Fecha/Date: 07/01/96
Imagine all the people sharing
all the world you may say I am a
dreamer but I am not
the only one....
IMAGINE John Lennon
I.- Introducción
En un momento histórico de casi retirada universal del Estado y en donde los
procesos de planificación, como
posibilidad de orientar el desarrollo, están casi completamente deslegitimados,
escribir un artículo sobre planificación
social aparece como un gran desafío.
Este desafío consiste no tan sólo en recolocar la planificación social en el
ámbito ideológico que la deslegitima
explicando -por ejemplo- las limitaciones del mercado como mecanismo de
asignación de recursos sociales sino sobre
todo, en desarrollar una perspectiva de la planificación social que acompañe los
nuevos procesos de cambio social y
tecnológico, particularmente los relacionados a las tecnologías de organización
y gestión social. Aún más, se trata de
elaborar un enfogue de planificación social que acompañe la satisfacción de
las necesidades humanas, en
un marco en donde las personas buscan ampliar sus opciones, ejercer sus
capacidades de escoger, ganar mayores
espacios de autodeterminación y libertad1.
Este trabajo se propone a un nivel introductorio, reposicionar la planificación
social a nivel conceptual en el contexto
histórico presente, mediante la revisión de algunas de las ideas y debates
a través de los cuales fue pasando
su significado. No se pretende entrar en la discusión sobre las ventajas y los
inconvenientes del mercado, ni mucho
menos, en evaluar los resultados de la planificación social "real" en distintos
contextos históricos
concretos2. Se trata de recorrer el camino de las ideas y los
principales puntos de vista sobre la
planificación y el concepto de necesidades humanas -que es el que define el
componente "social" de la planificación- en
un intento de desarrollar un enfoque que plantee la validez de las tradiciones y
los conceptos, en función de su
permeabilidad al contexto histórico en que vivimos.
En la primera parte, se analizan los principales ejes de la discusión sobre la
planificación social con el objeto de definir
cuáles serían los consensos válidos dados los desafíos del presente. En tanto
que la planificación social está relacionada
con la solución de problemas concretos expresados en términos de necesidades
humanas, se revisa de una manera
sumaria en la segunda parte, los distintos planteamientos en el debate sobre las
mismas y se concluye proponiendo una
taxonomía de las necesidades humanas. A nivel más operativo y en la tercera
parte, se presenta un esquema de
planificación social centrado en la satisfacción de las necesidades humanas.
El trabajo pretendería así responder a tres conjuntos de preguntas: primero,
¿qué entendemos por planificación social?,
¿qué significa planificar en el contexto social presente?; segundo, ¿cuál es el
punto de partida en el proceso de
planificación social?, ¿cuáles son las dificultades conceptuales y operativas
que presenta el concepto de necesidades
humanas?; y en tercer lugar, ¿cómo se estructura un proceso de planificación
social a partir de la satisfacción de un
determinado perfil de necesidades humanas?, ¿cuáles son los principales
componentes económicos y sociales que hay
que considerar en este proceso?.
II.- Las Tradiciones en Planificación Social
A un nivel general y provisorio, la planificación social puede ser
conceptualizada como el intento de aplicar el
conocimiento a la sociedad a fin de obtener el mejoramiento de la calidad de
vida de la misma, en términos de la
satisfacción de las necesidades humanas. Si bien esta idea es muy antigua
comenzó a tomar un desarrollo más
operacional en el siglo XVIII, cuando los procesos asociados a la revolución
industrial mostraban un impacto ambiguo:
positivo en términos de un extraordinario dinamismo ecónomico y negativo, debido
al deterioro significativo de las
condiciones de vida de enormes contingentes poblacionales (urbanización
acelerada con crecimiento de la indigencia,
maltrato y sobreexplotación en el trabajo, etc.). A partir de allí y hasta
nuestro días, se podría decir que comienzan a
desarrollarse tres líneas de pensamiento sobre la planificación social: una que
plantea un modelo de reforma social
"desde arriba" y que desarrolló un conjunto de justificativos, métodos y
técnicas para implementar la planificación
desde el Estado; otra, centrada principalmente sobre la movilización social y
el aprendizaje social para
posibilitar una transformación "desde abajo", tomando como base la sociedad
civil y finalmente, la comunicación
social que conceptualiza a la planificación como una narrativa argumentativa
acerca de un futuro deseado.
No existen fronteras claras ni transparentes entre estas líneas de pensamiento
ya que, muchos de los conceptos y
preocupaciones son comunes. Trataré en lo que sigue de describir las principales
ideas en juego contraponiéndolas
cuando fuese necesario, a fin de analizar su utilidad y/o validez en términos de
la práctica de la planificación social en el
contexto histórico presente.
1.- La reforma social
La práctica de la planificación como la conocemos ahora comenzó en la primera
parte de este siglo pero muchas de sus
ideas se originaron a principios del siglo XIX con los trabajos de Henri de
Saint Simon y Augusto Comte, quienes
formularon la idea de una ciencia que estaba al servicio de la humanidad
(Friedman, 1987). En ellos tomó forma el
pensamiento de que la práctica de la planificación debe conformarse a la razón
humana y al conocimiento derivado de la
investigación científica y técnica.
Saint Simon (Taylor, 1975), considerado el padre de la "planificación
científica", pensaba que la situación requerida por
una Europa que se encontraba al borde de ingresar al capitalismo industrial,
implicaba la introducción de formas
organizativas que se apoyaran sobre las ideas y valoraciones de los grupos más
selectos de la sociedad apoyados
técnicamente por expertos. Los ricos industriales implementarían los planes
sirviendo al Estado con el asesoramiento de
científicos con el talento necesario para calcular y diseñar intervenciones
sociales. Para Saint Simon, la planificación es
la ciencia de la observación y la medición, una nueva física social que
descubría las leyes del movimiento histórico. La
política no tendría otra tarea que ratificar los propósitos científicos que
emergían de las oficinas de planificación del
Estado y por lo tanto, era considerada como una práctica menor y redundante.
Augusto Comte (Ferre, 1979), un discípulo de Saint Simon e ingeniero de
profesión, profundizó las ideas de su maestro
particularmente las relacionadas a la física social. Para Comte la historia
estaba gobernada por leyes objetivas que
regulaban el desarrollo social de la humanidad. El pensamiento humano progresa
desde un estado teológico pasando por
una metafísica abstracta a un estado de filosofía positiva o ciencia (Ley de los
Tres Estados), que es donde se descubren
las leyes que gobiernan la historia. En este último estado, la libertad humana
no es sino la aceptación del carácter natural,
científico e inmutable de leyes que son descubiertas por científicos. Los
planificadores tienen la tarea de guiar el
progreso social de acuerdo a estas leyes.
Tomó casi un siglo hasta que el Estado y su burocracia pudiesen concretar un rol
activo en la regulación de los actores
económicos y sociales, en establecer balances y equilibrios y en enfrentarse a
los enormes problemas que se derivaron de
la misma. El tema de la "racionalidad" especialmente relacionado a una
"racionalidad técnica" en la esfera pública, se
constituyó en un punto crucial en los debates sobre la planificación. Max Weber
no se preocupó de la planificación en su
análisis, pero fueron justamente sus reflexiones sobre las condiciones de la
racionalidad y la objetividad, que lo llevaron
a tener una gran influencia sobre la teoría de la planificación.
Weber fue extremadamente cuidadoso en establecer las condiciones para un
análisis objetivo (Weber, 1971). Los juicios
de valor que son resultado de la cultura, la tradición, la posición social y las
preferencias personalesno pueden ser
aceptados en el discurso científico. La racionalidad científica para Weber, está
estrechamente relacionada a la objetividad
del conocimiento. Weber estaba preocupado por controlar las dimensiones
irracionales de la vida, entre las que ubicaba
la religión y la política. En esta línea de análisis, postuló que el "ideal
tipo" de la burocracia representaba la forma de
racionalidad por excelencia (Weber, 1966). En efecto, en su construcción ideal
la burocracia es funcionalmente
especializada; se guía por reglas abstractas y de aplicación universal; sus
decisiones se basan en el cálculo de la relación
medios-fines y su objetivo final, es la coordinación y control de las acciones
de modo que el Estado pueda cumplir con
sus objetivos. Aunque no lo afirmó, planificación coincide con burocracia,
siendo la burocracia el medio más racional y
objetivo de controlar los procesos sociales.
Karl Mannheim desarrolló un tipo de pensamiento más orientado al cambio social,
particularmente a formas de cambio
planificadas y guiadas por una inteligencia técnica (Mannheim, 1949). Para
Mannheim, en opuesto a Weber, todo el
pensamiento relacionado a cuestiones sociales refleja en última instancia, la
posición y experiencia personal del pensador
y por lo tanto, el resultado es siempre parcial. El conocimiento objetivo en
estado puro no existe. Pero cómo conciliar
entonces, de acuerdo a Mannheim, la necesidad de la planificación, de proponer
alternativas sólidas para conseguir un
futuro deseado sin un conocimiento objetivo mínimo sobre la realidad como
requerimiento básico. La respuesta para
Mannheim es que, la planificación parte de una situación concreta y es por lo
tanto limitada a las circunstancias de
partida, que son históricamente determinadas. La función de los planificadores,
es concentrarse sobre las fuerzas
emergentes que median y articulan el cambio social en un contexto particular y
darles direccionalidad. La posición de
Mannheim respecto a la objetividad es por tanto, pragmática. La objetividad no
es el resultado del conocimiento
abstracto sino de la práctica, y su verificación deriva de las consecuencias de
la acción planificada. La planificación por
tanto es una práctica focalizada, específica, estratégica e interdependiente
(Mannheim, 1951).
A medida que se profundiza la revolución industrial y se consolida el modelo de
producción masiva con tareas,
actividades en línea y rutinas específicas, aparecen los enfoques sobre gestión
científica de la empresa, que pasaron luego
a ser adaptados al sector público particularmente en los Estados Unidos durante
las dos guerras mundiales (Friedman,
1987).
Herbert Simon, que fue uno de los contribuyentes más notables para el desarrollo
de la "planificación científica",
profundizó el camino abierto por Max Weber. Para Simon nada puede escapar a la
continua penetración de la razón y en
principio, la realidad es sometible al dominio de la inteligencia (Simon, 1957).
En el proceso de planificación, la
racionalidad procede por diferentes etapas que siguen una lógica de secuencias:
formulación de objetivos y metas,
identificación y diseño de las mejores alternativas para alcanzar los objetivos
y metas definidos; predicción del conjunto
de consecuencias que pueden plantearse de cauerdo a cada alternativa, evaluación
de las aconsecuencias en relación a los
objetivos y metas definidos; implementación de las alternativas a través de
instrucciones apropiadas; retroalimentación
de los resultados del programa y ajuste a una nueva situación de decisión.
La racionalidad es sin embargo -para Simón-, puesto que nunca puede lograrse un
conocimiento total de la situación de
partida y de las alternativas disponibles (Simon, 1976). Por ello, el ajuste
final de la relación alternativas-
aproximaciones sucesivas. La planificación es un proceso lógico, dinámico y que
itera hasta alcanzar una relación de
optimización considerada aceptable.
Las tres funciones principales de la planificación de acuerdo a Simon son el
análisis científico, la proyección y la
coordinación, que son esencialmente actividades centrales y prerequísitos para
un control que se ejerce "desde arriba",
como para Simon existe una primacía del conocer sobre el actuar -que es siempre
posterior al conocer- nunca se
preocupó por los problemas relacionados a la implementación que queda fuera del
contexto de su viosión de la
racionalidad.
