Fecha/Date: 03/01/96
En tiempos de paz olvidamos fácilmente lo que hubo durante largos años de
guerra. Es como si nuestra mente,
estuviera, está acostumbrándose a los colores de camuflaje cuando la memoria nos
hace reflexionar sobre los horrores
del pasado reciente, sobre las sociedades de miedo, sobre las angustias de ayer.
América Latina es el continente que
en los años setenta y ochenta ha servido de arena para las llamadas "guerras de
baja intensidad", las guerras civiles sin
ser guerras, las campañas de terror de las guerrillas y de la contraterror de
las fuerzas armadas. De aquellas guerras ,
Guatemala y el Perú han sufrido las más sangrientas, más amargas y más
largas.
En ambos países, las "guerras revolucionarias" y las "guerras populares" han
sido llevadas a cabo en las áreas
remotas, rurales e indígenas del Quiché y del Petén en Guatemala, y en los
departamentos de Ayacucho y de Junín en
el Perú. Se justifica la interpretación de estas "guerras de baja intensidad"
como guerras civiles étnicas, originadas en
nombre de las etnias indígenas, incorporando cada vez mayores segmentos de la
población indígena en las columnas
de las guerrillas y en las organizaciones paramilitares de "autodefensa", y cuyo
resultado ha sido, últimamente, un
lento sacrificio de la población indígena. En ambos casos, los conflictos
aparentaron y fueron explicados como conflic-
tos locales, regionales, basados en la lucha de clases e interpretados en
términos de ideologías clasistas. Sin embargo,
a lo largo del tiempo adquirieron un significado nacional, con varios frentes de
batalla rápidamente cambiándose,
abriendo el campo para una lucha prolongada de baja intensidad y de dimensiones
de etnocidio.
Mi análisis del caso guatemalteco y peruano empieza en los momentos que se
ha paralizaron las
"revoluciones militares" de Arbenz y de Velasco1. En ambos países fue
durante el período de estos
dos gobiernos de tinte nacionalista-izquierdista, los cuales trataron de
ejecutar una reforma agraria y un programa de
reformas económicas y sociales, para liquidar las bases económicas y políticas
de las oligarquías nacionales
dominantes, para integrar las etnias indígenas dentro del Estado-nación y para
modernizar la economía, la sociedad y
el orden político, construyendo un Estado fuerte y un sector público de
desarrollo social competente con presencia en
las regiones más remotas del territorio nacional. En los períodos restaurativos
posteriores2, cuando la
reforma agraria y las demás reformas se estancaron y se veían lentamente
reducidas, cuando las esperanzas colectivas
de una entera generación de campesinos indígenas habían sido frustradas y las
clases trabajadoras urbanas habían sido
desilusionadas, se empezó en Guatemala un movimiento guerrillero. En el Perú,
las guerrillas de Sendero Luminoso
se manifestaron en el mismo momento que se restableció el orden cívico-
democrático, por los gobiernos que
mandaron tras elecciones. En ambos países, los estamentos militares dedicaron la
mayor parte de su tiempo para
diseñar y ejecutar una estrategia "eficiente" de contrainsurgencia. Solamente
cuando por fin incorporaron a las
organizaciones paramilitares "voluntarias" de autodefensa -las llamadas
patrullas de autodefensa civil en
Guatemala y las rondas campesinas en el Perú- lograron adquirir la
iniciativa estratégica. Sin embargo, las
campañas contrainsurgentes -especialmente en el caso de Guatemala- conllevaron
una destrucción nítida y salvaje del
movimiento guerrillero y de sus supuestos aliados indígenas.
Durante casi todos los años de lucha guerrillera y de antiguerrilla, tanto
en Guatemala como en el Perú
fueron estigmatizados por un aislamiento político internacional. En ambos
países, las campañas guerrilleras y de
contrainsurgencia fueron llevadas a cabo en lugares lejanos y perdidos de
miseria sórdida, donde el mundo exterior
siempre es ancho y ajeno: las regiones inaccesibles e inhospitalarias del
territorio, las tierras destinadas para la
población indígena, sin mayor soporte o intervención extranjera, con armas
ligeras y caseras, sin ninguna tecnología
sofisticada. Las tierras indígenas fueron transformadas en territorios de la
muerte.
El Perú: La guerra civil, Sendero Luminoso y los
militares3.
La población indígena del Perú ha sido considerado, en general, como
extremamente serena y con poca inclinación a
la violencia armada. Sin embargo, han ocurrido en varias oportunidades períodos
de rebelión y resistencia
evidente4. La conquista española y las guerras civiles posteriores,
fueron seguidas por campañas de
guerrilla indígena de larga duración y de gran tenacidad en el siglo XVI. El
movimiento rebelde de Tupac Amaru II a
finales del siglo XVIII tuvo un impacto fuerte en la mayoría de las demás
virreinatos y audiencias en la América
Latina colonial. El último movimiento de rebelión de efecto significativo en el
siglo XX, antes de Segunda Guerra
Mundial, fue el movimiento de Rumi Maqui en 1914, un movimiento encabezado por
un exmayor del ejército, que se
expandió sobre ocho departamentos del país, antes de ser suprimido brutalmente
por la tropa, mandada desde la capi-
tal.
En los años sesenta, tres movimientos de guerrilleros
"convencionales"5, encabezados por
intelectuales de Lima funcionó sin mayor coordinación entre sí, tratando de
empezar una "Revolución Popular y
Campesina" en la sierra peruana. Las fuerzas armadas, cuyos servicios de
inteligencia se habían infiltrado en los tres
movimientos6, podían dominar a las fuerzas incipientes de la
guerrilla en el Norte, el Centro y el Sur
de la Sierra andina en campañas sorprendentemente breves y sin mayores víctimas,
menor dentro de las filas del
campesinado. Sin embargo, las campañas antisubversivas dejaron su huella en el
cuerpo de oficiales que debían luchar
contra adversarios que, a fin de cuentas, no podían considerar como enemigos. Se
sentía que la guerrilla tenía una
posibilidad de fuerte arraigo en la economía y sociedad fuertemente
subdesarrollada del Perú. Que el sistema político
había fallado y que sería una cuestión de tiempo que una nueva honda de
guerrillera y de violencia destruyera al
país7. El programa del "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas
Armadas" del gobierno Velasco fue
diseñado por un grupo de oficiales que habían desempeñado un papel preponderante
durante las campañas antisub-
versivas. De hecho, el programa de reformas de Velasco fue conceptualizado como
un programa nacionalista de
reformas y de estrategia de lucha contra la pobreza y el subdesarrollo, para
prevenir otro movimiento guerrillero en un
futuro cercano. Durante los años de Morales Bermúdez, la llamada "segunda fase"
de la revolución militar, se estancó
el programa reformista y se le reestructuró "hacia proporciones más realistas".
Sin embargo, hay que concluir que
durante los años benevolentes de Velasco y el período posterior más conservador
y más dictatorial de Morales, el
sector público estaba presente en todo el territorio nacional. Incluso la última
reforma militar, a finales de los años
setenta, se refería a la creación de ministerios regionales de desarrollo,
establecidos en las ciudades capitales
departamentales y encargados con el diseño, la financiación y la ejecución de
proyectos de desarrollo regional y local
en los áreas más subdesarrolladas del país.
En contraste con lo que ha ocurrió luego, hago solamente énfasis en los
puntos fuertes del programa militar
de "Reformas Estructurales": Crear una nación unificada a través de un Estado
fuerte y prevenir las causas de la
guerrilla por un "buen gobierno". Se trató de construir una economía
"peruanizada" sólida mediante expropiaciones y
nacionalizaciones; se gobernó a través de un sector público con autoridad y
poder, instrumento con rasgos autoritarios
y paternalistas. El sector público durante los años militares era una
"estructura de comando" para decretar "el desa-
rrollo nacional" y "la participación popular". El sector público de la
revolución militar implementaba seguridad en las
ciudades capitales y en provincias, provisionaba agua y desagüe en las barriadas
urbanas, mandaba jueces de paz a las
comunidades indígenas, arrancaba campañas nacionales de alfabetización, pagaba
los salarios de las enfermeras
provincianas, de los maestros en los barrios populares y supervigilaba a los
promotores del desarrollo local en la
costa, la sierra y la selva. Trataba a los sindicatos laborales con simpatía, a
los pobres con compasión, a los
comuneros con dignidad. El quechua era reconocido como segunda lengua oficial
del país. Los oficiales del gobierno
"re-organizaron a los ya organizados y organizaron los
marginalizados,"8 en la creación de
organizaciones de masa para el campesinado indígena, interviniendo notoriamente
en la creación de una confederación
nacional para el campesinado CNA, que en 1977 había unificado 160 ligas
campesinas con 4.500 uniones locales y un
total de 675.000 miembros. Ayudaron a la organización de "comunidades laborales"
para trabajadores en la industria,
el comercio, la minería y la pesquería. Organizaron gentes rurales marginadas en
"organizaciones para el campesinado
sin tierra" y unificaron los movimientos populares urbanos en asociaciones de
"pobladores". El decenio militar de
1968 hasta 1980 era probablemente la única década extendida de este siglo, que
el sector público se hizo sentir
presente en las regiones más remotas, los pueblos más olvidados en el país.
La infraestructura para el desarrollo regional y local fuera de Lima y los
valles de la costa se redujo considerablemente
durante los primeros dos gobiernos civiles en la época post-militar: el de
Belaúnde (1980-1985) y el de García (1985-
1990). Los gobiernos de estos dos presidentes, aunque diferentes en su estilo de
manejo de la economía, la sociedad y
el orden político, nunca tomaron en serio los efectos devastadores de Sendero
Luminoso, cuyas actividades
comenzaron a violentar la sierra a partir de los años ochenta. Delegaron la
"lucha antiterrorista" primero a la policía,
luego -con sentimientos ambiguos- a las fuerzas armadas. Eso significó, a lo
largo, un retiro tácito del sector público
regional y provinciano. Sendero Luminoso, de su parte, dirigía desde el inicio
de sus campañas mucha energía en la
destrucción de la infraestructura local del sector público regional y la
intimidación de las autoridades locales de
desarrollo o los representantes locales del Estado, de la policía local y de las
universidades locales.
Sendero Luminoso9 emergió en la región de Ayacucho, lugar
estigmatizado por las heridas
de la pobreza, el analfabetismo, la explotación y el subdesarrollo. En esas
tierras, la reforma agraria de Velasco fue
detenida prematuramente. La ciudad de Ayacucho, durante siglos una pequeña
ciudad capital de una región miserable
de medianas haciendas y comunidades olvidadas, veía en los años cincuenta su
vieja universidad colonial re-
inaugurada. La universidad10 pudo atraer en sus primeros años un buen
profesorado y cuerpo
docente. Pero con el avance de los años, los exalumnos de aquella universidad
provinciana tenían que competir en el
mercado con los egresados de veinte, treinta y otras universidades regionales.
La mayoría de los exalumnos, de origen
indígena, regresaba a sus pueblos nativos. Al comienzo de los años sesenta un
filósofo provinciano, Guzmán, llegó a
Ayacucho para enseñar en la universidad y la escuela asociada para el magisterio
de la secundaria. Una vez
establecido en Ayacucho llegó a ser el líder indisputable de una sub-sub-
escisión maoísta de lo que entonces fue el
Partido Comunista del Perú11. Mientras el ala moscovita de la
Izquierda nacional entró en alianza con
el gobierno de Velasco y las diferentes ramificaciones neo-marxistas llegaron a
participar -y con éxito- en las
elecciones de los años ochenta, el liderazgo de Sendero Luminoso optó por el
anonimato de una estructura celular
clandestina al prepararse para una "guerra popular". Guzmán tomaba su tiempo
para fortalecer su organización y
adquirir raíces fuertes entre la población regional. El primer momento de
manifestación pública fue brillante: la
destrucción de las urnas electorales en la ciudad pueblerina de Chusci en
Ayacucho en mayo de 1980, durante las
elecciones para el primer presidente civil después de doce años de gobiernos
militares, cuando el gobierno militar se
sentía débil y los futuros lideres del gobierno civil en Lima eran todavía
desconocidos12.
Sendero Luminoso maduró lentamente pero de manera estable durante los años
relativamente prósperos de los
gobiernos militares. Guzmán esperaba su tiempo durante quince años antes de
lanzar su primera acción de guerrillera.
El énfasis en una estructura celular de clandestinidad, de pureza ideológica, de
proselitismo lento, de lealtad y
devoción absoluta, y una moralidad estricta -una disciplina férrea impuesta por
el líder carismático y casi-religioso-
proveía al movimiento un ambiente protector natural que contribuyó, en los años
siguientes a la impenetrabilidad del
movimiento. Sendero Luminoso había buscado y encontrado una base popular
relativamente estable. Iniciaba la
"guerra popular" desde su región de origen.
Como ya he mencionado antes, hubo dos hechos que contribuyeron de manera
considerable al desarrollo
sostenido del movimiento en su primera fase abierta entre los años 1980 y 1982.
