Así, en el variado y extenso campo de esta industria caben desde la elaboración de un ciento de tarjetas personales de presentación hasta millones de etiquetas para el envase de algún producto o cientos de miles de carteles propagandísticos. Esta enumeración es útil para no confundir a esta industria como parte o sinónimo de la actividad editorial. Resulta engañoso aglutinar a las artes gráficas con la industria editorial y la industria del papel como un solo rubro de la estadística y los análisis económicos. Se trata de tres sectores muy relacionados pero con comportamientos económicos muy distintos.
La industria de las artes gráficas atiende a muchos sectores industriales, de servicios y administrativos, por lo que en buena medida depende de los requerimientos y del desempeño de éstos. Le conviene que fabricantes de Estados Unidos o Japón, por ejemplo, se establezcan en México, ya que de esta manera muchas secciones se pueden beneficiar con contratos para la impresión de instructivos, cajas, calcomanías, publicidad, etc. Por esto es un sector estrechamente relacionado con el desarrollo del país. La amplitud de esta industria no sólo se manifiesta en su variedad productiva y de servicios, sino en la amplia gama de tamaños de las empresas, que van de las familiares a los grandes consorcios. La economía nacional y la política de apertura comercial han incidido de manera distinta en cada uno de esos tipos. Las microempresas (las que tienen hasta 15 empleados y cuyas ventas anuales netas no superan los 900 000 nuevos pesos) dominan el universo de las artes gráficas: son 7 863 de las 8 659 empresas afiliadas a la Canagraf en 1992. Hay, asimismo, 684 pequeñas empresas (las que tienen ventas anuales netas no superiores a 9 millones de nuevos pesos y hasta 100 empleados), y sólo 55 medianas (con ventas anuales netas no superiores a 20 millones de nuevos pesos y hasta 250 empleados) y 57 grandes empresas. De las 112 medianas y grandes, 89 se localizan en el Distrito Federal (79%), mientras que las microempresas están mucho menos centralizadas. 6 Así, 91% de las empresas de la industria de las artes gráficas son de carácter familiar (micro) que dependen en buena medida de unos cuantos clientes. Como han carecido de impulso financiero, tecnológico y de capacitación, la competencia de las empresas más grandes las ha desplazado. A su vez, éstas están resintiendo la presencia de las compañías extranjeras, por lo que en muchas ocasiones se ven obligadas a tomar los espacios tradicionalmente aprovechados por las más pequeñas.
Los grandes conglomerados, como R.R. Donelly and Sons de Estados Unidos, comienzan a incursionar ya en el mercado mexicano y a desplazar a los impresores nacionales. 7 Mediante el sistema de franquicias también han ingresado al país varias empresas, como Alphagraphics, que con sus modernos sistemas de duplicación constituyen una fuerte competencia, en diversos ramos, como el de papelería para oficinas. Otras empresas extranjeras están adquiriendo compañías mexicanas.
La Canagraf promueve coinversiones o asociaciones para que los empresarios mexicanos no se deshagan de sus empresas. En colaboración con la Canadian Printing Industries Association y la Printing Industries Association of America, elaboró un programa para promover intercambios de negocios que pueden ser de coinversión, subcontratación, licencias, acceso a tecnología, distribución, provisión y otros. Este mecanismo amplía las oportunidades para que las empresas mexicanas de las artes gráficas realicen diversos tipos de negocios con los países asociados en el TLC.
La actividad de las artes gráficas en México se enfrenta a una doble problemática en su papel como proveedora de un mercado muy diverso y como demandante de variados insumos, que en su mayoría deben importarse (tintas, papeles, maquinaria y refacciones). Además de que algunas empresas extranjeras desplazan directamente en México a los impresores nacionales, se ha comenzado a maquilar en otros países, como Colombia, donde ciertos insumos están libres de aranceles, como el básico en esta actividad, el papel, sobre todo el bond. En México éste se importa con un gravamen de 10 por ciento. 8
Así, por razones de calidad y precio muchos impresores deben importar papel, pero a un costo incluso superior al de algunos productos terminados, como libros y revistas. Así, la industria mexicana de las artes gráficas no sólo se enfrenta a la competencia de los países tecnológicamente más adelantados, sino a la de otros que impulsan su industria liberándola del pago de impuestos por la importación de insumos.
Los principales competidores de México son Colombia, Brasil, Argentina y España, además de Estados Unidos, que ha captado contratos como la impresión de las secciones amarillas de los directorios telefónicos y las revistas comerciales de gran tiraje. Cabe destacar que otros centros importantes de competencia están en China, Taiwan y Japón. La Canagraf gestiona ante la Secofi que se graven las importaciones de impresos extranjeros, y se liberen las de maquinaria para serigrafía y encuadernación, por ejemplo (la de maquinaria offset ya está libre de aranceles).
El retraso tecnológico de las micro y pequeñas empresas se debe en parte a su incapacidad para contratar los créditos que les permitan renovar su maquinaria, pero ello se debe a que en muchos casos carecen de adecuados sistemas de contabilidad y financieros. Así, la administración deficiente y la maquinaria obsoleta (de 30 años, en promedio) configuran un círculo vicioso que puede eliminarse con asesorías empresariales.
La carencia de maquinaria moderna afecta particularmente a las microempresas, pues les resta productividad y eleva sus costos de operación. Además, deben enfrentar la competencia de otras más grandes, cuyo equipo es capaz de trabajar hasta 16 veces más rápido. Por ejemplo, una imprenta con una máquina offset de una tinta y formato de cuatro cartas, difícilmente puede competir con la que posee una prensa de cuatro estaciones (que imprime cuatro tintas simultáneamente), gran formato y doble velocidad de impresión. Por ello las microindustrias tienen que limitarse a su muy reducido e inestable mercado. Además, les resulta difícil y costoso acudir a los centros internacionales de maquinaria, por lo que deben recurrir a importadores e intermediarios. Algunas limitaciones consisten, por ejemplo, en falta de conocimientos generales sobre cómo importar, carencia de créditos, muy baja capacidad para negociar precios y transporte razonables, etcétera.
