Cuad Cien Soc 88 (CCS)

CUADCIEN, 03/01/96, SOCIEDADES DE TERROR: GUERRILLAS Y CONTRAINSURGENCIA EN GUATEMALA Y EL PERÚ

Cuadernos de Ciencias Sociales

País/Country: Costa Rica

Programa Costa Rica; Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO)

Autor/Author: Dirk Kruijt*

Número/Number: 88

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 03/01/96


En tiempos de paz olvidamos fácilmente lo que hubo durante largos años de guerra. Es como si nuestra mente, estuviera, está acostumbrándose a los colores de camuflaje cuando la memoria nos hace reflexionar sobre los horrores del pasado reciente, sobre las sociedades de miedo, sobre las angustias de ayer. América Latina es el continente que en los años setenta y ochenta ha servido de arena para las llamadas "guerras de baja intensidad", las guerras civiles sin ser guerras, las campañas de terror de las guerrillas y de la contraterror de las fuerzas armadas. De aquellas guerras , Guatemala y el Perú han sufrido las más sangrientas, más amargas y más largas.

En ambos países, las "guerras revolucionarias" y las "guerras populares" han sido llevadas a cabo en las áreas remotas, rurales e indígenas del Quiché y del Petén en Guatemala, y en los departamentos de Ayacucho y de Junín en el Perú. Se justifica la interpretación de estas "guerras de baja intensidad" como guerras civiles étnicas, originadas en nombre de las etnias indígenas, incorporando cada vez mayores segmentos de la población indígena en las columnas de las guerrillas y en las organizaciones paramilitares de "autodefensa", y cuyo resultado ha sido, últimamente, un lento sacrificio de la población indígena. En ambos casos, los conflictos aparentaron y fueron explicados como conflic- tos locales, regionales, basados en la lucha de clases e interpretados en términos de ideologías clasistas. Sin embargo, a lo largo del tiempo adquirieron un significado nacional, con varios frentes de batalla rápidamente cambiándose, abriendo el campo para una lucha prolongada de baja intensidad y de dimensiones de etnocidio.

Mi análisis del caso guatemalteco y peruano empieza en los momentos que se ha paralizaron las "revoluciones militares" de Arbenz y de Velasco1. En ambos países fue durante el período de estos dos gobiernos de tinte nacionalista-izquierdista, los cuales trataron de ejecutar una reforma agraria y un programa de reformas económicas y sociales, para liquidar las bases económicas y políticas de las oligarquías nacionales dominantes, para integrar las etnias indígenas dentro del Estado-nación y para modernizar la economía, la sociedad y el orden político, construyendo un Estado fuerte y un sector público de desarrollo social competente con presencia en las regiones más remotas del territorio nacional. En los períodos restaurativos posteriores2, cuando la reforma agraria y las demás reformas se estancaron y se veían lentamente reducidas, cuando las esperanzas colectivas de una entera generación de campesinos indígenas habían sido frustradas y las clases trabajadoras urbanas habían sido desilusionadas, se empezó en Guatemala un movimiento guerrillero. En el Perú, las guerrillas de Sendero Luminoso se manifestaron en el mismo momento que se restableció el orden cívico- democrático, por los gobiernos que mandaron tras elecciones. En ambos países, los estamentos militares dedicaron la mayor parte de su tiempo para diseñar y ejecutar una estrategia "eficiente" de contrainsurgencia. Solamente cuando por fin incorporaron a las organizaciones paramilitares "voluntarias" de autodefensa -las llamadas patrullas de autodefensa civil en Guatemala y las rondas campesinas en el Perú- lograron adquirir la iniciativa estratégica. Sin embargo, las campañas contrainsurgentes -especialmente en el caso de Guatemala- conllevaron una destrucción nítida y salvaje del movimiento guerrillero y de sus supuestos aliados indígenas.

Durante casi todos los años de lucha guerrillera y de antiguerrilla, tanto en Guatemala como en el Perú fueron estigmatizados por un aislamiento político internacional. En ambos países, las campañas guerrilleras y de contrainsurgencia fueron llevadas a cabo en lugares lejanos y perdidos de miseria sórdida, donde el mundo exterior siempre es ancho y ajeno: las regiones inaccesibles e inhospitalarias del territorio, las tierras destinadas para la población indígena, sin mayor soporte o intervención extranjera, con armas ligeras y caseras, sin ninguna tecnología sofisticada. Las tierras indígenas fueron transformadas en territorios de la muerte.

El Perú: La guerra civil, Sendero Luminoso y los militares3.

La población indígena del Perú ha sido considerado, en general, como extremamente serena y con poca inclinación a la violencia armada. Sin embargo, han ocurrido en varias oportunidades períodos de rebelión y resistencia evidente4. La conquista española y las guerras civiles posteriores, fueron seguidas por campañas de guerrilla indígena de larga duración y de gran tenacidad en el siglo XVI. El movimiento rebelde de Tupac Amaru II a finales del siglo XVIII tuvo un impacto fuerte en la mayoría de las demás virreinatos y audiencias en la América Latina colonial. El último movimiento de rebelión de efecto significativo en el siglo XX, antes de Segunda Guerra Mundial, fue el movimiento de Rumi Maqui en 1914, un movimiento encabezado por un exmayor del ejército, que se expandió sobre ocho departamentos del país, antes de ser suprimido brutalmente por la tropa, mandada desde la capi- tal.

En los años sesenta, tres movimientos de guerrilleros "convencionales"5, encabezados por intelectuales de Lima funcionó sin mayor coordinación entre sí, tratando de empezar una "Revolución Popular y Campesina" en la sierra peruana. Las fuerzas armadas, cuyos servicios de inteligencia se habían infiltrado en los tres movimientos6, podían dominar a las fuerzas incipientes de la guerrilla en el Norte, el Centro y el Sur de la Sierra andina en campañas sorprendentemente breves y sin mayores víctimas, menor dentro de las filas del campesinado. Sin embargo, las campañas antisubversivas dejaron su huella en el cuerpo de oficiales que debían luchar contra adversarios que, a fin de cuentas, no podían considerar como enemigos. Se sentía que la guerrilla tenía una posibilidad de fuerte arraigo en la economía y sociedad fuertemente subdesarrollada del Perú. Que el sistema político había fallado y que sería una cuestión de tiempo que una nueva honda de guerrillera y de violencia destruyera al país7. El programa del "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas" del gobierno Velasco fue diseñado por un grupo de oficiales que habían desempeñado un papel preponderante durante las campañas antisub- versivas. De hecho, el programa de reformas de Velasco fue conceptualizado como un programa nacionalista de reformas y de estrategia de lucha contra la pobreza y el subdesarrollo, para prevenir otro movimiento guerrillero en un futuro cercano. Durante los años de Morales Bermúdez, la llamada "segunda fase" de la revolución militar, se estancó el programa reformista y se le reestructuró "hacia proporciones más realistas". Sin embargo, hay que concluir que durante los años benevolentes de Velasco y el período posterior más conservador y más dictatorial de Morales, el sector público estaba presente en todo el territorio nacional. Incluso la última reforma militar, a finales de los años setenta, se refería a la creación de ministerios regionales de desarrollo, establecidos en las ciudades capitales departamentales y encargados con el diseño, la financiación y la ejecución de proyectos de desarrollo regional y local en los áreas más subdesarrolladas del país.

En contraste con lo que ha ocurrió luego, hago solamente énfasis en los puntos fuertes del programa militar de "Reformas Estructurales": Crear una nación unificada a través de un Estado fuerte y prevenir las causas de la guerrilla por un "buen gobierno". Se trató de construir una economía "peruanizada" sólida mediante expropiaciones y nacionalizaciones; se gobernó a través de un sector público con autoridad y poder, instrumento con rasgos autoritarios y paternalistas. El sector público durante los años militares era una "estructura de comando" para decretar "el desa- rrollo nacional" y "la participación popular". El sector público de la revolución militar implementaba seguridad en las ciudades capitales y en provincias, provisionaba agua y desagüe en las barriadas urbanas, mandaba jueces de paz a las comunidades indígenas, arrancaba campañas nacionales de alfabetización, pagaba los salarios de las enfermeras provincianas, de los maestros en los barrios populares y supervigilaba a los promotores del desarrollo local en la costa, la sierra y la selva. Trataba a los sindicatos laborales con simpatía, a los pobres con compasión, a los comuneros con dignidad. El quechua era reconocido como segunda lengua oficial del país. Los oficiales del gobierno "re-organizaron a los ya organizados y organizaron los marginalizados,"8 en la creación de organizaciones de masa para el campesinado indígena, interviniendo notoriamente en la creación de una confederación nacional para el campesinado CNA, que en 1977 había unificado 160 ligas campesinas con 4.500 uniones locales y un total de 675.000 miembros. Ayudaron a la organización de "comunidades laborales" para trabajadores en la industria, el comercio, la minería y la pesquería. Organizaron gentes rurales marginadas en "organizaciones para el campesinado sin tierra" y unificaron los movimientos populares urbanos en asociaciones de "pobladores". El decenio militar de 1968 hasta 1980 era probablemente la única década extendida de este siglo, que el sector público se hizo sentir presente en las regiones más remotas, los pueblos más olvidados en el país.

La infraestructura para el desarrollo regional y local fuera de Lima y los valles de la costa se redujo considerablemente durante los primeros dos gobiernos civiles en la época post-militar: el de Belaúnde (1980-1985) y el de García (1985- 1990). Los gobiernos de estos dos presidentes, aunque diferentes en su estilo de manejo de la economía, la sociedad y el orden político, nunca tomaron en serio los efectos devastadores de Sendero Luminoso, cuyas actividades comenzaron a violentar la sierra a partir de los años ochenta. Delegaron la "lucha antiterrorista" primero a la policía, luego -con sentimientos ambiguos- a las fuerzas armadas. Eso significó, a lo largo, un retiro tácito del sector público regional y provinciano. Sendero Luminoso, de su parte, dirigía desde el inicio de sus campañas mucha energía en la destrucción de la infraestructura local del sector público regional y la intimidación de las autoridades locales de desarrollo o los representantes locales del Estado, de la policía local y de las universidades locales.

Sendero Luminoso9 emergió en la región de Ayacucho, lugar estigmatizado por las heridas de la pobreza, el analfabetismo, la explotación y el subdesarrollo. En esas tierras, la reforma agraria de Velasco fue detenida prematuramente. La ciudad de Ayacucho, durante siglos una pequeña ciudad capital de una región miserable de medianas haciendas y comunidades olvidadas, veía en los años cincuenta su vieja universidad colonial re- inaugurada. La universidad10 pudo atraer en sus primeros años un buen profesorado y cuerpo docente. Pero con el avance de los años, los exalumnos de aquella universidad provinciana tenían que competir en el mercado con los egresados de veinte, treinta y otras universidades regionales. La mayoría de los exalumnos, de origen indígena, regresaba a sus pueblos nativos. Al comienzo de los años sesenta un filósofo provinciano, Guzmán, llegó a Ayacucho para enseñar en la universidad y la escuela asociada para el magisterio de la secundaria. Una vez establecido en Ayacucho llegó a ser el líder indisputable de una sub-sub- escisión maoísta de lo que entonces fue el Partido Comunista del Perú11. Mientras el ala moscovita de la Izquierda nacional entró en alianza con el gobierno de Velasco y las diferentes ramificaciones neo-marxistas llegaron a participar -y con éxito- en las elecciones de los años ochenta, el liderazgo de Sendero Luminoso optó por el anonimato de una estructura celular clandestina al prepararse para una "guerra popular". Guzmán tomaba su tiempo para fortalecer su organización y adquirir raíces fuertes entre la población regional. El primer momento de manifestación pública fue brillante: la destrucción de las urnas electorales en la ciudad pueblerina de Chusci en Ayacucho en mayo de 1980, durante las elecciones para el primer presidente civil después de doce años de gobiernos militares, cuando el gobierno militar se sentía débil y los futuros lideres del gobierno civil en Lima eran todavía desconocidos12.

Sendero Luminoso maduró lentamente pero de manera estable durante los años relativamente prósperos de los gobiernos militares. Guzmán esperaba su tiempo durante quince años antes de lanzar su primera acción de guerrillera. El énfasis en una estructura celular de clandestinidad, de pureza ideológica, de proselitismo lento, de lealtad y devoción absoluta, y una moralidad estricta -una disciplina férrea impuesta por el líder carismático y casi-religioso- proveía al movimiento un ambiente protector natural que contribuyó, en los años siguientes a la impenetrabilidad del movimiento. Sendero Luminoso había buscado y encontrado una base popular relativamente estable. Iniciaba la "guerra popular" desde su región de origen.

Como ya he mencionado antes, hubo dos hechos que contribuyeron de manera considerable al desarrollo sostenido del movimiento en su primera fase abierta entre los años 1980 y 1982. Primero había el desinterés del gobierno de Belaúnde. El presidente -cuyo prestigio había sido destrozado por un equipo de militares que luego durante el decenio militar había desempeñado puestos de ministro- buscaba un Velasquista detrás de cada oficial en servicio activo y manifestaba desconfianza abierta frente al ejército y sobre todo al servicio de inteligencia. Belaúnde disminuyó la importancia de la guerrilla durante esos años en publico y en sesiones del gabinete, manifestando que se trataba de ladrones, de abigeo, de unos campesinos maltratados. Entonces, en vez de llamar al ejército regular, mandó a la policía de Lima para restablecer el orden. De tal modo el presidente indolente transformó la policía capitalina, no entrenada para una lucha antisubversiva, en el mayor proveedor de armas a Sendero Luminoso. Segundo, existía la estrategia y táctica del movimiento clandestino de matar en intimidar a los representantes locales de las autoridades públicas y de destruir toda la infraestructura local "superflua". De este modo adquirió rápidamente el monopolio virtual sobre el poder, la violencia y la legalidad en la región de Ayacucho y los departamentos vecinos.

Hay otros dos factores que explican la expansión del movimiento guerrillero entre 1982 y 1989, cuando Sendero Luminoso llegó a extender su poder -por lo menos nominalmente y en las horas de la noche- por buena parte de la sierra. Primero, hay que admitir que el movimiento llegó a establecer a partir de la segunda mitad de los años ochenta el control parcial sobre la región del Valle del Alto Huallaga, región productora del 60% de la coca del mundo. Diferentes agencias de los EEUU calculan un ingreso entre 30 y 100 millones de dólares anuales para el movimiento guerrillero13. Luego hay que mencionar el hecho que, incluso cuando después de diciembre de 1982, cuando el gobierno, por fin, mandó a las fuerzas armadas a la región ayacuchana y delegó mucho de sus responsabilidades político-militares al comando conjunto, no hubo un mínimo plan estratégico de acción inte- gral, el cual fue diseñado hasta el comienzo de los años noventa.

Los gobiernos civiles de Belaúnde y García no aceptaron considerar a las actividades de Sendero Luminoso como una amenaza a la seguridad nacional. Cuando el gobierno central pidió intervenciones militares, se optó en lo general por balas y más balas, por actividades militares netamente represivas, por operaciones antisubversivas indiscriminadas contra "el movimiento terrorista y sus aliados", en vez de optar por una combinación comprobada de desarrollo local bajo protección militar, de la creación de confianza y de contrainsurgencia militar táctica. El director del CAEM en los años ochenta, General Jarama, lo expresó de la siguiente manera14:

Con seguridad se lamía los dedos, se lamía los manos ante la oportunidad de encontrarse con esos hombres [Belaúnde, García, D.K.], mandando la policía en vez del ejército, no habiendo preparado nada (...)Por eso dije el otro día que, mientras que el señor Guzmán juega un partido de ajedrez, nosotros estamos jugando un partido de tenis, con otros uniformes, instrumentos, etc."

