COMEXT, 05/01/94, SOCIALISMO DE MERCADO EN CHINA: 15 AÑOS DE REFORMA ECONÓMICA

Comercio Exterior

País/Country: México

Banco Nacional de Comercio Exterior

Autor/Author: Antonio Salinas Chávez

Volúmen/Volume: 44

Número/Number: 5

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 05/01/94

sección internacional

En octubre de 1992 el XIV Congreso del Partido Comunista de China (PCCH) aprobó una resolución muy importante, cuyo significado económico y político aún no se ha apreciado por completo. Para algunos representa la simple unidad de los contrarios en un proceso de reforma socialista; otros la interpretan como el giro definitivo hacia el capitalismo y, algunos más, la califican con términos intermedios adjetivados. En cualquier caso, la decisión de la República Popular de China de establecer una economía de mercado socialista constituye un paso decisivo en el curso de la reforma económica iniciada en 1978, ya que marca el comienzo de una fase crítica, quizá la última, en el período de transición de la China maoísta a la del siglo XXI.

Han transcurrido 15 años desde que se inició la reforma. En ese lapso, la ruptura de Tiananmen y la resolución del XIV Congreso son los acontecimientos que han marcado el rumbo del experimento.

En esta nota se presenta una sinopsis de las medidas de política económica seguida en esos tres lustros y se describen sus resultados obtenidos. Al final se comentan las perspectivas inmediatas y los factores de riesgo para la continuidad de la reforma.

Antecedentes: ¿cómo se definió la contradicción principal?

En China la reforma no fue resultado de una crisis económica grave que exigiera un cambio radical. Al contrario, existía un entorno económico favorable. El crecimiento real del producto material neto promedió 6% al año de 1952 a 1977, aunque se caracterizó por enormes variaciones interanuales. En ese período la inflación y el déficit presupuestario se mantuvieron bajo control (salvo en dos o tres años) y la balanza comercial permaneció prácticamente en equilibrio. Como resultado de la política de autosuficiencia, la deuda externa permaneció en niveles muy reducidos.1

No había crisis aparente en la macroeconomía al iniciarse la reforma, pero tampoco un antecedente de bonanza. El crecimiento del producto fue resultado de un mayor uso de los factores (sobre todo de la mano de obra) y no tanto de incrementos de la productividad. Los mecanismos económicos de administración y planificación centralizadas presentaban problemas cada vez más notorios: sistemas distorsionados de fijación de precios; ineficiencia al asignar recursos; inversión concentrada en la industria pesada a expensas de otros sectores, como el de infraestructura básica; estancamiento de la producción agrícola, y dos problemas particularmente delicados: el desequilibrio en el desarrollo regional y el escaso crecimiento del ingreso y del consumo por habitante. La política de autarquía comenzó a ser fuente de problemas, más que de fortalezas. La ausencia de progreso tecnológico y la nula competencia acompañaban a una balanza comercial ciertamente en equilibrio, pero resultado de un valor de intercambio total ínfimo.

Así, el desempeño macroeconómico a salvo de crisis graves y, al mismo tiempo, el deterioro de los índices de bienestar de la población condensaban la contradicción fundamental que vivía el país. Según la ideología del Partido, el rezago de la economía era el conflicto principal que debía orientar la acción revolucionaria para responder a las necesidades del pueblo. 2 En consecuencia, la tarea debía ser desarrollar las fuerzas productivas y mejorar los aspectos del sistema económico que impedían el desarrollo pleno.

La tradición política de China se ha caracterizado por los constantes movimientos reformistas, como la Revolución Cultural, y las repetidas vueltas a la ortodoxia. Esos antecedentes allanaron el camino a la actual reforma, pero hubieran sido insuficientes sin un elemento adicional, crítico, en el ámbito político. La muerte de Mao en 1976 provocó una fuerte lucha por el poder y abrió una coyuntura favorable al ascenso de importantes líderes reformistas que formaron una coalición gobernante con el ala ortodoxa. Dos años más tarde se convirtieron en la fracción dominante, en parte por el temprano fracaso del plan económico que impulsó el PCCH para reforzar el centralismo, la planeación, la inversión en la industria pesada y las importaciones de bienes de capital.

Después de tres decenios de revolución socialista, marcados por la política de autosuficiencia y el control centralizado de la economía, se inició una nueva reforma, de alcances insospechados y características peculiares:

  1. En China, a diferencia de los socialismos europeos o soviético, la reforma no ha llevado a una ruptura violenta (que pase por guerras civiles o desintegraciones nacionalistas), aunque sí contiene elementos de violencia y represión. No debe perderse de vista que las minorías nacionales son focos de conflicto latentes, sobre todo en las provincias de Xinjiang y Tíbet. 3

  2. La reforma tampoco fue resultado de un desastre macroeconómico (de recesión, hiperinflación o sobreendeudamiento), aunque sí del agotamiento del modelo de crecimiento.

