En general, el tipo de cambio efectivo real se define como la paridad efectiva nominal ajustada por los costos en moneda nacional o por los precios de un país respecto a los del resto del mundo. Es posible medirlo de distintas maneras, de conformidad con los propósitos analíticos de cada caso.
Esos indicadores se utilizan con frecuencia para analizar la competitividad internacional de una economía. La evidencia empírica muestra que los resultados pueden variar de manera importante, según el índice que se utilice. Al hacer un balance de las ventajas e inconvenientes de las diversas mediciones, algunos autores y organismos internacionales, como el FMI y la OCDE, consideran que las que se basan en los costos permiten estimar mejor la competitividad que las que descansan en los índices de precios. 1 Así, se inclinan por estimar el tipo de cambio real a partir de los costos unitarios relativos de la mano de obra en la industria manufacturera. Estos índices constituyen un indicador de la rentabilidad de las ventas externas y se definen como el cociente de los salarios por hora entre el volumen de producción por hora hombre (es decir, la productividad de la mano de obra) en la industria manufacturera de un país respecto a sus contrapartes comerciales. Los indicadores del tipo de cambio real basados en los índices de precios a menudo presentan sesgos considerables derivados de efectos de "composición", debido a que tanto la estructura (composición y ponderación) de las exportaciones como las ponderaciones de los bienes incluidos en dichos índices difieren significativamente de un país a otro. Este problema se reduce de manera importante cuando se utiliza el costo unitario relativo de la mano de obra.
Cabe destacar otras dos limitaciones de los indicadores de tipo de cambio real estimados mediante los índices de precios. Primero, los precios de los bienes comerciables relativamente homogéneos tienden a ser similares entre países; esto, por supuesto, no es un argumento que lleve a concluir que la competitividad de sus economías se ha mantenido constante. Por su parte, los precios de los factores (particularmente la mano de obra) en el sector de bienes comerciables tienden a ser menos sensibles a acontecimientos externos que los precios de los bienes. Segundo, la existencia de subsidios y controles de precios puede afectar la confiabilidad de la estimación.
Evidentemente, los cálculos basados en el costo de la mano de obra no están libres de problemas. Se ha señalado, por ejemplo, que suponen de manera implícita que la incidencia de otros costos es similar en el margen entre los países en estudio, de tal forma que los cambios en los costos laborales podrían considerarse como la causa principal de variación de los costos entre tales países.
Sin embargo, debe considerarse que en las economías con regímenes comerciales abiertos las fluctuaciones de la parte de los costos de producción que proviene de bienes transables internacionalmente tiende a igualarse en el margen. Además, los costos laborales constituyen con frecuencia el componente principal de los totales.
Otro problema es que los movimientos erráticos de la productividad pueden afectar el cálculo. Es bien conocido que mientras la productividad responde rápidamente a los cambios cíclicos en las presiones de la demanda, los salarios tienden a responder de manera gradual y, en ocasiones, con un retraso relativamente prolongado. En ausencia de ajustes adecuados, esto puede disminuir la precisión del índice. 2
Existen otras desventajas de comparabilidad: la definición de los costos laborales unitarios y su cobertura pueden diferir de un país a otro, además de la limitada disponibilidad de estadísticas y su falta de oportunidad. Las insuficiencias no sólo incluyen la información de costos (algunas naciones publican únicamente los costos salariales, otras los costos laborales totales, etc.), sino incluso la de producción (no todos los países dan a conocer con oportunidad las cifras de su producción manufacturera). No obstante, esos índices son muy útiles para analizar el sector externo, pues permiten una buena aproximación a los cambios en su posición competitiva. En todo caso, el tipo de cambio real estimado mediante el costo unitario de la mano de obra es sin duda uno de los indicadores más confiables para tales propósitos. Lo anterior, aunado a que es un índice muy consultado, muestra la relevancia de estimarlo para el caso de México.
Estimación de los costos laborales unitarios relativos en México
Para calcular el tipo de cambio real de México a partir de los costos laborales unitarios se consideraron ocho países, pues de ellos se obtuvieron estadísticas comparables: Estados Unidos, Alemania, Japón, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia y España. 3 Estos se ponderaron según su comercio de manufacturas con México en el período 1990-1992 (en conjunto representan alrededor de 90% del comercio total de manufacturas del país). Los costos laborales incluyen sueldos, salarios y prestaciones.
Se eligió como período base el promedio del bienio 1978-1979, representativo de una posición de equilibrio o de competitividad adecuada para el sector externo mexicano. Había transcurrido ya un tiempo razonable después de la devaluación de 1976, como para suponer que se habría disipado el margen de subvaluación que normalmente ocasiona un ajuste cambiario en los períodos iniciales.
Además, las exportaciones de manufacturas mostraron un crecimiento saludable en ese lapso y las reservas internacionales registraron una tendencia al alza.