Sin ninguna duda, la ideología y las acciones de Sendero Luminoso eran atractivas para varias categorías de personas, sobre todo dentro de los jóvenes y los humildes. La élite partidaria estaba integrada por los hijos e hijas de las élites criollas provincianas. La mayoría de quienes originalmente ingresaron en las filas del movimiento, provinieron de la juventud urbana provinciana. Algunos llevaron clases en la universidad por algunos años; otros se salieron del sistema universitario. El reclutamiento de los miembros comunes y corrientes se dirigió sobre todo a los jóvenes y (relativamente) a los marginalizados, los indígenas, el campesinado y luego los pobladores de los pueblos jóvenes urbanos. Las columnas guerrilleras incluían cierta cantidad de jóvenes entre los 14 y 18 años y de mujeres15. El mensaje ideológico de Sendero Luminoso era el abracadabra crudo y simple de un movimiento crudo y simple en el medio ambiente crudo y desolado de campesinos y pobladores de barrios marginales extremamente pobres. Simbolizaba una justicia cruda y violenta, expresada, por ejemplo, por el ajusticiamiento selectivo de "gente mala". Se refería a una moralidad cruda y cruel, que por ejemplo implicaba las sentencias públicas de alcohólicos y de infieles. Implicaba una redistribución cruda y sin compasión, enfatizando la necesidad de pequeñas parcelas de tierras y lo mínimo necesario de ganado y comida para la sobrevivencia. Utilizaba una pedagogía cruda y repetitiva, enseñando lo básico necesario a la gente común, gente humilde y impresionable y con profundo respeto para profesores y apóstoles16. Sendero Luminoso utilizaba un vocabulario que variaba de región a región, de un aumento poblacional al otro. Incorporaba dulzura y coerción, aplicando gradualmente más y más terror y violencia17:

"Las células de formación teórico-práctico y de posterior acción político- militar, se denominan bases. Estas actúan concertadamente a nivel urbano y rural para las actividades de forma- ción(...) Las células urbanas reciben formación doctrinaria y militar (...) Las bases rurales son verdaderas escuelas militares en situ. Sus miembros reciben también preparación teórico- práctica con base al pensamiento-Gonzalo [de Guzmán, D.K.] y a las características de la zona, tanto desde el punto de vista topográfico como de los recursos económicos que posee la zona. Se hace una identificación de sus enemigos políticos y militares. Se les entrena en el uso de armas de corto y mediano alcance, se les capacita en el uso de la dinamita y bombas caceras. Se les inicia en acciones de espionaje y vigilancia, de proselitismo, y delegación y difusión del rumor que sobreva- lora su potencia para luego hacerles participar en operaciones bélicas y de terrorismo urbano. Para las acciones militares se constituyen grupos de 6-8 personas, donde el contacto es sólo a través de uno de sus miembros.

Las acciones urbanas se orientan a captar personal entre los centros educativos superiores (...) sin dejar de lado el reclutamiento de jóvenes y adolescentes de centros secundarios y técnicos a los cuales les atrae la perspectiva de tener poder y mando, de eliminar las injusticias sociales y económicas y transformar, en definitiva, la sociedad existente que no ofrece posibilidades de futuro personal o profesional, para lograr ascender al poder y al cambio social revolucionario, para lo cual es necesario constituir células de acción directa. Las acciones se dirigen en idéntica dirección, es decir, a constituir bases operacionales político-militares en donde ha sido aceptado su mensaje y donde han logrado colaboración o aquiescencia para sus propósitos. Esto es, lograr atraer e involucrar a contingentes provenientes de diversos estratos sociales: estudiantes, profesores sin empleo, campesinos, jornaleros, etc.

El medio rural y, en menor medida, el urbano, presentan (...) un panorama de desestructuración conflictiva en los diferentes ámbitos socio-económicos, lo cual es propicio para la implementación y desarrollo de bases. En el medio rural se observa la casi desaparición de las empresas cooperativas, gracias a la parcelación y eliminación de la infraestructura de transformación (...) Las medianas propiedades son abandonadas por sus propietarios merced a la amenaza de Sendero, las comunidades son presionadas para cambiar sus directivas con personas obedientes, los pequeños propietarios son inducidos a pagar cuotas de apoyo. Los pequeños comer- ciantes son obligados a acatar las directivas de Sendero, pues, en caso contrario, corren peligro sus vidas y sus bienes. A los servicios técnicos de agricultura u otras entidades públicas se les impide actuar en el medio rural mediante la amenaza o la acción directa contra personas y bienes. Los servicios religiosos son controlados y previamente autorizados para atender a su feligresía.

El principio fundamental era establecer áreas de seguridad político- militar para luego controlar la producción y, con ello, el abastecimiento de los centros urbanos pequeños y grandes que permitirían posteriormente su estrangulación y fácil captura. En este sentido se procede de la manera siguiente:

= detección de los ámbitos de conflicto más intensos, entre directivos y socios, propietarios y asalariados, dueños de parcelas y campesinos sin tierra, o entre comuneros ricos y pobres;

= presencia militar para inclinar el conflicto favorablemente hacia grupos o per- sonas que son accesibles o simpatizantes de Sendero;

= apoyo armado al grupo pro-senderista y marginación progresiva de los oposito- res, lo cual es vigorizado por la repartición de tierras y animales a título gratuito, todo ello dentro de una reunión o Asamblea Popular vigilada u orientada por los mandos político-militares;

= incorporación de mitimaes, es decir, campesinos o militantes seguros traídos de otras zonas ya controladas, los cuales reciben tierras gratuitamente, a veces las mejores, y constituyen el núcleo político a partir del cual y con el cual se forman los cuadros militares en grupos de seis combatientes (...);

= transformación de una unidad agropecuaria o de la zona de implantación de una base de apoyo. En ésta se determina el tipo de producción, la cantidad a producirse (...) y la reglamentación de la actividad productiva, la vida social y política (...);

= consolidación de la base. Al momento en que una base se encuentra bajo su control y cuenta con su propio aparato político-militar, se considera que se encuentra suficientemente consolidada como para contar con ella para futuras acciones o para resistir la acción de fuerzas externas (...).

Estos eran los procedimientos típicos en las provincias. Con la extensión de Sendero Luminoso a las áreas metropolitanas de Arequipa, Trujillo y Lima, los ingredientes del cóctel de persuasión y de terror cambiaron. Las primeras áreas urbanos de infiltración fueron las barriadas urbanas y los cordones industriales. La primera categoría de personas intimidadas fueron los líderes independientes y los líderes laborales, los líderes de los movimientos poblacionales, alcaldes y administradores locales, y los directores de organizaciones de desarrollo local. Unas veces fueron "convencidos" de salir, otras se estableció un "tribunal popular" para condenar a los representantes persistentes y eliminarlos con dinamita, tras un juicio popular. Habiendo obtenido un liderazgo más manso y más cooperativo, Sendero Luminoso estableció luego sus "bases de entrenamiento", encabezadas por supervisores leales. A los oficiales del sector público, a los funcionarios de las ONG, a los abogados, a los médicos y periodistas se les visitaba en sus casas o en sus oficinas. Los "mil ojos y mil orejas" del movimiento eran -según los rumores- omnipresentes. Para demostrar su capacidad de control sobre la vida cotidiana, Sendero Luminoso organizaba periódicamente "huelgas armadas" en los áreas metropolitanas, aplicando castigos selectivos matando a taxistas y bodegueros no obedientes.

Sendero Luminoso -por lo menos hasta la captura de Guzmán- gozaba de un Comité Central político fuerte con un culto personal alrededor del líder sagrado y con un eslabonamiento directo con una red político-militar de comités regionales y zonales. La planificación militar y operativa se realizaba a nivel regional. Mucha de la flexibilidad y la perseverancia del movimiento puede ser atribuido a la descentralización regional y local. En general, Sendero Luminoso era fuerte donde el gobierno y sus instituciones -las fuerzas armadas, la policía, el sector público- eran débiles: en los pueblos remotos y miserables de la sierra y en los bolsones de pobreza urbana en las áreas metropolitanas. Durante los doce años de la "guerra popular" Sendero Luminoso operaba -en el sentido estrictamente militar- con gran cautela: de manera defensiva frente a las formaciones regulares de las fuerzas armadas, evitando contactos directos, operando únicamente mediante asaltos a pequeñas unidades aisladas.

Hasta finales de los años ochenta el movimiento seguía básicamente una estrategia poca complicada de asalto- cum-defensa, operando mediante una estructura ligera y suelta de "columnas militares".. Había poco rango, sin uniformes o estructuras complicadas de comando. Un comandante -entre ellos un número interesante de mujeres- controlaba una unidad pequeña y versátil, compuesta por leales, ideológicamente impecables y altamente motivados. Este núcleo -se estimaba generalmente que comprendía entre 3.000 hasta 7.000 personas en 1990/1992- era rodeado por simpatizantes locales y por novicios, reclutados en su mayoría en las áreas "liberadas" en los departamentos serranos y en las barriadas metropolitanas. Una estructura secundaria de soporte comprendía a una red de abogados, personal médico y paramédico, estudiantes y otras organizaciones de apoyo y simpatía, incluyendo una variedad peculiar de "representación diplomática" en países europeos y en EEUU. Cuando Sendero Luminoso trataba de expandir su arena de operaciones hacia Bolivia, Ecuador y Chile en 199218, tocaba en primera instan- cia la puerta de ONG y de médicos locales para simpatía y ayuda.

Durante los primeros años de la "guerra popular", la estrategia antisubversiva19 se basaba en algunas ideas bastante rudimentarias sobre la "guerra antiterrorista". Peor todavía, hasta diciembre de 1982, el gobierno central ni siquiera estaba interesado en una estrategia específica de contraguerrilla. Gorriti, autor con acceso tanto a las notas del Comité Central de Sendero Luminoso durante los primeros años de su actuación como a los informes confidenciales del gobierno en el mismo período, describe repetidamente incidentes casi invero- símiles20: micro-guerras burocráticas por el poder dentro de las fuerzas policiales; instrucciones para adquirir información sobre "asesores cubanos, chilenos, ecuatorianos y rusos"; el rechazo tajante de parte del Ministerio de Aviación de poner helicópteros a la disposición de las fuerzas policiales en Ayacucho; y la instrucción a los servicios de inteligencia de "utilizar al teléfono público" cuando tenía que hacer llamadas a la central.

Incluso después de diciembre de 1982, cuando la responsabilidad operativa de la lucha antisubversiva fue delegada hacia las fuerzas armadas, la situación no se cambió drásticamente. Belaúnde, con miedo y resentido por el ejército, debilitaba deliberadamente a la inteligencia militar, considerando el servicio como una fortaleza de los Velasquistas. Los militares entraron en la zona de Ayacucho sin estrategia formulada, sin saber que tipo de lucha antisubversiva habían que llevar a cabo. Obando Arbulú21 relata que la base conceptual para las campañas contra Sendero Luminoso durante todos los años ochenta consistía en dos manuales antisubversivos de las fuerzas armadas norteamericanas, traducidas al español en los años cincuenta. Los comandantes militares de las zonas de emergencia -primero Ayacucho y luego los demás departamentos de la sierra- actuaron de manera independiente dentro de su "territorios", sin mayor coordinación, en ausencia de un concepto estratégico compartido.

De hecho, la estrategia empíricamente establecida fue el uso indiscriminado de la fuerza militar contra la guerrilla y sus supuestos aliados, generalmente comuneros indígenas. A comienzos del año 1981 el gobierno central mandó a los Sinchis "para restaurar el orden público". Esta tropa antisubversiva especial, creada dentro de las fuerzas policiales explícitamente para contrarrestar a la violencia urbana,paros y huelgas, manifestaciones populares y, en general, desórdenes civiles, organizaron una orgía de diez días de matanza, violencia y violación en nombre del gobierno central, ofreciendo a Sendero Luminoso para los próximos años, una excusa confortable de excesos difícilmente a igualar. El General Huamán22, nombrado como jefe político-militar de la zona de emergencia de Ayacucho comenzó con una política de ganar la confianza de la población local:

"Cuando yo llegué a Ayacucho había toque de queda. O sea, que la gente a partir de las 10 de la noche, no podía moverse. ¿Para qué sirve? ¡Para nada! Pero, señor, hay toque de queda. Para nada. Si quieren bailar, bailan, cantan, tocan. ¿Cómo van a trabajar? Lo que de verdad falta es: confianza. Si yo doy confianza, seguridad y hacer bien, entonces, nos entendemos. Sólo así se puede caminar."

Huamán, sin embargo, pidió también fondos para proyectos de desarrollo local. El gobierno central decidió rechazar tal petición, reiterando de nuevo su solicitud para actividades sostenidas de combatir a la guerrilla y sus aliados. Cuando el jefe militar en Ayacucho criticaba esta respuesta, fue cambiado por otro comandante quien rápidamente regresó a la política "normal" de destrucción en grande y de "desaparición" de sospechosos23:

"Bueno, le dije al gobierno, en privado primero, y en público después, de que no se va a resolver el problema con balas. Que los campesinos son igualito tan gente que cualquiera que está en Lima como ministro, presidente, parlamentario, juez, vocal supremo. Igualitos somos. Entonces, lo que hacen los de la ciudad, los gobernantes, lo que ellos quisieran es gozar en la ciudad, de gozar, pues, de los dólares que se originan en el campo, en las minas, en los socavones (...)"

Un tratamiento similar recibió el general Arciniega, nombrado comandante general del Alto Huallaga y tratando de ganar la confianza de los cocaleros locales, controlados por Sendero Luminoso. Acusado por la DEA como traficante de drogas, tuvo que renunciar a su cargo. Unos meses después, el movimiento guerrillero adquirió de nuevo un control considerable sobre la zona del Alto Huallaga.

La estrategia antisubversiva de los años ochenta, de violencia indiscriminada y dura hacia la "población sunversiva"24, creó a lo largo del tiempo una ambigüedad política: la población, quizás no atraída por Sendero Luminoso sino bajo amenaza y violencia, tampoco se inclinaba hacia el gobierno o las fuerzas militares. Pero a finales de los años ochenta el movimiento guerrillero empezó a alienar más a la población indígena. Tratando de impedir los flujos comerciales y alimenticios a Lima y otros áreas metropolitanos, comenzó a prohibir la venta de <MI>surpluses<D> locales, dando "ejemplos castigadores" a los líderes y a los comuneros, aumentando gradualmente la violencia represiva. Sendero Luminoso terminó de ser considerado en muchas partes como el demonio, el anticristo, el temible ñakaq25.

He aquí, en retrospectiva, el punto clave de cambio en la guerra civil. La animosidad generalizada hacia Sendero Luminoso animaba al campesinado a organizarse -o dejarse organizar por las fuerzas armadas- en organizaciones de autodefensa, comités de autodefensa civil o rondas campesinas26. Estas instituciones emergieron espontáneamente en los años setenta en las regiones norteñas, como consecuencia de la Reforma Agraria de Velasco. Desde el comienzo de los años ochenta comenzaron a actuar como organizaciones de autodefensa civil, básicamente defendiendo derechos de tierras y actuando como autoridad local de justicia. Durante algunas elecciones, tanto la Izquierda como el APRA se disputaban el control político sobre las rondas. Al proliferarse la guerra, se multiplicó el sistema de las rondas campesinas sobre toda la sierra. Con la ausencia de otras instituciones del sector público, los líderes ronderos solicitaron armas al gobierno. Pensando originalmente en milicias rurales el gobierno de García empezó a distribuir viejos fusiles.

