Fecha/Date: 05/01/96
INDICE
Introducción
Etica, Arqueología y la Cuestión del Otro
El Pasado y su Manipulación en el Presente
Necesidad de una Arqueología Alternativa
Una Consulta al Pueblo Bribri
Algunos Comentarios: Sobre Tiempo e Historia en el Mundo Bribri
Conclusiones
Bibliografía
AGRADECIMIENTOS
Deseamos explicitar nuestro agradecimiento a la señora Beatriz Sulthess,
Del Consejo de la Tierra, quien nos
ayudó en lograr que el documento, que preparamos para las comunidades indígenas,
pudiera ser adecuado a sus
propósitos. Sus consejos posteriores, en la etapa de interacción con las
comunidades bribris, fueron muy útiles.
Asdrúbal Alvarado, del Instituto de Investigaciones Sociales, nos orientó
en la estrategia para la entrevista que
realizamos.
Adolfo Constenla Umaña y José Feliciano Elizondo, del Departamento de
Lingüística de la Universidad de
Costa Rica, nos ayudaron con las traducciones al Bribri, y, nos acompañaron en
nuestras visitas y realización de las
consultas.
Agradecemos también a todas las comunidades bribris que nos acogieron,
entre ellos, durante nuestros
viajes.
No menos importante es agradecer a la Universidad de Costa Rica, que por
medio de la Vicerrectoría de
Investigación y el proyecto No. 725-94-290, hizo posible nuestro trabajo.
INTRODUCCION:
El proyecto se diseñó también de manera que el trabajo de la información
arqueológica recuperada tomara en
cuenta un contexto sociocultural completo, trabajando además la información
etnohistórica publicada sobre las
sociedades que habitaran la región en el siglo XVI y XVII.
Como representantes de una Arqueología que se entiende como historia, y,
teniendo presente que en la región
sureste de Costa Rica deben tomarse en cuenta, la zona de la Baja Talamanca y
que éste es territorio indígena, Bribri y
Cabecar, nos pareció indispensable partir de una posición que tratara de
involucrar a los pueblos indígenas en el estudio.
Aunque el proyecto abarca un territorio más amplio, enfatiza en las tierras
bajas del sureste, desde Puerto Viejo hasta el
Valle del Río Sixaola (frontera con Panamá y el Valle de Talamanca). El
territorio Bribri y Cabecar se extendía hasta
hace poco, por las tierras bajas que comentamos:
"El dominio territorial que Bribris y Cabècares de Talamanca
tuvieron en el pasado fue bastante
extenso, si se piensa que aún para el siglo pasado hay referencias que señalan
que los talamanqueños solían navegar entre
Bocas del Toro (hoy en Panamá) y Limón (Guevara y Chacón 1992: 62; basándose en
Pittier, 1938: 13).
La tradición de investigación arqueológica en América, se inicia primero
en Estados Unidos, donde la
encontramos ya con carácter profesional, a fines del siglo XIX (Trigger 1989).
Desde sus inicios separó su quehacer de
cualquier vínculo directo con el pasado que se estudiaba, con la historia o
tradición del pueblo norteamericano. Los
pueblos indígenas que habitaban su territorio se consideraron siempre
peyorativamente (Trigger 1980, 1989). Así las
cosas, los estudios arqueológicos, de los indígenas americanos, se enmarcaron en
una antropología que se interesaba,
desde el evolucionismo unilineal, en todos los pueblos pasados y presentes,
"atrasados" o "no atrasados" como una
manera de acercarse al otro no para hablar con el otro sino para hablar del otro
(Todorov 1987).
Ajena al objeto de su trabajo la arqueología americana recorrerá un camino
donde la evidencia cultural
material, dejada por las poblaciones americanas antiguas, importará, ante todo,
como evidencia portadora de significado
científico antes que por su vinculación o significado para algún país. Los
métodos y las técnicas de investigación, se
miden más por su supuesta eficacia en el logro de objetivos científicos
trazados, que por su capacidad de reconstruir un
legado cultural. El cientificismo y el idealismo caracterizarán la práctica de
la arqueología. Las razones sociales y
humanistas, de la práctica de nuestra disciplina, quedarán relegadas y
subordinadas.
A fines de la década de los 60' y durante la primera mitad de los años
70', se dieron una serie de leyes en los
Estados Unidos, complementarias a algunas ya existentes en ese mismo país
tendientes a: conservar el ambiente, mitigar
el impacto de obras de infraestructura federales, la preservación de sitios
históricos, el manejo y preservación de recursos
culturales, la conservación histórica y arqueológica, el reconocimiento y la
libertad de religión entre los indígenas
americanos y la protección a los valores científicos, culturales, religiosos del
patrimonio indígena americano (Schiffer y
Gummerman 1977: 3-9, Cheek y Keel 1984: 201-206).
Será este marco legal el que reconocerá y subrayará, en Estados Unidos, el
valor y la importancia social de los
restos arqueológicos (Lipe 1977). Unido a esto se encuentra la apabuyante
realidad del carácter perecedero y no
renovable de dicho legado cultural.
Parece posible concebir la práctica de la arqueología en Estados Unidos,
como resultado de una estrategia
científica que adoptada al inicio de la disciplina, enfatiza, primero que todo,
la fuerza científica de su métodos y de sus
técnicas. Cayéndose, tal y como lo ha señalado King, en una suerte de anarquía
intelectual, en donde la importancia y el
significado social de lo que se hace no es significativo (King 1980: 247, en
Raab 1984: 84). Por ejemplo, ante las quejas
y demandas de los grupos indígenas americanos, encontramos, como una de las
respuestas, una actitud que resalta el
carácter legal y científico de lo que se hace, para enmarcar las protestas en
una suerte de "reflejo de los "tiempos" y del
ethos anti-intelectual de esa sociedad" (Johnson 1973:129).
ETICA, ARQUEOLOGIA Y LA CUESTION DEL OTRO:
Uno de los aspectos más interesantes a este respecto, es la manera de
como, a lo largo de los años, las
sociedades profesionales de arqueólogos han manejado y concebido los problemas
de ética y valores en la disciplina.
Las primeras preocupaciones surgen allá por 1954, después de la Guerra, y
se refieren a la necesidad de aclarar
las diferencias entre los arqueólogos profesionales y aquellos, aficionados, no
profesionales. Para 1960 se ve la
necesidad de establecer requisitos profesionales y un código de ética, lo que
culminó con la promulgación del documento
titulado "Four Statements for Archaeology", cuyo contenido señala más un interés
por la práctica que por el por qué y el
para qué de la disciplina. La primera preocupación es la definición del campo
de la arqueología; la segunda son los
métodos; la tercera se refiere a temas éticos entendidos como: mantener los
récords de trabajo disponibles para los
arqueólogos profesionales y realizar reportes o informes adecuados; se censura
la destrucción, la distorsión y la evasión
de datos arqueológicos; se condena el comercio de artefactos y el trabajar en
lugares donde otros colegas lo hacen con
anterioridad, sin contar con su permiso. Y la cuarta y última se refiere a los
requisitos de estudio para poder considerar a
alguien un arqueólogo bien formado (Mc Gimsey III 1995: 11).
A principios de los años 70, con una fuerte influencia del aparato legal
federal en aspectos del manejo de los
recursos culturales, surge, a la par de la práctica académica de la arqueología,
una práctica no académica (al margen de
universidades y museos, por ejemplo) motivada por los contratos que la
legislación promocionaba; para 1985 más de la
mitad de las investigaciones son de este tipo no académico.
Para enfrentar esto, ya en 1973, la Sociedad de Arqueología Americana
(SAA), había preparado una guía para
la preparación de reportes o informes arqueológicos que establecía la exigencia
de ciertas calidades para los trabajos de
arqueología que se realizaban con "el legado de la nación". Otra vez el interés
en la ética va unido al interés en los
requisitos profesionales ("profesional standards and ethics" Ibid: 12).
En 1974 tiene lugar una de las primeras reuniones profesionales sobre "el
manejo de recursos culturales". En
esta reunión, la Fundación de la Sociedad Americana para la Conservación
Arqueológica, se da una resolución del
Comité de Arqueología Profesional de la Sociedad de Arqueología Americana, en el
que se exhorta a tomar acciones en
la certificación de calidades profesionales y aspectos relacionados. Esto
culminará en 1976 con la creación de la
Sociedad de Arqueólogos Profesionales (SOPA Ibid: 12-13).
De 1976 a 1991, apreciamos un interés dentro de la misma línea de
requisitos profesionales y éticos. Para el
91, otra vez, la Sociedad de Arqueología Americana, promueve la creación de su
comité para dictaminar sobre aspectos
éticos.
Esa experiencia, lleva a que, en 1993 la SAA y la SOPA se reúnan para
discutir la necesidad de contar con un
marco de referencia que aporte una "política ética comprensiva, consistente y
coordinada tanto para los arqueólogos
profesionales como para la arqueología (Ibid: 13). Esta vez, el gatillo que
dispara el trabajo de estos grupos, es el de los
problemas éticos que conlleva el publicar artículos que se basan en material
arqueológico saqueado.
El Comité sobre Etica en la Arqueología de la S.A.A., después de una
reunión de trabajo, propuso en 1993, seis
principios éticos para ser discutidos y trabajados por los miembros de la
Sociedad (Lynott y Wylie 1995: 23-24).
Nosotros creemos que, de alguna manera, la creación de este nuevo comité
ético y su propuesta, es la respuesta
a las inquietudes que desde la década de los años 70 se habían ido presentando
entre los arqueólogos estadounidenses: a
veces como problemas de práctica profesional, otras como necesidad de responder
a los grupos que se ven afectados por
esa práctica: los indígenas americanos; el cumplimiento de las leyes que ven al
registro arqueológico como parte del
legado de la nación; las quejas, más y más numerosas, de los países del Tercer
Mundo para que cese el saqueo y se
devuelvan los materiales de su legado cultural a su lugar de origen; el carácter
perecedero y no renovable del registro
arqueológico; la apertura, en estos tiempos del llamado "posmodernismo" a las
enseñanzas de las diferentes sociedades
presentes y pasadas, y el problema de la conversión de la práctica arqueológica
en un negocio y no en una labor
académica y desinteresada.
Las preguntas que sobre esos temas, en esos veinte años, se han
hecho los arqueólogos de Estados
Unidos, han sido muchas y muy variadas. Todas ellas las tomaremos como una
manera de medir el espíritu de
cuestionamiento y la sensibilidad de los grupos involucrados.