Las ideas de Simon tuvieron un gran impacto en el desarrollo de disciplinas
conexas con la planificación,
particularmente en la economía, la administración, la matemática aplicada y la
estadística. Asimismo, la asociación del
enfoque "racional totalizante" con la teoría de los sietmas, posibilitó también
el desarrollo de las formalizaciones en
general y modelos matemáticos aplicados a la planificación (Carley y Bustelo
1984). De allí derivan las ideas de
equilibrio y en general toidas aquellas tendientes a visualizar los sitemas en
términos de estabilidad y permanencia: todo
sistema interactúa con su medio ambiente siendo su función principal la
adaptación tendiendo a la
entropía; las relaciones sistémicas son armoniosas y el conflicto
está ausente; los sistemas se
conforman sobre el principio de jerarquía que es derivado de leyes
naturales (conservación de la energía); etc.
(Hoos, 1972).
Como vimos anteriormente, una línea importante de vinculación entre Simon y
Weber es la separación entre ciencia y
política, entre planificación -se podría decir- y política. La política se
visualiza como el mundo de intereses faccionales,
competitivos, de corto plazo, de negociaciones que enjuagan la seriedad del
conocimiento científico. sería por lo tanto
necesario, el poder de los expoertos para contrabalancear la política
restaurando en el gobierno la libertad de la técnica, la
protección de la competencia y la seguridad de la excelencia3.
Ahora bien, dentro de esta línea de razonamiento pueden distinguirse otras
variantes que sin negar la racionalidad básica
de la propuesta de Simon, tratan de flexibilizar el enfoque y de reconciliar la
tradición racional "central" con mecanismos
emergentes más heterogéneos y menos regulados propios del capitalismo de mercado
y también, con el desarrollo de
consensos como base de la sociedad democrática. En este sentido, las reflexiones
de Charles Lindblom son
particularmente agudas y relevantes.
Lindblom veía que el proceso de decisiones públicas se configuraba a través de
decisiones incrementales, en donde
diferentes actores -una vez que tenían información sobre cómo actuaría cada uno
de ellos- ajustaban sus intereses en el
margen (Braybrooke y Lindblom, 1963; Lindblom, 1965). Es mejor confiar en la
interacción positiva entre los
principales actores involucrados en una situación, que hacer planes grandiosos
cuyas consecuencias no pueden
prevenirse ni concretarse. Debido a la excesiva demanda de información que el
modelo racional totalizante presupone, el
mismo no es factible. De acuerdo a Lindblom, la mejor alternativa es entonces
descomponer una secuencia de decisiones
grandes en ciclos más pequeños y distribuir las responsabilidades, entre un gran
número de actores más pequeños que
puedan hacer sus decisiones independientemente. El resultado agregado -asumiendo
que cada actor persigue sus mejores
ventajas- será "un ajuste mutuo de partes" o "incrementalismo desarticulado". La
tarea del planificador -la práctica del
"muddling through"es una especie de "salir del paso" recorriendo y enhebrando
esas articulaciones pequeñas, pieza por
pieza, con un incremento agregado verdaderamente marginal, casi insignificante.
Los enemigos para Lindblom son lo
grande, la pretensión de totalidad, el cambio drástico (Lindblom,1959).
Un paso más allá de la idea de optimización marginal introducida por Lindblom,
lo da A. Etzione con su concepto de
sociedad activa y la necesidad de formación de consensos para formular y
sustentar un plan (Etzione, 1968). De acuerdo
a Etzioni una comunidad sólo se constituye como tal, si es autoconsciente de sus
objetivos y tiene acceso a suficiente
poder para concretarlo. A nivel agregado, una sociedad activa está compuesta por
comunidades autoconscientes y
comprometidas a alcanzar sus objetivos. El consenso resulta de la articulación y
participación de comunidades en la
formulación de los planes. El proceso de construcción de consenso surge
parcialmente "desde abajo", pero la dinámica
que define la orientación social final, es un control "desde arriba" legitimado
por un consenso "desde abajo". Etzione
rechaza la idea de planes maestros, proponiendo en su lugar el concepto de
planificación "entrelazada" (interwoven
planning) que sintetiza la orientación social definida por elites técnicas con
el consenso de la sociedad activa.
Desde Saint Simon hasta Lindblom y Etzione, se define una línea en la concepción
de la planificación pensada como
"reforma social" que ha tenido gran predicamento particularmente después de la
Segunda Guerra Mundial. Los
reformadores sociales creían que el mundo era perfectible y ellos se
visualizaron teniendo un rol principal en esta tarea.
Todos compartían que la planificación se desarrollaba desde un punto central que
se identificaba en el sector público y se
ejecutaba con controles principalmente "desde arriba". Algunos creían que la
planificación debía abarcar todos los
sectores y niveles, otros en cambio, pensaban que era posible hacer
modificaciones pequeñas y marginales. Muchos de
ellos intentaron que la planificación estuviese separada y alejada de la
política, en la que se identificaba "lo irracional" y
lo discontinuo en la sociedad. En su conjunto, pensaban que el "interés general"
podría ser formulado y calculado, a
través de los procedimientos e instrumentos de la planificación que la mayoría
de la gente terminaría por aceptar.
Algunos -como Mannheim y Etzioni- pensaban que el consenso mismo podía ser
planificado como una actividad de una
elite central.
2.- La movilización Social y el aprendizaje social
Otra tradición de la planificación social contemporánea, tuvo su origen en el
socialismo utópico y pone su acento en la
acción social (Cole, 1953). Toda acción, como se sabe, presupone actores que
actúen. Hay un importante cambio de
interés desde una planificación con una lógica autónoma de la sociedad y
racionalmente determinada, hacia otra
concepción más centrada en el cambio social y en los actores que puedan
promoverlo en el ámbito de la sociedad civil.
Dos líneas de pensamiento son las más relevantes dentro de esta tradición: la
movilización social y el aprendizaje
social.
Los propulsores del enfoque de movilización social, deseaban construir una
sociedad mejor a través de un proceso de
emancipación social (Bauman, 1976). Estaban preocupados sobre cómo cambiar las
relaciones de poder a través de la
acción colectiva y estaban convencidos, de que la planificación como aplicación
del conocimiento científico, era
indispensable para la movilización y la reconstrucción social. La planificación
social era pensada entonces, como una
práctica transformadora que emancipa a los desposeídos de las relaciones
sociales que los someten.
Todo proyecto emancipatorio es por naturaleza oposicional y predominantemente
crítico, ya que la crítica es la primera
etapa para entender las condiciones de dominación. Es un proyecto de lucha que
tarde o temprano debe hacer frente a los
agentes sociales que sustentan la dominación. Esta lucha puede ser violenta o
no, política o no, revolucionaria o
reformista, y puede aceptar o no la legalidad democrática para su expresión.
Pero la lucha emancipatoria es siempre
particular e histórica, involucrando individuos y grupos en situaciones
específicas y enfrentando problemas particulares.
Luego el proyecto emancipatorio general deviene en un proyecto singular, lo
universal se concreta en lo específico y la
práctica emancipatoria como planificación, procede experimentalmente, a través
de un proceso continuo de aprendizaje
social, hasta que elementos y/o fragmentos de una nueva sociedad son
constituidos. Como ningún grupo puede
emanciparse hasta que esta condición haya sido alcanzada por todos los grupos,
todo proyecto es -por definición- parcial
y hasta contradictorio, puede implicar avances o retrocesos aunque siempre, aún
en el error, hay un avance en el
aprendizaje a través de la práctica. Como la condición de emancipación de unos
es función de la de otros, esta
concepción es por definición "movimentista", de generación continua de formas
organizativas, de identificar y organizar
nuevos actores, de desarrollar redes sociales informativas, de intercambio de
experiencias e información, etc..
La planificación consiste en el planteamiento estratégico de la práctica
emancipatoria, que involucra la producción de
información adecuada y en el tiempo oportuno; una revisión cuidadosa de las
diferentes opciones disponibles; el
seguimiento continuo de las acciones; sus resultados y el cambio constante del
contexto de la acción colectiva.
Contempla cuestiones prácticas de diseño, costo, localización y logística. A
nivel de casos específicos, la planificación
ayuda a las comunidades a entender sus problemas y a buscar soluciones prácticas
para los mismos, a identificar las
dificultades emergentes y cómo enfrentar y superar limitaciones materiales e
institucionales.
La movilización social requiere que lo que se ha aprendido a través de la
práctica sea compartido, ya que el
conocimiento es útil y productivo cuando se ha expandido y por lo tanto
moviliza. La tarea de la planificación consiste
también en revisar, consolidar un cuerpo de conocimientos y diseminarlo a través
de formas apropiadas.
Ahora bien, un concepto más restringido de aprendizaje, más focalizado en una
práctica concreta y circunscrita, se
desarrolló en el enfoque del aprendizaje social. El aprendizaje social es
correlativo de una práctica social que pretende
cambiar una realidad. Como toda acción que pretende cambiar la realidad, deberá
enfrentarse también a resistencias y
dificultades, por lo que se necesita una planificación estratégica y táctica que
guíe al actor que intenta implementar una
acción o un conjunto de acciones. Si la resistencia es vencida -total o
parcialmente- y las dificultades superadas, el actor
adquiere una información útil que lo lleva a un aprendizaje acumulativo. El
conocimiento se deriva esencialmente de la
práctica y el aprendizaje es por lo tanto, una epistemología del conocimiento.
Todo actor sin embargo, necesita de una
teoría previa que lo sitúe en sus circunstancias y le contextualice los puntos a
través de los cuales, su programación
estratégica y táctica será efectiva en vencer las resistencias. Pero es en
definitiva la práctica transformadora, el criterio
por el cual el aprendizaje se constituye y se desarrolla el conocimiento.
El filósofo americano John Dewey fue el principal inspirador de esta tradición
pragmática y el que acuñó la frase
"learning by doing". Según Dewey sólo por la práctica podemos entender al mundo
y transformarlo (Dewey, 1963 y
1980). El dominio de lo práctico puede no coincidir con la optimización
técnica4. Las soluciones
técnicas se fundan sobre enfoques en general más totalizantes, mientras que las
soluciones prácticas dependen de las
peculiaridades y del contexto de un problema específico (las ideas son sólo
válidas en la experimentación y el
compromiso con lo particular). Cada plan es un experimento específico y la
historia es una sucesión de experimentos en
un movimiento progresivo. Con cada ciclo de hipótesis-validaciones se consolida
el conocimiento y se elimina
progresivamente el error.
En la tradición del aprendizaje social, los actores son principalmente pequeños
grupos de acción que tienen un gran
compromiso pero una constitución social precaria, ya que generalmente se
disuelven cuando un ciclo de aprendizaje es
concluido. Muchas de la propuestas sobre grupos de autoayuda, participación
comunitaria, organizaciones cooperativas a
nivel local, han tenido origen en esta tradición orientada a la acción y con un
enfoque pragmático, en el sentido de
resolver problemas concretos (Korten, 1980 y 1984). Hay una valoración notable
de lo micro, de lo pequeño
(Schumacher, 1973) -y por tanto de lo controlable- conjuntamente con un
compromiso social intenso acompañado por
una práctica participativa. El carácter restringido de la acción social que se
postula y la debilidad de los actores que se
constituyen en relación a una práctica de cambio social, hace que la
planificación social en esta concepción, tenga una
potencia transformadora muy débil.
La visión de la planificación desde la perspectiva de la movilización social y
el aprendizaje, deja sin duda -no menos que
otras tradiciones- una gran cantidad de preguntas sin responder. Aún así, su
contribución ha balanceado la visión
contemporánea de la planificación y la gestión social con una visión más
pluralista de la planificación, como un proceso
integrado por una gran variedad de actores entre los cuales, aquellos que tienen
menos poder deben recibir una atención
prioritaria. Asimismo, las ideas del aprendizaje a través de práctica y la
acción social, la conformación de redes,
movimientos y actores, son contribuciones significativas que permanecen en la
práctica de la planificación
contemporánea.
3.- La comunicación social
El enfoque de la comunicación social y su aplicación a la planificación social
aún no está constituido. Sin embargo, hay
una serie de ideas muy útiles y potentes en el campo del análisis del lenguaje y
los procesos comunicacionales, a los que
se intenta darles aquí un contenido en términos de los procesos de planificación
social5.