  3. En el sector en el que sí hubo una crisis profunda antes de la reforma, el político, la situación se resolvió sin cisma: el Partido Comunista de China salió con su estructura intacta y dio cabida a fuerzas renovadoras que pronto ganaron el consenso sobre la necesidad de modernizar la economía lo más rápido posible.

  4. La reforma no significó la superposición de una estructura económica sobre otra, sino la adopción de una estrategia gradualista y de experimentación, y

  5. Lo más distintivo respecto a otras reformas en el campo socialista fue el éxito inusitado en términos de crecimiento (tan sólo en 1992 el producto aumentó 12.8%, la cifra más alta de todo el mundo), 4 lo cual representa, paradójicamente, uno de los principales riesgos para la viabilidad del experimento.

Primera fase: el ave y la jaula (1978-1984)

Rica en metáforas, la ideología china empleó la del ave y la jaula para referirse a la primera fase de la reforma, cuyo objetivo era "rejuvenecer" la economía mediante el fortalecimiento de medidas experimentales en escala local. Más que la ruptura con los períodos anteriores, la estrategia consistió en un primer ensayo de pragmatismo económico que más tarde daría excelentes resultados. La lucha en la época del maoísmo contra los excesos de la burocracia había permitido descentralizar un poco el sistema de planificación y dio paso a incipientes iniciativas locales para buscar mecanismos económicos distintos. Los reformistas aprovecharon ese margen y alentaron los experimentos de acercamiento al mercado en escala local. Sólo si éstos tenían éxito se procedía a instrumentarlos en el plano regional o nacional. Las medidas se aplicaron en las zonas económicas especiales y posteriormente en las zonas económicas abiertas. 5 Se evitaban así francos enfrentamientos teórico-políticos y al mismo tiempo se lograban avances importantes en la instauración gradual de mecanismos económicos de corte mercantil.

En la fase inicial de la reforma el mercado se concibió como un suplemento útil para el sistema de economía planificada. La relación entre mercado y plan solía ilustrarse en las discusiones del Partido mediante la metáfora del pájaro y la jaula que propuso uno de los veteranos, Chen Yun. El mercado es el ave y el plan su cerco: la jaula puede agrandarse para darle mayor movimiento y cierta libertad, pero sin ella el ave volará a su libre albedrío, es decir, imperará la anarquía del mercado. En consecuencia, en China comenzaron a tolerarse algunas iniciativas del sector privado, aunque con muchas regulaciones.

En el decenio de los setenta la única actividad económica privada permitida era la producción doméstica de artesanías, pues las pequeñas empresas quedaron prácticamente eliminadas desde la Revolución Cultural. La apertura gradual de finales de los setenta fue muy limitada y estuvo motivada básicamente por la necesidad de generar empleos. Fue hasta 1984 que se ampliaron los límites para autorizar que las empresas emplearan hasta ocho trabajadores no miembros de la familia. En las zonas rurales la permisibilidad para el surgimiento de trabajado asalariado privado fue un poco mayor. 6

Las primeras medidas de la reforma fueron similares a las que se adoptaron a principios de los sesenta para dinamizar la economía luego del Gran Salto Adelante (1958-1959). Se incrementaron los precios de los productos agrícolas; se estimuló la diversidad y cierta especialización de los cultivos; se relajaron las restricciones a los mercados rurales, y se descentralizó la organización de los cultivos de las cooperativas hacia las familias. En la industria se instauró el sistema de bonos de desempeño, se permitió retener las partidas por depreciación y, en la fase experimental, se autorizó que las empresas estatales retuvieran ganancias.

En el frente externo, en agosto de 1978 China firmó con Japón el Tratado de Paz y Cooperación y en enero de 1979 restableció relaciones diplomáticas con Estados Unidos, lo que abrió amplias posibilidades de inversión y financiamiento de esas potencias económicas. 7 Se aplicaron políticas preferenciales en las zonas económicas especiales para atraer inversión y tecnología extranjeras y promover las exportaciones. En los hechos, esas áreas se convirtieron en laboratorios para ulteriores reformas orientadas a la economía mercantil.

