Cuad Cien Soc 91 (CCS)

CUADCIEN, 06/01/96, FUTBOL, MASS MEDIA Y NACION EN COSTA RICA

Cuadernos de Ciencias Sociales

País/Country: Costa Rica

Programa Costa Rica; Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO)

Autor/Author: Sergio Villena Fiengo*

Número/Number: 91

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 06/01/96


Perdemos, pero somos los mejores.

Un afinicionado tico.

La particularidad de la constitución histórica de cada comunidad, escribe Benedict Anderson, responde al estilo con el que la misma es imaginada. Por eso, un acercamiento cognitivo a la especificidad del carácter comunitario de una sociedad, exige saber cómo ésta (re)produce y expresa sus concepciones de sí misma y de su relación con el mundo.

Los discursos en que las sociedades exteriorizan, a menudo con dramatismo, su representación de sí mismas se plasman en diversos ámbitos de la cultura, como riñas de gallos (Bali), corsos de carnaval (Bolivia y Brasil), recitaciones de poesía (entre los musulmanes), etc. En este ensayo me interesa estudiar la forma que esa expresión presenta en Costa Rica.

Mi hipótesis es que, en este tropical país, el fútbol es uno de los más destacados y múltiples fragmentos que componen el "espejo trizado" donde la nación refleja sus ansias, pasiones y temores ontológicos. El juego y los discursos del balompié son una rica alegoría de lo social en tanto constituyen, parafraseando a Geertz, un modo de construir --emocional, moral e intelectualmente-- la experiencia humana, un comentario sobre la vida.

Al vivir y hablar sobre el fútbol, los costarricenses plantean, cruda y apasionadamente, las preguntas y respuestas fundamentales acerca del ser costarricense o el carácter nacional. Es entonces que los ticos se constituyen en sujetos integrados a una comunidad y donde buscan, como nación, el reconocimiento internacional.

Pero la invención de la nación costarricense en el fútbol implica procesos específicos de producción, circulación y recepción de los discursos y los imaginarios, que no serían posibles sin los mass media. Es gracias a la impresionante cobertura que otorga al fútbol un sistema nacional unificado de comunicaciones, que los avatares del juego son vividos, simultáneamente, aún en los más recónditos espacios del territorio patrio.

¿Cuál es el alcance que tiene en la generación de un sentimiento de "comunidad en anonimato" la interpelación que los medios de comunicación hacen sobre el desempeño futbolístico de la 'oncena tricolor'? Ensayaré una respuesta mediante un análisis del transfondo ideológico del discurso del fútbol, de sus presupuestos y claves interpretativas. Me limito a estudiar lo publicado por el medio escrito que mayor espacio otorga al futbol y que, por ser el más leido y de mayor influencia política, es también el de mayor impacto en la formación de la opinión pública nacional1.

Communitas

A diferencia de lo que ocurre en sociedades corporativas, en Costa Rica la presión y la adhesión/compromiso comunitario, como cemento social, son débiles: su constitución histórica como una sociedad de campesinos propietarios "enmontañados", ha sido reforzada por la democracia, longeva en el contexto latinoamericano, permitiendo la construcción ciudadana con un fuerte componente individual. La nación es resultado de una voluntad "asociativa" o de "pacto", antes que fruto de una herencia milenaria, propia de las visiones románticas que imperan en paises con una fuerte tradición indígena, como México, Perú o Bolivia.

Sin embargo, como lo ha demostrado --entre otros-- Turner, toda comunidad, para ser algo más que un agregado humano inorgánico o una simple estructura jerárquica, requiere un espacio, casi siempre ritual, donde generar un sentido de igualdad y pertenencia a la comunidad: las sociedades son estructura más communitas. Pues bien, creo que uno de los principales ámbitos en que el ethos colectivo se expresa y constituye en Costa Rica es, actualmente, el fútbol. Los estadios y su extensión massmediática sustituyen, a mayor escala, a las tradicionales "pulperías" a las que refiere Láscaris en su ensayo sobre "el costarricense".

El fútbol es uno de los acontecimientos fundamentales donde se genera, expresa y reproduce, un fuerte sentido de pertenencia al grupo (el equipo) o a la nación (la selección): ser saprissista o liguista, o de cualquier otro equipo, es toda una declaración de pertenencia, que se comparte con miles de personas con las cuales no se tiene contacto directo, pero que, en ocasión de un encuentro, definen las simpatías o repulsas.

