La recreación de América Latina
Pocos períodos en la historia moderna han sido tan ricos en acontecimientos y transformaciones como el de las últimas décadas de este siglo. 1 América Latina ha sido testigo de profundos cambios políticos, sociales y económicos que, sin alcanzar la espectacularidad del derrumbe de los regímenes de Europa del Este y las grandes transformaciones tecnológicas, han alterado de manera significativa el tejido regional en sus más diversos planos.
No es exagerado afirmar que estamos asistiendo (porque los cambios aún no terminan) a una verdadera recreación de América Latina. Para comenzar por los datos más simples cabe preguntar qué ha pasado con su población. En primer lugar, el promedio de la tasa de crecimiento anual ha tendido a descender en los últimos 30 años: de 2.8% en el período 1961- 1970 pasó a 2.2% en 1981-1990. 2 No obstante, la región llegará a 500 millones de habitantes antes de que finalice el siglo, cuando a comienzos de los años cincuenta apenas rebasaba los 150 millones.
Brasil (con más de 150 millones de habitantes), México (con cerca de 90 millones), Colombia y Argentina (con cifras levemente superiores a 32 millones), Perú (cerca de 22 millones) y Venezuela (casi 20 millones) son los países con mayor peso poblacional, muy por arriba de Guatemala y Nicaragua (que no alcanza cuatro millones) o Panamá (casi 2.5 millones de habitantes).
A la hora de sacar cuentas sobre cuestiones políticas es importante considerar el peso diferenciado en materia poblacional. Si no hubiera democracia en Brasil y México, pongamos por caso, estaríamos hablando de que más de 50% de la población latinoamericana estaría excluida de esa forma de convivencia política. No parece un problema que pueda dejarse de lado tan fácilmente en el análisis.
Las cifras de todos los países de mayor peso poblacional -salvo Argentina, que se encuentra por debajo. y Venezuela muy por arriba- son muy cercanas o similares a las tasas promedio de crecimiento anual de la población, por lo que su peso específico en el total, aunque descienda levemente (por las mayores tasas de natalidad de otros países). seguirá siendo importante. 3
También debe considerarse que los promedios esconden realidades que es necesario sacar a la luz, como las diferentes tasas de natalidad de cada país, según el estrato social que se considere. Si bien se ha logrado disminuir la tasa global, aún es más alta en los estratos más bajos y menos elevada en los sectores sociales con mejores condiciones de vida y educación. Para la CEPAL esto significa que prosigue la 'trasmisión intergeneracional de la pobreza". 4 Lo anterior supone que, en un entorno de modelos económicos con dificultades para provocar derramas al conjunto de la población, en los próximos decenios los estratos pobres seguirán siendo un componente significativo de la estructura social latinoamericana, lo que exige desechar las ideas sobre su carácter transitorio.
Las consecuencias políticas de lo anterior son muchas, pero debe destacarse el potencial conflictivo que tal situación entraña, en vista de que no se han satisfecho las demandas de una parte considerable de la población y de que existen vínculos contradictorios entre los procesos de democratización y unas condiciones de vida carentes de espacios para modificarlos significativamente. Ello puede ayudar a que estos sectores no se "comprometan" con la democracia (ya que ésta tampoco lo hace con ellos) y se transformen en potenciales fuerzas de apoyo a proyectos políticos de los más variados signos.
Las ciudades, espacio central de la lucha política
Los procesos migratorios campo-ciudad, aún importantes, han propiciado un fenómeno social de la mayor importancia política: a comienzos de los años ochenta más de 70% de la población latinoamericana era urbana y cerca de 60% vivía en ciudades de más de 100 000 habitantes. 5 La atomización social que propicia el crecimiento de la población en pequeñas localidades, aldeas o rancherías se ha superado, favoreciendo la concentración en las ciudades, donde se asientan las principales instituciones en que se organiza el poder político.
En Uruguay, la concentración urbana en las dos principales áreas metropolitanas (Montevideo y Salto) alcanzó 52.3% del total de la población en 1980; en Santiago y Valparaíso (Chile), 40.4%; en Argentina (Gran Buenos Aires y Córdoba), 39.2%; en Caracas y Maracaibo (Venezuela), 24.8; en las ciudades de México y Guadalajara (México), 23.3%; en Bogotá y Medellín (Colombia), 21.9%, y en Sao Paulo y Río de Janeiro (Brasil), 17.6%. Los demás países registran cifras semejantes. 6 Esa concentración pone al Estado y a la sociedad civil frente a frente, sin las numerosas mediaciones que se presentan cuando la población se encuentra disgregada y alejada de los centros de decisión política.
La acelerada urbanización y la acentuada concentración poblacional han convertido a las ciudades en los puntos clave de los conflictos sociales y políticos y en los espacios en que tenderán a dirimirse las formas fundamentales de organización política. El mayor acceso a los medios de comunicación en las ciudades y la socialización que éstas propician cambiarán la relación de los pobladores con los partidos y las formas tradicionales de clientelismo político.