Un elemento clave en la reforma económica fue el aliento del sector no estatal, para no recurrir a la privatización generalizada de las enormes e ineficientes entidades del Estado. El resultado fue sorprendente. La participación del sector no estatal en la producción total de la industria pasó de 25% en 1980 a 46% en 1991. Integran ese sector las empresas de propiedad colectiva, las privadas o particulares y las extranjeras: su auge se ha derivado del surgimiento de empresas nuevas y pequeñas, sobre todo del primer tipo. 8

1984-1988: economía mercantil planificada

Los líderes reformistas acuñaron una frase que ilustra muy bien el contenido de la segunda etapa: "el mercado es la guía de las empresas..., pero el Estado controla el mercado".9 El objetivo de las medidas de política en esta fase fue crear un sistema económico que combinara la planificación con el manejo de las fuerzas del mercado, es decir, ampliar un poco más las dimensiones de la jaula.

El éxito de las modificaciones iniciales en el ámbito rural justificó su aplicación decidida en amplios sectores urbanos e industriales. Además del producto del sector primario, la demanda aumentó de manera notable: el ingreso rural en el campo se elevó a una tasa media anual aproximada de 13% de 1978 a 1985; el consumo, en el período 1978-1991, creció nada menos que 126% en términos reales. 10

Se estableció entonces el sistema dual de precios; se introdujo un sistema fiscal básico, impositivo en principio sólo para las empresas; se creó un mecanismo salarial para vincular de manera más estrecha la remuneración y la productividad, y el viejo modelo de banco único dio paso a un sistema de intermediación con instituto central (el Banco Popular de China). Se estimuló el crédito a las empresas para financiar proyectos de inversión y sustituir poco a poco la dependencia del presupuesto estatal. Se revisó a fondo el sistema de ingreso compartido entre los gobiernos local y central para permitir una mayor retención de la renta. A fin de atraer más capital y tecnología, 14 grandes ciudades costeras se abrieron al comercio y a la inversión extranjeros.

La mayoría de esas medidas se revisaron y se ampliaron en 1986. Así, se crearon centros de compraventa de divisas a tipos de cambio de mercado; se descentralizó el comercio mediante las Corporaciones de Comercio Exterior locales, y se adoptó un sistema de contratos de responsabilidad para las empresas (análogo al que se instrumentó en la agricultura) a fin de permitirles tomar decisiones de inversión y retener beneficios, si bien quedaban sujetas a tributación. 11

El mismo año se inició el Programa Spark, de asistencia técnica, dirigido a las empresas colectivas de zonas rurales para mejorar su acceso a la tecnología, a la información de mercado y a las capacidades técnicas y de gestión (el know- how). La concepción y la aplicación del programa fueron afortunados, aunque luego se enfrentó a severas limitaciones para expandirse, principalmente por la aguda declinación del financiamiento central. En general, la política tecnológica en las unidades colectivas rurales se basa en la transferencia interempresas, mediante asociaciones con las unidades estatales de mayor tamaño que subcontratan la producción de algunos insumos y bienes finales. 12

En 1987 se enmendó la Constitución para eliminar las restricciones sobre el número de trabajadores ajenos a la familia empleados en empresas privadas y, un año después, se reglamentó la condición jurídica de esas entidades para establecer sus derechos y obligaciones.

1988-1991: la rectificación

La tercera fase de la reforma fue de repliegue. Los cambios económicos estimularon la demanda y la producción, pero también el incremento de los precios, que llegó a dos dígitos a principios de 1988. Los planes para una nueva ronda de liberación de precios se pospusieron y hubo retrocesos en algunas medidas iniciales. El Programa de Rectificación fue el instrumento de las autoridades para enfriar súbitamente la sobrecalentada economía. Las medidas desaceleradoras pudieron detener el incremento de los precios, pero provocaron una aguda recesión industrial en la que se incrementaron las pérdidas en las entidades estatales, creció la deuda interempresas y se acumularon inventarios. A lo anterior se sumó la crisis política de 1989, que constituyó el primer gran tropiezo de la reforma.

Las importantes transformaciones en la economía no fueron acompañadas de un proceso análogo en los ámbitos social y político hacia la búsqueda de mayor democracia. 13 No fue un descuido, sino la lógica de la reforma tal como se concibió desde el principio: modernizar la economía a partir de un sistema político que debía permanecer intacto. La ley de la dialéctica, sin embargo, se impuso de inmediato. Lo que al principio fue la fortaleza de la reforma (y que permitió a China escapar al sino de los socialismos europeo y soviético) se convirtió después en su mayor debilidad.

La represión a los estudiantes en la Plaza de Tiananmen no fue la mejor forma de resolver la contradicción. De hecho no fue una solución, sino un retroceso en el que se impuso el ala conservadora del Partido. El gobierno interrumpió la reforma económica y acalló la demanda de apertura democrática; así recuperó el control del país.

Para evitar una crisis económica mayor, a finales de 1990 se instrumentaron políticas de inversión y estímulo monetario a fin de reactivar el crecimiento. Los primeros signos de recuperación aparecieron en 1991, cuando se había controlado la inflación. Las autoridades aprovecharon la coyuntura para realinear nuevamente los precios relativos y liberar otros.