Por ello, como la cruz para los cristianos, la selección nacional es un referente identitario de primera importancia para la comunidad tica: ocupa, como la bandera, el escudo, el himno nacional, la guaria morada y el punto guanacasteco, un lugar de prilegio entre los símbolos patrios. Los ticos no sólo conocen su selección: se reconocen en (identifican con) ella.

Cuando la selección juega, se juega la patria. La asistencia a los "duelos" de la tricolor, sea en vivo y directo en los estadios o en torno al televisor, en reuniones con los amigos y parientes, son momentos de congregación alrededor de los objetos sagrados de la comunidad. Es en esos momentos, cargados de tensión pero, al mismo tiempo, de relajamiento de los controles sociales, donde se produce también la catarsis social. La fusión en el anonimato de la masa, permite la más cruda expresión del carácter social: ahí, de algún modo, se resume el ser tico2.

Los juegos son acontecimientos tan importantes que pueden incluso, como ocurrió con la participación de Costa Rica en el mundial de Italia, motivar a un presidente de la república a decretar asueto nacional3. Por lo mismo, en 1996 su transmisión exclusiva por circuito cerrado de televisión se convirtió en un debatido asunto de interés nacional4.

La identidad nacional se juega los domingos a mediodía, o los miércoles por la noche, en el estadio. La autoestima nacional sube y baja con los resultados que obtiene la selección y/o los equipos locales en campeonatos internacionales, esto es, en el espacio de reconocimiento externo. Cuando la selección gana, se festeja la certeza de que el país está demostrando al mundo cuanto vale; cuando pierde, campea la frustración, la pregunta del porqué nos pasa siempre lo mismo.

Como ocurre en otros paises donde el futbol es cuasi-religión, las explicaciones de las derrotas internacionales son dolorosos cuestionamientos sobre la posibilidad de ser: los momentos que siguen a la pérdida de un encuentro por la selección nacional (sobre todo en alguno de los campeonatos de importancia) son aquellos en los que, como dice un tango, impera el dolor del ya no ser, la pérdida de seguridad ontológica.

Es entonces que vienen las dudas fundamentales, la búsqueda de una respuesta que restablezca la certeza perdida. Es la fase del espejo: de la contemplación del "sí mismo nacional", de la expresión de las ideologías de lo nacional. Este proceso empuja a la superficie concepciones, prejuicios y sentimientos encontrados, que pugnan por imponer sobre la sociedad su propio punto de vista.

Por un lado, está la teoría del país víctima. Con frecuencia, las derrotas de la selección se atribuyen a factores externos o fuera de la nación: nos ganaron porque el árbitro nos jodió, porque hacia frío, porque hacía calor, porque las canchas estaban en pésimas condiciones5. Estas explicaciones, que en el pasado gozaban de verosimilitud gracias a los amplios márgenes de posibilidad de "invención" de los encuentros propio de las transmisiones radiales, hoy son, gracias al medio caliente de la televisión, menos creíbles.

Son esas explicaciones las que contribuyen, también, a la definición de una matriz, sino xenofóbica, por lo menos de simpatías y antipatías nacionales. Es particularmente notable la relación de amor y odio establecida con México6, la subestimación de los equipos centroamericanos y caribeños, contra los cuales, empero, se pierde con cierta frecuencia (lo que, en general, se atribuye a la garra del rival, antes que a su técnica). Por contraparte, se expresa una gran admiración por los europeos7, sobre todo por su organización y profesionalismo, a la vez que una fascinación por la técnica y elegancia del futbol sudamericano, del cual se importan la mayor parte de los técnicos.

La tesis de la conspiración internacional encuentra su contraparte en las explicaciones internas, de mayor interés por sus implicaciones ontológicas: perdimos porque nos falta profesionalismo; eso no habría pasado con un técnico de origen extranjero; los jugadores están enfermos; les falta amor por la patria; etc.