Paralelamente los comandantes regionales comenzaron a acercarse a los líderes ronderos, tratando de organizar las rondas bajo el control castrense regional. Si bien significó que ahora el ejército en vez de Sendero Luminoso llegó a controlar a las comunidades locales, el cambio fue considerado como algo positivo: Sendero Luminoso había actuado como "institución totalizante", interfiriendo en casi todos los aspectos de la vida diaria local y ejerciendo una hegemonía totalizadora sobre las comunidades serranas. Las fuerzas armadas, al otro lado requerían básicamente las visitas semanales a los cuarteles y la vigilancia en las patrullas comunales; sin embargo, no interferían en la vida cotidiana de la población27.

Un novicio político, Alberto Fujimori, fue el ganador de las elecciones presidenciales del año 1990. Fujimori, siendo elegido sin un plan de gobierno, un listado de futuros ministros y sin aliados políticos, buscaba establecer alianzas. Por supuesto fue cordialmente recibido en el Círculo Militar durante el período de transición y la primera semana de su presidencia. Allí la inteligencia militar le hizo <MI>briefings<D> extensivos sobre estrategia y táctica antisubversiva y derechos humanos, estrategias de desarrollo y prioridades económicas y políticas a largo plazo. Su guía y mentor político de los primeros años, Vladimiro Montesinos, fue nombrado presidente del nuevo "consejo Estratégico del Estado", actuando de tal modo como el virtual jefe del sistema de inteligencia nacional. Una de las primeras decisiones del nuevo gobierno era reconocer a las rondas campesinas como la rama semi-institucionalizada de las fuerzas armadas peruanas. En el día de la independencia de 1991, marcharon ronderos campesinos armados junto con tropas representando al ejército, la marina y la aviación. Desde este momento, las rondas fueron gradual- mente más influidas y subordinadas bajo los mandos militares regionales. En 1992 fue difundido un decreto legislativo reconociendo legalmente los Comités de Autodefensa. A mediados del año 1994, el Perú contaba con 5.750 rondas con 400.000 ronderos28.

Sendero Luminoso había perdido desde el comienzo de los años noventa la iniciativa estratégica en la sierra. Guzmán, aparentemente percibiendo que estaba perdiendo control, decidió concentrar sus esfuerzos en Lima Metropolitana. Desde luego, Sendero Luminoso trató de rodear y de penetrar en Lima, haciendo su presencia visible en las barriadas capitalinas y distribuyendo tierras y animales en alguno de los valles costeños. Sin embargo, el movimiento no logró penetrar fácilmente en los sindicatos laborales y las organizaciones industriales. Una ola de terror contra la Izquierda legal y los líderes de las organizaciones vecinales independientes, junto con una huelga armada que paralizó a la capital, alrededor del Día de la Independencia de 1992, contribuyó al sentido generalizado de desmoralización. Pero de repente, el propio Guzmán y la mayoría de los miembros del Comité Central fueron arresta- dos. Después de la captura de Guzmán, el carácter y la intensidad de la guerra civil se ha cambiado de manera sustantiva. Del Comité Central, el 60% de sus miembros fue arrestado; en los primeros meses de 1994, solamente 9 de los 25 miembros fueron liberados29. Sin embargo, una parte considerable de la estructura militar a nivel regional ha quedado intacto: solamente el Comité Norte ha sido "neutralizado", mientras los otros cuatro quedaron por el momento íntegros. Lo mismo vale con respecto a los Comités zonales y subzonales. La estimación más precisa sobre el cual DINCOTE disponía en febrero de 1994, atribuía a Sendero Luminoso un número redondo de 3.000 guerrilleros, básicamente organizados en pequeñas columnas y células.

El arresto de Guzmán fue el resultado de una labor meticulosa de detectives de DINCOTE, una división especial de la policía para combatir al terrorismo, creada en los primeros años de la década de los ochenta. Cuando Fujimori llegó a ser presidente, DINCOTE decidió irse concentrando únicamente en los miembros de alto nivel de Sendero Luminoso. Este cambio formaba parte de una reorientación más global de la estrategia antisubversiva en su conjunto, iniciada en el año 1990. La estrategia nueva, preparada y puesta en marcha por los nuevos actores dentro del sistema de inteligencia militar y policial, atribuía mucho más importancia a las rondas campesinas. Los resultados llegaron a comprobarse. El nuevo sistema delegaba mucho más iniciativa a DINCOTE y al sistema militar de inteli- gencia. Y sobre todo, unía una dimensión política a la estrategia del gobierno30. El principio rector de la nueva doctrina antisubversiva era, tratar de ganar la simpatía y la confianza de la población, procurando programas de desarrollo local, dando protección local y restableciendo la ley y el orden a nivel local. La nueva estrategia y la nueva estructura de soporte -el sistema nacional unificado de inteligencia, el comando antisubversivo nacional unificado, la creación del Consejo de Defensa Nacional- resultó exitosa especialmente después del autogolpe de Fujimori a partir del 199231. Dentro de las fuerzas armadas se estimaba en 1995 que el finalizar de la lucha antisubversiva tomaría aún, quizás dos años. Sendero Luminoso, militarmente vencido a nivel nacional, se rompió en diferentes componentes político-militares32. Como fuerza de guerrilla nacional, ha perdido el significado nacional en 1993, a pesar que hasta en el año 1996 seguían eruptando brotes de violencia regional, debido a las actividades de columnas senderistas que operan bajo nuevos nombres.

Guatemala: La guerra permanente de baja intensidad

Cuando el presidente Eisenhower, el vicepresidente Nixon y el secretario del Estado Dulles en 1954 dieron autorización a la CIA para llevar a cabo un plan, llamado "Operación Exito" para derrotar al presidente constitucional de Guatemala, Jacobo Arbenz, no actuaron para defender los intereses de las etnias de Guatemala, ni en favor de la población nacional de dicho país. La decisión de sustituir la presidencia constitucional de Guatemala por un régimen encabezado por un títere militar virtualmente desconocido, de nombre Carlos Castillo Armas, fue tomada con miras a la defensa de los intereses de una compañía estadounidense, la United Fruit Company. Durante los primeros años de la década de los cincuenta, las tierras de la United Fruit corrieron el riesgo de ser expropiados bajo el régimen de la Reforma Agraria de Arbenz. Veinte años más tarde, la misma compañía vendió en 1972 todas sus pertenencias a la compañía Del Monte durante su -no tan exitoso- proceso de fusión con otro consorcio, United Brands.

Guillermo Toriello, embajador de Guatemala ante el gobierno de los Estados Unidos y canciller de Arbenz durante los últimos meses de su gobierno, relata en sus memorias33 la ignorancia abismal de los líderes estadounidenses sobre la situación guatemalteca. En vista de la prolongada serie de dictadores militares, presidentes "constitucionales" elegidos por votos fraudulentos y la guerra amarga de la guerrilla, iniciada unos pocos años después de caída de Arbenz y que desembarcara en una guerra civil que dividiría la nación durante más de cuatro décadas, la "Operación Exito" se hubiese renombrado "Operación Fracaso". Un gobierno que había dado esperanzas a las etnias indígenas, que había iniciado una Reforma Agraria urgentemente necesitada, que se había desempeñado aunque tímidamente en las regiones rurales remotas del país, había sido reemplazado por un régimen restaurativo, cuyo único mérito a largo plazo era la transición de "Guatemala a Guatepeor". Hasta el historiador "oficial" del golpe, Schneider34 ha concluido posteriormente35:

"Cuando el resultado de la intervención en 1954 a corto plazo era visto por el momento como éxito para los Estados Unidos durante la Guerra Fría, es gradualmente más difícil de considerarlo así en una perspectiva más amplia. De hecho, en la luz de lo que sucedería luego, hay razones para considerarlo justo un desastre."

Durante los años posteriores, el Departamento de Estado de los Estados Unidos se vería obligado a fortalecer el personal de su embajada con especialistas en asuntos de contra-insurgencia traídos desde Vietnam del Sur: se transfirieron 25 25 profesionales expertos en este oficio singular a Ciudad de Guatemala entre 1964 y 1974. Se inició la lucha guerrillera en Guatemala durante los años del gobierno del sucesor de Castillo Armas, el general Miguel Ydígoras, al comienzo de la década de los sesenta. Quedó claro desde el inicio que los agrupamientos más importantes de este tiempo reflejaron el pasado de la Revolución Guatemalteca (1944- 1954)36. Los tres comandantes guerrilleros más prestigiosos, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Turcios Lima y Carlos Paz Tejada habían sido oficiales del ejército guatemalteco; Paz Tejada había sido nombrado Ministro de Defensa por Arbenz.

Como varios autores han indicado37, el golpe contra Arbenz no solo había frustrado a la Izquierda, sino también a los sectores progresistas del ejército guatemalteco. La influencia de los Estados Unidos, mediante su Embajada y su Programa de Asistencia Militar y especialmente mediante la CIA y su uso no tan cubierto de las facilidades dentro del territorio guatemalteco durante los preparativos de lo que luego se conocerá como la Invasión de la Bahía de los Cochinos, causó irritaciones y hasta sentidos de frustración, dentro de las promociones más jóvenes de la Escuela Politécnica, la academia militar. El ejército, lentamente profesionalizándose desde los años cincuenta38, mantenía una relación nolens volens de combate con el movimiento incipiente de la guerrilla. La estrategia básica de lucha antisubversiva era declarar el estado de sitio, lanzar de vez en cuando campañas masivas pero de corta duración contra el movimiento guerrillero y reducir las intervenciones castrenses hacia el área disputada por combate en las regiones de Zacapa, Izabal y la Sierra de las Minas. La mayoría de los esfuerzos militares era orientada hacia el escenario político nacional.

Los estamentos militares se deshicieron en el año 1963 del presidente impopular Ydígoras y nombraron al Coronel Enrique Peralta Azurdia como Jefe de Estado; Peralta rechazó utilizar el título de presidente. Peralta trató de poner "su casa en orden"39: reorganizando el sector público, promulgando una nueva legislación electoral y laboral, estableciendo una nueva constitución y preparando elecciones para un gobierno civil en 1966. El Jefe de Estado militar, por supuesto era un anticomunista convencido, pero un político militar "apolítico", estaba sobre todo preocupado por erradicar la política partidaria y el clientelismo político dentro de las fuerzas armadas. Preocupado también por las profundas divisiones dentro de las filas castrenses a partir de 1954 e interesado en reforzar la unidad dentro de las fuerzas armadas, el Jefe de Estado tenía el punto de vista que la sobrevivencia del gobierno -militar por el momento, cívico-militar y cívico con hegemonía militar en las décadas por seguir- dependía de un precario equilibrio con el movimiento guerrillero. El gobierno de Peralta parecía contentarse con considera a los guerrilleros como "bandidos"; por lo que no hizo mayor esfuerzo para combatirlos.

De parte de la guerrilla tampoco hubo un interés cabal en llevar a cabo campañas inmensas; al contrario, parecía predominar en estos años el concepto de una guerra limitada. En el sentido militar, los ataques guerrilleros tenían solamente un significado local. Su liderazgo lo ejercían exoficiales de las fuerzas armadas, exestudiantes universitarias y exrepresentantes estudiantiles. Algunos de ellos solían asistir a sus cursos de la universidad durante los días de la semana y llevaron a cabo una "guerra del fin de semana" durante los días viernes, sábado y domingo. Los comandantes guerrilleros eran entrevistados con cierta regularidad por la prensa nacional; la población local de Zacapa y Chiquimula les sabía encontrar en los bares y restaurantes locales. Los guerrilleros comunes y corrientes eran reclutados de las áreas urbanas y en las ciudades regionales de menor categoría, mezclándose con los campesinos ladinos de las regiones sureñas y orientales. Yon Sosa y Turcios Lima seguían manteniendo contactos con sus anteriores compañeros de armas dentro del ejército, visitando sus compañeros de promoción de la Politécnica de manera privada en su casa, en un cine o en un restaurante40. Este comportamiento entre "oficiales y caballeros" se extendió hasta los honores para los difuntos, después de la muerte de Turcios Lima en un accidente automovilístico, cuando su féretro fue cargado por las calles de Ciudad de Guatemala durante la ceremonia del entierro, se detuvo delante de la Politécnica para recibir los honores y saludos de parte de sus compañeros de clase y los colegas oficiales.

Sin embargo, las campañas relativamente confortables -confortables en el sentido estrictamente castrense- de contraguerrilla durante los años ochenta tuvieron un resultado que condujo a consecuencias de gran importancia para en el orden social y político nacional: la creación de una "sociedad de miedo". Las instituciones militares, que utilizaron el peligro de un golpe comunista como un cómodo pretexto o a una semirealidad exagerada, comenzaron a monopolizar su fuerza institucional contra los demás segmentos organizados dentro de la sociedad civil, contra el sector público, contra los partidos políticos y los movimientos sociales, gradualmente produciendo y reproduciendo un régimen político cívico-militar de violencia y de represión.

La situación más "natural" para un nuevo gobierno, constitucional, por voto fraudulento o directamente impuesto, comenzó con una alianza entre los líderes políticos y los estamentos militares41. Como lo ha expresado un observador con ojo fino42:

"Llegó a tal punto que todos los partidos políticos comenzaron a buscar desesperadamente a un General que pudiese ser su candidato presidencial. Luego, cuando los estamentos militares superiores comenzaron a nombrar al sucesor militar del anterior presidente militar, se había ya creado un proceso opaco de fraude electoral. Hay que decir también que, últimamente, el daño directo quedó limitado al cuerpo de oficiales superiores: un militar ganó las elecciones, pero era a veces sustituido por otro oficiales con mejores credenciales dentro del ministerio de la defensa."

En el interior la arena política nacional se transformó, de tal modo, que la tradición ya existente del presidencialismo militar, se sustituyó por un paradigma de supervigilancia castrense sobre la sociedad y la política. De 1958 hasta 1985 el Jefe del Estado guatemalteco era un oficial del ejército; más aún, de 1970 hasta 1982 el presidente electo o nombrado era siempre sucedido por otro general quien había servido a su antecesor como Ministro de la Defensa. La única excepción aparente fue el período del gobierno civil de Julio César Méndez Montenegro (1966-1970); sin embargo, es en aquellos años cuando se estableció y consolidó la estructura de supervisión y de represión militar. Méndez Montenegro, procedente de una familia política de reputación moderada, incluso "socialista", tenía que probar sus credenciales patrióticas ante las fuerzas armadas. Al comienzo de su gobierno se le acercó una delegación del cuerpo de oficiales más jóvenes y progresistas dentro de las fuerzas armadas; también le solicitaron una cita los representantes de la vieja guardia, los coroneles virulentamente anticomunistas43. Decidió hacer un pacto con los viejos coroneles, una alianza que en términos guatemaltecos significa un pacto con el diablo. Desde mediados de los años sesenta hasta mediados de los ochenta llegó a ser la formula social y política en Guatemala una combinación comprobada de violencia, represión y miedo generalizado44.