Primero había el desinterés del
gobierno de Belaúnde. El presidente -cuyo prestigio había sido destrozado por un
equipo de militares que luego
durante el decenio militar había desempeñado puestos de ministro- buscaba un
Velasquista detrás de cada oficial en
servicio activo y manifestaba desconfianza abierta frente al ejército y sobre
todo al servicio de inteligencia. Belaúnde
disminuyó la importancia de la guerrilla durante esos años en publico y en
sesiones del gabinete, manifestando que se
trataba de ladrones, de abigeo, de unos campesinos maltratados. Entonces, en vez
de llamar al ejército regular, mandó
a la policía de Lima para restablecer el orden. De tal modo el presidente
indolente transformó la policía capitalina, no
entrenada para una lucha antisubversiva, en el mayor proveedor de armas a
Sendero Luminoso. Segundo, existía la
estrategia y táctica del movimiento clandestino de matar en intimidar a los
representantes locales de las autoridades
públicas y de destruir toda la infraestructura local "superflua". De este modo
adquirió rápidamente el monopolio
virtual sobre el poder, la violencia y la legalidad en la región de Ayacucho y
los departamentos vecinos.
Hay otros dos factores que explican la expansión del movimiento
guerrillero entre 1982 y 1989, cuando
Sendero Luminoso llegó a extender su poder -por lo menos nominalmente y en las
horas de la noche- por buena parte
de la sierra. Primero, hay que admitir que el movimiento llegó a establecer a
partir de la segunda mitad de los años
ochenta el control parcial sobre la región del Valle del Alto Huallaga, región
productora del 60% de la coca del
mundo. Diferentes agencias de los EEUU calculan un ingreso entre 30 y 100
millones de dólares anuales para el
movimiento guerrillero13. Luego hay que mencionar el hecho que,
incluso cuando después de
diciembre de 1982, cuando el gobierno, por fin, mandó a las fuerzas armadas a la
región ayacuchana y delegó mucho
de sus responsabilidades político-militares al comando conjunto, no hubo un
mínimo plan estratégico de acción inte-
gral, el cual fue diseñado hasta el comienzo de los años noventa.
Los gobiernos civiles de Belaúnde y García no aceptaron considerar a las
actividades de Sendero Luminoso
como una amenaza a la seguridad nacional. Cuando el gobierno central pidió
intervenciones militares, se
optó en lo general por balas y más balas, por actividades militares netamente
represivas, por operaciones
antisubversivas indiscriminadas contra "el movimiento terrorista y sus aliados",
en vez de optar por una
combinación comprobada de desarrollo local bajo protección militar, de la
creación de confianza y de
contrainsurgencia militar táctica. El director del CAEM en los años ochenta,
General Jarama, lo expresó de
la siguiente manera14:
Con seguridad se lamía los dedos, se lamía los manos ante la oportunidad
de encontrarse con esos
hombres [Belaúnde, García, D.K.], mandando la policía en vez del ejército, no
habiendo preparado nada
(...)Por eso dije el otro día que, mientras que el señor Guzmán juega un
partido de ajedrez, nosotros
estamos jugando un partido de tenis, con otros uniformes, instrumentos, etc."
Sin ninguna duda, la ideología y las acciones de Sendero Luminoso eran
atractivas para varias categorías de personas,
sobre todo dentro de los jóvenes y los humildes. La élite partidaria estaba
integrada por los hijos e hijas de las élites
criollas provincianas. La mayoría de quienes originalmente ingresaron en las
filas del movimiento, provinieron de la
juventud urbana provinciana. Algunos llevaron clases en la universidad por
algunos años; otros se salieron del sistema
universitario. El reclutamiento de los miembros comunes y corrientes se dirigió
sobre todo a los jóvenes y
(relativamente) a los marginalizados, los indígenas, el campesinado y luego los
pobladores de los pueblos jóvenes
urbanos. Las columnas guerrilleras incluían cierta cantidad de jóvenes entre los
14 y 18 años y de
mujeres15. El mensaje ideológico de Sendero Luminoso era el
abracadabra crudo y simple de un
movimiento crudo y simple en el medio ambiente crudo y desolado de campesinos y
pobladores de barrios marginales
extremamente pobres. Simbolizaba una justicia cruda y violenta, expresada, por
ejemplo, por el ajusticiamiento
selectivo de "gente mala". Se refería a una moralidad cruda y cruel, que por
ejemplo implicaba las sentencias públicas
de alcohólicos y de infieles. Implicaba una redistribución cruda y sin
compasión, enfatizando la necesidad de pequeñas
parcelas de tierras y lo mínimo necesario de ganado y comida para la
sobrevivencia. Utilizaba una pedagogía cruda y
repetitiva, enseñando lo básico necesario a la gente común, gente humilde y
impresionable y con profundo respeto
para profesores y apóstoles16. Sendero Luminoso utilizaba un
vocabulario que variaba de región a
región, de un aumento poblacional al otro. Incorporaba dulzura y coerción,
aplicando gradualmente más y más terror
y violencia17:
"Las células de formación teórico-práctico y de posterior acción político-
militar, se denominan
bases. Estas actúan concertadamente a nivel urbano y rural para las
actividades de forma-
ción(...) Las células urbanas reciben formación doctrinaria y militar (...) Las
bases rurales son
verdaderas escuelas militares en situ. Sus miembros reciben también
preparación teórico-
práctica con base al pensamiento-Gonzalo [de Guzmán, D.K.] y a las
características de la zona,
tanto desde el punto de vista topográfico como de los recursos económicos que
posee la zona. Se
hace una identificación de sus enemigos políticos y militares. Se les entrena en
el uso de armas de
corto y mediano alcance, se les capacita en el uso de la dinamita y bombas
caceras. Se les inicia en
acciones de espionaje y vigilancia, de proselitismo, y delegación y difusión del
rumor que sobreva-
lora su potencia para luego hacerles participar en operaciones bélicas y de
terrorismo urbano. Para
las acciones militares se constituyen grupos de 6-8 personas, donde el contacto
es sólo a través de
uno de sus miembros.
Las acciones urbanas se orientan a captar personal entre los centros
educativos superiores
(...) sin dejar de lado el reclutamiento de jóvenes y adolescentes de centros
secundarios y técnicos a
los cuales les atrae la perspectiva de tener poder y mando, de eliminar las
injusticias sociales y
económicas y transformar, en definitiva, la sociedad existente que no ofrece
posibilidades de futuro
personal o profesional, para lograr ascender al poder y al cambio social
revolucionario, para lo cual
es necesario constituir células de acción directa. Las acciones se dirigen en
idéntica dirección, es
decir, a constituir bases operacionales político-militares en donde ha sido
aceptado su mensaje y
donde han logrado colaboración o aquiescencia para sus propósitos. Esto es,
lograr atraer e
involucrar a contingentes provenientes de diversos estratos sociales:
estudiantes, profesores sin
empleo, campesinos, jornaleros, etc.
El medio rural y, en menor medida, el urbano, presentan (...) un
panorama de
desestructuración conflictiva en los diferentes ámbitos socio-económicos, lo
cual es propicio para la
implementación y desarrollo de bases. En el medio rural se observa la casi
desaparición de las
empresas cooperativas, gracias a la parcelación y eliminación de la
infraestructura de
transformación (...) Las medianas propiedades son abandonadas por sus
propietarios merced a la
amenaza de Sendero, las comunidades son presionadas para cambiar sus directivas
con personas
obedientes, los pequeños propietarios son inducidos a pagar cuotas de apoyo. Los
pequeños comer-
ciantes son obligados a acatar las directivas de Sendero, pues, en caso
contrario, corren peligro sus
vidas y sus bienes. A los servicios técnicos de agricultura u otras entidades
públicas se les impide
actuar en el medio rural mediante la amenaza o la acción directa contra personas
y bienes. Los
servicios religiosos son controlados y previamente autorizados para atender a su
feligresía.
El principio fundamental era establecer áreas de seguridad político-
militar para luego
controlar la producción y, con ello, el abastecimiento de los centros urbanos
pequeños y grandes
que permitirían posteriormente su estrangulación y fácil captura. En este
sentido se procede de la
manera siguiente:
= detección de los ámbitos de conflicto más intensos, entre
directivos y socios,
propietarios y asalariados, dueños de parcelas y campesinos sin tierra, o entre
comuneros ricos y pobres;
= presencia militar para inclinar el conflicto favorablemente hacia
grupos o per-
sonas que son accesibles o simpatizantes de Sendero;
= apoyo armado al grupo pro-senderista y marginación progresiva de
los oposito-
res, lo cual es vigorizado por la repartición de tierras y animales a título
gratuito,
todo ello dentro de una reunión o Asamblea Popular vigilada u orientada por los
mandos político-militares;
= incorporación de mitimaes, es decir, campesinos o
militantes seguros
traídos de otras zonas ya controladas, los cuales reciben tierras
gratuitamente, a
veces las mejores, y constituyen el núcleo político a partir del cual y con el
cual
se forman los cuadros militares en grupos de seis combatientes (...);
= transformación de una unidad agropecuaria o de la zona de implantación
de una base de apoyo.
En ésta se determina el tipo de producción, la cantidad a producirse (...) y la
reglamentación de la
actividad productiva, la vida social y política (...);
= consolidación de la base. Al momento en que una base se encuentra
bajo su control y cuenta con
su propio aparato político-militar, se considera que se encuentra
suficientemente consolidada como para contar con
ella para futuras acciones o para resistir la acción de fuerzas externas
(...).
Estos eran los procedimientos típicos en las provincias. Con la extensión de
Sendero Luminoso a las áreas
metropolitanas de Arequipa, Trujillo y Lima, los ingredientes del cóctel de
persuasión y de terror cambiaron. Las
primeras áreas urbanos de infiltración fueron las barriadas urbanas y los
cordones industriales. La primera categoría
de personas intimidadas fueron los líderes independientes y los líderes
laborales, los líderes de los movimientos
poblacionales, alcaldes y administradores locales, y los directores de
organizaciones de desarrollo local. Unas veces
fueron "convencidos" de salir, otras se estableció un "tribunal popular" para
condenar a los representantes persistentes
y eliminarlos con dinamita, tras un juicio popular. Habiendo obtenido un
liderazgo más manso y más cooperativo,
Sendero Luminoso estableció luego sus "bases de entrenamiento", encabezadas por
supervisores leales. A los oficiales
del sector público, a los funcionarios de las ONG, a los abogados, a los médicos
y periodistas se les visitaba en sus
casas o en sus oficinas. Los "mil ojos y mil orejas" del movimiento eran -según
los rumores- omnipresentes. Para
demostrar su capacidad de control sobre la vida cotidiana, Sendero Luminoso
organizaba periódicamente "huelgas
armadas" en los áreas metropolitanas, aplicando castigos selectivos matando a
taxistas y bodegueros no
obedientes.
Sendero Luminoso -por lo menos hasta la captura de Guzmán- gozaba de un
Comité Central político fuerte
con un culto personal alrededor del líder sagrado y con un eslabonamiento
directo con una red político-militar de
comités regionales y zonales. La planificación militar y operativa se realizaba
a nivel regional. Mucha de la
flexibilidad y la perseverancia del movimiento puede ser atribuido a la
descentralización regional y local. En general,
Sendero Luminoso era fuerte donde el gobierno y sus instituciones -las fuerzas
armadas, la policía, el sector público-
eran débiles: en los pueblos remotos y miserables de la sierra y en los bolsones
de pobreza urbana en las áreas
metropolitanas. Durante los doce años de la "guerra popular" Sendero Luminoso
operaba -en el sentido estrictamente
militar- con gran cautela: de manera defensiva frente a las formaciones
regulares de las fuerzas armadas, evitando
contactos directos, operando únicamente mediante asaltos a pequeñas unidades
aisladas.
Hasta finales de los años ochenta el movimiento seguía básicamente una
estrategia poca complicada de asalto-
cum-defensa, operando mediante una estructura ligera y suelta de "columnas
militares".. Había poco rango, sin
uniformes o estructuras complicadas de comando. Un comandante -entre ellos un
número interesante de mujeres-
controlaba una unidad pequeña y versátil, compuesta por leales, ideológicamente
impecables y altamente motivados.
Este núcleo -se estimaba generalmente que comprendía entre 3.000 hasta 7.000
personas en 1990/1992- era rodeado
por simpatizantes locales y por novicios, reclutados en su mayoría en las áreas
"liberadas" en los departamentos
serranos y en las barriadas metropolitanas. Una estructura secundaria de soporte
comprendía a una red de abogados,
personal médico y paramédico, estudiantes y otras organizaciones de apoyo y
simpatía, incluyendo una variedad
peculiar de "representación diplomática" en países europeos y en EEUU. Cuando
Sendero Luminoso trataba de
expandir su arena de operaciones hacia Bolivia, Ecuador y Chile en
199218, tocaba en primera instan-
cia la puerta de ONG y de médicos locales para simpatía y ayuda.
Durante los primeros años de la "guerra popular", la estrategia
antisubversiva19 se basaba en algunas
ideas bastante rudimentarias sobre la "guerra antiterrorista". Peor todavía,
hasta diciembre de 1982, el gobierno
central ni siquiera estaba interesado en una estrategia específica de
contraguerrilla. Gorriti, autor con acceso tanto a las
notas del Comité Central de Sendero Luminoso durante los primeros años de su
actuación como a los informes
confidenciales del gobierno en el mismo período, describe repetidamente
incidentes casi invero-
símiles20: micro-guerras burocráticas por el poder dentro de las
fuerzas policiales; instrucciones para
adquirir información sobre "asesores cubanos, chilenos, ecuatorianos y rusos";
el rechazo tajante de parte del
Ministerio de Aviación de poner helicópteros a la disposición de las fuerzas
policiales en Ayacucho; y la instrucción a
los servicios de inteligencia de "utilizar al teléfono público" cuando tenía que
hacer llamadas a la central.
