Cuad Cien Soc 86 (CCS)

CUADCIEN, 01/01/96, UN DIAGNÓSTICO DE LA SOCIEDAD MODERNA: APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE CRISIS EN JÜRGEN HABERMAS

Cuadernos de Ciencias Sociales

País/Country: Costa Rica

Programa Costa Rica; Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO)

Autor/Author: Iñaki Unzueta Alberdi*

Número/Number: 86

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 01/01/96


Indice

Introducción ...................................................3

Primera Parte

[1] La acción comunicativa.................................... 6

[2] El concepto de sociedad................................... 12

[3] Complejidad sistémica .................................... 17

[4] Racionalización del mundo de la vida ..................... 20

[5] La desvinculación entre integración social e integración sistémica....................................... 23

Segunda Parte

[6] La racionalización de occidente........................... 36

[7] La recepción habermasiana de Weber........................ 46

[8] La colonización del mundo de la vida ..................... 49

[9] Tendencias a las crisis en el capitalismo avanzado......... 56

Conclusiones................................................... 79

Bibliografía........................ .......................... 83

Introducción

En el proceso histórico de desarrollo de la humanidad, la razón ilustrada surgida del rechazo del Estado absoluto se presentaba como liberadora de la ignorancia y el error, como detonante de un proceso imparable de expansión de la riqueza. Este proceso de racionalización llevaría aparejado un progreso moral, de tal modo que la razón ilustrada conduciría a la humanidad al progreso económico, científico y cultural, al perfeccionamiento moral y a su emancipación.

Ante el fracaso de la razón burguesa puesto de manifiesto por los aspectos alienantes y deshumanizadores que muestra desde el siglo XIX la sociedad capitalista, se alza en primer lugar el pensamiento marxista y luego el weberiano. Mientras Marx se enfrenta a la tarea de explicitar las contradicciones del capitalismo; Weber juzga el despliegue de la razón en las esferas económicas, administrativas, jurídicas, etc como la expansión de la razón instrumental y por tanto ya sin la perspectiva utópica de sus comienzos, pues el resultado no es más que la «jaula de hierro» de racionalidad burocrática de la que nadie puede escapar.

Habermas se va a enfrentar a estas interpretaciones reduccionistas, tratando así de recuperar el legado del humanismo y de la Ilustración. El proyecto de la modernidad es recuperable si se reconduce el proceso racionalizador y se eliminan los efectos laterales patológicos que la racionalidad instrumental genera.

En Teoría de la acción comunicativa deconstruye y reconstruye dialécticamente las aportaciones de Durkheim, Marx, Weber, Mead, Parsons, etc, en un intento de elaborar una Teoría sociológica de la acción que permita discriminar las diferentes formas de los procesos de racionalización.

La sociedad se muestra desde la perspectiva del actor participante como mundo de la vida, y desde la perspectiva del observador como sistema. Habermas articula estos dos niveles y presenta un concepto de sociedad en términos de sistema y de mundo de la vida, donde cada uno presupone al otro.

Con la modernización capitalista ha prevalecido, a juicio de Habermas, un proceso selectivo de racionalización que conduce a la colonización del mundo de la vida y a la generación de crisis y patologías. El propósito es desvelar y someter a crítica este proceso selectivo de racionalización y de colonización del mundo de la vida. No existe un despliegue lógico e inevitable de la racionalidad instrumental, y a ésta hay que enfrentar la superioridad conceptual de una racionalidad comunicativa que permite dar cuenta razonada de las crisis y patologías de la sociedad capitalista avanzada.

Primera Parte

[1] La acción comunicativa

El empleo del lenguaje exige adoptar una perspectiva social y con ello abandonar lógicas egocéntricas. Muchos son los autores que señalan la centralidad del lenguaje en la vida social, y entre ellos se encuentra Habermas, para quien la sociedad existe debido a que es factible el entendimiento de los sujetos a través del lenguaje. Pues bien, los procesos de entendimiento tienen como corredato/ la vida, esa esfera de saber de fondo transmitida culturalmente que hace posible que los participantes en interacciones realicen definiciones de la situación1. En la acción comunicativa los sujetos se entienden siempre en el horizonte del mundo de la vida y «en sus operaciones interpretativas los miembros de una comunidad de comunicación deslindan el mundo objetivo y el mundo social que intersubjetivamente comparten, frente a los mundos subjetivos de cada uno y frente a otros colectivos. Los conceptos de mundo y las correspondientes pretensiones de validez constituyen el armazón formal de que los agentes se sirven en su acción comunicativa para afrontar en su mundo de la vida las situaciones que en cada caso se han tornado problemáticas, es decir, aquellas sobre las que se hace menester llegar a un acuerdo» 2. El acervo y la tradición cultural, los productos de la mente humana, pueden ser la fuente de interpretación de las situaciones o pueden convertirse en objeto de elaboración intelectual. El concepto de mundo de la vida lo deriva Habermas de la primera interpretación cuando señala que «la tradición cultural compartida por una comunidad es constitutiva del mundo de la vida que los miembros individuales encuentran ya interpretado en lo que atañe a su contenido. Este mundo de la vida intersubjetivamente compartido constituye el trasfondo de la acción comunicativa»3.

Como es sabido, Habermas profundiza los conceptos de mundo objetivo, mundo subjetivo y mundo social a partir de la teoría popperiana del tercer mundo. Según Popper «se pueden distinguir los tres mundos o universos siguientes: en primer lugar, el mundo de los objetos físicos o de los estados físicos; en segundo lugar, el mundo de los estados de conciencia o de los estados mentales o quizá de las disposiciones comportamentales para la acción, y en tercer lugar, el mundo de los productos de la mente humana»4 . Los tres mundos de Popper: el mundo objetivo "duro", el mundo mental "blando" y entre ellos el mundo social, no deben confundirse con el mundo de la vida. Si el mundo de la vida constituye el trasfondo de la acción comunicativa, los tres mundos vienen a ser el sistema de referencia que los participantes en los procesos de interacción tienen en común. «Con este sistema de referencia los participantes determinan sobre qué es posible en general entenderse. Los participantes en una comunicación, que se entienden entre sí sobre algo, no solamente entablan una relación con el mundo objetivo, como sugiere el modelo precomunicativo imperante en el empirismo. En modo alguno se refieren tan sólo a algo que tenga lugar o que pueda presentarse o ser producido en el mundo objetivo, sino también a algo en el mundo social o en el mundo subjetivo»5.

En sociología no hay criterios unánimes en torno a la acción social6 , y en lo esencial se pueden establecer estos cuatro conceptos básicos: acción teleológico- estratégica, acción regulada por normas, acción dramatúrgica y acción comunicativa 7. En la acción teleológica el sujeto arbitra en una situación dada los medios adecuados para el logro de una meta y cuando en el cálculo que el agente hace de su éxito intervienen las expectativas de otro actor en lucha por la realización de sus propios propósitos, hablamos de acción estratégica. Cuando un grupo social orienta su acción por referencia a unos valores comunes, aludimos a la acción regulada por normas. La acción dramatúrgica vendrá dada cuando los participantes en interacciones constituyen los unos para los otros un público ante el que se ponen en escena. Mientras que las acciones teleológico y estratégica, regulada por normas y dramatúrgica presuponen alguno de los tres mundos, «sólo el concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento sin más abreviaturas, en que hablante y oyente se refieren, desde el horizonte preinterpretado que su mundo de la vida representa, simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo, para negociar definiciones de la situación que puedan ser comprendidas por todos»8. Si existe un telos inmanente en todos los tipos de acción, las diferencias vendrán dadas por la forma en que los participantes en la interacción plantean la coordinación de las acciones: La acción estratégica como engranaje de cálculos egocéntricos de utilidad; la acción regida por normas como acuerdo sobre valores y normas regulado por la tradición y la socialización, que asegura la integración social; la acción dramatúrgica como relación representacional entre un público y sus ejecutantes y, en fin, la acción comunicativa, en la que el entendimiento, como consecuencia de los procesos cooperativos de interpretación, es el eje de coordinación de las acciones para la satisfacción de necesidades.

Un paso más en el esfuerzo de nuestro autor por dilucidar el concepto de acción comunicativa, lo da al retomar la tipología de la acción de Weber. Para Habermas, la tipología oficial de la acción de Weber: acción racional con arreglo a fines, acción racional con arreglo a valores, acción afectiva y acción tradicional, presenta tales angosturas conceptuales, de tal modo que las acciones sociales sólo es posible juzgarlas bajo la racionalidad con arreglo a fines. Es por ello, que para analizar los procesos de racionalización social en toda su amplitud sean necesarias categorías diferentes. Habermas propone una versión no oficial de la tipología weberiana de la acción que reconstruye a partir de unas ideas que aparecen en «Economía y Sociedad»9.

Figura 1
TIPOS DE ACCION
ORIENTACION DE LA ACCION SITUACION DE LA ACCIONACCION ORIENTADA AL EXITOACCION ORIENTADA AL ENTENDIMIENTO
NO SOCIALACCION INSTRUMENTAL ----- -
SOCIALACCION ESTRATEGICAACCION COMUNICATIVA
De acuerdo a esta tipología, hay acción comunicativa «cuando los planes de acción de los actores implicados no se coordinan a través de un cálculo egocéntrico de resultados, sino mediante actos de entendimiento. En la acción comunicativa los participantes no se orientan primariamente al propio éxito; antes persiguen sus fines individuales bajo la condición de que sus respectivos planes de acción puedan armonizarse entre sí sobre la base de una definición compartida de la situación. De ahí que la negociación de definiciones de la situación sea un componente esencial de la tarea interpretativa que la acción comunicativa requiere»10.

Vemos en el esquema que la acción comunicativa se sitúa entre las acciones sociales orientadas al entendimiento por procesos de comprensión. Como consecuencia del desplazamiento de la acción orientada al éxito a la orientada al entendimiento, el siguiente paso de Habermas es centrarse en el análisis del lenguaje y en la reflexión sobre las estructuras generales de los procesos de comprensión. El modelo de la acción comunicativa considera el lenguaje como el medio para una comprensión no reducida, donde un hablante y un oyente, a partir del horizonte preinterpretado del mundo de la vida, se refieren a algo en el mundo objetivo (el mundo físico que nos rodea), a algo en el mundo social (los demás sujetos) y a algo en el mundo subjetivo (deseos, sentimientos, intenciones, etc) y tratan de ponerse de acuerdo sobre una definición conjunta de la situación. Al mismo tiempo, nuestras manifestaciones verbales van acompañadas de pretensiones, pretensiones relativas a la verdad de lo que decimos y en relación con el mundo objetivo; pretensiones relativas a la rectitud de nuestros actos de habla en relación a valores y normas del mundo social; o pretensiones de sinceridad o autenticidad en relación con las expresiones vinculadas a intenciones, sentimientos, etc inquilinas de nuestro mundo subjetivo. A través de la acción comunicativa y ante lo que el prójimo dice, el hablante puede posicionarse siempre con un no, o bien apelando a una regla de acción que el prójimo no había tenido en cuenta, o bien poniendo en cuestión la norma de acción que el prójimo supone. Si el prójimo pone en cuestión lo que el actor supone acerca de la acción debida o el actor pone en cuestión la norma a la que apela el prójimo, no hay más remedio para la resolución de las pretensiones de validez de lo que se dice, que pasar al nivel argumentativo, si es que queremos proseguir la interacción con el mismo sentido de entendimiento que tenía en un principio y excluimos otras formas como la apelación a la autoridad, a la fuerza o a la tradición. Como señala McCarthy «la clave de la noción habermasiana de obtención de un acuerdo (Verständigung) es la posibilidad de hacer uso de razones con que llegar a un reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez susceptibles de crítica»11.

Por consiguiente, la acción comunicativa supera las debilidades y angosturas que muestra la teoría de la acción desarrollada por Weber. En este sentido, Mardones piensa que «el modelo monológico de un solo actor tiende a concebir el mundo como el mundo existente de cosas y pasa rápidamente a primer plano la racionalidad de las relaciones medios-fines, quedando el lenguaje recortado a una función transmisora de contenidos proposicionales», para más adelante añadir que «el paradigma comunicativo da paso a un sujeto que salta por encima de la prisión del mundo objetivo, y se entiende con otro acerca de las normas y conveniencias del mundo social o de su propio mundo interior. No es solo la eficacia de la acción o de la verdad de la afirmación lo que se juega en la acción comunicativa. Aparece la rectitud del mundo social y la veracidad de los interlocutores. Sin olvidar el saber dado del trasfondo de la vida, sobre la que se apoya inevitablemente todo conocimiento reflejo»12. Al mismo tiempo, al no limitarse a la acción racional con arreglo a fines como único aspecto bajo el que las acciones puedan criticarse y corregirse:«los aspectos de la racionalidad de la acción, que el análisis de la acción comunicativa nos descubre han de permitirnos ahora aprehender los procesos de racionalización social en toda su latitud y no ya sólo bajo el punto de vista selectivo de la institucionalización de la acción racional con arreglo a fines»13 . La teoría de la acción comunicativa nos muestra un concepto de acción social y por ende un concepto de racionalidad más rico y amplio que la racionalidad weberiana de la acción instrumental y estratégica. Como señala Mardones, «después del análisis habermasiano, racional quiere decir la consideración cognitivo instrumental de la efectividad de los medios para alcanzar un fin o de la elección adecuada de reglas para la consecución de un objetivo. Estamos ante una decisión racional (acción estratégica) o una aplicación técnica adecuada para alcanzar un fin (acción instrumental). Ambos son momentos racionales de dos tipos de acción que tienen en común el estar orientados a la obtención de un objetivo. Es la racionalidad preocupada por la verdad de las proposiciones y la efectividad de los medios. Pero junto a esta racionalidad esta la propia de la acción comunicativa, es decir, de aquella acción social realizada por al menos dos actores y orientada al entendimiento mutuo. Aquí también hay una dimensión cognitiva de la verdad, del contenido proposicional de las afirmaciones, pero, además, una racionalidad práctico-moral propia de las normas que regulan las acciones».14

Y es que una de las principales preocupaciones de Habermas en la Teoría de la acción comunicativa es si y bajo qué aspectos la modernización de las sociedades puede entenderse como racionalización.

[2] El concepto de sociedad

Habermas presenta un concepto de sociedad en dos niveles: la sociedad como sistema y como mundo de la vida. El concepto de mundo de la vida es como ya hemos indicado complementario al de acción comunicativa. Veíamos en el apartado anterior que en los procesos cooperativos de interpretacion de las acciones comunicativas, los actores sociales se refieren simultáneamente a los tres mundos, es decir, a algo en el mundo objetivo, a algo en el mundo social y a algo en el mundo subjetivo, aun cuando subrayen temáticamente uno de dichos mundos. En la acción comunicativa, el acuerdo supone el reconocimiento intersubjetivo de la pretensión de validez vinculada por el hablante y referida a uno de los mundos y, asimismo, supone el reconocimiento implicito de las otras dos pretensiones de validez. El trasfondo de las emisiones comuncativas lo constituyen universos simbólicos, mundos de la vida, que proporcionan esquemas que hacen que las definiciones que se hagan de la situación converjan y cubran las necesidades de entendimiento, de ahi la complementariedad de ambos conceptos.

Los planteamientos existentes sobre el mundo de la vida son sometidos por Habermas a critica y revisión, ya que su objetivo es situar el concepto en un plano sociológico que permita 1. Identificar sus dimensiones estructurales y 2. Mostrar cómo se produce y reproduce simbólicamente a través de la acción comunicativa.

Desde la óptica del participante, la sociedad se nos presenta como mundo de la vida, como acervo cultural de conocimiento en forma de lenguaje y cultura que proporciona convicciones problemáticas de fondo a unos actores inmersos en definiciones y nuevas negociaciones de la situación dentro de unos procesos de entendimiento. Como señala McCarthy: «Los individuos no pueden salirse de las situaciones de sus mundos de la vida; ni tampoco pueden objetualizarlos en un acto supremo de reflexión. Segmentos del mundo de la vida relevantes para las situaciones de acción dadas pueden, por supuesto, quedar problematizados. Pero esto siempre tiene lugar sobre un trasfondo indeterminado e inexhaurible de otras presuposiciones no cuestionadas, sobre una precomprensión global compartida que es previa a cualesquiera problemas o desacuerdos».15

Pero Habermas sitúa el concepto en unos parámetros más adecuados cuando dice que «al entenderse entre si sobre una situación, los participantes se encuentran en una tradición cultural de la que hacen uso y que simultáneamente renuevan; al coordinar sus acciones a través del reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez susceptibles de crítica, los participantes en la interacción están estribando en pertenecias a grupos sociales cuya integración simultáneamente ratifican; al tomar parte en interacciones con personas de referencia, las cuales son ya agentes competentes, el niño internaliza las orientaciones valorativas de su grupo social y adquiere capacidades generalizadas de acción […]. Bajo el aspecto de búsqueda de la comprensión, la acción comunicativa sirve a la transmisión y renovación del conocimiento cultural; bajo el aspecto de coordinación de la acción, sirve a la integración social y al establecimiento de la solidaridad de grupo; bajo el aspecto de la socialización sirve a la formación de las identidades personales. Las estructuras simbólicas del mundo de la vida se reproducen ellas mismas por la continuación del conocimiento válido (plausible), por la estabilización de la solidaridad de grupo y por la formación de los actores sociales».16

Si recordamos, la acción comunicativa presenta dos ejes; el teleológico o de realización de fines y el comunicativo. Por el primero, y junto a las acciones estratégicas e instrumentales, los sujetos en interacción ejecutan planes y realizan fines, es decir, se lleva a cabo la reproducción material de la sociedad. Y por el segundo, los procesos cooperativos de entendimiento que posibilitan la negociación y definición de la situación, hacen posible la reproducción simbólica, de esta manera, la accion comunicativa da respuesta a la tridimensionalidad del mundo de la vida. Benhabib presenta muy bien resumido lo anterior del modo siguiente: «En primer lugar, que el mundo de la vida es el dominio de la reproducción, integración social y socialización. Segundo, el mundo de la vida no debe ser visto como transcendentalmente constituido, sino como reproducido en una contextura temporal, por tanto, sometido a procesos de autoalteración (Castoriadis). Habermas insiste en que la reproducción simbólica se manifiesta a través de la lógica interna de las constelaciones de significado -valores, ideales, normas, etc.- y de la estructuración-objetivación institucional de tales significados, tanto al nivel de portadores institucionales como al nivel de las identidades individuantes. Tercero, la acción comunicativa lingüísticamente mediada realiza las tres funciones de reproducción simbólica. El concepto de mundo de la vida es complementario al de acción comunicativa».17

Vemos por consiguiente que a los procesos de reproducción cultural, integración social y socialización, corresponden los componentes estructurales: cultura, sociedad y personalidad.

