COMEXT, 05/01/94, INGRESO Y BALANZA COMERCIAL DE LA INDUSTRIA MANUFACTURERA MEXICANA, 1970-1992

Comercio Exterior

País/Country: México

Banco Nacional de Comercio Exterior

Autor/Author: Lidia Carvajal G. y Eduardo Loria Diaz*

Volúmen/Volume: 44

Número/Number: 5

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 05/01/94

* Profesor de la Universidad Autónoma del Estado de México y de posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM, respectivamente. Los autores agradecen la colaboración de Leobardo de Jesús en la integración estadísticas y a César Castro los comentarios sobre la versión final. Por supuesto, la responsabilidad del documento es de los autores.

En este trabajo se presenta un sistema simultáneo de ecuaciones para estudiar el comportamiento histórico de la producción, el empleo y las exportaciones e importaciones manufactureras durante 1970-1992. Debido a sus notables relaciones de interdependencia con el resto del sistema económico y con el sector externo,1 ampliar su conocimiento es de gran importancia en la definición de las políticas sobre la propia industria y la economía en su conjunto. La hipótesis es que el sector manufacturero, al igual que la economía mexicana en general, empezó a registrar desde principios de los ochenta cambios estructurales significativos que alteraron de manera importante los valores paramétricos y el sentido de la asociación entre algunas de las variables. 2 El sector continúa en proceso de acomodos y ajustes estructurales relevantes que impiden arribar a una estimación paramétrica concluyente.

El ejercicio econométrico contribuye a interpretar lo ocurrido en las citadas variables en el período 1970-1992 y permite distinguir algunos puntos de inflexión que han marcado los cambios estructurales; el más notable ha sido la modificación de la estrategia de crecimiento a partir de 1982.

El crecimiento se basó en el dinamismo de la demanda interna de 1940 a 1982, año a partir del cual se modificó para sustentarse en la demanda externa de bienes manufacturados. 3 Esas formas también definieron cambios profundos en la función de producción que afectaron las relaciones laborales en todos sus ámbitos. Así, en un principio se protegió y estimuló el consumo y la producción internos, lo cual exigió relaciones laborales estables que se tradujeron en salarios y empleos crecientes. En la media en que ese estilo no se pudo continuar por los fuertes obstáculos que presentaba, desde fines de la década de los años setenta -sobre todo a partir de 1982- se inició una estrategia diferente. 4

El modelo

En su forma estructural el sistema lo integran cuatro ecuaciones de comportamiento que se resuelven de forma simultánea: la producción (Ys), el empleo (L), las exportaciones (X) y las importaciones (M); una identidad del ingreso (Yd, que se estima de manera independiente a partir de la sumatoria de los valores obtenidos de X, M, A), 5 y una condición de equilibrio entre el ingreso generado por la producción (Ys), ecuación (1), y el proveniente de la demanda (Yd).

Esta última ecuación plantea que la condición de equilibrio se cumple por ajustes en la balanza comercia, no por ajustes en precios o cantidades: 6

Esto es consecuente, pues si la demanda interna (comúnmente conocida en el análisis de macroeconomía abierta como absorción interna) supera la producción, se requerirá de oferta externa (importaciones) que la satisfaga (véase el diagrama de flujo).

Diagrama de flujo

La ecuación (1) es una función de producción de tipo Cobb- Douglas que además de incorporar los factores productivos habituales (capital y trabajo) presenta dos particularidades: incluye una variable ficticia de capital (KtùF), que muestra el cambio en el estilo de crecimiento de México a partir de 1982, e introduce la variable tiempo (T) como una proxy de la productividad multifactorial, equivalente al efecto del progreso técnico en la dinámica de la producción sectorial en el período analizado.

La segunda ecuación determina el empleo (Lt), en función de la producción sectorial (Yt) estimada en (1) de una dummy (DY) y una ficticia de la producción (YDE), las que establecen que después de 1982 la producción perdió capacidad de generación de trabajo y en su lugar aparecieron otros factores no comprendidos en esta especificación.