Comenzamos por la filosofía del lenguaje para la cual no hay diferencia entre
lenguaje y acción (Searle, 1969; Austin,
1982; Echeverría, 1992). Según esta manera de ver la planificación hay cuatro
actos linguísticos básicos: aseveraciones,
declaraciones, promesas, pedidos y ofertas. Cuando se hace una promesa -y la
planificación es linguísticamente una
promesa de responder ante una determinada necesidad- hay a su vez tres elementos
involucrados en la acción: alguien
que habla, alguien que escucha y una acción que será implementada (y que puede
satisfacer la promesa). Entre quien
habla y quien escucha se establece una acción comunicativa denominada
conversación. Una promesa es una
conversación para coordinar acciones mutuas y satisfacer una necesidad. Para que
esto suceda, el que habla y el que
escucha deben alcanzar un acuerdo sobre el contenido de la promesa y las
condiciones de su satisfacción.
Ahora bien, cuando se establece una conversación para coordinar una acción, se
generan otras acciones para hacer frente
a una necesidad-problema. Los humanos se relacionan unos con otros cuando
coordinan acciones entre ellos y el
lenguaje es lo que permite la coordinación. Pero para superar una necesidad-
problema, las partes involucradas en una
conversación establecen una relación que se expresa en una narrativa común, en
la cual las partes se sienten contenidas.
Estando en una conversación, las partes entran asimismo en un proceso de
transformación mutua. De acuerdo a la
calidad de la narrativa que construyen, se desarrollará entre las partes la
producción de un mundo compartido. Es muy
importante retener en este enfoque, la capacidad de una conversación de
desarrollar una narrativa que pueda generar un
mundo compartido, en el cual cada parte podrá visualizar a la otra como
coparticipante de la invención de un futuro
común.
La planificación puede ser conceptualizada como una narrativa que contiene una
red estable de conversaciones y la tarea
de los planificadores como una de hablar, escuchar y comunicarse. Siendo la
planificación un proceso de mediaciones, el
escuchar es una tarea crucial del planificador (Forester, 1980). Al escuchar,
los planificadores tienen la posibilidad de
construir relaciones confiables. Mostrando receptividad y ofreciendo
reciprocidad, el escuchar puede construir un sentido
compartido y vencer la desconfianza y la sospecha. En la búsqueda de los
significados posibles, de los intereses
subyacentes, de las experiencias sustantivas, los planificadores contribuyen a
desarrollar la voz, la acción y la
autoconciencia de otros. Un escuchar atento de los significados, puede
identificar las ambiguedades tanto de las
intenciones como de las responsabilidades.
Una sociedad puede ser pensada también como una gran red de acciones
comunicacionales. Para esta visión, una teoría
de la planificación, es más una acción comunicativa que una acción instrumental
de relación entre medios y fines. La
planificación es una tarea fundamentalmente argumentativa: los planificadores
deben desarrollar narrativas prácticas y
políticas a través de conversaciones acerca de futuros deseables y posibles.
Esta manera de entender la planificación, es profundamente crítica desde que la
planificación también analiza las
estructuras políticas, económicas y sociales como pautas sistemáticas de
interacción comunicativa distorsionadas
(Habermas, 1973). Las relaciones de poder y económicas no solamente transmiten
información, sino que también
comunican y reproducen las significaciones políticas, organizan los apoyos, los
consentimientos, la confianza y los
sistemas de valoraciones y creencias. El contenido crítico y ético de la
planificación, coloca atención sobre las
distorsiones sistemáticas e innecesarias de las interacciones comunicacionales
sobre las premisas, solicitudes, informes y
justificativos que modelan la vida de los ciudadanos. Por ejemplo: "el sector
público es siempre -inevitablemente- menos
eficiente que el sector privado". Esta es una típica distorsión comunicativa
cuya influencia inmobiliza y debilita el poder
organizativo potencial de grupos y personas.
El tema central de una teoría crítica de la planificación, es cómo hacer frente
a la hipótesis que plantea la precariedad de
las acciones sociales y particularmente, de la acción democrática (Forester,
1989). Presiones tanto burocráticas como de
la comunidad de intereses basados en el mercado, amenazan la participación
política e inhiben el sistema de solidaridad.
Tales presiones, son artefactos políticos y no necesidades naturales y develan
su naturaleza comunicacional
distorsionada, a la que puede contraponerse una práctica de la planificación
basada en la expansión del entendimiento
mutuo, para desarrollar una narrativa democrática "libre de distorsiones" y que
por lo tanto, posibilite nuevas formas de
autodeterminación, participación y acceso a la libertad.
Como se ve, la práctica de la planificación no se da en el aire separada de los
actores sociales que apoyan, desafían,
pelean, se ponen de acuerdo, se interesan unos por otros. Los planificadores que
pretenden servir a las necesidades
humanas de los grupos sociales más postergados y son conscientes de los
problemas de equidad y concentración del
poder, necesitan identificar estas necesidades desentrañando la trama de fuerzas
que se oponen a su satisfacción. El
análisis de situación del campo de intereses en juego, de los pesos específicos
de cada fuerza política, de su trayectoria,
sus contradicciones y de su legitimidad comunicacionalmente construida, es tarea
del planificador.
Una vez que se identifica la planificación como una práctica comunicacional y
argumentativa, se pueden identificar los
problemas organizacionales a los cuales se debe hacer frente (Forester, 1989).
Queda claro que los problemas no podrán
ser sólo resueltos desde el punto de vista técnico, sino también compartiendo
experiencias e incorporando conocimientos
de personas o grupos "no profesionales"; que no tan sólo son importantes los
procedimientos formales sino también las
conductas informales; que es fundamental contar con datos provenientes de
fuentes confiables, como información de
otras fuentes no convencionales, a través de contactos de proveedores de
información directa, de investigadores con
informaciones específicas, etc.; que las técnicas de gestión formal y racional
deben complementarse con el desarrollo de
alianzas políticas, construcción de apoyos y desarrollo de consensos.
El enfoque comunicacional ha contribuido sustancialmente al desarrollo de la
planificación social, particularmente en el
planteamiento de la planificación como un proceso de acción comunicativa de
mediaciones conceptuales, de
significados, de valoraciones, de símbolos, de intereses y de actores, expresado
en una narrativa destinada a mejorar las
condiciones de los sectores más necesitados y carentes de poder. La
planificación como acción comunicativa es un
puente entre análisis e implementación, entre la información y la organización,
entre el conocer y el actuar y por lo tanto,
entre el análisis abstracto y la significación de la práctica. La planificación
no es sólo el proceso de análisis y verificación
sino sobre todo, el proceso de argumentación, de diálogo, de democratización.
III.- Planificación Social: ¿dónde estamos?
Una vez planteada sintéticamente, algunas de las ideas relevantes que se han
desarrollado históricamente sobre la
planificación social, es preciso reflexionar sobre cuáles de ellas parecen
válidas dado el contexto histórico presente. Pero:
¿cuáles son las principales características del escenario presente y los nuevos
desafíos que el proceso de planificación
social confronta?.
En primer lugar, vivimos un momento histórico en donde la libertad humana parece
expandirse en todas direcciones. Es
una constatación la retirada -a veces desarticulada- del Estado y en lo que
queda, profundización de los procesos de
desregulación, desconcentración y descentralización del sector público. Se están
redefiniendo las relaciones entre lo
público y lo privado y está apareciendo una rica variedad de relaciones de
mediación entre los mismos. Pero más que
eso, existe una convicción crecientemente afirmada, de valorización de las
libertades humanas, de ampliación progresiva
del campo de opciones disponibles para los individuos, de afirmación de las
posibilidades de autocontrol individual y
comunitario. Vivimos instancias de valorización de la identidad particular, de
la historia grupal que identifica un origen y
una trayectoria compartida. Lo social aparece como lo discontinuo, lo
divergente y también, expresando la
riqueza y la sinergia de lo diverso. Hay una mayor demanda por ampliar el
espacio de la subjetividad (Boccacini,
1993).
En segundo lugar, se expande la heterogeneidad social que surge como
afirmación de la libertad y la
individualidad. Esta heterogeneidad, aparece también expresada en los nuevos
cambios tecnológicos que están teniendo
lugar, y el impacto de dichos cambios, sobre los procesos de organización y
gestión. Se está transformando el paradigma
clásico de industrialización, basado en la producción estandarizada de
manufacturas para el consumo masivo (Hanna,
1985). Este modelo operaba bajo condiciones de estabilidad, continuidad y por
tanto, predictibilidad. Existía una
demanda conocida y objetivos definidos, por lo que era posible producir en gran
escala con un sistema de planificación
basado en tareas de rutina, con reglas estandarizadas aplicadas por una
autoridad central. Las organizaciones eran
visualizadas en términos mecánicos como un sistema cerrado, con un eje central
de transmisión de información a través
de correas y poleas. Como los cambios eran previsibles, la predicción de
resultados orientaba una planificación basada
en pequeñas adaptaciones y evolución gradual. Ninguna de las condiciones que
posibilitaron el estilo de planificación
descrito, parecerían tener lugar en el presente.
En tercer lugar, la magnitud y la aceleración del cambio tecnológico basado en
la acumulación de conocimientos e
informaciones y en la aceleración de las innovaciones productivas y
organizacionales, ha contribuido a los
procesos de mayor heterogeneidad social, ha ampliado el espectro de
especializaciones en el trabajo formal e informal
aumentando por lo tanto, la complejidad de la estructura y las interacciones
sociales6. La acumulación
de conocimientos con propósitos tecnológicos e innovativos, se ha constituido en
el factor determinante de una nueva
función de producción mucho más "inmaterial" que la clásica relación
capitaltrabajo, que ahora aparece
"sobredeterminada" por el valor del conocimiento acumulado.
En cuarto lugar, el efecto combinado de la aceleración del cambio y el
aumento de la heterogeneidad y
complejidad social han incrementado la incertidumbre. La discontinuidad y
carencia de regularidad de los
procesos sociales, han ampliado a su vez el carácter indeterminado y la
"turbulencia" de los mismos. La información
disponible sobre la sociedad es cada vez más insuficiente en términos de
calidad, cantidad y tiempo oportuno para tomar
las decisiones más eficientes ante una realidad social extremadamente
dinámica7.
Las relaciones de equilibrio y estabilidad sobre las que se basaron los estilos
y técnicas prevalecientes de planificación
social, no son sustentables dado el carácter inestable y creativo de sistemas
dinámicos como el social (ILPES, 1989). La
complejidad de estos procesos puede ser conceptualizada en términos de "final
abierto", con trayectorias divergentes y en
constante mutación.
En este contexto y teniendo en cuenta las distintas ideas planteadas en el
desarrollo conceptual de la planificación social:
¿cuáles serían los puntos consensuales mínimos de un nuevo paradigma de
planificación social?.
1) Como el grado de indeterminación del futuro aumenta, la incertidumbre cambia
de composición (Costa Filho, 1988):
los procesos sociales que admiten predicciones basadas en regularidades
estocásticas, incluyendo aquellos de los que se
conoce su estado futuro pero no la probabilidad de su ocurrencia, pierden
importancia; ganan ponderación en cambio,
aquellos fenómenos cuyo estado futuro no es conocido. Esto es esencialmente un
espacio abierto y abierto -sobre todo- a
la experimentación y la creatividad. Los procesos de planificación tienden ha
horizontalisarce para abarcar lo más
posible la heterogeneidad y la discontinuidad social y de ese modo, ganan en
diversidad, en posibilidades de
experimentar y por tanto, de aprender.
Lo anterior no quiere decir que uno puede renunciar al análisis del futuro y sus
posibilidades poliformes. Mientras los
distintos actores sociales en su práctica por satisfacer sus necesidades
generen, un mundo de ricos contenidos simbólicos
sobre un futuro libre de las determinaciones de sus necesidades más apremiantes,
la planificación no podría renunciar a
la función predictiva de "acercar" ese mundo de necesidades deseadas al
presente. La predicción debe
entonces ser replanteada por una estrategia más flexible, más orientada "a mirar
hacia afuera", observando lo que los
otros hacen para ganar ventajas comparativas y autoincorporar información y
conocimiento. La predicción se hace
entonces una actividad inminentemente interpretativa.
