, y
elaborar políticas efectivas de prevención, es inevitable que
se reconozca, a nivel político y social, la existencia del
fenómeno en la ciudad europea, y se lo llame por su nombre,
niños de la calle, aceptando todas las connotaciones
embarazosas asociadas con el término.
5. Se recomienda enfáticamente, desarrollar no
sólo políticas de protección y rehabilitación de los niños de
la calle, que ya han experimentado todas las desventajas de
sus antecedentes sociales y económicos, sino, a la vez, inter-
venir decididamente en los procesos que originan el fenóme-
no: el desempleo estructural de sus familias de origen, la falta
de ingresos regulares, los barrios empobrecidos y deficientes
viviendas donde viven, la insuficiente educación, mala salud,
incapacidad de acceso a los servicios existentes y el estigma que la
pobreza y la marginalidad imprimen en la percepción de los más
privilegiados.
6. Es aconsejable observar la experiencia de
autoridades e instituciones en las grandes ciudades de los
países en desarrollo, y aprender de los éxitos y fracasos de
sus políticas y acciones, para hacer frente al fenómeno de
los niños de la calle en sus territorios, tal como lo han visto
crecer a través de los años, y han experimentado con dife-
rentes maneras para contenerlo. En este sentido, las
experiencias de algunas ciudades en la Unión Europea para hacer
frente, tratar y resolver el problema de los niños de la calle puede
ofrecer un conveniente punto de partida para la construcción de
políticas e intervenciones eficientes en este tema.
7. Se debería reconocer claramente, desde el
plano político, que la "persecución de los niños de la calle" a
través de las fuerzas del orden o la acción de vigilancia no
sólo no resuelve el problema, sino que puede perjudicar
gravemente a los niños, expulsándolos de su "contexto
social" donde, por más débil que sea, todavía encuentran
una cierta protección. Por el contrario, con la persecución
existe una alta posibilidad de que los niños de la calle se vean
obligados a sumergirse en una clandestinidad mayor, donde las
probabilidades de sobrevivir y encontrar protección son
proporcionadas, en grado creciente, por los círculos adultos crimi-
nales.
8. Al acercarse a los niños de la calle, y tomar con-
tacto con ellos, es sumamente importante eliminar todo
formalismo y procedimiento burocrático, tomando al menor
tal cual es, respetando su identidad y entorno social. Al
intentar ayudar al niño de la calle no se deberían imponer umbra-
les, al menos desde el principio, ni condiciones para ingresar a un
proyecto, y tampoco obligaciones por parte del menor: es una
inversión sin expectativas de recompensa. El trabajo social en la
calle, en su expresión más física, buscando a los niños en los sitios
en que viven, ha resultado el único método eficiente.
9. El trabajo en la calle debe ser apoyado por aloja-
miento físico, donde se puedan ofrecer los servicios básicos sin
imponer obligaciones: un sitio para dormir, para descansar,
comidas, ropa limpia, un baño, atención médica, una cierta
privacidad, y asesoramiento en situaciones consideradas pro-
blemáticas por el propio menor, y cuando éste lo solicite.
El trabajo en la calle y la provisión de servicios
básicos, operando como un elemento conductor en el terreno,
debería ser integrado completamente en una red de instituciones
públicas y privadas comprometidas, que controlen la distribución
de los recursos escasos, y actúen por pedido, proporcionando
soluciones inmediatas y adecuadas de manera integrada. La
rehabilitación sólo puede tener éxito cuando la provisión de
servicios es confiable y adaptada a las necesidades individuales del
"cliente". La rehabilitación incluye un techo, ingresos, reingreso en
el sistema educativo, un sitio en un proyecto de trabajo o un
empleo con un empresario que muestre un compromiso
personal, y frecuentemente, guía y consejo prolongado.
En resumen, una acción efectiva para
proteger al niño de la calle y crear oportunidades de rehabili-
tación implica un enfoque de varias etapas, usando el
método de contacto de los niños en su propio entorno y
generando confianza, operando en una red de instituciones
comprometidas a proporcionar servicios integrados
conjuntamente, cuando sean necesarios.
Este modo de enfocar el problema requiere un alto
compromiso de las autoridades públicas y las instituciones
privadas para trabajar en conjunto, eliminando la burocracia tradi-
cional y los requisitos de procedimientos, así como las
competencias sectoriales.
10. Se recomienda enfáticamente la creación de
una red transnacional de autoridades públicas e institucio-
nes privadas, a nivel internacional, nacional, regional y local,
cuyas funciones se relacionen con el fenómeno de los niños
de la calle y áreas adyacentes de interés.