La respuesta oficial (la de los organismos estructurados S.A.A. y SOPA) la
consideramos presente en los 6
principios de calidad profesional y ética propuestos para revisión en 1993 y
publicados en 1995.
Estas preguntas o este gran interrogante y las respuestas señalan un
"camino", con un principio y un fin, cuyo
recorrido no nos asegura que su trazado y características particulares, sean las
necesarias para llegar a buen puerto. Un
puerto que debe estar definido por: verdaderos intereses sociales; por el
deseo de hablar con el otro y no sólo, del otro;
por el rescate del significado real del legado cultural para el bienestar de los
diferentes pueblos involucrados, sin
tergiversaciones dominantes de ninguna especie; en fin, un puerto que se
construye en la conciencia clara de una
disciplina capaz de reconstruir el pasado para beneficio del hombre. Para lo
cual debe conservarlo, tanto con la práctica
profesional, como con respuestas y decisiones claras ante el problema del
carácter perecedero y no renovable de los
restos culturales materiales dejados por las sociedades pasadas. Debemos
reconocer que no se trata de preocuparse solo
y de manera limitada, por el legado cultural de los pueblos o de los hombres,
sino de preocuparse por un gran legado
cultural, el del ser humano, como el fenómeno especial que es.
Para contrastar el camino y la experiencia de la arqueología en Estados
Unidos, contamos con otras
concepciones y propuestas hechas dentro y fuera de ese país. Jugarán aquí un
papel primordial las propuestas de
arqueólogos norteamericanos no satisfechos con el ritmo de las cosas en su país,
y, la posición latinoamericana dentro de
la cual destaca la de la arqueología social y la de la arqueología como
Historia.
El contenido y las preguntas que se hace uno de los libros más recientes
sobre la materia: "Archaeological
Heritage Management in the Modern World" editado por Henry Cleere, Director del
Consejo de Arqueología Británica,
en Londres, Inglaterra; es muy revelador del nivel de las preocupaciones de una
arqueología que cada día toma mayor
conciencia de su responsabilidad con el manejo de la herencia cultural de la
humanidad, como el mismo título del libro
lo indica. El libro contiene 31 artículos, de diferentes autores que en
conjunto asumen una perspectiva global, sobre la
herencia arqueológica mundial.
Según Albert Dekin (1991: 371-372), quien revisó y comentó el libro para
"American Antiquity", Cleere se
hace las siguientes preguntas generales: ¿Por qué debemos cuidar la herencia
arqueológica?, ¿Cómo debe manejarse la
herencia arqueológica?, ¿Quién debe manejar o cuidar dicha herencia?. En la
diversidad de pareceres, Dekin no
encuentra respuestas a las preguntas hechas. Nosotros lamentamos que el libro
sea sólo una recopilación de artículos,
que reflejan experiencias diferentes y no un verdadero diálogo pluricultural.
Por eso no estamos de acuerdo con él
cuando dice: "ni la disciplina de la arqueología ni el concepto de existencia
global provee un marco en el que se puedan
encontrar respuestas a las preguntas de Cleere"; pues al partir, cada uno de los
autores, de su propia experiencia y
problemática lo que resulta es la acentuación de la diversidad y el énfasis en
lo propio antes que en un verdadero marco
global; por otro lado, la disciplina arqueológica sigue siendo nacionalista,
imperialista o colonialista (Andah 1992;
Trigger 1984). No parece factible lograr un cambio positivo, para responder a
los problemas planteados sino logramos
un verdadero cambio, donde nosotros mismos estemos dispuestos a aprender y
hablar con el otro sin anteponer nuestras
destrezas e intereses profesionales y personales a la resolución de los
verdaderos problemas que nuestra profesión
reconoce como integrales.
Quizás la limitación que el comentarista encuentra en el libro es el de
continuar dándole mayor importancia a la
"comunalidad de las técnicas y de los métodos", antes que a la redefinición de
prioridades en el quehacer de la profesión.
A este respecto la importancia y la función social de la arqueología y de sus
logros debe permanecer a todos los niveles
de la discusión; por ejemplo; los puntos hasta ahora considerados como puramente
arqueológicos: significancia,
muestreo, representatividad, profesionalismo, contratación y capacidad de
respuesta, deben ser vistos primero en el
marco social comentado y luego en el de la práctica científica de la profesión.
Hasta ahora ha sido al revés, generando
un marco inadecuado para el verdadero diálogo entre los arqueólogos de los
diferentes países, e inadecuado también para
lograrlo entre la arqueología como disciplina científica y las necesidades más
puras de la humanidad.
Las experiencias a este respecto son diferentes, siendo en los países
"desarrollados" y en sus representantes
donde encontramos capacidad económica y condiciones sociales que permiten a los
arqueólogos trabajar con más
neutralidad, hasta el punto de olvidar el carácter de su objeto de trabajo y el
significado y la responsabilidad social de su
quehacer. Por otro lado, los arqueólogos de loa países llamados del "Tercer
Mundo", tienen, dentro de su experiencia,
una arqueología que no puede dejar de partir de su compromiso y de su función
social. Si lo vemos de esta manera,
quizás temas como: la significancia arqueológica y el mismo diseño de
investigación, adquieren un sentido muy
diferente al impuesto por la perspectiva imperial global y por la frialdad
calculada por la exactitud de los métodos y de
las técnicas. Quizás no debemos preocuparnos por la rigurosidad científica de
la investigación, al margen del contexto
social del que forma parte; sino que debemos preocuparnos por hacerlo siempre en
el marco de una investigación
necesaria (Arias et alli, en prensa).
Uno de los temas más significativos, para acercarse a la concepción que la
arqueología en Estados Unidos tiene
sobre su compromiso social, la podemos analizar en diferentes líneas: primero,
siguiendo a Johnson (1973), trataremos
el tema de "Las Responsabilidades Profesionales y los Indígenas Americanos". El
autor se hace dos preguntas que
considera medulares: ¿Tienen los arqueólogos, la responsabilidad de tener en
cuenta los puntos de vista éticos de ellos
(los indígenas) en los diseños de investigación?, ¿Debemos comunicarles los
resultados de las investigaciones?,
¿Debemos formar, con especial interés, a los indígenas para que puedan realizar
su propio trabajo de arqueología?.
Aunque el autor no responde a las preguntas en forma directa, termina
presentando los elementos que, con la
arqueología como intermediaria, une a indígenas y a los arqueólogos no
indígenas. Es interesante y a la vez frustrante,
encontrar que ninguno de los elementos de unión sea el de pertenecer a la misma
nación, el de formar parte de la misma
población, el de ocupar el mismo territorio, el cual tiene al fin y al cabo una
sola historia; es decir, la historia de los
norteamericanos (si entendemos por ella todo el proceso de humanización del
espacio del actual territorio
estadounidense), indígenas o no indígenas, que vendría a ser la misma.
Los criterios, que Johnson señala como compartidos nos indican separación
entre los dos grupos antes que
unión. Según el autor, estos criterios son: interés en parar el comercio
ilícito de antigüedades y el saqueo de los sitios
arqueológicos; el esfuerzo por preservar la herencia cultural de los Indígenas
Americanos y el interés en aumentar el
conocimiento de la historia cultural indígena.
Un breve y rápido análisis de contenido, nos deja ver como el autor se
separa y separa a los suyos de los
Indígenas Americanos. Explícita que la herencia cultural es de los indígenas
americanos, permitiendo leer que la de él y
"los suyos" es otra. En un momento dado, su discurso lo obliga a definirse
ante los indígenas, lo cual hace de la
siguiente manera: "We are intellectual colleagues of the American
Indian" (Johnson, 1973: 130, lo
subrayado es nuestro). Los elementos que se comparten se subrayan en términos
de "... a genuine intellectual and
emotional commitment predominates (ibid)".
Encontramos en todas estas afirmaciones un fuerte grado de separación.
El autor señala afinidades e intereses
comúnes, pero éstas, al fin y al cabo, están marcadas por la separación, por el
nosotros y los otros, por la herencia
cultural de ellos y la herencia cultural nuestra. Cabe entonces que nos
preguntemos: ¿A qué se refiere el autor con su
deseo de resaltar en sus acciones el predominio de un genuino compromiso
intelectual y emocional?.
Si sentimos la historia del territorio que habitamos como una historia,
como una herencia cultural, no hace falta
resaltar ningún compromiso, pues el compromiso con la historia propia es, al fin
y al cabo, no solo un compromiso sino
parte consustancial del propio yo, de la propia identidad.
EL PASADO Y SU MANIPULACION EN EL PRESENTE:
Nuestra América, del norte al sur, es como fenómeno histórico, un fenómeno
híbrido, lo que debería aceptarse y
entenderse a los diferentes niveles: cultural, social, racial, histórico. Sin
embargo, este no es el caso, pues tal y como nos
dicen Vargas y Sanoja (1992: 25-26), los estudios y las interpretaciones de los
tiempos históricos han sido manipulados
en función del presente de determinados grupos. La multiplicidad cultural, se
confunde con la estructura social basada
en clases sociales. Complicándose así la participación de una posible visión
monolítica del pasado. Los diferentes
grupos sociales y culturales poseyeron y poseen intereses no necesariamente
convergentes, de alguna manera, dictados
por su condición particular, lo que desemboca en las contradicciones del
caso.
En este contexto la historia puede ser utilizada para el logro de los
intereses de uno u otro grupo, es decir, la
historia se usa. Generalmente para el beneficio de aquellos que ostentan una
posición dominante en lo material
(economía) y en lo ideológico (educación) (política cultural).
En la "Segunda Conferencia del Nuevo Mundo sobre Arqueología de Rescate",
Harold Tso, de la División de
Recursos Naturales de la Tribu Navajo en Window Rock, Arizona, como miembro del
panel de discusión sobre:
"Realidades Sociales y Políticas de la Arqueología de Rescate", presentó una
posición desde la perspectiva y experiencia
de su comunidad:
"... ustedes han contado bien nuestra historia, pero creo que, al
hacerlo, nos han expuesto
innecesariamente por sus propias razones...; les hemos permitido recoger
información y explotarnos para su beneficio,
para el beneficio de sus instituciones o de sus gobiernos. Creo que ese es un
problema personal de ustedes, pero lo
considero un ataque contra nuestra personalidad. Es porque ustedes nos usan
para su propio beneficio, que nosotros nos
resistimos. Nos abordan para saber más sobre nosotros en nombre de su ciencia,
pero preferimos no estar expuestos.