La condición ciudadana está más al alcance en las poblaciones urbanizadas; sin embargo, tenderán a erigirse nuevas barreras a la consolidación de ese proceso, como las nuevas formas de enajenamiento desarrolladas desde la televisión, el vehículo urbano de (des)educación por excelencia.
Las repercusiones políticas de la acelerada y concentrada urbanización apenas comienzan a manifestarse y cabe esperar que se agudicen en los próximos años. Lo que sí se ha manifestado de inmediato es la pobreza que se alimenta de las migraciones rurales y de las contracciones del empleo. De ser un fenómeno predominantemente rural hasta hace un par de decenios, en la actualidad es sobre todo urbano.
En 1989, de 183.2 millones de latinoamericanos ubicados en la franja de la pobreza, 103.7 millones vivían en el ámbito urbano y 79.5 millones en el rural. La suma de los indigentes, aunque menor en las ciudades, no altera la tendencia anterior (véase el cuadro 1).
La juventud: actor social y político
América Latina es una región joven. A pesar del relativo éxito de las políticas de control natal aplicadas en los últimos años, la población menor de 15 años aún tiene un peso importante: 35% de la total del subcontinente en 1992. Si se agrega el grupo de 15 a 19 años, el porcentaje se eleva a 45.3. 7
Tales cifras implican inmediatas demandas de educación para más de 100 millones de niños, de empleo para 50 millones de adolescentes y, en el corto plazo, de creación de 50 millones de puestos de trabajo más.
En la última década las políticas gubernamentales y la economía no se han caracterizado por su buen desempeño en estos aspectos, por lo que la mayoría de los jóvenes ciudadanos que se incorporarán a la política lo harán con demandas básicas insatisfechas.
Los jóvenes se han constituido en actores políticos de primer orden en algunos procesos políticos recientes en América Latina. En las manifestaciones contra las dictaduras en Chile, Brasil o Argentina, para sólo nombrar algunos casos, los estudiantes de segundo y tercer nivel desempeñaron papeles destacados por su número y decisión de hacer valer sus puntos de vista. En otras experiencias políticas, como las guerras civiles en Nicaragua y El Salvador, amplios contingentes juveniles se incorporaron a la lucha armada. Más recientemente, tuvieron un peso significativo en las multitudinarias manifestaciones callejeras que demandaron la salida de Fernando Collor de Mello de la presidencia en Brasil.
Así, los nuevos ciudadanos no sólo se incorporan a la vida política con demandas insatisfechas, sino también con un bagaje de experiencias que pone de manifiesto que la pasividad y la indiferencia no caracterizarán su conducta futura.
Educación: signos contradictorios
Si se considera el número de personas que reciben educación, las estadísticas muestran un crecimiento importante de los educandos en América Latina. La tasa neta de escolarización de la población entre 6 y 11 años se ha mantenido en constante crecimiento, pues de 57.7% en 1960 llegó a 87.6% en 1988. El salto es más espectacular en la población de 12 a 17 años, pues la tasa pasó de 36.3 a 71.6 por ciento en el mismo lapso. 8
El número de personas que asiste a la escuela ha crecido y aumentado los años de estudio de la población. En este sentido los datos parecen alentadores. No cabe duda que una población alfabetizada y con mayor educación tiende a restarle a las fórmulas autoritarias de gobierno sus bases de sustentación.
Es necesario, sin embargo, considerar ciertos problemas en el ámbito educativo al ponderar este factor y sus posibles incidencias en el campo político. Es el caso de las tasas de analfabetismo. A pesar de los avances, en algunos países latinoamericanos los porcentajes de la población que aún no sabe leer ni escribir son todavía muy altos, lo que constituye entre otros factores un serio problema para el establecimiento y consolidación de regímenes democráticos.
Haití es el caso extremo con 47% de analfabetismo en 1990. Le siguen la mayoría de los países centroamericanos: Guatemala (44.9%), El Salvador (27%) y Honduras (26.9%). También destacan Bolivia (22.5%), Brasil (18.9%), Perú (14.9%), Colombia (13.3%), México (12.4%) y Venezuela (11.9%). Uruguay, Argentina, Chile y Cuba, en ese orden, son los países con los porcentajes más bajos de analfabetismo. 9 Ciertos indicadores sobre la expansión del sistema educativo dan nuevas pistas para morigerar el optimismo que despiertan las estadísticas sobre el crecimiento de los educandos en América Latina en los últimos años.
Chile y México constituyen casos extremos que reflejan problemas diversos. En todos los grados, de 1975 a 1985 Chile muestra los porcentajes más bajos de expansión de establecimientos, personal docente y alumnos matriculados. En la enseñanza de primer grado, el número de escuelas apenas creció 0.1%; el personal docente, 4.75% y los alumnos 12.8%, con la consiguiente elevación del número de estudiantes por maestro. 10 En este caso el deterioro de la calidad educativa responde a las restricciones que limitan el crecimiento de la infraestructura y del número de educadores.
En México los deterioros de la educación tienen otras razones. Todas las variables (número de establecimientos, personal docente y alumnos, en todos los niveles) crecieron significativamente de 1975 a 1985. Destacan los datos correspondientes a la enseñanza de tercer nivel, en donde el personal docente aumentó 167.3% y el número de alumnos matriculados 139.3%. Este explosivo crecimiento (con educadores insuficientemente preparados, por ejemplo) es uno de los factores que explican la generalizada opinión sobre la baja calidad de la educación en este país.