2) El aprendizaje es fundamental ya que se avanza por incorporación de
información y conocimientos. La
planificación social se desarrolla fundamentalmente aprendiendo y este
aprendizaje, en sistemas abiertos tiene la
experimentación y la práctica como base. La práctica es la principal
herramienta de la experimentación social y
es raramente intercambiable. Se avanza por tanto sobre márgenes, sobre
tonalidades, tratando de identificar puntos
sinérgicos y nuevas cadenas conceptuales y de interacción social.
No es que la teoría no exista, pero tiene un sentido diferente: en vez de
explicar tiene una función heurística de
interpretar, de acumular y de hacer fertilizaciones cruzadas de diferentes
aprendizajes. La teoría en vez de encerrar, abre
nuevas alternativas, facilita y sugiere los puntos donde la innovación puede ser
más explosiva e identifica los "nudos" en
donde una vez desenredados, la creatividad "salpica".
3) La lógica secuencial tradicional problema-análisis-respuesta y que itera
continuamente hasta lograr los
objetivos, es válida a nivel práctico. Un buen ejemplo se presenta en el
Recuadro Nro. 1. La planificación social opera a
través de aproximaciones sucesivas y por ensayo-error, se hace progresiva
acumulando el conocimiento. Esta lógica
secuencial no es lineal: como las trayectorias son divergentes, la flexibilidad
es una condirción "ontológica" de la
planificación. La planificación social produce continuos ajustes de trayectoria
basados en el aprendizaje. Como existen
muchos y variados sistemas de retroalimentación, la función de análisis y la
calidad de la información que se dispone, se
hacen cruciales para responder a situaciones continuamente cambiantes.
4) La "racionalidad" medios-fines y sus variadas formas de optimización
no puede ser ignorada. No se
pueden plantear objetivos independientemente de los recursos; no es aceptable
ignorar el principio humano de tratar de
obtener "más por menos"; no es sustemtable una alternativa que sea precedida por
un análisis de costos y beneficios.
Para la variedad de actores involucrados en la planificación social, dado un
nivel de información y recursos, siempre
habrá medios que serán más conducentes que otros para lograr determinados
fines.
Ahora bien, la productividad y la optimización no son fines en sí mlsmos sino
medios para satisfacer necesidades
humanas. También es preciso esclarecer, que la relación de optimización neta
entre costos y beneficios es conveniente
que se plantee en el contexto de los intereses y necesidades de los diferentes
actores, puesto que costos y beneficios
pueden tener muy diferentes lecturas. Por eso mismo, debe tenerse en cuenta que
la relación medios-fines es una
condicion materialmente necesaria en el desarrollo de la planificación social,
pero no suficiente -sobre todo a nivel
agregado- ya que dado un determinado nivel de recursos, las implicancias
distributivas son muy importantes, pues lo que
ganan unos puede ser lo que pierden otros o, dada una situación de
expansión de recursos, unos ganan
proporcionalmente más que otros (Thurow, 1981).
Fases
Fuente: Extraído con adaptaciones de Lauffer, A. 1978.
5) Los procesos sociales se han hecho más poliformes debido al incremento de
la complejidad estructural e interactiva.
Están apareciendo nuevas formas de diferenciación, de organización y de
encadenamientos sociales. Las demandas,
expectativas y valoraciones de los individuos y los grupos sociales así como sus
logros, luchas y fracasos, conforman un
tejido social más dinámico y de estabilidades precarias. La planificación social
basada en el aprendizaje está orientada
hacia lo que está "afuera", hacia lo que pasa, hacia lo que los otros hacen para
obtener ventajas en sus demandas. Se está
evolucionando por tanto desde un enfoque de oferta a uno de demanda; a un
enfoque menos jerárquico, más
descentralizado y participativo, definitivamente orientado hacia los
beneficiarios (Osborne and Gaebler, 1992;
Drucker, 1992).
La planificación social se hace también un proceso complejo de diversidades
crecientes y posibilidades de aprendizaje
múltiples. Como la demanda "tira" el proceso de planificación, la definición de
su perfil y el tiempo para satisfacerla es
crucial. Aunque el perfil de la demanda que será satisfecha es en principio
indeterminado y abierto, puede avanzarse que
el que gana es el que más aprende, el que acumula más conocimientos.
6) El paradigma de planificación social hasta hace poco vigente presuponía un
punto central -generalmente el sector
público- a quien se le atribuía las funciones de análisis, coordinación y
control. La estructura jerárquica organizativa
correspondiente era de forma piramidal, con las unidades de implementación en la
base y con niveles de
autodeterminación crecientes hacia el vértice. Desde que la forma de los
procesos sociales se ha hecho más heterogénea
y compleja, ese paradigma vertical está evolucionando hacia otro pluralista
en donde se reconoce no ya sólo
al Estado, sino también al sector privado, al sector no gubernamental y una
variedad de formas asociativas informales
(Bustelo, 1988). En este modelo, todos aprenden por lo tanto, todos analizan,
todos coordinan y todos controlan. Un
planificador social se mueve en este mundo pluriactoral. A nivel organizativo,
el rol del planificador es entender "los
espacios blancos" de un organigrama y que escapa a las definiciones
organizativas formales, enlazar las distintas
unidades en operación, captar los flujos de información, interpretar las
expectativas, diseñar y legitimar entre las partes
los contenidos (Rumbler y Bracher, 1990). A nivel de la práctica social, el
planificador tiene un rol similar de mediar
entre grupos e intereses, de promover coaliciones y redes, de plasmar unidades
precarias de acción y contenido, con el
propósito de lograr objetivos predeterminados.
7) El consenso es el punto de mayor relevancia en la planificación
social. Si la realidad social es
crecientemente heterogénea, discontinua y diversa, la estructuración de
consensos que viabilicen alternativas es
fundamental. Como la planificación está evolucionando hacia un estilo
pluralista, la construcción del consenso puede
tener varias puntas. Se trata no tanto de consensuar, como de desarrollar
consensos en base a intereses, preferencias y
expectativas comunes. La base del consenso es el reconocimiento del otro, como
distinto, como único y
autodeterminable. A partir de allí se genera el espacio de intersección
conceptual, de valores y de acción social común; la
idea de que se puede aprender y compartir más con el otro teniendo como base la
riqueza de lo diverso.
Sobre este punto hay mucho que aprender, pues el modelo clásico de
encadenamientos consensuales procedía a su
desarrollo mediante estructuras piramidales de agregación de intereses desde la
base. "La base" era la fuente única del
consenso y de la "razón". Se intenta ahora un ejercicio diferente, donde los
encadenamientos sociales sigan la forma de
redes que incluyan los procesos crecientes de heterogeneidad social, las nuevas
identidades y capten flujos de
información e interacción social de trayectorias múltiples y variadas.
8) El aporte del enfoque comunicacional a la planificación social, es
sustantivo por muchas de la razones
dadas con anterioridad, principalmente por el carácter pluralista y consensual
que las nuevas formas de planificación
social están generando, dada la creciente diversidad y poliformismo de los
procesos sociales.
La mejor forma de estructurar consenso, articular intereses diversos y
establecer alianzas conceptuales y simbólicas, es a
través del desarrollo de una acción narrativa argumentativa que resuma
conversaciones entre varios actores. Argumentar
quiere decir que la planificación toma finalmente parte, plantea una opción-
acción, construye un punto de vista. Estos
puntos de vista tienen por supuesto un equilibrio precario, ya que la realidad
es abierta por definición y siempre existe la
posibilidad de aprender. La función de la planificación social es la de mediar,
de dialogar (como superación
del solipsismo tecnocrático) y el rol de los planificadores es el de escuchar al
otro, el de persuadir y el de construir una
narrativa no distorsionada, que posibilite a las personas nuevas formas de
autodeterminación, de participación y de
democratización.
9) Todos los enfoques de planificación social coinciden en caracterizarla como
un proceso tranqformador de la
realidad social. En ninguna de las tradiciones intelectuales aquí
descritas, se acepta que la realidad social
es inmutable y en todas ellas, se asigna a la planificación un rol activo y
determinante a mediano plazo aunque a corto
plazo, algunos le asignan una eficacia marginal y meramente adaptativa.
El problema no es la transformación, sino el sentido de la misma. Aquí es donde
entra el problema del poder, el ingreso y
la riqueza. Y en este sentido: ¿la planificación social es distributivamente
neutra?. Definitivamente no. Esto no quiere
decir que deben aceptarse las premisas del determinismo utópico, en el sentido
de que la planificación debe seguir una
sola pauta para posibilitar un proceso emancipatorio con un final único,
predeterminado, en el que el hombre se libera de
las condiciones materiales de opresión.
A pesar de lo anterior, existe un determinado espacio de inclusión social
definido por ciertas relaciones de equidistancia
social, de proporcionalidad en la distribución que forman parte del contenido
transformador progreqivo de la
planificación social. Una primera aproximación al concepto de integración social
se presenta en el Recuadro Nro. 2. La
planificación social no opera en una realidad social estática, uniforme y
distributivamente neutra y casualmente su
sentido, funciona en "acomodar" los intereses, expectativas y demandas dentro de
un espacio de inclusión social
conducente a la constitución de consensos, de diálogos y conversaciones, de
eficiencia productiva y de
democratización.
La cuestión del poder es insoslayable, como también lo es la opción por aquellos
que no tienen acceso a la libertad
concebida como opciones posibles, a partir de la liberación de las
determinaciones del mundo de las necesidades
materiales. Parecería remota la posibilidad de constitución de relaciones
sociales mínimamente estables, sin un espacio
de integración social que incluya a los extremos. Es por ello que la
planificación social está íntimamente ligada y cobra
sentido en los procesos de democratización, de participación política y
productiva, de constitución de la moderna
ciudadanía. La planificación consiste en expandir y abrir nuevas posibilidades,
por lo tanto, es un ejercicio
concomitante con la practica de la libertad.
10) La planificación social -de acuerdo a los criterios anteriores- es una
forma de hacer política: no la
excluye ni la sobreestima. Como la planificación es un ejercicio concomitante de
la libertad, se diferencia de otras
formas de hacer política social, que se caracterizan por la constitución de la
dependencia social en las formas más
depravadas de acción política. De otro lado, planificar no es tan sólo hacer un
buen documento técnico; es identificar
necesidades, anticipar intereses, construir compromisos. Si la planificación
social es sólo concebida como racionalidad
técnica, ella puede ser funcional al mantenimiento de prácticas desmovilizadoras
y comunicacionalmente distorsionadas.
Puede afirmarse que se está afianzando un paradigma "político" de la
planificación social como el proceso de desarrollar
consensos, redes sociales, movimientos y procesos destinados a profundizar las
opciones abiertas a las personas para
satisfacer sus necesidades, ampliando el campo de la autodeterminación y de la
libertad8.
Recuadro Nro. 2: Espacio de Integración
Un espacio de integración nocial puede ner pennado como aquel que incluye las
pernonan o grupos ubicados en los
extremos de una distribución: el infra y el sobreconsumo. En este espacio, se
presupone que se conservan ciertas
relaciones de armonía y equilibrio social, económico y político.
Para iluntrar el concepto ue presentan tres gráficos. En el Nro. 1, la curva en
trazo continuo representa, a título de
ejemplo, la distribución del ingreuo del Gran Buenos Aires. La línea punteada
reprenentaría una propueota -muy
frecuente en los organismos internacionales de financiamiento- de reducción de
los hogares en infraconuumo, un
aumento del espacio de integración pero con un gran porcentaje de la población
lejos de la media de ingresos, un
retroceso de los grupos de ingresos medios y la permanencia de los hogares en
sobreconsumo.