Somos un pueblo amante de la privacidad... Podemos llevarnos bien como pueblos,
pero les pido que respeten nuestra
cultura, que respeten nuestro deseo de ser nosotros mismos, nuestro deseo de
ocultarnos de todos los demás". (Tso en
Cleere 1990:98).
Es una situación colonial, donde los grupos hegemónicos continúan
subyugando a los grupos dominados. Los
indígenas del actual territorio de Estados Unidos fueron considerados, por los
colonos europeos y por los habitantes de
esa nación del norte después, como hordas salvajes, incapaces de ningún
desarrollo civilizatorio (Trigger 1989: 105).
Siendo el progreso parte natural de la sociedad norteamericana, la cual se
consideraba a la cabeza del desarrollo humano
en el siglo XIX, vieron al indígena como biológicamente inferior y condenado a
la extinción. La arqueología asumió el
mismo carácter colonialista, sus puntos sirvieron para denigrar a los indígenas.
Sus criterios se consideraban una buena
justificación para quitarles las tierras y tomar el control de dichos
territorios (Trigger 1989: 119,145).
El mismo autor, en otra publicación (Trigger 1980) aclara los resultados
de esta actitud, en la primera parte del
siglo XX la arqueología en Estados Unidos se dedicó al establecimiento de
cronologías culturales, pero sin darle ningún
significado o importancia para la llamada prehistoria americana. Todo lo
contrario ocurría en Europa, donde había un
fuerte interés por el pasado como una manera de entender los logros de sus
ancestros. Hasta 1960, en Estados Unidos, el
cambio cultural se vio como un asunto de migraciones y difusiones, los indígenas
eran considerados culturalmente
pobres y estáticos por lo que el desarrollo endógeno y su entendimiento no era
un tema de preocupación. El mismo autor
lo señala de una manera muy clara:
"La última historia de la Arqueología Americana no provee las bases
para una refutación convincente
de muchos de los cargos que los pueblos nativos han emitido contra la
disciplina... En el siglo XIX.... tuvo afinidades
muy fuertes con los mitos euroamericanos que alegaban que los Indígenas fueron
salvajes que carecieron de la voluntad
y de la capacidad biológica de progresar. ...Después , cuando los arqueólogos
se interesaron más en la cronología
cultural, tendieron a tratar los datos de la prehistoria tipológicamente e
ignoraron la conexión entre esos datos y los
pueblos indígenas... (Hoy concentrados en) generalizaciones sobre el
comportamiento humano como si fuera el primero
e incluso el único objetivo de la investigación arqueológica, los arqueólogos
han escogido usar los datos de los pueblos
nativos de Norte América para fines que no tienen relevancia especial para estos
pueblos. En su lugar, son empleados,
clínicamente, para probar hipótesis que intrigan a los antropólogos
profesionales y producen un conocimiento que
encuentra su justificación en los servicios que puedan prestar a los intereses
más amplios de la sociedad euroamericana
(Trigger 1980: 669-671). (lo que está en paréntesis y la traducción es
nuestra).
La posición de Trigger ha sido reconocida por otros autores (Winter 1984).
Winter nos deja claro que la ciencia
por sí sola no nos puede resolver hacia dónde debemos ir. El camino a seguir
es escogido con base en razones
económicas, religiosas, políticas u otras basadas en valores (Ibid: 36). Esta
situación no sólo se da en la arqueología,
sino también en otras disciplinas de las ciencias sociales como la antropología
aplicada, la que Bastide considera:
"... un enfoque subjetivo y sesgado que no es más que uno de los
aspectos de la estrategia
euroamericana para transformar el comportamiento y reorganizar las culturas de
las poblaciones indígenas" (Bastide
1973, en Winter 1984: 39 traducción nuestra).
NECESIDAD DE UNA ARQUEOLOGIA ALTERNATIVA
La arqueología y nosotros los arqueólogos, debemos tomar conciencia de
esta situación y preguntarnos si la
arqueología que practicamos, aprendida y heredada, es la que nosotros queremos
practicar. La pregunta ¿a dónde
queremos llegar con la práctica de nuestra profesión? sólo puede ser contestada
si despertamos de los condicionamientos
de nuestra formación y de la práctica acrítica y acomodaticia de la misma.
Contestando de manera sincera es como
podremos ser verdaderamente libres, de otro modo, podemos ser corresponsables de
una práctica cuyos objetivos y fines
reprobamos, y, ostentamos por herencia y condicionamiento, antes que por
convencimiento personal.
La respuesta a esta pregunta no puede obviar su trasfondo último en, tal y
como señala Winter (1984: 42), la
moral y los otros valores éticos.
Las quejas de los pueblos indígenas de Estados Unidos, en torno a su
relación con antropólogos y arqueólogos,
se constituyen en valiosísima ayuda para cuestionar nuestra práctica, hacernos
la pregunta y buscar la mejor respueta
posible; algunas de las quejas son:
"(1) El tratamiento irrespetuoso de los cementerios, (2) la
actitud implícita de que los indígenas son
especímenes de laboratorio, (3) el fallo de los antropólogos al no consultar a
los indígenas en cuanto al diseño y a la
ejecución de investigación, y (4) el "saqueo" del legado Indígena por parte de
los arqueólogos (Cheek y Keel 1984,
Ferguson 1984,Johnson 1973, Meighan 1984).
Los pueblos indígenas de Estados Unidos han logrado alzar sus voces y, de
alguna manera ser escuchados,
aunque la solución enmarcada en una nueva moral, en una ética que permita
construir una concepción alternativa de la
arqueología y de sus capacidades, está lejos de una verdadera solución. Las
palabras de Harold Tso (1990: 98) siguen
siendo válidas:
"Ustedes....... nos han expuesto innecesariamente por su propias
razones....... Ustedes nos usan para su
propio beneficio....... Nos abordan para saber más sobre nosotros en nombre
de su ciencia....... Les pido que
respeten nuestra cultura, que respeten nuestro deseo de ser nosotros
mismos...." (El subrayado es
nuestro).
En Latinoamérica, con una arqueología que imita la norteamericana, el
problema específico es similar. Sin
embargo, la coyuntura social que le da origen es un tanto particular, veamos.
La situación es también colonial, y los pueblos indígenas se han visto más
con deseos de su desaparición que de
su incorporación real a la construcción de una población nacional
pluricultural.
En América Latina, el indígena es excluído y usado como parte de un
proceso colonialista que a pesar de la
independencia, todavía no ha terminado, como lo aclara Díaz Polanco (1991: 24-
25):
"Durante los más de tres siglos de colonización española, la mayor
parte de la fuerza de trabajo se
encuentra -si se nos permite el término- etnizada. Con ello queremos
hacer referencia a la adscripción
sociocultural de la fuerza de trabajo explotada particularmente de indios y
esclavos. La estratificación étnica se
superpone a la estructura de clases, complicándola y afirmándola...
En estas acentuadas diferencias estamentales entre los
componentes de la sociedad se asentó
la sociedad colonial. Estas diferencias a menudo persistieron en varios
aspectos aún después de la independencia. Ello
no facilitó el desarrollo de una fuerza cohesiva entre un mínimo número de
sectores y capas que, a su vez, favoreciera la
identidad nacional".
Nuestra parte del continente creó un "indigenismo histórico", es decir una
exaltación romántica del pasado
indígena, donde se resaltaba la grandeza indígena del pasado. Se trató de usar
ésta como uno de los puntos de unión de
las nuevas sociedades latinoamericanas independientes, donde el criollo
"dependía de la condición subordinada del indio.
Los criollos, más bien, exaltaban la empresa conquistadora, de la que parten en
un suerte de creación de la nueva patria,
en donde la tierra había sido ganada "legítimamente" al indio. Así las cosas,
el indio ha sido visto siempre con recelo y
exclusión (Díaz Polanco 1991: 34-41; Juárez 1946).
En América Latina no hay leyes que permitan a los pueblos indígenas
levantar sus voces de igual manera que
en Estados Unidos. Los arqueólogos, haciéndose copartícipes de ese romántico
"indigenismo histórico", han trabajado
como si nuestra práctica arqueológica incluyera en su realización una
preocupación por los pueblos indígenas y su
pasado. De hecho, este no es el caso y la arquelogía que se practica en
América Latina, en términos generales, tiene
más de una imitación de objetivos, de métodos y de técnicas de la arqueología
americana que de otra cosa, con el
agravante de la supeditación y, por lo tanto, de la ausencia de innovación.
Sólo los llamados arqueólogos sociales latinoamericanos, y de aquellos que
conciben la arqueología como
historia han logrado una posición crítica de la práctica de la arquelogía y de
sus objetivos y posibilidades (Bate 1978,
1982; Fonseca 1984, 1989, 1990; Sanoja 1983; Vargas 1987; Vargas y Sanoja
1993).
Para la arqueología social y la arqueología como Historia, el significado
de la práctica de la arqueología, es
inseparable de la función social de ésta. El presente y el pasado están unidos
en la trama de la historia. El arqueólogo
debe contribuir a su conocimiento, al conocimiento de una realidad que no debe
tener predilecciones, donde la realidad
se debe imponer, al fin y al cabo, al manejo de la misma por parte de cualquier
grupo.
Es una posición en la que entendemos al ser humano como un ser histórico,
es decir, las decisiones que puede
tomar están, de una u otra manera, marcadas por esta realidad. El mejor
conocimiento del pasado, sin privilegios
interesados, debería dar bases sólidas para la toma de decisiones, en el marco
del bien común, el respeto de la realidad
pluricultural y la búsqueda de la realización individual y colectiva.
La herencia cultural "... sólo puede entenderse sobrepasando su
carácter estático y
analizándolo en toda su dimensión dentro de un proceso continuo donde el hombre
es sujeto activo
permanente en un contexto espacial (entorno natural) al cual puede cambiar y
transformar en su
dinámica de continua producción de la realidad social" (Fonseca 1989:
149).
No se debe adoptar un visión formal y cosificada de la herencia cultural
puesto que esto
convierte en objeto al sujeto histórico, tomar esta posición es incorporar el
pasado al presente,
volviendo imposible su contribución al proceso histórico-social.