En esos momentos de ansiedad existencial las preguntas acerca del ser costarricense se expresan con mayor intensidad. Empero, con pocas excepciones, se mantiene la hipótesis de que, aunque perdemos, somos los mejores: tenemos talento, pero no organización. Nadie (o casi) se atreve a afirmar que el futbol tico no es bueno: eso equivaldría a autonegarse la posibilidad de ser8.

Así, el fútbol es el texto en el que se vierte la reflexión preteórica sobre el carácter, las virtudes y los defectos nacionales. Su carácter de 'juego' permite que ese cuestionamiento se exprese con mayor libertad que en otros ámbitos más comprometedores (después de todo, se trata sólo de un juego). Por contraparte, la carga psicológica del acontecimiento, al tiempo que posibilita la fusión comunitaria, otorga un caracter sobre todo emotivo al cuestionamiento.

Sabia virtud, de conocer el tiempo

El verso cantado por Chavela Vargas que inspira el título de este acápite, nos invita a explorar la relación entre fútbol y tiempo social en tres direcciones: el calendario futbolístico como ordenador de la vida; el fútbol como horizonte que provee un pasado y un futuro compartido (las fechas fundamentales de un tiempo que es vivido discontínuamente son los partidos de fútbol); finalmente, el tiempo del comentario, de la recreación infinita9.

Los partidos de fútbol compiten con los feriados religiosos y cívicos en la definición del calendario ritual y la agenda personal. El tiempo social está en mucho organizado en consideración del fútbol, pues los ticos ordenan sus actividades en función de la errática programación de las fechas del (los) campeonato(s). Deben realizar intrincadas negociaciones para, junto con los amigos o la familia, poder asistir (directa o massmediáticamente) y comentar todos los encuentros (lo que se complica aún más con la transmisión en circuito cerrado).

Pero, como señalamos, el fútbol no sólo calendariza la vida, también provee un pasado y un futuro común. Una de las fechas fundacionales de la nación tica es, como lo recuerda un comercial de Aero Costa, el año 1990, cuando la selección logró un resultado sin precedentes (clasificó a octavos de final en el mundial) y bordó con letras de oro su nombre entre los grandes --haciendo saber al mundo, de paso, que Costa Rica existe--. Esa fecha, como la revolución del '48, está grabada en la memoria popular y es el punto de referencia de un sin fin de discusiones10.

Fue en 1990 que se alcanzó la mayoría de edad como nación (futbolística), el pleno reconocimiento del "otro" y, por supuesto, el de la fusión comunitaria, del autorreconocimiento. Como todo rito de pasaje, ese momento marcó la vida de los ticos: desde entonces, cualquiera puede iniciar una conversación amistosa con sólo rememorar en voz alta el gran acontecimiento.

Como todo momento constitutivo de la intersubjetividad, la participación en Italia '90 es permanentemente recordada por la prensa (el exmundialista Gabelo, etc.). En el tiempo del comentario, de la recreación y reinvención infinita de los detalles de los encuentros, ese es el punto más alto que sirve de patrón para saber si se mejoró o empeoró: es el parámetro con el que se evalúa el presente y se avizora el futuro. El mayor anhelo nacional es repetir, o mejorar, la hazaña.

Así, el tiempo del comentario es el de la memoria y el del proyecto: en él, y muchas veces gracias a la caleidoscópica reproducción de la jugada en el televisor, que multiplica los ángulos de visión --y, a la vez que comprime, repite, detiene, hace más lenta-- de la misma, o a las narraciones de las jugadas por los comentaristas o por sus mismos actores, se reconstruyen, a menudo míticamente (la reconstrucción de un pasado que nunca fue presente), los momentos fundamentales del "duelo". A partir de él, se dimensionan los anhelos y se imagina y trabaja por el futuro.

El centro ejemplar

Hasta aquí, hemos visto cómo el fútbol es un espectáculo melodramático que permite la fusión comunitaria que, gracias al tiempo del comentario (inscrito en un calendario ritual), es permanentemente actualizado en la memoria y en la proyección de un futuro deseado. Señalamos también, que el fútbol es, sobre todo en los momentos de inseguridad ontológica que siguen a las derrotas, un espacio de cuestionamiento y reconocimiento en el "espejo". Cerraré este ensayo señalando la dimensión moral del aprendizaje del sí mismo en el fútbol.