Las fuerzas armadas -un ejército modesto45 con una marina y fuerza aérea de soporte muy pequeña, bajo el comando unificado del Jefe del Estado Mayor del ejército- expandieron su dominio hacia partes esenciales del sector público46. Hasta la fecha, el sector de inteligencia nacional es el privilegiado indisputable de las fuerzas armadas. Asistencia técnica en asuntos de inteligencia fue brindada mayoritariamente por agencias de los Estados Unidos; sin embargo, en los últimos años de los setenta, los israelíes entraron en el campo sensitivo de contra-inteligencia y procesamiento de datos47. La policía, por ejemplo, fue militarizada de manera avanzada, situación que no ha sufrido cambios mayores hasta la fecha. La policía está subordinada a los militares, no sólo a nivel nacional, sino llega a los niveles regionales y locales; la policía local tiene que coordinar detalles con el comandante local del ejército y depende por completo de la inteligencia militar en asuntos netamente policíacos48. La casa presidencial fue militarizada. Hasta la fecha, el Ministro de la Defensa nombra a un general del ejército como Jefe del Estado Mayor presidencial y jefe del cuerpo de asesores presidenciales. Desde 1986, los presidentes civiles Cerezo, Serrano y De León Carpio han recibido de sus asesores militares obligatorios extensos briefings en asuntos de seguridad nacional, estabilidad nacional y desarrollo a largo plazo, como son percibidos por las fuerzas armadas.

Una misión vital fue emprendida y consolidada dentro de los departamentos rurales de Guatemala. Con la prolongación del conflicto armado y su extensión hacia otros departamentos en los años setenta, las fuerzas armadas comenzaron a comportarse, primero de facto y luego de jure, como los únicos representantes legítimos del gobierno central en los departamentos. Fuera de los centros urbanos, el ejército y a veces la marina actuaba -y sigue actuando- como el sólo representante del Estado, con médicos y enfermeras del ejército, con dentistas del ejército, con veterinarios del ejército, con ingenieros del ejército, con abogados del ejército y con administradores del ejército. El eslabonamiento entre las funciones militares y civiles dentro de las regiones indígenas subdesarrolladas fue reforzado por otra misión militar de desarrollo "tradicional": los programas de "acción cívica"49, asesorados y financiados por la asistencia militar y civil para el desarrollo de parte de los Estados Unidos: programas de desarrollo local para la población civil, diseñados y ejecutados por las fuerzas armadas.

Sin embargo, el cambió institucional más violento y más dramático era la creación -parcialmente escondida y parcialmente abierta- de una maquinaria de control, persecución, opresión y matanza, aparentemente dirigida contra "la amenaza comunista de la guerrilla", pero de hecho expandida hacia todos los segmentos de la sociedad civil que quizás, un día, quisiese o pudiese apoyar a las fuerzas guerrilleras. Los militares extendieron, para adquirir mayor control directo sobre el campesinado y la población local, el papel de los comisionados militares, hasta este momento es un ejército de reserva en cada uno de los pueblos indígenas y en cada uno de los latifundios encargado en la previsión regular de las cuotas de conscriptos, y ahora transformados en los focos locales de redes de espionaje y de control, brindando información sobre las actividades militares y políticas de la población local al comandante regional del ejército. En algunas localidades el ejército comenzó experimentalmente con la formación y el entrenamiento de unidades locales paramilitares de milicianos campesinos50. Una red de oficiales paramilitares y parapoliciales fue formada para controlar y aterrorizar a la vez la estructura que se supone soporte a la guerrilla: los partidos políticos de la Izquierda -en Guatemala definida desde la derecha civilizada hasta la izquierda clandestina- , el movimiento laboral, el movimiento estudiantil, el liderazgo de los estudiantes de secundaria, el liderazgo de los movimientos urbanos de pobladores marginales, etc. El torturar, el desaparecer, el violentar, el masacrar fue percibido como medidas eficientes de estrategia de terror y detenimiento.

En el momento que Méndez Montenegro llegó al poder, tanto el gobierno como los militares estuvieron considerando como objetivo de prioridad nacional la eliminación total del movimiento guerrillero y también eficientemente su estructura de soporte. El resultado de una campaña contra- insurgente feroz, llamada "Operación Guatemala"51, era que el movimiento guerrillero pareció ser aplastado: algunos centenares de guerrilleros fueron asesinados, a costo de miles de campesinos muertos que eran inocentes y sus pueblos destruidos. El coronel Carlos Arana, comandante de la campaña exitosa antisubversiva en Zacapa y en las regiones orientales, fue promovido a general y mandado de embajador de Guatemala ante el gobierno de Nicaragua. En Managua, el propio Anastasio Somoza le ayudó en la formación de una coalición ganadora para su campaña presidencial en el año 197052. Desde el período de gobierno de Arana, la combinación de destrucción masiva del movimiento guerrillero y su supuesta estructura de soporte llegó a ser la formula mágica de la doctrina de contrainsurgencia. Como opción más dulce y civilizada, algunos proyectos de desarrollo local, generalmente en la forma de "pueblos estratégicos"53 u otros programas de control sobre el campesinado y la población regional fueron implementados. Sin embargo, los ingredientes básicos de la estrategia antisubversiva siguieron siendo la intimidación, los ataques, la violencia, la tortura y la destrucción a ciegas. Un grupo de estudio independiente, financiado por el Departamento del Estado de los Estados Unidos concluyó en 198554:

"Mientras tanto, la insurgencia se expandía. Pero en vez de redefinir la táctica contrainsurgente para contrabalancear al número creciente de los reclutas guerrilleros, el gobierno solamente intensificó [las campañas} (...) Dos líderes principales de la oposición fueron asesinados: Manuel Colóm (...) y Alberto Fuentes (...) Su muerte indicaba claramente que los líderes de la oposición -ni importa su responsabilidad, su patriotismo o su pacificidad- fueron considerados como amenaza al esquema político. A la lista de los asesinados fueron añadidos líderes laborales y campesinos, oficiales de los partidos políticos, activistas estudiantiles, abogados, médicos y profesores secundarios. Y su número crecía de manera alarmante: en 1972 el número promedio de "muertos políticos" oscilaba entre 30 hasta 50 por mes; en 1980 el monto era entre 80 y 100 por mes; en 1981, 250 hasta 300 por mes."

Desde los años del gobierno de Méndez Montenegro, las campañas de la guerrilla y de contrainsurgencia habían transformado a Guatemala en un teatro de guerra civil de baja intensidad. Todavía faltaba el componente predominan- temente étnico.55 Durante los años setenta emergió un nuevo grupo guerrillero, el ERP (1972), empezando sus operaciones en Ixcán, la frontera norteña de la región maya del Quiché. Muchos de sus comandantes habían participado en las campañas anteriores en las regiones ladinas; su perfil típico era el ambiente de clase media ladina, seguido por unos años de estudios universitarios. Un segundo grupo, la ORPA (1971) entró también en las regiones mayas. En contraste con los movimientos anteriores de la guerrilla en los años sesenta, la nueva guerrilla se orientaba desde el inicio al reclutamiento de la población maya, al soporte de las comunidades mayas y a la identificación con los asuntos socio-económicos y culturales de las etnias mayas. Después de varios años de convivir y arraigarse en las comunidades mayas y tras un reclutamiento lento pero persistente y una inmersión constante en la economía y la sociedad local, tanto el ERP como la ORPA habían ganado y consolidado la simpatía de las comunidades indígenas y de la población regional. Desde la segunda mitad de la década de los setenta, los manifiestos políticos y los volantes de reforma proclamada fueros escritos con una tónica indigenista. Durante los próximos años, la guerrilla procedía a ganar avances territoriales dentro de las tierras mayas, en un ritmo impresionante.

El crecimiento de la guerrilla, su expansión sobre los departamentos indígenas y los éxitos de sus campañas no hubieron sido tan espectaculares sin el clima nacional de las campañas brutales y amargas de contrainsurgencia y la atmósfera generalizada de violencia, miedo y persecución durante los últimos años del gobierno de Lagerud, culminando en el período presidencial de Lucas García (1978-1982). Fueron los años durante los cuales el presidente guatemalteco, Lucas García, se refería en sus discursos públicos al presidente de los Estados Unidos como a "Jimmy Castro" para recibir un grandioso aplauso. Durante esos años, cuando la violencia era estructural y la tortura y la matanza fueron considerados los instrumentos correctivos para los insurgentes actuales, los insurgentes futuros y los insurgentes posibles, los militares del gobierno y del ejército produjeron una hendidura profunda dentro del orden social y político del país. Quien no tenía prueba de poder ser considerado como leal 100%, era por lo tanto considerado como un enemigo, otras como un insurgente, o bien un criminal, o también un comunista.

La brecha social, generada por la "sociedad de miedo" que nació de los gobiernos militares, proveía a la guerrilla un flujo creciente de nuevos reclutas frescos y de simpatizantes amargados. A finales del régimen de Lucas García, durante los primeros meses de 198256, las unidades de la guerrilla operaban en por lo menos la mitad de los 22 departamentos de Guatemala, controlando una buena infraestructura territorial en seis departamentos interconectados dentro de la sierra indígena. Operaban en columnas de hasta 200 personas combatientes, atacando de manera sistemática puestos de la policía, puntos de soporte militar, ocupando a veces municipios enteros y centros urbanos regionales. En la Ciudad de Guatemala, dentro de las oficinas del Ministerio de la Defensa, los oficiales comandantes llegaron a tener una profunda preocupación, hasta susto, sobre la posibilidad de un bloqueo eficaz de algunos centros urbanos de mayor importancia57. La ORPA y el ERP podían contar con tropas regulares hasta de 6.000 guerrilleros, apoyados por un monto estimado de 250.000 civiles, mayoritariamente campesinos mayas58. En círculos del ejército, el aporte indígena fue considerado como el resultado de un plan maestro, conceptualizado por el liderazgo de la guerrilla para proveer a sus tropas regulares con soporte logístico59:

"En hecho tenemos que agradecerlos por la concepción de lo que posteriormente será nuestro sistema de Patrullas de Autodefensa Civil. La guerrilla había organizado al campesinado en las Fuerzas Irregulares Locales, los llamados FIL (...) Pero a lo largo se sobre-extendieron. Déjame darle un ejemplo: Solo en Chimaltenango, unos 45 minutos de la capital, habían organizado unas 70.000 Fuerzas Irregulares. Y el ejército tenía solamente 27.000 personas de tropa regular. Lo que pienso es que ellos, con tanta gente, habían perdido su capacitad mínima de alimentarlos, de comandarlos, de controlarlos."

Ante esta situación, el gobierno conocía solamente una respuesta: intensificar la campaña antisubversiva, aumentar la capacidad de destrucción y utilizar la táctica de "tierra quemada" en las comunidades indígenas. Durante el período entre 1980 y 1985 -los años 1982 y 1983 fueron los más violentos- aproximadamente 100.000 civiles fueron asesinados, 450 pueblos fueron completamente destruidos, 60.000 campesinos indígenas fueron re-ubicados en "pueblos estratégicos"60, 1.000.000 personas optaron por una "migración interna", 500.000 personas migraron hacia el exterior y algunas miles de personas fueron "desaparecidas"61. El General Benedicto Lucas García, hermano del presidente, el General Romeo Lucas García y Jefe del Estado mayor del Ejército, requería con urgencia una triplificación de las fuerzas armadas en términos de oficiales y conscriptos para lanzar una campaña más eficiente de contraataque.

Significaba el fin del período de gobierno de Lucas García. Un grupo de oficiales jóvenes, autollamados el "Movimiento de Oficiales Jóvenes" emprendió con éxito un golpe para reemplazar los hermanos megalómanos con un liderazgo militar más sofisticado. El General Ríos Montt62 fue nombrado como nuevo Jefe del Estado, para limpiar el ambiente político de la corrupción, deshacerse de los líderes militares y políticos más violen- tos63, y en general llegar a mejores términos de conversación con la guerrilla y la sociedad civil.

Algunos cambios sustantivos se dieron en cuanto a la estrategia y táctica de la lucha de contra-insurgencia. Ríos Montt hizo algunos pasos prudentes hacia una negociación con la guerrilla64. En seguida ofreció a la guerrilla una amnistía; se divulgaron declaraciones oficiales mencionando un número de varios centenares de guerrilleros quienes hubiesen entregado sus armas en puestos del ejército o en oficinas de la Cruz Roja. Inmediatamente después de la fecha de expiración de la amnistía declaró el Estado de sitio, seguido por una legislación draconiana que extendía los poderes ya grandes de las fuerzas armadas, aún todavía más. Después de seis meses de tranquilidad, el ejército lanzó en los primeros meses de 1983, una nueva ofensiva de contrainsurgencia, basada en los nuevos conceptos de lucha antiguerrillera Esta estrategia, formulada por la nueva élite castrense, que poco tiempo después sustituiría a Ríos Montt por sus ambiciones personales, por otro general del ejército más decente, consistía en una serie de ideas políticas, militares y de desarrollo. El principio básico65 de la nueva estrategia fue establecer una presencia más legítima dentro de las regiones disputadas, con "acciones positivas", con proyectos de desarrollo local, con la protección efectiva de campesinos aliados, etc. Reforzar la posición político-militar requeriría más control sobre la "violencia extra-gubernamental", más control sobre el campesinado como tal, y mayor presencia masiva por otros medios paramilitares. Requeriría también un contexto nacional e internacional más legítimo, un mejor entendimiento con los Estados Unidos y otros países relevantes y, por fin, un gobierno civil que estaría básicamente de acuerdo con estos conceptos. Analizando estos ideas puede explicarse la transición lenta pero gradual y constante hacia los gobiernos civiles de Cerezo (1986-1991) y sus sucesores.

En términos militares, la estrategia antisubversiva consistía de tres elementos66. El primer elemento era aumentar el número de personal de tropa, básicamente conscriptos para desempeñarlos en unidades más pequeñas y más móviles en las regiones de combate. El segundo elemento era expandir y consolidar el sistema de fuerzas paramilitares, de defensa civil. Esto resultó en la creación de las llamadas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), un sistema que, en cierto momento, había puesto bajo comando castrense a unas 900.000 personas de la población total de 9 millones de guatemaltecos! El tercer elemento era reiniciar los planes anteriores de actividades cívico-militares: alimentos, servicios, mejoramiento de la infraestructura local. En la práctica, básicamente los miembros de las PAC fueron los beneficiarios directos de tales actividades de desarrollo local. Los campesinos que entraron en el sistema obtuvieron alimentos, vivienda y empleo; quienes rechazaron enlistarse en las patrullas fueron desaparecidos o simplemente asesinados.

Los costos sociales de la guerra han sido extremamente altos, en términos de víctimas-básicamente civiles-, viudas y huérfanos, y en términos de personas desplazadas y "reestablecidas". En una serie de campañas de choque-cum-pacificación, llamadas "Fusiles y Frijoles" y "Techo, Tortilla y Trabajo", el ejército readquirió la iniciativa estratégica. El número de civiles muertos o mutilados -aunque menos que en los años anteriores- llegaba al monto de 10.000 personas. Se voceaba que tanto el ejército como la guerrilla mataban a quienes sospechaban que mantenían lazos con el otro lado. La guerrilla fue forzada gradualmente a la defensiva, ya no sería capaz de proteger a pueblos amigos contra las represalias militares o de defender los campesinos simpatizantes en las regiones de guerra. Una investigadora pertinente67 consiguió durante una entrevista con el General Gramajo (1990), autor principal de la nueva estrategia, la siguiente explicación:

"R: "En vez de matar por 100 por ciento, distribuimos alimentos [entre los refugiados] por 70 por ciento y matamos por solo 30 por ciento. Antes, la doctrina prescribía [matanzas por] 100 por ciento."