El resumen de las aportaciones de los procesos de reproducción al mantenimiento de los componentes estructurales del mundo de la vida, lo esquematiza Habermas de la siguiente manera:18

FIGURA 2
APORTACIONES DE LOS PROCESOS DE REPRODUCCION AL MANTENIMIENTO DE LOS COMPONENTES ESTRUCTURALES DEL MUNDO DE LA VIDA
CULTURASOCIEDADPERSONALIDAD
REPRODUCCION CULTURALESQUEMAS DE INTERPRETACION SUSCEPTIBLES DE CONSENSOLEGITIMACIONESPATRONES DE COMPORTAMIENTO EFICACES EN EL PROCESO DE FORMACION, METAS EDUCATIVAS
INTEGRACION SOCIALOBLIGACIONESRELACIONES INTERPERSONALES LEGITIMAMENTE REGULADASPERTENENCIAS A GRUPOS
SOCIALIZACIONINTERPRETACIONESMOTIVACIONES PARA ACTUAR DE CONFORMIDAD CON LAS NORMASCAPACIDADES DE INTERACCION (IDENTIDAD PERSONAL)

Las interrelaciones entre los procesos de reproducción y los elementos estructurales quedan explicitadas de la siguiente manera: «Si la cultura suministra el suficiente saber válido como para que puedan quedar cubiertas las necesidades de entendimiento existentes […] lo que la reproducción cultural aporta al mantenimiento de los otros dos componentes consiste en legitimaciones para las instituciones existentes, por un lado, y por otro, en patrones de comportamiento eficaces en el proceso de formación individual […]. Si la sociedad esta lo bastante integrada como para que puedan quedar cubiertas las necesidades de coordinación existentes en un mundo de la vida, la contribución del proceso de integración al mantenimiento de los otros dos componentes consiste, por un lado, en pertenencias de los individuos a grupos, legitimamente reguladas, y por otro, en vinculaciones de carácter moral u obligaciones […]. Finalmente, señala Habermas, si los sistemas de la personalidad han desarrollado una identidad tan sólida que les permite dominar con pleno sentido de la realidad las situaciones que surgen en su mundo de la vida, la contribucion de los procesos de socialización al mantenimiento de los otros dos componentes consiste, por un lado, en las interpretaciones que los individuos producen, y por otro, en motivaciones para actuar de conformidad con las normas».19

Ahora bien, si identificamos la sociedad sólo como mundo de la vida se producen las tres apariencias o ficciones siguientes: la autonomía de los actores sociales, la independencia de la cultura y la transparencia de la comunicación.20M En cambio, los actores no son siempre dueños de las situaciones ya que no las controlan por completo y no se orientan siempre por consiguiente por pretensiones de validez susceptibles de critica. Tampoco la cultura se mantiene independiente, sino que aparece sujeta a coacciones externas y, por último, los participantes en la comunicación se mueven en un horizonte de posibilidades irrestrictas de entendimiento. Por todo ello, hay otro modo de considerar a la sociedad, que consiste en tomarla desde la perspectiva del observador y que disuelve las tres ficciones señaladas. Si consideramos que la integración social21 no se ve solamente remitida a conversaciones y argumentaciones abandonadas a su propia lógica, a acciones orientadas al entendimiento, y si consideramos también que es una ingenuidad aceptar que el mecanismo de la acción comunicativa puede tener la potencia suficiente como para hacer frente a la tarea de integración de la sociedad, debemos aceptar la existencia de otros nexos funcionales que coadyuven a ese fin. La acción comunicativa como único mecanismo de coordinación e integración, quedaría inmediatamente desbordado por la diversificación de formas de vida, concepciones irreconciliables de la vida y del bien, transgresiones a las convenciones sociales etc. Por consiguiente, la modernidad social se caracteriza por la existencia de dos grandes ambitos de interacción: el económico y el político- administrativo.

Sin formas de integración sistémica el problema de la estabilidad y mantenimiento de la sociedad devendría sobrecomplejo, la acción comunicativa es un mecanismo demasiado fragil para la coordinación de interacciones, por ello Habermas propone distinguir entre integración social e integración sistémica, ya que si no, las dos estrategias conceptuales tomadas por separado, resultarían unilaterales: «la teoría de la sociedad requiere una combinación de ambas, de la perspectiva internalista del participante con la perspectiva externalista del observador, del análisis hermenéutico y estructural con el análisis funcionalista y sistémico, del estudio de la integración social con el estudio de la integración sistémica».22

[3] Complejidad sistémica

Una vez establecidos los conceptos de sistema y mundo de la vida, Habermas los integra para proponer una definición provisional de sociedad como «plexos de acción sistémicamente estabilizados de grupos integrados socialmente», para añadir a continuación que esta definición precisa de una explicación más detallada, pero que "por de pronto sólo representa la propuesta heurística de entender la sociedad como una entidad que en el curso de la evolución se diferencia lo mismo como sistema que como mundo de la vida.23

En lo que sigue voy a tratar siguiendo a Habermas el proceso de evolución social, en tanto que conlleva incrementar la complejidad sistémica y racionalizar el mundo de la vida, al mismo tiempo que a una diferenciación entre ellos. En consecuencia, en los próximos apartados éste será el orden expositivo: complejidad sistémica, racionalización del mundo de la vida y desvinculación o desacoplamiento entre sistema y mundo de la vida.

Es casi una convención en sociología diferenciar tres grados o etapas en la evolución social: las sociedades tribales, las sociedades tradicionales organizadas estatalmente y las sociedades modernas. Con el avance en la evolución social, van apareciendo nuevos mecanismos sistémicos, que conducen a una diferenciación de subsistemas y, en definitiva, a un aumento de la complejidad. En las sociedades tribales, la reproducción material exige que las acciones racionales con arreglo a fines queden coordinadas, exige una división cooperativa del trabajo y una combinación eficiente de actividades y tareas especializadas, «la combinación competente de las tareas especializadas exige la delegación de facultades de mando, es decir, de poder, en personas que tomen a su cargo las tareas de organización; y el intercambio funcional de productos exige el establecimiento de relaciones de intercambio»24 . Pero sucede que en las sociedades tribales, las relaciones de poder e intercambio de los procesos de división del trabajo van asociadas todavía a instituciones a través de las que se efectúa la integración social, es decir, en ese estadio evolutivo si bien era posible la asignación de roles a funciones como la dirección de la guerra, las prácticas rituales y sanatorias, la resolución de conflictos, etc, esa diferenciación funcional se mantenía en los límites del sistema de parentesco, de tal modo que integración sistémica e integración social van todavía entrelazadas.

A medida que avanzamos en el curso de la evolución social se va rompiendo el entrelazamiento entre integración social e integración sistémica. En las sociedades de clase políticamente estratificadas la estratificación social se desliga del substrato del sistema de parentesco y la aparición de grupos diferenciados genera gradientes de poder de modo que «el poder de organización que se constituye ahora en el plano de la dominación política se convierte en núcleo de cristalización de una nueva institución, a saber: del Estado» 25.

Finalmente «en el marco de las sociedades estatalmente organizadas surgen mercados de bienes que se rigen a través de relaciones de intercambio generalizadas simbólicamente, esto es, a través del medio dinero [...]. En la modernidad europea, en efecto, emerge con la economía capitalista un subsistema diferenciado a través del medio dinero, que a su vez obliga al estado a reorganizarse. En los subsistemas complementariamente referidos el uno al otro, que son la economía de mercado y la administración estatal moderna, encuentra el mecanismo que los medios de control (Steuerungsmedien) representan, a los cuales Parsons da el nombre de medios de comunicación simbólicamente generalizados, la estructura social que les es consentánea»26 .

Expresado en otros términos, la sociedad moderna caracterizada por el fuerte desarrollo de las fuerzas productivas, presenta una esfera económica articulada en torno a una acción técnica27 desvinculada cada vez más de la acción comunicativa. A su vez la racionalidad técnica entra en competencia con la racionalidad comunicativa del mundo de la vida basada en interpretaciones míticas y religiosas.

En la exposición que realiza Habermas del curso de la evolución social y que lleva a un incremento de la complejidad sistémica, el mundo de la vida se convierte en un subsistema más. Ahora bien, lo cierto no es que un incremento de complejidad sistémica tenga efectos en el mundo de la vida, sino más bien, que la diferenciación estructural del mundo de la vida, su racionalización es lo que conduce a una mayor complejidad sistémica.

[4] Racionalización del mundo de la vida

Veíamos unas líneas más arriba que a los diferentes procesos de reproducción (reproducción cultural, integración social y socialización) basados en diferentes dimensiones de la acción comunicativa (entendimiento, coordinación y socialización), les corresponden componentes estructurales del mundo de la vida (cultura, sociedad y personalidad), es decir, los actores sociales al tiempo que se entienden acerca de algo, toman parte en interacciones, forman sus identidades, renuevan sus pertenencias a grupos, etc. El mundo de la vida se nos muestra en consecuencia como institucionalizador o social integrador.

En la figura 3 se especifican las funciones que la acción orientada al entendimiento cumple en la reproducción del mundo de la vida: «los campos de la diagonal contienen las caracterizaciones con que de entrada habíamos deslindado entre sí la reproducción cultural, la integración social y la socialización. Mientras tanto hemos visto que cada uno de estos procesos de reproducción hace su contribución al mantenimiento de todos los componentes del mundo de la vida. De ahí que al medio lingüístico, a través del cual se reproducen las estructuras del mundo de la vida, podamos atribuirle las funciones recogidas en la figura»28:

FIGURA 3
FUNCIONES DE REPRODUCCION QUE CUMPLE LA ACCION ORIENTADA AL ENTENDIMIENTO
CULTURASOCIEDADPERSONALIDAD
REPRODUCCION CULTURALTRADICION CRITICA, ADQUISICION DE SABER CULTURALRENOVACION DEL SABER LEGITIMATORIOREPRODUCCION DEL SABER EFICAZ EN LOS PROCESOS DE FORMACION
INTEGRACION SOCIALINMUNIZACION DE UN NUCLEO DE ORIENTACIONES VALORATIVASCOORDINACION DE LAS ACCIONES A TRAVES DEL RECONOCIMIENTO DE PRETENSIONES DE VALIDEZREPRODUCCION DE LOS PATRONES DE PERTENENCIA SOCIAL
SOCIALIZACIONENCULTURACIONINTERN ALIZACION DE VALORESFORMACION DE LA IDENTIDAD INDIVIDUAL

En el curso de la evolución social, Habermas observa una variación direccional en los elementos estructurales del mundo de la vida. Y basándose en Mead y Durkheim procede a demostrar la creciente diferenciación entre cultura, sociedad y personalidad. A juicio de Habermas, «Durkheim entiende la generalización de los valores, la universalización del derecho y la moral, así como la individuación y creciente autonomía del sujeto como consecuencias del paso de una integración social efectuada por medio de la fe a una integración basada en el acuerdo comunicativo y en la cooperación. Desde la perspectiva de Mead, esas mismas tendencias pueden entenderse como una lingüistización de lo sacro, como una liberación del potencial de racionalidad de la acción orientada al entendimiento. Este potencial se trueca en una racionalización del mundo de la vida de los grupos sociales a medida que el lenguaje asume las funciones de entendimiento, de coordinación de la acción y de socialización de los individuos, convirtiéndose con ello en el medio a través del cual se efectúan la reproducción cultural, la integración social y la socialización»29, para señalar en otro lugar, que «cuanto más se diferencian los componentes estructurales del mundo de la vida y los procesos que contribuyen a su mantenimiento, tanto más sometidos quedan los contextos de interacción a las condiciones de un entendimiento racionalmente motivado, es decir, a las condiciones de la formación de un consenso que en última instancia se base en la autoridad del mejor argumento»30.

La «lingüistización de lo sacro» puede entenderse pues como un proceso en el que los actores en su práctica comunicativa cotidiana deben cada vez más su entendimiento a sus propios esfuerzos de interpretación, en detrimento de formas compactas de simbolización, que como lo sagrado penetraban en todos los instersticios sociales. Esta racionalización del mundo de la vida implica una creciente diferenciación estructural del mismo, una separación de forma y contenido y una reflexivización de la reproducción simbólica. Habermas indica que «en lo que respecta a la cultura y a la sociedad, la diferenciación estructural se pone de manifiesto en un creciente desacoplamiento entre sistema institucional e imágenes del mundo; en lo que atañe a la personalidad y a la sociedad, en la ampliación del espacio de contingencia en el establecimiento de relaciones interpersonales, y en lo que se refiere a la cultura y a la personalidad, esa diferenciación estructural se manifiesta en que la renovación de tradiciones depende cada vez en mayor grado de la disponibilidad a la crítica y de la capacidad innovadora de los individuos»31. Por lo que respecta a la diferenciación entre forma y contenido, «en el plano de la cultura los núcleos de tradición que garantizan la identidad se separan de los contenidos concretos con que todavía están entretejidos en las imágenes míticas del mundo. Se reducen a elementos formales, tales como conceptos de mundo, presupuestos de la comunicación, procedimientos argumentativos, valores fundamentales abstractos, etc. En el plano de la sociedad cristalizan principios universales, dejando atrás los contextos particulares a que todavía están adheridos en las sociedades primitivas. En las sociedades modernas se implantan principios jurídicos y morales que cada vez están menos recortados a la medida de formas de vida concretas. En el plano del sistema de la personalidad las estructuras cognitivas adquiridas en el proceso de socialización se emancipan cada vez más de los contenidos de saber cultural con que inicialmente estaban integradas en el "pensamiento concreto". Los objetos en que se ejercitan las competencias formales se hacen cada vez más variables»32. Finalmente, la diferenciación estructural del mundo de la vida lleva aparejada una creciente reflexivización de la reproducción simbólica:«en las sociedades modernas se forman sistemas de acción en los que se afrontan en términos profesionales tareas especializadas relativas a la tradición cultural, a la integración social y a la educación»33. Habermas se refiere con esto a la diferenciación y creciente autocentramiento de sistemas culturales de acción como la ciencia, el derecho, el arte, las instituciones democráticas, la enseñanza con su creciente pedagocización, etc.

En definitiva, a una mayor diferenciación de los elementos estructurales del mundo de la vida, la carga de la reproducción cultural, de la integración social y de la socialización, pasa desde fundamentos sagrados a otros en los que los acuerdos son racionalmente motivados y basados en el mejor argumento.

[5] La desvinculación entre integración social y sistémica

En el apartado anterior se hacía una referencia al hecho de que la generalización de valores, la universalización del derecho y la moral y la individuación y creciente autonomía del sujeto eran interpretadas por Durkheim como indicadores del tránsito de una integración basada en lo religioso a una fundamentada en la cooperación y en el acuerdo comunicativo. Estos mismos hechos eran interpretados por Mead como una lingüistización de lo sacro.

En este momento interesa centrarse en uno de los aspectos señalados: la generalización de los valores, ya que precisamente es aquí donde Habermas busca la explicación de las tendencias hacia motivos cada vez más universales en el ámbito de la interacción, de la coordinación de las acciones en la vida cotidiana.

En las sociedades primitivas jerarquizadas, los elementos de base de la estructura social eran el prestigio y la influencia asociadas en un principio a personas y transferidas luego a grupos. En las sociedades políticamente constituidas, la autoridad del príncipe y su dominación política se establece por la capacidad de imponer decisiones en base a normas vinculantes. Por último, las sociedades modernas presentan la doble vertiente moralidad- legalidad; la primera aplicada a la esfera de lo privado, y el derecho positivamente estatuido para la esfera profesional. En definitiva, la universalización de los valores desata las dos tendencias siguientes:

1) «Cuanto más progresa la generalización de motivos y valores, tanto más desligada queda la acción comunicativa de patrones normativos ligados a normas concretos y tradicionales. Con esta desconexión, la carga de la integración social se desplaza de manera cada vez más neta del consenso de base religiosa hacia los procesos lingüísticos de formación de consenso. Este cambio de polaridad en la coordinación de la acción, coordinación que en adelante ha de estribar sobre el mecanismo del entendimiento, hace que cada vez aparezcan con más puridad las estructuras generales de la acción orientada al entendimiento. En este aspecto, la generalización de los valores es una condición necesaria para el desencantamiento del potencial de racionalidad que la acción comunicativa comporta»34.

2) Con la generalización de valores se abren campos diferenciados para la acción orientada al entendimiento y para la acción orientada al éxito, tocando de esta manera los mismos fundamentos de los diversos mecanismos de coordinación de la acción. «Sobre la base de unas orientaciones de acción cada vez más generalizadas se teje una red cada vez más tupida de interacciones que escapan a un control normativo directo y que tienen que ser coordinadas por otras vías. Para satisfacer esta creciente necesidad de coordinación puede echarse mano, o bien del entendimiento lingüístico, o bien de mecanismos de descarga que reducen las expensas en comunicación y los riesgos de disentimiento. En el curso de la diferenciación entre acción orientada al éxito y acción orientada al entendimiento se forman dos tipos de mecanismos de descarga, y ello en forma de medios de comunicación que, o bien condensan, o bien sustituyen al entendimiento lingüístico»35.

En el esquema de la figura 4, Habermas resume las fuentes de la disponibilidad generalizada a la aceptación, es decir, señala las fuentes de la disponibilidad de alter a aceptar la oferta de interacción de ego36:

FIGURA 4
FUENTES DE DISPONIBILIDAD GENERALIZADA A LA ACEPTACION
PRESTIGIO E INFLUENCIA MOTIVACIONATRIBUTOSRECURSOS
EMPIRICAFuerza: temor ante la posibilidad de un castigo, atracción ante ante la posibilidad de protección Habilidades cognitivo-instrumentales: incitación mediante expectativas de éxito Atractivo corporal: vinculación sentimentalPosesiones: incitación mediante expectativas de recompensas
RACIONALSeriedad y responsabilidad personales: confianza en la autonomía del otroSaber: confianza en el saber válido

En las sociedades modernas nos encontramos con dos medios de coordinación de las acciones: el dinero y el poder vinculados a motivaciones empíricas y que sirven para la coordinación de acciones instrumentales y estratégicas. El dinero y el poder son por consiguiente medios deslingüistizados y su introducción representa:

1) Una desvalorización del mundo de la vida: «medios como el dinero y el poder codifican un trato "racional con arreglo a fines" con masas de valor susceptibles de cálculo y posibilitan el ejercicio de una influencia estratégica generalizada sobre las decisiones de los otros participantes en la interacción en un movimiento de elusión y rodeo de los procesos de formación lingüística del consenso [...]. El mundo de la vida ya no es necesario para la coordinación de acciones».

2) Una tecnificación del mundo de la vida: «los subsistemas sociales que se diferencian a través de tales medios pueden independizarse frente a un mundo de la vida reducido ahora a entorno del sistema. De ahí que desde la perspectiva del mundo de la vida este asentamiento de la acción sobre medios de control aparezca, lo mismo como un alivio de la necesidad de comunicación y una reducción de los riesgos que la comunicación comporta, que como un condicionamiento de las decisiones en un espacio de contingencias ampliado, y en este sentido como una tecnificación del mundo de la vida»37.