Es necesario aceptar y defender el carácter histórico de la herencia
cultural de los diferentes
grupos "conocer los contenidos con los que se identifica, del papel que ha
jugado y que puede seguir
ejerciendo para transformarlos y usarlos en su propio beneficio, e identificar y
generar resistencia y
rechazo hacia contenidos ajenos a su herencia cultural" (Vargas y Sanoja
1992:22).
El valor histórico que cada etapa histórica le da a la herencia
pluricultural de nuestras
sociedades, dependerá de los intereses dominantes y de las capacidades de
exclusión social que éstos
tengan. De tal manera que la manipulación del pasado de ciertos grupos es
factible, en función de los
intereses presentes de ciertos grupos que tienen el poder para ello.
En América Latina, culturalmente híbrida, el fenómeno pluricultural se
confunde con el de la
estructura social basada en clases sociales. Complicándose así la participación
de una posible visión
monolítica del pasado. Los diferentes grupos sociales y culturales poseyeron
intereses no
necesariamente convergentes dándose así las contradicciones propias de tal
situación (Vargas y Sanoja
1992).
Sin embargo, la realidad de la historia no puede negarse. En este sentido
lo humanamente
trascendente, aquello que forma los capitales esenciales de la herencia
histórica -como dirían Vargas
y Sanoja- se debe ver como un acervo de la humanidad sin desprecios ni
exclusiones. Sólo así
podremos buscar el mejor uso de una Historia con mayúscula, como "posibilidad
inconclusa" o como
"sujeto en proceso". Debemos luchar por una conciencia histórica que se
enmarque dentro de una
concepción solidaria, creadora y honesta.
El concepto de rescate toma así una dimensión diferente, más cercana a la
de Vargas y
Sanoja 1992, que a la que se ha venido usando al hablar de arqueología de
rescate, donde el rescatar
implicaba la aplicación de métodos y técnicas para obtener los restos
arqueológicos que corren peligro
de ser destruidos por cualquier razón, esta acción no se preocupa, generalmente,
del aporte que esos
restos dan para el conocimiento de la historia.
Para nosotros, en la concepción que sustentamos, juega un papel de primera
importancia el
Rescate, entendiendo éste como: el derecho que, todos los grupos culturales
que conforman una
nación tienen a su propio legado cultural, y, al mismo tiempo, se debe entender
como la oportunidad
que reside en la riqueza de lo múltiple, para la construcción de las necesidades
colectivas tendientes al
logro del autoconocimiento humano, a su bienestar y a su felicidad (cfr. Ortiz,
Fonseca y Bolaños
1992).
La arqueología, desde la perspectiva que hemos presentado, es una
disciplina al servicio de
la historia. Una historia que debe estar al servicio del ser humano, por lo
que no podemos estar de
acuerdo en su reducción a un conjunto de métodos o de técnicas, a la
recuperación por la recuperación
de restos culturales materiales dejados por sociedades desaparecidas, ni con la
resolución o
comprobación de unas hipótesis que se elevan por encima de la función social de
la arqueología, en
una suerte de ejercicio intelectual que se queda en el beneficio personal, en el
academicismo y en el
cientificismo.
HISTORIA E HISTORIAS: UNA REALIDAD:
En el caso de los pueblos indígenas latinoamericanos; por ejemplo, la
arqueología tiene un
papel importantísimo que cumplir, el de preocuparse por reconstruir la historia
de esos grupos,
dejando atrás las preconcepciones etnocéntricas de los colonizadores (Trigger
1980: 673).
Debemos sobrepasar la concepción occidental de la historia como un campo
del estudio
reservado para los occidentales (Solís et allí, 1992: 23) y dejar de ver la
antropología y, por lo tanto, la
arqueología como las disciplinas que estudian a "los pueblos sin historia",
"los pueblos simples", "los
pueblos subordinados a occidente", "los pueblos poco evolucionados", "los otros"
(Ibid).
Una posición académica como la que sostenemos, tiene implicaciones éticas
muy claras. Por
su conocimiento del fenómeno que discute, no puede defenderse en el alegato de
ignorancia. Las
sociedades híbridas, producto de la colonización, están cargadas en su historia
de la negación de la
cohesión étnica de los grupos dominados y oprimidos (Díaz-Polanco 1991: 27).
La arquelogía se ha
prestado y se presta para tal juego. Es necesario reconocer nuestra realidad
como instrumento
intelectual al servicio del ser humano que somos.
Reconocer el derecho a la historia de los grupos étnicos, es aceptar el
derecho humano a su
identidad y por lo tanto a su vida autónoma, a sus tierras y a sus recursos
naturales (Ibid).
Nuestra posición es convergente con la de Winter (1984), quien propone y
defiende un
sistema ético humanístico como el más apropiado para la arqueología.
Este sistema se
enfoca, primero que todo, en el entendimiento de los procesos humanos básicos y
en los seres
humanos como individuos. No se deben olvidar los intereses, logros, dignidad y
los problemas de los
seres humanos individuales, de los grupos étnicos que estudiamos aquí y ahora.
Debemos tomar
conciencia del hecho de que, nosotros, como miembros de una determinada sociedad
y cultura. Al
hacer estudios de otros grupos, podemos sesgarlos por nuestras percepciones,
emociones, sesgos
culturales, intereses de investigación y otros factores (Ibid).
Reconocer la historia como una sola: la del ser humano. Es tomar
conciencia de la gran
riqueza que tiene ésta, para tratar de entenderse realmente. Así la
cultudiversidad, al
reconocerse, se vuelve una variable positiva al servicio de la investigación del
comportamiento
humano. Visto de esta manera parece absurdo pensar que los científicos mismos
se presten para
mutilar y restringir su propio objeto de trabajo y, por lo tanto, su propio
objeto de conocimiento.
Conocer, aplicando nuestra versión del método científico, es al fin y al
cabo una manera, no
sólo de tratar de explicar algo, sino de tratar de experimentarlo de percibirlo.
La percepción que
tengamos de algo nos hace actuar con respecto a ello. Es indispensable tener
esto presente al
enfrentarse al estudio de otras culturas. Si no, corremos el riesgo de
acercarnos a ellas sólo por
nuestros propios intereses. Debemos preocuparnos de cómo otras culturas e
individuos perciben y se
relacionan con la realidad. Tratar de hacer propias las experiencias de los
otros, tratar de
interiorizarlas, es el mejor camino para estar en posición no sólo de hablar del
otro, sino de hablar con
él.
Nos parece importante señalar las convergencias que encontramos con el
contextualismo de
Ian Hodder (1989), sobre todo cuando señala la necesidad de preocuparnos más por
el papel que juega
"el presente en el pasado". Por la importancia de asumir una perspectiva
crítica en arqueología, donde
encontramos el marco adecuado para la confrontación entre la "arquelogía
establecida" y la
"arqueología alternativa". Siendo la primera la escrita por el occidente de
clase media, masculino y
anglosajón. La segunda se refiere; potencialmente, a : la arquelogía de los
pueblos indígenas, la
arqueología "femenina" y la arqueología de la clase trabajadora, como ejemplos
de perspectivas
subordinadas bajo el reclamo de la práctica de una arquelogía que se considera
poseedora de la llave
de la ciencia, teniendo en su implícita seguridad su mayor debilidad (cfr.
Hodder 1989: 156-
157).
Si queremos estudiar el pasado debemos ser capaces de zambullirnos en él,
quitándonos,
para ello, las ropas del presente y las plumas de los intereses de grupo. Sólo
así, lograremos accesar
al contexto que necesitamos: la evidencia arqueológica resultado de seres
humanos que oraron,
sintieron, amaron, sufrieron y crearon. Una creación que sigue teniendo la
importancia de toda
realidad humana. Importancia particular para los herederos de la experiencia
concreta, importancia en
ese marco general al que, al fin y al cabo, todos tratamos de entender: el
Fenómeno Humano.
Si juzgamos por el último pronunciamiento ético de la Society for
American
Archaeology (SAA 1995), la disciplina refleja más el interés de normar en el
marco de una
práctica tradicionalmente occidental que en el de una ética y unos valores
pensados para el ser
humano en todas sus dimensiones, sin exclusiones ni dominaciones de ninguna
especie, práctica que
refleja una arqueología carente de una perspectiva crítica. Una ética del
"establishment".
Los principios propuestos son seis:
El principio No. 3, asigna valor comercial y, por lo tanto, posibilidades
de comerciar con el
materia arqueológico que ya haya sido objeto de investigación arqueológica; pues
solo restringe el
hecho a aquel que puede promover o contribuir a la destrucción del récord
arqueológico. No
entendemos esta posición, por ambigua y sesgada, que privilegia la concepción
occidental y
anglosajona de propiedad privada y del comercio o mecantilismo.
Es, sin embargo necesario, señalar la posición de crítica de los seis
principios asumida por
algunos arqueólogos. Aunque, quizás, aquí se aplica el dicho de "la excepción
confirma la regla". Tal
y como dice Zimmerman (1995:66) aceptar la consulta y el involucramiento de no
arqueólogos, es
poner por lo menos parte del control de la investigación en otras manos. Si lo
aceptamos, la
innovación implicaría un cambio fundamental en la disciplina. Si estamos
dispuestos al cambio, "la
arquelogía puede terminar siendo una ciencia que sería más modesta y muy
diferente de la ciencia que
ha sido hasta ahora en Occidente"... (Arnold Krupat 1992:77, Zimmerman 1995:
67).
El reexamen de los aspectos éticos centrales en la arqueología, puede ser
el primer paso para
la transformación. La formulación de nuevos valores críticos deben ser la
base para un verdadero
cambio desde la epistemología a las técnicas (Zimmerman 1995: 67).
Quizás es el momento de recordar la enseñanza de Mello (1994:
191).
"El maestro había colocado en la biblioteca del monasterio un gran letrero
con una calavera y
dos huesos cruzados y la siguiente leyenda: Los libros matan. Cuando alguien
le preguntó el por qué,
el Maestro dijo:"porque los libros engendran ideas, y éstas pueden degenerar en
creencias, originando
una exclerotización de la mente y una percepción deformada de la
realidad".
La arqueología debe hacer una discusión profunda de los principios éticos
y de los valores
que la sustentan como disciplina científica. Principios y valores que se
debaten en la contradicción de
una posición etnocéntrica y cronocentrista, resultado de unas necesidades y de
una práctica social,
frente a las posibilidades de una disciplina que sobrepase esas limitaciones y
responda al ser humano y
no solo a algunos grupos sociales.