Cliffort Geertz, en sus estudios sobre la importancia simbólica que tienen los gobernantes javaneses para su pueblo, encontró que ésa se expresa en tres "doctrinas": la del "centro ejemplar", la de la "espiritualidad gradual" y la del "Estado teatral". La primera de ellas, que es la que aquí interesa, refiere al papel de paradigma microscópico del orden social que asume la corte, cumpliendo la función de diseminar, mediante exhibición, la civilización: la capital es como el sol, y el país como su aureola.

Ahora bien, toda sociedad requiere de un centro ejemplar, de un modelo que exprese en acción los valores sociales considerados fundamentales para la existencia particularizada de la comunidad. En las repúblicas (es decir, donde no existe corte ni rey), en general ese papel recae sobre la clase política. Empero, cuando ésta ha caido, como en Costa Rica, en el descrédito en cuanto se refiere a su papel de centro ejemplar para la sociedad, ésta debe crear un espacio sustituto.

Pareciera, ante esas circunstancias, que los ticos han optado por otorgar la función de centro ejemplar a los deportistas, en particular a los futbolistas11. Su papel de ídolos se proyecta al ámbito moral, por lo que la sociedad otorga a su comportamiento --sea con "pantalón corto" o con "pantalón largo"-- la función de un paradigma de las virtudes (y defectos) de la nacionalidad, de modelo microscópico donde los miembros más jóvenes (al menos los hombres, ya que la épica del futbol es masculina, por no decir machista) de la comunidad apre-he-nden los valores que deben regir su comportamiento patriótico12. Así, el fútbol se ha apropiado la magia del nacionalismo, que es la de la religión: convierte el azar en destino (Anderson, op. cit.: 29).

En tanto modelo, se exige a los jugadores una conducta intachable. Los aficionados ecriben cartas a la prensa en las que se conmina a los jugadores a demostrar un amplio espíritu de sacrificio, mismo que, paradójicamente, pocos ticos "comunes" están dispuestos a demostrar en su propia vida y actividad13. Así, este parece ser un ámbito donde la capacidad de responder con disciplina a la presión es más valorada que en otros casos: se llega al extremo de buscar asegurar esa entrega recurriendo a una fuente de autoridad externa, como es un entrenador extranjero (opción que mereció un amplio respaldo, según una encuesta telefónica realizada por el canal 4, y que fue sansionada por el Ministro Mora).

Como lo destaca una columna ocasional en la página de Opinión de La Nacion, jugadores como Mauricio Montero y Evaristo Coronado, con su comportamiento de "caballeros del deporte", inspiran en los niños los valores considerados fundamentales para la construcción de una patria digna: la "sencillez y humildad" tica que antes era provista por los "labriegos", sumada al "profesionalismo" y "entrega". Son, por ello, un ejemplo de patriotismo.

La presión sobre los jugadores ticos es mucho mayor cuando prestan sus servicios en el extranjero, pues les corresponde desempeñar una función simbólica más importante que la confiada a los embajadores. Los medios de comunicación dedican gran espacio a la presentación de información y análisis -- con un despliegue de amplias entrevistas sobre temas deportivos/personales con frecuencia realizadas a larga distancia-- incluso a los jugadores alineados en equipos de segunda división en el extranjero, aún en países cuyo fútbol no ocupa un lugar de privilegio en el ranking mundial14.

La Nación, por ejemplo, publica una sección exclusiva sobre el tema (Ticos en México)15. Gracias a esa labor de los medios, aunque muy pocos saben quién es el embajador de Costa Rica en México, un porcentaje nada despreciable está enterado de los detalles de la vida de los ticos que militan en el futbol "azteca". Cada gol de Fonseca o habilitación de Medford en el Pachuca, es un placebo para el dolor que se sufre por las derrotas de las selecciones: es la respuesta individual al fracaso colectivo16.

Silbatazo final

Agotados los primeros noventa minutos, corresponde iniciar la recapitulación y el comentario. A lo largo de este ensayo, traté de mostrar que existen indicios para considerar que el fútbol en Costa Rica es un espectáculo de masas que opera como un "juego profundo", como un melodrama ontológico donde los ticos son invitados a reconocerse (paráfrasis de Brunner, op. cit.: 72): la sociedad costarricense es un estadio extenso donde se juega el ser nacional17.