Las dos primeras ecuaciones se determinan de manera simultánea, lo que supone que existe una causalidad bidireccional en el mismo período. Ello significa que los empresarios ajustan su demanda de empleo en función de los niveles de producción y que éstos determinan los requerimientos de demanda de trabajo.

La tercera ecuación plantea la determinación de las exportaciones (Xt) a partir del tipo de cambio real (q), del producto de Estados Unidos (YEU) -ambos rezagados-, del estilo de crecimiento (F) y de una ficticia del producto interno (YDX) que incorporó el impulso exportador de fines del decenio pasado. Conviene señalar que diversos estudios han demostrado que el tipo de cambio real (q) tiene un efecto retardado en las exportaciones sectoriales; es decir, no es inmediata la apertura de nuevos mercados en el exterior y los consumidores tardan en darse cuenta de la existencia de nuevos productos que tal vez sean más baratos. 7

La siguiente ecuación de comportamiento se refiere a que las importaciones (Mt) dependen de la producción bruta (Yt), del tipo de cambio real (qt), de una dummy (DM) y de una ficticia del producto (Tt ù DM). Estas dos últimas variables rescatan los procesos de apertura comercial ocurridos de 1978 a 1982 y a partir de 1987. A diferencia de las exportaciones, las importaciones son considerablemente sensibles a movimientos del tipo de cambio real en el mismo período.

La quinta ecuación -que no se estima simultáneamente, debido a que es un instrumento de cierre del sistema por el lado de la identidad del ingreso- expresa que la absorción interna (At) es una función del ingreso (Yt).

La expresión (6) es la identidad del ingreso por factores de demanda calculados a partir de la integración de las estimaciones de sus variables componentes, tal como se presentan en (6.a). Por último, se encuentra la condición de equilibrio que, como se dijo, establece que la producción y la demanda internas tendrán que igualarse mediante cambios en la balanza comercial.

Método de estimación

El método de estimación más adecuado para este modelo simultáneo -que se encuentra sobreidentificado- es el de mínimos cuadrados en dos etapas (MC2E), en virtud de que incorpora variables que se relacionan entre sí y elimina la correlación de estas variables con el término de perturbación estocástico para que los estimadores sean consistentes y eficaces.

El procedimiento para la estimación considera dos conjuntos de regresiones mínimo cuadráticas: "El primer conjunto de regresiones, la primera etapa, es la estimación de los coeficientes en forma reducida. En tales regresiones cada una de las variables endógenas se trata como la variable dependiente (Yt, Lt, Xt y Mt) y todas las exógenas del modela completo, como las variables explicativas (instrumentales). El segundo conjunto de regresiones, la segunda etapa, también sintetiza regresiones mínimo cuadráticas, cada una de las cuales representa la estimación de los parámetros de una de las ecuaciones estructurales." 8 Este método construye en su primera etapa la matriz de varianzas y covarianzas tanto de las variables como de los coeficientes de estimación para después, en la segunda etapa, trabajar con esta matriz, logrando así la estimación simultánea. Con ello, las variables endógenas quedan fuera del efecto del término de perturbación de la ecuación correspondiente.

Análisis de resultados

El modelo se estimó a partir de la transformación de todas las variables en lineales, por lo que los estimadores se expresan en elasticidades constantes (en minúsculas) para todo el período de análisis.

Los resultados de la primera ecuación muestran que en el período de análisis la función de producción no puede considerarse de "buen comportamiento", debido a que no presentó rendimientos constantes a escala. Se debe destacar que dicha función ha sido predominantemente intensiva en trabajo, al presentar una elasticidad producto del empleo (1) de 0.56%, en contraste con la elasticidad del capital, que representó apenas 0.207% para el período 1970-1982 y que bajó un poco (0.197%) en 1983-1992, como se observa en la siguiente desagregación:

Esto obedeció a que, como consecuencia de la fuerte crisis económica de la década pasada, se registró una caída importante del coeficiente de inversión que afectó notablemente el acervo de capital total del sector. 9 Sin embargo, parece que tales acervos se utilizaron con mayor eficiencia en el proceso productivo a medida que creció de manera considerable la productividad media del trabajo, como se observa en la gráfica 1.

gráfica 1. México: acuervos de capital y productividad de la industria manufacturera, 1960 - 1990 (índices)

La productividad multifactorial (T) fue muy reducida en todo el período, pues en promedio anual la incorporación del progreso técnico tuvo una elasticidad de 0.027% que, dada la especificación, fue constante para todo el período de estimación. A pesar de las restricciones de los resultados de la estimación y de las advertencias anteriores, se logró un excelente ajuste (véase la gráfica 2).

gráfica 2. México: ajuste de la función de la producción, 1970 - 1992

La segunda ecuación es muy interesante en términos de la hipótesis de cambio en el estilo de crecimiento, pues cuando prevaleció el modelo basado en la demanda que contrasta claramente con 0.05473% que se observó a partir de ese año (véase la gráfica 3).

gráfica 3. México: ajuste de la función del empleo, 1970 - 1992

En gran medida, esto refleja un cambio muy importante en la estructura productiva que se relaciona con la explicación de la ecuación anterior. Hasta 1981 la evolución del empleo fue ascendente y a partir de ese año comenzó a mostrar un fuerte estancamiento. Desde 1991 cayó sensiblemente, sin que haya elementos que permitan pensar en un cambio de comportamiento en el corto plazo. Esa caída abrupta rompe con la tendencia de los años anteriores y su explicación no es posible mediante este modelo.

Al parecer, se presencia un nuevo cambio estructural, en el sentido de que el crecimiento económico se asocia con la reducción del volumen de trabajadores, lo cual entraña fuertes aumentos de la productividad. Este fenómeno ha sido común en las economías desarrolladas y se está presentando en México, con particular relevancia en el sector manufacturero. Aunque por el momento es difícil llegar a una conclusión clara, es posible que la tendencia continúe en el corto plazo y se intensifique con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC). Es muy probable que el TLC permita incorporar tecnologías ahorradoras de trabajo, con el cierre consecuente de un número considerable de empresas. Así, el cambio estructural que se inició en 1982 ha obstruído de forma severa la generación de puestos de trabajo y por lo tanto se ha constituido en un importantísimo factor de depresión salarial en toda la década pasada.

Por otro lado, se observa un cambio muy notable en la constantes de regresión, lo que refuerza la hipótesis y permite plantear que desde 1982 han surgido otros factores no comprendidos en la especificación (ajenos al dinamismo de la producción) que explican la generación de empleos.

Todo lo anterior se puede ver con claridad en la gráfica 3 y en las siguientes dos ecuaciones que incorporan el efecto de las variables dummy y ficticia:

La tercera ecuación revela que la demanda generada por la producción de Estados Unidos (yEU) en mucho determina el comportamiento de las exportaciones sectoriales en todo el período de estimación en relación con el resto de las variables independientes consideradas en el modelo. Esto se muestra por medio de una altísima elasticidad de 2.34%, en tanto que el tipo de cambio real sólo representa 0.42%, aunque ambas operan con un rezago temporal. Esta función, al igual que las anteriores, también responde a la hipótesis de cambio en el estilo de crecimiento, como se puede ver en la variación de la constante de regresión que se presenta en la siguiente desagregación por períodos:

En el segundo período se incorporó una variable ficticia (YDX) que recoge el impulso exportador que se efectuó a partir de 1989 y que numéricamente es de 0.02%. Al igual que las regresiones anteriores, se obtuvo un buen ajuste, a pesar de que se subestima la evolución de los dos últimos años, lo cual puede deberse tanto a la reciente recesión de la economía estadounidense como a la fuerte apreciación del tipo de cambio. 10 (véase la gráfica 4).