UNA CONSULTA AL PUEBLO BRIBRI:
Con el deseo de lograr una arqueología integral y alternativa, decidimos
acercarnos a los
pueblos indígenas del sureste de Costa Rica. Al hacerlo, perseguimos esos dos
objetivos integrales
del trabajo que puede hacer el arqueólogo y, con la participación de esos
pueblos iniciar los trabajos
en el territorio indígena de la zona. Buscamos, tal y como lo estableció el
capítulo internacional de
UNICOI, al cual pertenecemos y dentro del cual hemos ayudado a definir
políticas, lo siguiente:
"Respetar y reconocer totalmente los valores, leyes, conocimientos,
experiencia y
expectativas de los pueblos indígenas, así como de otros grupos étnicos y
minoritarios. Para cumplir
con este principio se deben realizar y asegurar las consultas apropiadas y la
participación igualitaria en
la toma de decisiones a los pueblos indígenas y a otros grupos étnicos y
minoritarios" (UNICOI
Charter 1993).
De igual manera que nosotros, en el Capítulo UNICOI, los organismos
internacionales
reconocen y promueven este derecho de los pueblos indígenas. En la agenda 21,
de la Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de
Janeiro en 1992, se
establece un capítulo 26 sobre el "Reconocimiento y el fortalecimiento del papel
de los pueblos
indígenas y sus comunidades", en el artículo 26.6, inciso a) se dice:
"Desarrollar y fortalecer acuerdos nacionales para consultar con
los pueblos
indígenas y sus comunidades, con la idea de reflejar sus necesidades e
incorporar sus valores,
conocimiento tradicional y otras prácticas en programas y políticas nacionales
en el campo de la
administración y conservación de recursos naturales y otros programas de
desarrollo que los afecten"
(Nuestra traducción).
Para realizar la consulta, a los pueblos indígenas del sureste de Costa
Rica, nos pareció
imprescindible que las comunidades involucradas supieran qué es la arqueología,
qué es un
arqueólogo y qué implicaciones tiene la investigación arqueológica. Para ello
elaboramos un folleto,
con la información requerida. Para elaborarlo, contamos con la colaboración de
aquellas personas
que consideramos necesarias para llegar a los pueblos indígenas. Solicitamos el
apoyo de una persona
conocedora de los indígenas,, que fuera bien aceptada por ellos y que no fuera
del gremio de la
antropología, para que nuestro trabajo se mantuviera en terreno neutral.
Conseguimos este apoyo en
la figura de la señora Beatriz Shulthess, "indígena argentina" y coordinadora de
pueblos indígenas y
mujeres del consejo de la Tierra, organismo creado después de la reunión de las
Naciones Unidas en
Río de Janeiro, Brasil (1992). La señora Shulthess es, además, miembro al
igual que yo, del Capítulo
UNICOI, Comisión Internacional sobre Arqueología y Medio Ambiente, nombrado en
Puerto Rico en
1992 para darle seguimiento a los acuerdos referentes a la administración de los
programas
internacionales concernientes a los recursos heredados (biológicos y
culturales).
Con la revisión de Doña Beatriz se elaboró un documento que presentara,
de manera
sencilla y comprensible o armónica con los pueblos indígenas, la arquelogía.
Con ayuda del Departamento de Lingüística de la Universidad de Costa Rica,
concretamente
del Dr. Adolfo Constenla Umaña y de José Feliciano Elizondo, se tradujo al
Bribri un resumen
detallado del documento, con el deseo de lograr la mayor aceptación y
comprensión del mismo.
De la zona indígena de Talamanca, nuestro proyecto incluía dos de las tres
zonas en que se
divide: el Valle de Talamanca al noreste y sureste del río Telire-Sixaola y la
zona de Cocles o
Keköldi en las cercanías del litoral.
En diferentes giras visitamos las siguientes comunidades: en el Valle de
Talamanca:
Amubre, Suretka, Cachabre, Shiroles, Bratsi y Keköldi en el litoral. Las
visitas consistieron en la
entrega del documento y su explicación a diferentes líderes comunitarios, a
quienes, a su vez, les
pedimos que repartieran el folleto entre su gente.
En consulta con el sociólogo Asdrúbal Alvarado, Investigador del Instituto
de
Investigaciones Sociales de la Universdiad de Costa Rica, diseñamos una
estrategia de entrevista que
nos permitiera la consulta a las comunidades indígenas que visitamos. Se
concluyó que lo mejor sería
trabajar con entrevista abierta, la que giraría alrededor de los temas de
nuestro interés, a saber:
En total se entrevistaron 11 personas, de diferentes posiciones y
funciones en las
comunidades. Las respuestas a las preguntas fueron muy similares y
repetitivas, tanto en su
contenido formal como en el actitudinal. Salvo en el caso de uno de los
entrevistados que tienen la
función de awa o chaman, en cuyo caso la información se enriqueció con el
conocimiento de la
tradición oral, sus respuestas estuvieron marcadas por ese conocimiento y han
sido, para nosotros, de
gran importancia.
Al mismo tiempo, entrevistamos o consultamos sobre el mismo tema a
diversos
profesionales que conocen la región y los pueblos indígenas: dos lingüistas,
un sacerdote y un
geógrafo cultural, y, por supuesto, a nuestra colaboradora y contacto con las
comunidades
indígenas.
Estábamos dispuestos a continuar con nuestras giras y entrevistas,
esperando que se nos
concluyera con un sí o un no explícitos, a nuestro interés de iniciar trabajos
arqueológicos con los
pueblos indígenas. Sin embargo, se nos informó que las comunidades se sentían
presionadas, por
nuestra presencia, el tema y la reiteración de nuestras entrevistas. Esto se
nos confirmó, cuando la
Directora General de Cultura, Lic. Eugenia Chaverri, nos informara que las
comunidades indígenas la
habían consultado, muy preocupados por nuestra presencia e intereses. Así las
cosas, decidimos no
continuar "presionando", y trabajar con la información recopilada hasta el
momento.
Durante el proceso tuvimos la oportunidad de conocer quienes y a quién
deberíamos solicitar
el permiso formal para realizar los trabajos con apoyo comunitario, de hecho, en
todas las entrevistas
se nos dejó claro que cualquier decisión final debería venir de las asociaciones
o grupos de desarrollo.
En nuestro caso, esto involucraba a dos agrupaciones, para la zona del litoral:
Kèköldiwac
y en la llamada Talamanca Bribri: la Asociación de Desarrollo de Talamanca.
Aunque no tan
directamente como estas dos asociaciones, el Consejo Awapa, juega un papel
importante en
solicitudes como la que nosotros presentamos.
Para formalizar la consulta, elaboramos una carta en la que, formalmente,
proponíamos
realizar investigaciones arqueológicas con los pueblos indígenas. Para
tipificar el trabajo conjunto,
señalamos en la nota los siguientes puntos:
a) El trabajo sólo se haría en aquellos lugares donde se contara con
autorización de las
comunidades.
b) Se contratarían indígenas como asistentes y apoyo en los trabajos.
c) Se promovería un convenio entre las Asociaciones de Desarrollo de las
comunidades
indígenas y la Universidad de Costa Rica. El convenio tomaría en cuenta los
intereses de las
comunidades indígenas y los de los arqueólogos de la Universidad de Costa Rica,
deberían siempre
subsumirse a los de las comunidades indígenas.
De lo anterior, se desprende claramente nuestra disposición de consultar e
involucrar a los
pueblos indígenas de la Talamanca Bribri, en la investigación arqueológica de su
territorio.
Anteponiendo a todo, lo que interpretamos como un principio ético fundamental:
respetar en todo la
posición de los bribris ante su herencia cultural. Dispuestos a aceptar lo que
señala Zimmerman
(1995: 66).
"Consultar e involucrar a no arqueólogos pone al menos parte del
control de la
investigación en otras manos que no son las nuestras" (Traducción
nuestra).
Tal y como sucede en el caso de los indígenas, esperaríamos que la
arqueología para ellos
sea un instrumento y, no, un fin en sí misma. Los arqueólogos, en este caso,
son primero que todo,
consejeros (Watkins et al 1995:35; Zimmerman 1995:66).
Para los que defendemos, ante todo, la función social de la arqueología,
esta situación no
sería difícil de aceptar, sino parte esencial de la disciplina.
Es importante recordar que el conocimiento de la historia es siempre, tal
y como dicen
Vargas y Sanoja (1992: 26), "usado en el presente". A pesar de la realidad
objetiva de la historia, es
decir, el conocimiento objetivo del pasado, ésta será reflexionada desde el
presente, formándose así
una conciencia histórica y permitiendo una toma de posición "por parte de los
actores actuales".
Posición que, como es lógico, se hará en "función de la situación
contemporánea".
Todo grupo social, tiene mayor o menor posibilidad real de acceder a la
propiedad de su
herencia histórica, de su legado, de su herencia cultural, su patrimonio y sus
bienes culturales. Sin
embargo, son los grupos que ejercen el poder los que se "apropian" de la
conciencia histórica de su
país, lo que generalmente significa la subordinación de los otros grupos
sociales, y, por otro lado, el
cargamento de conciencias históricas alternativas, pues, cuando los grupos
tienen una separación, por
su mismo pasado, del resto de la sociedad nacional su conciencia y su necesidad
de la historia no se
subsume, para los efectos de ellos mismos, en la conciencia histórica oficial.
Otros grupos, aunque
políticamente dominados y culturalmente diezmados, siguen necesitando para su
sobrevivencia de su
propia conciencia histórica.
Con una visión de la historia, con una interpretación del pasado desde el
presente y para el
logro de intereses propios, los diferentes grupos confrontan sus visiones. Un
ejemplo de esto lo
encontramos en las palabras de Tso (asesor de los Navajos) ante la segunda
Conferencia del Nuevo
Mundo sobre Arqueología de Rescate:
"... Históricamente, la mayoría de los Navajo pertenecen al grupo
llamado
tradicionalista, el cual apoya la creencia de que existieron antes de que los
primeros grupos europeos
de ojos azules llegaron al oeste en sus carretas cubiertas... Como señalé
anteriormente, los Navajo
pasamos cuando menos 120 años de nuestras vidas reclamando la tierra a los
vaqueros, mineros y
otros intereses de la sociedad. Hemos trazado una línea que llamamos límite de
la Reservación.