P: "Entonces, cuál es la diferencia [entre el 100 por ciento y el porcentaje de 70/30]? Se ha matado entre 1982-1984 a mucha gente, no?"

R: "Si, pero menos que en 1980, o en 1979 (...) No vamos a regresar a las matazonas, ni jamás!"

P: "Y hasta cuándo va a continuar esta etapa de transición [en la cual se usará la formula de 70/30]?"

R: "Todavía no lo sabemos. Cuando el enemigo ya no es suficientemente significante para imponer acciones contra el Estado (...)"

En retrospectiva, el General Gramajo hizo el siguiente resumen de las campañas en 199468:

"En hecho aplicamos a Mao, pero entonces desde el otro lado. Era puro Mao, contra-insurgencia y desarrollo. Organizamos fiestas. Un sábado por la noche en Panajachel se requiere rock, no será? O.K., nosotros organizamos las festividades. La feria de Mazatenango es famosa por su carnaval. Muy bien, nosotros organizamos el carnaval. Cuando llegaron los turistas, habíamos removido los camiones quemados, las casas destruidas, habíamos pintado de nuevo la plaza, se había limpiado las carreteras, se veía únicamente paz y tranquilidad. Así hay que hacerlo, junto con el CACIF, la cámara local de industria y comercio, la municipalidad, las iglesias, con voluntarios. Sicología! Acción! Y pagamos por todo, con alimentos, con proyectos de desarrollo. Y luego obtuvimos, a través de nuestra inteligencia, acceso a los informes mandados a MISERIOR. Usted sabe?, MISERIOR es la organización de los obispos alemanes. En los informes se leía: 'El ejército, no la guerrilla está ganando.' Era información, conseguida por fuentes independientes. El otro día me encontré por pura coincidencia con un profesor, un antropólogo, de Georgetown University. Me dijo que se le pagaba el Departamento del Estado, para hacer un análisis de la situación. Y le pregunté: 'La población campesina, está apoyando a la guerrilla o al ejército?' Me contaba francamente: 'Hasta que yo sepa es, que Ustedes están ganando la guerra. Es sistema de las patrullas de autodefensa, que funciona bien, son los pequeños proyectos de infraestructura local, es el programa de alimentos-por-trabajo.'"

La estrategia de contrainsurgencia permaneció inalterada durante los años de gobierno de Cerezo. Al final de los ochenta, cuando su gobierno estaba por expirar, los militares consideraron que habían logrado la victoria decisiva sobre los movimientos guerrilleros. Los militares habían sido claros en sus objetivos, también sobre el carácter del gobierno de Cerezo, visto como un gobierno de transición69:

"En este contexto [de un anticomunismo extremo y un conservadurismo extremo de las clases dominantes] transferimos, después de las elecciones del año anterior, en 1986 el poder a Cerezo. Fui yo quien en nombre de las fuerzas armadas lo transferí el día 17 de enero. Era una sesión larga y tensa, habían más de seis horas de discusión. Le ofrecimos una exposición sobre la realidad nacional y yo le explicaba los asuntos de prioridad nacional. El recibió un análisis de cualquier cosa: la situación social, económica, política, militar, se la daba toda la información. Y al final le conté: 'Presidente, Usted se da cuenta del hecho que Usted es un presidente de transición?' Cerezo estaba bastante nervioso, pensaba que comenzaríamos de reducir su poder político [como en el caso de Méndez Montene- gro]. Pero no sabía que la tesis de seguridad y estabilidad nacional prescibía exactamente un liderazgo democrático de la nación, una democracia fuerte, protegida por las fuerzas armadas. No le escondimos nada, le contábamos en términos claros: 'Presidente, hay solo 3.000 hasta 3.500 guerrilleros que llevan armas, contando las personas de todas las bandas. Reciben apoyo de Cuba, de Nicaragua, de los Suecos, de España, de los países nórdicos. Nosotros vamos a prevenir que ellos van a re-agruparse y expandir [su escala de operaciones] de nuevo. Tenemos desarrollado nuestros planes y le pedimos su pleno apoyo.' 'O.K., está bien.' nos contó, 'déjame irme por mi camino, déjame iniciar mi trabajo internacional (...)'"

La década pasada, entre los años 1986 y 1996, el período de los presidentes civiles Cerezo, Serrano, De León Carpio y Arzú, fueron años de gobiernos cívico-militares de facto. Las campañas antiguerrilleras perdieron poco a poco su intensidad y su violencia salvaje. Serrano inició una serie de negociaciones con la guerrilla; la mayoría de los ministros y vice-ministros que participaron en las discusiones fueron a su debido tiempo removidos de su puesto a solicitud de los estamentos militares70. Recientemente bajo la presidencia de De León Carpio, nombrado después del fracasado autogolpe de Serrano en 1993 como presidente por el Congreso con la aprobación de las fuerzas armadas, se comenzó un proceso lento y semi-público de negociaciones para la paz. Los puntos de divergencia fueron tratados en una prolongada serie de mini-acuerdos entre ambos partidos71. Por fin, cuando el sucesor de De León, Arzú, estaba ejerciendo la presidencia de la república, se firmó el día jueves 21 de marzo de 1996, primero por la guerrilla, luego por el gobierno, el primer acuerdo formal para la paz.

A manera de conclusión

Es un hecho triste, tener que sistematizar algunas conclusiones sobre las dos guerras civiles cuyo resultado más visible ha sido una larga serie de destrucción y de matanzas, de contra-destrucción y de contra-matanzas y de violaciones de los derechos humanos de cualquier índole. La construcción sistemática -en el Perú parcialmente, en Guatemala por completo- de una "sociedad de miedo"72, una fórmula de gobierno basado en terror y susto, sangre y lágrimas, y cuyo desmontaje -por lo menos en el caso de Guatemala- va a tomar muchos años, es un fenómeno inusitado en América Latina.

Tanto en Guatemala como en el Perú hubo un tácito co-gobierno entre gabinetes civiles y los estamentos castrenses73 durante el período comprendido entre los años sesenta y los años noventa. En el Perú, este co-gobierno fue menguado por la herencia de Velasco; muchos de sus jóvenes oficiales y sus alumnos fueron recientemente retirados. En Guatemala, el co-gobierno asumió rasgos tan duros, que todos los presidentes civiles a partir de la segunda mitad de los años ochenta han sido, en cierto sentido, rehenes del servicio de inteligencia de las fuerzas armadas74. La peculiar simbiosis entre el sector civil y el sector militar, dentro del cual el servicio de inteligencia desempeñó un papel innegable, en el régimen de García y sobre todo de Fujimori75 es también el resultado de una estrategia de sobrevivencia política. La solución de los rompecabezas cívico-militares en ambos países, donde además sigue existiendo un vacío político en el sentido de descomposición partidaria,76 será una de las condiciones necesarias para la paz y la democracia duradera.

Hay otras lecciones que se pueden aprender de las guerras civiles en Guatemala y en el Perú. En el momento del comienzo del conflicto alcanzó un mínimo nivel de violencia, después parece que no se halló otro sendero de regreso y que debe seguirse la población involucrada, las fuerzas armadas y del orden y las fuerzas guerrilleras por el camino duro y penoso, aparentemente nadie lo ha elegido de manera racional, parece también que, una vez hechos los primeros pasos de guerra, la paz es -por mera implicación- un objetivo inalcanzable: una vez habiéndose cruzado el Rio Rubicon, debe ser seguida toda la campaña, debe ser sufrida toda la miseria, debe ser diluida toda la sangre. Es en este contexto que uno de los científicos sociales más destacados de Centroamérica, Torres-Rivas,77 se refiere a una espiral de violencia y miedo, a la emergencia de una estructura anónima de crueldad sistemática y de muerte mecanizada, culminando en lo que él llama "la trivialización del horror"78:

"Se configura finalmente (...) una situación de violencia, caracterizada porque los componentes de la misma - la vigilancia y la sospecha, la información confidencial y el castigo, operan para conducir en al secuestro, al asesinato público o en secreto, y la tortura siempre, antes o acompañando la muerte- ya constituyen una estructura, en el sentido de prácticas reiteradas (...) En este movimiento envolvente de la espiral, participan obviamente el Estado y la Sociedad, distanciándose, por intermedio de sus actores más significativos. El Ejército y las fuerzas de seguridad, las fuerzas sociales conservadoras, los partidos de derecha, una opinión pública ganada de antemano por el anticomunismo prevaleciente, etc. Del otro lado, las fuerzas guerrilleras que se califican (equívocamente) como político-militares, las organizaciones sociales y las fuerzas políticas de izquierda, una opinión pública democrática heredera de las tradiciones jacobinas de la vida nacional, etc. En el medio una mayoría que asiste a este juego de muerte sin poder evadirse de sus efectos (...) En el fenómeno de la espiral de la violencia, la explicación no puede quedar atrapada elementalmente como un conflicto derecha/izquierda, ni tampoco como de los ricos contra los pobres, o dominantes contra dominados, ni indios contra ladinos y ni aún en una expresión más próxima a lo cierto, como una "una lucha de clases". (...) Hubo dos fenómenos de extraordinaria magnitud en la vida de esta sociedad, convergentes, que contribuyeron a la ferocidad del ascenso de la espiral. El primero es la emergencia de movimientos sociales, en algún sentido, movimientos de nuevo tipo, o al menos, desconocidos en el ambiente de la política tradicional. La otra, es la incorporación de algunos grupos indígenas al movimiento revolucionario, del que estuvieron históricamente enajenados desde siempre."

Es impresionante darse cuenta de la larga duración que ha tomado, en Guatemala y en el Perú, la formulación de posiciones más o menos claras y convergentes de parte de la "oficialidad": el Estado y las fuerzas armadas79. En el Perú sigue siendo asombroso, también en retrospectiva, la indolencia y la indiferencia con la cual el movimiento guerrillero de Sendero Luminoso ha sido recibido. Ultimamente tendrá que ser el menosprecio y la subestimación del movimiento "subversivo" y "terrorista" -la terminología oficial nunca, hasta la fecha de hoy, ha utilizado el término de "guerra civil"- que explica la lentitud y la indefinición de las respuestas del gobierno y del ejército. En Guatemala, últimamente, ha sido el viraje hacia el terrorismo destinado a la sociedad civil en vez del combate de la guerrilla, lo que explica la prolongación de la guerra de baja intensidad sobre décadas. Las llagas de la violencia, del terror y del miedo van a ser visibles durante muchos años por venir, como también en Guatemala y el Perú las cicatrices de la pobreza van a ser notorios80.

En ambos países, la definición de las políticas contrasubversivas, el diseño de una estrategia más o menos coherente para dar fin al conflicto, ha sido asunto de los años culminantes del conflicto. En ambos casos, las fuerzas armadas tuvieron que aprender, después de mucha violencia sobre-dosificada, después de mucha matanza innecesaria, después de años -de décadas en el caso de Guatemala- de intensificación de la estrategia de la muerte, de la táctica del terror, cómo aceptar la necesidad de desarrollo local, de protección de la población simpatizante -o por lo menos neutra- , la legitimidad de formas de auto-protección y de auto-asociación de la población indígena. En ambos escenarios de guerra, el aprendizaje de una estrategia y táctica mínimamente coherente de contra-insurgencia se ha basado en la muerte de decenas de miles de personas.

En cuanto a la guerrilla, el espiral de violencia y matanza, de miedo y de terror, también ha sido nutrido durante los años. Sobre todo en el caso del Perú es visible, como Sendero Luminoso ha utilizado no solo las armas de la muerte, sino también del terror masivo hacia la población regional, luego nacional. En ambos casos, los movimientos guerrilleros gozaron a lo largo del tiempo de la simpatía de la población étnica. En ambos casos, la fraseología oficialista fue redactada en términos de una lucha de clase. Recientemente, durante el transcurso de la guerra, la guerrilla ha comenzado a "étnitizar" las causas y, por ende, las consecuencias.

Es claro, que en el caso del Perú, el movimiento de Sendero Luminoso actuaba "de manera científica". A pesar de todo lo que se ha escrito, luego de la captura de Guzmán, es cierto que los altos mandos militares tenían un gran respeto por la estrategia y táctica del líder carismático de dicho movimiento. Fue una costumbre combinada de la simpatía local y del terror frente a los adversarios ideológicos -gran parte de la sociedad civil, del sector público y del Estado peruano- que casi obliga hacer una comparación con los Kmer Rouges en Kampuchea81. En comparación con Guatemala, donde la guerrilla actuaba a final de cuentas sin "plan maestro" y sin mayor coordinación estratégica, operaba en el Perú un movimiento que llegó a austar tanto a la población como a los comandantes militares.

El balance final de las guerras civiles en Guatemala y en el Perú será determinado por la voz de las personas en cuyo nombre y en defensa de supuestos verdaderos intereses dieron origen a los movimientos guerrilleros. Hacer un juicio definitivo inmediatamente después de que se terminaron las actividades de ataque y contra-ataque, del terror y del contra-terror, es imposible. Sin embargo, refiriéndose a las tendencias que durante varios siglos han estado presentes en la historia de ambos países, puede formularse una apreciación concluyente.

En 1821 y en 1824, dos batallas decisivas tuvieron lugar en Junín y en Ayacucho, las dos últimas batallas de las guerras de liberación en América Latina. Dos ejércitos, los "lealistas españoles" y los "libertadores peruanos" se disputaban la victoria; en ambos casos, el cuerpo de oficiales del ejército libertador salió triunfador. Los soldados rasos de los dos ejércitos eran conscriptos indígenas; dentro de los oficiales predominaron las caras blancas y criollas. Más interesante aún, es la distribución de las nacionalidades dentro de ambos grupos de oficiales. El ejército "español" era comandado por criollos peruanos. Casi todos los oficiales del ejército libertador eran extranjeros: de Argentina, de Chile, de Venezuela, de Colombia. Hubieron algunos de nacionalidad británica y de otras nacionalidades europeas; incluso había un oficial de origen norteamericano.

Queda entonces la pregunta intrigante: quién liberaba, quiénes de cuál dominio, la cuestión fue formulada en los años cuarenta por el escritor peruano José de la Riva Agüero; Mario Vargas Llosa re-examina el problema en sus memorias políticas82. Sin embargo, otra interrogante controversial sobre los ejércitos luchando en Junín y en Ayacucho queda para ser respondida: la posición de la tropa indígena. Las etnias indígenas funcionaron como carne de cañón durante las campañas militares tan dulcemente recordadas en los libros de texto de la historia nacional: las batallas gloriosas al comienzo del siglo XIX, las batallas menos gloriosas pero tan decisivas durante la Guerra del Pacífico y la guerrilla serrana posterior, las operaciones militares y paramilitares en el siglo XX. Últimamente se refiere la cuestión a una de las ambigüedades principales de la historia política peruana: el asunto de la nacionalidad peruana.

Perú no es el único país latinoamericano cuya "alma indígena" fue separada de su "cuerpo político", donde el concepto de Estado y de Nación no coinciden. En Guatemala se ve reproducido, casi a escala ampliada, las mismas tendencias a largo plazo que se pueden encontrar en la historia del Perú. En América Latina hay solamente dos Estados -Guatemala y el Perú- donde las etnias indígenas han sido completa y sistemáticamente degradadas. La herencia colonial generaba en la mayoría de los países latinoamericanos una ciudadanía de segunda clase, basada en las características étnicas y en el color de la piel. Sin embargo, las clases dominantes de Guatemala y del Perú lograron crear una especia de ciudadanía de tercera categoría para sus castas mayas y quechuas.