gráfica 2. México: ajuste de la función de la exportaciones, 1970 - 1992

La última ecuación de comportamiento presenta modificaciones temporales muy importantes que también responden a la misma hipótesis de cambio estructural, pero probablemente aún más a los cambios de la política comercial en todo el período. Así, hay dos subperíodos de apertura comercial (1978-1982 y de mediados de los ochenta en adelante) en que la elasticidad ingreso de las importaciones creció de manera muy notable:

Sin apertura comercial (1970-1977 y 1983-1986): 11

mt = 7.27 - 1.03 qt + 0.65 yt

Con apertura comercial (1978-1982 y 1987 en adelante)

mt = -22.86 - 1.03 qt + 2.86 yt

En contraste con la función de exportaciones, los resultados muestran que las importaciones son mucho más sensibles a las modificaciones en el tipo de cambio real (0.42 frente a - 1.03) y además en el mismo período. Por eso es que en los intervalos en que se ha observado el crecimiento con apreciación cambiaria el saldo comercial ha presentado déficit muy elevados y crecientes, no así en los entornos de ajuste cambiario o recesión. En estas coyunturas la balanza comercial mejora casi de inmediato por la fuerte reducción de las importaciones, no por el aumento de las exportaciones, que contribuyen a esa mejoría en un período posterior. Ello se aprecia con mayor claridad en el período de reanudación del crecimiento económico iniciado en 1988 (véase la gráfica 5).

gráfica 5. México: ajuste de la función de la importaciones, 1970 - 1992

La ecuación de cierre del modelo a partir de una condición de equilibrio del ingreso plantea que la oferta interna debe igualarse a la demanda interna sobre la base de las variaciones del saldo de la balanza comercial (en adelante B). En la gráfica 6 se observa que la demanda y la oferta se presentan con pendientes positivas. La parte inferior de la gráfica muestra la relación habitual entre el ingreso y la balanza comercial. En ese sentido, cualquier nivel de ingreeso superior a Yo implica un desequilibrio comercial. En la gráfica citada se puede advertir que la pendiente de A es superior a la de Ys. Esto supone que en general la producción evoluciona con menor intensidad y celeridad que las variables de demanda. Cuando la oferta (Ys) y la absorción internas son iguales, necesariamente habrá equilibrio comercial en Yo. Las innovaciones o los cambios estructurales positivos desplazan la curva Ys hacia arriba, con lo que se reduce la restricción de balanza comercial, desplazando a la derecha la curva XN y aumenta el nivel de producción compatible con el equilibrio externo.

gráfica 6. México: equilibrio del ingreso y la balanza comercial

Lo opuesto ocurre cuando la economía o el sector sufren procesos de restructuración, desindustrialización o destrucción de la capacidad productiva. En estos casos, la curva Ys se desplaza hacia abajo, lo cual intensifica la restricción externa, ya que XN se mueve a la izquierda. Por lo general la devaluación trae consigo fuertes caídas en la absorción interna (A) debido a que produce importantes efectos inflacionarios que contraen los ingresos de los sectores de salarios fijos. Partiendo de una economía con desequilibrio comercial, los ajustes cambiarios hacen que A se iguale o incluso se ubique por debajo de la producción interna (Ys) ocasionando así correcciones en la balanza comercial. Una manera muy sencilla de expresar la restricción externa es la siguiente: Bt = (Xt - Mt) -mYt = 0, donde

B = Saldo de la balanza comercial

X = Exportaciones

M = Importaciones autónomas o no dependientes del ingreso

m = propensión marginal a importar

Y = Producción bruta

Con base en operaciones algebraicas se llega a una expresión que establece el nivel de producción (Yo) compatible con B = 0.

Yo = XNt / m

Esta expresión resulta muy importante para analizar lo acontecido en el sector manufacturero en un amplio espacio temporal, pues permite conocer con cierta precisión Yo por períodos específicos. Desde 1960 el sector ha registrado desequilibrios comerciales permanentes debido a la insuficiencia de oferta interna, lo que se ha traducido en altos requerimientos de importaciones. 12 La relación del saldo de la balanza comercial con respecto al producto llega a casi 7% en 1981 y es poco mayor a 5% en 1992. Esto obedeció, en parte, al importante aumento de la propensión marginal a importar (m). Es posible que la diferencia sea resultado de la fuerte crisis de los ochenta que provocó una ruptura significativa de los encadenamientos productivos. Ello deterioró la autonomía productiva nacional; es decir, originó un proceso de desindustrialización. En la actualidad, con crecimientos del producto mucho menores que los de los años setenta, se registran déficit comerciales similares.