En el Gráfico Nro. 2, se destaca en la curva de trazo continuo el efecto de la
implementación de politicas destinadas a
ampliar el espacio de integración por los dos extremos de la distribución. En
este caso se reducen mucho más los
sectores en infraconsumo, se desplaza más el espacio de integración hacia la
media y casi desaparecen los hogaren en
sobreconsumo.
Dado que en América Latina en materia de distribución del ingreno el 10%,
superior de la población absorbe desde el
30% hasta más del 50% del ingreno nacional (dependiendo del país) y, el 20%
inferior recibe en todos los casos entre el
2% y 4% del ingreuo nacional, el Gráfico Nro. 2 demuestra que hay un amplio
margen para ampliar el espacio de
integración.
La figura Nro. 3 reprenenta el horizonte de integración ideal al que ne tiende:
una curva de distribución normal -en donde
la media coincide con la mediana- en la que todos los grupos se encuentran en el
enpacio de integración social. Como se
verá, aún en el caso de una curva de integración "ideal", no se postula un
igualitarismo extremo ya que se trata de un
espacio de integración "heterogéneo".
El conjunto de los tres gráficos no considera el crecimiento, el cual ne
manifestaría en un desplazamiento de la media
hacia la derecha, con la consecuente modificación de los limites relativos del
eupacio de integración social.
Una discunión y presentación tanto densa como compacta sobre el tema de la
desigualdad social, figura en Sen, A.
(1992).
IV.- El Problema de las Necesidades
El proceso de planificación social se constituye mediante una convocatoria de
uno o más actores sociales, a fin de
resolver un problema que se define como un déficit en la satisfacción de una o
más necesidades humanas. Pero si la
satisfacción de las necesidades constituye el punto de partida de la
planificación social, la determinación de qué
necesidades y de su nivel de satisfacción es entre otras, una cuestión compleja,
largamente debatida y que merece
algunas reflexiones.
¿Es el hombre una criatura natural o su naturaleza es determinada por la
cultura?. Esta es la pregunta central en el tema
de las necesidades humanas y el punto más discutido entre necesidades absolutas
y relativas9.
De un lado, el hombre es una criatura natural con necesidades fisiológicas como
alimentación, vestuario, reproducción,
etc.. De otro lado, el hombre es relativamente libre de sus instintos, puede
modificar su conducta por su propia decisión y
elegir libremente alguna opción y rechazar otras. Sin embargo, aquí aparece otro
problema. En el mundo moderno, existe
una proliferación muy grande de necesidades basadas en el desarrollo de la
capacidad cognitiva del hombre, mucho más
allá del hombre en estado de naturaleza. Podrían así pensarse estas necesidades
como "artificiales", derivadas del
requisito funcional del progreso de expandir la producción y por lo tanto, de
ampliar e inducir nuevas necesidades.
La distinción entre necesidades naturales y artificiales se remonta hasta los
Epicúreos y los Estoicos, quienes fueron los
primeros en distinguir entre necesidades verdaderas y falsas: las primeras están
asociadas a los deseos "naturales" del
hombre basados en la naturaleza, mientras que las segundas serían necesidades
artificiales, culturalmente generadas
(Springborg, 1981). Para los utilitaristas en cambio (particularmente para
Bentham), el hombre persigue una relación
neta entre placer y dolor (cálculo de la felicidad) maximizando el placer y
minimizando el dolor. Todos los placeres son
cualitativamente iguales difiriendo sólo en cantidad, de modo que en general
todas las necesidades merecen en principio
ser satisfechas. En los primeros pensadores socialistas (Babeuf, Buonarotti,
Fourier, Saint Simón, Owen, etc.) se
identifica al hombre y sus necesidades naturales, como un estado empíricamente
determinable pero al mismo tiempo
ético, en el sentido de que el hombre de la naturaleza con necesidades
elementales no está corrompido por los vicios de
la civilización: la competencia, la ambición, el egoísmo, la envidia, el
descontento, etc.. El socialismo sería el estado en
donde todas las necesidades "falsas" serían suprimidas, correspondiendo a los
técnicos definir las necesidades naturales
que "científicamente" deberían satisfacerse (Skinner, 1978).
La visión de las necesidades como "verdaderas" o "falsas" ha tenido varias
formulaciones tanto basándose en razones
éticas como científicas. Marx dio a las necesidades un carácter ontológico al
comienzo de sus escritos (Marx, 1978),
donde las necesidades eran vistas como la manifestación de potencialidades
inminentes al hombre. Pero después
notoriamente en La Ideología Alemana (Marx,1984)- vio en las necesidades
constantemente en expansión, el motor del
materialismo dialéctico y el ímpetu para el desarrollo de las fuerzas de la
producción. Para Marx no obstante, la
distinción entre necesidades verdaderas y falsas no era tanto para condenar la
continua sobre-generación de necesidades
en el capitalismo, sino para establecer un criterio de necesidades genuinas como
base de la justicia en el socialismo: "a
cada uno según sus necesidades". Fueron pensadores neo-marxistas (Marcurse,
1964; From, 1947; Sartre, 1974) quienes
abandonaron la teoría económica de la alienación en su visión marxista clásica
como "trabajo alienado", fundado en la
teoría de valor-trabajo. Para ellos, lo que requería ser explicado no era tanto
la generación de plusvalía -que en el
capitalismo era indiscutible-, sino cómo una constante expansión de la
producción, continuaba encontrando un mercado
de consumidores que en su doble rol de trabajadores y consumidores, eran
sometidos a una doble explotación. El
capitalismo se reproduce así mismo recreando una alienación que no es ya una
alienación en el trabajo, sino un tipo de
alienación en el consumo que al mismo tiempo que satisface, genera continuos
niveles de insatisfacción. La idea de
socialismo resuelve la satisfacción de las necesidades verdaderas y cancela la
alienación, liberando al hombre de la
angustia de necesidades constantemente inducidas.
No podría dejarse de mencionar la contribución freudiana a este debate
(Springborg, 1978). Freud distingue entre pulsión
e instinto. Este último tiene que ver con la necesidad y tiene un objeto
circunscrito para su satisfacción, por ejemplo:
hambre-comida; sed-agua, etc.. Por el contrario en la pulsión -definida como
movimiento, energía (en inglés "drive")- el
objeto es más variable y los destinos de la pulsión pueden por tanto ser
múltiples. La pulsión puede ser reprimida
(neurosis) tanto como sublimada (arte, ciencia, cultura). Es en la pulsión -cuyo
objeto es "perdido" para Freud en el
sentido de su indeterminación-, en donde prende la constante promesa de objetos
de consumo (necesidades inducidas) en
los que el capitalismo constantemente se renueva. Para Freud hay una
subredeterminación de las necesidades instintivas
por la cultura, por lo que el mundo de las necesidades es "relativo".
El debate sobre lo "verdadero" o "falso" continúa durante mucho tiempo siendo el
punto más importante a discernir en el
tema de las necesidades humanas, ya que la definición "científica" y/o "ética"
de una necesidad y un determinado umbral
normativo, implica el ~deber" de satisfacerla. Durante los años '70, se asistió
a un gran desarrollo de esta controversia y
por lo menos tres pensadores, merecen ser mencionados como continuadores de la
discusión inaugurada por Marx y sus
seguidores, entre necesidades "verdaderas" y "falsas". Son ellos: Agnes Heller,
Ivan Illich y William Leiss.
El punto central de Heller sobre Marx, no son las dicotomías natural/artificial
y verdadero/falso sino, la distinción entre
necesidades naturales (físicamente necesarias) y socialmente producidas (Heller,
1976). Según Heller, para Marx aún la
categoría de necesidad natural es crecientemente "desnaturalizada", en la medida
en que todas las necesidades contienen
un elemento social y cultural en la evolución histórica de sus formas. Por lo
tanto, el concepto de necesidades naturales
es sólo un concepto límite: un límite diferente para diferentes sociedades- más
allá del cual la vida humana no puede
reproducirse. Según Heller para Marx las necesidades sociales son "un sistema de
necesidades" acorde con las relaciones
de producción y relaciones sociales que de él se derivan. Al igual que Hegel,
Marx veía a la sociedad civil como "un
sistema de necesidades" que exhibía una profileración muy rica de intereses,
necesidades y deseos pero que favorecía la
corrupción y el desperdicio lo que a su vez, inducía a la creación del Estado
como una estructura síntesis, que superaba la
subjetividad de los deseos y el particularismo de los intereses económicos.
Heller acepta también como central en Marx
el concepto de "necesidades radicales" (Heller, 1980). Necesidades radicales son
las necesidades de la humanidad de
restaurar al hombre en su esencia, siendo el proletariado la única clase
portadora de necesidades radicales que -por estar
fuera de la sociedad civil o sea, del "sistema de necesidades"- al liberarse a
sí misma, libera a la humanidad en su
conjunto.
Illich desarrolló una aguda crítica de la sociedad industrial moderna, de su
efecto corruptor sobre el hombre y destructivo
de la naturaleza (Illich, 1978). Illich acepta la distinción entre necesidades
naturales y artificiales tal como formulada por
Rousseau en la que, las primeras son definidas como aquellos valores de uso
culturalmente producidos y que
corresponden a las funciones esenciales de sobrevivencia y autosatisfacción
plena. Por necesidades artificiales, son
identificadas las mercancías profesionalmente diseñadas para reemplazar valores
de uso culturalmente modelados. La
superación de esta situación, sólo es posible mediante un cambio en la oferta de
bienes industriales y de aquellas
mercancías producidas artificialmente por publicidad profesional. A su vez, esto
sería posible a través de la lucha por la
obtención de una distribución más equitativa de la libertad de producción de
valores de uso, en favor de los grupos
sociales menos favorecidos.
Para Leiss (Leiss, 1976), la distinción entre necesidades objetivas/subjetivas;
naturales/artificiales y verdaderas/falsas,
presupone la existencia primitiva de necesidades básicas más o menos en estado
puro antes que el hombre fuese
sometido a la influencia corruptora del mercado. Leiss afirma que esta
suposición es falsa, ya que en la articulación de
las necesidades, el desarrollo humano no procedió de lo simple a lo complejo. La
investigación antropológica ha
demostrado que, en las culturas primitivas, existía un grado muy amplio de
complejidad en la expresión de las
necesidades con una cultura simbólica muy evolucionada en lo que se refiere a el
amor, la estima y la consecución de
conocimientos y de perfección espiritual. Para Leiss el continuo apetito de
consumo de la sociedad moderna no es
necesariamente patológico. La contradicción básica de la sociedad moderna, es
entre el fetichismo del consumo
constante y la insatisfacción de lo que promete. La continua segmentación,
fragmentación, obsolescencia y cambio de
necesidades debido a una oferta de bienes en continua fluidez genera
concomitantemente un consumidor con
personalidad igualmente fragmentada y dispersa, al que se le hace crecientemente
difícil identificar qué productos van a
satisfacer y no frustrar sus necesidades.
Desde otro ángulo y dentro del ámbito de las Agencias Internacionales de
Desarrollo y de los Organismos de las
Naciones Unidas -particularmente de la Organización Internacional del Trabajo
(ILO, 1977)- al comienzo de la década
de los '70, surgió el enfoque de las necesidades básicas para promover el
desarrollo. En la programación y política social,
necesidades "básicas" son aquellas necesidades humanas mínimas para asegurar la
subsistencia de una persona (por
ejemplo: nutrición y salud) y al mismo tiempo, indispensables para su desarrollo
pleno (por ejemplo: educación). Estas
son necesidades sobre las que existe una responsabilidad pública para su
satisfacción y esto debe hacerse sobre bases
universales: nadie puede estar abajo de un determinado nivel mínimo de
nutrición, salud, educación, etc.. Por su parte, a
principios de los '90, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP
1990; 1991 y 1993) planteó a través del
concepto de Desarrollo Humano, la identidad entre desarrollo y libertad al
entender que el desarrollo amplía el ámbito de
oportunidades de las personas. El proceso de desarrollo debe crear el contexto
propicio para que las personas
-individuales y colectivas-, puedan desenvolver todas sus potencialidades y
contar con una oportunidad razonable de
llevar su vida productiva y creativa conforme a sus necesidades. Aún cuando
aparece aquí el ámbito de la libertad como
una dimensión esencial del desarrollo, tanto el enfoque general como el índice
de desarrollo humano que se propone en
los informes del UNDP, están definidos sobre variables asociadas a las
necesidades básicas. Ahora bien, definir
conceptos como "mínimo", "básico" o "indispensable" es también una cuestión
controvertida, puesto que las necesidades
"básicas" están siempre asociadas a una prioridad o nivel de satisfacción
normativamente definidos. En otras palabras, se
necesita siempre la definición de un umbral normativo para que una necesidad sea
considerada como "básica" y por lo
tanto, pueda ser públicamente satisfecha.