Incluso después de diciembre de 1982, cuando la responsabilidad operativa
de la lucha antisubversiva fue
delegada hacia las fuerzas armadas, la situación no se cambió drásticamente.
Belaúnde, con miedo y resentido por el
ejército, debilitaba deliberadamente a la inteligencia militar, considerando el
servicio como una fortaleza de los
Velasquistas. Los militares entraron en la zona de Ayacucho sin estrategia
formulada, sin saber que tipo de lucha
antisubversiva habían que llevar a cabo. Obando Arbulú21 relata que
la base conceptual para las
campañas contra Sendero Luminoso durante todos los años ochenta consistía en dos
manuales antisubversivos de las
fuerzas armadas norteamericanas, traducidas al español en los años cincuenta.
Los comandantes militares de las zonas
de emergencia -primero Ayacucho y luego los demás departamentos de la sierra-
actuaron de manera independiente
dentro de su "territorios", sin mayor coordinación, en ausencia de un concepto
estratégico compartido.
De hecho, la estrategia empíricamente establecida fue el uso indiscriminado de
la fuerza militar contra la guerrilla y
sus supuestos aliados, generalmente comuneros indígenas. A comienzos del año
1981 el gobierno central mandó a los
Sinchis "para restaurar el orden público". Esta tropa antisubversiva especial,
creada dentro de las fuerzas policiales
explícitamente para contrarrestar a la violencia urbana,paros y huelgas,
manifestaciones populares y, en general,
desórdenes civiles, organizaron una orgía de diez días de matanza, violencia y
violación en nombre del gobierno
central, ofreciendo a Sendero Luminoso para los próximos años, una excusa
confortable de excesos difícilmente a
igualar. El General Huamán22, nombrado como jefe político-militar de
la zona de emergencia de
Ayacucho comenzó con una política de ganar la confianza de la población
local:
"Cuando yo llegué a Ayacucho había toque de queda. O sea, que la gente a
partir de las 10 de la noche, no
podía moverse. ¿Para qué sirve? ¡Para nada! Pero, señor, hay toque de queda.
Para nada. Si quieren bailar, bailan,
cantan, tocan. ¿Cómo van a trabajar? Lo que de verdad falta es: confianza. Si yo
doy confianza, seguridad y hacer
bien, entonces, nos entendemos. Sólo así se puede caminar."
Huamán, sin embargo, pidió también fondos para proyectos de desarrollo local. El
gobierno central decidió rechazar
tal petición, reiterando de nuevo su solicitud para actividades sostenidas de
combatir a la guerrilla y sus aliados.
Cuando el jefe militar en Ayacucho criticaba esta respuesta, fue cambiado por
otro comandante quien rápidamente
regresó a la política "normal" de destrucción en grande y de "desaparición" de
sospechosos23:
"Bueno, le dije al gobierno, en privado primero, y en público después, de
que no se va a resolver el
problema con balas. Que los campesinos son igualito tan gente que cualquiera que
está en Lima como ministro,
presidente, parlamentario, juez, vocal supremo. Igualitos somos. Entonces, lo
que hacen los de la ciudad, los
gobernantes, lo que ellos quisieran es gozar en la ciudad, de gozar, pues, de
los dólares que se originan en el campo,
en las minas, en los socavones (...)"
Un tratamiento similar recibió el general Arciniega, nombrado comandante general
del Alto Huallaga y tratando de
ganar la confianza de los cocaleros locales, controlados por Sendero Luminoso.
Acusado por la DEA como traficante
de drogas, tuvo que renunciar a su cargo. Unos meses después, el movimiento
guerrillero adquirió de nuevo un
control considerable sobre la zona del Alto Huallaga.
La estrategia antisubversiva de los años ochenta, de violencia indiscriminada y
dura hacia la "población
sunversiva"24, creó a lo largo del tiempo una ambigüedad política: la
población, quizás no atraída por
Sendero Luminoso sino bajo amenaza y violencia, tampoco se inclinaba hacia el
gobierno o las fuerzas militares. Pero
a finales de los años ochenta el movimiento guerrillero empezó a alienar más a
la población indígena. Tratando de
impedir los flujos comerciales y alimenticios a Lima y otros áreas
metropolitanos, comenzó a prohibir la venta de
<MI>surpluses<D> locales, dando "ejemplos castigadores" a los
líderes y a los comuneros, aumentando
gradualmente la violencia represiva. Sendero Luminoso terminó de ser considerado
en muchas partes como el
demonio, el anticristo, el temible ñakaq25.
He aquí, en retrospectiva, el punto clave de cambio en la guerra civil. La
animosidad generalizada hacia
Sendero Luminoso animaba al campesinado a organizarse -o dejarse organizar por
las fuerzas armadas- en
organizaciones de autodefensa, comités de autodefensa civil o rondas
campesinas26. Estas instituciones
emergieron espontáneamente en los años setenta en las regiones norteñas, como
consecuencia de la Reforma Agraria
de Velasco. Desde el comienzo de los años ochenta comenzaron a actuar como
organizaciones de autodefensa civil,
básicamente defendiendo derechos de tierras y actuando como autoridad local de
justicia. Durante algunas elecciones,
tanto la Izquierda como el APRA se disputaban el control político sobre las
rondas. Al proliferarse la guerra, se
multiplicó el sistema de las rondas campesinas sobre toda la sierra. Con la
ausencia de otras instituciones del sector
público, los líderes ronderos solicitaron armas al gobierno. Pensando
originalmente en milicias rurales el gobierno de
García empezó a distribuir viejos fusiles.
Paralelamente los comandantes regionales comenzaron a acercarse a los
líderes ronderos, tratando de
organizar las rondas bajo el control castrense regional. Si bien significó que
ahora el ejército en vez de Sendero
Luminoso llegó a controlar a las comunidades locales, el cambio fue considerado
como algo positivo: Sendero
Luminoso había actuado como "institución totalizante", interfiriendo en casi
todos los aspectos de la vida diaria local y
ejerciendo una hegemonía totalizadora sobre las comunidades serranas. Las
fuerzas armadas, al otro lado requerían
básicamente las visitas semanales a los cuarteles y la vigilancia en las
patrullas comunales; sin embargo, no interferían
en la vida cotidiana de la población27.
Un novicio político, Alberto Fujimori, fue el ganador de las elecciones
presidenciales del año 1990. Fujimori, siendo
elegido sin un plan de gobierno, un listado de futuros ministros y sin aliados
políticos, buscaba establecer alianzas. Por
supuesto fue cordialmente recibido en el Círculo Militar durante el período de
transición y la primera semana de su
presidencia. Allí la inteligencia militar le hizo <MI>briefings<D>
extensivos sobre estrategia y táctica
antisubversiva y derechos humanos, estrategias de desarrollo y prioridades
económicas y políticas a largo plazo. Su
guía y mentor político de los primeros años, Vladimiro Montesinos, fue nombrado
presidente del nuevo "consejo
Estratégico del Estado", actuando de tal modo como el virtual jefe del sistema
de inteligencia nacional. Una de las
primeras decisiones del nuevo gobierno era reconocer a las rondas campesinas
como la rama semi-institucionalizada
de las fuerzas armadas peruanas. En el día de la independencia de 1991,
marcharon ronderos campesinos armados
junto con tropas representando al ejército, la marina y la aviación. Desde este
momento, las rondas fueron gradual-
mente más influidas y subordinadas bajo los mandos militares regionales. En 1992
fue difundido un decreto legislativo
reconociendo legalmente los Comités de Autodefensa. A mediados del año 1994, el
Perú contaba con 5.750 rondas
con 400.000 ronderos28.
Sendero Luminoso había perdido desde el comienzo de los años noventa la
iniciativa estratégica en la sierra.
Guzmán, aparentemente percibiendo que estaba perdiendo control, decidió
concentrar sus esfuerzos en Lima
Metropolitana. Desde luego, Sendero Luminoso trató de rodear y de penetrar en
Lima, haciendo su presencia visible
en las barriadas capitalinas y distribuyendo tierras y animales en alguno de los
valles costeños. Sin embargo, el
movimiento no logró penetrar fácilmente en los sindicatos laborales y las
organizaciones industriales. Una ola de
terror contra la Izquierda legal y los líderes de las organizaciones vecinales
independientes, junto con una huelga
armada que paralizó a la capital, alrededor del Día de la Independencia de 1992,
contribuyó al sentido generalizado de
desmoralización. Pero de repente, el propio Guzmán y la mayoría de los miembros
del Comité Central fueron arresta-
dos. Después de la captura de Guzmán, el carácter y la intensidad de la guerra
civil se ha cambiado de manera
sustantiva. Del Comité Central, el 60% de sus miembros fue arrestado; en los
primeros meses de 1994, solamente 9
de los 25 miembros fueron liberados29. Sin embargo, una parte
considerable de la estructura militar a
nivel regional ha quedado intacto: solamente el Comité Norte ha sido
"neutralizado", mientras los otros cuatro
quedaron por el momento íntegros. Lo mismo vale con respecto a los Comités
zonales y subzonales. La estimación
más precisa sobre el cual DINCOTE disponía en febrero de 1994, atribuía a
Sendero Luminoso un número redondo
de 3.000 guerrilleros, básicamente organizados en pequeñas columnas y
células.
El arresto de Guzmán fue el resultado de una labor meticulosa de
detectives de DINCOTE, una división
especial de la policía para combatir al terrorismo, creada en los primeros años
de la década de los ochenta. Cuando
Fujimori llegó a ser presidente, DINCOTE decidió irse concentrando únicamente en
los miembros de alto nivel de
Sendero Luminoso. Este cambio formaba parte de una reorientación más global de
la estrategia antisubversiva en su
conjunto, iniciada en el año 1990. La estrategia nueva, preparada y puesta en
marcha por los nuevos actores dentro
del sistema de inteligencia militar y policial, atribuía mucho más importancia a
las rondas campesinas. Los resultados
llegaron a comprobarse. El nuevo sistema delegaba mucho más iniciativa a DINCOTE
y al sistema militar de inteli-
gencia. Y sobre todo, unía una dimensión política a la estrategia del
gobierno30. El principio rector de
la nueva doctrina antisubversiva era, tratar de ganar la simpatía y la confianza
de la población, procurando programas
de desarrollo local, dando protección local y restableciendo la ley y el orden a
nivel local. La nueva estrategia y la
nueva estructura de soporte -el sistema nacional unificado de inteligencia, el
comando antisubversivo nacional
unificado, la creación del Consejo de Defensa Nacional- resultó exitosa
especialmente después del autogolpe de
Fujimori a partir del 199231. Dentro de las fuerzas armadas se
estimaba en 1995 que el finalizar de la
lucha antisubversiva tomaría aún, quizás dos años. Sendero Luminoso,
militarmente vencido a nivel nacional, se
rompió en diferentes componentes político-militares32. Como fuerza de
guerrilla nacional, ha perdido
el significado nacional en 1993, a pesar que hasta en el año 1996 seguían
eruptando brotes de violencia regional,
debido a las actividades de columnas senderistas que operan bajo nuevos
nombres.
Guatemala: La guerra permanente de baja intensidad
Cuando el presidente Eisenhower, el vicepresidente Nixon y el secretario del
Estado Dulles en 1954 dieron
autorización a la CIA para llevar a cabo un plan, llamado "Operación Exito" para
derrotar al presidente constitucional
de Guatemala, Jacobo Arbenz, no actuaron para defender los intereses de las
etnias de Guatemala, ni en favor de la
población nacional de dicho país. La decisión de sustituir la presidencia
constitucional de Guatemala por un régimen
encabezado por un títere militar virtualmente desconocido, de nombre Carlos
Castillo Armas, fue tomada con miras a
la defensa de los intereses de una compañía estadounidense, la United Fruit
Company. Durante los primeros años de
la década de los cincuenta, las tierras de la United Fruit corrieron el riesgo
de ser expropiados bajo el régimen de la
Reforma Agraria de Arbenz. Veinte años más tarde, la misma compañía vendió en
1972 todas sus pertenencias a la
compañía Del Monte durante su -no tan exitoso- proceso de fusión con otro
consorcio, United Brands.
Guillermo Toriello, embajador de Guatemala ante el gobierno de los Estados
Unidos y canciller de Arbenz
durante los últimos meses de su gobierno, relata en sus memorias33 la
ignorancia abismal de los
líderes estadounidenses sobre la situación guatemalteca. En vista de la
prolongada serie de dictadores militares,
presidentes "constitucionales" elegidos por votos fraudulentos y la guerra
amarga de la guerrilla, iniciada unos pocos
años después de caída de Arbenz y que desembarcara en una guerra civil que
dividiría la nación durante más de cuatro
décadas, la "Operación Exito" se hubiese renombrado "Operación Fracaso". Un
gobierno que había dado esperanzas a
las etnias indígenas, que había iniciado una Reforma Agraria urgentemente
necesitada, que se había desempeñado
aunque tímidamente en las regiones rurales remotas del país, había sido
reemplazado por un régimen restaurativo,
cuyo único mérito a largo plazo era la transición de "Guatemala a Guatepeor".
Hasta el historiador "oficial" del golpe,
Schneider34 ha concluido posteriormente35:
"Cuando el resultado de la intervención en 1954 a corto plazo era visto
por el momento como éxito para los
Estados Unidos durante la Guerra Fría, es gradualmente más difícil de
considerarlo así en una perspectiva más amplia.
De hecho, en la luz de lo que sucedería luego, hay razones para considerarlo
justo un desastre."