Comentarios finales

La eventual recuperación de la economía estadounidense iniciada en 1992 ha tenido efectos importantes en la exportaciones manufactureras mexicanas, que crecieron más que las de otros países que negocian con Estados Unidos. 13 Proyecciones macroeconómicas del Banco Mundial calculan que esa economía crecerá 2.1% en promedio durante la segunda mitad de los noventa. Ello favorecerá las exportaciones de manufacturas nacionales, dada su alta elasticidad respecto al producto estadounidense (2.34%).14 De continuar la actual política cambiaria y la liberación comercial, con seguridad las compras seguirán creciendo de manera importante, a menos que haya un "efecto de saturación" de las importaciones.

De cualquier modo, el aumento esperado en las exportaciones difícilmente compensará la evolución de las importaciones, dadas sus altas elasticidades ingreso y con respecto al tipo de cambio.

Por otro lado, el crecimiento del producto manufacturero exige una cantidad mayor de importaciones que las exportaciones que se generan por el crecimiento del producto estadounidense (2.86 frente a 2.34), por lo cual es consecuente prever que de observarse un ritmo de crecimiento al menos similar al de 1992 (1.8%), se mantendrá un alto déficit comercial del sector. Ante ello, se presentan tres opciones de política:

  1. Introducir correcciones abruptas en el tipo de cambio que restrinjan considerablemente las importaciones. De no presentarse una fuerte contingencia macroeconómica o un shock externo, la aplicación de esta alternativa es poco probable, pues derrumbaría el modelo seguido en el sexenio -en el que los instrumentos se subordinaron al objetivo de reducir la inflación tratando de acercarla a la de Estados Unidos- y generaría gran incertidumbre.

  2. Sacrificar el crecimiento económico a consecuencia de la aplicación de una política monetaria contraccionista y una estrategia fiscal muy restrictiva. 15

  3. Recuperar el ritmo de crecimiento y, al mismo tiempo, abatir el desequilibrio comercial. Ello sería posible combinando una política comercial "proteccionista" -que detenga las importaciones de muy baja calidad y con precios dumping- con una estrategia cambiaria que amplíe el margen cotidiano de deslizamiento del tipo de cambio nominal.

No deben despreciarse los perniciosos efectos microeconómicos y macroeconómicos derivados de la sobrevaluación cambiaria. 16

Como resultado de las políticas restrictivas, así como del entorno recisivo de la economía mundial, la producción manufacturera ha perdido dinamismo (7.2, 5.8, 3.7 y 1.8 por ciento, respectivamente, en 1989, 1990, 1991 y 1992), que se agudizó en 1993 y tal vez persista en 1994.

La política monetaria ha provocado una altísima insolvencia financiera17 que, aunada al gran crecimiento de la demanda interna (5.5% en 1989, 6.7% en 1990, 5.4% en 1991 y 5.1% en 1992) y del consumo privado (6.3, 5.7, 5 y 5.9 por ciento, en los mismos años), 18 han incidido de manera determinante en el aumento de la restricción externa.

Desde 1982 se observa un preocupante agotamiento en la generación de empleos y el sector manufacturero se ha convertido en expulsor neto de trabajadores. Esto se ha combinado con un crecimiento de la producción (aunque en franco declive) que se ha traducido en un crecimiento de la productividad media del trabajo.

Este último fenómeno en particular -aunado a otros que se han examinado en este trabajo- demuestra que aún se está en presencia de fuertes ajustes estructurales del sector manufacturero y de la economía mexicana en su conjunto, por lo que es difícil llegar a argumentos concluyentes. Sin embargo, las tendencias apuntadas se pueden considerar como elementos de análisis y discusión para pronosticar posibles escenarios de corto y mediano plazos.