La particular forma de recepción y vivencia tica de ese deporte de alcance mundial que es el fútbol, genera un sentimiento de comunitas que se expresa en varias dimensiones. Destaca la generación de una intersubjetividad común, que alude tanto al sentimiento de igualdad y fusión comunitaria, a la fijación de un ritmo temporal mediante la elaboración de un calendario cuasi-ritual, así como a la delimitación de coordenadas temporales que otorgan sentido y continuidad al pasado/presente/futuro18.

Comprende también al aprendizaje de concepciones preteóricas sobre el ser nacional, así como a la aprehensión de los valores morales considerados fundamentales desde un punto de vista que fomenta el patriotismo. El símbolo que condensa todo este sentimiento de pertenencia e identificación es la selección nacional.

Espero que el desarrollo de las hipótesis planteadas en este ensayo sirva, de alguna manera, como una provocación para realizar un ejercicio de "epojé" fenomenológica que ponga en duda el carácter preteórico de la reflexión sobre la nación que rodea al fútbol. En esa dirección, esperamos haber contribuido en algo a despertar la curiosidad sociológica ahora que se acerca el magno evento: las eliminatorias para el mundial de primera división Francia '98.

Bibliografía

Anderson, Benedict
1993 Imagined communities. London: Verso (edición aumentada).

Antezana, Luis H.
1995 Sentidos comunes. Cochabamba: FACES-CESU-UMSS.

Brunner, José Joaquín
1992 América Latina: cultura y modernidad. México: CNCA-Grijalbo.

Geertz, Clifford
1992 La interpretación de las culturas. Buenos Aires: Gedisa.

1994 Observando al Islam. Buenos Aires: Paidós.

1995 Conocimiento local. Barcelona: Paidós.

Láscaris, Constantino
1994 El costarricense. San José: Educa.

Nuño, Juán
1986 "Razón y pasión del futbol", Vuelta nº 116, México, julio.

Turner, Victor
1994 Dramas, Fields and Metaphors. Symbolic Action in Human Society. Ithaca/London: Cornell University Press.
1988 El proceso ritual. Estructura y antiestructura. Madrid: Taurus.


(*)M. Sc. En Sociología en FLASCO-México. Boliviano. Coordinador Académico de la Secretaría General de FLASCO.

(1)La sobreabundancia de material causa un efecto de "saturación" que me obliga a restringir mi análisis a las publicaciones de La Nación durante los meses de marzo, abril, mayo y junio de 1996 (el tiraje de la nación alcanza aproximadamente 400.000 ejemplares los días lunes, cuando se publica el resumen deportivo del fin de semana). Utilizo, además, información recogida mediante observaciones participantes, entrevistas casuales y notas extraidas de otros medios de información escritos y audiovisuales.

(2)Por eso, es importante la pregunta que se hace Julio Rodriguez (ver su columna En Vela, del 22/V/96): "¿por qué ponemos el grito en el cielo por la violencia y la vulgaridad de estas barras [se refiere a la ultra y la doce, enfrentadas verbal y físicamente días antes]? ¿Es que hay diferencia alguna entre el lenguaje de esos aficionados en el estadio y el de numerosos jóvenes, profesionales y honorables padres de familia? ¿Qué es el lenguaje tico sino el uso reiterado y combinado del mentonazo de madre, del maje y de la vara [supongo que, por pudor, Rodriguez no hace referencia a "picha" y sus derivados]? . . . Lo de La Ultra y La Doce es apenas un episodio." De acuerdo, pero no es un episodio cualquiera . . . Una hipótesis contraria, la del comportamiento de las barras como excepción copiada de Europa, es planteada en la nota El futbol y la inteligencia, de M. Madrigal, en La Nación del 19/6/96, sección Opinión.

(3)En un reportaje publicado por Enrique Tovar en la Revista Dominical de La Nación del 9/6/96, con el título La Hazaña de Italia 90, se señala: "Al comenzar el mundial, desde el presidente Rafael Angel Calderón Fournier hasta el más humilde trabajador se unieron [¿la communitas?] a esta fiesta deportiva. Incluso, el mandatario decretó asueto en las mañanas en que jugó el equipo nacional."