Durante los años posteriores, el Departamento de Estado de los Estados Unidos se
vería obligado a fortalecer el
personal de su embajada con especialistas en asuntos de contra-insurgencia
traídos desde Vietnam del Sur: se
transfirieron 25 25 profesionales expertos en este oficio singular a Ciudad de
Guatemala entre 1964 y 1974. Se inició
la lucha guerrillera en Guatemala durante los años del gobierno del sucesor de
Castillo Armas, el general Miguel
Ydígoras, al comienzo de la década de los sesenta. Quedó claro desde el inicio
que los agrupamientos más importantes
de este tiempo reflejaron el pasado de la Revolución Guatemalteca (1944-
1954)36. Los tres
comandantes guerrilleros más prestigiosos, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Turcios
Lima y Carlos Paz Tejada habían
sido oficiales del ejército guatemalteco; Paz Tejada había sido nombrado
Ministro de Defensa por Arbenz.
Como varios autores han indicado37, el golpe contra Arbenz no
solo había frustrado a la
Izquierda, sino también a los sectores progresistas del ejército guatemalteco.
La influencia de los Estados Unidos,
mediante su Embajada y su Programa de Asistencia Militar y especialmente
mediante la CIA y su uso no tan cubierto
de las facilidades dentro del territorio guatemalteco durante los preparativos
de lo que luego se conocerá como la
Invasión de la Bahía de los Cochinos, causó irritaciones y hasta sentidos de
frustración, dentro de las promociones
más jóvenes de la Escuela Politécnica, la academia militar. El ejército,
lentamente profesionalizándose desde los años
cincuenta38, mantenía una relación nolens volens de combate
con el movimiento incipiente de
la guerrilla. La estrategia básica de lucha antisubversiva era declarar el
estado de sitio, lanzar de vez en cuando
campañas masivas pero de corta duración contra el movimiento guerrillero y
reducir las intervenciones castrenses
hacia el área disputada por combate en las regiones de Zacapa, Izabal y la
Sierra de las Minas. La mayoría de los
esfuerzos militares era orientada hacia el escenario político nacional.
Los estamentos militares se deshicieron en el año 1963 del presidente impopular
Ydígoras y nombraron al Coronel
Enrique Peralta Azurdia como Jefe de Estado; Peralta rechazó utilizar el título
de presidente. Peralta trató de poner
"su casa en orden"39: reorganizando el sector público, promulgando
una nueva legislación electoral y
laboral, estableciendo una nueva constitución y preparando elecciones para un
gobierno civil en 1966. El Jefe de
Estado militar, por supuesto era un anticomunista convencido, pero un político
militar "apolítico", estaba sobre todo
preocupado por erradicar la política partidaria y el clientelismo político
dentro de las fuerzas armadas. Preocupado
también por las profundas divisiones dentro de las filas castrenses a partir de
1954 e interesado en reforzar la unidad
dentro de las fuerzas armadas, el Jefe de Estado tenía el punto de vista que la
sobrevivencia del gobierno -militar por
el momento, cívico-militar y cívico con hegemonía militar en las décadas por
seguir- dependía de un precario
equilibrio con el movimiento guerrillero. El gobierno de Peralta parecía
contentarse con considera a los guerrilleros
como "bandidos"; por lo que no hizo mayor esfuerzo para combatirlos.
De parte de la guerrilla tampoco hubo un interés cabal en llevar a cabo
campañas inmensas; al contrario,
parecía predominar en estos años el concepto de una guerra limitada. En el
sentido militar, los ataques guerrilleros
tenían solamente un significado local. Su liderazgo lo ejercían exoficiales de
las fuerzas armadas, exestudiantes
universitarias y exrepresentantes estudiantiles. Algunos de ellos solían asistir
a sus cursos de la universidad durante los
días de la semana y llevaron a cabo una "guerra del fin de semana" durante los
días viernes, sábado y domingo. Los
comandantes guerrilleros eran entrevistados con cierta regularidad por la prensa
nacional; la población local de Zacapa
y Chiquimula les sabía encontrar en los bares y restaurantes locales. Los
guerrilleros comunes y corrientes eran
reclutados de las áreas urbanas y en las ciudades regionales de menor categoría,
mezclándose con los campesinos
ladinos de las regiones sureñas y orientales. Yon Sosa y Turcios Lima seguían
manteniendo contactos con sus
anteriores compañeros de armas dentro del ejército, visitando sus compañeros de
promoción de la Politécnica de
manera privada en su casa, en un cine o en un restaurante40. Este
comportamiento entre "oficiales y
caballeros" se extendió hasta los honores para los difuntos, después de la
muerte de Turcios Lima en un accidente
automovilístico, cuando su féretro fue cargado por las calles de Ciudad de
Guatemala durante la ceremonia del
entierro, se detuvo delante de la Politécnica para recibir los honores y saludos
de parte de sus compañeros de clase y
los colegas oficiales.
Sin embargo, las campañas relativamente confortables -confortables en el sentido
estrictamente castrense- de
contraguerrilla durante los años ochenta tuvieron un resultado que condujo a
consecuencias de gran importancia para
en el orden social y político nacional: la creación de una "sociedad de miedo".
Las instituciones militares, que
utilizaron el peligro de un golpe comunista como un cómodo pretexto o a una
semirealidad exagerada, comenzaron a
monopolizar su fuerza institucional contra los demás segmentos organizados
dentro de la sociedad civil, contra el
sector público, contra los partidos políticos y los movimientos sociales,
gradualmente produciendo y reproduciendo un
régimen político cívico-militar de violencia y de represión.
La situación más "natural" para un nuevo gobierno, constitucional, por
voto fraudulento o directamente
impuesto, comenzó con una alianza entre los líderes políticos y los estamentos
militares41. Como lo ha
expresado un observador con ojo fino42:
"Llegó a tal punto que todos los partidos políticos comenzaron a buscar
desesperadamente a un General que
pudiese ser su candidato presidencial. Luego, cuando los estamentos militares
superiores comenzaron a nombrar al
sucesor militar del anterior presidente militar, se había ya creado un proceso
opaco de fraude electoral. Hay que decir
también que, últimamente, el daño directo quedó limitado al cuerpo de oficiales
superiores: un militar ganó las
elecciones, pero era a veces sustituido por otro oficiales con mejores
credenciales dentro del ministerio de la
defensa."
En el interior la arena política nacional se transformó, de tal modo, que la
tradición ya existente del presidencialismo
militar, se sustituyó por un paradigma de supervigilancia castrense sobre la
sociedad y la política. De 1958 hasta 1985
el Jefe del Estado guatemalteco era un oficial del ejército; más aún, de 1970
hasta 1982 el presidente electo o
nombrado era siempre sucedido por otro general quien había servido a su
antecesor como Ministro de la Defensa. La
única excepción aparente fue el período del gobierno civil de Julio César Méndez
Montenegro (1966-1970); sin
embargo, es en aquellos años cuando se estableció y consolidó la estructura de
supervisión y de represión militar.
Méndez Montenegro, procedente de una familia política de reputación moderada,
incluso "socialista", tenía que
probar sus credenciales patrióticas ante las fuerzas armadas. Al comienzo de su
gobierno se le acercó una delegación
del cuerpo de oficiales más jóvenes y progresistas dentro de las fuerzas
armadas; también le solicitaron una cita los
representantes de la vieja guardia, los coroneles virulentamente
anticomunistas43. Decidió hacer un
pacto con los viejos coroneles, una alianza que en términos guatemaltecos
significa un pacto con el diablo. Desde
mediados de los años sesenta hasta mediados de los ochenta llegó a ser la
formula social y política en Guatemala una
combinación comprobada de violencia, represión y miedo
generalizado44.
Las fuerzas armadas -un ejército modesto45 con una marina y
fuerza aérea de soporte muy
pequeña, bajo el comando unificado del Jefe del Estado Mayor del ejército-
expandieron su dominio hacia partes
esenciales del sector público46. Hasta la fecha, el sector de
inteligencia nacional es el privilegiado
indisputable de las fuerzas armadas. Asistencia técnica en asuntos de
inteligencia fue brindada mayoritariamente por
agencias de los Estados Unidos; sin embargo, en los últimos años de los setenta,
los israelíes entraron en el campo
sensitivo de contra-inteligencia y procesamiento de datos47. La
policía, por ejemplo, fue militarizada
de manera avanzada, situación que no ha sufrido cambios mayores hasta la fecha.
La policía está subordinada a los
militares, no sólo a nivel nacional, sino llega a los niveles regionales y
locales; la policía local tiene que coordinar
detalles con el comandante local del ejército y depende por completo de la
inteligencia militar en asuntos netamente
policíacos48. La casa presidencial fue militarizada. Hasta la fecha,
el Ministro de la Defensa nombra a
un general del ejército como Jefe del Estado Mayor presidencial y jefe del
cuerpo de asesores presidenciales. Desde
1986, los presidentes civiles Cerezo, Serrano y De León Carpio han recibido de
sus asesores militares obligatorios
extensos briefings en asuntos de seguridad nacional, estabilidad nacional
y desarrollo a largo plazo, como son
percibidos por las fuerzas armadas.
Una misión vital fue emprendida y consolidada dentro de los departamentos
rurales de Guatemala. Con la
prolongación del conflicto armado y su extensión hacia otros departamentos en
los años setenta, las fuerzas armadas
comenzaron a comportarse, primero de facto y luego de jure, como los únicos
representantes legítimos del gobierno
central en los departamentos. Fuera de los centros urbanos, el ejército y a
veces la marina actuaba -y sigue actuando-
como el sólo representante del Estado, con médicos y enfermeras del ejército,
con dentistas del ejército, con
veterinarios del ejército, con ingenieros del ejército, con abogados del
ejército y con administradores del ejército. El
eslabonamiento entre las funciones militares y civiles dentro de las regiones
indígenas subdesarrolladas fue reforzado
por otra misión militar de desarrollo "tradicional": los programas de "acción
cívica"49, asesorados y
financiados por la asistencia militar y civil para el desarrollo de parte de los
Estados Unidos: programas de desarrollo
local para la población civil, diseñados y ejecutados por las fuerzas
armadas.
Sin embargo, el cambió institucional más violento y más dramático era la
creación -parcialmente escondida y
parcialmente abierta- de una maquinaria de control, persecución, opresión y
matanza, aparentemente dirigida contra
"la amenaza comunista de la guerrilla", pero de hecho expandida hacia todos los
segmentos de la sociedad civil que
quizás, un día, quisiese o pudiese apoyar a las fuerzas guerrilleras. Los
militares extendieron, para adquirir mayor
control directo sobre el campesinado y la población local, el papel de los
comisionados militares, hasta este momento
es un ejército de reserva en cada uno de los pueblos indígenas y en cada uno de
los latifundios encargado en la
previsión regular de las cuotas de conscriptos, y ahora transformados en los
focos locales de redes de espionaje y de
control, brindando información sobre las actividades militares y políticas de la
población local al comandante regional
del ejército. En algunas localidades el ejército comenzó experimentalmente con
la formación y el entrenamiento de
unidades locales paramilitares de milicianos campesinos50. Una red de
oficiales paramilitares y
parapoliciales fue formada para controlar y aterrorizar a la vez la estructura
que se supone soporte a la guerrilla: los
partidos políticos de la Izquierda -en Guatemala definida desde la derecha
civilizada hasta la izquierda clandestina- , el
movimiento laboral, el movimiento estudiantil, el liderazgo de los estudiantes
de secundaria, el liderazgo de los
movimientos urbanos de pobladores marginales, etc. El torturar, el desaparecer,
el violentar, el masacrar fue
percibido como medidas eficientes de estrategia de terror y detenimiento.
En el momento que Méndez Montenegro llegó al poder, tanto el gobierno como
los militares estuvieron
considerando como objetivo de prioridad nacional la eliminación total del
movimiento guerrillero y también
eficientemente su estructura de soporte. El resultado de una campaña contra-
insurgente feroz, llamada "Operación
Guatemala"51, era que el movimiento guerrillero pareció ser
aplastado: algunos centenares de
guerrilleros fueron asesinados, a costo de miles de campesinos muertos que eran
inocentes y sus pueblos destruidos.
El coronel Carlos Arana, comandante de la campaña exitosa antisubversiva en
Zacapa y en las regiones orientales, fue
promovido a general y mandado de embajador de Guatemala ante el gobierno de
Nicaragua. En Managua, el propio
Anastasio Somoza le ayudó en la formación de una coalición ganadora para su
campaña presidencial en el año
197052. Desde el período de gobierno de Arana, la combinación de
destrucción masiva del
movimiento guerrillero y su supuesta estructura de soporte llegó a ser la
formula mágica de la doctrina de
contrainsurgencia. Como opción más dulce y civilizada, algunos proyectos de
desarrollo local, generalmente en la
forma de "pueblos estratégicos"53 u otros programas de control sobre
el campesinado y la población
regional fueron implementados. Sin embargo, los ingredientes básicos de la
estrategia antisubversiva siguieron siendo
la intimidación, los ataques, la violencia, la tortura y la destrucción a
ciegas. Un grupo de estudio independiente,
financiado por el Departamento del Estado de los Estados Unidos concluyó en
198554:
"Mientras tanto, la insurgencia se expandía. Pero en vez de redefinir la
táctica contrainsurgente para
contrabalancear al número creciente de los reclutas guerrilleros, el gobierno
solamente intensificó [las campañas} (...)