Porque nos ha tomado 120 años reclamar esta tierra, no tenemos ninguna intención
de abrir sus
puertas en nombre de la arqueología, ni a fin de que la gran sociedad del mundo
tenga una idea más
clara de cuándo llegó el hombre ni cómo vivió anteriormente. Nosotros
consideramos que las
excavaciones arqueológicas quizá ponen en libertad a nuestros enemigos, enemigos
que podrían ser
espirituales, enemigos que podrían ser físicos en forma de turistas, enemigos
llamados reglamentación
y gobierno, enemigos que, en nombre de la explotación minera, podrían llegar
cuando los límites de la
reservación se liberalicen o desaparezcan (Tso 1990: 77,78).
Hemos querido transcribir las palabras de Tso, pues, nos parecen válidas
no solo para el
pueblo navajo, sino también para todos los pueblos indígenas americanos que se
niegan a abrir la
puerta a la arqueología, una disciplina que tiene más que decir "a la gran
sociedad del mundo" que a la
de ellos. Detrás de la historia de esa sociedad, se encuentra una conciencia y
unos intereses distintos
a los de los indígenas americanos, los que también tienen derecho a entrar, al
abrir esa puerta.
Así las cosas, sólo con una arquelogía, como la que proponemos, capaz de
aceptar un cambio
fundamental, capaz de otorgar control, de lo que se hace en arqueología, a otros
grupos sociales que se
beneficiarían de rescatar su legado histórico, podría lograrse que las puertas
de los pueblos indígenas
se abran sin resquemores, como ha sido el caso para las investigaciones que
realiza la Oficina de
Reservación Cultural de los Hopi (Watkins et al 1995: 35). En la que trabajan
tanto investigadores
Hopi como no Hopi.
Antes de continuar con el análisis de los resultados de nuestras consultas
en la Talamanca
Bribri, merece que comentemos el concepto de rescate del que ya hablamos antes.
Este concepto
para nosotros debe significar, en el caso de la herencia histórica, "aquella
acción que permite el
conocimiento de la historia real, de los diversos niveles de cotidianidad que
caracterizan la vida de la
gente común, como opuesta a la sola historia de lo extraordinario y de las
individualidades" (Vargas y
Sanoja 1992: 33). Es, en resumen, la historia objetiva, la historia de todos
los intereses, y, por lo
tanto, la historia de todos.
Sin embargo, hasta ahora, esto no ha sido así, la historia ha sido usada
para beneficio de unos
y para justificar la subordinación de otros.
Como señalamos antes, al igual que en el caso de los Navajo, los indígenas
de la Talamanca
Bribri han sentido y comprendido esto; en su discurso lo hemos entendido así.
A continuación
presentamos los resultados de nuestra consulta en esa región. Nos ha parecido
importante no
mencionar los nombres, ni las identidades de las personas entrevistadas. Hemos
ideado un medio
para lograrlo, puesto que se trata de un "discurso", concordante con su
realidad, presentaremos el
pensamiento de todos en uno solo; es decir, la unión de todas las respuestas, a
veces coincidentes y
repetitivas, en otros casos complementarias. Trataremos de lograr así un gran
discurso, el de un
pueblo entero. Escribiremos en tono de respuesta, respetando su discurso y
dejando, mientras sea
necesario, nuestro modo académico.
Nuestro único y al mismo tiempo múltiple personaje, es un hombre de edad
media,
silencioso y pensativo, nos recibe a la sombra de su casa tradicional, la que,
al juzgar por los
materiales, no deja de incorporar la influencia de la sociedad nacional en que
se inserta. Es un
hombre curtido por la experiencia, como si muchas edades, muchos oficios y
responsabilidades se
agolparan en su interior. No es ni alto ni bajo, su tez morena y sus manos
fuertes nos saludan, al
permitirnos, con algo de escepticismo y frustración adelantada, entrevistarnos
con él.
Sabemos que habla castellano, pero lo primero que hace, al esperar
nosotros la primera
respuesta, es decirnos, de manera amable pero segura, que no hablará ni
escuchará sino es en su
idioma. Idioma que nos separa al obligarnos a dialogar por intermedio de un
traductor. Idioma que
nos acerca, porque, al exigir el derecho a su comunicación, nos hacemos iguales,
pues, ninguno se ve
obligado a perder su identidad por el otro. Idioma que, al mirar por la
ventana, cercana a nosotros, se
confunde con la fuerza evocativa de la casa tradicional talamanqueña, la que
podemos observar al
tratar de localizar al pájaro responsable de los hermosos trinos que escuchamos
afuera. La estructura
cónica nos recuerda su carácter cósmico, su carácter de morada divina, donde el
hombre es capaz de
ascender a los cielos y descender al inframundo, donde el tiempo y el espacio se
encuentran, al
repetirse las enseñanzas del origen, del principio y del fin de las cosas.
El sonido de las palabras en bribri nos recuerda donde estamos, al mismo
tiempo que éstas se
suceden, nuestro compañero nos traduce:
"¿La historia que ustedes quieren reconstruir, es acaso la
nuestra? ¿No persiguen
ustedes sus propios intereses?. A mi me parece difícil responderles, porque,
aunque yo estuviera de
acuerdo, tal vez otros o la mayoría del pueblo no lo esté. Aunque tengo mi
propia forma de pensar,
en nuestra cultura estamos organizados en asociaciones. Para poder
responderles tenemos que
reunirnos, tenemos que consultar lo que ustedes desean. Una vez que nosotros
lo conozcamos,
podremos darles un sí o un no. Este sería el inicio para llegar a un acuerdo.
Sin embargo, yo le
quiero decir la verdad, tenemos que poner mucho cuidado en solicitudes como las
que ustedes hacen.
Muchas veces, se lo digo con toda sinceridad, los verdaderos intereses se nos
ocultan. Ha venido
gente, que nos ha pedido permiso para ver unas plantas, pero lo que menos les
importa son las plantas.
En realidad, vienen a ver qué recursos nos encuentran, qué más nos pueden quitar
y yo me pregunto:
¿Es que acaso no nos han quitado, siglo a siglo, lo suficiente?".
Todo lo anterior lo debemos tener muy presente y, por eso, tenemos
que ser muy
cuidadosos y celosos de nuestras cosas. Incluso nuestra cultura ha sido
utilizada por personas
foráneas, por eso, cuando nos piden información nos negamos, mantenemos nuestras
reservas, hasta
que no tengamos claras las intenciones.
Es la primera vez que a nuestra comunidad vienen personas con la
mentalidad de
ustedes. En nosotros ha surgido la desconfianza, porque hemos sido muy
explotados y engañados.
Cuando nos damos cuenta, ya todo ha sido decidido en San José, y resulta que
nunca han llegado a las
comunidades indígenas a solicitar permiso o a comunicarse con la Asociación, o
con un grupo de
trabajo, cuando vienen ya traen un documento que da órdenes. Por eso es que
nos encuentra así, a la
defensiva. Ahora nuestra idea es, nuestra política es, que nosotros demos la
pauta, que nosotros
tomemos las decisiones, y, digamos como nos gusta. Pero, en realidad, a
nosotros nos viene todo
hecho, y eso no lo podemos aceptar.
Para contestarles a ustedes, tenemos que reunirnos todos, para tomar
un acuerdo.
No quiero que mi pueblo me acuse de no consultar, de andar diciendo, de
venderlos. Por eso es mejor
hablar con todos y tomar un acuerdo. Hay diferentes grupos y asociaciones,
todas tienen contacto
entre sí, primero está la que consideramos nuestro "gobierno local" y después
las otras, todas son
importantes.Para nosotros, lo que se haga debe beneficiar a la comunidad, no
tenemos interés en lo
que no beneficie. Entre nosotros hay quienes conocemos de verdad. Antes, cuando
ocurrió lo que ya
pasó, lo que ya no podremos vivir, era muy distinto; habían caciques, pero,
después del último que
murió, nunca más hubo otro cacique y todo ha ido cambiando, incluso algunas
personas no saben
hablar bribri aunque son nativos de aquí. La juventud de hoy día, no conoce lo
que los anteriores
usaban. Pero los mayores, los que conocemos, lo contamos muchas veces, varias
veces para que se
entienda como fue. Nosotros los indígenas ¿cómo vamos a dejar nuestra historia,
la historia pura de
nosotros?. Debemos saber y respetar lo que en al principio dejó el Señor. Si
nosotros lo olvidamos,
no nos quedará nada, dejaremos perdida nuestra cultura. Nuestra cultura antes
era diferente, más dura,
más fuerte, se tenían que observar muchos requisitos.
Nadie, hasta el momento, puede decir con certeza cuántos años
tenemos los bribris
de vivir aquí. Nosotros tenemos un proyecto para construir una casa, un Centro
Cultural Histórico,
que venga a renovar el valor de nuestra cultura indígena. Sabemos que tenemos
nuestra historia, que
nuestro pasado es importante; sin embargo, a pesar de que nuestros padres nos
hablaron bastante de
nuestros antepasados, nuestros abuelos, desconocemos los detalles de la historia
de Talamanca.
Cuando uno conoce algo de esa historia se siente orgulloso de su raza cuando se
desconoce (lo que le
pasa a la mayoría) es doloroso ver que los indígenas no quieren pertenecer a su
grupo racial. Les han
hecho sentirse vacíos, pues no les han dejado nada, o, muy poco.
Pero, deben ustedes saber que nosotros no consideramos que todo lo
que ustedes
buscan es parte de nuestra historia, no, todo no. Dios hizo eso o quizás a
otros, antes de nacer
nosotros, antes de que nacieran los bribris, en ese tiempo no había nada, en ese
tiempo Dios lo hizo, y
lo dejó ahí, y, después cuando nosotros nacimos, cuando estamos trabajando la
tierra encontramos
esas cosas, pero, están dentro de la tierra guardadas, reservadas".
Nuestro interlocutor, guardó silencio después de su últimas palabras, como
si con ellas él
quisiera mantener para siempre esas cosas donde se dejaron, donde se guardaron,
donde se
reservaron.
Era tiempo de irnos, y, haciendo uso de las pocas palabras que conozco en
bribri, me despedí
en su idioma; la lluvia y la vegetación talamanqueña nos impactaron al salir.