Los términos de referencia de esta red deberían
contener los siguientes objetivos: La red debería
a. tomar acción continuada para que el
fenómeno de los niños de la calle sea un punto permanente de
interés en la agenda política de los diferentes niveles de gobierno
en la Unión Europea.
b. internacionalizar, "globalizar" la atención del
fenómeno incluyendo socios de los países en desarrollo.
c. generar continua atención entre las
autoridades públicas y el público en general hacia las condiciones
estructurales que generan el fenómeno de los niños de la calle.
d. promover el intercambio de información
sobre la estructura del fenómeno en diferentes países, regiones y
ciudades, y sobre las políticas y proyectos existentes o en
desarrollo, para la intervención en las condiciones de vida de los
niños en cuestión o en las estructuras de desventaja que
conducen al fenómeno, a fin de identificar y difundir una
"práctica mejor".
e. promover empresas conjuntas
transnacionales entre socios de diferentes territorios, para
desarrollar nuevas maneras de acción para combatir el fenómeno
y sus causas; buscar financiamiento para estas empresas conjuntas
entre las organizaciones internacionales, nacionales, regionales y
locales, que llevan la responsabilidad de la calidad de vida de los
residentes en sus respectivas jurisdicciones.
f. promover investigaciones sobre el
fenómeno y sus causas, así como sobre los métodos más efectivos
de prevención y asistencia, a fin de consolidar el conocimiento del
fenómeno, aclarar la ambigüedad de definiciones políticas y
formales existentes sobre los "niños con problemas", que conduce
a la negación pública del fenómeno, y para desarrollar prácticas
públicas y privadas efectivas, para "salvar a los niños" y, de esta
manera, convertir a la ciudad en un lugar aceptable para todos los
ciudadanos, inclusive sus residentes pobres y marginalizados.
NOTES
(*) Un estudio encargado por el Parlamento Europeo.
(1) Este capítulo está parcialmente basado en un informe reciente, pero
excelente, sobre las experiencias en El Salvador. Véase Menjívar
Larín y J. Ooyens (1996).
(2)Childhope, Rädda y Barnen (1992); véase también: Menjívar y Ooyens
(1995: 9).
(3)Valverde y Luis (1993: 9).
(4)Valverde y Luis (1993: 9).
(5)Brown (1987).
(6)Pisoni (1994).
(7)Pisoni (1994: 11-12).
(8)Childhope, Rädda y Barnen (1992).
(9)Véase entre otros a Lewis (1968).
(10)Lomnitz (1977).
(11)Stack (1974).
(12)Menjívar y Ooyens (1996: 12).
(13)Véase entre otros Childhope, Rädda y Barnen (1992); Oude Engberink
(1995).
(14)Cheshire (1989).
(15)Oude Engberink y Hekelaar (1994). Véase también: Barros Moura (1992).
(16)Oude Engberink (1993).
(17) Green Paper on European Social Policy (1993).
(18) National Policies to Combat Social Exclusion (1991).
(19) A poverty profile, Facts and Figures (1990, 1992).
(20)Marijnissen (1988). Véase también Vranken y Geldof (1991).
(21)Idenburg (1989). Véase también Oude Engberink (1984, 1987), Oude
Engberink y Post (1994), Moors y Libregts (1994).
(22) Mapa de la pobreza en Catalunya (1988). Véase también
Pascual i Esteve (1990).
(23) Caritas Española. Informe 1995 (1996).
(24) La politique sociale municipale de Bordeaux (1992).
(25) Plan estratégico de Lisboa (1992).
(26) Anuário estadístico 1990 (1991), Anuário estadístico
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Infancia (1992, 1995), Programa de Prevención -
Integración (1992, 1995), Programa contra la Exclusión
Social - Atención a Marginados sin Hogar (1992 , 1995).
(27)Room (1992).
(28)Room (1992) y Barros Moura (1991).
(29)Room (1992).
(30) Declaration of Barcelona (1990), Proceedings of the
European Congress on Social Welfare and the City (1992) y
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(31)Daly (1992).
(32)Pimenta (1992) y Oude Engberink y Hekelaar (1994).
(33)Van Waveren (1989), Oude Engberink y Hekelaar (1994) y Spierings
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(34)Spierings (1996).
(35)Pimenta (1992).
(36) Madrid Factsheet (1991).
(37)Comunicación personal de los departamentos de asuntos sociales de las
ciudades mencionadas.
(38)Townsend, Davidson y Whitehead (1989), Lally (1991), Melicias (1991) y
Barros Moura (1991).
(39)Brand (1989), Libregts y Moors (1994).
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(42)Oude Engberink, G.: De verdeelde stad. Habitat in Europa; Geografie, 2
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(50)Rossi (1988) y Wright (1990).