Como se verá, esta breve reseña sobre el debate filosófico de las necesidades
está lejos de estar cerrado. La aspiración de
vivir en una sociedad en la cual las necesidades y su satisfacción sean iguales
para todos, sin diferenciación de sexo,
edad, raza, religión, etc., se asienta sobre sentimientos bien intencionados
pero deja sin contestar cuáles serían entre otras
cosas, los niveles de uniformidad tolerables en la esfera de la libertad. De
otro lado, cabría preguntarse si es posible el
ejercicio de la libertad, de tener más abierto un campo de opciones para la
superación individual y colectiva, sin
satisfacer las necesidades materiales más elementales. No obstante las
dificultades que presenta este dilema, se podrían
adelantar algunas conclusiones.
Cuando uno habla de necesidades anteriores y como una precondición de otros
requerimientos culturales o morales y
que, son derivadas del hecho de una persona existir -como nutrición, salud
básica, vestuario, etc.,- las necesidades
aparecen en principio como algo universal no controvertible. Permitiendo cierta
elasticidad como para tomar en cuenta
diferentes contextos culturales, parece incuestionable aceptar el hecho de que
estas necesidades de tipo principalmente
fisiológico deben ser satisfechas. Sin embargo, aún el nivel de satisfacción
de estas necesidades puede ser un
tema de intensa discusión particularmente cuando los recursos son sumamente
escasos. Puede ser trivial por ejemplo,
calcular la necesidad de alimentos sólo a través de un mínimo de requerimientos
nutricionales, sin tener en cuenta qué
alimentos, qué calidad, qué combinación (dieta) y cuál es la percepción de esta
necesidad en relación a otras necesidades.
Es que la definición de un perfil de necesidades y sus respectivos niveles de
satisfacción, son esencialmente una cuestión
opinable y por lo tanto relativa. Más allá del ámbito de determinación de las
necesidades más elementales que aseguran
la reproducción de la vida, el hombre es un ser libre para definir sus deseos y
expresarlos. No existiendo una línea "moral
universal" o "científica", que procese las prioridades sociales por encima de la
libertad, sólo cabe la definición de las
mismas -esto es qué necesidades, en qué nivel y en qué tiempo deben ser
satisfechas- al juego democrático. Así surge la
política social, que no es sino el espacio político donde se define la
direccionalidad final que tendrá la distribución de los
recursos sociales, para satisfacer un determinado perfil de necesidades
humanas.
V.- Taxonomía de las Necesidades Sociales
El concepto de necesidad es central en la idea de planificación y gestión social
de proyectos. Como se vio anteriormente,
las necesidades humanas son en su mayor parte "relativas" tanto en su definición
como en nivel de satisfacción. En el
Recuadro Nro 3. se da un listado de necesidades a título de ejemplo. Desde el
punto de vista de la sociedad en su
conjunto, lo que importa es definir cuáles necesidades serán satisfechas en la
esfera pública, lo que implica a su vez
discernir cuáles serán satisfechas y en qué nivel, entre un espectro de
necesidades en competencia y/o conflicto.
Recuadro 3
Oscar Varvsasky fue un pionero en el planteo de las necesidades
humanas como punto de partida de la planificación social. La lista de
necesidades definidas por Varvsasky no pretendió se eshaustiva: hay
necesidades que pueden incluirse y otras sacarse; algunas podrán
subdividirse o reagruparse o cambiar de nombre. Para cada necesidad
deben definirse los grupos de población que presentan diferencias
apreciables en la satisfacción de las mismas, indicando en qué forma,
grado y en qué plazos se propone satisfacerlas.
Necesidades Físicas
1.- Alimento y vestuario.
2.- Vivienda, su equipamiento y servicios.
3.- Otros bienes durables.
4.- Salud.
5.- Transporte.
Necesidades Sociales
6.- Seguridad, solidaridad, integración social.
7.- Acceso a información y comunicación globales.
8.- Núcleo social básico (familia y/u otros).
9.- Forma de vida vecinal y urbanización.
10.- Igualdad en la distribución del producto y el prestigio.
11.- Libertades individuales garantizadas; organización de la vida
individual.
12.- Limitación y distribución del tiempo trabajado para cada edad.
Necesidades Culturales
13.- Educación y entretenimiento.
14.- Ocio recreativo y deporte.
15.- Ocio creativo, innovador, científico, artístico, artesanal.
16.- Imagen del mundo.
17.- Satisfacción en el trabajo: condiciones materiales, estímulos,
alineación, tipo de tareas.
Necesidades Políticas
18.- Participación en decisiones de diversos tipos y niveles.
19.- Autonomía nacional, de diversos tipos. Papel del país en el mundo.
20.- Propiedad personal; garantías y límites.
21.- Política de desarrollo regional para el país.
22.- Libertad para cambiar de Proyecto Nacional. Legado final de recursos. 23.-
Métodos de resolución de conflictos sociales.
24.- Política para el tamaño y estructura de población.
25.- Estructura institucional: características de las instituciones y del
sistema de todas.
Fuente: Varsavsky, (1971).
Como ya fue planteada la complejidad filosófica del problema se hace necesario
bajar a niveles más prácticos ya que, la
programación y gestión social de proyectos implican decisiones operacionales
sobre las necesidades y su priorización.
En este sentido, es útil presentar una taxonomía de necesidades sociales. En
general las cuatro definiciones que en la
práctica de la programación y la política social se utilizan son:
Necesidad Normativa: Tradicionalmente, esto era lo que un "experto"
profesional, administrador o cientista
social define como necesidad, dada una situación particular. Un nivel mínimo o
deseable de satisfacción de una
necesidad es establecido y si un individuo o grupo está abajo de dicho nivel, se
encuentra en necesidad. Actualmente,
este nivel "normativo" puede también ser definido por el mismo interesado, grupo
o comunidad. En la práctica de la
programación social en un contexto democrático, es muy importante que los
beneficiarios participen en la identificación
de sus necesidades y en la definición del tipo y nivel de oferta de
satisfactores.
Necesidad Sentida: Aquí la necesidad se iguala con deseo. La necesidad
sentida por sí misma puede ser
inadecuada para identificar "necesidades reales", ya que hay necesidades que
pueden ser inducidas y/o infladas. En
muchas ocasiones el ámbito de las necesidades inducidas puede ser mucho mayor
que el ámbito de las necesidades
reales.
Necesidad Expreqada (demanda): Es una necesidad sentida que se demanda.
Una persona demanda un bien
o servicio cuando siente necesidad de la misma, aunque es bastante frecuente que
no todo lo que se desea sea
demandado. En el análisis económico, la demanda sólo se materializa cuando hay
voluntad de pago, dado un
determinado precio de un bien o servicio.
Necesidad Comparada: Este es un concepto de necesidad que surge por el
efecto diferencial que origina la
satisfacción o no de una necesidad entre las personas. Por ejemplo: una persona
X que tiene una serie de características
recibe un servicio, y otra persona Y que tiene las mismas características de X
no recibe ningún servicio. Por lo tanto Y
tiene una necesidad respecto de X. A nivel operacional, se trata de identificar
una necesidad por la presencia o no, de un
bien o servicio que pueda satisfacerla (oferta).
Todas las definiciones anteriores tienen por supuesto una buena dosis de
convencionalidad. Su utilidad sin embargo,
tiene sentido para proponer una taxonomía de necesidades sociales siguiendo una
antigua propuesta adaptada de J.
Bradshaw (Bradshaw, 1977) con doce combinaciones posibles10. Las
combinaciones posibles son doce,
pues teóricamente no es compatible una demanda (necesidad expresada) sin su
correspondiente deseo (necesidad
sentida). Cada una de las doce posibles combinaciones, se define según la
inclusión (+) o no (-) de los conceptos de
necesidades anteriormente descritos.
1) (++++) Un individuo tiene necesidades de acuerdo a todas las definiciones.
2) (++-+) Aunque el individuo siente necesidad y la misma es normativamente
reconocida, él no desea o no ha tenido
mecanismos para satisfacerla. Hay oferta pero problemas como la distancia, las
rutinas de los procedimientos
administrativos, el costo, el tiempo, etc. pueden haber actuado como
desincentivos.
3) (++--) La necesidad es aceptada normativamente y sentida por el individuo,
pero no hay demanda quizás por ausencia
de oferta o por cuestiones de estigma o porque se trata de actores sociales
frágiles como los niños. Por ejemplo: servicios
de atención para SIDA.
4) (-+++) Aquí no hay una necesidad normativamente definida pero es sentida,
demandada y hay oferta. Por ejemplo:
servicios de cirugía estética, drogas ansiolíticas, etc..
5) (+++-) Una necesidad es aceptada normativamente, sentida y demandada pero no
hay oferta de servicios. Muy común
por falta de provisión eficiente y/o limitados recursos.
6) (+--+) Una necesidad sobre la que los expertos acuerdan su validez normativa
y que hay oferta de servicios, sin
embargo puede no ser una necesidad sentida ni muy demandada. Muy frecuente en la
política social en ALC. Por
ejemplo: servicios de vacunación, sales de rehidratación oral, etc..
7) (+---) Aquí la necesidad es sólo normativamente aceptada. Por ejemplo: la
necesidad de clorar el agua potable o
incluir flúor, fue aceptado por los expertos en salud pública mucho antes de que
fuera sentida, expresada y existiera
oferta de servicios.
8) (---+) Situación paradojal en donde existe un servicio pero no se satisface
ninguna de las restantes definiciones. Por
ejemplo: una política de combate al mal de Chagas Massa en un área geográfica en
donde no existe la epidemia.
9) (-++-) Hay una necesidad sentida y expresada pero no hay servicios ni la
necesidad es aceptada normativamente. Por
ejemplo: la necesidad de mejorar el nivel de un servicio, frecuentemente no es
reconocida por los responsables de un
área.
10) (-+--) Estas son necesidades sentidas pero que no caen en el ámbito de
resolución pública. Por ejemplo: la necesidad
de fama o riqueza.
11) (-+-+) Una necesidad sentida, no expresada, para la cual hay oferta de
servicios pero no existe un reconocimiento
normativo. Alguna gente puede sentir la necesidad de un seguro privado para el
cual hay oferta, pero normativamente se
desea una cobertura universal y pública.
12) (----) Ausencia de necesidades de acuerdo a todas las definiciones.
La taxonomía presentada es una buena ilustración en principio, de las distintas
situaciones concretas que pueden
presentarse en el contexto de la programación. Según vimos, la programación
social presupone un conjunto de agentes
interactuantes al mismo tiempo que un espacio conceptual y simbólico en disputa,
en donde se dirimen contenidos,
prioridades y niveles de satisfacción de necesidades que se expresarán en un
determinado programa.
Hay algunas situaciones que son irrelevantes desde el punto de vista de la
programación y gestión social, por ejemplo:
las combinaciones 10 y 12. Las clasificaciones 8 y 11 son bastante infrecuentes.