3) Una instrumentalización del mundo de la vida: «La integración sistémica cada vez más compleja puede agredir al mundo de la vida, funcionalizándolo. Ocurre esto cuando se da una sistemática limitación de las condiciones para una acción comunicativa; cuando la participación comunicativa acerca de algo en el mundo objetivo, social o subjetivo es prejuzgada de forma determinada»38.

Segunda Parte

[6] La Racionalización de Occidente: Weber

6.1 El proyecto de la Ilustración

El proceso histórico de modernización o la modernidad se mostraba en la vertiente burguesa y marxista como proceso de emancipación de la humanidad.

La razón ilustrada que surge del rechazo del Estado absoluto presentaba diferentes aspectos. La racionalización cultural con el destierro de la superstición, el prejuicio , la ignorancia y el error, desataría en el ámbito político formas republicanas de gobierno que encarnaban la voluntad e intereses de seres libres e iguales; en el ámbito de la economía, la inauguración de espacios para la libre persecución de objetivos que llevarían a la expansión general de la riqueza; en la ciencia, su racionalización y avance iría acompañado de un progreso de la moralidad, de un perfeccionamiento moral. La razón ilustrada conduciría a la humanidad a su emancipación.

Pero ante el fracaso de la razón burguesa con sus consecuencias alienantes y deshumanizadoras se yergue primero el pensamiento de Marx, y con el cambio de siglo el de Weber, que continuará entendiendo el proceso de modernización como un constante y ascendente proceso de racionalización pero que ya no lleva aparejada la perspectiva utópica de sus comienzos. El despliegue de la razón ilustrada en las esferas económicas, administrativas, jurídicas y artísticas, no era más que la expansión de la razón instrumental con el resultado de la creación de la «jaula de hierro» de racionalidad burocrática de la que nadie podría ya escapar.

La crítica de Habermas al concepto weberiano de racionalidad, que más adelante veremos con más detalle, va a venir de un lado, por el hecho de que Weber identifica racionalización social con incremento de racionalidad instrumental y estratégica de los contextos de acción; y por otro, por la mezcla confusa de categorías de acción y categorías sistémicas. Frente a lo primero, Habermas presenta un concepto de acción capaz a su juicio de aprehender todos los aspectos que puede desplegar la racionalización social, y frente a lo segundo, la neta distinción entre racionalización del mundo de la vida y aumento de la complejidad sistémica.

Pero vayamos a Weber para ver cómo en su opinión se presentan los fenómenos del racionalismo occidental:

6.2. Los fenómenos del racionalismo occidental

1) La modernización de la sociedad (racionalización social)

Weber entiende la modernización de la sociedad como proceso en el que emergen y se diferencian la economía capitalista y el estado moderno, y al servicio de ellos el derecho formal.

La sociedad industrial, dice Garmendia, «se presentaba en escena como arsenal de objetos-fabricados-para-vender más que de cosas-creadas-para-usar, de ideas e instituciones racionalizadas más que de dogmas y órdenes naturales.[...]. A medida que la producción se masifica y complica, la empresa aparece como algo más que el simple juego directo empresario (capital)/trabajador(salario). Aquélla se presenta como una organización crecientemente compleja cuyas incertidumbres (fabricación, financiación, comercialización, gestión de personal, investigación y desarrollo, etc.) es preciso reducir para su funcionamiento. La empresa incorpora, pues, la mediación del organizador como reencarnación necesaria del espíritu del capitalismo»39.

Al estado moderno, por su parte, le caracteriza la formación de un instituto racional articulado en un sistema de dirección centralizado sobre la base de un poder militar permanente que monopoliza la creación del derecho y el uso legítimo de la fuerza, y sobre la base de una administración pública burocratizada. Y para la organización de la economía capitalista y del estado moderno, y también para la articulación entre ambas, sirve el derecho moderno. Estos tres elementos, son a juicio de Weber los ejes de la racionalización de la sociedad.

2) La racionalización cultural

La explica Weber sobre la base fundamentalmente de cuatro elementos: la ciencia y técnica modernas, el arte autónomo y una ética regida por principios y anclada en la religión.

Una actitud objetivante ante los diferentes mundos con los periodos de observación y deducción de leyes, son esenciales en el método científico galileano. Esa base empírica y la consideración instrumental del medio van a proporcionar una capacidad de control y de prognosis características de la ciencia y técnica modernas. Es así como «Weber llama racionalización a toda ampliación del saber empírico, de la capacidad de predicción, y del dominio instrumental y organizativo sobre procesos empíricos»40.

La autonomía del arte significa una creciente independización de la esfera de lo sacro. El arte va adoptando una temática cada vez más secular alejándose de la esfera de lo sagrado para caer en el mecenazgo y en la producción burguesa. Para Weber, la racionalización del arte vendrá como consecuencia del creciente dominio de técnicas artísticas desligadas de valores estéticos.

Por último, el derecho y la moral se autonomizan dando lugar al derecho formal y a las éticas profanas de la intención y de la responsabilidad41. Derecho y ética se desvinculan avanzando en direcciones diferentes, de tal modo que las consideraciones éticas no figuran ya en la base de los objetivos del derecho. Las normas legales pierden sus referencias metasociales y así, las dimensiones mágicas, tradicionales o aquellas vinculadas a la revelación pierden su justificación, convirtiéndose de este modo las normas legales en convenciones positivamente estatuidas. El derecho se muestra como expresión de la voluntad de un cuerpo legislador soberano que regula convencionalmente hechos sociales con medios jurídicos organizados. En resumen, Habermas interpreta a Weber señalando que «la racionalización cultural, de la que surgen las estructuras de conciencia típicas de las sociedades modernas, se extiende a los componentes cognitivos, a los estético- expresivos y a los moral-evaluativos de la tradición religiosa. Con la ciencia y la técnica, con el arte autónomo y los valores relativos a la presentación expresiva que el sujeto hace de sí, con las ideas universalistas que subyacen al derecho y a la moral, se produce una diferenciación de tres esferas de valor, cada una de las cuales obedece a su propia lógica.42 Con ello, no solamente se cobra conciencia de la "legalidad propia, interna" de los componentes cognitivos, de los componentes expresivos y de los componentes morales de la cultura, sino que con su diferenciación aumenta también la tensión entre estas esferas» 43.

3) La racionalización del sistema de la personalidad

Weber observa un cambio direccional importante en los principios que guían las orientaciones hacia los valores y las disposiciones para la acción que integran los estilos de vida. El modo metódico de vida tiene su base en la ética protestante de la profesión como vocación. El comportamiento racional en la vida tiene un fundamento religioso que presenta los siguientes rasgos:

- «el rechazo radical de los medios mágicos, también de todos los sacramentos, como medios de búsqueda de la salvación, lo cual significa: el definitivo desencantamiento de la religión;

- el implacable aislamiento del creyente dentro de un mundo en que en todo momento corre el riesgo de divinizar a las criaturas, y en medio de una comunidad soteriológica que no admite una identificación visible de los elegidos;

- la idea de profesión, originalmente de origen luterano, según la cual el creyente ha de acreditarse en el mundo como sumiso instrumento de Dios a través del cumplimiento mundano de sus deberes profesionales;

- la transformación del rechazo judeo-cristiana del mundo en ascesis intramundana: en un incansable trabajo profesional en que el éxito externo no representa el fundamento real pero sí un fundamento cognoscitivo del destino soteriológico individual;

- finalmente, el rigor metódico de un modo de vida regido por principios, autocontrolado, centrado en el yo, que al organizarse en torno a la idea de la necesidad de asegurarse de la propia salvación va adueñándose sistemáticamente de todos los ámbitos de la existencia»44.

6.3 La materialización institucional de la racionalización

Bajo el título de racionalidad práctica, Weber subraya el triple aspecto de la utilización de medios, de elección de fines y de orientación de valores45 . «La conexión de la acción racional con arreglo a fines y la acción racional con arreglo a valores produce un tipo de acción que cumple todas las condiciones de la racionalidad práctica. Cuando las personas y los grupos generalizan estas acciones a lo largo y ancho del tiempo y de los ámbitos sociales, Weber habla de un modo metódico-racional de vida (methodisch-rationale Lebensführung) [...] Este modo metódico y racional de vida, sigue diciendo Habermas, se caracteriza porque da continuidad a ese tipo complejo de acción, abierto a la racionalidad en los tres aspectos de ésta y a un incremento de ella [...] El modo metódico y racional de conducirse en la vida posibilita y estimula los éxitos de la acción, simultáneamente,

- bajo el aspecto de racionalidad instrumental en la solución de tareas técnicas y en la construcción de medios eficaces;

- bajo el aspecto de racionalidad electiva en la elección consistente entre alternativas de acción (hablamos de racionalidad estratégica cuando en esta elección es menester tener en cuenta las decisiones de oponentes racionales), y, finalmente,

- bajo el aspecto de racionalidad normativa en la solución de tareas práctico-morales en el marco de una ética regida por principios.

Estos tres aspectos de la racionalidad de la acción pueden ponerse en correspondencia con distintas categorías de saber. A través de las técnicas y estrategias afluye a las orientaciones de acción racional con arreglo a fines tanto un saber empírico como un saber analítico -este saber puede en principio alcanzar la precisión de un saber comprobado científicamente-. Por otro lado, a través de las competencias de acción y de los motivos de los sujetos afluye a las orientaciones de acción racional con arreglo a valores un saber practico-moral (y también un saber estético- expresivo)»46 .

Indicábamos antes que la modernización de la sociedad era entendida por Weber como proceso de emergencia y diferenciación de la economía capitalista, el estado moderno y el derecho formal; y también que la modernización era descrita como racionalización social, porque la empresa capitalista estaba cortada a la medida de la acción económica racional y el estado moderno a la de la acción administrativa racional. Con esto significaba Weber, que tanto en la empresa capitalista como en el estado moderno se desplegaba la acción racional con arreglo a fines; caracterizando organizativamente tanto a la empresa capitalista como a la administración estatal moderna, la concentración de medios materiales organizativos en empresarios y dirigentes obligados al cálculo racional.

El siguiente paso de Weber es mostrar precisamente la institucionalización de la acción racional con arreglo a fines en términos de un proceso de racionalización. Dicho proceso, se inicia en el s.XVI y alcanza su cénit en el s.XVIII, y consiste «en la implantación de subsistemas de acción racional con arreglo a fines, y, por cierto, en forma de empresa capitalista y de instituto estatal moderno; el fenómeno que es menester explicar no es, pues, la racionalidad con arreglo a fines de la gestión económica y de la acción administrativa, sino su institucionalización. Más para explicar ésta no puede, a su vez, recurrirse a regulaciones racionales con arreglo a fines, ya que la normación de la acción racional con arreglo a fines significa una forma de integración social que ancla las estructuras de la acción racional con arreglo a fines en el sistema de la personalidad y en el sistema institucional. Esta forma específica de integración social exige, como hemos dicho,

- una ética de la intención que sistematice todos los ámbitos de la vida y que en términos de racionalidad con arreglo a valores dé asiento en el sistema de la personalidad a las orientaciones de acción racionales con arreglo a fines (ética protestante); en segundo lugar,

- un subsistema social que asegure la reproducción cultural de las correspondientes orientaciones de valor (comunidad religiosa y familia), y, por último,

- un sistema de normas vinculantes que, por su propia estructura formal resulte apto para exigir y persuadir a los actores como comportamiento legítimo la persecución de sus propios intereses orientada exclusivamente al éxito dentro de un ámbito éticamente neutralizado (derecho burgués).

Weber cree que estas innovaciones se producen por materialización institucional de aquellas estructuras de conciencia que surgieron de la racionalización ética de las imágenes del mundo»47 . La fig. 5 muestra las formas en que se manifiesta el racionalismo occidental en el momento en que emerge la modernidad 48.

FIGURA 5
FORMAS EN QUE SE MANIFIESTA EL RACIONALISMO OCCIDENTAL EN EL MOMENTO EN QUE EMERGE LA MODERNIDAD

CULTURA COMPONENTES COGNITIVOS:COMPONENTES EVALUATIVOS: COMPONENTES EXPRESIVOS:
CIENCIA MODERNA DE LA NATURALEZA DERECHO NATURAL RACIONAL ETICA PROTESTANTE ARTE AUTONOMIZADA
----------------- -----------------------
SOCIEDAD ORGANIZACION SOCIAL DE LA CIENCIA

ECONOMIA CAPITALISTA

TEORIA UNIVERSITARIA DEL DERECHO

INSTITUTO ESTATAL MODERNO

ASOCIACIONES RELIGIOSAS

PEQUEÑA FAMILIA BURGUESA

ORGANIZACION SOCIAL DEL CULTIVO DEL ARTE
PERSONALIDAD DISPOSICIONES PARA LA ACCION Y ORIENTACIONES VALORATIVAS
PROPIAS DEL MODO METODICO- RACIONAL DE VIDA PROPIAS DEL ESTILO DE VIDA CONTRACULTURAL
6.4 El diagnóstico weberiano sobre la racionalización

Con el avance del proceso de racionalización de las imágenes del mundo se van diferenciando, como ya sabemos, esferas culturales de valor (ciencia, arte, derecho, etc), en las que es posible reconocer los componentes cognoscitivos, normativos y expresivos de la cultura. Asimismo, este proceso conduce a los conceptos de mundo objetivo, mundo social y mundo subjetivo y a las correspondientes actitudes básicas: actitud objetivante frente a la naturaleza externa, actitud de conformidad o de crítica frente al mundo social y actitud expresiva frente a la subjetividad de la naturaleza interna. Es precisamente la posibilidad de que el sujeto cognoscente adopte diferentes actitudes básicas frente a un mismo mundo, la posibilidad de que tenga una comprensión descentrada del mundo, la nota característica de la modernidad49 .

Por otro lado, del cruce de actitudes básicas frente a los diferentes mundos es posible destacar en Weber tres complejos de racionalidad. La actitud objetivante frente a la naturaleza externa y frente a la sociedad da lugar a un complejo cognitivo- instrumental; la actitud de conformidad normativa frente a la sociedad y a la naturaleza interna da lugar al complejo de racionalidad practico-moral; y por último, la actitud expresiva ante la naturaleza interna y externa circunscribe un complejo de racionalidad práctico- estética50

FIGURA 6
COMPLEJOS DE RACIONALIDAD
ACTITUDES BASICAS MUNDOS
1 OBJETIVO 2 SOCIAL3 SUBJETIVO 1 OBJETIVO
EXPRESIVA
3
Arte
OBJETIVANTE
1
Racionalidad cognitivo-instrumental X
Ciencia Tecnologías sociales(1,3)
Tecnología
CONFORMATIVA X Racionalidad moral-práctica
HACIA NORMAS (2,1)DerechoMoralidad
2
EXPRESIVA X Racionalidad estético-expresiva
3 (3,2) Erotismo

Como consecuencia de estos hechos, el diagnóstico que Weber hace de nuestro tiempo destaca fundamentalmente por dos notas: de una parte, la diferenciación de esferas culturales de valor autónomas y de otra, el hecho de que los subsistemas de acción racional con arreglo a fines se desgajen de sus fundamentos racionales con arreglo a valores y se independicen siguiendo su propia lógica. La primera nota hace referencia a la tesis de la pérdida de sentido y para su deducción se recurre al proceso de racionalización cultural; la segunda, a la tesis de la pérdida de libertad, deducida a partir de los procesos de racionalización social.

Con respecto a la primera tesis, la diferenciación de las esferas culturales de valor autónomas rompe con la unidad de las imágenes metafísico-religiosas del mundo que tienen la función de proporcionar sentido. La comprensión decentrada del mundo hace que las sociedades modernas pierdan la capacidad integradora, de tal manera que se llega a un estadio en el que la razón se disocia en una pluralidad de esferas de valor destruyendo su propia universalidad, a un estadio en el que, como señaló Weber, predominan los especialistas sin espíritu y los gozadores sin corazón reflejando de esta manera la experiencia del nihilismo. «A medida que el modo metódico-racional de vida pierde sus raíces morales, las orientaciones de acción racionales con arreglo a fines se autonomizan [...] El modo de vida del especialista está dominado por actitudes cognitivo- instrumentales frente a sí mismo y frente a los demás. El deber ético frente a la propia profesión queda sustituido por actitudes instrumentales frente a una ocupación que ofrece oportunidades de ingresos y de carrera, pero que ya no ofrece oportunidad alguna de asegurarse de la propia salvación personal o de autorrealizarse en forma secularizada [...] Por el contrario, el estilo de vida de gozador está determinado por actitudes expresivas. Weber considera este tipo desde el punto de vista de la compensación de las frustraciones que impone la vida racional. La expresión artística y creadora de una subjetividad excitable, la entrega a experiencias estéticas, la potenciación de la capacidad de vivir experiencias sexuales y eróticas, se convierten en centro de una forma de vida que promete una redención intramundana: la liberación respecto a la vida cotidiana y sobre todo respecto a la creciente presión que ejerce el racionalismo teórico y práctico». Para más adelante remachar Habermas en la interpretación que hace de la tesis weberiana, que «ni el estilo de vida unilateralizado en términos instrumentalistas, ni el estilo de vida unilateralizado en términos expresivos, ni tampoco una alternancia de ambos, son capaces de suministrar la fuerza interior necesaria para sustituir la unidad intersubjetiva de un mundo de la vida basado en la tradición por la unidad de un comportamiento privado originado en la propia subjetividad, moralmente orientado, e inspirado por la propia conciencia»51 .

Además de los estilos unilateralizados de vida, Weber considera también como fenómeno colateral la desecación burocrática de la opinión pública-política:«A estos problemas de orientación corresponden en la esfera de la opinión pública- política problemas de legitimación, puesto que toda dominación burocrático-legal tiene como consecuencia una pérdida de legitimación [...] Weber observa la total eliminación de todo elemento ético en el razonamiento político. La legitimación del poder que el Estado moderno monopoliza consiste en la legalidad de las decisiones, en la observancia de procedimientos jurídicos, con lo cual la legalidad acaba a la postre basándose en el poder de aquellos que pueden definir qué es lo que ha de considerarse un procedimiento legal [...] Un orden político que ya no es capaz de darse una justificación normativa, una lucha por el poder político que ya sólo se lleva a cabo en nombre de creencias últimas subjetivas, tiene a la postre que permanecer desprovista de legitimación»52 .

Por lo que se refiere a la tesis de la pérdida de libertad, a Weber le inquieta el hecho de que los subsistemas de acción racional con arreglo a fines se desvinculen de sus fundamentos racionales con arreglos a valores y se independicen siguiendo su propia lógica. La racionalidad práctica, que como sabemos, conecta la acción racional con arreglo a fines y la acción racional con arreglo a valores, «sólo puede encontrar ya su lugar sino en el carisma de los nuevos dirigentes, en la personalidad del individuo solitario; al propio tiempo, esta autonomía interior, una autonomía que es menester afirmar heroicamente, está amenazada porque dentro de la sociedad moderna ya no se encuentra ningún orden legítimo capaz de garantizar la reproducción cultural de las correspondientes orientaciones valorativas y de las correspondientes disposiciones a la acción»53 .