Después de caminar un
tiempo y reponernos del susto que nos da una culebra que, a una distancia de un
paso nuestro, se
escabulle rápidamente en la vegetación recordé que no sabíamos el nombre de
quien habíamos
aprendido tantas cosas, se lo pregunté a mis compañeros. Uno de ellos, bribri
de nacimiento, me lo
dijo, su nombre era: Siwa' Káiaiá. Como es de suponer quisimos
saber el
significado de esas palabras nuestro amigo nos dijo que Siwa' se entiende como
el viento de la
historia, todo lo que cuentan los awa' acerca de la creación o respecto a Sibö,
a la creación de la tierra,
a la creación de los bribris y cabecares, de los seres que existieron antes,
seres malignos, enemigos de
los bribris por nacer: los Sorkula.
Káiaiá significa tiempo muy atrás, tiempo remoto, pero tiempo
concreto.
Por los caminos del territorio bribri de Talamanca, tuve tiempo de seguir
consultando a mis
compañeros de viaje, ambos con mucha experiencia en la cultura bribri. De
nuestra conversación
saqué en claro que un arqueólogo no es una persona que se entienda fácilmente
entre los bribris, pues
las cosas que pertenecieron a los muertos están cargadas de un poder especial,
muy fuerte, que puede
tener consecuencias negativas, esas cosas son bukulu y en el caso más
leve ña.
Por otro lado, desenterrar lo que está reservado, las cosas de los Sorkula,
seres malignos opuestos a la
creación de los bribris, no parece ser un oficio ni agradable ni positivo.
Terminamos el camino en silencio, por mi cabeza pasaron lecturas,
experiencias y las
enseñanzas de mis maestros. Era obvio que mi concepto de historia no era el
mismo que el de los
bribris. Al fin y al cabo la historia briri ya era conocida por ellos, y les
daba sustento todos los días,
esa historia era Siwa', todo lo demás había ocurrido gracias a ella.
Decidí tratar de entender
mejor el tema, una vez de regreso, investigando al respecto. El resultado de
mis consultas lo presento
a continuación.
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE TIEMPO E HISTORIA EN EL MUNDO
BRIBRI:
Podemos partir del hecho de que la historia bribri, es la historia de
todos los tiempos, es la
historia de la creación de los bribris y de lo que ocurrió antes de eso. Es
una historia completa, cuya
importancia radica en su presencia continua, pues, al fin y al cabo, es el marco
en el que se puede
explicar todo. Además, lo que se dio en un tiempo, por su carácter de
fenómeno esencial, se sigue
repitiendo continuamente, a lo que contribuyen los rituales. Por ejemplo, el
baile indígena conocido
como el sorbón repite el momento de la creación del mundo. Es una historia
que, como su nombre lo
indica: Siwà (el viento), está siempre en todo momento y en todas
partes, es capaz de
moverse y se ha movido en todas direcciones.
Diferentes seres aparecen antes de la creación de los bribris, las
historias sagradas lo ubican a
uno a este respecto, permitiéndonos entender esas cosas y esos otros que Dios
hizo antes de crear a los
bribris y que dejó "en la tierra, guardados, reservados".
En la historia de los Sorbulu, aprendemos:
"Así fue al principio.
..., cuando Sibökömo nació, entonces nació allá abajo y fue
el primer ser; cuando
apareció en ese mundo, no había gente nada había, nada.
Solamente había Sòrbulus,.................... .....
............................................ .....".
Los Sòrbulus son seres negativos para los humanos:
"... Allá enviaré a la gente de la gripe antes que (aparezcan los
humanos); pues sino, estos no
aumentarían. ............................ ..... ....
................................................ ... ... Cuando Sibö nació el
gallo
cantó: Kotereuuu... Los Sòrbulus lo sabían... A un Sòrbulu que estaba ahí no
le gustó para nada:
(Sibö ha nacido; vamos a buscarlo para matarlo..."
A Sibö lo maltrataron por nosotros, ellos querían matarnos a nosotros.
Sòrbulu no quería a
Sibö, Tcho'dawe no lo quería tampoco, Kòbala no lo quería,
Bulúmia
no lo quería, Shulàkma no lo quería, Kapágalo no lo quería, a nosotros nos
quería, ..."
¿Quién nos quiere? Solo Sibö nos quiere...
Por eso antes los mayores se hacían sukias..., aprendían los cantos para
curar a la gente.
Se informaban bien, todo estaba bien establecido, por eso Sibö es para
nosotros, los indígenas, nuestro rey..."
(Cfr. Jara 1993).
En la actualidad, los Bribris no necesariamente aceptan que los restos
culturales materiales, los restos
arqueológicos, estén relacionados con ellos. Nuestras entrevistas, nos indican
que los chamanes consideran esos restos
como anteriores a los Bribris y, por lo tanto, dejados por los seres diferentes
a ellos, por ejemplo los Sórbulus. Por ser
estos de carácter negativo para los humanos, el trabajo con los restos; labor
propia de un arqueólogo, no sería adecuado,
pues, de alguna manera, se corre el riesgo de "mover" esa "negatividad".
Un caso similar al de los Bribris, lo encontramos en la literatura
antropológica. Para los indígenas Navajos de
Norte América, el trabajo arqueológico en las minas de los Anasazi, representa
un grave peligro, pues, para la mayoría,
los Anasazi o Khis'ani (conocidos como indígenas Pueblo), llegaron a ser
enemigos de los Navajos. Sus asentamientos
antiguos siguen estando ocupados por los fantasmas de esos enemigos. Por lo
tanto, los trabajos arqueológicos pueden
producir la venganza de aquellos, siendo los Navajos los enemigos de los Anasazi
el riesgo es sentido por ellos (Holt,
1983). Al respecto dice Harold Tso (1990:77):
"... Anasazi significa "restos del enemigo". De modo que cuando un
arqueólogo llega a la reservación
de los Navajos en busca de los restos de los pueblos enemigos, probablemente va
a desenterrar dichos enemigos en
contra del pueblo Navajo".
Entre los Bribris ocurre, igual que entre los Navajos, que algunos pocos
aceptan a los restos arqueológicos,
como elementos relacionados con sus ancestros o su pasado, (Holt 1983:595).
Pero, aunque la relación de los restos no
sea con sus enemigos, perturbarlos se considera negativo. En el caso delos
Bribris:
"Las pertenencias del fallecido se tratan con el mayor cuidado,
porque los indígenas creen que morirán
si tocan o disponen de esa propiedad (Angulo 1913, citado por Bozzoli
1979:110).
Para los Bribris los muertos y sus pertenencias están cargados de una
suerte de "suciedad peligrosa", la que es
más temida, como nos explica Bozzoli, si es de los propios Bribris, a ésta se le
llama /ña/ (1979:140).
Es necesario que volvamos, ahora, a la concepción de historia que
encontramos en los Bribris. La existencia de
los /Sorbolu/ y el nacimiento de los Bribris tiene lugar en el marco de lo que
Mircea Eliade llama "la regeneración
continua del tiempo" (1974:73), un tiempo ahistórico, un tiempo en el que se
deja atrás lo cotidiano, sin permitir que este
se convierta en historia. Lo cotidiano, es un tiempo biológico lleno de
eventos personales, cargados en última instancia
de "pecados", los cuales no conviene recolectar a modo de historia. A este
tiempo "cotidiano", se opone uno arquetípico,
la repetición continua de los arquetipos primordiales, donde el cosmos y el
hombre se regeneran incensantemente,
destruyéndose el pasado "cotidiano" y eliminándose así los demonios y los
pecados; al repetirse ritualmente, el acto
cosmológico primordial. Se da paso así a una estructura cíclica del tiempo, un
eterno retorno. La realidad no se
contamina ni con el tiempo profano, ni con la necesidad de lograr algo nuevo en
él.
El tiempo se tolera como una dimensión más de la existencia, pero no se
convierte en parte constitutiva del
nosotros, no tiene importancia para ser verdaderamente, esto se logra respetando
y repitiendo el comportamiento de los
seres y eventos primordiales o arquetípicos, los únicos capaces de sobrepasar
los epifenómenos, la irrealidad. Se trata de
una ontología particular, diferente a la nuestra, que no desea separarse nunca
del verdadero ser (esta concepción cíclica
del tiempo la hemos tomado de Eliade, 1974; cfr: pp:73-92).
Hemos presentado una posición ahistórica del tiempo; sin embargo, la
ambivalencia que se presenta entre lo
que hemos llamado el tiempo ordinario y el tiempo arquetípico merece mayor
discusión. Para entenderla mejor y no
quedar en una separación extrema y mecánica del fenómeno, conviene ampliar
nuestra revisión del tema.
De acuerdo con E. Jacques (1984:64). "El tiempo es una construcción
conceptual única, unívoca, y se aplica
por igual al universo físico percibido, imaginando al mundo exterior y al
interior, subjetivo u objetivo". Si bien el autor
acepta sólo una clase de tiempo, nos señala la existencia posible de "muchos
subdominios", los que dependen de la
experiencia que se tenga (Ibid:65).
De acuerdo a la experiencia de los seres humanos, puede enfatizarse un
subdominio u otro del tiempo.
Sobresalen aquí dos ideas, la de cronos y la de kairos, en la
primera se enfatiza una concepción
cronológica serial, la idea del paso de un estadio a otro. Por otro lado, al
segundo término contiene un predominio del
sentimiento más humano y cíclico del tiempo. Un tiempo de la oportunidad, de
la consumación humana. Se trata, pues,
de que en el mismo tiempo se organizan tipos diferentes de sucesos y de
experiencias. Experiencia que debe entenderse
como: consciente, y que en el juego de cada una de ellas se crea una imagen
particular del mundo. Moviéndose, el ser
humano, y organizando su experiencia en dos ejes o dimensiones temporales
distintas: el de la sucesión, de la
reconstrucción histórica de lo anterior y lo posterior, por un lado, y el eje de
la intención, de la simultaneidad de pasado-
presente-futuro, por el otro". Siendo cronos y kairos formas de
referirse a las dos coordenadas
temporales en cuestión: el eje temporal de la sucesión (ts) y el eje temporal
de la intención (ti) (cfr. E. Jacques 1984). El
tiempo, como simple sucesión de episodios o hechos, da paso así al tiempo visto
desde otras facetas del ser humano: "la
intención e intuición, el deseo, el recuerdo y la percepción que se combinan
para crear un campo de pasado-presente-
futuro que se desplaza con continuidad". De alguna manera es la estaticidad de
la continuidad, donde el fenómeno que
se piensa es más importante que la continuidad misma, más importante que la
historia pues fue-es y será.