1992: Lo más importante no es el color del gato...

La estrategia gradualista permitió llegar a la cuarta fase, la actual, en condiciones favorables para proponer el establecimiento de la economía de mercado socialista. La identificación de los mecanismos mercantiles con el capitalismo suscitó naturalmente fuertes polémicas que la nueva clase gobernante pudo sortear con su hábil enfoque pragmático.

El líder supremo, Deng Xiaoping, imprimió desde el comienzo de la reforma ese estilo práctico. Una de sus metáforas favoritas, con la que pronto se identificó la filosofía de toda la reforma, es la famosa frase de que "blanco o negro, un gato sólo es bueno si sabe cómo cazar ratones".14 En el fondo, lo verdaderamente importante es que la economía funcione bien para que genere y distribuya riqueza a todos, no tanto su "color" o su apariencia sistémica. Aunque ese enfoque no ha sido bien aceptado por el ala ortodoxa del Partido, sus resultados prácticos han constituido el respaldo fundamental para su instrumentación.

La importancia del XIV Congreso radica en que condensó la experiencia acumulada en tres lustros de reforma y no vaciló en adoptar el papel del mercado como parte integrante (ya no como elemento de experimentación) en toda la economía. A la postre, el Partido asumió la propuesta de Deng Xiaoping de aceptar al mercado como un instrumento para el desarrollo económico, no como la característica definitoria de un sistema social. Para China ello no significa capitalismo, hasta ahora. El carácter socialista de la economía se ratificó claramente y se sustentó con la preservación de la propiedad dominante del Estado sobre los medios de producción. La diferencia consistió en postular que la oferta y la demanda mercantiles pueden ser compatibles con el socialismo.

El nuevo paradigma representó una ruptura ideológica importante, inevitable después de 15 años de reforma, y abrió una etapa decisiva, que puede ser la última en ese largo período de transición. El objetivo de esta fase es establecer una economía totalmente basada en el mercado, en la que las fuerzas de la oferta y la demanda, reguladas por la influencia macroeconómica del Estado, determinen los precios relativos y la asignación de los recursos. La propuesta de China, hasta el momento, no es que el mercado sustituya al socialismo, sino al plan, en tanto instrumento económico. La osada propuesta significa ciertamente una ruptura con el viejo estilo de gestión en el que fueron educados los veteranos del Partido. No se sabe hasta dónde llegará la tentativa, pues queda pendiente aún el asunto clave de la propiedad. Hace 15 años la pregunta era si son compatibles socialismo y mercado; ahora la duda es si, en ese marco, es posible ser empresario sin tener la propiedad de los medios de producción. 15 El pragmatismo puede resolver esa contradicción rápidamente, pero nadie sabe si a la larga la esencia última del sistema socialista no saldrá trastocada. Mientras tanto, la estrategia ha sido utilizar conceptos como "propiedad predominantemente estatal" y "control de los sectores estratégicos", a fin de dar cabida a la propiedad privada.

A principios de 1992 las autoridades declararon el final del Programa de Rectificación y anunciaron su intención de acelerar el proceso de reforma y una apertura. En marzo de ese año se hicieron nuevas reformas constitucionales para eliminar toda referencia a la economía planificada. Se permitió la inversión extranjera en otras áreas de actividad económica (sobre todo en el sector terciario) y se comenzaron a adoptar las normas y prácticas internacionales en materia de contabilidad nacional, derechos de propiedad intelectual y protección de patentes. 16

Uno de los rasgos más importantes de la economía en 1992 fue el desarrollo del mercado de valores, al aprobarse la emisión de gran variedad de instrumentos de inversión. En el primer semestre el volumen de transacciones fue cinco veces el de 1991. El auge bursátil obligó al Banco Popular a autorizar la formación de compañías de bonos y acciones en Beijing, Shanghai y Shenzhen a fin de poner orden en el mercado. El valor del total de los títulos emitidos en China, a junio de 1992, alcanzó unos 71 000 millones de dólares. 17

Como indicadores del desempeño económico en 1992 se pueden mencionar los siguientes: 18

¿De dónde provino el capital?

China ha disfrutado de elevadas tasas de ahorro interno, de 30 a 35 por ciento, desde el inicio de la reforma. A reserva de la exactitud de las cifras (que en éste y otros renglones suelen tener problemas metodológicos que llevan generalmente a sobreestimaciones), esas tasas son considerablemente más grandes que las de muchas economías en desarrollo y aun desarrolladas: sólo superan a China países como Japón o Singapur.