1. Es conveniente recordar el artículo de N. Kaldor, "Las causas del lento crecimiento del Reino Unido", Investigación Económica, núm. 167, UNAM, México, enero-marzo de 1993.

2. Esta hipótesis se corrobora con los resultados de las estimaciones que se presentan en el tercer apartado.

3. E. Loría, "Salarios y estilos de crecimiento en México, 1960-1990", Economía Informa, núm. 205, UNAM, México, mayo de 1992.

4. Este cambio en el estilo de crecimiento se rescata en el modelo a partir de la incorporación de una variable cualitativa (F), que de 1970 a 1980 adquirió el valor de 1, lo que muestra el apoyo del gobierno a la demanda y el consumo internos; a partir de 1980 tomó el valor de 0, que indica la ausencia de tal apoyo.

5. Hay que advertir que la absorción interna (A) se estimó de manera independiente como una función del ingreso; los resultados son los siguientes:

1A = 0.166 + 0.989ù 1Y
t (0.71) (57.9)
Rý = 0.99
DW = 0.49

6. Esta idea se basa en J. Ros, "Propiedades analíticas del modelo macroeconómico", Economía Mexicana, Centro de Investigación y Docencia Económicas, México, 1984.

7. F. Rivera Bátiz y L. Rivera-Bátiz, op. cit.

8. M. Intrilligator, Modelos econométricos, técnicas y aplicaciones, Fondo de Cultura Económica, México, 1990, p. 439.

9. De 1981 (punto histórico más alto) a 1990 ese coeficiente cayó 5.6 puntos porcentuales: de 27.4 a 21.8 por ciento respecto al PIB.

10. Esto también puede obedecer a la persistencia de los cambios estructurales, que impiden obtener estimaciones concluyentes.

11. Si bien el ingreso al GATT y el último proceso de liberación de las importaciones se inició en 1985, los efectos reales comenzaron a verse claramente a partir de 1987, como puede apreciarse en la gráfica 5.

12. E. Loría, "La industria manufacturera mexicana y el sector externo, 1960-1991", El Financiero, 11 de enero de 1993.

13. "El flujo de mercancías no petroleras hacia Estados Unidos creció 11.3%, mientras que las importaciones totales de ese país lo hicieron en aproximadamente 7.9%". Banco de México, Informe Anual 1992, p. 29.

14. Banco Mundial, Global Economic Prospects in the Developing Countries, 1992, Banco Mundial, Washington, 1992.

15. Este tipo de política monetaria también se deriva de la necesidad imperiosa de captar capitales internacionales que financien el alto desequilibrio de la cuenta corriente.

16. Un excelente tratamiento de gran variedad de consecuencias perversas de corto y largo plazos que provoca la sobrevaluación se encuentra en F. Rivera-Bátiz, op. cit., a la luz del análisis de "The Dutch Disease", y en R. Dornbusch, "Overvaluation and Trade Balance", en Dornbusch y Helmer (eds.), The Open Economy. Tools for Policy Makers in Developing Countries, Instituto del Desarrollo Económico, Series in Economic Development, Oxford University Press, 1988.

17. Según datos del Banco de México la proporción de la cartera vencida del año pasado se ha equiparado al nivel de 1983, cuando se presentó la peor recesión de los últimos cincuenta años. "La relación entre la cartera vencida y la cartera total de la banca comercial ha mostrado deterioro en los últimos años. De un nivel de 1.7% al final de diciembre de 1988, dicho coeficiente creció a 5.3% al cierre del mismo mes de 1992. Cabe recordar que el coeficiente de cartera vencida a cartera total, cuyo pico anual anterior se alcanzó en 1983 (a un nivel de 5.1%), disminuyó hasta 1.7% en 1998".

18. Banco de México, op. cit., y OCDE, Estudios Económicos de la OCDE: México, OCDE, París, 1992.