En resumen, la sociedad moderna racionalizada es vista por Weber como ámbito reductor de libertad, como «estuche de acero» que somete y determina a los individuos.

[7] La recepción habermasiana de Weber

Hasta este punto de la exposición hemos visto cómo se lleva a cabo en Occidente un proceso de racionalización que, en una de sus vertientes se presenta como racionalización cultural, y en otra como racionalización social y de la personalidad.

En el decurso social y con el avance del proceso de «lingüistización de lo sacro» se fragmentan las imágenes del mundo, se produce un descentramiento de las cosmovisiones y aparecen diferentes esferas culturales de valor: ciencia y tecnología, derecho y moral, arte y literatura. Esto mismo conduce a una liberación del potencial de racionalidad de la acción comunicativa y por consiguiente a la tematización y creciente actividad reflexiva de los agentes sobre aspectos del mundo de la vida, que hasta entonces se mostraban opacos; y lleva también a concebir una organización de la sociedad basada en el libre acuerdo de sus miembros. Es decir, se pasa de un entendimiento normativamente prescrito bajo la autoridad de lo sagrado a uno discursivo y fundado en torno a valores, normas, definiciones comunes de la situación, etc. Este acuerdo, lleva implícitas pretensiones de validez sobre la verdad de los enunciados, la rectitud de las normas y la autenticidad del hablante, es decir, pretensiones sobre algo en el mundo objetivo, algo en el mundo social y algo en el mundo subjetivo.

Por otro lado, la vertiente social de la racionalización viene caracterizada por el despliegue de una lógica teleológica/ instrumental-estratégica en los subsistemas que con la evolución social van emergiendo y diferenciándose: la economía capitalista, el estado moderno y el derecho al servicio de los dos.

Como ya sabemos, la acción comunicativa es un mecanismo demasiado frágil para soportar la carga de integración de la sociedad, de ahí la existencia de ámbitos sistémicamente organizados. Y por tanto, mientras en los ámbitos estructurados comunicativamente opera el lenguaje; en los ámbitos de acción sistémicamente integrados, operan mecanismos deslingüistizados como el dinero y el poder.

El siguiente paso ha sido analizar con Weber las consecuencias de los procesos de racionalización, que le llevan a la formulación de las conocidas tesis sobre la pérdida de sentido y de libertad en la sociedad moderna.

Se trata por consiguiente en estos momentos de admitir que si bien la teoría weberiana de la racionalización es el enfoque más idóneo en la explicación de las patologías sociales que aparecen con la modernización capitalista, también presenta reducciones e inconsistencias que Habermas se propone subsanar.

7.1 La deficiente interpretación weberiana de la racionalización

Básicamente son dos las deficiencias que a juicio de Habermas presenta el modelo weberiano de racionalización: de un lado el concepto selectivo e insuficiente de racionalidad, y de otro, el de sociedad.

El primero lo analiza Habermas a través de la evolución del derecho: distingue entre ámbitos estructurados comunicativamente y ámbitos sistémicamente integrados.En los primeros opera un mecanismo lingüístico de entendimiento, que en los segundos, queda parcialmente limitado y descargado por medios de control como el dinero y el poder. No obstante, es preciso que estos medios de control queden anclados en el mundo de la vida por medio del derecho formal. Los límites entre sistema y mundo de la vida, que vienen dibujados de un lado por los subsistemas economía y burocracia estatal, y de otro por los espacios de la opinión pública (los sujetos en tanto que personas privadas y en tanto que ciudadanos) y de la vida privada (familia, amigos, etc), servirán respectivamente, para ver el tipo de juridización de las relaciones sociales y comprobar qué cambios se han operado en el modelo de racionalidad del derecho, en tanto que discurso y práctica normativa.

A este respecto, señala Habermas que «en las sociedades premodernas el trabajo social y la dominación política se basan todavía en instituciones de primer orden, que el derecho se limita a sancionar y garantizar; en las sociedades modernas son sustituidas por un orden de propiedad privada y un orden de dominación legal que aparecen directamente en forma de derecho positivo. El derecho coactivo moderno queda desconectado de motivos éticos; funciona como medio de delimitación [...] de espacios en que quienes ocupan cargos (quienes ocupan posiciones de poder organizadas) pueden ejercer su autoridad legal. En estos ámbitos de acción las normas jurídicas sustituyen al substrato prejurídico de la eticidad sustentada por la tradición [...]. El derecho ya no se refiere a estructuras de comunicación que ya estén ahí, sino que genera formas de comercio y trato, y cadenas de mando, gobernadas por medios de control, en la que los plexos de acción orientada al entendimiento enraizados en la tradición quedan desplazados y convertidos en entornos del sistema»54 .

A juicio de Habermas, en el derecho coactivo moderno quedan especialmente diferenciados los ámbitos de legalidad y legitimidad, los principios de positivización y fundamentación; de tal manera que la racionalidad práctico-moral queda desvinculada de la cognitivo-instrumental. Weber no supo ver que la justificación del derecho, que su base legítima se encuentra en la argumentación libre, simétrica y basada en razones. Ya que esto le hubiera llevado a la distinción entre acción social orientada al éxito, y acción comunicativa orientada al entendimiento; y a su vez, a la distinción entre racionalidad orientada al éxito y racionalidad comunicativa55 . Es este uno de los motivos por los que Weber no supo dar cuenta correctamente del proceso de racionalización de occidente56 .

Por otra parte, también surge una deficiente interpretación de la racionalización, cuando Weber no observa un concepto de sociedad que integra las dimensiones sistema y mundo de la vida. Como ya en parte sabemos, la racionalización del mundo de la vida hace posible la autonomía y diferenciación de subsistemas, para luego alzarse éstos contra al mundo de la vida.

Tener presente las inconsistencias que los modelos de racionalidad y sociedad weberianos presentan, le permitirá a Habermas reformular la tesis de la burocratización que conduce a la pérdida de libertad y de sentido.

[8] La colonización del mundo de la vida

En el análisis que Weber hace de la transición a la modernidad, hemos visto que la racionalización de la sociedad no comporta una perspectiva utópica, sino más bien, una situación en la que el individuo se encuentra atenazado por un sistema cerrado de racionalidad instrumental y administrativa. Esto sugiere que aquél viejo adagio socialista que afirmaba que era más fácil salvar al hombre que alimentarlo, puede con Ernst Bloch reformularse del siguiente modo: es más fácil salvar al hombre que alimentarlo, pues cuando los problemas de reproducción material estén resueltos, el dolor innecesario, el sinsentido y la muerte continuarán.

«La paradoja de la modernidad radica en el hecho de que la realización de las demandas de la razón (autonomía y libertad) se han convertido en históricamente posibles -debido a la racionalización de las cosmovisiones, como se ve en la frase: acuerdo normativamente (prescriptivamente) determinado versus comprensión comunicativamente lograda, además del desarrollo tecnológico logrado en las sociedades industriales modernas-; y por otra parte, la amenaza de la barbarie ha crecido proporcionalmente en la forma de colonización sistémico-funcional de los umbrales culturales»57 .

Habermas por su parte reformula esta paradoja señalando que el proceso de racionalización se muestra contradictorio desde un principio, ya que frente a la racionalidad comunicativa del mundo de la vida se levantan subsistemas de acción racional con arreglo a fines, en los que las acciones son coordinadas por los medios de control dinero y poder. Ahora bien, el enfrentamiento no es como pudiera creerse entre acciones orientadas al éxito y acciones orientadas al entendimiento, sino entre principios de socialización. La paradoja weberiana de la racionalización, dice Habermas,«podemos formularla, entonces, en términos abstractos de la siguiente forma: la racionalización del mundo de la vida hace posible un tipo de integración sistémica que entra en competencia con el principio de integración que es el entendimiento y que, bajo determinadas condiciones, puede incluso reobrar, con efectos desintegradores, sobre el mundo de la vida»58 .

8.1 Reformulación de la tesis de la pérdida de libertad

La pérdida de libertad, vista por Weber como consecuencia de la burocratización y del tránsito de una racionalidad fundada en valores a una orientada a la consecución de objetivos; es por el contrario considerada por Habermas, como efecto de un desacoplamiento de sistema y mundo de la vida. Por ello, la paradoja de la racionalización tiene que ser estudiada a la luz de la competencia entre principios de socialización.«La racionalización del mundo de la vida hace posible que la integración de la sociedad se polarice hacia medios de control independientes del lenguaje, permitiendo con ello un desgajamiento de ámbitos de acción formalmente organizados, los cuales reobran ahora por su parte, como realidad objetivizada, sobre los contextos de acción comunicativa, y oponen al mundo de la vida marginalizado sus propios imperativos»59 .

La pérdida de libertad vendría por consiguiente de una mediatización del mundo de la vida por el sistema. Esta mediatización se transforma en colonización, dando lugar a patologías sociales, sólo cuando los mecanismos sistémicos expulsan a los mecanismos de integración social de ámbitos en los que éstos no pueden ser sustituidos.

Pero para comprender adecuadamente lo anterior es preciso que tengamos en cuenta el cuadro de relaciones que en la sociedad moderna se establece entre sistema y mundo de la vida.

FIGURA 7
RELACIONES ENTRE SISTEMA Y MUNDO DE LA VIDA DESDE LA PERSPECTIVA DEL SISTEMA

ORDENES INSTITUCIONALES DEL MUNDO DE LA VIDA RELACIONES DE INTERCAMBIO SUBSISTEMAS REGIDOS POR MEDIOS
ESFERA DE LA VIDA PRIVADA 1) TRABAJADOR

P'
------->
FUERZA DE TRABAJO

D
<--------
RENTAS DEL TRABAJO

2) CONSUMIDOR

D
<--------
BIENES Y SERVICIOS

D'
------>
DEMANDA

SISTEMA ECONOMICO
ESFERA DE LA OPINION PUBLICA1ª ) CLIENTE

D'
-------->
IMPUESTOS

P
<--------
RENDIMIENTOS ORGANIZATIVOS

2ª ) CIUDADANO

P
<--------
DECISIONES POLITICAS

P'
-------->
LEALTAD DE LA POBLACION

SISTEMA ADMINISTRATIVO

D= Medio «dinero»
P= Medio «poder»

Se distinguen dos subsistemas: la economía capitalista y la administración pública, que operan a través de los medios de control dinero y poder, y se diferencian del orden institucional del mundo de la vida.

En la sociedad burguesa los ámbitos de acción socialmente integrados se pueden diferenciar a su vez en esfera de la vida privada y esfera de la opinión pública60 , que son complementarias y relevantes para la obtención de legitimidad.

Las relaciones entre órdenes del mundo de la vida y subsistemas presentan las siguientes características:

1) El sistema económico intercambia salario por trabajo y bienes y servicios por demandas de los consumidores; y en este sentido, desde la perspectiva del mundo de la vida cristalizan los roles de trabajador y consumidor.

2) La administración pública intercambia realizaciones organizativas por impuestos y decisiones políticas a cambio de la lealtad de las masas; cristalizando así, los roles de cliente de las burocracias públicas y el de ciudadano.

3) En el desempeño del rol de cliente de las burocracias y de trabajador, los actores se desligan de los contextos de acción estructurados comunicativamente para adaptarse a ámbitos organizados formalmente. Así, ofrecen fuerza de trabajo e impuestos y reciben a cambio salarios y prestaciones organizativas. De este modo se lleva a cabo la monetarización de la fuerza de trabajo y la burocratización de las prestaciones estatales. La monetarización de la conducta significa que el sistema ataca al mundo de la vida, al adoptar el intercambio entre las personas una forma mercantilizada de compra-venta en lugar del natural intercambio simbólico. Por otro lado, el proceso de burocratización de las conductas surge como consecuencia del ataque que sufre el mundo de la vida, no ya a través del medio dinero, sino del medio poder; de este modo, el orden, el control, la disciplina y la vigilancia constituyen actitudes y objetivos que penetran en los comportamientos de la gente, aunque sea, como dice Beriain, bajo la forma encubierta de la sociedad espectáculo de masas:«La sociedad espectáculo de masas no es más que el preludio de la sociedad de la vigilancia; es la máscara con la que ésta se presenta en las sociedades complejas, cuyo principio de integración fundamental es el despliegue del orden del simulacro: publicitario, político, administrativo, etc. A través de eso que se ha llamado producción administrativa de sentido, y que no es más que la habilitación de programas, planes, proyectos que velan únicamente por el mero functional fit entre cultura y sistema, se produce un efecto no pretendido cual es la colonización- desterritorialización de un mundo cultural compartido, de un kosmos koinos, de una forma de vida, condenada ahora a ser un mero objeto de intervención para reducir complejidad social»61.

4) En lo que se refiere a los roles de consumidor y ciudadano, estos van referidos a ámbitos organizados formalmente, pero no asociados a ninguna organización. Las orientaciones de valor, actitudes, etc que guían a los actores en tanto que consumidores y ciudadanos no pueden ser «compradas» por las organizaciones públicas o privadas; de ahí que las ficciones de la autonomía del comprador y de la autonomía del elector conecten principalmente con los ideales burgueses. «En estas dos categorías de intercambio se capta la relación inevitable de los subsistemas económico y político al mundo de la vida, y más concretamente, a las relaciones de interacción comunicativa. Esta referencia es menos clara, y por ello más fácilmente oscurecida, en las dimensiones de la fuerza de trabajo y los impuestos»62.

En otras palabras, sólo los ámbitos organizados formalmente pueden quedar regulados por medios de control. Ya que cuando estos invaden ámbitos de acción comunicativa sustituyendo el entendimiento como mecanismo coordinador de las acciones por medios delingüistizados; la reproducción cultural, la integración social y la socialización quedan alteradas. En esta circunstancia hablamos no ya de mediatización sino de colonización del mundo de la vida.

8.2 Reformulación de la tesis de la pérdida de sentido

Si recordamos, la tesis de la pérdida de sentido la formulaba Weber en los siguientes términos: la secularización de las imágenes religioso-metafísicas del mundo y el paralelo proceso de diferenciación de esferas culturales de valor rompen con su función globalizadora de proporcionar sentido, haciendo que las sociedades modernas pierdan su capacidad integradora.

Esta pérdida de sentido se manifiesta por la aparición de estilos unilateralizados de vida («especialista sin espíritu» y «gozador sin corazón») y por la desecación burocrática de la opinión pública-política. Estos fenómenos según Habermas son causados por la monetarización y la burocratización de la práctica de la vida cotidiana, lo mismo en los ámbitos privados que en los públicos:«A medida que el sistema económico somete a sus imperativos la forma de vida doméstica y el modo de vida de consumidores y empleados, el consumismo y el individualismo posesivo y las motivaciones relacionadas con el rendimiento y la competitividad adquieren una fuerza configuradora. La práctica comunicativa cotidiana experimenta un proceso de racionalización unilateral que tiene como consecuencia un estilo de vida marcado por un utilitarismo centrado en torno a la especialización; y este cambio a orientaciones de acción racionales con arreglo a fines, que los medios de control sistémico inducen, provoca como reacción un hedonismo que descarga de esa presión que la racionalidad ejerce. Lo mismo que la esfera de la vida privada queda socavada por el sistema económico, la esfera de la opinión pública se ve socavada por el sistema administrativo. La burocratización se apodera de los procesos espontáneos de formación de la opinión y de la voluntad colectivas y los vacía de contenido [...] A medida que se imponen estas tendencias, surge esa imagen que Weber estiliza de una dominación legal que redefine las cuestiones prácticas trocándolas en cuestiones técnicas y que rechaza las exigencias de justicia material invocando en términos positivistas una legitimación basada en el respeto a los procedimientos»63 .

Ahora bien, esta unilateralización del estilo de vida del especialista hacia orientaciones de acción cognitivo-instrumentales, y del esteta hacia orientaciones estético- expresivas; no debe confundirse con otro fenómeno complementario, pero diferente, que es el del empobrecimiento cultural. Como ya sabemos, con la evolución social aparecen diferenciadas las esferas relativas a la ciencia, al derecho y al arte, y los problemas legados por la tradición pueden ya ser tratados desde ese momento como cuestiones de conocimiento, o de justicia, o de gusto. El surgimiento de las tres esferas señaladas bajo los complejos de racionalidad cognitivo-instrumental, práctico-moral y estético- expresivo, hacen que las investigaciones se institucionalicen y que den lugar a culturas de expertos alejadas cada vez más del gran público. Esto junto al hecho de que los nutrientes culturales aportados por la tradición estén cada vez más desnaturalizados, hace que surja un empobrecimiento cultural.

Así, las tradiciones culturales que son la despensa de los procesos de entendimiento de un mundo de la vida estructurado comunicativamente, son puestas en peligro de extinción en dos momentos. Primero, por una cosificación sistémicamente inducida, pues al quedar el mundo de la vida asimilado a ámbitos estructurados formal y jurídicamente, se le corta el aflujo de tradiciones culturales que sirven para la reproducción simbólica del mismo. Y el segundo momento en la extinción de tradiciones viene dado por una positivización socialmente desintegradora consistente en un empobrecimiento cultural donde los mismos especialistas se encuentran en ruptura con ciertas tradiciones y formas de vida que, aun perdiendo aparentemente credibilidad continúan teniendo una carga de significatividad social imprescindible.

Por consiguiente y ya para acabar, habría que señalar con respecto a las reformulaciones de Habermas a las tesis de Weber; que a esta luz, las crisis y patologías de la sociedad moderna muestran una caracterización diferente. La etiología de las patologías de la sociedad moderna no se va a encontrar ni en la debilidad integradora de las imágenes de un mundo secularizado, ni en el elevado nivel de complejidad de una sociedad que desborda la capacidad de integración de los individuos: «Ni la secularización de las imágenes del mundo ni la diferenciación estructural de la sociedad tiene per se efectos laterales patológicos inevitables. Lo que conduce al empobrecimiento cultural de la práctica comunicativa cotidiana no es la diferenciación y desarrollo de las distintas esferas culturales de valor conforme a su propio sentido específico, sino la ruptura elitista de la cultura de los expertos con los contextos de la acción comunicativa. Lo que conduce a una racionalización unilateral o a una cosificación de la práctica comunicativa cotidiana no es la diferenciación de los subsistemas regidos por medios y de sus formas de organización respecto al mundo de la vida, sino sólo la penetración de las formas de racionalidad económica y administrativa en ámbitos de acción que, por ser ámbitos de acción especializados en la tradición cultural, en la integración social y en la educación y necesitar incondicionalmente del entendimiento como mecanismo de coordinación de las acciones, se resisten a quedar asentados sobre los medios dinero y poder»64.