Dos líderes principales de la oposición fueron asesinados: Manuel Colóm (...) y
Alberto Fuentes (...) Su muerte
indicaba claramente que los líderes de la oposición -ni importa su
responsabilidad, su patriotismo o su pacificidad-
fueron considerados como amenaza al esquema político. A la lista de los
asesinados fueron añadidos líderes
laborales y campesinos, oficiales de los partidos políticos, activistas
estudiantiles, abogados, médicos y profesores
secundarios. Y su número crecía de manera alarmante: en 1972 el número promedio
de "muertos políticos" oscilaba
entre 30 hasta 50 por mes; en 1980 el monto era entre 80 y 100 por mes; en 1981,
250 hasta 300 por mes."
Desde los años del gobierno de Méndez Montenegro, las campañas de la guerrilla y
de contrainsurgencia habían
transformado a Guatemala en un teatro de guerra civil de baja intensidad.
Todavía faltaba el componente predominan-
temente étnico.55 Durante los años setenta emergió un nuevo grupo
guerrillero, el ERP (1972),
empezando sus operaciones en Ixcán, la frontera norteña de la región maya del
Quiché. Muchos de sus comandantes
habían participado en las campañas anteriores en las regiones ladinas; su perfil
típico era el ambiente de clase media
ladina, seguido por unos años de estudios universitarios. Un segundo grupo, la
ORPA (1971) entró también en las
regiones mayas. En contraste con los movimientos anteriores de la guerrilla en
los años sesenta, la nueva guerrilla se
orientaba desde el inicio al reclutamiento de la población maya, al soporte de
las comunidades mayas y a la
identificación con los asuntos socio-económicos y culturales de las etnias
mayas. Después de varios años de convivir y
arraigarse en las comunidades mayas y tras un reclutamiento lento pero
persistente y una inmersión constante en la
economía y la sociedad local, tanto el ERP como la ORPA habían ganado y
consolidado la simpatía de las
comunidades indígenas y de la población regional. Desde la segunda mitad de la
década de los setenta, los manifiestos
políticos y los volantes de reforma proclamada fueros escritos con una tónica
indigenista. Durante los próximos años,
la guerrilla procedía a ganar avances territoriales dentro de las tierras mayas,
en un ritmo impresionante.
El crecimiento de la guerrilla, su expansión sobre los departamentos
indígenas y los éxitos de sus campañas
no hubieron sido tan espectaculares sin el clima nacional de las campañas
brutales y amargas de contrainsurgencia y la
atmósfera generalizada de violencia, miedo y persecución durante los últimos
años del gobierno de Lagerud,
culminando en el período presidencial de Lucas García (1978-1982). Fueron los
años durante los cuales el presidente
guatemalteco, Lucas García, se refería en sus discursos públicos al presidente
de los Estados Unidos como a "Jimmy
Castro" para recibir un grandioso aplauso. Durante esos años, cuando la
violencia era estructural y la tortura y la
matanza fueron considerados los instrumentos correctivos para los insurgentes
actuales, los insurgentes futuros y los
insurgentes posibles, los militares del gobierno y del ejército produjeron una
hendidura profunda dentro del orden
social y político del país. Quien no tenía prueba de poder ser considerado como
leal 100%, era por lo tanto
considerado como un enemigo, otras como un insurgente, o bien un criminal, o
también un comunista.
La brecha social, generada por la "sociedad de miedo" que nació de los
gobiernos militares, proveía a la
guerrilla un flujo creciente de nuevos reclutas frescos y de simpatizantes
amargados. A finales del régimen de Lucas
García, durante los primeros meses de 198256, las unidades de la
guerrilla operaban en por lo menos
la mitad de los 22 departamentos de Guatemala, controlando una buena
infraestructura territorial en seis
departamentos interconectados dentro de la sierra indígena. Operaban en columnas
de hasta 200 personas
combatientes, atacando de manera sistemática puestos de la policía, puntos de
soporte militar, ocupando a veces
municipios enteros y centros urbanos regionales. En la Ciudad de Guatemala,
dentro de las oficinas del Ministerio de
la Defensa, los oficiales comandantes llegaron a tener una profunda
preocupación, hasta susto, sobre la posibilidad de
un bloqueo eficaz de algunos centros urbanos de mayor importancia57.
La ORPA y el ERP podían
contar con tropas regulares hasta de 6.000 guerrilleros, apoyados por un monto
estimado de 250.000 civiles,
mayoritariamente campesinos mayas58. En círculos del ejército, el
aporte indígena fue considerado
como el resultado de un plan maestro, conceptualizado por el liderazgo de la
guerrilla para proveer a sus tropas
regulares con soporte logístico59:
"En hecho tenemos que agradecerlos por la concepción de lo que
posteriormente será nuestro sistema de
Patrullas de Autodefensa Civil. La guerrilla había organizado al campesinado en
las Fuerzas Irregulares Locales, los
llamados FIL (...) Pero a lo largo se sobre-extendieron. Déjame darle un
ejemplo: Solo en Chimaltenango, unos 45
minutos de la capital, habían organizado unas 70.000 Fuerzas Irregulares. Y el
ejército tenía solamente 27.000
personas de tropa regular. Lo que pienso es que ellos, con tanta gente, habían
perdido su capacitad mínima de
alimentarlos, de comandarlos, de controlarlos."
Ante esta situación, el gobierno conocía solamente una respuesta: intensificar
la campaña antisubversiva, aumentar la
capacidad de destrucción y utilizar la táctica de "tierra quemada" en las
comunidades indígenas. Durante el período
entre 1980 y 1985 -los años 1982 y 1983 fueron los más violentos-
aproximadamente 100.000 civiles fueron
asesinados, 450 pueblos fueron completamente destruidos, 60.000 campesinos
indígenas fueron re-ubicados en
"pueblos estratégicos"60, 1.000.000 personas optaron por una
"migración interna", 500.000 personas
migraron hacia el exterior y algunas miles de personas fueron
"desaparecidas"61. El General
Benedicto Lucas García, hermano del presidente, el General Romeo Lucas García y
Jefe del Estado mayor del
Ejército, requería con urgencia una triplificación de las fuerzas armadas en
términos de oficiales y conscriptos para
lanzar una campaña más eficiente de contraataque.
Significaba el fin del período de gobierno de Lucas García. Un grupo de
oficiales jóvenes, autollamados el
"Movimiento de Oficiales Jóvenes" emprendió con éxito un golpe para reemplazar
los hermanos megalómanos con un
liderazgo militar más sofisticado. El General Ríos Montt62 fue
nombrado como nuevo Jefe del Estado,
para limpiar el ambiente político de la corrupción, deshacerse de los líderes
militares y políticos más violen-
tos63, y en general llegar a mejores términos de conversación con la
guerrilla y la sociedad civil.
Algunos cambios sustantivos se dieron en cuanto a la estrategia y táctica de la
lucha de contra-insurgencia. Ríos Montt
hizo algunos pasos prudentes hacia una negociación con la
guerrilla64. En seguida ofreció a la
guerrilla una amnistía; se divulgaron declaraciones oficiales mencionando un
número de varios centenares de
guerrilleros quienes hubiesen entregado sus armas en puestos del ejército o en
oficinas de la Cruz Roja.
Inmediatamente después de la fecha de expiración de la amnistía declaró el
Estado de sitio, seguido por una legislación
draconiana que extendía los poderes ya grandes de las fuerzas armadas, aún
todavía más. Después de seis meses de
tranquilidad, el ejército lanzó en los primeros meses de 1983, una nueva
ofensiva de contrainsurgencia, basada en los
nuevos conceptos de lucha antiguerrillera Esta estrategia, formulada por la
nueva élite castrense, que poco tiempo
después sustituiría a Ríos Montt por sus ambiciones personales, por otro general
del ejército más decente, consistía en
una serie de ideas políticas, militares y de desarrollo. El principio
básico65 de la nueva estrategia fue
establecer una presencia más legítima dentro de las regiones disputadas, con
"acciones positivas", con proyectos de
desarrollo local, con la protección efectiva de campesinos aliados, etc.
Reforzar la posición político-militar requeriría
más control sobre la "violencia extra-gubernamental", más control sobre el
campesinado como tal, y mayor presencia
masiva por otros medios paramilitares. Requeriría también un contexto nacional e
internacional más legítimo, un
mejor entendimiento con los Estados Unidos y otros países relevantes y, por fin,
un gobierno civil que estaría
básicamente de acuerdo con estos conceptos. Analizando estos ideas puede
explicarse la transición lenta pero gradual y
constante hacia los gobiernos civiles de Cerezo (1986-1991) y sus sucesores.
En términos militares, la estrategia antisubversiva consistía de tres
elementos66. El primer
elemento era aumentar el número de personal de tropa, básicamente conscriptos
para desempeñarlos en unidades más
pequeñas y más móviles en las regiones de combate. El segundo elemento era
expandir y consolidar el sistema de
fuerzas paramilitares, de defensa civil. Esto resultó en la creación de las
llamadas Patrullas de Autodefensa Civil
(PAC), un sistema que, en cierto momento, había puesto bajo comando castrense a
unas 900.000 personas de la
población total de 9 millones de guatemaltecos! El tercer elemento era reiniciar
los planes anteriores de actividades
cívico-militares: alimentos, servicios, mejoramiento de la infraestructura
local. En la práctica, básicamente los
miembros de las PAC fueron los beneficiarios directos de tales actividades de
desarrollo local. Los campesinos que
entraron en el sistema obtuvieron alimentos, vivienda y empleo; quienes
rechazaron enlistarse en las patrullas fueron
desaparecidos o simplemente asesinados.
Los costos sociales de la guerra han sido extremamente altos, en términos
de víctimas-básicamente civiles-,
viudas y huérfanos, y en términos de personas desplazadas y "reestablecidas". En
una serie de campañas de
choque-cum-pacificación, llamadas "Fusiles y Frijoles" y "Techo, Tortilla y
Trabajo", el ejército readquirió
la iniciativa estratégica. El número de civiles muertos o mutilados -aunque
menos que en los años anteriores-
llegaba al monto de 10.000 personas. Se voceaba que tanto el ejército como la
guerrilla mataban a quienes
sospechaban que mantenían lazos con el otro lado. La guerrilla fue forzada
gradualmente a la defensiva, ya
no sería capaz de proteger a pueblos amigos contra las represalias militares o
de defender los campesinos
simpatizantes en las regiones de guerra. Una investigadora
pertinente67 consiguió durante
una entrevista con el General Gramajo (1990), autor principal de la nueva
estrategia, la siguiente
explicación:
"R: "En vez de matar por 100 por ciento, distribuimos alimentos [entre los
refugiados] por 70 por
ciento y matamos por solo 30 por ciento. Antes, la doctrina prescribía [matanzas
por] 100 por ciento."
P: "Entonces, cuál es la diferencia [entre el 100 por ciento y el
porcentaje de 70/30]? Se ha matado entre
1982-1984 a mucha gente, no?"
R: "Si, pero menos que en 1980, o en 1979 (...) No vamos a regresar a las
matazonas, ni jamás!"
P: "Y hasta cuándo va a continuar esta etapa de transición [en la cual se
usará la formula de 70/30]?"
R: "Todavía no lo sabemos. Cuando el enemigo ya no es suficientemente
significante para imponer acciones
contra el Estado (...)"
En retrospectiva, el General Gramajo hizo el siguiente resumen de las campañas
en 199468:
"En hecho aplicamos a Mao, pero entonces desde el otro lado. Era puro Mao,
contra-insurgencia y
desarrollo. Organizamos fiestas. Un sábado por la noche en Panajachel se
requiere rock, no será? O.K., nosotros
organizamos las festividades. La feria de Mazatenango es famosa por su carnaval.
Muy bien, nosotros organizamos el
carnaval. Cuando llegaron los turistas, habíamos removido los camiones quemados,
las casas destruidas, habíamos
pintado de nuevo la plaza, se había limpiado las carreteras, se veía únicamente
paz y tranquilidad. Así hay que
hacerlo, junto con el CACIF, la cámara local de industria y comercio, la
municipalidad, las iglesias, con voluntarios.
Sicología! Acción! Y pagamos por todo, con alimentos, con proyectos de
desarrollo. Y luego obtuvimos, a través de
nuestra inteligencia, acceso a los informes mandados a MISERIOR. Usted sabe?,
MISERIOR es la organización de
los obispos alemanes. En los informes se leía: 'El ejército, no la guerrilla
está ganando.' Era información, conseguida
por fuentes independientes. El otro día me encontré por pura coincidencia con un
profesor, un antropólogo, de
Georgetown University. Me dijo que se le pagaba el Departamento del Estado, para
hacer un análisis de la situación.
Y le pregunté: 'La población campesina, está apoyando a la guerrilla o al
ejército?' Me contaba francamente: 'Hasta
que yo sepa es, que Ustedes están ganando la guerra. Es sistema de las patrullas
de autodefensa, que funciona bien,
son los pequeños proyectos de infraestructura local, es el programa de
alimentos-por-trabajo.'"
La estrategia de contrainsurgencia permaneció inalterada durante los años de
gobierno de Cerezo. Al final de los
ochenta, cuando su gobierno estaba por expirar, los militares consideraron que
habían logrado la victoria decisiva
sobre los movimientos guerrilleros. Los militares habían sido claros en sus
objetivos, también sobre el carácter del
gobierno de Cerezo, visto como un gobierno de transición69:
"En este contexto [de un anticomunismo extremo y un conservadurismo
extremo de las clases dominantes]
transferimos, después de las elecciones del año anterior, en 1986 el poder a
Cerezo. Fui yo quien en nombre de las
fuerzas armadas lo transferí el día 17 de enero. Era una sesión larga y tensa,
habían más de seis horas de discusión.