A su vez, las combinaciones 6 y 7
pueden contener problemas significativos de comunicación social. La
clasificación 2 indica la necesidad de tener un
buen diagnóstico de la situación. Debido a que los grupos sociales no tienen la
misma capacidad de expresar y de
organizarse para demandar la satisfacción de sus necesidades, pueden existir
necesidades en estado de latencia en el
sentido de que existen pero que, "socialmente" su contenido y dimensión son
desconocidos -combinación 3-. Así muchas
necesidades sociales no llegan a la arena política para su resolución, por falta
de actores organizados y/o sin la suficiente
fuerza.Este es el caso de los niños. El problema del diagnóstico de estas
necesidades -incluyendo su extensión e
intensidad- es una cuestión central en la programación social.
Es muy importante la definición de los beneficiarios de sus necesidades, por lo
tanto las "necesidades expresadas" son el
punto central de la planificación social (combinaciones l; 4; 5 y 9). El tipo,
nivel y tiempo para ser satisfecha una
necesidad o conjunto de necesidades, implica también una definición política que
debe hacerse democráticamente. Una
democracia activa implica la participación y organización de los beneficiarios
en la definición y modalidades de
satisfacción de sus necesidades. Como se dijo, es función de la planificación
social desarrollar encadenamientos sociales,
conceptuales y de significaciones para la satisfacción de necesidades
humanas.
VI.- Planificación Social: ¿cómo?
La planificación social comienza por definir un perfil de necesidades a ser
satisfechas. Esto es así tanto a nivel micro
como a nivel macro y para todos los actores involucrados en el proceso.
Las necesidades expresadas y sus niveles presentes de satisfacción, deben ser
comparadas con los niveles normativos. Se
presupone que si el nivel presente de satisfacción de una necesidad no concuerda
con su nivel normativo, la necesidad
tenderá a ser demandada, en cuyo caso el déficit presente tendrá que ser
resuelto en términos de su nivel normativo.
Este proceso puede ser sintéticamente descrito en la forma de dos matrices, en
el que las filas representan la distribución
del ingreso, y las columnas las necesidades como figura en el Diagrama Nro.
1.
La distribución del ingreso está expresada en déciles, pero pueden adaptarse
otras definiciones con otros atributos
socioeconómicos, por ejemplo: estratos económicos altos, medios y bajos,
incluyendo mayores desagregaciones.
En la primera matriz tenemos las necesidades en su nivel de satisfacci6n
presente. En la segunda, las necesidades
normativas como expresadas por la gente. En cada casillero, para un determinado
grupo de ingreso, se indica el grado de
satisfacción de la necesidad en cuestión, en su nivel presente en la primera
matriz y en su nivel normativo en la segunda.
La diferencia entre la segunda matriz y la primera indica el déficit de
necesidades que hay que cubrir. Nótese que la
diferencia neta -déficit- de satisfacción de una necesidad o varias, es el
origen de la dlnámica y el movimiento social. En
efecto, es la percepción de este déficit que mueve a los individuos y las
comunidades a demandar, a actuar organizándose
y movilizándose para alcanzar sus objetivos. Toda la planificación social
consiste -en el diagrama Nro. 1en pasar de la
primera matriz a la segunda. Por supuesto que este tránsito tiene ciertas
implicancias distributivas. Como hemos
afirmado anteriormente, la planificación social en tanto que fundada en el
concepto de satisfacción de las necesidades, no
puede prescindir -asumiendo una sociedad democrática- de una direccionalidad
transformadora hacia un espacio de
integración social.
En toda sociedad y para cada una de sus necesidades en particular, existen
grupos que están en una relación de
infraconsumo y otros en sobreconsumo. La planificación social trata precisamente
de incluir a ambos extremos en un
espacio de integración definido como un estado de cohesividad mínimo que una
sociedad democrática necesita para
funcionar. Una primera aproximación fue presentada en el Recuadro Nro. 2. Si son
muchos los excluidos en el lado bajo
de la distribución una gran proporción de necesidades materiales insatisfechasel
espacio de integración se estrecha, se
achica el campo de acción abierto a las personas y se reduce el ámbito de la
libertad y de la participación económica y
política. Como el concepto de necesidad es también comparativo -la intensidad de
una necesidad o nuevas necesidades
surgen si hay otro grupo social que las sobresatisfaga- esta situación tensiona
el espacio de integración por el lado alto de
la distribución.
Por supuesto el planteo anterior debe ser colocado en términos de las relaciones
sociales concretas. Tanto en el nivel de
satisfacción de las necesidades humanas, como los límites inferior y superior de
un espacio de integración social, no son
ni podrían ser objeto de un "pacto" social que garantice la inclusión de todos.
Por lo tanto, el resultado final de qué, cómo
y en qué nivel se satisface, está abierto a la trama de fuerzas, de intereses,
de expectativas, etc., que los actores sociales
movilizan para darle a la "política social" una direccionalidad compatible con
el estado de satisfacción de sus
necesidades. Aquí es donde el rol de la planificación como mediación de
procesos, de conceptos y significados cobra
sentido.
El proceso de la planificación social intenta cerrar un déficit en la
satisfacción de las necesidades, lo que implica para
todos los actores participantes algunas operaciones comunes tales como: el
análisis de situación y diagnóstico de las
mismas, la definición de la relaciones más eficientes para alcanzar determinados
niveles de satisfacción, la
experimentación y el aprendizaje sobre las modalidades operacionales para
satisfacerlas, la elaboración de alianzas y
desarrollo de consensos. En el Recuadro Nro. 1 se presentó un ejemplo de estas
operaciones. Implica también como
expresión de todo lo anterior, una narrativa argumentativa que sea conducente a
un proceso de emancipación del nivel de
determinación presente de satisfacción de las necesidades.
Ahora bien, la lógica operativa descrita anteriormente está más relacionada al
nivel de programas y de proyectos
sociales. ¿Cómo se pasa de este nivel, al nivel social más agregado y cómo
interactúa la lógica de satisfacción de las
necesidades con el resto de las variables económicas y sociales?. Esta pregunta
intenta ser respondida en el Diagrama
Nro. 2 que sigue a continuación y que es una representación esquemática del
método de planificación social que se
propone.
El diagrama encierra tres instancias: primero, caracterización de la población
(por niveles de ingresos u otros atributos);
segundo, definición de los déficits de necesidades a ser atendidas y tercero,
análisis del perfil de la oferta de bienes y
servicios que satisfacería el equivalente perfil de déficit de necesidades.
La población es analizada desde dos puntos de vista: por un lado como productora
-como recursos humanos que
producen- y por otro lado, como consumidora o última destinataria, ya que el
destino de lo que se produce es la
satisfacción de sus necesidades. El método está entonces centrado en la gente y
sus necesidades desde el comienzo hasta
el fin. Como recursos humanos, la población representa el lado de "oferta de
mano de obra" que puede ser calificada o
no, calificada según haya pasado o no por el sistema educativo.
Toda población tiene una determinada distribución del ingreso -aquí también se
incluyen los activos- y para cada uno de
los niveles según se vio en el Diagrama Nro. 1, hay un determinado déficit de
necesidades a satisfacer. El perfil de déficit
de necesidades se expresa en una demanda de bienes y servicios que son
necesidades expresadas. Las necesidades son
expresadas ya sea por que una persona o grupo desea pagar para obtener un bien o
servicio o, por que se organiza,
moviliza, demanda o exige una satisfacción pública de los mismos.
Se pasa luego al lado de la oferta de bienes y servicios cuyo perfil "sigue" en
principio el correspondiente a la demanda
(necesidades expresadas). Esta relación de correspondencia es la parte crucial
del proceso, pues no todos los déficits
serán cubiertos: aquí es importante retener nuevamente el enfoque de la
planificación social como proceso de mediación
de intereses, expectativas, espacios simbólicos y conceptuales a fin de
organizar alianzas, redes y movimientos
destinados a darle un perfil determinado a la oferta de bienes y servicios.
La estructura de la oferta podrá ser pública o privada y esta última, nacional o
extranjera. Existen modalidades de oferta -
sobre todo de servicios- en donde el principio de lo público coexiste con el
privado (competencia, mercado, etc.) por
ejemplo: un hospital público en donde los servicios de mantenimiento, limpieza y
alimentación han sido privatizados.
Existe aquí lo que últimamente se denomina cuasimercados (Le Grand, 1991). Entre
lo público y lo privado, existe
también lo que se denomina el sector no gubernamental de creciente participación
en la oferta de servicios. Este sector es
activo y relevante en los dos lados: del lado de la demanda, organizando,
movilizando, participando con la gente para
que sus demandas sean escuchadas y satisfechas y al mismo tiempo, como proveedor
de bienes y servicios. Existen por
lo tanto zonas de operación e interacción mixta entre lo gubernamental y lo no
gubernamental. Finalmente, hay diversas
modalidades de prestación de servicios: centralizados, descentralizados,
desconcentrados o no, etc.. Como se ve, hay una
diversidad bastante grande en el lado de la oferta, que de todos modos es menor
que la tremenda heterogeneidad del lado
de la demanda.
Para una determinada producción de bienes y servicios se necesita un particular
stock de factores: capital (que puede ser
nacional o extranjero) y trabajo. Hay varias formas de combinar relaciones
capital-trabajo por unidad de producto o
servicio representadas por la tecnología (factor K). Como se explicó, este es el
factor crucial en el presente, en donde se
están proponiendo modelos de desarrollo basados en economías abiertas con
sustanciales aumentos de la productividad a
través de mayor incorporación tecnológica. El componente "inmaterial" -
tecnología, información conocimientos- es el
más relevante en la función de producción moderna; tiene un carácter
determinante en las relaciones de capital-trabajo y
es en general, sustitutivo del factor trabajo.
El nivel de incorporación tecnológica determinará el grado de calificación de la
demanda de mano de obra, la que a su
vez debe ser evaluada respecto de la oferta, principalmente la que sale del
sistema educativo. En la metodología que se
propone, el empleo no puede ser analizado independientemente y este es un punto
importante para esclarecer, debido a
las crecientes propuestas de generación de empleo. El empleo se analiza aquí
como resultado de una determinada
modalidad de demanda, esto es para aumentar el empleo, hay que comenzar antes
por la elección de productos y
servicios que satisfagan un determinado perfil de necesidades. Las necesidades a
satisfacer, nuevamente determinan la
función de producción. Así la absorción de mano de obra, debe aumentar
apreciablemente si se estimula la producción
de bienes y la provisión de servicios que, por su naturaleza, exijan una
utilización de mano de obra que satisfaga las
necesidades de las personas y grupos que estén en situaciones sobre todo de
infraconsumo.
El ciclo se cierra con una determinada estructura de valor agregado -lucros y
salarios-, que se derivan de la forma de la
función de producción adoptada. Esta estructura del valor agregado va a afectar
a su vez la distribución del ingreso, lo
que redundará en un nuevo perfil de necesidades a satisfacer. Se inicia así un
proceso de interacción continua.
Merece un análisis aparte el sistema fiscal. De un lado, el sistema en líneas
generales financia la provisión pública
servicios. Esta provisión pública de servicios es muy importante en la
planificación social, ya que el componente no
monetario del ingreso -en términos de servicios no pagos en educación, salud y
otros- es muy importante para los
sectores que están en infraconsumo11. De otro lado, el sistema fiscal
tiene un enorme impacto
distributivo en términos de la imposición directa como asimismo, la imposición
indirecta que puede afectar
significativamente las relaciones entre la oferta y la demanda de bienes y
servicios. Finalmente, el sistema fiscal puede
afectar la distribución original del ingreso a través de transferencias directas
o indirectas a los distintos grupos
sociales.
En resumen: el método presentado basado en la satisfacción de las necesidades
humanas, tiene una lógica distinta de
otras alternativas que comienzan definiendo metas de producción, inversión o -
como es muy frecuente en el presente-
metas de exportaciones y en donde el consumo (necesidades humanas expresadas) es
la variable residuo. Aquí se
presentó la alternativa exactamente opuesta, tratando de unificar la lógica del
qué producir, el cómo producir y sobre
todo, para quién producir.