Tan sorprendente como el incremento del ahorro global es el cambio en su composición. El ahorro de las familias como parte del total se ha incrementado de manera notable desde 1979 y se estima que llegó a representar 40% del ahorro interno en 1991. Aún más, del total de los hogares, los rurales abarcaron aproximadamente 75 por ciento.

La pregunta es si esas tasas de ahorro corresponden a una característica de comportamiento de los hogares o sólo son un fenómeno monetario, es decir, si se trata de ahorro involuntario, resultado de una inflación reprimida. Ambas posibilidades tienen distintas implicaciones de política: si la magnitud de la inflación reprimida es pequeña, el peligro de un alza aguda a raíz de una liberación de precios también lo será.

Según un estudio de Kyoichi Ishihara, la inflación en China en los últimos años es el resultado de tres factores: el estímulo de la demanda, la presión de los costos y la expansión de la oferta monetaria. Por un lado, el índice del costo de la vida de los trabajadores creció 1.3% al año en promedio de 1950 a 1978 y 6.5% en el decenio siguiente. Ello indica que al abolirse el control oficial de los precios se liberaron las presiones inflacionarias latentes en la economía planificada. Por otra parte, la inflación ha recibido un impulso adicional con las medidas económicas de la reforma: el sistema de responsabilidad contractual (demanda y costos) y el sistema de préstamos bancarios (oferta monetaria). 19

Así, se argumenta que la permanencia de los controles de precios, combinada con la rápida expansión monetaria, provocó el surgimiento de ahorros forzados en la economía y su ulterior incremento. Además, como el Estado continúa proporcionando fondos para el retiro, la educación, la vivienda y la salud, la mayor parte de las razones teóricas que justifican la opción de ahorrar no son relevantes en China.

Por el contrario, también hay quienes afirman que el establecimiento de un sistema dual de precios en China (bajo el cual los individuos y las empresas son libres de adquirir bienes a precios de mercado en el margen) implica que la retención monetaria o los ahorros no pueden considerarse involuntarios.

Un estudio del FMI sostiene que la liberación parcial de precios redujo las posibilidades de una inflación reprimida y, por tanto, de la tenencia forzosa de saldos monetarios. El favorable desempeño de la demanda de dinero hace pensar que la retención de medios de cambio sea en gran medida deliberada. 20 A diferencia de los hogares urbanos, que reciben de las empresas vivienda, asistencia médica y pensiones, los rurales dependen de sus propios ahorros para procurarse esos servicios.

Otra razón que explica los elevados ahorros rurales es su acceso a oportunidades de inversión lucrativas, en particular desde que se estableció el sistema de responsabilidad de los hogares y se desregularon las actividades no agrícolas. En contraste, hasta muy recientemente los hogares urbanos contaban con pocas opciones de portafolio fuera de los depósitos de ahorro bancario.

No existe consenso teórico para explicar el elevado ahorro interno y demostrar si es involuntario. Es inevitable pensar en otros factores, como el ingreso, el ingreso disponible, las propensiones al consumo y al ahorro, la tasa de interés o el sistema impositivo. Llaman la atención las cifras sobre el ingreso per cápita, que en el campo es de apenas 126 dólares al año y en las ciudades de 275, aunque en áreas prósperas como Shandong y Guangdong llega a 545 dólares. 21

Los factores exógenos

Sea cual fuere la explicación, el alto ahorro interno ha sido una fuente importante de recursos para el crecimiento. Otra que ha adquirido relevancia es el endeudamiento externo. China fue tradicionalmente conservadora en la materia; por la política de autosuficiencia logró mantener una estructura del débito predominantemente de largo plazo, contratado en su mayoría con fuentes oficiales y conservó una buena proporción en términos preferenciales. Pero en los ochenta la estrategia cambió por la necesidad de financiamiento para modernizar la economía. En términos absolutos la deuda externa de China se multiplicó por diez en los ochenta y creció de manera notable la proporción contratada a corto plazo. No obstante, las autoridades han procurado mantener la deuda en rangos más o menos manejables. Establecieron como límite de la razón deuda total/PNB22 un máximo de 16% en 1992, con 20% aproximadamente de la deuda total en términos concesionales. Gracias a ello, en el período de la reforma la proporción servicio/deuda ha permanecido muy por debajo de la que registraron la mayoría de los países en desarrollo.