Le ofrecimos una exposición sobre la realidad nacional y yo le explicaba los
asuntos de prioridad nacional. El recibió
un análisis de cualquier cosa: la situación social, económica, política,
militar, se la daba toda la información. Y al
final le conté: 'Presidente, Usted se da cuenta del hecho que Usted es un
presidente de transición?' Cerezo estaba
bastante nervioso, pensaba que comenzaríamos de reducir su poder político [como
en el caso de Méndez Montene-
gro]. Pero no sabía que la tesis de seguridad y estabilidad nacional prescibía
exactamente un liderazgo democrático de
la nación, una democracia fuerte, protegida por las fuerzas armadas. No le
escondimos nada, le contábamos en
términos claros: 'Presidente, hay solo 3.000 hasta 3.500 guerrilleros que llevan
armas, contando las personas de todas
las bandas. Reciben apoyo de Cuba, de Nicaragua, de los Suecos, de España, de
los países nórdicos. Nosotros vamos
a prevenir que ellos van a re-agruparse y expandir [su escala de operaciones] de
nuevo. Tenemos desarrollado
nuestros planes y le pedimos su pleno apoyo.' 'O.K., está bien.' nos contó,
'déjame irme por mi camino, déjame
iniciar mi trabajo internacional (...)'"
La década pasada, entre los años 1986 y 1996, el período de los presidentes
civiles Cerezo, Serrano, De León Carpio
y Arzú, fueron años de gobiernos cívico-militares de facto. Las campañas
antiguerrilleras perdieron poco a poco su
intensidad y su violencia salvaje. Serrano inició una serie de negociaciones con
la guerrilla; la mayoría de los
ministros y vice-ministros que participaron en las discusiones fueron a su
debido tiempo removidos de su puesto a
solicitud de los estamentos militares70. Recientemente bajo la
presidencia de De León Carpio,
nombrado después del fracasado autogolpe de Serrano en 1993 como presidente por
el Congreso con la aprobación de
las fuerzas armadas, se comenzó un proceso lento y semi-público de negociaciones
para la paz. Los puntos de
divergencia fueron tratados en una prolongada serie de mini-acuerdos entre ambos
partidos71. Por fin,
cuando el sucesor de De León, Arzú, estaba ejerciendo la presidencia de la
república, se firmó el día jueves 21 de
marzo de 1996, primero por la guerrilla, luego por el gobierno, el primer
acuerdo formal para la paz.
A manera de conclusión
Es un hecho triste, tener que sistematizar algunas conclusiones sobre las dos
guerras civiles cuyo resultado más visible
ha sido una larga serie de destrucción y de matanzas, de contra-destrucción y de
contra-matanzas y de violaciones de
los derechos humanos de cualquier índole. La construcción sistemática -en el
Perú parcialmente, en Guatemala por
completo- de una "sociedad de miedo"72, una fórmula de gobierno
basado en terror y susto, sangre y
lágrimas, y cuyo desmontaje -por lo menos en el caso de Guatemala- va a tomar
muchos años, es un fenómeno
inusitado en América Latina.
Tanto en Guatemala como en el Perú hubo un tácito co-gobierno entre
gabinetes civiles y los estamentos
castrenses73 durante el período comprendido entre los años sesenta y
los años noventa. En el Perú,
este co-gobierno fue menguado por la herencia de Velasco; muchos de sus jóvenes
oficiales y sus alumnos fueron
recientemente retirados. En Guatemala, el co-gobierno asumió rasgos tan duros,
que todos los presidentes civiles a
partir de la segunda mitad de los años ochenta han sido, en cierto sentido,
rehenes del servicio de inteligencia de las
fuerzas armadas74. La peculiar simbiosis entre el sector civil y el
sector militar, dentro del cual el
servicio de inteligencia desempeñó un papel innegable, en el régimen de García y
sobre todo de
Fujimori75 es también el resultado de una estrategia de sobrevivencia
política. La solución de los
rompecabezas cívico-militares en ambos países, donde además sigue existiendo un
vacío político en el sentido de
descomposición partidaria,76 será una de las condiciones necesarias
para la paz y la democracia
duradera.
Hay otras lecciones que se pueden aprender de las guerras civiles en Guatemala y
en el Perú. En el momento del
comienzo del conflicto alcanzó un mínimo nivel de violencia, después parece que
no se halló otro sendero de regreso y
que debe seguirse la población involucrada, las fuerzas armadas y del orden y
las fuerzas guerrilleras por el camino
duro y penoso, aparentemente nadie lo ha elegido de manera racional, parece
también que, una vez hechos los
primeros pasos de guerra, la paz es -por mera implicación- un objetivo
inalcanzable: una vez habiéndose cruzado el
Rio Rubicon, debe ser seguida toda la campaña, debe ser sufrida toda la miseria,
debe ser diluida toda la sangre. Es en
este contexto que uno de los científicos sociales más destacados de
Centroamérica, Torres-Rivas,77 se
refiere a una espiral de violencia y miedo, a la emergencia de una estructura
anónima de crueldad sistemática y de
muerte mecanizada, culminando en lo que él llama "la trivialización del
horror"78:
"Se configura finalmente (...) una situación de violencia, caracterizada
porque los componentes de la misma -
la vigilancia y la sospecha, la información confidencial y el castigo, operan
para conducir en al secuestro, al asesinato
público o en secreto, y la tortura siempre, antes o acompañando la muerte- ya
constituyen una estructura, en el
sentido de prácticas reiteradas (...) En este movimiento envolvente de la
espiral, participan obviamente el Estado y la
Sociedad, distanciándose, por intermedio de sus actores más significativos. El
Ejército y las fuerzas de seguridad, las
fuerzas sociales conservadoras, los partidos de derecha, una opinión pública
ganada de antemano por el
anticomunismo prevaleciente, etc. Del otro lado, las fuerzas guerrilleras que se
califican (equívocamente) como
político-militares, las organizaciones sociales y las fuerzas políticas de
izquierda, una opinión pública democrática
heredera de las tradiciones jacobinas de la vida nacional, etc. En el medio una
mayoría que asiste a este juego de
muerte sin poder evadirse de sus efectos (...) En el fenómeno de la espiral de
la violencia, la explicación no puede
quedar atrapada elementalmente como un conflicto derecha/izquierda, ni tampoco
como de los ricos contra los pobres,
o dominantes contra dominados, ni indios contra ladinos y ni aún en una
expresión más próxima a lo cierto, como una
"una lucha de clases". (...) Hubo dos fenómenos de extraordinaria magnitud en la
vida de esta sociedad, convergentes,
que contribuyeron a la ferocidad del ascenso de la espiral. El primero es la
emergencia de movimientos sociales, en
algún sentido, movimientos de nuevo tipo, o al menos, desconocidos en el
ambiente de la política tradicional. La otra,
es la incorporación de algunos grupos indígenas al movimiento revolucionario,
del que estuvieron históricamente
enajenados desde siempre."
Es impresionante darse cuenta de la larga duración que ha tomado, en Guatemala y
en el Perú, la formulación de
posiciones más o menos claras y convergentes de parte de la "oficialidad": el
Estado y las fuerzas
armadas79. En el Perú sigue siendo asombroso, también en
retrospectiva, la indolencia y la
indiferencia con la cual el movimiento guerrillero de Sendero Luminoso ha sido
recibido. Ultimamente tendrá que ser
el menosprecio y la subestimación del movimiento "subversivo" y "terrorista" -la
terminología oficial nunca, hasta la
fecha de hoy, ha utilizado el término de "guerra civil"- que explica la lentitud
y la indefinición de las respuestas del
gobierno y del ejército. En Guatemala, últimamente, ha sido el viraje hacia el
terrorismo destinado a la sociedad civil
en vez del combate de la guerrilla, lo que explica la prolongación de la guerra
de baja intensidad sobre décadas. Las
llagas de la violencia, del terror y del miedo van a ser visibles durante muchos
años por venir, como también en
Guatemala y el Perú las cicatrices de la pobreza van a ser
notorios80.
En ambos países, la definición de las políticas contrasubversivas, el
diseño de una estrategia más o menos
coherente para dar fin al conflicto, ha sido asunto de los años culminantes del
conflicto. En ambos casos, las fuerzas
armadas tuvieron que aprender, después de mucha violencia sobre-dosificada,
después de mucha matanza innecesaria,
después de años -de décadas en el caso de Guatemala- de intensificación de la
estrategia de la muerte, de la táctica del
terror, cómo aceptar la necesidad de desarrollo local, de protección de la
población simpatizante -o por lo menos
neutra- , la legitimidad de formas de auto-protección y de auto-asociación de la
población indígena. En ambos
escenarios de guerra, el aprendizaje de una estrategia y táctica mínimamente
coherente de contra-insurgencia se ha
basado en la muerte de decenas de miles de personas.
En cuanto a la guerrilla, el espiral de violencia y matanza, de miedo y de
terror, también ha sido nutrido durante los
años. Sobre todo en el caso del Perú es visible, como Sendero Luminoso ha
utilizado no solo las armas de la muerte,
sino también del terror masivo hacia la población regional, luego nacional. En
ambos casos, los movimientos
guerrilleros gozaron a lo largo del tiempo de la simpatía de la población
étnica. En ambos casos, la fraseología
oficialista fue redactada en términos de una lucha de clase. Recientemente,
durante el transcurso de la guerra, la
guerrilla ha comenzado a "étnitizar" las causas y, por ende, las
consecuencias.
Es claro, que en el caso del Perú, el movimiento de Sendero Luminoso
actuaba "de manera científica". A
pesar de todo lo que se ha escrito, luego de la captura de Guzmán, es cierto que
los altos mandos militares tenían un
gran respeto por la estrategia y táctica del líder carismático de dicho
movimiento. Fue una costumbre combinada de la
simpatía local y del terror frente a los adversarios ideológicos -gran parte de
la sociedad civil, del sector público y del
Estado peruano- que casi obliga hacer una comparación con los Kmer Rouges
en
Kampuchea81. En comparación con Guatemala, donde la guerrilla actuaba
a final de cuentas sin "plan
maestro" y sin mayor coordinación estratégica, operaba en el Perú un movimiento
que llegó a austar tanto a la
población como a los comandantes militares.
El balance final de las guerras civiles en Guatemala y en el Perú será
determinado por la voz de las personas en cuyo
nombre y en defensa de supuestos verdaderos intereses dieron origen a los
movimientos guerrilleros. Hacer un juicio
definitivo inmediatamente después de que se terminaron las actividades de ataque
y contra-ataque, del terror y del
contra-terror, es imposible. Sin embargo, refiriéndose a las tendencias que
durante varios siglos han estado presentes
en la historia de ambos países, puede formularse una apreciación concluyente.
En 1821 y en 1824, dos batallas decisivas tuvieron lugar en Junín y en
Ayacucho, las dos últimas batallas de
las guerras de liberación en América Latina. Dos ejércitos, los "lealistas
españoles" y los "libertadores peruanos" se
disputaban la victoria; en ambos casos, el cuerpo de oficiales del ejército
libertador salió triunfador. Los soldados
rasos de los dos ejércitos eran conscriptos indígenas; dentro de los oficiales
predominaron las caras blancas y criollas.
Más interesante aún, es la distribución de las nacionalidades dentro de ambos
grupos de oficiales. El ejército "español"
era comandado por criollos peruanos. Casi todos los oficiales del ejército
libertador eran extranjeros: de Argentina, de
Chile, de Venezuela, de Colombia. Hubieron algunos de nacionalidad británica y
de otras nacionalidades europeas;
incluso había un oficial de origen norteamericano.
Queda entonces la pregunta intrigante: quién liberaba, quiénes de cuál
dominio, la cuestión fue formulada en
los años cuarenta por el escritor peruano José de la Riva Agüero; Mario Vargas
Llosa re-examina el problema en sus
memorias políticas82. Sin embargo, otra interrogante controversial
sobre los ejércitos luchando en
Junín y en Ayacucho queda para ser respondida: la posición de la tropa indígena.
Las etnias indígenas funcionaron
como carne de cañón durante las campañas militares tan dulcemente recordadas en
los libros de texto de la historia
nacional: las batallas gloriosas al comienzo del siglo XIX, las batallas menos
gloriosas pero tan decisivas durante la
Guerra del Pacífico y la guerrilla serrana posterior, las operaciones militares
y paramilitares en el siglo XX.
Últimamente se refiere la cuestión a una de las ambigüedades principales de la
historia política peruana: el asunto de la
nacionalidad peruana.
Perú no es el único país latinoamericano cuya "alma indígena" fue separada
de su "cuerpo político", donde el
concepto de Estado y de Nación no coinciden. En Guatemala se ve reproducido,
casi a escala ampliada, las mismas
tendencias a largo plazo que se pueden encontrar en la historia del Perú. En
América Latina hay solamente dos
Estados -Guatemala y el Perú- donde las etnias indígenas han sido completa y
sistemáticamente degradadas. La
herencia colonial generaba en la mayoría de los países latinoamericanos una
ciudadanía de segunda clase, basada en
las características étnicas y en el color de la piel. Sin embargo, las clases
dominantes de Guatemala y del Perú
lograron crear una especia de ciudadanía de tercera categoría para sus castas
mayas y quechuas.