Al carácter bidimensional de una única idea de tiempo, de la que se nutren
todos los seres humanos, queremos
agregar la intencionalidad del usuario, el uso que se hace del concepto tiempo.
Dentro de la bidimensionalidad discutida:
cronos o kairos, el ser humano puede escoger o privilegiar una u
otra según el interés o la intención
en el uso del concepto. Este punto lo discutiremos desde la experiencia de
diferentes científicos sociales al analizar la
manera en que culturas (sociedades) distintas manejan el tiempo (Bloch 1977;
Howel 1981; Appadurai 1981; Peel 1984).
Al terminar esta nueva clarificación sobre el tiempo, estaremos en disposición
de pronunciarnos sobre el concepto de
historia y, por lo tanto, de tiempo, que concluimos de lo que hemos tratado de
aprender de los Bribris.
Bloch (1977:282) nos dice que el examen de los conceptos de tiempo en
culturas diferentes, termina siempre en
dos nociones de tiempo. Uno linear y similar a nuestra concepción de tiempo
continuo y duracional, y, por otro lado,
una concepción estática o cíclica. El mismo autor argumenta que si existieran
nociones diferentes de tiempo entre las
distintas culturas, la comunicación entre ellas sería imposible. Las semejanzas
en la lógica fundamental que se emplea
en la sintaxis de los diferentes lenguajes, implica una noción de temporalidad y
secuencia compartida, indicando una
manera similar de aprender el tiempo (Ibid: 283). Rechaza, así, los alegatos
de Geertz (1973) de que los Balineses
tengan un concepto de tiempo diferente; al que califica de una noción de tiempo
no-duracional. Después de este rechazo,
Bloch afirma que "algunas veces y en algunos contextos lo tienen, algunas veces
y en otros contextos no lo tienen". Es
decir, en un momento se usa una noción y en otro otra. Así vemos que el tiempo
estático o cíclico se usa en y para fines
rituales y por lo tanto religiosos. Mientras que la noción (dimensión)
duracional se usa para las actividades prácticas, por
ejemplo: la agricultura.
Nosotros creemos que esta visualización del problema por parte de Bloch,
se enmarca muy bien en la
bidimensionalidad del tiempo que nos propone E. Jacques, un único tiempo que
permite moverse en sus dos
dimensiones. Permite un tiempo medible, linear, duracional, así como un tiempo
"estático" o cíclico donde encontramos
la presencia del pasado en el presente y su continuidad en el futuro. Los
sistemas cognoscitivos del mundo por parte de
la mente humana, se mueven en esas dos dimensiones temporales, donde ciertas
teofanías parecen detener el tiempo, la
llave para ser capaces de percibir su movimiento, está en la capacidad de contar
con las claves de esa teofonía, única
manera en que de "forma estática-duracional" y por el poder del ciclo, nos
movemos desde el pasado al presente y al
futuro.
Estamos de acuerdo con Bloch (1977:285) cuando critica a algunos
antropólogos por privilegiar sólo unas de
las nociones de tiempo, la más exótica. Sin embargo, nos parece necesario
señalar con E. Jacques que se trata de una
sola noción de tiempo, pero de el privilegio, escogencia o uso de una u otra de
sus dimensiones. Lo que, de alguna
manera se refuerza en los argumentos de Howe (1981) al refutar a Bloch.
Es la mente humana la que se ubica en una o en otra de las dimesiones
temporales. Estamos ante la creación
del tiempo en la medida que lo pensamos, enfatizando una u otra de su
dimensiones.
La relación que Howe (1981:223) señala entre "tiempo" y "duración", puede,
a nuestro juicio explicarse con la
"forma bidimensional" del tiempo propuesta por E. Jacques. El concepto "tiempo"
implica "duración", aunque ésta no lo
agota. Pero, agregaríamos que, en un momento dado, la duración se desea
resaltar y, en otro, ésta, de alguna manera, se
subordina a la naturaleza de los fenómenos que se valoran y se esperan,
fenómenos que sirven de marco e incluso de
explicación a los que ocurren en el paso (duración) del tiempo. Howe (1981:231)
dice:
"Pero, los Balineses serían los primeros en admitir que, cuando un
ciclo termina no regresa al mismo
punto temporal; regresa, esto es una cosa muy diferente, al mismo punto
lógico".
El tiempo deja de ser un fenómeno pasivo en el que simplemente ocurren las
cosas, para adquirir un carácter
activo, el uso del "tiempo correcto" puede ser la diferencia entre el éxito y el
fracaso.
Hemos señalado ya que es importante tomar en cuenta, para entender los
problemas relacionados con el uso del
concepto tiempo, la intencionalidad del usuario, el uso y propósitos que tiene,
en un momento dado, el manejo del
concepto. Encontramos un paralelo en lo que comenta Appadurai (1981:202-
203):
"El argumento está antes que nada, relacionado con lo que Cohen y
Comaroff (1976) han llamado
recientemente 'la administración de el significado'. Por éste ellos entienden
el proceso competitivo por medio del cual
los valores se definen, se logran las imágenes de las transacciones, y las
interpretaciones de una situación se imponen
exitosamente por parte de un grupo sobre otros" (mi traducción).
Appadurai, considera que las culturas tienen un conjunto de normas, con el
único propósito de regular el debate
del pasado en el presente. Estas permiten una negociación simbólica ordenada,
entre los pasados "rivales" y las
contingencias del presente. Los términos de la negociación son culturalmente
variables (cfr. Appadurai 1981:218).
Asume así el pasado el carácter de recurso cultural finito.
Peel (1971) nos discute el fenómeno desde su estudio de los Ijesha un
grupo de Nigeria, Africa. En esta
sociedad, el tiempo tiene un carácter cíclico, linear y estático (relacionado
con Kairos), variables que, como
podríamos esperar, están estrechamente interrelacionadas, aunque, eso sí, tienen
diferentes funciones. De tal manera que
el pasado es de gran importancia en la política, tanto moderna como tradicional.
Es necesario mantener un sentido de
identidad que mueva a la integración, un sentido de futuro conjunto que parte de
un pasado compartido; un sentido de
"continuidad a pesar del cambio".
Así las cosas, podemos decir que el tiempo es un fenómeno unívoco, de
carácter bidimensional: el
cronos o duración y el kairos o relevancia que sobrepasa la
dimensión de movimiento lineal, para
introducir la importancia de momentos arquetípicos que tienden a estar presentes
desde una lógica del movimiento
cíclico, permitiendo valorar el ahora por el ayer, siempre que este garantice el
mañana de una colectividad con identidad
propia. En una sociedad presionada a cambiar por la subordinación a otras
sociedades, la "administración del
significado" del tiempo, será una manera de defender o garantizar la continuidad
del grupo. De alguna forma renunciar a
su tiempo es aceptar el cambio absoluto, la disolución de lo propio, el fin de
los tiempos.
C O N C L U S I O N E S
Los resultados de nuestra consulta, a los Bribris de la Baja Talamanca,
sobre la arqueología y la práctica de la
arqueología en sus territorios, nos lleva a pensar sobre la función social de la
disciplina, recordándonos la afirmación de
Trigger (1984) de que la arquelogía ha sido y puede ser nacionalista,
colonialista o imperialista. Es decir, también en ella
se da la "administración del significado". La arqueología es una ciencia
occidental, supeditada a la imagen que ésta tiene
de sí misma. Siguiendo a Elias en Solís, González y Pérez (1992:23):
"Civilización es simplemente el concepto con
que los hombres de Occidente describen el proceso de hacerse 'occidentales
civilizados', valga decir, como ellos mismos
se autodefinen". Es decir "civilización no se refiere a una categoría ética-
valorativa; en ella no se distingue entre lo
bueno o lo peor". El proceso de expansión occidental, produce destrucción y
violencia (Ibid).
Aparentemente, las contradicciones que se generan entre las diferentes
sociedades que entran en el juego del
proceso civilizatorio de occidente, podríamos decir que permiten manejar, la
práctica y el significado de la arqueología,
en un sentido nacionalista o en un sentido colonialista o imperialista. El
pasado como recurso, cobra significados
diferentes en las sociedades americanas no occidentales. Los Bribris, en
sentido estricto, no necesitan de la historia de
Occidente, su pasado y, por lo tanto, ellos se rehúsan, todavía, a pasar a la
historia de Occidente. Explotación, historia y
arqueología cobran así un sentido relacionado.
Al tomar conciencia de todo esto, creemos conveniente recordar las
conclusiones de uno de nuestros apartados
anteriores. Para que la arquelogía no sea sólo de interés para los
"occidentales", será necesario aceptar la consulta a y el
involucramiento de otros pueblos y de otros intereses. Lo que significa poner,
por lo menos, parte del control de la
investigación en otras manos. Esto conlleva un cambio fundamental en la
disciplina, "la arqueología puede terminar
siendo una ciencia que sería más modesta y muy diferente de la ciencia que ha
sido hasta ahora en Occidente..." (Arnold
Krupat 1992:77, en Zimmerman 1995:67).
El primer paso puede ser la revisión de los aspectos éticos centrales de
la disciplina. Es necesario, tomar
conciencia de la "administración del significado" que hacemos de nuestra
práctica científica, para pasar a la búsqueda de
resultados enmarcados en una visión humanista amplia, donde el interés es el ser
humano el fenómeno humano en todas
sus dimensiones, sin privilegiar ningún pasado particular ni el futuro que
persiguen algunos pueblos, en oposición al de
otros.
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Vargas Arenas, Iraida y Sanoja Obediente, Mario
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Zimmerman, Larry
Como se desprende de estos principios, se preocupan más de señalar
aspectos que
regulen la arqueología tradicional que otra cosa. Tomemos dos ejemplos: Los
métodos y técnicas
arqueológicas, en el principio No. 4, se toman como un camino de una sola vía,
después del cual a los
"no arqueólos" no les corresponde más que recibir el resultado de las
interpretaciones arqueológicas;
es interesante señalar que el texto subraya a los Indígenas Americanos como
receptores del mensaje,
como uno de los grupos que debe ser educado.
La consulta de estos temas, de manera abierta se concluiría cuando la
entrevista se
considerara "saturada", es decir, que las respuestas empezaran a repetir sobre
los mismos puntos.
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