El costo unitario relativo de la mano de obra en México (CURMO) se definió de la siguiente manera:
Whm = remuneraciones totales por hora en la industria manufacturera en México.También se utilizó en uno de los ejercicios el costo unitario de la mano de obra en México, definido como: Whm / QhhmQhhm = producción por hora hombre en la industria manufacturera en México.
Whi = remuneraciones totales por hora en la industria manufacturera en cada uno de los ocho socios comerciales de México considerados.
Qhhi = producción por hora hombre en la industria manufacturera en el socio comercial i.
ei = tipo de cambio expresado en pesos por moneda del país i.
ài = ponderación correspondiente al país i.
Con esta metodología se estimó un índice de costos unitarios relativos de la mano de obra para México. Los resultados se muestran en el cuadro 1 y en las gráficas 1 a 8. Con base en ellos cabe hacer las siguientes observaciones:
C U A D R O 1
INDICES DEL COSTO UNITARIO RELATIVO DE LA MANO DE OBRA EN
MEXICO EN LA INDUSTRIA MANUFACTURERA(1) (1978-1979=100)
____________________________________________________________
Año Principales socios comerciales(2) Estados Unidos
1975 113.50 112.12
1976 113.63 111.54
1977 91.24 90.12
1978 95.88 95.90
1979 104.12 104.10
1980 121.51 120.76
1981 152.33 148.88
1982 103.34 98.54
1983 63.33 60.72
1984 64.92 61.44
1985 65.43 61.69
1986 42.93 42.01
1987 40.98 41.12
1988 49.85 50.22
1989 57.67 57.74
1990 60.25 61.04
1991 65.66 66.55
1992 71.38 73.04
1993 73.40 74.98
1991
I 63.92 65.11
II 64.72 65.35
III 65.86 66.45
IV 67.73 68.92
1992
I 69.25 70.49
II 72.18 73.74
III 70.76 72.90
IV 73.00 74.72
1993(a)
I 74.37 75.89
II 72.19 73.98
III 74.24 75.75
IV 72.65 74.17
1. Los incrementos del índice indican una apreciación del
peso. 2. Estados Unidos, Alemania, Japón, Canadá, Reino
Unido, Francia, Italia y España.a. Preliminar.
Fuentes: Banco de México, INEGI y FMI.
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Pero dicho efecto ha sido de mucho menor magnitud que el de los costos de la mano de obra (véase la gráfica 3). Cabe señalar, a manera de ejemplo, que de principios de 1987 al cuarto trimestre de 1993 los costos laborales relativos se incrementaron 127%, al tiempo que la productividad relativa lo hizo 16% (véase la gráfica 4).
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La posición competitiva del sector externo en México no debe juzgarse solamente a la luz de la evolución de los costos unitarios de la mano de obra. Cabe destacar que las medidas de liberación comercial han facilitado a los productores internos el acceso a los insumos importados, en condiciones más favorables que antes, y les ha dado la certidumbre de que dicho acceso será permanente. El efecto benéfico de estas medidas en la competitividad internacional de la economía mexicana ha sido significativo.
1. Véase por ejemplo Jacques R. Artus, "Methods of Assessing the Long-Run Equilibrium Value of an Exchange Rate", Journal of International Economics, 8 de mayo de 1978, pp. 277-299; Jacques R. Artus y M. Knight, "Issues in the Assessment of the Exchange Rates of Industrial Countries", IMF Occasional Paper, núm. 29, Washington, 1984, y Edouard Maciejewski, "Real Effective Exchange Rate Indices: A Re-examination of the Major Conceptual and Methodological Issues", IMF Staff Papers, núm. 30, septiembre de 1983, pp. 491-541.
2. Para evitar las distorsiones generadas por los movimientos cíclicos de la productividad, el FMI calcula costos laborales unitarios "normalizados". En estos índices, la producción por hora hombre (PHH) en las manufacturas se expresaba, hasta hace poco, como un promedio móvil durante un período suficientemente largo para cubrir la duración promedio de los ciclos económicos en la posguerra. La PHH se definía como un promedio móvil "centrado" en un período de 19 trimestres. Para los últimos nueve trimestres, al no poder calcular los promedios con base en las estadísticas disponibles, la PHH se extrapolaba a partir de la última información de la serie, usando la tasa de crecimiento registrada en ese trimestre. En virtud de los márgenes de error de este enfoque, recientemente la metodología comenzó a usar el filtro Hodrick-Prescott. Para mayor detalle véase FMI, Quarterly Report on Changes in Exchange Rate Arrangements and in Real Effective Exchange Rates, EBS/90/164, 14 de septiembre de 1990 y EBS/92/143, 1 de septiembre de 1992, Washington.
3. Cabe señalar que el comercio de México con Brasil es mayor que con Italia, España y el Reino Unido. No obstante, se le debió excluir de los cálculos por falta de datos.
4. O sea: Whm / Whi.
5. Es decir: Qhhm/Qhhi.