(51)Véase Heydendaal (1990), van Waveren (1990) y Dak- en thuislozen
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(52)Una publicacion interesante que toma en consideración primaria el
niño mismo y no el niño como ser dependiente de otros seres
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(54) Estudios de los niños callejeros (1992), y Vivir en la
calle
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(55)Aptekar (1988), Lotero (1991), Betancourt y García (1994), Torres Arias
(1995). Véase también Salazar (1993a, 1993b).
(56)Pàmies Martorell (1995).
(57) Running (1995).
(58) Running (1995: resumen: 11-12).
(59) Vorlage an den Jugendhilfe (1995).
(60)Rodriguez Diaz, Panadero y Laguna (1993).
(61)Marques y Martins (1993); se trata de una traducción al francés de un
texto original en portugués.
(62)Hoekstra (1987), Van Waveren (1989) y Spierings (1996).
(63)Van der Ploeg (1991).
(64)Deben y Greshof (1995).
(65)Pàmies Martorell (1995).
(66) Running (1995).
(67)Oude Engberink (1993).
(68)Para un informe detallado véase Marques y Martins (1993).
(69)Van Hoorn (1993: 70-71).
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ANNEX II
LIST OF PARTICIPATING CITIES
and contributing respondents
1. Ajuntament de Barcelona.
Gerència del Sector de Serveis Personals; Alex Ripoll-Millet y Txema
Castiella
2. Comune di Bologna
Settore Socio-Sanitario; Lucia Forlivesi
3. City Council of Bradford
Directorate of Social Services; Abu Bashir
4. City of Brno;
Department of Social Care; Josef Novotny
5. City of Copenhagen
Magistratens 3. AFD.; "Tjek Punkt"
6. Ville de Geneve
Délégation à la petite enfance; Marie-Françoise de Tassigny
7. Câmara Municipal de Lisboa
Departamento de Acçâo Social; Rosa Maria Sampaio
8. Ayuntamiento de Madrid
Area de Servicios Sociales; Ana Buñuel Heras
9. City of Manchester
The Children's Society; Mark Lee
Manchester City Council Education Department; Graham
Mellors
10. Oslo Kommune
Byrådsavdeling for Naeringsutvikling; Liv G. Eckhof
11. Prague City Hall
Department of Education, Youth and Sport; Antonín Mezera
12. Gemeente Rotterdam
Dienst Sociale Zaken en Werkgelegenheid; Freek van Kesteren
13. Ville de Strasbourg
Direction de l'Action Sociale - Service Insertion Solidarité; Michel
Koebel
14. Stadt Stuttgart
Jugendamt; Franz-Josef Cämmerer.
PUNTOS DE PARTIDA
EL CONTEXTO: LA POBREZA EN LAS
CIUDADES EUROPEAS
LOS NIÑOS DE LA CALLE EN EUROPA,
REALIDAD EMPIRICA Y SU CONCEPTUALIZACION
NIÑOS DE LA CALLE: DATOS Y CIFRAS EN
EUROPA
INTERVENCIONES
NIÑOS DE LA CALLE EN EUROPA EN UNA
PERSPECTIVA GLOBAL
RECOMENDACIONES
BIBLIOGRAFIA
LISTA DE CIUDADES PARTICIPANTES EN LA
INVESTIGACION y lista de los corresponsales contribuyentes
La segunda categoría está constituida por el
niño trabajador, que trabaja en la calle para ayudar al
sustento de la familia y mantiene relaciones con su hogar.
A menudo, ambas categorías se entremezclan en sus acti-
vidades diarias, y comparten experiencia y territorio
comunes, durante su trabajo. La intervención represiva de
las autoridades públicas en estas actividades callejeras, que
afectan a ambas categorías, suelen producir resultados
adversos: en lugar de resolver el problema, suelen provo-
car la ruptura de relaciones en las familias pobres, al
impedir que los niños contribuyan al sustento familiar y
empujan a estos hogares a una pobreza extrema, el caldo
de cultivo del auténtico niño de la
calle.2
Estos elementos de "búsqueda e identificación" han sido formula-
dos en un cuestionario, distribuido entre las ciudades miembros y
observadoras de la Comisión de Bienestar Social de Eurociudades, 24
ciudades en total, de todos los países de la Unión Europea con excepción
de Luxemburgo, Austria y Finlandia, países que hasta entonces no tenían
relación con la Comisión mencionada. En los apéndices se presenta una
lista de las ciudades contactadas.
Número estimado de Niños de la calle, según
datos facilitados por las Autoridades
Municipales
Ciudad Número
Barcelona más de
1.300 (como mínimo)
Bologna 500 -
1.000
Bradford 0 - 100
Brno 0 - 100 Copenhague 0 -
100
Ginebra sin
respuesta
Lisboa más que 500
registrados, de un número probable entre 2.500 y
5.000
Madrid ca. 100 (definición
del código penal); el total se estima
en "varios cientos" Manchester 500 -
1000 Nottingham
sin respuesta Oslo 0 Praga ca. 650 Rotterdam 350 - 700 Estrasburgo no hay
cifras Stuttgart 100 - 500
posiblemente 1.000.