9. Tendencias a la crisis en el capitalismo tardío

9.1 La teoría marxista del valor: Fortaleza y debilidades

Habermas cree que los problemas planteados por Weber en su perspectiva del proceso de racionalización de Occidente, podrían ser considerados más acertadamente en el marco de la tradición marxista, pues la legalidad de la lucha de clases arrojaría más luz sobre los fenómenos de monetarización y burocratización originados al crecer hipertróficamente los subsistemas económico y administrativo, y que acaban invadiendo los ámbitos del mundo de la vida estructurados comunicativamente. Más esta ilusión se desvanece pronto, si se conviene en que la cosificación del mundo de la vida, inducida sistémicamente a través de los medios dinero y poder, caracteriza a la sociedad moderna en su conjunto y no genera efectos específicos de clase.

Pero para llegar a esta conclusión, antes ha debido Habermas que pensar con Marx contra Marx, analizando la contribución a una teoría de la cosificación, de la teoría del valor traducida a categorías de sistema y mundo de la vida.

En la estrategia conceptual marxista, la mercancía fuerza de trabajo presenta un carácter dual: como acción pertenece al mundo de la vida del trabajador; y como rendimiento, al plexo funcional de la empresa y de la economía capitalista. «La fuerza de trabajo se consume, por un lado, en acciones concretas y en plexos de cooperación, y por otro, como rendimiento abstracto para un proceso de trabajo formalmente organizado con vistas a la realización del capital. En este sentido, la fuerza de trabajo que los productores alienan constituye una categoría en que los imperativos de la integración sistémica se encuentran con los de la integración social»65. Vistas así las cosas, el trabajo asalariado se presenta como integración de las categorías acción y función, como encuentro entre integración social e integración sistémica.

En las relaciones monetarizadas que se establecen entre el sistema económico y la esfera privada, se intercambia fuerza de trabajo por salario y bienes y servicios por demandas de consumo. En el primer intercambio es donde se da una abstracción del trabajo, al apropiarse el empresario, como si de una mercancía se tratara, de la fuerza de trabajo del contexto del mundo de la vida del trabajador. «Marx explica este concepto de abstracción real por la objetivización de ámbitos de acción integrados socialmente que se produce cuando las interacciones ya no son coordinadas a través de normas y valores o a través de procesos de entendimiento, sino a través del medio valor de cambio. En tal caso, lo que interesa primariamente a los implicados son las consecuencias de su acción. Y al orientarse de forma "racional con arreglo a fines" por "valores", como si éstos fueran una suerte de objetos naturales, adoptan frente a los demás y frente a sí mismos una actitud objetivante, transforman en relaciones instrumentales lo mismo las relaciones sociales que las relaciones intrapsíquicas. En este sentido la transformación de la fuerza de trabajo concreta en fuerza de trabajo abstracta representa un proceso de cosificación tanto de las relaciones comunitarias como de la propia vida personal»66 . Las interacciones ya no son coordinadas a través de normas, valores, etc sino a través de valores de cambio.

El acierto de este planteamiento viene por el hecho de contemplar categorías sistémicas y categorías del mundo de la vida. «La teoría del valor, dice Habermas, nos suministra reglas que nos permiten traducir enunciados sistémicos (sobre relaciones anónimas de valor) en enunciados históricos (sobre relaciones de interacción entre clases sociales). De esta forma los problemas de integración sistémica, esto es, el patrón conforme al que discurre una acumulación de capital marcada por la crisis puede ser proyectado sobre el plano de la integración social y puesto en conexión con la dinámica de los enfrentamientos de clases»67 .

Pero a la evidente potencia de este planteamiento, Habermas enfrenta sus debilidades:

La primera debilidad es que Marx concibe la sociedad como un todo mistificado, que le impide observar la diferenciación de los subsistemas económico y administrativo y por ende, un mayor grado de control sistémico sobre el mundo de la vida. Va a ser la teoría revolucionaria marxista la que se resienta de este planteamiento, pues como acertadamente diagnosticó Weber, el desmontaje del capitalismo privado no iba a significar en modo alguno la ruptura de la «jaula de hierro» del moderno trabajo fabril.

Una segunda falla viene dada por el hecho de que Marx carece de criterios para distinguir entre la destrucción de las formas de vida tradicionales y la cosificación de los mundos de la vida postradicionales. Marx utiliza el concepto de alienación para la «crítica de las formas de vida que surgieron en el curso de la modernidad capitalista con la proletarización de los artesanos, de los campesinos y de los obreros agrícolas. Pero en este desarraigo represivo de que fueron objeto las formas tradicionales de vida no puede distinguir entre el aspecto de cosificación y el aspecto de diferenciación estructural del mundo de la vida -para ello el concepto de alienación no resulta suficientemente discriminante. La teoría del valor no ofrece ninguna base para un concepto de cosificación que permita identificar síndromes de alienación relativamente al grado de racionalización que el mundo de la vida alcanza en cada caso. En la etapa de las formas de vida postradicionales, el dolor que también la separación de cultura, sociedad y personalidad supone para aquellos que crecen en las sociedades modernas y desarrollan en ellas su identidad tiene que reputarse como proceso de individuación y no como alienación. En un mundo de la vida ampliamente racionalizado, la cosificación sólo puede ya medirse utilizando como criterio las condiciones de la socialización comunicativa en general, y no una evocación nostálgica, y muchas veces románticamente idealizada del pasado que representan las formas de vida premodernas»68 .

Por último, la más grave debilidad de la teoría del valor radica a juicio de Habermas en la sobregeneralización de un caso especial de subsunción del mundo de la vida bajo los imperativos sistémicos. «Aun cuando la dinámica de los enfrentamientos de clases se haga derivar de la 'contradicción fundamental' entre trabajo asalariado y capital, los procesos de cosificación no tienen por qué presentarse necesariamente sólo en la esfera en que se originan -en el mundo del trabajo. La economía regida monetariamente necesita ser funcionalmente complementada, como hemos mostrado, por un sistema de acción administrativa que se diferencia a través del medio poder. De ahí que los ámbitos de acción formalmente organizados puedan deglutir los plexos comunicativos del mundo de la vida a través de ambos medios, a través del dinero y a través del poder. Los procesos de cosificación pueden manifestarse, lo mismo en los ámbitos públicos que en los ámbitos privados de la existencia, y en este último caso conectar, así con el papel de consumidor como con el papel de trabajador. En cambio, la teoría del valor sólo cuenta con un canal a través del cual la monetarización de la fuerza de trabajo desposee a los productores de sus actos de trabajo abstraídos como rendimiento»69 .

Vemos por consiguiente, que si bien la teoría marxista del valor refleja acertadamente un concepto de sociedad articulado en dos niveles, como sistema y como mundo de la vida; por otra, se resiente del primado de la economía. Y es que como ya sabemos por Habermas, en el modelo de relaciones de intercambio entre sistema y esferas pública y privada de la existencia, debemos contar con dos medios de control y cuatro canales; y no con uno sólo como sugiere la perspectiva marxista. Este reduccionismo va a ser el que le impida a la interpretación marxista ortodoxa atribuir efectos cosificadores a la burocratización del mundo de la vida, y dar cuenta plausible, en especial de tres elementos característicos de las sociedades capitalistas desarrolladas: el intervencionismo estatal, la democracia de masas y el Estado benefactor.

En el marco de un modelo bidimensional que contemple los subsistemas económico y administrativo, los fenómenos citados encuentran una explicación más plausible que en el monismo economicista. Ya que si bien es cierto que las crisis sistémicas tienen su origen en el subsistema económico y en un modelo de desarrollo propenso a los desequilibrios, se manifestarían con toda su crudeza si no fueran amortiguadas en el subsistema burocrático- administrativo. El estado modula y reabsorbe administrativamente unas crisis de raíz económica, a través de su intervención sustitutoria en las brechas funcionales del mercado: «Se pueden distinguir tres dimensiones centrales de esta intervención: el aseguramiento militar y jurídico-institucional de las condiciones de existencia de la forma de producción, el influjo sobre la coyuntura económica, y una política de infraestructura tendente a mantener las condiciones de realización del capital. En las tres dimensiones las intervenciones del Estado mantienen la forma indirecta de una manipulación de las condiciones de contorno de las decisiones de las empresas privadas y la forma reactiva de estrategias de evitación o compensación de efectos laterales»70 .

Veíamos en capítulos anteriores la necesidad de que los medios dinero y poder tuvieran un anclaje en el mundo de la vida El medio dinero queda anclado a través de las instituciones del derecho privado burgués; y el poder, a través de la institucionalización del juego democrático, quedando de este modo legitimadas las formas de dominación política71 .

A pesar de lo anterior,«entre capitalismo y democracia se establece una indisoluble relación de tensión, pues con el capitalismo y la democracia compiten por la primacía dos principios opuestos de integración social. De atenernos a la autocomprensión que se expresa en los principios de las constituciones democráticas, las sociedades modernas sostienen el primado del mundo de la vida frente a los subsistemas desgajados de los órdenes institucionales de ese mundo. Desde la perspectiva de una teoría de la sociedad el sentido normativo de la democracia puede reducirse a la fórmula de que la satisfacción de las necesidades funcionales de la economía y de la administración, esto es, de los ámbitos de acción integrados sistémicamente, tienen que encontrar su límite en la integridad del mundo de la vida, es decir, en la exigencia de los ámbitos de acción que dependen de la integración social»72 . Esta oposición de principios de integración la expresa Offe del modo siguiente: «Lo que distingue a las sociedades capitalistas de todas las demás no es el problema de su reproducción, es decir, el problema de compatibilizar integración social e integración sistémica, sino el hecho de abordar este problema fundamental de todas las sociedades de un modo que las compromete simultáneamente con dos vías de solución que lógicamente se excluyen entre sí: con la diferenciación y privatización de la producción y con su socialización y politización»73 . Esta paradoja, señala Habermas,«encuentra también su expresión en que los partidos, cuando consiguen el poder, tienen que asegurarse para poder mantenerlo la confianza de los inversores privados y a la vez la confianza de las masas»74 .

La tensión entre capitalismo y democracia sin embargo, es reducida en el terreno de la opinión pública-política con los procesos de formación de la voluntad política que aseguran la lealtad de las masas. Más concretamente, el asentimiento de la población se consigue por vía positiva capitalizando expectativas de cumplimiento de programas del estado benefactor; y por vía selectiva, alejando de la tematización y discusión pública determinados asuntos75 .

Por último, el Estado social puede encontrar explicación en el modelo que va desarrollando Habermas. Como el mismo señala, «si se parte de un modelo de intercambio entre los ámbitos de acción organizados formalmente que son la economía y la política, por una parte, y los ámbitos de acción estructurados comunicativamente que son la esfera de la vida privada y la esfera de la opinión pública, hay que contar con que los problemas que surgen en el mundo del trabajo se desplacen de la esfera de la vida privada a la de la vida pública y con que allí, bajo las condiciones de la formación de la voluntad colectiva a través de la pugna de los partidos, se transformen en hipotecas de legitimación. Las secuelas sociales, lo que primariamente quiere decir privadas, del conflicto de clases no pueden mantenerse alejadas de la esfera de la opinión pública. De ahí que el Estado Social se convierta en el contenido político de la democracia de masas»76 .

Dadas las hipotecas de legitimación del aparato político, éste no puede emanciparse de las orientaciones con respecto a valores de uso de los ciudadanos, de ahí que intervenga por ejemplo, en la legislación laboral y social para la regulación y compensación de los que ocupan las posiciones estructurales más débiles (trabajadores, consumidores ...); en la planificación de la educación y la cultura, las ciudades y entornos paisajísticos, energía e infraestructuras, etc.

Es decir, que por un lado, el Estado a través de la política social pacifica el conflicto de clases trazando un border line más amplio, allende el cual se sitúan ya colectivos marginales; y por otro, participa directamente en la corrección de desajustes provocados por la economía capitalista. Por tanto, el Estado se encuentra atravesado por una contradicción insoluble al tener por un lado, que mantener una intervención que asegure la acumulación de capital; y por otro, compensar a las víctimas del sistema (parados, trabajadores, jubilados, enfermos, subsidiados ...) sin poder manipular las verdaderas causas que lo producen.

9.2 El modelo de relaciones de intercambio entre sistema y mundo de la vida

En páginas anteriores aparecen sueltos ya los elementos integrantes del modelo explicativo de las estructuras de compromiso del capitalismo tardío y las fallas que esas estructuras comportan. Se trata en las líneas que siguen, de sistematizar esas ideas e integrarlas en un modelo que dé cumplida explicación de las notas características de las sociedades capitalistas desarrolladas.

Aunque a Habermas le interesa resaltar un tipo específico de efectos cosificadores que no derivan de la estructura de clases y que inciden directamente en ámbitos de acción estructurados comunicativamente, antes hace un repaso de las transformaciones operadas como consecuencia del compromiso que el Estado social representa. El modelo que se deriva de la existencia de dos subsistemas (Economía y Estado), el mundo de la vida ( con las esferas pública y privada), y cuatro canales (roles de trabajador y consumidor, de cliente de las burocracias y ciudadano); muestra su superioridad explicativa en relación al monismo de la ortodoxia marxista, al permitir la distinción entre disolución de mundos de la vida tradicionales y destrucción de mundos de la vida postradicionales, y también por su potencial discriminante entre problemas de reproducción material y problemas de reproducción simbólica del mundo de la vida.

Con el avance e implantación del Estado social, los perfiles más irritantes del mundo del trabajo se suavizan. El aumento en la calidad del trabajo (salarios, condiciones, subsidios, etc) protege en mayor medida de los ataques del sistema y hace que los problemas redistributivos de la riqueza social generada pierdan su explosividad. «Este nuevo equilibrio entre el rol normalizado de trabajador y el revaluado rol de consumidor es, como hemos mostrado, el resultado de una ordenación característica del Estado social, que se produce bajo las condiciones legitimatorias que impone la democracia de masas. Por eso la teoría marxista ortodoxa del Estado se equivoca al pasar por alto las relaciones de intercambio que se dan entre el sistema político y el mundo de la vida, pues la pacificación del mundo del trabajo sólo es el correlato del equilibrio que se establece, por la otra parte, entre el papel de ciudadano, generalizado a la vez que neutralizado, y el inflado rol de cliente. La implantación de los derechos políticos fundamentales en el marco de la democracia de masas significa, por un lado, la generalización del rol de ciudadano, pero, por otro, significa también la segmentación de ese rol respecto a los procesos efectivos de decisión, significa que la participación política queda vacía de contenidos participatorios. Legitimidad y lealtad de la población se funden en una amalgama que los afectados ya no pueden analizar, que no pueden descomponer en sus ingredientes críticos»77 . Es decir, el trabajo alienado es compensado por la vía del consumidor, alcanzándose un equilibrio entre ambos; y al neutralizado papel de ciudadano se le opone el de cliente de las burocracias. Esto permite al ciudadano disfrutar de las ventajas del Estado social a cambio de una transferencia de legitimación al sistema político.

Los canales cliente y consumidor van a tener en el modelo habermasiano gran importancia porque es ahí donde se van a concentrar una parte importante de los conflictos en las sociedades del capitalismo tardío. Esta circunstancia no puede menos que irritar a los marxistas78 , amén de no encontrar una explicación satisfactoria de los mismos. Estos conflictos que prima facie no presentan una raíz de clase, pero que sin embargo son producto de una estructura de clases, sólo pueden ser esclarecidos a la luz de una crítica de la razón funcionalista.

El modelo habermasiano sugiere la siguiente explicación:«La democracia de masas, con el Estado social como contenido político, es una ordenación que contrarresta el antagonismo de clases que sigue inscrito en el sistema económico, bajo una condición, a saber: que no decaiga la dinámica del crecimiento capitalista salvaguardada por el intervencionismo del Estado, pues sólo entonces se dispone de una masa de compensaciones que puede distribuirse en el marco de discusiones ritualizadas, conforme a criterios tácitamente consentidos, y canalizarse hacia los roles de consumidor y cliente, impidiendo así que las estructuras del trabajo alienado y de la codecisión alienada desarrollen una fuerza explosiva. Ahora bien: el apuntalamiento político de la dinámica interna del sistema económico tiene como consecuencia un incremento más o menos continuo de la complejidad del sistema, lo que trae consigo tanto una expansión como una densificación interna de los ámbitos de acción formalmente organizados. Tal incremento se produce primariamente dentro de los propios subsistemas Economía y administración pública y en las relaciones que estos subsistemas mantienen entre sí; este crecimiento interno explica los procesos de concentración en los mercados de bienes, capitales y trabajo, la centralización de empresas e institutos, y también una buena parte del creciente número de funciones que le nacen al Estado y la expansión de la actividad estatal (lo cual se pone de manifiesto en la consiguiente tendencia al crecimiento de los gastos del Estado). Pero el crecimiento de todo este complejo afecta también al intercambio de estos subsistemas con aquellas esferas del mundo de la vida que quedan redefinidas como entornos del sistema, como son, sobre todo, la economía doméstica, volcada ahora sobre el consumo de masas, por un lado, y las relaciones de clientela, aclimatadas a la organización burocrática de las prestaciones del Estado social, por otro.

Según los supuestos básicos de nuestro modelo, por estos dos canales se diligencian las compensaciones que el Estado social provee para la pacificación del mundo del trabajo y para la neutralización de la participación, jurídicamente posible, en los procesos de decisión política. Aun prescindiendo de las crisis provocadas por desequilibrios sistémicos, que se cursan al mundo de la vida tras haber sido transformadas administrativamente, el crecimiento capitalista provoca en ese mundo otros conflictos que son consecuencia de la expansión y adensamiento del complejo burocrático- monetario, sobre todo allí donde plexos del mundo de la vida socialmente integrados quedan redefinidos en su función a través de los roles de consumidor y cliente, y asimilados a ámbitos de acción de integración sistémica. Esta clase de procesos siempre formó parte de la modernización capitalista; históricamente esos procesos lograron burlar con éxito las reacciones de defensa de los afectados cuando de lo que primariamente se trataba era de asentar la reproducción material del mundo de la vida sobre ámbitos de acción formalmente organizados. Mas en ese frente que discurre entre sistemas y mundo de la vida, es claro que el mundo de la vida sólo empieza a ofrecer una resistencia más tenaz, y también con más probabilidades de éxito, cuando lo que empieza a verse afectado son las funciones de la reproducción simbólica del mundo de la vida»79 .