La historia colonial de ambos países y buena parte de su historia
postcolonial puede ser resumida en la
siguiente forma: dominación de las poblaciones étnicas originales,
desintegración de la identidad cultural de las
civilizaciones y de las lenguas indígenas. Donde había una integración de los
pueblos indígenas en la economía y
sociedad nacional de Guatemala y del Perú, tuvo lugar un proceso en forma
sesgada: como minifundistas comunales o
como campesinos dependientes sin tierra, empleados en los latifundios criollos.
En ambos países una segregación
vigorosa ha emergido, basada en una estratificación complicada en términos de
clase, raza y etnia. Durante el siglo
XIX y gran parte del siglo XX las relaciones sociales en ambos países fueron
determinadas por la oligarquía y las
fuerzas armadas. La primera había surgió en las dinastías latifundistas. Hasta
en muchas décadas del siglo XX era
considerado como cierto que la estructura social de ambos países, dentro de la
cual la riqueza, el poder y el prestigio
se basaban en la tenencia de tierra, era una perpetuación del viejo orden
colonial83.
La estructura política, basada en aquella economía y sociedad excolonial y
básicamente dejada intacta en el Perú hasta
los años del "Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas" de Velasco, ha
sido secamente tipificado por el
historiador peruano Basadre como "la República Aristocrática"84. Una
estructura de relaciones
sociales, comprendiendo toda la sociedad guatemalteca desde la época colonial,
ha sido indicada como el "sistema de
segregación ladino-indio"85. Este sistema de cuasi-apartheid
sigue determinando la vida
cotidiana en Guatemala. El período revolucionario de 1944-1954, los años de
gobierno de Arévalo y de Arbenz, no
pudieron cambiar la estructuración básica de las relaciones
sociales en Guatemala, a pesar de todos los intentos. Hay algunos argumentos
fuertes en favor de la tesis de
Solares86 de que Guatemala es "un Estado sin ser una Nación". En
términos de las pretensiones
oficialistas de una identidad nacional en Guatemala y el Perú, ambos países
representan las culturas, los sentimientos y
las esperanzas de sociedades fragmentadas.
Cuando alguna vez llegara el día de una reconciliación nacional y una
reconstrucción nacional después de las
guerras civiles, los componentes étnicos de las sociedades guatemalteca y
peruana van a desempeñar un papel
predominante. La integración de la herencia étnica, el legado del alma indígena
hacia la sociedad y la cultura nacional
por un lado y la sustitución de una ciudadanía racial de segundo o de tercer
grado por el otro, formarían un nuevo
concepto de "Guatemalidad" y de "Peruanidad"87 que serán una de las
prioridades básicas. A corto
plazo, la actitud de los militares como los vencedores triunfantes de la guerra
civil, no ofrece mucha razón para el
optimismo. En las palabras sardónicas del General Gramajo, comandante de las
campañas decisivas de contra-
insurgencia en Guatemala durante los años ochenta88:
"En Guatemala, las etnias indígenas demuestran todavía un resentimiento
fuerte debido a la Conquista. El
hecho, cuando se piensa en eso, se consolidó en los años 1982 y 1983 el proceso
de conquista nacional que los
Españoles iniciaron en los años 1520."
En este sentido, pensándolo bien, las guerras civiles tanto en Guatemala como el
Perú no han sido guerras de
guerreros, sino de víctimas.
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Fuente: Faurriol y Lose (1988: IX-X)
(*)Agradezco a Manuel Rojas-Bolaños (FLACSO de
Costa Rica), a Carlos Iván Degregori (Instituto
de Estudios Peruanos), a Jürgen Golte (Freie
Universität Berlin), a Henry Gooren (Universiteit
Utrecht), y a Kees Koonings (Universiteit
Utrecht), sus comentarios y sugerencias.
(1)Véase Gleijeses (1991) para Guatemala
y Kruijt (1991b; 1994) para el Perú.
(2)Véase el apéndice para una cronología
de los sucesivos gobiernos militares, cívico-
militares y militares del Perú y de Guatemala.
(3)Aquí, por razones analíticas, me
referiré únicamente al caso de Sendero Luminoso.
A pesar que un segundo movimiento guerrillero, el
Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA)
emergió en el año 1984, nunca tuvo el significado
ni la fuerza destructora de Sendero Luminoso. El
MRTA desapareció virtualmente, al comienzo de los
años noventa. Sí ubiera "oficialidad" en la
guerra de guerrilla, el MRTA pertenecía al
"sector formal" de los uniformes, comandantes
militares y comportamiento "normal", incluyendo
la apariencia pública y el bravado romanesco de
su liderazgo. Siendo la menos, más pequeña, menos
dañina, más "civilizada" y más predicible de las
dos, la guerrilla Tupac Amaru ha sido siempre
considerada menos significante que la del miste-
rioso Sendero Luminoso. Para detalles, véase
Degregori (1990b), Degregori et al (1996) y
Kruijt (1991a).
(4)Véase Fisher (1966), O'Phelan Godoy
(1985), Golte (1980), Klaiber (1977),
Lockhart (1968), Martinez (1972) y
Stern (1987).
(5)Véase Wickham-Crowley (1990; 1992)
para un análisis de los movimientos guerrilleros
en América Latina. Sobre el Perú, hay que
consultarse también a Masterson (1991).
(6)General Jorge Fernández Maldonado,
cofundador del sistema de inteligencia militar,
coautor del programa de gobierno ("Plan Inca")
del gobierno de Velasco, y durante los años
sesenta encargado con la supervisión de la
inteligencia antisubversiva, recordar (Kruijt:
1991b: 112; Kruijt, 1994: 55): "La guerrilla
resultó breve, por que casi todos habíamos
infiltrado. Por eso nos hizo ratificar una vez
más nuestro conocimiento, que no bastaba aplastar
a la guerrilla. En su afán de idealistas
cometieron casi suicidio. Desde el punto de vista
técnico no fué difícil. Fue un grupo de
idealistas que se impuso en la Siera, sin origen,
sin trabajo, gente relativamente ajena. Fueron de
Lima, idealizaron al campesinado que no conocían.
La guerrilla no funcionó. Muy diferente es
Sendero ahora [la entrevista tuvo lugar en 1986,
D.K.], que sí ha hecho trabajo en las bases. Fue
fácil.Fue fundamentalmente el acabar con la
guerrilla por el Servicio de Inteligencia. En
casi todos los grupos estábamos nosotros."
(7)Véase Payne (1968) y Rodríguez Beruff
(1983) sobre las raíces del pensamiento
militar-reformista.
(8)La tipificación es de Stepan (1978:
158, 190).
(9)Véase para un análisis general a
Degregori (1990b), Gorritti (1990), Herthoge y
Labrousse (1989), Palmer (1992a), Strong (1992),
Tarazona-Sevillano y Reuter (1990) y Tello (1989;
1991). Degregori (1991a) y Flores (1988: 287-320;
323-346) presentan la interpretación más completa
en forma de ensayos.
(10)De hecho se fusionaron dos
universidades luego en una. Para la
historia del movimiento estudiantil, el
alumnado y su (parcial) reclutamiento
por Sendero Luminoso, véase Degregori
(1990b).
(11)Llamado el Partido Comunista del
Perú, por el Sendero Luminoso de José Carlos
Mariateguí. Mariategui es el fundador del PC del
Perú en los años treinta. Todos los grupos de la
izquierda fragmentada llevan su nombre.
(12)El comando general en Lima consultó
con el palacio presidencial, pero obtuvo una
respuesta a medias aguas. El comandante del
ejercito, sin embargo, mandó tropas por
helicoptero para reestablecer el orden e hizo
votar de nuevo a la población (entrevista con un
comandante general [a su solicitud] anónimo
(Kruijt, 1991a: 105).
(13)Palmer (1992b; 1992c).
(14)Kruijt (1991a: 104, 130).
(15)Kirk (1993) ha tratado de explicar,
en forma de un ensayo, lo atractivo de Sendero
Luminoso para las mujeres.
(16)Degregori (1990a: 19) subraya -y con
mucha razón- el hecho que Guzmán en los
manuscritos hagiográficos de Sendero
Luminoso siempre ha sido presentado
como profesor, con lentes y libros, no
llevando armas.
(17)El siguiente párrafo es una
paráfrasis de Sendero Luminoso en el norte del
país, manuscrito escrito por oficiales del
sistema de las Naciones Unidas en mayo de 1991,
un equipo de sociólogos con lazos familiares en
los departamentos serranos dominados por Sendero
Luminoso.
(18)Utilizo aquí datos de reportajes
publicados en la revista Si y entrevistas con
funcionarios diplomáticos y de la cooperación
internacional realizada en setiembre y octubre de
1992.
(19)La mejor descripción de la estratégia
y táctica antisubversiva que encontré es la de
Obando Arbulú (1991; 1993). Mauceri (1991) brinda
un análisis con base en fuentes norteamericanas y
peruanas. Basombrío (1993) ofrece otra buena
información en general, como lo hacen también
Degregori y Rivera (1993). Tapia (1995; 1996) es
una excelente fuente sobre los años posteriores.
(20)Gorriti (1990: 71-76, 117-121, 223,
225, 308 ff.).
(21)Orlando Arbulú (1993: 321).
(22)Kruijt (1991a: 132). Véase también
Noel (1989).
(23)Kruijt (1991a: 133).
(24)Vidal (1993).
(25)Degregori (1996: 212).
(26)Véase Starn (1987; 1991a; 1991b;
1993; 1996) sobre el origen y la
evolución de estas organizaciones.
Coronel (1996) y Del Pino (1996)
ofrecen dos interpretaciones empíricas
de la actuación de los ronderos en las
zonas de emergencia como nuevos actores
sociales.
(27)Véase Degregori (1996) y Tapia
(1996).
(28)Tapia (1996).
(29)Datos procedentes de un briefing
confidencial a los miembros, del cuerpo
diplomático por el General Carlos Dominguez
Solís, director nacional de DINCOTE, el dia 8 de
febrero de 1994.
(30)Véase Obando Arbulú (1993: 326).
(31)Véase también a Mauceri (1995).
(32)Veáse Tapia (1996).
(33)Toriello (1955). Un relato similar me
ha contado el Ing. Edgar Ponce,
director académico del Centro ESTNA de
1992-1995 en una serie de entrevistas
con el autor en julio de 1994.
(34)Schneider (19590.
(35)Citado verbatim en Schlesinger y
Kinzer (1982: 227). La traducción es
mía.
(36)Compárese por ejemplo los nombres. El
"Frente 20 de octubre" refleja el inicio de la
Revolución de 1944; el nombre de otro frente,
"Movimiento de Guerrilla Alejandro de León 13 de
noviembre" indica el día de la rebelión contra
Ydígoras en 1960.
(37)Aguilera et al (1981: 37 ff.),
Millett (1984: 211-216), Cesereses
(1985: 21-22), Sexton (1985: 397-428) y
Yurrita (1991: 77 ff.).
(38)El mejor trabajo analítico que
conozco es de Aguilera (1989; 1993) y
de Aguilera et al (1993; 1994),. Véase
también Kruijt (1994).
(39)Véase Sesereses (1985a: 22 ff.).
(40)Entrevista del autor con el Ingo.
Edgar Ponce, director académico del
Centro ESTNA, el día 7 de julio de
1994.
(41)El análisis más detallado de los
pactos políticos ha sido ofrecido por Francisco
Villagran Kramer (1993). Villagran, el mismo un
político y -formando parte de una alianza
infeliz- quien actuó como vicepresidente civil
dentro del gobierno del general Romeo Lucas
García, durante los años de la administración
militar, más represiva en Guatemala, durante este
siglo, se le invitó presentarse ante un tribunal
militar, durante el tercer año de gobierno de su
presidente; él opinó que sería más prudente
quedarse en los Estados Unidos donde estaba de
paso y renunció a su cargo. Fue reemplazado por
un coronel.
(42)Entrevista del autor con el General
Ricardo Peralta Méndez, el día 13 de julio de
1994.
(43)Entrevista del autor con el Ingo.
Edgar Ponce, director académico del Centro ESTNA,
el día 7 de julio de 1994, y con el General
Ricardo Peralta Méndez, el día 13 de julio de
1994. Peralta Mendez, sobrino del anterior Jefe
del Estado Enrique Peralta Azurdia y luego
fundador y primer director del Centro del
Estudios Militares, llegó a ser, en años
posteriores, el candidato presidencial para la
Democracia Cristiana, durante la campaña
electoral, después de la cual fue nombrado Lucas
García como presidente. Es todavía un miembro del
consejo directivo del Centro ESTNA. Durante los
años setenta estudió en el Perú, becado en el
Centro de Altos Estudios Peruanos, donde llegó a
conocer a los Generales Edgardo Mercado Jarrin,
Jorge Fernández Maldonado y Ramón Miranda. Ponce
era en aquellos años el asistente personal de
Manuel Colóm, el alcalde social demócrata de la
Ciudad de Guatemala quien -por supuesto- fue
asesinado.
(44)El siguiente análisis viene de Barry
(1986), Calvert (1985), Delli Sante
(1996), Fauriol y Loser (1988),
Gleijeses (1985), Jonas (1985), La
evolución del estado de seguridad
nacional. El caso de Guatemala (1991),
Painter (1987), Plant (1978), Simon
(1987) y Torres-Rivas (1987; 1989).