La historia colonial de ambos países y buena parte de su historia postcolonial puede ser resumida en la siguiente forma: dominación de las poblaciones étnicas originales, desintegración de la identidad cultural de las civilizaciones y de las lenguas indígenas. Donde había una integración de los pueblos indígenas en la economía y sociedad nacional de Guatemala y del Perú, tuvo lugar un proceso en forma sesgada: como minifundistas comunales o como campesinos dependientes sin tierra, empleados en los latifundios criollos. En ambos países una segregación vigorosa ha emergido, basada en una estratificación complicada en términos de clase, raza y etnia. Durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX las relaciones sociales en ambos países fueron determinadas por la oligarquía y las fuerzas armadas. La primera había surgió en las dinastías latifundistas. Hasta en muchas décadas del siglo XX era considerado como cierto que la estructura social de ambos países, dentro de la cual la riqueza, el poder y el prestigio se basaban en la tenencia de tierra, era una perpetuación del viejo orden colonial83.

La estructura política, basada en aquella economía y sociedad excolonial y básicamente dejada intacta en el Perú hasta los años del "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas" de Velasco, ha sido secamente tipificado por el historiador peruano Basadre como "la República Aristocrática"84. Una estructura de relaciones sociales, comprendiendo toda la sociedad guatemalteca desde la época colonial, ha sido indicada como el "sistema de segregación ladino-indio"85. Este sistema de cuasi-apartheid sigue determinando la vida cotidiana en Guatemala. El período revolucionario de 1944-1954, los años de gobierno de Arévalo y de Arbenz, no pudieron cambiar la estructuración básica de las relaciones

sociales en Guatemala, a pesar de todos los intentos. Hay algunos argumentos fuertes en favor de la tesis de Solares86 de que Guatemala es "un Estado sin ser una Nación". En términos de las pretensiones oficialistas de una identidad nacional en Guatemala y el Perú, ambos países representan las culturas, los sentimientos y las esperanzas de sociedades fragmentadas.

Cuando alguna vez llegara el día de una reconciliación nacional y una reconstrucción nacional después de las guerras civiles, los componentes étnicos de las sociedades guatemalteca y peruana van a desempeñar un papel predominante. La integración de la herencia étnica, el legado del alma indígena hacia la sociedad y la cultura nacional por un lado y la sustitución de una ciudadanía racial de segundo o de tercer grado por el otro, formarían un nuevo concepto de "Guatemalidad" y de "Peruanidad"87 que serán una de las prioridades básicas. A corto plazo, la actitud de los militares como los vencedores triunfantes de la guerra civil, no ofrece mucha razón para el optimismo. En las palabras sardónicas del General Gramajo, comandante de las campañas decisivas de contra- insurgencia en Guatemala durante los años ochenta88:

"En Guatemala, las etnias indígenas demuestran todavía un resentimiento fuerte debido a la Conquista. El hecho, cuando se piensa en eso, se consolidó en los años 1982 y 1983 el proceso de conquista nacional que los Españoles iniciaron en los años 1520."

En este sentido, pensándolo bien, las guerras civiles tanto en Guatemala como el Perú no han sido guerras de guerreros, sino de víctimas.

BIBLIOGRAFÍA

Acuña Ortega, Víctor H. "Autoritarismo y democracia en Centroamérica: La larga duración - Siglos XIX y XX." en Klaus D. Tangermann, ed. Ilusiones y dilemas . La democracia en Centroamérica. San José: FLACSO, 1995, pp. 63- 97.

Adams, Richard N. Crucifixión by Power. Essays on the Guatemalan National Social Structure, 1944-1966. Austin: University of Texas Press, 1970.

Aguilera, Gabriel et al. Dialéctica del terror en Guatemala. San José: EDUCA, 1981.

Aguilera, Gabriel. El fusil y el olivo. La cuestión militar en Centroamérica. San José: FLACSO/DEI, 1989.

Aguilera, Gabriel. Las propuestas para la paz. Guatemala: FLACSO, 1993 (debate 20).

Aguilera, Gabriel et al. Reconversión militar. Elementos para su comprensión. Guatemala: FLACSO, 1993 (Debate 19).

Aguilera, Gabriel et al. Los problemas de la democracia. Guatemala: FLACSO, 1993.

Aguilera, Gabriel et al. Reconversión militar en América Latina. Guatemala: FLACSO, 1994.

Aguilera, Gabriel y Karen Ponciano. El espejo sin reflejo. La negociación de paz en 1993. Guatemala: FLACSO, 1994 (Debate 23).

Anfuso, Joseph y David Sczepanski. Efrain Rios Montt, Servant or Dictator? The Real Story of Guetemala's Controversial Born-again President. Ventura: Vision House, 1983.

Barber, William F. y Neale Ronning. Internal Security and Military Power. Counterinsurgency and Civic Action in Latin America. Ohio: Ohio State University Press for the Mershon Center for Education in National Security, 1966.

Barry, Tom. Guatemala: The Politics of Counterinsurgency. Albuquerque: The Inter-Hemispheric Education Resource Center, 1986.

Bartra, Roger. La jaula de la melancolía. Identidad y metamorfosis del Mexicano. México: Grijalbo, 1987.

Bartra, Roger. Oficio mexicano. México: Grijalbo, 1993.

Basombrío Iglesias, Carlos. 'La estrategia del chino: supuestos, instrumentos, logros y límites.' IDEELE V, no. 59-60, diciembre de 1993, pp. 20-27.

Bonfil Batalla, Guillermo. México profundo. Una civilización negada. México: Grijalbo, 1990.

Bot, Yvon le. La guerre en terre maya. Communauté, violence et modernité au Guatemala. Paris: Editions Karthala, 1992.

Burga, Manuel y Alberto Flores. República aristocrática: Oligarquía, aprismo y comunismo en el Perú, 1895- 1932. Lima: Rikchay, 1979.

Burgler, R.A. The Eyes of the Pineapple. Revolutionary Intellectuals and Terror in Democratic Kampuchea. Frankfurt: Breitenbach Verlag, 1990.

Calvert, Peter. Guatemala. A Nation in Turnmoil. Boulder: Westview Press, 1985.

Carmack, Robert M., ed. Harvest of Violence. Guatemala's Indians in the Counterinsurgency War. Norman: University of Oklahoma Press, 1988.

Coronel, José. 'Violencia política y respuestas campesinas en Huanta.' en Degregori, Carlos Iván et al. Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima/Ayacucho: IEP/Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, 1996, pp. 29-116.

Degregori, Carlos Iván. Qué difícil es ser dios. Ideología y violencia política en Sendero Luminoso. Lima: IEP/El Zorro de Abajo Ediciones, 1990a.

Degregori, Carlos Iván. Ayacucho 1969-1979. El surgimiento de Sendero Luminoso. Lima: IEP, 1990b.

Degregori, Carlos Iván. 'Cosechando tempestades. Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso en Ayacucho.' en Degregori, Carlos Iván et al. Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima/Ayacucho: IEP/Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, 1996, pp. 189-225.

Degregori, Carlos Iván et al. Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima/Ayacucho: IEP/Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, 1996.

Degregori, Carlos Iván y Carlos Rivera. Perú 1980-1990. Fuerzas armadas, subversión y democracia. Redefinición del papel militar en un contexto de violencia subversiva y colapso de régimen democrático. Lima: IEP, 1993.

Delli Sante, Angela. Nightmare or Reality? Guatemala in the 1980s. Amsterdam: Thela, 1996 (en prensa).

Del Pino, Ponciano. 'Tiempos de guerra y de dioses. Ronderos, evangélicos y senderistas en el valle del río Apurímac.' en Degregori, Carlos Iván et al. Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima/Ayacucho: IEP/Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, 1996, pp. 117-188.

Diamond, Larry y Marc F. Platter, eds. Economic Reform and Democracy. Baltimore: The Johns Hopkins University, 1995.

Dutrénit, Silvia y Leonardo Valdés, eds. El fin del siglo y los partidos políticos en América Latina. México: Instituto Mora/UAM, 1994.

Fauriol, Georges A. y Eva Loser. Guatemala's Political Puzzle. New Brunswick: Transaction Books, 1988.

Figueroa Ibarra, Carlos. El recurso del miedo. Ensayos sobre el Estado y el terror en Guatemala. San José: EDUCA, 1991.

Fisher, Lilian Estelle. The Last Inca Revolt,1780-1783. Norman: University of Oklahoma Press, 1966.

Flores Galindo, Alberto. Buscando un inca. Identidad y utopía en los Andes. Lima: Editorial Horizonte, 1988.

Gleijeses, Piero. 'Guatemala: Crisis and response.' en Report on Guatemala. Findings of the Study Group on United States-Guatemalan Relations. Boulder: Westview Press, 1985, pp. 51-74.

Gleijeses, Piero. Shattered Hope. The Guatemalan Revolution and the United States, 1944-1954. Princeton: Princeton University Press, 1991.

Golte, Jürgen. Repartos y rebeliones. Tupac Amaru y las contradicciones de la economía colonial. Lima: IEP, 1980.

Gorriti Ellenbogen, Gustavo. Sendero Luminoso. Historia de la guerra milenaria en el Perú. Tomo I. Lima: Editorial Apoyo, 1990.

Gramajo Morales, Héctor Alejandro. Tesis de la estabilidad nacional. Guatemala: Ministerio de la Defensa/Editorial del Ejercito, 1989.

Gramajo Morales, Héctor Alejandro. Liderazgo militar y el futuro del ejercito de Guatemala. Guatemala: Ministerio de la Defensa/Editorial del Ejercito, 1990.

Herthoghe, Alain y Alain Labrousse. Le sentier lumineux du Pérou. Un nouvel intégrisme dans le tiers monde. Paris: Editions la Découverte, 1989.

Jonas, Susanne. The Battle for Guatemala. Rebels, Death Squads and US Power. Boulder: Westview Press, 1991.

Kirk, Robert. Grabado en piedra. Las mujeres de Sendero Luminoso. Lima: IEP, 1993.

Klaiber S.J., Jeffrey L. Religion and Revolution in Perú, 1824-1976. London: University of Notre Dame Press, 1977.

Klare, Michael T. and Peter Kornbluh, eds. Low Intensity Warfare,Counterinsurgency, Proinsurgency and Antiterrorism in the Eighties. New York: Pantheon Books, 1988.

Kruijt, Dirk. 'Perú: Relaciones entre civiles y militares, 1950-1990.', en Dirk Kruijt y Edelberto Torres-Rivas (eds.). América Latina: Militares y sociedad. San José: FLACSO, 1991a, Tomo II, pp.29-142.

Kruijt, Dirk. La revolución por decreto. El Perú durante el gobierno militar. San José/Lima: FLACSO/Mos- ca Azul, 1991b.

Kruijt, Dirk. Revolution by Decree. Peru, 1968-1975. Amsterdam: Thela Publishers, 1994a.

Kruijt, Dirk. 'El futuro de las fuerzas armadas en Centroamérica.' Revista Paraguaya de Sociología XXXI, 91, septiembre-diciembre de 1994b, pp. 121-133.

Kruijt, Dirk. 'From pensadores to development intellectuals: A Latin American typology.' en B. Galjart y P. Silva (eds.). Designers of Development. Intellectuals and Technocrats in the Third World. Leiden: CNWS Research School, 1995a, pp. 213-228.

Kruijt, Dirk. 'El futuro de las fuerzas armadas en Centroamérica.' En: F. Barahona Riera y M. Carballo Quintana (eds.). Reconversión militar en Centroamérica. San José: Friedrich Ebert Stiftung/Universidad para la Paz, 1995b, pp. 55-70.

La evolución del Estado de seguridad nacional. El caso de Guatemala. Guatemala: CITGUA, 1991 (Cuadernos 19).

Letts, Ricardo. La izquierda peruana. Lima: Mosca Azul, 1981.

Lockhart, James. Spanish Peru 1532-1560. A Colonial Society. Madison: The University of Wisconsin Press, 1968.

López Martínez, Héctor. Rebeliones de mestizos y otros temas quinientistas. Lima: Talleres Gráficos P.L. Villanueva S.A., 1972.

Manz, Beatriz. Refugees of a Hidden War. The Aftermath of Counterinsurgency in Guatemala. Albany: State University of New York Press, 1988.

Martínez Peláez, Severo. La patria del criollo. San José: EDUCA, 1973.

Masterson, Daniel M. Militarism and Politics in Latin America. Peru from Sánchez Cerro to Sendero Luminoso. New York: Greenwood Press, 1991.

Matos Mar, José. Desborde popular y crisis del Estado. El nuevo rostro del Perú en la década de 1980. Lima: IEP, 1984 (Perú Problema #24).

Mauceri, Philip. "Military politics and counter-insurgency in Peru." Journal of Inter-American Studies and World Affairs XXXIII, 4, 1991, pp. 83-109.

Mauceri, Philip. "State reform: Coalitions, and the neo-liberal autogolpe in Peru." Latin American Research Review XXX, 1, 1995, pp. 7-37.

Millett, Richard. 'The Central American militaries: Predators or patriots?' en Robert Leiken (ed.). Central America: Anatomy of a Conflict. New York: Pergamon Press, 1984.

Montejo, Víctor. Testimony: Death of a Guatemalan Village. Willimantic: Curbstone Press, 1987.

Montoya. Al borde del naufragio. Democracia, violencia y problema étnico en el Perú. Lima: Cuadernos de SUR, 1992.

Noel Moral, Roberto. Ayacucho: testimonio de un soldado. Lima: Publinor, 1989.

Obando Arbulú, Enrique. 'Diez años de guerra antisubversiva: una pequeña historia.' Qué Hacer no. 72, julio-agosto de 1991, pp. 28-39.

Obando Arbulú, Enrique. 'Subversion and antisubversion in Peru, 1980-1992: A view from Lima.' Low Intensity Conflict and Law Enforcement autumn 1993, II, 2, pp. 318-330.

O'Phelan Godoy, Scarlett. Rebellions and Revolts in Eighteenth Century Peru and Upper Peru. Köln/Wien: Böhlau Verlag, 1985.

Painter, James. Guatemala: False Hope, False Freedom. The Rich, the Poor and the Christian Democrats. London: Catholic Institute for International Relations/Latin America Bureau, 1987.

Palmer, David Scott (ed.). The Shining Path of Peru, New York, St. Martin's Press, 1992a.

Palmer, David Scott. 'The Shining Path in Peru: Insurgency and the drug problem'. en Corr, Edwin, G. y Stephen Sloan (eds.). Low Intensity Conflicts. Old Threats in a New World. Boulder: Westview Press, 1992b, pp. 151-170.

Palmer, David Scott. 'Peru, the drug business and Shining Path: Between Scylla and Charybdis?' Journal of Interamerican Studies and World Affairs 1992c, XXXII, 3, pp. 65-88.

Payne, Arnold. The Peruvian Coup d'Etat of 1962. The Overthrow of Manuel Prado. Washington: Institute for the Comparative Study of Political Systems, 1968.

Perelli, Carina, Sonia Picado S. y Daniel Zovatto, eds. Partidos y clase política en América Latina en los 90. San José: IIDH/CAPEL, 1995.