Con la entrada en vigor del TLC la industria editorial mexicana estará obligada a establecer un sistema de capacitación técnica y empresarial que convierta a los trabajadores, administradores y empresarios de esta rama en sujetos capaces de revolucionar las formas de producción y administración y de allegarse lo necesario para impedir que se les desplace.
Según la Canagraf, en esta actividad laboran cerca de 132 000 personas; sin embargo, los indicadores de empleo y condiciones laborales en las artes gráficas suelen ser poco exactos, pues con frecuencia se acude al contingente de desempleados en busca de mano de obra barata, a costa de la calidad y del aprovechamiento del empleo formal. No es raro que se contrate incluso a niños para cubrir trabajos urgentes, los llamados "bomberazos" de fin de semana, con jornadas hasta de 16 horas diarias, por ejemplo, en trabajos de encuadernación.
En contraparte, se acude en exceso a las jornadas extraordinarias del personal técnico de planta (operadores de las máquinas por ejemplo), lo que no permite aumentar el empleo de mano de obra calificada en turnos distintos. Estos fenómenos se deben en parte a que no hay planeación administrativa adecuada, pero sobre todo al carácter estacional de la demanda, lo que provoca épocas de saturación o de muy escaso trabajo. Para combatir esto es necesario que las micro y pequeñas empresas, sobre todo, busquen la especialización productiva para encontrar los nichos del mercado que les garanticen una adecuada remuneración y una demanda estable.
Hay en este sentido un amplio potencial que puede explotarse con acciones para dar a las empresas medianas y pequeñas eficiencia operativa y administrativa, así como capacidad financiera para que dispongan oportunamente de los insumos necesarios para entregar con calidad y a tiempo e, incluso, para que no se afecte su liquidez cuando la cobranza exceda los plazos normales. Esas empresas pueden agruparse en uniones de crédito, asociarse para ampliar su gama de servicios, sobre la base de la especialidad en que tienen ventaja comparativa, o para realizar compras en común y negocios en mejores condiciones con sus proveedores. Si en las artes gráficas las microempresas son la mayoría y se distribuyen en todo el país, hacia ellas deben dirigirse los esfuerzos financieros, tecnológicos y de capacitación para apoyar y desarrollar al sector. Al respecto, cabe reconocer y difundir las acciones que se realizan con dicho propósito, como el Programa Especial de Impulso Financiero a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa de Nafin, en el que participan instituciones bancarias, uniones de crédito, arrendadoras financieras, entidades de fomento y empresas de factoraje.
Nafin absorbe hasta 50% del riesgo que la banca comercial asume al financiar a las micro y pequeñas empresas. También realiza la captación de créditos a corto plazo ya otorgados por los bancos y los convierte al atenderlos con sus propios recursos. Las empresas pueden pagar conforme a su capacidad para generar efectivo siempre y cuando cuenten con garantías efectivas para respaldar los créditos.
Nafin cuenta asimismo con otros apoyos para estas empresas, como a la restructuración de pasivos de las empresas, que debe acompañarse de restructuraciones integrales que eleven la productividad y competitividad de las empresas; los financiamientos a largo plazo para aportaciones accionarias destinadas a fortalecer la capitalización de las empresas, y programas de financiamiento para que los trabajadores y empleados de las empresas puedan aportar capital y convertirse en accionistas. Se estimula también la asociación entre empresas mexicanas y, al igual que la Canagraf, con empresas extranjeras, para crear alianzas estratégicas.
De acuerdo con un decreto del 7 de mayo de 1993, para promover la formación de empresas integradoras, Nafin financia las aportaciones de capital necesarias para realizar integraciones en escala nacional. En el caso de las coinversiones con empresas extranjeras, puede cubrir hasta 25% del capital requerido cuando las inversiones se realizan en México. Para apoyar la infraestructura, Nafin ha puesto a disposición de los intermediarios financieros recursos para mejorar el financiamiento a las inversiones destinadas a instalaciones, sistemas, capacitación etc. Las micro y pequeñas empresas de las artes gráficas pueden acercarse a los programas existentes, pero deberán modificar sus formas de operación mediante asociaciones y alianzas que fortalezcan su capacidad productiva, den eficiencia a sus sistemas administrativos, y mejoren su acceso al crédito. La Canagraf desempeña un papel importante en la asesoría para sus socios, tanto en materia financiera como en capacitación técnica.
El desarrollo del entorno empresarial está transformándose y es vital que se incluya a la industria de las artes gráficas como una actividad que requiere especial atención para darle respuestas adecuadas en materia tecnológica, arancelaria y crediticia. Por su parte, las empresas deben ajustarse a las nuevas exigencias y mejorar su calidad productiva y administrativa, para que logren ventajas que las fortalezcan ante la creciente competencia que impone la apertura comercial.
1. El Financiero, 11 de marzo de 1993.
2. Reforma, 7 de febrero de 1993.
3. "Sumario estadístico", Comercio Exterior, vol. 44 núm. 2, febrero de 1994.
4. Anexo estadístico a la XXIX Asamblea General Ordinaria, Canagraf, 23 de marzo de 1993.
5. "Sumario estadístico", op. cit.
6. Esta redefinición de micro, pequeña y mediana industrias fue dada a conocer por Secofi en el D.O. del 3 de diciembre de 1993.
7. La Jornada, 17 de diciembre de 1993.
8. El Financiero, 14 de enero de 1994.