En el mundo de las significaciones, los conceptos y las valoraciones, los
enfoques que niegan las necesidades humanas o
que les dan un carácter secundario y/o marginal, pueden ser pensados como
narrativas comunicacionalmente
distorsionadas y que deben ser balanceadas con otras "contra-narrativas",
centradas en la inclusión de las personas y sus
necesidades en la producción, la participación y la democracia. El sentido de la
presentación de esta metodología de
planificación social y de este trabajo, apuntan en esa dirección.
VII.- Conclusiones~
He presentado una propuesta acerca del proceso de planificación social, basada
en la satisfacción de las necesidades
humanas mediante una revisión de las principales ideas que se han movilizado en
este campo conceptual. He tratado de
"arrastrar" desde atrás -de la historia y las tradiciones- los consensos
intentando un espacio para la planificación social en
el presente. No se pretende originalidad, pero tampoco poner nuevos nombres a
viejas formas de pensar. Tampoco se
presenta un producto final, sino un programa de trabajo, conceptual y
práctico.
He intentado evitar la adhesión unívoca a un modo de entender el proceso de
planificación, intentando "abrir la cabeza" a
diferentes vocabularios conceptuales y metodológicos. El rompecabezas (puzzle)
presupone una lógica implacable: un
universo finito donde cada pieza tiene un solo y sólo un lugar posible en el
mismo. En este esquema, la planificación sólo
sería una indagación sobre "la salida" en un juego con solución única. Aquí
hemos planteado exactamente lo contrario: la
planificación social en el campo de la libertad.
Vivimos una época de constante cambio de la realidad, conjuntamente con una
mayor aceleración y densidad en la
producción y circulación de conocimientos. Se tiene la convicción de que no
existe un sistema de pensamiento que pueda
"cerrar" la realidad con una explicación circular. La razón instrumental y la
razón utópica, han sido quebradas por el
desarrollo de los hechos (Tarnas, 1993). Desde que el producto del conocimiento
será relativo y falible más que absoluto
y certero,la búsqueda de "lo verdadero" implicará una actitud tolerante con lo
ambiguo y lo plural.
Aún reconociendo la importancia de la investigación y el análisis riguroso,
también debe concederse que no hay una
verdad final y definitiva en la explicación de los hechos. Así el conocimiento
humano es esencialmente interpretativo y
no hay asimismo ninguna interpretación que sea definitiva. Vivimos un momento de
dispersión, de diferencia, de
discontinuidad y de descentralización conceptual. Y desde que la realidad
aparece abierta a varias interpretaciones y
lecturas, la inteligencia humana es esencialmente nómade: viaja por diferentes
territorios conceptuales y simbólicos en
búsqueda de sentido y significación. El reconocimiento de que no hay una verdad
única pondera entonces la tarea
interpretativa y excluye la intolerancia. "La" verdad implica una obediencia y
un uso abusivo de la interpretación. La
planificación social implica un abandono de "la" verdad para ingresar a la
libertad y por lo tanto, a una auténtica
búsqueda de sentido.
El carácter inestable de la realidad y los significados conceptuales hacen a su
vez, que la planificación sea un proceso de
aprendizaje dialógico: diálogo con una realidad a la que el sujeto no se impone;
diálogo como mediación de conceptos y
significados; diálogo como articulación de procesos sociales y generación de
consensos. Ahora bien, la inteligencia
dialógica implica ciertas habilidades: análisis, síntesis y comunicación. Y como
todo pensamiento es esencialmente
discursivo, el escuchar, el esclarecer, el persuadir, el argumentar son
elementos cruciales para articular, movilizar y
desencadenar la sinergia de lo diverso.
Desde otro ángulo, la posición de una realidad abierta y susceptible de
múltiples interpretaciones, implica la posibilidad
de un mayor ejercicio de la libertad desde que el campo de opciones reales y
conceptuales no tiene límites. La
responsabilidad entonces de escoger una alternativa que maximice la condición
humana en términos de la libertad es
muy grande. Y la importancia de la planificación social como proceso que ayuda a
generar la mejor opción para ampliar
los espacios de autodeterminación y libertad, no necesita ser subrayada.
Finalmente, la filosofía de la ciencia, la sociología, la antropología y la
historia del arte, han rescatado las contribuciones
de la imaginación en la construcción de universos conceptuales y simbólicos
(Wrigh Mills, 1959). La imaginación tiene
la capacidad de "superar" los límites de nuestra realidad y expandirlos dando
oportunidades al nacimiento de la
creatividad y la innovación. Una particular concepción de la realidad no podría
ser sólo juzgada por su pertinencia a una
formulación teórico-abstracta o por su verificación empírica, sino también por
su poder imaginativo y superador. La
potencia de la imaginación y su asociación a la creatividad humana, tiene una
capacidad profunda de generar
significados y sentidos a la acción humana. A ese mundo, la planificación social
también apunta. Por eso Lennon...., por
eso IMAGINE.......
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(*) El autor desea agradecer lon comentarion de: Ricardo
Carciofi, Marcelo Larramendi, Roberto Martinez Nogueira, Alberto
Minujin Beatríz Taber y Pablo Vinocur. Una gratitud especial
merece Néstor Lopez, quien prestó una colaboración especial para
la formulación y graficación del concepto de "Espacio de
Integración.
(**) Director de UNICBF Argentina. Las opiniones del autor
pueden no reflejar ni total ni parcialmente, lon puntos de vinta
de la Organización a la que pertenece.
(1)En un nivel de abstracción general, como búsqueda y
definición de direccionalidad de procesos, la planificación, la
planificación social y la planificación económica pueden ser
tomadas como conceptos intercambiables. Programación se refiere en
cambio a procesos por definición más limitados a problemas
específicos, por área, por sector, etc. y por lo tanto, sujetos a
definiciones más puntuales y precisas.
(2)El debate mercado vs planificación es muy antiguo y
escapa al objetivo de este trabajo, un planteamiento sistemático
del problema. Sin embargo, no podría dejar de mencionar dos obras
fundamentales en esta discusión y que un análisis más profundo del
problema no podría ignorar: se trata de los libros de Karl Polanyi
(1944) y Friedrich Hayek (1944). Una versión más moderna de esta
confrontación puede consultarse en los trabajos de Alexander,
1992; Banerjee, 1993; Richardson y Gordon, 1993; y Brooks, 1993.
(3) Una opinión radicalmente distinta puede encontrarse en
Popper, para quien las ciencias sociales no tienen aún el nivel de
conocimientos fácticos acumulado para poder aplicarlos a la
construcción de una sociedad alternativa como un todo. Más que
dedicarse al perfeccionamiento de la sociedad, la planificación
debe estar centrada en la resolución de problemas puntuales
específicos y concretos. Popper no se opone al cambio social, sino
a los que pretenden hacer tal cambio. Así pensaba que la
responsabilidad del poder central debía permanecer en los
políticos y no en los técnicos, con sus ingenuas y peligrosas
nociones de perfeccionar la sociedad (Popper, 1971). Una opinión
similar, pero desde otro ángulo figura en Wildawsky (1973).
(4)Según algunos autores (Friedmann, 1987), Mao Tse-tung
en su ensayo Sobre la Práctica tomó numerosas ideas de Dewey quien
visitó China en 1917 y dejó varios seguidores.
(5) La participación en un curso para Senior Managers
organizado por la Oficina Regional de UNICEF en Colombia en 1993 y
dictado por la firma New Field Group de San Francisco me
proporcionó muchas y sugerentes ideas algunas de las cuales se
presentan en este ítem.
(6)Un tratamiento de la complejidad desde diferentes
disciplinas incluyendo la administración, la ciencia política, la
sociología, etc., puede encontrarse en el libro sobre complejidad
de United Nations, 1985. El artículo de Ilya Pregogine ~New
Perspectives on Complexity~ es muy educativo.Es muy interesante
también el trabajo de Mitchel Waldrop, M. (1992).
(7) Una presentación muy sugerente de las relaciones entre
la teoría del caos y la planificación puede consultarse en el
trabajo de Cartwright, (1981).
(8)Algún lector podría objetar por qué no se ha tratado en
el trabajo la situación de la planificación en América Latina o en
algún país particular. El estado del debate en la Región y la
situación de la práctica de la misma, ha sido presentado en
numerosos trabajos de la CEPAL y el ILPES. Puede consultarse en
este sentido y a título de ejemplo, ILPES (1989) y el trabajo de
Hopenhain, (1992).
(9)Un conjunto de artículos muy completos y profundos sobre
el tema de las necesidades humanas, puede encontrarse en el libro
de Fizgerlad, R (1977a). Particularmente interesantes son los
trabajos de Fitzgerald, R. (pgs.195-212); Condren, C.
(pgs.244-260); Macpherson, C.B. (pgs.25-35) y Nielsen, K
(pgs.142-156). Otra compilación muy completa sobre este tema pude
consultarse en Lederer, 1980.
(10) La combinación de opciones posibles es 16 de acuerdo
a la fórmula que sigue:
n n!
C = ----- _ _ k (n-k)! k!
Como se postula que una demanda (necesidad expresada) no es
posible sin su correspondiente deseo (necesidad sentida) ya que,
nadie puede demandar algo que no desea, quedan excluidas 4
combinaciones: (+-++); (+-+-)i (--++) Y ( ----+-- ) -
(11) Un estudio que realizó una evaluación de la incidencia del gasto
social en el ingreso
efectivo de las familias pobres en tres países latinoamericanos concluyó que el
gasto social
representa una fracción significativa del ingreso efectivo de los sectores
pobres: varía entre un 26~
en Uruguay hasta un 50~ para Costa Rica y Chile. Consúltese Infante y Reboredo
(1993).
Fases en la Resolución de Problema Tareas analíticas
Tareas Dialógicas
1. Definición y conceptualización del problema.
Descripción y análisis de la situación. Conceptualización del problema.
Evaluación de las oportunidades y factibilidad de los cambios de acuerdo a los
distintos involucrados. Escuchar y explicitar la
información y las preferencias de aquellos que viven el problema y los puntos de
vista de los actores participantes.
2.
Construcción de una estructura o red de relaciones. Determinación de la naturaleza de las relaciones entre varios
actores, medios de comunicación entre ellos y tipo de estructura organizacional
(grupo de trabajo comisión o comité, cooperativa, asociación, fundación etc.).
Selección de las personas como: expertos, animadores, movilizadores,
comunicadores. etc..
Establecimiento de la red formal e informal de comunicaciones.
Reclutamiento de personas, selección de estructuras y definición de roles.
Desarrollo de redes secundarias de información y apoyo.
3.
Formulación de una politica y diseño de estrategias alternativas. Análisis de esfuerzos pasados y presentes para enfrentar el
problema. Desarrollo de objetivos, estrategias y recursos requeridos. Selección
de una o varias alternativas para recomendar a los actores participantes.
Análisis de obstáculos y oportunidades.
Intercambio de preferencias y promoción de la/s alternativa/s escogida/s. Test
de factibilidad de la/s alternativa/s con los actores relevantes. Consejos y
asesoría a los diferentes actores sobre ventajas e inconvenientes de cada opción
y cómo vencer resistencias.
4.
Implementación de planes o programas. Especificación en
detalle de las tareas que serán desarrolladas de acuerdo a los objetivos
consensuados. Definición de responsabilidades para cada tarea y demás
procedimientos. Presentación de las especificaciones a los
actores relevantes, para obtener su compromiso y los recursos necesarios.
Capacitación de recursos humanos.
5.
Seguimiento y evaluación. Diseño de un sistema para
recolectar y analizar información sobre el proceso. Análisis de las
consecuencias del cambio, definición de los ajustes necesarios y/o nuevos
problemas que requieren nuevas acciones y programación.
Obtención de datos de diferentes fuentes. Interpretación de la información de
acuerdo a la experiencia de los distintos actores. Comunicación de los
resultados a los ac ores pertinentes.
Necesidades Humanas
Los errores del presente trabajo deben interpretarse como del
autor, y no de sus comentaristas.