(45)Que también tiene un modesto cuerpo
de oficiales superiores. El número total de
generales de división son dos (el Ministro de la
defensa, general en servicio activo, y el Jefe
del Estado Mayor), mientras que el número de
generales de brigada son doce. Las fuerzas
armadas están anticipando una reducción gradual a
partir de 1995 (Entrevista del autor con el
General Mario René Enriquez Morales, Ministro de
la Defensa, el día 2 de setiembre de 1993, y con
el General Sergio Camargo, comandante del grupo
de élite Mariscal Zavala, el día 11 de julio de
1994). Compárase estos datos con el total de 88
generales de división y de brigada del ejército
peruano en 1994.
(46)Entrevista del autor el día 23 de
marzo de 1994 con el Capitán Rafael Rottman
Chang, anteriormente asesor en asuntos de
inteligencia del presidente Cerezo y hasta
finales de 1995 el presidente de la Cominisión
sobre Defensa y Policía del Congreso
Guatemalteco.
(47)El Mossad mantiene todavía buenas
relaciones con la administración guatemalteca.
Cuando, por ejemplo, el entonces viceministro de
la defensa, el General Quilo, estaba preparando
un golpe en el año 1994, el despacho presidencial
fue advertido por los israelíes.
(48)El ejército preparó al comienzo de
los años ochenta un proyecto de estudio para
incorporar la policía nacional y la policía de
hacienda formalmente dentro de la estructura del
Ministerio de la Defensa. Al lado de estas
fuerzas nominalmente civiles existían durante los
años ochenta otras fuerzas policiales semi-
militarizadas: la policía militar ambulante, los
comisionados militares, la guardia nacional, el
batallon de operaciones especiales. Para más
detalles, véase Vargas Foronda (1985: 86-87).
(49)Descritos en detalle por Barber y
Ronning (1960). Véase Wickman-Rowley, 1995 para
un comentario reciente.
(50)Entrevista del autor con el coronel
DEM Roberto Ledesma en el mes de setiembre de
1993. El coronel Ledesma, entonces Jefe del
Estado Mayor del ministro de la defensa, luego
director militar del Centro ESTNA y ahora (enero
de 1996) agregado militar en Washington,
participó como mayor en la formación experimental
de las llamadas "patrullas de autodefensa civil",
"un mal necesario para proteger las etnías
indígenas contra la guerrilla y a veces contra el
propio ejército".
(51)Diseñado con base en las experiencias
de la "Operación Phoenix" en Vietnam y apoyado
fuertemente por la CIA (Schlesinger y Kinzer,
1982: 246).
(52)¡Pobre Guatemala! Mientras que Anastasio
Somoza se encargó (1970) en Managua en la
formación del futuro gabinete de Guatemala, se
unificaron en La Habana (1982) bajo el patrocinio
de Fidel Castro los cuatro movimientos
guerrilleros que hasta la fecha habían operado de
manera independiente en la Unidad Revolucionaria
Nacional Guatemalteca (URNG). La URNG está
compuesto por el EGP (Ejercito Guerrillero de los
Pobres), la ORPA (Organización del Pueblo en
Armas), las FAR (Fuerzas Armadas Rebeldes) y el
PGT (Partido Guatemalteco del Trabajo).
(53)Un análisis bueno y detallado es
ofrecido por Manz (1988).
(54)"Report on Guatemala" (1985: 26-27).
La traducción es mía.
(55)Véase el excelente análisis de Le Bot
(1992: 109 ff.).
(56)Sesereses (1985: 37).
(57)Entrevista del autor con el General
Alejandro Gramajo, el día 13 de julio de 1994. El
General Gramajo era Jefe del Estado Mayor durante
la mayoría de las campañas entre 1982 y 1985, y
se hizo cargo de Ministerio de la Defensa durante
los años de gobierno del presidente Cerezo. Es el
autor de las tesis de seguridad nacional
guatemaltecas (en Guatemala llamadas "tesis de
estabilidad nacional") (Gramajo 1989; 1990) y es
el fundador del Centro ESTNA.
(58)Le Bot (1992: 195).
(59)Entrevista del autor con el General
Jaime Rabanales el día 12 de julio de
1994. El General Rabanales ha sido
comandante del ejército en el Quiché y
las demás regiones mayas en el período
entre 1986 y 1988. Desde luego ha sido
director del Centro de Estudios
Militares; actualmente es miembro del
consejo del Centro ESTNA.
(60)Véase Montejo (1987) y Stoll (1993)
para una descripción detallada de los
efectos sobre las comunidades mayas.
(61)Véase Sexton (1985) y Delli Sante
(1986) para los fuentes; ambos autores
ofrecen una bibliografía anotada.
(62)El General Ríos Montt había sido
anteriormente candidato presidencial por la
Democracia Cristiana. Es probable incluso que
hubiera ganado las elecciones. Sin embargo, el
ejército optó por otro general. Ríos Montt cambió
de color político y entró en otras formulas
políticas. Luego llegó a bautizarse como
"cristiano neo-nacido"; su biografía política
(Anfuso y Scepanski, 1983) fue distribuida por su
nueva iglesia. Ríos Montt, cualquiera que sea el
juicio histórico sobre sus años de gobierno,
poseía y posee todavía razgos carismáticos.
Durante las elecciones parlamentarias en agosto
de 1995, él y su partido adquirieron más de 30%
de los votos.
(63)Benedicto Lucas García, por ejemplo,
fue puesto bajo arresto domiciliario; sin
embargo, fue luego nombrado como jefe de las
operaciones contrainsurgentes en el Petén
(Sexton, 1985: 420).
(64)El ofrecimiento para iniciar
negociaciones fue canalizado a través de los
Colegios Profesionales de los abogados, médicos e
ingenieros, todos ellos representados en el nuevo
Consejo del Estado de Ríos Montt. Sin embargo,
los representantes de la guerrilla en Nueva York
no acceptaron la invitación (entrevista con el
Ingo. Edgar Ponce el día 7 de julio de 1994.
Ponce era entonces, el vicepresidente del Comité
Político del Consejo del Estado).
(65) Entrevista del autor con el General
Alejandro Gramajo, el día 13 de julio
de 1994.
(66) Véase Sesereses (1985a: 41 ff.) para
más detalles.
(67) Schirmer (1992: 2); véase también
Schirmer (1991a; 1991b). La traducción
de la entrevista es mía.
(68) Entrevista del autor con el General
Alejandro Gramajo, el día 13 de julio
de 1994.
(69) Entrevista del autor con el General
Alejandro Gramajo, el día 13 de julio
de 1994.
(70) Comunicación personal en una serie de
entrevistas del autor con Ingo. Abel
Girón, vice-ministro de desarrollo en
1992 y 1993 y encargado con los prepa-
rativos logísticos de la esperada
entrega de armas, en marzo de 1994.
(71) Entrevista del autor con el Dr. Hector
Rosada-Granados, negociador para la paz
de parte del gobierno nacional entre
1993 y 1995, los días 14 de marzo y 8
de julio de 1994. Véase también
Aguilera y Ponciano (1994) y Poitevin
(1994).
(72) Véase Figueroa Ibarra (1991) al
respecto.
(73) Véase Acuña Ortega (1995) para el caso
de Guatemala y Rospigliosi (1995) para
el caso del Perú.
(74) Entrevista del autor con el Capitan
Rafael Rottman Chang, anteriormente
asesor en asuntos de inteligencia del
presidente Cerezo y hasta finales de
1995 el presidente de la Cominisión
sobre Defensa y Policía del Congreso
Guatemalteco, el día 23 de marzo de
1994.
(75) Entrevista del autor con el General
Edwin Diaz, entre 1986 y 1991 jefe del
Sistema de Inteligencia Nacional, el
día 11 de setiembre de 1992.
(76) Véase Dutrénit y Valdés (1994), Diamond
y Platter (1995), Perelli, Picado y
Zovatto (1995) y Tangermann (1995) al
respecto.
(77) Torres-Rivas (1995: 33 ff.).
(78) Torres-Rivas (1995: 22-24).
(79) Véase al respecto Klare y Kornbluh
(1988) y Sohr (1989). Y es todavía más
asombroso, dándose cuenta del interés
que el tema de "guerras y conflictos
étnicas" han adquirido en la agenda de
las fuerzas armadas de los Estados
Unidos (véase Pfaltzgraff y Shultz,
1994).
(80) Rodríguez Rabanal (1990; 1995) ha
escrito sobre ambos asuntos.
(81) Para un análisis de la ideología del
terror en Kampuchea, véase a Burgler
(1990).
(82) Vargas Llosa (1993). Algunos años
antes, el antropólogo y historiador
Flores Galindo (1988: 281 ff.) se había
questionado lo mismo.
(83) Spalding (1980) ha documentado este
proceso para el Perú.
(84) El término, acuñado por Basadre, ha
sido usado por las siguientes
generaciones de historiadores para
tipificar la formula social y política
nacional hasta los años sesenta; véase
Burga y Flores (1979).
(85) Para una interpretación, véase Adams
(1970), Carmack (1988), Martínez Peláez
(1973), Perera (1993), Rosado-Granados
(1987) y Smith (1990a).
(86) Solares (1992: 50 ff.). Comentarios
similares sobre el Perú se dejan
adivinar en Montoya (1992) y Porto-
carrero (1993).
(87) Comparable al concepto de
"Méxicanidad", como ha sido discutido
en Bartra (1987; 1993) y Bonfil Batalla
(1990).
(88)Entrevista del autor con el General Alejandro Gramajo, el día 13 de
julio de 1994.
TIPIFICACION DEL GOBIERNO EJECUTIVO NACIONAL AÑOS FORMA DE SUCESION
Provisional Gen. Manuel Orellana 1930 renunció
Provisional José María Reina Andrade 1930-1931 renunció
Dictatorial Gen. Jorge Ubico y Castanada 1931-1944 renunció
Provisional Gen. Federico Ponce Valdés 1944 por golpe
Triunvirato Provisional Mayor. Francisco Arana
Capitán
Jacobo Arbenz y
Jorge Toriello Garrido 1944-1945 concluyó con elecciones
Constitucional Juan José Arevalo Bermejo 1945-1950
terminó plazo electoral
Constitucional Col. Jacobo Arbenz 1950-1954 por golpe
Junta militar Col. Eflego Mozon
Col. Carlos Castillo
Armas 1954 por golpe
Autonombrado Col. Carlos Castillo Armas 1954-
1957 asesinado
Provisional Luis Arturo González López 1957 renunció
Provisional Guillermo Flores Avendaño 1957-1958 concluyó término
Constitucional Gen. Miguel Ydígoras Fuentes 1958-
1963 por golpe
Provisional Col. Enrique Peralta Azurdia 1963-1965 concluyó término
Constitucional Julio César Méndez Montenegro 1966-
1970 concluyó término electoral
Elegido Gen. Carlos Arana Osorio
1970-1974 concluyó término electoral
Elegido Gen. Romeo Lucas García 1978-
1982 por golpe
Triunvirato
Militar
Provisional Gen. Efraín Ríos Montt
Gen. Horacio Maldonado Schaad
Col. Francisco Luis Cordillo 1982 por golpe
Nombrado Gen. Efraín Río Montt
1982-
1983 por golpe
Nombrado Gen. Oscar Humberto Víctores
1983-
1986 concluyó término
Constitucional Vinicio Cerezo
1986-1991 concluyó término electoral
Constitucional Jorge Serrano
1991-1993 renunció después de auto golpe fracasado
Nombrado por Congreso Ramiro de León Carpio 1993-
1996 concluyó término con elecciones
Constitucional Arzú
1996
TIPIFICACION DEL GOBIERNO EJECUTIVO NACIONAL
AÑOS FORMA DE SUCESION
Gobierno Militar Gen. Manuel Ponce 1930-1931 por golpe
Gobierno Militar Tnt. Col. Luis Sánchez Cerro I
1931 renunció
Junta de ciudadanos prominentes Ricardo Leoncio
Elías
1931 por golpe
Gobierno Militar Lt. Col. Gustavo Jiménez
1931 renunció
Junta de ciudadanos prominentes Gen. David Samanez Ocampo
1931 concluyó término con
elecciones
Constitucional Gen. Luis Sánchez Cerro II
Jorge Toriello Garrido 1931-1933
asesinado
Nombrado por congreso Gen. Oscar Benavides 1933-
1939 concluyó terminó con elecciones
Constitucional Manuel Prado Urgarteche I 1939-
1945 término plazo electoral
Constitucional José Luis Bustamante y Riveiro
Col. Carlos Castillo Armas 1945-1948 por
golpe
Gobierno Militar, luego legalizado Gen. Manuel Odría
1948-1956 concluyó término con
elecciones
Por elecciones presidencial constitucional Manuel Pardo
Ugarteche II 1956-1962 por golpe
Provisional Gen. Ricardo Pérez
1962-
1963 por golpe
Provisional Gen. Nicolás Lindley
1963 concluyó término con elecciones
Constitucional Fernande Belaúnde Terry I 1963-
1968 por golpe
Gobierno Militar Gen. Juan Velasco Alvarado 1968-
1975 por golpe
Gobierno Militar Gen. Francisco Morales Bermúdez 1975-
1980 concluyó término con elecciones
Constitucional Fernando Belaúnde Terry II 1980-
1985 finalizó término electoral
Constitucional
Alán García 1985-1990
finalizó término
electoral
Constitucional Alberto Fujimori I 1990-
1992 autogolpe
Legitimado por constituyente Alberto Fujimori II
1992-1995 finalizó término electoral
Constitucional Alberto Fujimori III 1995-
Fuente: Kruijt (1994: 181-182)