Un tercer elemento, sin duda el determinante, fue la entrada masiva de inversión extranjera directa: si la deuda se multiplicó por diez, la IED lo hizo casi por treinta (en el decenio 1982-1992 pasó de unos 400 millones de dólares a más de 11 000 millones). Buena parte de los recursos provino de Hong Kong y de Taiwan y se dirigió hacia la provincia costera de Guangdong. De la IED acumulada en ese período Hong Kong representó más de dos tercios. Desde 1990 la inversión de Taiwan también se ha incrementado, particularmente en la provincia de Fujian. Un factor que explica tal magnitud de recursos es la proximidad cultural y geográfica de esos territorios con China, pero no hay duda de que el elemento determinante es el bajo costo de la mano de obra. Tan sólo en la primera mitad de 1992 se firmaron más de 13 000 proyectos de IED. Destaca también el incremento de la procedente de Estados Unidos, en especial los importantes proyectos de la IBM y de la General Motors (ésta en asociación con la Motorola). 23

Sin la presencia de esos factores, sobre todo del último, ninguna reforma en China hubiese tenido el éxito que se logró. Aun con las elevadas tasas de ahorro interno, voluntario o forzoso, y con el desarrollo notable de la industria pesada, se hubiese requerido una acumulación interna de capital muy superior para sustentar el crecimiento económico. No se explica de dónde surgieron los recursos para financiar un avance de esa magnitud sin considerar la enorme inyección de capital de las economías adyacentes, las cuales llevan buen tiempo de crecimiento sostenido y de acumulación financiera y tecnológica.

Más riqueza mejor distribuida

El logro más evidente de la reforma ha sido el crecimiento económico. De 1979 a 1992 el PNB real aumentó, en promedio, 9% anual. Si persisten tasas de crecimiento similares a las del último año, la meta establecida en el Octavo Plan Quinquenal 1991-1995 (6% al año) se superará por amplio margen. 24 La contribución principal provino de la agricultura (que creció 8.8% anual de 1978 a 1984), aunque después lo hizo a tasas más moderadas (4% de 1985 a 1991). El sector industrial también registró un crecimiento importante, pero se reconoce que el mayor impulso provino de las empresas no estatales. El aporte de las empresas del Estado en el valor bruto de la producción industrial pasó de 80% en 1978 a 50% en 1992.

En cuanto a la distribución del ingreso, también hubo avances notables. Ejemplo de ello es la caída en la incidencia de la pobreza de 28 a 9 por ciento en el período 1978-1984, según el Banco Mundial (en el sector rural pasó de 33 a 11 por ciento en ese lapso). Desde entonces el progreso en este frente ha sido escaso, a pesar del importante crecimiento de la producción rural. El coeficiente de Gini para los hogares rurales se incrementó ligeramente desde principios de los ochenta hasta 1990, lo que indica un incremento en la desigualdad del ingreso. Los beneficios de una sola vez de la reforma agrícola ya se absorbieron y las empresas rurales, principal apoyo para el crecimiento de esas áreas, no se han desarrollado en las regiones remotas, en las que ahora se confina gran parte de la pobreza. Las discrepancias en las tasas de crecimiento regional muestran que las disparidades del ingreso quizá se han ampliado. Un paliativo para esta situación son las transferencias presupuestarias interprovinciales, que han crecido recientemente.

De la autarquía al undécimo lugar como exportador mundial

Antes de la reforma sólo 12 corporaciones estatales de comercio exterior eran las responsables del intercambio con otros países. Por tanto, los volúmenes de importaciones y exportaciones los establecía el gobierno central en los planes quinquenales. Con la reforma, se descentralizó el poder de decisión hacia las provincias, se otorgó mayor autonomía a las empresas y se redujeron significativamente las áreas de comercio exterior sujetas a la planificación central, introduciendo paulatinamente el sistema de licencias de importación y los aranceles. En general, se aplicaron las medidas típicas de la liberación comercial (incluida la devaluación de la moneda: de 1978 a 1992 el yuan se depreció 328% frente al dólar estadounidense), 25 aunque aún se conservan altos aranceles para la importación de algunos bienes de consumo no básicos o de lujo.

Como resultado de las medidas de apertura comercial las exportaciones crecieron, en dólares, a una tasa anual promedio de 16% en los tres lustros de la reforma. China pasó así del vigésimo séptimo lugar como exportador mundial en 1980 al undécimo en 1992. La proporción exportaciones/PNB ascendió de 4.7 a 19 por ciento de 1978 a 1991. 26 El auge exportador se debió, en gran parte, al veloz crecimiento de las zonas económicas abiertas de la región costera, así como al establecimiento en China de empresas extranjeras para desarrollar principalmente industrias intensivas en mano de obra. stas (incluyendo las de propiedad conjunta con el capital nacional) dieron cuenta de la mitad del comercio total de China en 1992 y contribuyen a las mayores ventas externas de manufacturas. La proporción de las exportaciones industriales en el total pasó de 50 a 80 por ciento de 1980 a 1992. Su destino también cambió de los mercados en desarrollo hacia los de los países más desarrollados, como Japón, Estados Unidos y Europa. En 1981 éstos adquirían 42% del total; en 1991, 63 por ciento. 27

Los flujos de capital externo se han incrementado rápidamente como resultado de las políticas preferenciales del gobierno. Un gran número de inversionistas de Hong Kong han acudido a China, por medio, particularmente, de contratos de riesgo compartido. Hasta finales de 1992 se había aprobado el establecimiento de más de 80 000 empresas extranjeras, casi un tercio de las cuales se ubica en los sectores de turismo y otros servicios y, algunas más, en el ramo de la exploración de petróleo crudo e industrias de ensamble y procesamiento.