El "Sector de Serveis Personals" (servicios sociales dirigidos a
personas individuales) establece que el término niños de la calle, si bien
es bien conocido, no se emplea como categoría clasificatoria en los
centros de atención infantil a nivel local o regional. El sector, sin
embargo, afirma positivamente que existen niños de la calle en
Barcelona. Los términos empleados oficialmente son "Menores en dificul-
tad social" y "Menores de alto riesgo social". Las subdivisiones
reconocidas dentro del grupo de niños de la calle se basan en
características específicas, más o menos informales: "niños que hacen
novillos", "desertores escolares", "niños que huyen del hogar",
"limpiadores de parabrisas", etc. Son reconocidos públicamente como
categorías problemáticas, que deberían ser atendidas. El contenido de
sus problemas se encuentra en la falta de asistencia a la escuela, consumo
de drogas, prostitución masculina y femenina, delincuencia (pequeños
delitos, mendicidad, vandalismo, venta de droga en la calle).
La mayoría de los jóvenes carecían de redes sociales de
contención. Se observó un alto nivel de separación familiar, de los
servicios sociales y del sistema educativo. Muchos jóvenes
desconfían de los adultos y confiaban en sus pares para buscar
apoyo.
Se encontró un importante grado de uso de estupefacientes,
auto-destrucción, depresión y delincuencia.
Casi todos los jóvenes habían huido de sus hogares antes de los
dieciséis años. Primero huyeron de su familia, permaneciendo
generalmente en el área local, y sólo por un breve tiempo. La mayoría se
había escapado varias veces, y los incidentes se hacían cada vez más
frecuentes y más prolongados. Los jóvenes identificaron una serie de
ventajas al hecho de estar lejos de su lugar de residencia, inclusive alivio
de las presiones y nuevos amigos. Sin embargo, la mayoría admitió que
escapando no solucionaban sus problemas. También mencionaron
muchas experiencias negativas, entre ellas, el miedo, la soledad, y los
asaltos físicos y sexuales. Una mayoría de jóvenes había recurrido a
estrategias como robos, mendicidad, o prostitución para poder
sobrevivir."58
"Und so rutschen diese junge Menschen, einmal auf die Straße
geraten, immer mehr ab in die Szenen der Drogen, der Prostitution,
geraten in den Kreislauf von Kriminalität und Strafverfolgung,
unterliegen immermehr den ungesunden Umständen iher Le-
bensführung, werden Opfer von Gewalt, ohne daß sie auf diesem Weg
nach Unten ereicht werden können. Die Chancen, diesen Weg nach
Unten aufzuhalten, sind umso größer, je früher es gelingt, vertrau-
ensvollen Kontakt aufzubauen".59
Expresado en cifras:
En términos más cualitativos, la categoría de jóvenes ambulantes en la
ciudad presenta una imagen muy heterogénea.
Por estos motivos, los datos recogidos en este estudio solamente pueden
producir una sub-estimación del fenómeno de niños de la calle en "el mundo
vivo".
Manchester
Un cuarto objetivo amplio de los proyectos es asegurar apoyo de
largo plazo para los jóvenes, donde sea apropiado. El estudio descubrió
que los proyectos tenían menos éxito en esta área, debido,
generalmente, a la falta de confianza general de los jóvenes en otras
organizaciones. Esto significó que los proyectos trabajaran con los
jóvenes por un plazo más largo de lo que había sido programado.
Estrasburgo
Un proyecto orientado a la prostitución lleva las mismas carac-
terísticas. Finalmente, Bologna está experimentando con un programa
de intervención dirigido a los niños Rom, y sus familias, para "insertarlos"
en la escuela y la vida social.
Copenague
Lisboa
Incluso si nos resulta difícil su presencia, ellos tienen
derecho a nuestra comprensión y ayuda. Debemos acercarnos primero a
esta realidad, antes de poder solucionarla.
Por lo tanto, el trabajo con los niños de la calle debería
obedecer a los siguientes criterios:
(El proyecto publica un periódico titulado Boletim
do Projecto de Rua, que informa al público en general sobre las
actividades, nacionales e internacionales, del "trabalho de rua com
crianças em risco ou situaçao de marginalidade" (trabajo de la calle con
menores de riesgo o en la marginalidad).
d. Los proyectos efectivos tienen un modelo de tres
etapas, con diferentes métodos, diferentes organizaciones socias
y diferentes tipos de recursos y apoyo.