(4)Esto mereció incluso una censura en el Editorial de La Nación del 13/5/96. Dice un columnista: "Hace un tiempo tuve la experiencia de asistir a un evento de este tipo y al salir del lugar donde se encontraba el circuito cerrado, unos jóvenes se me acercaron para que les contara cómo había jugado nuestra Selección, lo que me llenó de tristeza, pero también de preocupación al ver el rumbo que está tomando nuestro país."(La Nación del 6/96, Sección Opinión). Y un lector: "¿Qué pasó con el principio que dice que todos los hombres somos iguales ante la ley? ¿Cuándo van a frenar el abuso de la televisión por circuito cerrado? Todos los costarricenses tenemos derecho de ver a la Selección Nacional de Futbol en directo . . ."(Cartas, 7/6/96). La protesta no es por la desigualdad en general (que comprende muchos campos de la vida), sino por que ésta se presente también en el ámbito, por definición, de la igualdad: la communitas. Esta no es tal si excluye a los costarricenses que no pueden ingresar (sea por carencia de recursos económicos o por ser menores de edad) a uno de los bares donde se reproducen por circuito cerrado los juegos de nuestra Selección Nacional (con ese adjetivo posesivo y mayúsculas).

(5)Un buen ejemplo de ello es el informe (o por lo menos la versión presentada por la prensa) del director técnico de la selección juvenil, Sibaja, sobre la participación de la misma en las eliminatorias para el mundial en esa categoría, realizado en Saltillo, México (marzo de 1.996).

(6)El técnico de la sub 23 que participó en el preolímpico realizado en Canadá fue criticado porque "...intentó [Blanco] reducir las distancias que nos separan del fútbol más desarrollado de la región --México-- incentivando en los futbolistas un discurso innecesariamente cargado de agresividad que tuvo un efecto bumerán" (La Nación del 19/5/96, Sección En Breve, con el título --nótese el juego de palabras-- Cierre en Blanco): el resultado fue México 4, Costa Rica 0. Las opiniones sobre la derrota de varios lectores señalan como culpables, por contraparte, a los jugadores (Cartas del 20 y el 27/5/96).

(7)Una caricatura publicada --titulada Línea Crítica-- en la página central de La Nación (9/6/96, ver también la del 24/6/96) muestra a dos personas (que se supone representan a los ticos) viendo la transmisión por TV de la Eurocopa '96. Una de ellas expresa !OJALA APRENDAMOS! (las mayúsculas, signos de admiración y subrayado son del original). Consultar, también, la nota de Gaetano Mandolfo sobre "Diferencias: La Eurocopa y nuestro campeonato" (Universidad, pág. 22, 21/6/96).

(8)El Editorial de La Nación del 20 de mayo de 1996, señala a "Los responsables de siempre": "El Ministro de Cultura, Arnoldo Mora, calificaba de catastrófica la actuación del seleccionado Sub-23 en Canadá. Es cierto. Su papel fue risible y deplorable. Corresponde ahora sentar las responsabilidad que, por cierto, no es de los jugadores. Se incurriría, sin embargo, en un error de bulto si el análisis y las críticas se ciñeran a esta selección. Este ha sido un capítulo más en un libro de desaciertos que ha dominado el fútbol de Costa Rica durante muchos años y que, después de nuestra participación en Italia, en 1990, ha traspasado las fronteras del bochorno [...] En definitiva, se trata de un problema mental y cultural que solo se puede corregir desde afuera [de la Fedefutbol]."(los subrayados son míos).

(9)Excluimos el tiempo interno al fútbol, fundamental en la estructuración y producción de tensión en el juego. Baste señalar que este deporte se diferencia de otros porque, entre otras cosas, está sometido a la tensión del tiempo rígido: no prescinde de él (tenis), ni lo estira (basketball). Como ocurre en otros juegos "contra reloj", el tiempo, o mejor la relación gol/tiempo, es el principal generador interno de tensión. Por ello, una de las principales variables estratégicas es el manejo del tiempo: ganar o perder tiempo es todo un arte (ver el ensayo de Nuño, 1986).