Hay una última cuestión que quisiera señalar pues permite comprender mejor la dinámica de los sistemas y la colonización por los mismos del mundo de la vida. Me refiero al fin de las ideologías. Habermas sugiere que en la sociedad capitalista avanzada no existen ideologías totalizantes, al estilo de las que se desarrollaron en el siglo XIX como reacción a los efectos desestructuradores de la modernización capitalista. Dice Habermas que «era precisamente este tipo de interpretaciones globales, integradoras y totalizadoras, proyectadas desde la perspectiva del mundo de la vida, el que tenía que venirse abajo con la estructura de comunicación propia de la modernidad desarrollada. Una vez que quedan eliminadas las huellas auráticas de lo sacro y volatilizado ese tipo de productos de la imaginación creadora que fueron las imágenes del mundo, la forma de entendimiento, plenamente diferenciada ya en su base de validez, se hace tan transparente, que la práctica comunicativa cotidiana no garantiza ya nicho alguno para el poder estructural de las ideologías», para señalar a continuación que «si el mundo de la vida, una vez racionalizado, pierde las posibilidades estructurales que antes ofrecía para la formación de ideologías, si los hechos que evidencian una instrumentalización del mundo de la vida apenas si pueden ya obviarse con rodeos interpretativos y tampoco se los puede expulsar del horizonte de ese mundo, cabría esperar que la competencia y pugna entre las formas de integración sistémica y las formas de integración social se manifestara sin tapujos. Y, sin embargo, las sociedades tardocapitalistas, que es a las que se ajusta la descripción de la pacificación del conflicto de clases operada por el Estado social, no confirman esta sospecha. Es claro, por tanto, que han desarrollado un equivalente funcional de la formación de ideologías. La tarea, a cumplir positivamente, de cubrir ideológicamente una determinada necesidad de interpretación se ve sustituida en estas sociedades por la exigencia negativa de evitar que las operaciones de interpretación lleguen a alcanzar el nivel de integración que caracteriza a las ideologías»80 .

La conclusión por consiguiente, es que existe una conciencia fragmentada que vela los efectos cosificadores y que culmina las condiciones para una colonización del mundo de la vida:«los imperativos de los subsistemas autonomizados, en cuanto quedan despojados de su velo ideológico, penetran desde fuera en el mundo de la vida -como señores coloniales en una sociedad tribal- e imponen la asimilación»81 .

9.3 Tendencias a la crisis en el capitalismo tardío.

Una vez que disponemos del modelo de relaciones de intercambio entre los subsistemas económico y administrativo y el mundo de la vida, que nos permite conocer la naturaleza de los intercambios y la legalidad inscrita en las esferas del mundo de la vida y en los subsistemas; podemos dar un paso más, y así vislumbrar los procesos que generan las crisis sistémicas (económicas y de racionalidad burocrático- administrativa), y las crisis inducidas sistémicamente, esto es, las producidas como consecuencia de los ataques a que es sometido el mundo de la vida.

Pero antes, es preciso delimitar un concepto de crisis basado en las ciencias sociales. Para ello, Habermas parte del concepto sistémico de crisis. Como es sabido, bajo esta perspectiva las crisis se originan cuando la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación. Este concepto de crisis toma en cuenta lógicamente, tan sólo la dimensión sistémica; y como ya sabemos por el desarrollo teórico habermasiano, un concepto válido de crisis será aquél que abarque las dos dimensiones de integración: la sistémica y la social82 .

9.3.1 Crisis y patologías

Cuando estudiábamos el concepto de sociedad y de mundo de la vida83 , Habermas explicitaba el modelo de relaciones que se establecían entre los elementos estructurales del mundo de la vida y las funciones que la reproducción cultural, la integración social y la socialización cumplían. De este modo, la reproducción cultural del mundo de la vida se encargaba de que, en su dimensión semántica, las nuevas situaciones quedaran puestas en relación con los estados del mundo ya existente, asegurando la continuidad de la tradición y una coherencia del saber que bastara en cada caso a la práctica comunicativa cotidiana. La integración social del mundo de la vida cuidaba de que las acciones quedaran coordinadas a través de relaciones interpersonales legítimamente reguladas, dando continuidad a la identidad de los grupos. Y finalmente, la socialización de los miembros de un mundo de la vida aseguraba a las generaciones siguientes la adquisición de capacidades generalizadas de acción y se cuidaba de sintonizar las vidas individuales con las formas de vida colectivas.

Sintetizando, las unciones que la acción orientada al entendimiento a través del lenguaje, cumple en la reproducción simbólica del mundo de la vida (reproducción cultural, integración social y socialización) quedan de la siguiente manera84 :

FIGURA 8
FUNCIONES DE REPRODUCCION QUE CUMPLE LA ACCION ORIENTADA AL ENTENDIMIENTO
CULTURA SOCIEDADPERSONALIDAD
REPRODUCCION CULTURALTRADICION, CRITICA, ADQUISICION DE SABER CULTURALRENOVACION DEL SABER LEGITIMATORIOREPRODUCCION DEL SABER EFICAZ EN LOS PROCESOS DE FORMACION
INTEGRACION SOCIALINMUNIZACION DE UN NUCLEO DE ORIENTACIONES VALORATIVASCOORDINACION DE LAS ACCIONES A TRAVES DEL RECONOCIMIENTO DE PRETENSIONES DE VALIDEZREPRODUCCION DE LOS PATRONES DE PERTENENCIA SOCIAL
SOCIALIZACIONENCULTURACIONINTERNALIZACION DE VALORESFORMACION DE LA IDENTIDAD INDIVIDUAL

Y las aportaciones de los procesos de reproducción al mantenimiento de los componentes estructurales del mundo de la vida, así85 :

FIGURA 9
APORTACIONES DE LOS PROCESOS DE REPRODUCCION AL MANTENIMIENTO DE LOS COMPONENTES ESTRUCTURALES DEL MUNDO DE LA VIDA
CULTURA SOCIEDADPERSONALIDAD
REPRODUCCION CULTURAL ESQUEMAS DE INTERPRETACION SUSCEPTIBLES DE CONSENSO LEGITIMACIONESPATRONES DE COMPORTAMIENTO EFICACES EN EL PROCESO DE FORMACION, METAS EDUCATIVAS
INTEGRACION SOCIALOBLIGACIONESRELACIONES INTERPERSONALES LEGITIMAMENTE REGULADASPERTENENCIAS A GRUPOS
SOCIALIZACIONINTERPRETACIONES MOTIVACIONES PARA ACTUAR DE CONFORMIDAD CON LAS NORMAS CAPACIDADES DE INTERACCION (IDENTIDAD PERSONAL)
Las interrelaciones entre los procesos de reproducción y los elementos estructurales quedaban explicitadas del siguiente modo: si la cultura suministra el suficiente saber válido como para que puedan quedar cubiertas las necesidades de entendimiento existentes, lo que la reproducción cultural aporta al mantenimiento de los otros dos componentes consiste en legitimaciones para las instituciones existentes, por un lado, y por otro, en patrones de comportamiento eficaces en el proceso de formación individual. Si la sociedad está lo bastante integrada como para que puedan quedar cubiertas las necesidades de coordinación existentes en un mundo de la vida, la contribución del proceso de integración al mantenimiento de los otros dos componentes consiste, por un lado, en pertenencias de los individuos a grupos, legítimamente reguladas, y por otro, en vinculaciones de carácter moral u obligaciones. Finalmente, si los sistemas de la personalidad han desarrollado una identidad tan sólida que les permite dominar con pleno sentido de la realidad las situaciones que surgen en su mundo de la vida, la contribución de los procesos de socialización al mantenimiento de los otros dos componentes consiste, por un lado, en las interpretaciones que los individuos producen, y por otro, en motivaciones para actuar de conformidad con las normas.

La acción orientada al entendimiento a través del lenguaje, está por tanto inserta en un mundo de la vida que queda delimitado por tradiciones culturales, órdenes legítimos e individuos socializados. Pero, por otro lado, la racionalización del mundo de la vida conduce a una cada vez mayor problematización de segmentos de la realidad; de tal modo que para la obtención de acuerdos, ya no resultan suficientes las faenas interpretativas clásicas basadas en acciones orientadas al entendimiento. Por el contrario, esos segmentos problematizados elevan las necesidades de entendimiento, los gastos interpretativos y también los riesgos de fracaso en la comunicación. Estas sobrecargas en la infraestructura comunicativa son absorbidas, como ya sabemos, por los medios de control dinero y poder, sustituyendo de este modo al lenguaje en la coordinación de las acciones.

Pero si los medios de control siguen progresando «codifican un trato 'racional con arreglo a fines' con masas de valor susceptibles de cálculo y posibilitan el ejercicio de una influencia estratégica generalizada sobre las decisiones de los otros participantes en la interacción en un movimiento de elusión y rodeo de los procesos de formación lingüística del consenso»86 . Así, subsistemas basados en mecanismos de integración sistémica, emergen y se diferencian de un mundo de la vida articulado sobre la integración social.

En las sociedades primitivas todavía se da un entrelazamiento de integración social y sistémica, pero a medida que se avanza en la escala evolutiva social, el desacoplamiento entre ambas formas de integración es más evidente; y cuando la integración sistémica ataca ámbitos de acción estructurados comunicativamente, se alteran las redes de acción de grupos integrados socialmente y el resultado de ello es una violencia estructural que ejerce a través de una restricción sistemática de la comunicación y se apodera de la forma de la intersubjetividad del entendimiento posible87 .

Toda sociedad para subsistir tiene que llevar a cabo tareas relativas a la reproducción material y tareas relativas a la reproducción simbólica del mundo de la vida. A las tareas de reproducción material, les corresponden los medios de control dinero y poder, ya que éstos sólo pueden regular adecuadamente ámbitos que tengan asignadas funciones económicas o burocrático-administrativas. Y al surgir disfunciones en la reproducción material, al generarse problemas de integración sistémica, éstos se pueden manifestar directamente como crisis si el centro controlador (mercado, Estado) es incapaz de autorregular y autoestabilizar el sistema, amenazando así a la integración social y poniendo en peligro de disolución a las instituciones sociales; o como patologías derivadas de unas crisis que han sido desviadas a los ámbitos de la cultura y de la personalidad del mundo de la vida.

En un intento de clarificación de los límites entre crisis y patologías se establece la siguiente diferenciación:

1) Crisis sistémicas: económicas y de racionalidad administrativa

2) Crisis inducidas sistémicamente en el mundo de la vida: anomia, pérdida de legitimación y pérdida de motivaciones

3) Patologías del mundo de la vida

a) Respecto al elemento estructural cultura: Pérdida de sentido, inseguridad y perturbaciones de la identidad colectiva y ruptura de tradiciones.

b) Respecto al elemento estructural personalidad: Crisis de orientación y crisis educativa, alienación y psicopatologías.

FIGURA 10
FENOMENOS DE CRISIS EN CASO DE PERTURBACIONES EN LA REPRODUCCION (PATOLOGIAS)88
CULTURA SOCIEDAD PERSONALIDAD
REPRODUCCION CULTURALPERDIDA DE SENTIDOPERDIDA DE LEGITIMACIONCRISIS DE ORIENTACION Y CRISIS EDUCATIVA
INTEGRACION SOCIALINSEGURIDAD Y PERTURBACIONES DE LA IDENTIDAD COLECTIVAANOMIAALIENACION
SOCIALIZACIONRUPTURA DE TRADICIONESPERDIDA DE MOTIVACIONESPSICOPATOLOGIAS
La reproducción cultural garantiza la continuidad de las tradiciones y la coherencia del saber de las prácticas comunicativas, por tanto, las perturbaciones en la reproducción cultural se manifestarán en forma de pérdida de sentido, crisis de orientación y crisis de legitimación. Cuando las perturbaciones afectan a la integración social, las relaciones interpersonales legítimamente reguladas ya no coordinan las acciones y la continuidad de los grupos no queda asegurada. Las ordenaciones legítimas existentes no sirven para cubrir la necesidad de coordinación de las nuevas situaciones, y aparecen inseguridades y perturbaciones de la identidad colectiva, patologías en forma de alienación y crisis anómicas. Por último, las perturbaciones en la socialización quiebran la transferencia de capacidades generalizadas de acción a las siguientes generaciones, así como el acoplamiento entre las vidas individuales y formas de vida colectivas. Ello da lugar a psicopatologías y a crisis motivacionales.

Por otra parte, las crisis sistémicas, que no aparecen en el esquema, tienen su origen obviamente en los ámbitos de organización formal, para desde ahí reobrar sobre el mundo de la vida, dando lugar a crisis y a efectos laterales patológicos.

En las lineas que siguen, se trata de reparar en estos aspectos, analizando primero las crisis sistémicas; en segundo lugar, las crisis de identidad en el mundo de la vida inducidas sistémicamente; y por último, los efectos laterales patológicos que las crisis sistémicas generan en la esfera de la cultura y de la personalidad del mundo de la vida.

1) Crisis sistémicas

A los problemas de control sistémico no resuelto, Marx en el marco del capitalismo liberal, les dio una respuesta teórica que nos es conocida. La explicación marxista89 pivotaba de un lado, sobre la tesis de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia y de otro, en la contradicción fundamental del capitalismo (gradual socialización de la vida económica versus apropiación privada de la producción). La conclusión marxiana era que la economía capitalista estaba abocada a una perpetua crisis cíclica.

Las insuficiencias de este planteamiento en el análisis del capitalismo tardío básicamente son dos:

a) Se produce una pérdida de autonomía del sistema económico, ya que el estado participa en tareas de planificación y regulación del ciclo económico, creando y optimizando de esta manera oportunidades de inversión de los excedentes.

b) En segundo término, la intervención del estado en negociaciones ritualizadas por las que se determina el precio político de la fuerza de trabajo, socava también la independencia del subsistema económico.

«La acción estatal, que en el modelo del Capitalismo liberal obedecía a un funcionamiento económico que se regulaba a sí mismo, limitándose a garantizar el orden jurídico exigido por este último y a protegerlo de competencias amenazadoras de Economías extranjeras, pasa ahora a regular directamente ese funcionamiento mediante una política económica y social. Es decir, la relación marxiana entre 'base' económica y 'superestructura' política o institucional deja de ser aplicable al Capitalismo de nuestras sociedades altamente industrializadas, ya que el movimiento de la 'base' está ahora controlado por la 'superestructura' del poder político»90 .

En consecuencia, a una fase de autonomización de los subsistemas económico y administrativo, le sucede la actual, caracterizada por la interpenetración de los mismos. En estas circunstancias, el estado actúa en las brechas funcionales del mercado, complementando así al subsistema económico y colaborando en el proceso de acumulación del capital.

Pero, no por ello, desaparecen las crisis económicas. A lo sumo, se puede decir que como consecuencia de la intervención administrativa en el desenvolvimiento de las crisis económicas, los argumentos sobre la inevitabilidad de las mismas y sobre la gran crisis final, muestran su debilidad.

Por otro lado, como ya sabemos, el estado debe cubrir los huecos dejados por las debilidades funcionales del mercado, y asumir tareas relacionadas con la regulación y planificación económicas. Esta progresiva implicación en los asuntos económicos, genera una creciente demanda de obras y servicios que vía impuestos deben encontrar financiación. La recaudación y utilización correcta y racional de los impuestos por parte del estado deviene necesaria, pues de lo contrario, las perturbaciones en el crecimiento darían lugar a déficits de racionalidad administrativa.

Según el modelo habermasiano, las crisis de racionalidad son en su origen crisis económicas desplazadas al subsistema político; y al igual que éstas, son de carácter sistémico, pues un hipotético colapso de las funciones de control conduciría a una descomposición de la integración social. Ahora bien, aunque se trata de crisis económicas desplazadas, su desarrollo, evolución y eventual resolución, tiene lugar en un marco político. Por consiguiente, las crisis de racionalidad se deben al surgimiento de «imperativos contradictorios de autogobierno en las acciones, racionales con arreglo a fines, de los miembros de la administración (y no ya de los participantes en el mercado); aparecerán contradicciones que pondrán directamente en peligro la integración sistémica y traerán por consecuencia una amenaza a la integración social» .

Sobre la inevitabilidad de las crisis sistémicas, Habermas revisa diversos argumentos:«argumentos basados en la incompatibilidad de la planificación colectiva con los intereses 'anárquicos' del capitalismo privado y de otros grupos organizados; argumentos basados en la permanente inflación y crisis de las finanzas públicas, que son resultado de la asunción por el gobierno de los costes de una producción cada vez más socializada (tales como el armamento, los transportes, la comunicación, la investigación y el desarrollo, la vivienda, la sanidad, la seguridad social, etc.); argumentos basados en la tensión entre la responsabilidad del Estado como autoridad planificadora global y su necesidad de inmunizarse frente a las demandas de compensación por parte de las víctimas del crecimiento capitalista, demandas que paralizan el proceso de crecimiento; y argumentos basados en la propagación sistemática de elementos incompatibles con el sistema económico, que resultan de la propia actividad gubernamental (por ejemplo, planes de inversión privada orientados políticamente, la proliferación de esferas ocupacionales - burocracias planificadoras, sectores de servicio público, ciencia y educación- cada vez más desgajados del mecanismo del mercado y orientadas hacia fines concretos, y el crecimiento de la proporción inactiva de la población, que ya no se reproduce a sí misma a través del mercado de trabajo)»92 .

A juicio de Habermas, los argumentos sobre la inevitabilidad de estas crisis no son decisivos, pues los límites de la administración en la resolución de problemas técnicos, organizativos, etc no están definidos; así como tampoco está delimitada su capacidad de pacificación del conflicto de clases.

2) Crisis de inducción sistémica

Los problemas de control sistémico señalados en el apartado anterior «sólo se manifiestan como crisis cuando los rendimientos de la Economía y del Estado quedan manifiestamente por debajo de un nivel de aspiración establecido y menoscaban la reproducción simbólica del mundo de la vida al provocar en éste conflictos y reacciones de resistencia. Estos conflictos y reacciones afectan directamente a los componentes sociales del mundo de la vida. Pero antes de que estos conflictos puedan poner en peligro ámbitos nucleares de la integración social, se ven desplazados a la periferia: antes de producirse estados de anomia, se presentan fenómenos de pérdida de legitimidad93 o de pérdida de motivación»94 . Van a ser las crisis de legitimación y de motivación inducidas sistémicamente, las que analizaremos en este apartado.

Indicábamos anteriormente que el Estado debía hacer frente a tareas relativas a la recaudación de impuestos y al gasto racional de los mismos para así coadyuvar al proceso de acumulación capitalista; y decíamos también que los fracasos en estos menesteres daban lugar a crisis de racionalidad administrativa. A las tareas citadas, se añaden, «la recolección selectiva de los impuestos, el modelo de prioridades reconocido para su aplicación y los propios rendimientos administrativos»95 , y los fracasos respecto a ellas, darán lugar a déficits de legitimación.

Se observa por consiguiente, que el cumplimiento de las tareas de recaudación de impuestos, gasto racional de los mismos, etc, con el fin de evitar crisis de racionalidad; presenta otra cara: la necesidad de procura de legitimación para la actividad gubernamental. «Si no puede mantenerse el adecuado nivel de lealtad y asentimiento de las masas mientras se cumplen los imperativos trasladados del sistema económico, existe el peligro de que se produzca una crisis de legitimación. Aunque tanto las crisis de racionalidad como las crisis de legitimación se producen en el sistema político, difieren en aspectos importantes. Las primeras son crisis de output; se producen cuando el aparato del Estado no puede, bajo condiciones marginales dadas, controlar adecuadamente el sistema económico. En este sentido, una crisis de racionalidad es una crisis económica desplazada y la amenaza que representa para la integración sistémica, en forma de una desorganización de las operaciones de control, conduce a la pérdida de legitimación y pone en riesgo la integración social. Por el contrario, la crisis de legitimación no es directamente una crisis sistémica, sino una crisis de identidad, es decir, representa una amenaza directa para la integración social»96 .