Los retos inmediatos

Entre los problemas más visibles que ha enfrentado la reforma de China destaca el comercio con el exterior. El retraso en su (re)ingreso al GATT ha motivado que las acusaciones de dumping interpuestas por varios países (como Estados Unidos, Corea del Sur o Japón, sus principales socios comerciales) se hayan resuelto de manera unilateral.

El estatus de China en el GATT ha originado polémicas. Si bien fue una de las partes contratantes originales del Acuerdo (firmó el Acta de 1947), la guerra civil que dio origen a la República Popular en 1949 provocó que el gobierno depuesto retuviera por unos meses la pertenencia y, después de renunciar a ella, perdiera incluso su calidad de observador. La República Popular prácticamente no tuvo contacto con el organismo multilateral y fue hasta finales de los setenta cuando buscó recuperarlo. Gracias a ello China obtuvo en 1982 un sitio como observador. En 1986 solicitó su ingreso como parte contratante y, un año después, el GATT autorizó que se formara un grupo de trabajo para analizar la petición. El trámite se suspendió debido a los acontecimientos de Tiananmen en 1989. Apenas a finales de 1992 se retomó el caso. 28 El problema se ha complicado debido a que Taiwan, Hong Kong y Macao tienen un estatus propio en el Acuerdo General. Ante ello, China ha proclamado su política de "un país, dos sistemas", pero la filosofía del GATT desaprueba tal postura. China habrá de replantearla si desea que su entrada (o su regreso; ambas figuras legales tienen importantes repercusiones en materia de derecho internacional) al organismo sea expedita. 29

Mientras tanto, la imposibilidad de acogerse al foro multilateral ha propiciado que las represalias comerciales o las medidas antidumping no siempre se hayan basado en una investigación administrativa para establecer el margen del supuesto dumping, el subsidio, la subvención, la amenaza de daño o el daño mismo; incluso se sospecha que existen interferencias de carácter político e ideológico por parte de países como Estados Unidos. 30

Las repetidas amenazas de sobrecalentamiento de la economía son otro problema. En 1992 la inflación fue de 5.3%, cifra no muy alta pero que, al combinarse con otros elementos, como la escasez de algunos insumos y los estrangulamientos en los servicios de infraestructura, de energía y transporte, indica que de nuevo la economía está resintiendo presiones. Es probable que se requiera otra desaceleración cíclica, como las de 1981, 1986 y sobre todo la de 1989-1990. 31

Una medida para contener las presiones fiscales y monetarias sobre el agregado económico sería, además de frenar la demanda interna, mejorar el desempeño de las empresas estatales, pues sus pérdidas recientes han debido compensarse con subvenciones presupuestarias que repercuten en incrementos del déficit público mayores que los planeados. 32

En materia legislativa también es mucho lo que queda por hacer. El marco jurídico se ha adaptado para que responda a los cambios de la dinámica productiva y económica en general; sin embargo, las reformas dirigidas a actualizar el derecho de propiedad y el contractual, la legislación financiera y bancaria y el derecho de las empresas han sido más lentas.

En el frente externo el ambiente es incierto, sobre todo por el deterioro de las relaciones con Estados Unidos. Aunque en enero de 1992 se firmó un memorándum de entendimiento sobre protección de los derechos de propiedad intelectual, continúan las protestas de las empresas estadounidenses y el Congreso ha amenazado reiteradamente con suspender a China el tratamiento de nación más favorecida. Además de la competencia desleal hay inconformidad por el estado de los derechos humanos y por la proliferación y venta de armas. Sigue latente también la amenaza de que Estados Unidos desconozca la total soberanía de China sobre Hong Kong en 1997. 33

En el ámbito político el reto no puede ser más claro. Si el enfoque economicista de la reforma no se amplía para incorporar la apertura democrática, no se puede descartar una segunda gran interrupción como la de 1989-1990. Ya es tiempo de que la audacia de China en el ámbito económico sorprenda al mundo también con una amplia reforma política capaz de plantear abiertamente la prueba de fuego: ¿son excluyentes democracia y socialismo?