Perera, Víctor. Unfinished Conquest. The Guatemalan Tragedy. Berkeley: University of California Press, 1993.

Perú: La violencia política vista desde las experiencias del pueblo. Lima: Democracia y Socialismo, 1989.

Perú 1990: Encrucijada entre los senderos de muerte y los caminos de paz. Lima: Democracia y Socialismo, 1991.

Pfaltzgraff Jr., Robert L. and Richard H Shutz Jr., eds. Ethnic Conflict and Regional Instability. Implications for U.S. Policy and Army Roles and Missions. Washington: US Army War College/Stategic Studies Institute, 1994.

Plant, Roger. Guatemala: Unnatural Disaster. London: The Latin America Bureau, 1978.

Poitevin, René. "Guatemala: La crisis de la democracia". Dudas y esperanzas en los golpes de estado de 1993. Guatemala: FLACSO, 1994 (debate 21).

Portocarrero, Gonzalo. Racismo y mestizaje. Lima: Cuadernos del SUR, 1993.

Report on Guatemala. Findings of the Study Group on United States- Guatemalan Relations. Boulder: Westview Press, 1985.

Rodríguez Beruff, Jorge. Los militares y el poder. Un ensayo sobre la doctrina militar en el Perú, 1948- 1968. Lima:Mosca Azul, 1983.

Rodriguez Rabanal, César. Cicatrices de la pobreza. Caracas: Nueva Sociedad, 1990.

Rodríguez Rabanal, César. La violencia de las horas. Un estudio psicoanalítico sobre la violencia en el Perú. Caracas: Nueva Sociedad, 1995.

Rosada-Granados, Héctor Roberto. Indios y ladinos. Un estudio antropológico- sociológico. Guatemala: Editorial Universitaria, 1987.

Rospigliosi, Fernando. "Fuerzas armadas, corporativismo y autoritarismo: qué ha cambiado en tres décadas?" en Julio Cotler, ed. Perú 1964-1994. Economía, sociedad y política. Lima, IEP, 1995, pp. 215-236.

Schirmer, Jennifer. 'The Guatemalan military project: An interview with Gen. Hector Gramajo.' Harvard International Review XIII, 3, spring 1991a, pp. 41-76.

'Guatemala: Los militares y la tesis de estabilidad nacional.' en Dirk Kruijt y Edelberto Torres-Rivas, eds. América Latina: Militares y sociedad. Tomo I. San José: FLACSO, 1991b, pp. 183-219.

Schirmer, Jennifer. 'The looting of democratic discourse by the Guatemalan military and its implications for human rights.' Ponencia presentada a la Conferencia "Derechos Humanos, Justicia y Sociedad" (Human Rights, Justice and Society)(SSRC-CEDES), Buenos Aires, octubre de 1992.

Schlesinger, Stephen y Stephen Kinzer. Bitter Fruit. The Untold Story of the American Coup in Guatemala. London: Sinclair Browne, 1982.

Schneider, Ronald. Communism in Guatemala, 1944-1954. New York: Praeger, 1959.

Sesereses, Caesar D. 'The Guatemalan legacy: Radical challengers and military politics.' en Report on Guatemala. Findings of the Study Group on United States-Guatemalan Relations. Boulder: Westview Press, 1985a, pp. 17-49.

'Guatemalan insurgency and counterinsurgency: The highlands war, 1978-1982.' en Georges A. Fauriol (ed.). Latin American Insurgencies. Washington: National Defense University Press, 1985b, pp. 97-113.

Sexton, James D. (ed.). Campesino: The Diary of a Guatemalan Indian. Tucson: University of Arizona Press, 1985.

Simon, Jean-Marie. Guatemala. Eternal Spring, Eternal Tyranny. New York: W.W. Norton and Company, 1987.

Smith, Carol A. (ed.). Guatemalan Indians and the State, 1540 to 1988. Austin: University of Texas Press, 1990a.

'The militarization of civil society in Guatemala: Economic reorganization as a continuation of war.' Latin American Perspectives 1990b, XVII, 4, pp. 8-41.

Sohr, Raúl. Centroamérica en guerra. Las fuerzas armadas de Centroamérica y México. México Alianza, 1989.

Solares, Jorge. 'Guatemala: Etnicidad y democracia en tierra arrasada.' en Gabriel Aguilera et al. Los problemas de la democracia. Guatemala: FLACSO, 1992, pp. 47-72.

Spalding, Karen. 'Class structures in the southern Peruvian highlands, 1750- 1920.' en Benjamin S. Orlove y Glynn Custred (eds.). Land and Power in Latin America. New York: Holms and Meier Publishers, 1980, pp. 79- 97.

Starn, Orin. Rondas campesinas de Paimas-Piura. Lima: Tarea, 1987.

'Noches de ronda.' Quehacer no. 69, 1991a, pp. 76-92.

'Con los llanques todo barro': Reflexiones sobre rondas campesinas, protesta rural, y nuevos movimientos sociales. Lima: IEP, 1991b.

Hablan los ronderos. La búsqueda por la paz en los Andes. Lima: IEP, 1993.

'Senderos inesperados. Las rondas campesinas de la sierra sur-central.' en Degregori, Carlos Iván et al. Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso. Lima/Ayacucho: IEP/Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, 1996, pp. 227-269.

Stern, Steve J. (ed.). Resistance, Rebellion and Consciousness in the Andean Peasant World, 18th to 20th Centuries. Madison: The University of Wisconsin Press, 1987.

Stoll, David. Between Two Armies in the Ixil Towns of Guatemala. New York: Columbia University Press, 1993.

Strong, Simon. Shining Path, the World's Deadliests Revolutionary Force. London: Harper Collins Publishers, 1992.

Tangermann, Klaus D. ed. Ilusiones y dilemas . La democracia en Centroamérica. San José: FLACSO, 1995.

Tapia, Carlos. Autodefensa armada del campesinado. Lima: CEDEP, 1995.

Del "equilibrio estratégico" a la derrota de Sendero Luminoso. Lima: IEP, 1996 (en prensa).

Tarazona-Sevillano, Gabriela y John B. Reuter. Sendero Luminoso and the Treat of Narco-Terrorism. New York: Praeger, 1990.

Tello, Maria del Pilar. Sobre el volcán: Diálogo frente a la subversión. Lima: CELA, 1989.

Perú: El precio de la paz. Lima: Ediciones PETROPERU, 1991.

Toriello, Guillermo. La batalla de Guatemala. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1955.

Torres-Rivas, Edelberto. Centroamérica: La democracia posible. San José: EDUCA, 1987.

Repression and Resistance. Boulder: Westview Press, 1989.

El rostro de la Medusa. Reflexiones sobre una sociedad aterrorizada. Utrecht: Universiteit Utrecht/Center of Latin American and Caribbean Studies, 1995 (manuscrito inédito).

Vargas Foronda, Jacobo. Guatemala: Sus recursos naturales, el militarismo y el imperialismo. México: Claves Latinoamericanas, 1985.

Vargas Llosa, Mario. El pez en el agua. Memorias. Barcelona, Seix Barral, 1993.

Vidal, Ana María (ed.). Los decretos de la guerra. Dos años de políticas antisubversivas y una propuesta de paz. Lima: IDS-Minilibros, 1993.

Villagrán Kramer, Francisco. Bibliografía política de Guatemala. Los pactos políticos de 1944 a 1970. Guatemala/San José: FLACSO, 1993.

Wickham-Crowley, Timothy P. 'Terror and guerrilla warfare in Latin America, 1956-1970.' Comparative Studies in Society and History, 1990, XXXII, 2, pp. 201-237.

Guerrillas and Revolution in Latin America. Princeton: Princeton University Press, 1992.

"Auge y declive de los gobiernos de guerrilla en América Latina." América Latina Hoy 10, segunda época, junio de 1995, pp. 7-20.

Yurrita, Alfonso. 'The transition from military to civilian rule in Guatemala.' en Louis W. Goodman, Johanna S.R. Mendelson y Juan Rial (eds.). The Military and Democracy. The Future of Civil-Military Relations in Latin America. Lexington: Lexington Books, 1991, pp. 75-89.

APENDICE:

GOBIERNOS MILITARES, CIVICO-MILITARES Y CIVILES DE GUATEMALA Y DEL PERU, 1930-1996

GUATEMALA
TIPIFICACION DEL GOBIERNO EJECUTIVO NACIONAL AÑOS FORMA DE SUCESION
Provisional Gen. Manuel Orellana 1930 renunció
ProvisionalJosé María Reina Andrade1930-1931renunció
DictatorialGen. Jorge Ubico y Castanada1931-1944renunció
ProvisionalGen. Federico Ponce Valdés1944por golpe
Triunvirato Provisional Mayor. Francisco Arana
Capitán Jacobo Arbenz y
Jorge Toriello Garrido
1944-1945concluyó con elecciones
Constitucional Juan José Arevalo Bermejo 1945-1950 terminó plazo electoral
Constitucional Col. Jacobo Arbenz1950-1954por golpe
Junta militarCol. Eflego Mozon
Col. Carlos Castillo Armas
1954por golpe
Autonombrado Col. Carlos Castillo Armas1954- 1957asesinado
ProvisionalLuis Arturo González López1957renunció
ProvisionalGuillermo Flores Avendaño1957-1958concluyó término
ConstitucionalGen. Miguel Ydígoras Fuentes1958- 1963por golpe
ProvisionalCol. Enrique Peralta Azurdia1963-1965concluyó término
Constitucional Julio César Méndez Montenegro1966- 1970concluyó término electoral
Elegido Gen. Carlos Arana Osorio 1970-1974 concluyó término electoral
Elegido Gen. Romeo Lucas García1978- 1982por golpe
Triunvirato Militar ProvisionalGen. Efraín Ríos Montt Gen. Horacio Maldonado Schaad Col. Francisco Luis Cordillo1982 por golpe
Nombrado Gen. Efraín Río Montt 1982- 1983por golpe
NombradoGen. Oscar Humberto Víctores 1983- 1986concluyó término
Constitucional Vinicio Cerezo 1986-1991 concluyó término electoral
Constitucional Jorge Serrano 1991-1993 renunció después de auto golpe fracasado
Nombrado por Congreso Ramiro de León Carpio1993- 1996 concluyó término con elecciones
Constitucional Arzú 1996

Fuente: Faurriol y Lose (1988: IX-X)

PERU
TIPIFICACION DEL GOBIERNO EJECUTIVO NACIONAL AÑOS FORMA DE SUCESION
Gobierno Militar Gen. Manuel Ponce1930-1931 por golpe
Gobierno Militar Tnt. Col. Luis Sánchez Cerro I 1931 renunció
Junta de ciudadanos prominentes Ricardo Leoncio Elías 1931 por golpe
Gobierno Militar Lt. Col. Gustavo Jiménez 1931 renunció
Junta de ciudadanos prominentes Gen. David Samanez Ocampo 1931 concluyó término con elecciones
Constitucional Gen. Luis Sánchez Cerro II
Jorge Toriello Garrido
1931-1933 asesinado
Nombrado por congreso Gen. Oscar Benavides 1933- 1939 concluyó terminó con elecciones
Constitucional Manuel Prado Urgarteche I 1939- 1945 término plazo electoral
Constitucional José Luis Bustamante y Riveiro
Col. Carlos Castillo Armas
1945-1948 por golpe
Gobierno Militar, luego legalizado Gen. Manuel Odría 1948-1956 concluyó término con elecciones
Por elecciones presidencial constitucional Manuel Pardo Ugarteche II 1956-1962 por golpe
Provisional Gen. Ricardo Pérez 1962- 1963 por golpe
Provisional Gen. Nicolás Lindley 1963 concluyó término con elecciones
Constitucional Fernande Belaúnde Terry I 1963- 1968 por golpe
Gobierno Militar Gen. Juan Velasco Alvarado 1968- 1975 por golpe
Gobierno Militar Gen. Francisco Morales Bermúdez 1975- 1980 concluyó término con elecciones
Constitucional Fernando Belaúnde Terry II 1980- 1985 finalizó término electoral
Constitucional Alán García 1985-1990 finalizó término electoral
Constitucional Alberto Fujimori I 1990- 1992 autogolpe
Legitimado por constituyente Alberto Fujimori II 1992-1995 finalizó término electoral
Constitucional Alberto Fujimori III 1995-
Fuente: Kruijt (1994: 181-182)


(*)Agradezco a Manuel Rojas-Bolaños (FLACSO de Costa Rica), a Carlos Iván Degregori (Instituto de Estudios Peruanos), a Jürgen Golte (Freie Universität Berlin), a Henry Gooren (Universiteit Utrecht), y a Kees Koonings (Universiteit Utrecht), sus comentarios y sugerencias.

(1)Véase Gleijeses (1991) para Guatemala y Kruijt (1991b; 1994) para el Perú.

(2)Véase el apéndice para una cronología de los sucesivos gobiernos militares, cívico- militares y militares del Perú y de Guatemala.

(3)Aquí, por razones analíticas, me referiré únicamente al caso de Sendero Luminoso. A pesar que un segundo movimiento guerrillero, el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) emergió en el año 1984, nunca tuvo el significado ni la fuerza destructora de Sendero Luminoso. El MRTA desapareció virtualmente, al comienzo de los años noventa. Sí ubiera "oficialidad" en la guerra de guerrilla, el MRTA pertenecía al "sector formal" de los uniformes, comandantes militares y comportamiento "normal", incluyendo la apariencia pública y el bravado romanesco de su liderazgo. Siendo la menos, más pequeña, menos dañina, más "civilizada" y más predicible de las dos, la guerrilla Tupac Amaru ha sido siempre considerada menos significante que la del miste- rioso Sendero Luminoso. Para detalles, véase Degregori (1990b), Degregori et al (1996) y Kruijt (1991a).

(4)Véase Fisher (1966), O'Phelan Godoy (1985), Golte (1980), Klaiber (1977), Lockhart (1968), Martinez (1972) y Stern (1987).

(5)Véase Wickham-Crowley (1990; 1992) para un análisis de los movimientos guerrilleros en América Latina. Sobre el Perú, hay que consultarse también a Masterson (1991).

(6)General Jorge Fernández Maldonado, cofundador del sistema de inteligencia militar, coautor del programa de gobierno ("Plan Inca") del gobierno de Velasco, y durante los años sesenta encargado con la supervisión de la inteligencia antisubversiva, recordar (Kruijt: 1991b: 112; Kruijt, 1994: 55): "La guerrilla resultó breve, por que casi todos habíamos infiltrado. Por eso nos hizo ratificar una vez más nuestro conocimiento, que no bastaba aplastar a la guerrilla. En su afán de idealistas cometieron casi suicidio. Desde el punto de vista técnico no fué difícil. Fue un grupo de idealistas que se impuso en la Siera, sin origen, sin trabajo, gente relativamente ajena. Fueron de Lima, idealizaron al campesinado que no conocían. La guerrilla no funcionó. Muy diferente es Sendero ahora [la entrevista tuvo lugar en 1986, D.K.], que sí ha hecho trabajo en las bases. Fue fácil.Fue fundamentalmente el acabar con la guerrilla por el Servicio de Inteligencia. En casi todos los grupos estábamos nosotros."

(7)Véase Payne (1968) y Rodríguez Beruff (1983) sobre las raíces del pensamiento militar-reformista.

(8)La tipificación es de Stepan (1978: 158, 190).