En su defensa de la tesis acerca de la crisis de legitimación en el capitalismo tardío, Habermas desarrolla la siguiente argumentación: con la intervención sustitutoria del estado en los nichos de funcionamiento abandonados por el mercado, se produce un reacoplamiento de los sistema económico y político, repolitizándose las relaciones de producción. Si en los criterios de distribución de la riqueza social participa el estado (políticas gubernamentales, pactos sociales, etc) y el proceso de acumulación capitalista es configurado de acuerdo a fines privados, es necesario que la distribución desigual del producto social quede legitimada. Como ya no es posible apelar al acervo de tradiciones erosionado en el curso del desarrollo capitalista, «el problema que ello plantea es resuelto mediante el sistema de la democracia formal. La participación del ciudadano en los procesos de formación de la voluntad política, es decir, la democracia material, llevaría a la conciencia la contradicción entre una producción administrativamente socializada y un modo de apropiación y de empleo de la plusvalía que sigue siendo privado. Para que esa contradicción no sea tematizada, el sistema administrativo debe alcanzar suficiente autonomía respecto de la formación de la voluntad legitimante. Las instituciones y los procedimientos de la democracia formal han sido diseñados para que las decisiones del gobierno puedan adoptarse con suficiente independencia de motivos definidos de los ciudadanos. Esto se logra con un proceso de legitimación que provee motivos generalizados (una lealtad de masas difusa en su contenido), pero evita la participación»97 .

En este espacio público despolitizado, adquieren especial relevancia los fenómenos de privatismo civil y privatismo profesional centrado en la familia98 . Si la racionalidad política desarrolla una dinámica expansiva, de tal modo que las áreas bajo control administrativo no hacen sino ampliarse, dando lugar a planificaciones y controles de todo tipo: urbano, de salud, familiar, educativo, etc; también conduce a una tematización y politización de cuestiones que se habían mantenido hasta entonces en esferas privadas, así como a la erosión de un privatismo civil (demanda de participación en todo tipo de ámbitos y creciente número de iniciativas por parte de los ciudadanos) esencial para el ámbito público. «Cuando el Estado planifica sectores de la vida humana. que hasta el momento se organizaban según muestras tradicionales aceptadas aproblemáticamente (es decir, de forma que ni siquiera surgía la idea de que podrían organizarse de otra manera), crea la necesidad de una legitimación nueva en ese sector concreto que antes se 'autolegitimaba' inconscientemente, y, lo que es más importante, impulsa una transformación del modo mismo de legitimación: ésta comienza a no poder crearse si no es mediante una discusión pública racional, mediante la configuración de una fundamentación racional en la que participan todos los afectados. Un ejemplo bien sencillo: la institución de la familia. La legitimación de la institución familiar ha sido hasta el momento presente algo evidente, no cabía la discusión acerca de si podría organizarse la comunidad en otra forma, no necesitaba de una fundamentación explícita: la institución familiar tenía una legitimación tradicional, 'autolegitimante'. Cuando el Estado interviene en esa institución, por ejemplo mediante imposiciones, recomendaciones o permisiones acerca de la regulación de la natalidad por medios artificiales, se pone en cuestión un elemento muy importante de la concepción tradicional de la familia: pone en cuestión un 'tabú sexual' (otros elementos serían, por ejemplo, los de la fidelidad, supremacía del varón, etc). La institución familiar comienza así a necesitar una fundamentación racional: se ha de discutir por qué esa institución está así organizada y no de otra manera, cuál sería la forma más racional de organizarla, etc. En el público se va despertando un nuevo modo de legitimación diferente del tradicional: el de un proceso de reflexión racional, en el que participan todos los miembros de la sociedad» . De este modo se impulsa un nuevo modo de legitimación que entra en contradicción con el anterior.

Habermas indica que si a la racionalidad en expansión de la administración se enfrentan resistencias conservadoras; a la sobrecarga de pretensiones de legitimación se enfrenta, un compromiso de clases asimétrico, que el sistema administrativo no puede satisfacer: «Una crisis de legitimación surge cuando las demandas de recompensas conformes al sistema aumentan con mayor rapidez que la masa disponible de valores, o cuando surgen expectativas que no pueden satisfacerse con recompensas conformes al sistema»100 .

Entonces si bien la argumentación habermasiana conduce a la tesis de que las sociedades de capitalismo avanzado desarrollan penurias de legitimación; respecto a la irreversibilidad de éstas, es preciso señalar que pueden ser administradas si el recurso «sentido» cada vez más escaso, es compensado por el recurso «valor» cada vez más abundante. A este respecto señala McCarthy que «si la falta de legitimación puede contrarrestarse mediante recompensas conformes con el sistema - dinero, éxito, ocio, seguridad, etc.-, entonces no se ve por qué tendría que producirse una crisis de legitimación. El Estado de bienestar es, después de todo, una morada relativamente confortable y segura; y medida con criterios históricos, podría parecer incluso palaciega»101 .

Antes de abordar el planteamiento teórico de las crisis de motivación, vamos a recordar los pasos desarrollados hasta el momento, en el estudio de las crisis en las sociedades de capitalismo avanzado.

Con la pérdida de autonomía del sistema económico respecto del Estado, las crisis económicas son reabsorbidas administrativamente y de este modo suavizadas y convertidas en endémicas. El manejo de las crisis desplazadas al sistema político presenta deficiencias irresolubles que dan lugar a crisis de racionalidad administrativa; éstas, también llamadas crisis de output, surgen al no lograr el sistema político con sus decisiones administrativas -outputs- hacer compatibles ni cumplir los imperativos de autogobierno que le demanda el sistema económico. Inputs difusos de legitimación podrían compensar los déficits de legitimidad e incrementos en la racionalidad administrativa equilibrar los déficits de legitimidad. Aunque los argumentos de Habermas sobre la inevitabilidad de estas crisis no permiten en este sentido asegurar nada, sí parece, que estas crisis pueden ser manejadas con recompensas en forma de dinero, éxito, prestigio, etc. Hasta aquí, los tipos de crisis desarrollados por el momento por Habermas; nos queda, por último, el estudio de las crisis de motivación.

Si las crisis de racionalidad están entrelazadas con las de legitimación, éstas a su vez lo están con las de motivación. Las crisis de motivación se producen cuando se dan discrepancias significativas entre los inputs de motivación que el Estado, el sistema educativo y el sistema ocupacional necesitan; y las motivaciones que el sistema sociocultural102 proporciona. Hablo de crisis de motivación dice Habermas «cuando el sistema sociocultural se altera de tal modo que su output se vuelve disfuncional para el Estado y para el sistema del trabajo social. La contribución motivacional más importante, característica de las sociedades del capitalismo tardío, consiste en los síndromes de un privatismo civil y de un privatismo profesional centrado en la familia»103 .

El interés de Habermas se centra en demostrar que los dos síndromes de motivación mencionados, son al mismo tiempo que decisivos para el mantenimiento de los niveles sistémicos, destruidos por ellos mismos. El sistema sociocultural no puede reproducir los síndromes de privatismo civil y profesional, ya que el patrimonio de tradiciones preburguesas del que forman parte no puede renovarse a medida que es consumido; componentes esenciales de la ideología burguesa, tales como el individualismo de la propiedad y la orientación hacia el rendimiento son erosionados por el cambio social; y por último, las estructuras normativas denudadas no proporcionan equivalentes funcionales de un privatismo destruido como modelo de motivación.

No vamos a detenernos en seguir estas intrincadas reflexiones de Habermas. Tan sólo, decir que su fortuna en el empeño parece desigual, de tal manera que estos argumentos se encuentran lejos de ser los decisivos. Así por ejemplo para McCarthy, «mientras que la erosión de las visiones tradicionales del mundo es un desarrollo bien documentado, la erosión de los elementos valorativos especificamente burgueses sobre los que se basa el privatismo civil (abstención política) y el privatismo familiar-profesional (que cristaliza en torno a la motivación al rendimiento) es un fenómeno más reciente y más ambiguo. No está claro en absoluto que los patrones de motivación asociados con el Estado benefactor, las estructuras competitivas de las esferas educativa y ocupacional, y la orientación hacia el consumo y el ocio se hayan debilitado hasta el punto de que se pueda hablar de una tendencia a una crisis de motivación»104 .

Y por otro lado, también Pérez Agote pone en cuestión la tesis de Habermas sobre la creciente erosión del privatismo civil y familiar. Para este autor, la crisis de la sociedad correspondiente al Estado-nación, tendría su génesis en los procesos de mundialización y de disolución narcisista. Con respecto a este segundo, Pérez Agote alude a un proceso de progresiva individualización y señala que «en el actual estadio de este proceso de individualización podemos hablar de la progresiva privatización de la vida y de la progresiva desinstitucionalización de la vida privada [...]. El drama de la modernidad consiste en que el individuo desarrolla su vida pública (esfera del gobierno y la ley, negocios y comercio, trabajo, salud, comunicación, etc) en el seno de instituciones públicas, grandes y complejas, que son abstractas, es decir, que no producen significados, sentido de la vida, y por ello este individuo busca este sentido en el ámbito de lo privado (crianza de los hijos, cortejo, matrimonio, sexualidad, vocación, creencia y práctica religiosa, pautas de consumo y ocio, interacción social, etc), pero este ámbito está cada vez más desinstitucionalizado, de manera que el individuo debe intentar construirse legitimaciones ad hoc para su vida. Esto es lo que significa lo que se ha llamado la permanente crisis de identidad de la modernidad»105 .

3) Patologías del mundo de la vida

Hemos visto que los desequilibrios sistémicos si obraran sobre el mundo de la vida sin barrera de control alguna, afectarían directamente a los núcleos de la integración social, provocando estados de anomia. Pero, antes de llegar al núcleo de la integración social, estos problemas son desplazados a la periferia, dando lugar a crisis de motivación y a crisis de legitimación. Y si las crisis de control fueran interceptadas con los recursos del mundo de la vida, se producirían patologías en dicho ámbito.

Por tanto, vemos que actúa un mecanismo de prelación, de tal forma que de un lado se evitan las crisis anómicas y de otro, las legitimaciones y motivaciones para el mantenimiento de los órdenes institucionales se aseguran explotando los recursos relativos a la cultura y a la personalidad. La anomia, las crisis de legitimación y de motivación son sustituidas por fenómenos de alienación y de desestructuración de las identidades colectivas. En este caso, las perturbaciones se producen cuando los actores no pueden ya cubrir la necesidad de coordinación que las nuevas situaciones plantean, recurriendo a las ordenaciones legítimas existentes.

Las perturbaciones en la reproducción cultural, se manifiestan en una pérdida de sentido que da lugar a crisis de legitimación y de orientación. Los esquemas de interpretación ya no sirven para cubrir las necesidades de entendimiento que las nuevas situaciones requieren y el recurso «sentido» se vuelve escaso.

Por último, los recursos que el mundo de la vida aporta al mecanismo de la socialización permiten a las futuras generaciones la adquisición de capacidades para la interacción de tal modo que haya una sintonía entre vida individual y formas de vida colectivas. Las perturbaciones en este proceso se manifestarán en forma de psicopatologías que nos indican que «las capacidades de los actores no bastan a mantener en pie la intersubjetividad de situaciones de acción definidas en común. El sistema de la personalidad sólo puede salvaguardar ya su identidad recurriendo a estrategias defensivas que merman su capacidad de participar en interacciones manteniendo despierto el sentido de la realidad, de suerte que el recurso 'fuerza del yo' se vuelve escaso» 106.

Conclusiones

[1] En sociología no hay criterios unánimes en torno a la acción social y en lo esencial se pueden establecer estos cuatro conceptos básicos: acción teleológico-estratégica, acción regulada por normas, acción dramatúrgica y acción comunicativa. Mientras que la acción teleológico-estratégica presupone la relación actor- mundo objetivo; la acción regulada por normas, actor-mundo social; y la acción dramatúrgica, actor-mundo subjetivo; sólo el concepto de acción comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento, en que hablante y oyente se refieren, desde el horizonte preinterpretado que su mundo de la vida representa, simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo, para negociar definiciones de la situación que puedan ser comprendidas por todos.

Asimismo este modelo asocia determinadas pretensiones de validez; unas, relativas a la verdad de lo que decimos y en relación con el mundo objetivo; otras, relativas a la rectitud de nuestros actos de habla en relación a valores y normas del mundo social; y por último, pretensiones de sinceridad o autenticidad en relación con las expresiones vinculadas a intenciones, sentimientos, etc inquilinas de nuestro mundo subjetivo. En la acción comunicativa por consiguiente, el mecanismo de coordinación de la acción es el entendimiento, pues los participantes en la interacción se ponen de acuerdo sobre la validez que pretenden para sus emisiones.

Por otro lado, el trasfondo de la acción comunicativa lo constituyen universos simbólicos, mundos de la vida, que proporcionan esquemas de modo que las definiciones que los participantes realizan de la situación, converjen y cubren las necesidades de entendimiento. De ahí la complementariedad de ambos conceptos.

Desde la perspectiva de los participantes en la acción comunicativa, estos se entienden siempre en el horizonte del mundo de la vida, y en el dominio de las situaciones, a fronte, se les presenta el fragmento del mundo de la vida tematizado, es decir, el problema que tienen que resolver; a tergo, el mundo de la vida proveedor de convicciones aproblemáticas de fondo; y como sistema de referencia, los tres conceptos de mundo, con sus respectivos elementos restrictivos para la situación: los hechos del mundo objetivo, las normas del mundo social y las vivencias del mundo subjetivo. Por tanto, el dominio de las situaciones se presenta como un proceso circular en que el actor es a la vez ambas cosas: el iniciador de acciones imputables y el producto de tradiciones culturales en las que está, de grupos solidarios a que pertenece y de procesos de socialización y aprendizaje a los que está sujeto.

Desde la perspectiva de un observador, a la pregunta sobre las funciones de la acción comunicativa orientada al entendimiento en la reproducción del mundo de la vida; éstas serían las siguientes: reproducción cultural, integración social y socialización. A las cuales corresponden respectivamente los componentes estructurales: cultura, sociedad, y personalidad. Por consiguiente, hay una relación biunívoca entre acción comunicativa y mundo de la vida, entre acción comunicativa y reproducción del mundo de la vida.

[2] La racionalización del mundo de la vida implica la creciente diferenciación entre cultura, sociedad y personalidad, y con ello la necesidad creciente de que las interacciones estén controladas por una comprensión mutua motivada racionalmente, es decir, por una comprensión basada en última instancia en la autoridad del mejor argumento.

Al igual que ocurre en el mundo de la vida, la racionalización en el nivel del sistema implica una diferenciación progresiva y una mayor complejidad, incrementándose de este modo la autosuficiencia de las estructuras. Cuanto más poder tienen, más y más capacidad de gobierno ejercen sobre el mundo de la vida.Tienen cada vez menos relación con el proceso del logro del consenso y, de hecho, limitan la probabilidad de ese proceso en el mundo de la vida. En otras palabras, estas estructuras racionales, en lugar de aumentar la capacidad de comunicación y lograr la comprensión, amenazan esos procesos al ejercer un control externo sobre ellos.

Habermas señala que el problema fundamental es conectar satisfactoriamente las dos estrategias conceptuales que entrañan las ideas de sistema y de mundo de la vida; denominando dichas estrategias como «integración social» e «integración sistémica».

La perspectiva de la integración social se centra en el mundo de la vida y en los modos en los que el sistema de la acción se integra por medio de un consenso garantizado normativamente o alcanzado mediante la comunicación. Los teóricos convencidos de que la sociedad se integra mediante el mecanismo señalado, parten de la acción comunicativa y consideran la sociedad como el mundo de la vida. Adoptan la perspectiva interna de los miembros del grupo y emplean un enfoque hermenéutico para poder relacionar su comprensión con la de los miembros del mundo de la vida. La reproducción constante de la sociedad se considera, pues, como un resultado de las acciones realizadas por los miembros del mundo de la vida para mantener sus estructuras simbólicas. Se contempla esta reproducción únicamente desde su perspectiva. Por tanto, lo que se ignora en este enfoque hermenéutico es el punto de vista del que está fuera, así como una percepción de los procesos reproductores que tienen lugar en el nivel del sistema.

La perspectiva de la integración sistémica hace referencia al sistema y al modo en que se integra mediante el ejercicio de control externo sobre las decisiones individuales no coordinadas subjetivamente. Los que adoptan esta perspectiva contemplan la sociedad como un sistema autorregulador. Adoptan la perspectiva externa del observador, y esto les impide captar las pautas que sólo pueden comprenderse hermenéuticamente desde la posición interna de los miembros del mundo de la vida.

Si creemos que la integración social no se ve solamente remitida a conversaciones y argumentaciones abandonadas a su propia lógica, a acciones orientadas al entendimiento; y si creemos también que es una ingenuidad aceptar que el mecanismo de la acción comunicativa pueda tener la potencia suficiente como para hacer frente a la tarea de integración de la sociedad, debemos aceptar la existencia de otros nexos funcionales que coadyuven a ese fin. La acción comunicativa como único mecanismo de coordinación e integración, quedaría inmediatamente desbordado por la diversificación de formas de vida, concepciones irreconciliables de la vida y del bien, transgresiones a las convenciones sociales etc. Por consiguiente, la modernidad social se caracteriza por la existencia de dos grandes ámbitos de interacción: el económico y el político-administrativo.

[3] La racionalización de Occidente contemplada por Weber, se ha centrado, según Habermas, en la racionalización formal, en la racionalización de la acción racional intencional, que ha provocado un desarrollo de las fuerzas productivas y un incremento del control tecnológico sobre la vida. Racional es lo que la ciencia ha mantenido como tal. Y en el corazón de la racionalidad científica, ha acontecido una preocupación que se ha reducido a las legalidades funcionales de la naturaleza, corroboradas experimentalmente y expresadas bajo la égida de la lógica matemática. La posterior vinculación con la técnica ha hecho del saber científico un conocimiento destinado al rendimiento y la utilidad.

[4] Habermas compara la racionalización creciente del sistema y del mundo de la vida. La racionalización del mundo de la vida implica un aumento de la racionalidad de la acción comunicativa. De este modo, la acción orientada al entendimiento, a la comprensión mutua, se libera cada vez más de la constricción normativa y se basa cada vez más en el lenguaje cotidiano. En otras palabras, la integración social se hace cada vez más posible mediante los procesos de la formación del consenso en el lenguaje.

Pero el resultado de esto es que las demandas en el lenguaje crecen y llegan a agotar su capacidad. Medios deslingüistizados (especialmente el dinero y el poder) -que emanan del sistema y se diferencian de él- llenan el vacío y reemplazan, al menos en cierta medida, el lenguaje cotidiano. En lugar de ser el lenguaje el que coordina la acción, el sistema, cada vez más complejo, libera imperativos sistémicos que agotan la capacidad del mundo de la vida que instrumentalizan. Así, Habermas escribe sobre la violencia que ejerce el sistema sobre el mundo de la vida mediante los modos en los que restringe la comunicación.