Por ahora parece claro que la lucha en la cúpula del poder se seguirá librando sin poner en riesgo el sistema político. Es decir, sin alterar en lo fundamental el modelo autoritario con partido único en el que, inclusive, el resurgimiento de las características más indeseables (como las manifestaciones recientes de nepotismo y de corrupción administrativa a todos los niveles de la burocracia) parecen coexistir de manera natural con la continuidad de la reforma. 34

China está a punto de consolidar la primera transición exitosa del socialismo hacia la economía de mercado. Si no pierde el control en los ciclos recesivos y logra la hazaña será, como lo predicen los futuristas, una de las más grandes potencias del orbe en el ya cercano siglo XXI. Sin embargo, también está en el límite político, en el que ya no puede posponer el reto de la apertura democrática ni el desafío de definir su identidad. Llegado el momento, no bastará sólo con saber cazar ratones.


1. Michael W. Bell, Hoe Ee Khor y Kalpana Kochhar, China at the Threshold of a Market Economy, Occasional Paper núm. 107, FMI, Washington, septiembre de 1993, 88 pp. La información para esta nota proviene de esta fuente, salvo cuando se indique otra.

2. Ibid.

3. Romer Cornejo Bustamante, "China", en Asia Pacífico 1993, Centro de Estudios de Asia y Africa, El Colegio de México, México, 1993, p. 50.

4. Naciones Unidas, Estudio económico mundial 1993, Tendencias y políticas actuales en la economía mundial, Nueva York, 1993, p. 55.

5. FMI, Perspectivas de la economía mundial, Washington, mayo de 1993, p. 58.

6. Naciones Unidas, op. cit., p. 207.

7. Zongli Tang, "Is China Returning to Semi-Colonial Status?", Monthly Review, vol. 45, núm. 3, Nueva York, julio-agosto de 1993, p. 79.

8. Naciones Unidas, op. cit., p. 203.

9. Reeitsu Kojima, "The Growing Fiscal Authority of Provincial Level Governments in China", The Developing Economies, vol. XXX, núm. 4, Tokio, diciembre de 1992, p. 315.

10. Naciones Unidas, op. cit., p. 205.

11. FMI, op. cit., p. 58. El sistema de responsabilidad de los hogares en la agricultura consistió en que los lotes o parcelas de propiedad colectiva se asignaron a los hogares por un período fijo, que por contrato se obligaban a destinar una parte de la cuota obligatoria de la producción del colectivo (cooperativa o equipo) al pago de impuestos agrícolas y como contribución a los servicios comunitarios. El hogar podía disponer de la producción remanente para venderla en el mercado libre o al Estado a precios negociados. Se pasó así del sistema de producción en equipo al de responsabilidad de los hogares.

12. Naciones Unidas, op. cit., pp. 207 y 208

13. Jesús Miguel López, "La reforma interrumpida", Comercio Exterior, vol. 41, núm. 2, México, febrero de 1991, pp. 186-191.

14. Zongli Tang, op. cit., p. 79.

15. N.T. Wang, "Entrepreneurship in China", Trends in World Economy, núm. 66, Budapest, 1990, p. 16.

16. FMI, op. cit., p. 58.

17. Romer Cornejo Bustamante, op. cit., p. 58.

18. Naciones Unidas, op. cit., pp. 55 y 56.

19. Kyoichi Ishihara, "Inflation and Economic Reform in China" The Developing Economies, vol. XXVIII, núm. 2, Tokio, junio de 1990, pp. 180-195.

20. "Estabilización económica en China: reforma macroeconómica", Boletín del FMI, vol. 20, núm. 4, Washington, 25 de febrero de 1991, p. 60.

21. Romer Cornejo Bustamante, op. cit., p. 61.

22. A partir de 1978 el producto material neto comenzó a medirse como producto nacional bruto (PNB).

23. Romer Cornejo Bustamante, op. cit., p. 56.

24. Ibid., p. 53.

25. Naciones Unidas, op. cit., pp. 70 y 71.

26. Ibid., p. 70.

27. Ibidem.

28. Ya Qin, "China and GATT. Accession Instead of Resumption", Journal of World Trade, vol. 27, núm. 2, Suiza, abril de 1993, pp. 77-80.

29. Thomas C.W. Chiu, "China and GATT: Implications of International Norms for China", Journal of World Trade, vol. 26, núm. 6, Suiza, diciembre de 1992, pp.6-10.

30. Carl Berrisford, "Dumping Chino", en La Jornada Semanal, núm. 220, México, 29 de agosto de 1993, pp. 16 y 17.

31. Naciones Unidas, op. cit., p. 204.

32. FMI, op. cit., p. 59.

33. Romer Cornejo Bustamante, op. cit., p. 52.

34. Ibid., pp. 47-51.