(9)Véase para un análisis general a Degregori (1990b), Gorritti (1990), Herthoge y Labrousse (1989), Palmer (1992a), Strong (1992), Tarazona-Sevillano y Reuter (1990) y Tello (1989; 1991). Degregori (1991a) y Flores (1988: 287-320; 323-346) presentan la interpretación más completa en forma de ensayos.

(10)De hecho se fusionaron dos universidades luego en una. Para la historia del movimiento estudiantil, el alumnado y su (parcial) reclutamiento por Sendero Luminoso, véase Degregori (1990b).

(11)Llamado el Partido Comunista del Perú, por el Sendero Luminoso de José Carlos Mariateguí. Mariategui es el fundador del PC del Perú en los años treinta. Todos los grupos de la izquierda fragmentada llevan su nombre.

(12)El comando general en Lima consultó con el palacio presidencial, pero obtuvo una respuesta a medias aguas. El comandante del ejercito, sin embargo, mandó tropas por helicoptero para reestablecer el orden e hizo votar de nuevo a la población (entrevista con un comandante general [a su solicitud] anónimo (Kruijt, 1991a: 105).

(13)Palmer (1992b; 1992c).

(14)Kruijt (1991a: 104, 130).

(15)Kirk (1993) ha tratado de explicar, en forma de un ensayo, lo atractivo de Sendero Luminoso para las mujeres.

(16)Degregori (1990a: 19) subraya -y con mucha razón- el hecho que Guzmán en los manuscritos hagiográficos de Sendero Luminoso siempre ha sido presentado como profesor, con lentes y libros, no llevando armas.

(17)El siguiente párrafo es una paráfrasis de Sendero Luminoso en el norte del país, manuscrito escrito por oficiales del sistema de las Naciones Unidas en mayo de 1991, un equipo de sociólogos con lazos familiares en los departamentos serranos dominados por Sendero Luminoso.

(18)Utilizo aquí datos de reportajes publicados en la revista Si y entrevistas con funcionarios diplomáticos y de la cooperación internacional realizada en setiembre y octubre de 1992.

(19)La mejor descripción de la estratégia y táctica antisubversiva que encontré es la de Obando Arbulú (1991; 1993). Mauceri (1991) brinda un análisis con base en fuentes norteamericanas y peruanas. Basombrío (1993) ofrece otra buena información en general, como lo hacen también Degregori y Rivera (1993). Tapia (1995; 1996) es una excelente fuente sobre los años posteriores.

(20)Gorriti (1990: 71-76, 117-121, 223, 225, 308 ff.).

(21)Orlando Arbulú (1993: 321).

(22)Kruijt (1991a: 132). Véase también Noel (1989).

(23)Kruijt (1991a: 133).

(24)Vidal (1993).

(25)Degregori (1996: 212).

(26)Véase Starn (1987; 1991a; 1991b; 1993; 1996) sobre el origen y la evolución de estas organizaciones. Coronel (1996) y Del Pino (1996) ofrecen dos interpretaciones empíricas de la actuación de los ronderos en las zonas de emergencia como nuevos actores sociales.

(27)Véase Degregori (1996) y Tapia (1996).

(28)Tapia (1996).

(29)Datos procedentes de un briefing confidencial a los miembros, del cuerpo diplomático por el General Carlos Dominguez Solís, director nacional de DINCOTE, el dia 8 de febrero de 1994.

(30)Véase Obando Arbulú (1993: 326).

(31)Véase también a Mauceri (1995).

(32)Veáse Tapia (1996).

(33)Toriello (1955). Un relato similar me ha contado el Ing. Edgar Ponce, director académico del Centro ESTNA de 1992-1995 en una serie de entrevistas con el autor en julio de 1994.

(34)Schneider (19590.

(35)Citado verbatim en Schlesinger y Kinzer (1982: 227). La traducción es mía.

(36)Compárese por ejemplo los nombres. El "Frente 20 de octubre" refleja el inicio de la Revolución de 1944; el nombre de otro frente, "Movimiento de Guerrilla Alejandro de León 13 de noviembre" indica el día de la rebelión contra Ydígoras en 1960.

(37)Aguilera et al (1981: 37 ff.), Millett (1984: 211-216), Cesereses (1985: 21-22), Sexton (1985: 397-428) y Yurrita (1991: 77 ff.).

(38)El mejor trabajo analítico que conozco es de Aguilera (1989; 1993) y de Aguilera et al (1993; 1994),. Véase también Kruijt (1994).

(39)Véase Sesereses (1985a: 22 ff.).

(40)Entrevista del autor con el Ingo. Edgar Ponce, director académico del Centro ESTNA, el día 7 de julio de 1994.

(41)El análisis más detallado de los pactos políticos ha sido ofrecido por Francisco Villagran Kramer (1993). Villagran, el mismo un político y -formando parte de una alianza infeliz- quien actuó como vicepresidente civil dentro del gobierno del general Romeo Lucas García, durante los años de la administración militar, más represiva en Guatemala, durante este siglo, se le invitó presentarse ante un tribunal militar, durante el tercer año de gobierno de su presidente; él opinó que sería más prudente quedarse en los Estados Unidos donde estaba de paso y renunció a su cargo. Fue reemplazado por un coronel.

(42)Entrevista del autor con el General Ricardo Peralta Méndez, el día 13 de julio de 1994.

(43)Entrevista del autor con el Ingo. Edgar Ponce, director académico del Centro ESTNA, el día 7 de julio de 1994, y con el General Ricardo Peralta Méndez, el día 13 de julio de 1994. Peralta Mendez, sobrino del anterior Jefe del Estado Enrique Peralta Azurdia y luego fundador y primer director del Centro del Estudios Militares, llegó a ser, en años posteriores, el candidato presidencial para la Democracia Cristiana, durante la campaña electoral, después de la cual fue nombrado Lucas García como presidente. Es todavía un miembro del consejo directivo del Centro ESTNA. Durante los años setenta estudió en el Perú, becado en el Centro de Altos Estudios Peruanos, donde llegó a conocer a los Generales Edgardo Mercado Jarrin, Jorge Fernández Maldonado y Ramón Miranda. Ponce era en aquellos años el asistente personal de Manuel Colóm, el alcalde social demócrata de la Ciudad de Guatemala quien -por supuesto- fue asesinado.

(44)El siguiente análisis viene de Barry (1986), Calvert (1985), Delli Sante (1996), Fauriol y Loser (1988), Gleijeses (1985), Jonas (1985), La evolución del estado de seguridad nacional. El caso de Guatemala (1991), Painter (1987), Plant (1978), Simon (1987) y Torres-Rivas (1987; 1989).

(45)Que también tiene un modesto cuerpo de oficiales superiores. El número total de generales de división son dos (el Ministro de la defensa, general en servicio activo, y el Jefe del Estado Mayor), mientras que el número de generales de brigada son doce. Las fuerzas armadas están anticipando una reducción gradual a partir de 1995 (Entrevista del autor con el General Mario René Enriquez Morales, Ministro de la Defensa, el día 2 de setiembre de 1993, y con el General Sergio Camargo, comandante del grupo de élite Mariscal Zavala, el día 11 de julio de 1994). Compárase estos datos con el total de 88 generales de división y de brigada del ejército peruano en 1994.

(46)Entrevista del autor el día 23 de marzo de 1994 con el Capitán Rafael Rottman Chang, anteriormente asesor en asuntos de inteligencia del presidente Cerezo y hasta finales de 1995 el presidente de la Cominisión sobre Defensa y Policía del Congreso Guatemalteco.

(47)El Mossad mantiene todavía buenas relaciones con la administración guatemalteca. Cuando, por ejemplo, el entonces viceministro de la defensa, el General Quilo, estaba preparando un golpe en el año 1994, el despacho presidencial fue advertido por los israelíes.

(48)El ejército preparó al comienzo de los años ochenta un proyecto de estudio para incorporar la policía nacional y la policía de hacienda formalmente dentro de la estructura del Ministerio de la Defensa. Al lado de estas fuerzas nominalmente civiles existían durante los años ochenta otras fuerzas policiales semi- militarizadas: la policía militar ambulante, los comisionados militares, la guardia nacional, el batallon de operaciones especiales. Para más detalles, véase Vargas Foronda (1985: 86-87).

(49)Descritos en detalle por Barber y Ronning (1960). Véase Wickman-Rowley, 1995 para un comentario reciente.

(50)Entrevista del autor con el coronel DEM Roberto Ledesma en el mes de setiembre de 1993. El coronel Ledesma, entonces Jefe del Estado Mayor del ministro de la defensa, luego director militar del Centro ESTNA y ahora (enero de 1996) agregado militar en Washington, participó como mayor en la formación experimental de las llamadas "patrullas de autodefensa civil", "un mal necesario para proteger las etnías indígenas contra la guerrilla y a veces contra el propio ejército".

(51)Diseñado con base en las experiencias de la "Operación Phoenix" en Vietnam y apoyado fuertemente por la CIA (Schlesinger y Kinzer, 1982: 246).

(52)¡Pobre Guatemala! Mientras que Anastasio Somoza se encargó (1970) en Managua en la formación del futuro gabinete de Guatemala, se unificaron en La Habana (1982) bajo el patrocinio de Fidel Castro los cuatro movimientos guerrilleros que hasta la fecha habían operado de manera independiente en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). La URNG está compuesto por el EGP (Ejercito Guerrillero de los Pobres), la ORPA (Organización del Pueblo en Armas), las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes) y el PGT (Partido Guatemalteco del Trabajo).

(53)Un análisis bueno y detallado es ofrecido por Manz (1988).

(54)"Report on Guatemala" (1985: 26-27). La traducción es mía.

(55)Véase el excelente análisis de Le Bot (1992: 109 ff.).

(56)Sesereses (1985: 37).

(57)Entrevista del autor con el General Alejandro Gramajo, el día 13 de julio de 1994. El General Gramajo era Jefe del Estado Mayor durante la mayoría de las campañas entre 1982 y 1985, y se hizo cargo de Ministerio de la Defensa durante los años de gobierno del presidente Cerezo. Es el autor de las tesis de seguridad nacional guatemaltecas (en Guatemala llamadas "tesis de estabilidad nacional") (Gramajo 1989; 1990) y es el fundador del Centro ESTNA.

(58)Le Bot (1992: 195).

(59)Entrevista del autor con el General Jaime Rabanales el día 12 de julio de 1994. El General Rabanales ha sido comandante del ejército en el Quiché y las demás regiones mayas en el período entre 1986 y 1988. Desde luego ha sido director del Centro de Estudios Militares; actualmente es miembro del consejo del Centro ESTNA.

(60)Véase Montejo (1987) y Stoll (1993) para una descripción detallada de los efectos sobre las comunidades mayas.

(61)Véase Sexton (1985) y Delli Sante (1986) para los fuentes; ambos autores ofrecen una bibliografía anotada.

(62)El General Ríos Montt había sido anteriormente candidato presidencial por la Democracia Cristiana. Es probable incluso que hubiera ganado las elecciones. Sin embargo, el ejército optó por otro general. Ríos Montt cambió de color político y entró en otras formulas políticas. Luego llegó a bautizarse como "cristiano neo-nacido"; su biografía política (Anfuso y Scepanski, 1983) fue distribuida por su nueva iglesia. Ríos Montt, cualquiera que sea el juicio histórico sobre sus años de gobierno, poseía y posee todavía razgos carismáticos. Durante las elecciones parlamentarias en agosto de 1995, él y su partido adquirieron más de 30% de los votos.

(63)Benedicto Lucas García, por ejemplo, fue puesto bajo arresto domiciliario; sin embargo, fue luego nombrado como jefe de las operaciones contrainsurgentes en el Petén (Sexton, 1985: 420).

(64)El ofrecimiento para iniciar negociaciones fue canalizado a través de los Colegios Profesionales de los abogados, médicos e ingenieros, todos ellos representados en el nuevo Consejo del Estado de Ríos Montt. Sin embargo, los representantes de la guerrilla en Nueva York no acceptaron la invitación (entrevista con el Ingo. Edgar Ponce el día 7 de julio de 1994. Ponce era entonces, el vicepresidente del Comité Político del Consejo del Estado).

(65) Entrevista del autor con el General Alejandro Gramajo, el día 13 de julio de 1994.

(66) Véase Sesereses (1985a: 41 ff.) para más detalles.

(67) Schirmer (1992: 2); véase también Schirmer (1991a; 1991b). La traducción de la entrevista es mía.

(68) Entrevista del autor con el General Alejandro Gramajo, el día 13 de julio de 1994.

(69) Entrevista del autor con el General Alejandro Gramajo, el día 13 de julio de 1994.

(70) Comunicación personal en una serie de entrevistas del autor con Ingo. Abel Girón, vice-ministro de desarrollo en 1992 y 1993 y encargado con los prepa- rativos logísticos de la esperada entrega de armas, en marzo de 1994.

(71) Entrevista del autor con el Dr. Hector Rosada-Granados, negociador para la paz de parte del gobierno nacional entre 1993 y 1995, los días 14 de marzo y 8 de julio de 1994. Véase también Aguilera y Ponciano (1994) y Poitevin (1994).

(72) Véase Figueroa Ibarra (1991) al respecto.

(73) Véase Acuña Ortega (1995) para el caso de Guatemala y Rospigliosi (1995) para el caso del Perú.

(74) Entrevista del autor con el Capitan Rafael Rottman Chang, anteriormente asesor en asuntos de inteligencia del presidente Cerezo y hasta finales de 1995 el presidente de la Cominisión sobre Defensa y Policía del Congreso Guatemalteco, el día 23 de marzo de 1994.

(75) Entrevista del autor con el General Edwin Diaz, entre 1986 y 1991 jefe del Sistema de Inteligencia Nacional, el día 11 de setiembre de 1992.

(76) Véase Dutrénit y Valdés (1994), Diamond y Platter (1995), Perelli, Picado y Zovatto (1995) y Tangermann (1995) al respecto.

(77) Torres-Rivas (1995: 33 ff.).

(78) Torres-Rivas (1995: 22-24).

(79) Véase al respecto Klare y Kornbluh (1988) y Sohr (1989). Y es todavía más asombroso, dándose cuenta del interés que el tema de "guerras y conflictos étnicas" han adquirido en la agenda de las fuerzas armadas de los Estados Unidos (véase Pfaltzgraff y Shultz, 1994).

(80) Rodríguez Rabanal (1990; 1995) ha escrito sobre ambos asuntos.

(81) Para un análisis de la ideología del terror en Kampuchea, véase a Burgler (1990).

(82) Vargas Llosa (1993). Algunos años antes, el antropólogo y historiador Flores Galindo (1988: 281 ff.) se había questionado lo mismo.

(83) Spalding (1980) ha documentado este proceso para el Perú.

(84) El término, acuñado por Basadre, ha sido usado por las siguientes generaciones de historiadores para tipificar la formula social y política nacional hasta los años sesenta; véase Burga y Flores (1979).

(85) Para una interpretación, véase Adams (1970), Carmack (1988), Martínez Peláez (1973), Perera (1993), Rosado-Granados (1987) y Smith (1990a).

(86) Solares (1992: 50 ff.). Comentarios similares sobre el Perú se dejan adivinar en Montoya (1992) y Porto- carrero (1993).

(87) Comparable al concepto de "Méxicanidad", como ha sido discutido en Bartra (1987; 1993) y Bonfil Batalla (1990).

(88)Entrevista del autor con el General Alejandro Gramajo, el día 13 de julio de 1994.