[5] Damos un paso más, y así vislumbramos las crisis sistémicas, y las inducidas sistémicamente, esto es, las producidas como consecuencia de los ataques a que es sometido el mundo de la vida.

- Crisis sistémicas: económicas y de racionalidad administrativa

- Crisis inducidas sistémicamente en el mundo de la vida: anomia, pérdida de legitimación y pérdida de motivaciones

- Patologías del mundo de la vida:

Respecto al elemento estructural cultura: Pérdida de sentido, inseguridad y perturbaciones de la identidad colectiva y ruptura de tradiciones.

Respecto al elemento estructural personalidad: Crisis de orientación y crisis educativa, alienación y psicopatologías.

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(*)Profesor Titular de Sociología, Universidad del País Vasco. Euskal Herriko Unibertsitatea Leioa, enero de 1996.

(1)HABERMAS, J.: Teoría de la acción comunicativa, vol.1, Taurus, Madrid,1987, pág.145: «Una definición de la situación constituye una ordenación. Con ella los participantes en la interacción asignan los diversos elementos de la situación de la acción a cada uno de los tres mundos, incorporando así la situación actual de acción a su mundo de la vida ya siempre interpretado. La definición que da de la situación un oponente y que prima facie se desvía de la definición de la situación que da uno, representa un problema de tipo especial porque en los procesos cooperativos de interpretación ninguno de los implicados tiene un monopolio interpretativo. Para ambas partes la tarea de interpretación consiste en incluir en la propia interpretación la interpretación que de la situación hace el otro, de suerte que en la versión revisada «su» mundo externo y «mi» mundo externo, sobre el trasfondo de «nuestro» mundo de la vida, queden relativizados en función de «el mundo» y las definiciones de la situación antes dispares se puedan hacer coincidir suficientemente».

(2)Op.cit.,vol.1,pág.104.

(3)Op.cit.,vol.1,pág.119.

(4)POPPER,K.R.:, Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista, Tecnos, Madrid,1982,pág.106.

(5)HABERMAS,J.:Teoría de la...,vol.1,op.cit.,pp.121-122.

(6)Op.cit.,vol.1,pp.139 y 145-146: Habermas llama acciones sólo a aquellas manifestaciones simbólicas en que el actor entra en relación al menos con un mundo, pero siempre también con el mundo objetivo, por tanto la estructura teleológica es fundamental para todos los conceptos de acción. Se distinguirán por la forma en que plantean la coordinación de las acciones teleológicas de los diversos participantes en la interacción. Puesto que la estructura teleológica es fundamental en todos los conceptos de acción, también en la comunicativa, la acción no es equiparable a la comunicación. El lenguaje es un medio de comunicación que sirve al entendimiento, mientras que los actores al entenderse entre sí para coordinar sus acciones, persigue cada uno determinadas metas.

(7)Habermas se remite de este modo a las tradiciones representadas por Weber, Durkheim, Goffman y Mead.

(8)Op.cit.,vol.1,pp.137-138.

(9)Op.cit.,vol.1,pág.366.

(10)Op.cit.,vol.1, pág.367.

(11)McCARTHY,Th.:La Teoría Crítica de Jürgen Habermas,Tecnos,Madrid,1987,pág.450.

(12)MARDONES,J.M.:, Razón comunicativa y teoría crítica,UPV,Bilbao,1985,pp.153-154.

(13)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,vol.1,op.cit.,pág.428.

(14)MARDONES, J.M. Razón comunicativa y..., op. Cit., pág. 166.

(15)McCARTHY, Th. La teoría critica de..., op.cit., pág. 465.

(16)HABERMAS, J. Teoría de la accion comunicativa, Vol.2, Taurus, Madrid, 1987, págs. 195-196 y 204.

(17)S. Benhabib, Critique, Norm and Utopia. CNU, Nueva York. 1986, pág. 239.

(18)HABERMAS, J. Teoría de la acción..., op.cit., Vol.2, págs. 200-202: «La reproducción cultural del mundo de la vida se encarga de que, en su dimensión semántica, las nuevas situaciones que se presenten queden puestas en relación con los estados del saber que baste en cada caso a la práctica comunicativa cotidiana […]. La integración social del mundo de la vida cuida de que las acciones queden coordinadas a través de relaciones interpersonales legitimamente reguladas y da continuidad a la identidad de los grupos […]. La socialización de los miembros de un mundo de la vida asegura a las generaciones siguientes la adquisición de capacidades generalizadas de acción y se cuida de sintonizar las vidas individuales con las formas de vida colectivas».

(19)Op. Cit., Vol.2, págs. 201-202.

(20)Op.cit., Vol.2, pág. 211.

(21)Ureña, E. M. La Teoría Crítica de la Sociedad de Habermas, Tecnos, Madrid, 1978, pág. 109: «A estas alturas no es necesario detenerse en el concepto de integración social: ésta es la que tiene lugar en una sociedad a través de las tradiciones culturales, cosmovisiones religiosas, normas y valoraciones morales, instituciones jurídicas y políticas, etc. Luhmann piensa que este tipo de integración fue suficiente en tiempos pasados, cuando la unidad social significativa era la tribu, la ciudad o incluso la nación, pero que se ha hecho ya obsoleto para la naciente sociedad mundial Esta última se ha ido constituyendo sobre una red de relaciones 'tecnicistas': relaciones en los campos de la Economía, la Ciencia, la Técnica, la Estrategia Militar, etc. La integración de esa sociedad universal sólo puede, por tanto, realizarse como integración sistémica, lo cual significa: la Economía, la Ciencia, la Cultura, la Moralidad, la Familia, etc., aparecen como sistemas parciales de igual rango, que han de desarrollarse de tal forma que representen 'mundos circundantes' (Umwelten) adecuados los unos a los otros».

(22)McCARTHY, Th. La teoría crítica de ..., op.cit., pág.467

(23)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,op.cit.,vol.2,pág.215.

(24)Op.cit.,vol.2,pág.234.

(25)Op.cit.,vol.2,pág.233.

(26)Op.cit.,vol.2,pp.233-234.

(27)Se llama acción instrumental a aquella que se rige por reglas técnicas derivadas de un saber empírico: construcción de un edificio, realización de una determinada operación mecánica, etc. Por otro lado, elección racional es aquella que se rige por estrategias basadas en un saber analítico. Dentro de esta categoría se encuentran aquellas acciones humanas que son resultado de una deducción basada en ciertos sistemas de valores preferenciales y en ciertas reglas generales: elección de una determinada estrategia empresarial, elección del camino más corto para llegar a un destino, etc. Al tipo de acción que combina la acción instrumental y la elección racional, se le denomina acción técnica.

(28)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,op.cit.,vol.2,pp.203-204.

(29)Op.cit.,vol.2,pág.409.

(30)Op.cit.,vol.2,pág.206.

(31)Op.cit.,vol.2,pág.207.

(32)Op.cit.,vol.2,pp.207-208.

(33)Op.cit.,vol.2,pág.208.

(34)Op.cit.,vol.2,pág.254.

(35)Op.cit.,vol.2,pp.255-256.

(36)Op.cit.,vol.2,pág.257.

(37)Op.cit.,vol.2),pág.259.

(38)MARDONES,J.M.:Razón comunicativa y...,op.cit.,pág.200.

(39)GARMENDIA,J.A.:"La empresa como organización e institución" en Sociología industrial y de la empresa, Aguilar,Madrid,1987,pág.231.

(40)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,op.cit.,vol.1,pág.216.

(41)Según ellas, determinadas acciones tienen que ser realizadas o evitadas por su valor intrínseco, sin atender a las consecuencias. El valor es inargumentable porque las consecuencias no pueden ponerlo en cuestión.

(42)Op.cit.,vol.1,pág.224:«Son entendidas las esferas culturales de valor (ciencia y técnica, arte y literatura, derecho y moral), como componentes de la cultura que con el tránsito a la modernidad se diferencian, a partir del acervo de las imágenes religiosas y metafísicas del mundo».

(43)Op.cit.,vol.1,pág.222.

(44)Op.cit.,vol.1,pp.223-224.

(45)Op.cit.,vol.1,pág.233: «La racionalidad instrumental de una acción se mide por la eficacia en la planificación del empleo de medios para fines dados; la racionalidad electiva de una acción se mide por la corrección del cálculo de los fines para valores articulados con precisión y para medios y condiciones de contorno dados; y la racionalidad normativa de una acción se mide por la fuerza sistematizadora y unificante y por la capacidad de penetración que tienen los patrones de valor y los principios que subyacen a las preferencias de acción. A las acciones que cumplen las condiciones de la racionalidad en el empleo de los medios y de la racionalidad electiva, Weber las llama racionales con arreglo a fines, y a las acciones que cumplen las condiciones de racionalidad normativa, racionales con arreglo a valores».

(46)Op.cit.,vol.1,pág.235.

(47)Op.cit.,vol.1,pp.288-289.

(48)Op.cit.,vol.1,pág.225.

(49)Una comprensión decentrada del mundo es aquella que posibilita la adopción de diferentes actitudes frente a un mismo mundo. Así por ejemplo, podemos adoptar frente a la naturaleza externa una actitud objetivante, pero también una actitud expresiva, etc..

(50)Op.cit.,vol.1,pp.311 y 314:«La racionalidad cognoscitivo-instrumental queda institucionalizada en la esfera de la ciencia; simultáneamente, la evolución propia de los órdenes de la vida económico y político, que determinan la estructura de la sociedad burguesa, se cumple según criterios de racionalidad formal. La racionalidad práctico-estética queda institucionalizada en la esfera del arte; pero ni el arte autónomo ni las contraculturas intelectualizadas e inestables que se forman en torno a este subsistema tienen efectos generadores de estructuras para la sociedad global; los valores extracotidianos de estas esferas constituyen, en todo caso, el foco del estilo de vida del gozador (Genussmensch ) orientado hacia una redención intramundana, que representa una reacción contra la presión que ejerce el racionalismo teórico y práctico de la vida diaria y contra el especialista (Fachmensch) establecido en la ciencia, en la economía y en el estado. La racionalidad práctico- moral de la ética religiosa de la fraternidad es incompatible tanto con el especialista como con el gozador; el mundo moderno está dominado por órdenes de la vida en que dominan los otros dos complejos de racionalidad, que han erigido, dividiéndose el trabajo, un reino mundial de la falta de fraternidad; frente a este mundo, objetivizado en términos cognoscitivo-instrumentales y a la vez vuelto a lo subjetivo, las ideas morales que tienen como meta una autonomía basada en una reconciliación comunicativa no cuentan con posibilidades suficientes de implantación; la ética de la fraternidad no encuentra asidero en instituciones que le permitieran reproducirse culturalmente de forma estable».

(51)Op.cit.,vol.2,pág.459.

(52)Op.cit.,vol.2,pp.459-460.

(53)Op.cit.,vol.1,pág.321.

(54)Op.cit.,vol.2,pág.439.

(55)BERIAIN,J.:Representaciones colectivas y proyecto de modernidad, Anthropos, Barcelona, 1990, pp.174-175: «Según la noción de racionalidad comunicativa, el sujeto hablante debe reconocer su comprensión de la relación interna existente entre la postulación de pretensiones de validez intersubjetiva (plausibilidad) y el compromiso de dar y ser receptivo a argumentos fundados [...] Habermas habla de racionalización comunicativa (racionalización del mundo de la vida), donde las formas de acción comunicativa y de argumentación reemplazan a otros mecanismos de coordinación de las acciones, de la integración social o de la reproducción simbólica».

(56)Para un desarrollo de este tema, cfr. RODRIGUEZ- GONZALEZ,J.J.: Las paradojas patológicas de la modernidad adulta. La relectura habermasiana de Max Weber, de próxima publicación en Anthropos con motivo del aniversario de nuestro clásico.

(57)BERIAIN,J.:Representaciones colectivas y...,op.cit.,pp.147-148.

(58)HABERMAS,J.:Teoría de la acción..,op.cit.,vol.1,pág.437.

(59)Op.cit.,vol.2,pág.451.

(60)Op.cit.,pág.452:«El núcleo institucional de la esfera de la vida privada lo constituye la familia pequeña, exonerada de funciones económicas y especializada en las tareas de socialización, la cual desde la perspectiva del sistema económico queda definida como economía doméstica, es decir, como un entorno del sistema económico. El núcleo institucional de la esfera de la opinión pública lo constituyen aquellas redes de comunicación reforzadas inicialmente por las formas sociales en que se materializa el cultivo del arte, por la prensa, y más tarde por los medios de comunicación de masas, que posibilitan la participación del público de consumidores del arte en la reproducción de la cultura y la participación del público de ciudadanos en la integración social mediada por la opinión pública».

(61)BERIAIN,J.:Representaciones colectivas y...,op.cit.,pág.187.

(62)MARDONES,J.M.:Razón comunicativa y...,op.cit.,pág.216.

(63)HABERMAS,J.:Teoría de la acción..,op.cit.,vol.2,pág.461.

(64)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...op.cit.,vol.2,pág.469.

(65)Op.cit.,vol.2,pág.473.

(66)Op.cit.,vol.2,pág.475.

(67)Op.cit.,vol.2,pág.475.

(68)Op.cit.,vol.2,pág.483.

(69)Op.cit.,vol.2,pp.483-484.

(70)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,op.cit.,vol.2,pág.486.

(71)Op.cit.,vol.2,pp.381 y 387:«El dinero representa un medio que no despierta una suficiente 'confianza sistémica' en virtud de su mero funcionamiento, sino que necesita de un anclaje institucional. Este tiene lugar a través de las instituciones de derecho privado que son la propiedad y el contrato. Este punto es de gran importancia. De nuestra lengua materna no podemos desconfiar (a no ser en casos límites como el de la experiencia mística o el de la innovación creadora de lenguaje). Pues a través del medio que es la formación lingüística del consenso discurren, lo mismo la tradición cultural y la socialización que la integración social, y, por tanto, la acción comunicativa permanece siempre inserta en los contextos del mundo de la vida. En cambio, el medio dinero funciona de modo que la interacción queda desligada de los contextos del mundo de la vida. Y esta desconexión es la que hace precisa una reconexión formal del medio con el mundo de la vida. Esa reconexión adopta la forma de una normación de derecho privado de las relaciones de intercambio, a través de la propiedad y del contrato. [...] El poder no sólo necesita, como el dinero, de un respaldo (en forma de oro en el caso del dinero y de medios de coerción en el caso del poder); no solamente necesita, como el dinero, quedar jurídicamente normado (en forma de derechos de propiedad en el caso del dinero y de posesión de la titularidad de un cargo en el caso del poder); el poder necesita de una ulterior base de confianza, a saber: de legitimación».

(72)Op.cit.,vol.2,pp.487-488.

(73)Op.cit.,vol.2,pág.489, citando a Offe en Habermas,Stichworte zur geistigen Situation der Zeit, Francfort,1979.

(74)Op.cit.,vol.2,pág.489.

(75)Op.cit.,vol.2,pp.489-490.

(76)Op.cit.,vol.2,pág.490-491.

(77)Op.cit.,vol.2,pp.494-495.

(78)Op.cit.,vol.2,pág.495.

(79)Op.cit.,vol.2,pp.495-497.

(80)Op,cit.,vol.2,pp.500-501.

(81)Op.cit.,vol.2,pág.502.

(82)HABERMAS, J.:Problemas de legitimación del capitalismo tardío, Amorrortu, Buenos Aires, 1975, pág.19:«De integración social hablamos respecto de sistemas de instituciones en que se socializan sujetos hablantes y actuantes; los sistemas de sociedad aparecen aquí con el aspecto de un mundo-de-vida estructurado por medio de símbolos. De integración sistémica hablamos respecto de rendimientos (operaciones con que el sistema procura reducir complejidad) de autogobierno específicos de un sistema autorregulado; los sistemas de sociedad aparecen aquí con el aspecto de la capacidad para conservar sus límites y su patrimonio dominando la complejidad de un ambiente inestable»

(83)Cfr.pp.21 y ss.

(84)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,vol.2,pág.204.

(85)Op.cit.,vol.2,pág.202.

(86)Op.cit.,vol.2,pág.259.

(87)Op.cit.,vol.2,pág.264.

(88)Op.cit.,vol.2,pág.203.

(89)La bibliografía sobre estas cuestiones es muy abundante, y entre otros, yo he seguido fundamentalmente a MATTICK,P.:Crisis æ Teoría de la crisis,Península,Barcelona,1977.

(90)UREÑA, E.M.:La teoría crítica de la...,op.cit., pág.67, citando a Habermas en Technik und Wissenchaft als «Ideologie»,Ffm,1968.

(91)HABERMAS,J.: Problemas de legitimación del..,op.cit.,pág.88.

(92)McCARTHY,Th.:La teoría crítica de..,op.cit.,pág.423.

(93)Sobre el concepto de legitimidad cfr. HABERMAS, J.:"Acotaciones en torno al concepto de legitimidad" en La reconstrucción del materialismo histórico, Taurus, Madrid, 1976.

(94)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,vol,2,pág.545.

(95)HABERMAS,J.:Problemas de legitimación del ....,op.cit.,pág.81.

(96)McCARTHY,Th.:La teoría crítica de...,op.cit.,pág.424.

(97)HABERMAS,J.:Problemas de legitimación del...,op.cit.,pág.53.

(98)Op.cit.,pág.96:«Privatismo civil significa que los ciudadanos se interesan por los rendimientos fiscales y de seguridad social del sistema administrativo, y participan poco -aunque de acuerdo con las posibilidades institucionalmente prescritas- en el proceso de legitimación (elevada orientación hacia el output versus escasa orientación hacia el input). El privatismo civil corresponde entonces a las estructuras de 'lo público' despolitizado. El privatismo familiar y profesional es complementario del anterior; consiste en la orientación de las familias hacia los intereses del consumo conspicuo y del tiempo libre, por una parte y por la otra hacia la carrera profesional en la competencia por el status».

(99)UREÑA,E.M.:La teoría crítica de la...,op.cit.,pp.113-114.

(100)Op.cit.,pág.94.

(101)McCARTHY,Th.:La teoría crítica de...,op.cit.,pág.428.

(102)HABERMAS, J.:Problemas de legitimación del..., op.cit., pág.20:«Por sistema sociocultural entiendo tanto la tradición cultural (sistemas de valores culturales) cuanto las instituciones que confieren virtud normativa a esas tradiciones a través de los procesos de socialización y profesionalización».

(103)Op.cit.,pág.96.

(104)McCARTHY,Th.:La teoría crítica de...,op.cit.,pp.431 y 436.

(105)PEREZ AGOTE,A.:"La crisis de la sociedad:entre la mundialización y la disolución narcisista" en Problemas de Teoría Social contemporánea,CIS,Madrid,1993,pág.31.

(106)HABERMAS,J.:Teoría de la acción...,op.cit.,,vol.2,pág.201.