(10)Inicia Tovar el reportaje ya referido, "Jugó con clase, con garra y sin complejos./ Se lució bajando el balón, dominándolo y haciéndolo correr a ras del césped, defendiéndose con gallardía y hasta metiendo un gol tras un pase de taquito./ En el Campeonato Mundial de 1990, efectuado en Italia, Costa Rica dejó boquiabiertos a tirios y troyanos y su labor fue colmada de elogios en la prensa de todo el mundo./ Luis Gabelo Conejo, Juan Cayasso, Hernán Medford y el resto de los jugadores causaron asombro en todo el planeta. Y qué decir en el pueblo de Costa Rica, que durante diez días caminó sonámbulo, rebosante de una alegría nunca antes vista."

(11)Desde luego, como ocurre en todas partes con los eventos significativos, el fútbol en Costa Rica no se sustrae a la política. Las autoridades no sólo acuden sonrientes y oportunistas a dar el puntapié inicial en un partido de clásico, sino que usan muchos de los recursos por fondos reservados de los que disponen como apoyos prebendales a los clubes.

(12)Por eso se acogió con mucho entusiasmo la declaración del nuevo técnico de la selección mayor, Badú, quien declaró que los jugadores deben ser un modelo al interior del país, y sus embajadores cuando están fuera.

(13)Sobre la "degeneración" de los valores y la cultura del tico, pueden leerse las opiniones del ya citado Rodríguez, las --con mayor carga humorística-- de Espinoza (columna Al Grano de la Nación), así como el Editorial de La Nación del 24/6/96. Estas opiniones encuentran respaldo en una encuesta publicada por La Nación en marzo de este año.

(14)En menor medida, lo mismo ocurre con los extranjeros que en algún momento participaron en el futbol tico. Lassiter es el "Bombardero de Tampa" y Linaris y Chiqui García tienen a sus equipos en la parte más alta de la tabla de posiciones en Guatemala y Colombia, respectivamente. . . ¿se cree que si hacen un buen papel, se debe a lo que aprendieron en Costa Rica?

(15) Un indignado aficinado escribe: "Me parece una muestra de menosprecio el que La Nación le haya dado más importancia y espacio al campeonato de segunda división en México --país que tiene poco que enseñarnos-- que al certamen de la misma categoría en nuestro país."(Cartas, La Nación 5/6/96). Pareciera que el autor de la carta ignora que es en la segunda división del fútbol mexicano donde actúan dos de los más exitosos jugadores ticos en el extranjero (incluido un exmundialista, con todo lo que eso aquí significa), y que el fútbol mexicano es un pretexto para hablar de los "embajadores" ticos; despúes de todo, la columna no titula "Futbol mexicano" sino "Ticos en México".

(16)*** Es digna de antología la siguiente nota: "Mesura en familia" subtitulada "Los parientes de Fonseca -- como lo muestra la fotografía-- vieron [el] partido con cautela y festejaron al final (...) Solo, ante un pequeño televisor blanco y negro de 8 pulgadas, don Joaquín miraba a su primogénito desde la cocina, sólo de vez en cuando, se asomaba a la sala, quizás para apaciguar sus accesos de zozobra". Eso, por supuesto, sin perjuicio de la nota dedicada a Fonseca (foto en acción, desde ya) que por título lleva una frase suya, digna de un modelo social: "Se lo dedico a mi mamá"

(17) La cobertura que La Nación, el periódico de mayor circulación nacional, da al fútbol desborda a menudo la ya voluminosa sección deportiva para ocupar las columnas de opinión, la sección de entretenimiento, las cartas de los lectores, etc., sin excluir los editoriales. Lo mismo puede decirse de los otros periódicos (incluido el "alternativo" Universidad), así como los canales televisivos, que dedican gran parte de su programación (con frecuencia en horarios estelares) al fútbol.

(18)Dejemos señalado, además, que produce un lenguaje común en el que el fútbol actúa como "root metaphor", es decir como una metáfora que funciona como categoría cognitiva de uso recurrente cuando se requiere comprender o explicar algún acontecimiento de la vida cotidiana (o extraordinaria) para el que no se tienen categorías específicas. Qué decir, por ejemplo, del uso reiterado de metáforas como el fuera de lugar para hacer referencia a cualquier ocasión en la que opera la ley de la inercia (física o de otro tipo).