Salvo contadas excepciones, como Colombia, Cuba y Nicaragua, en los últimos años la mayoría de los países latinoamericanos han disminuido significativamente el gasto público para educación. Por sólo destacar algunos casos, en Argentina la participación de ese gasto en el PIB fue de 4.5% en 1975 y de 2.5% diez años después; en Brasil pasó de 3 a 2.7 por ciento de 1975 a 1988; en Chile bajó de 4.1 a 3.6, en iguales años; en México de 3.6 a 2.1 y en Venezuela, de 4.5 a 3.5 por ciento. 11
Este descenso provocó serios problemas en la calidad de la educación. En unos casos (como el chileno), el deterioro de la infraestructura y el aumento de las cargas de trabajo de los educadores, al crecer más el número de estudiantes que el de aquéllos. En otros (como el mexicano), agudos descensos tanto en los salarios de los docentes como en los recursos con que las escuelas llevan a cabo sus diversas actividades, en un entorno de expansión extraordinaria de las matrículas y los establecimientos. La población estudiantil, que se desenvuelve en un deteriorado ambiente educativo, de manera permanente explota en diversos países para exigir soluciones a sus reivindicaciones o adscribiéndose a las demandas de otros sectores de la sociedad.
La televisión y la deseducación
En paralelo al sistema educativo tradicional se ha desarrollado otro, ligado a los medios de comunicación, cuyo nervio central es la televisión. El deterioro educativo ha ido acompañado de la multiplicación de televisores en los hogares latinoamericanos. 12 En numerosos estudios se ha mostrado que sus mensajes y fórmulas educativas son distintos de las propuestas de la educación tradicional, en muchas ocasiones con valores contrapuestos.
Si bien las derivaciones de este fenómeno son muchas, interesa destacar el papel de ese medio en ciertos campos de la política. En este sentido es significativa la siguiente reflexión del antropólogo brasileño Darcy Ribeiro: "las grandes masas brasileñas se urbanizaron [...] sin llegar a la condición ciudadana".
Hace 40 años 75% de los brasileños vivía en el campo, proporción que hoy está en las ciudades. "Hay que tener en cuenta que toda esa gente pasó de una cultura de trasmisión oral del conocimiento a otra en que ésta se adquiere en la escuela; pero como tampoco fue a la escuela, pasó directamente a un sistema de trasmisión cultural vía TV Globo. [...] Este sí que es un poderío tremendo, que está en manos educativa y éticamente irresponsables. Poderío ingenuamente subvaluado por las fuerzas progresistas del país, puesto que a partir de él se explica la victoria de [Fernando] Collor -figura novelesca totalmente montada por la TV Globo- en las elecciones presidenciales." 13 No es exagerado señalar que muchas de estas afirmaciones podrían aplicarse (con las modificaciones del caso) a la mayoría de los países latinoamericanos.
Hay entonces unos procesos que tienden a favorecer la condición ciudadana (más estudiantes y mayores niveles de educación; población que se hace mayoritariamente urbana, por ejemplo) y otros que caminan en sentido contrario (como las propias deficiencias de la educación y el papel de los medios de comunicación, en particular la televisión). Al parecer, las condiciones para hacer de la democracia un proceso medianamente estable no se encuentran a la vuelta de la esquina.
El número de personas que asiste a la escuela ha crecido. No cabe duda que una población alfabetizada y con mayor educación tiende a restarle a las fórmulas autoritarias de gobierno sus bases de sustentación
Terciarización contra centralidad de la población obrera
La ubicación de la población en edad de trabajar en los diversos sectores de la actividad económica ha presentado cambios significativos en los últimos años. Destaca la creciente terciarización de la fuerza de trabajo. Mientras que en 1960 laboraban en los servicios 21.7 millones de personas, en 1980 fueron 51.8 millones, para convertirse en el sector que concentra el mayor número de trabajadores (42.2% del total), por encima de la agricultura que bajó de 47.9 a 32.1 por ciento en los mismos años. 14 Esta tendencia es una de las características de las economías que se modernizan y parece que la de América Latina camina en tal sentido. Sin embargo, en el sector servicios de la región se concentran actividades que más bien reflejan muchos atrasos y problemas. Tal es el caso de las diversas formas del microcomercio callejero.
El sector servicios ha crecido aceleradamente en los países de mayor desarrollo relativo de América Latina, en tanto su avance es más lento en los de menor desarrollo. En 1960-1980 pasó de 45.4 a 53.2 por ciento de la PEA de Argentina; en Chile, de 40 a 58.3; de 44.2 a 55.5 en Venezuela; en Uruguay, de 49.8 a 55; en Brasil de 29.6 a 42.2. De las grandes economías regionales, sólo México (34.4%) se ubica por debajo del peso porcentual promedio para toda América Latina. En estos países las tendencias que apuntan a la terciarización de la economía se combinan con las que convierten al sector servicios en el refugio de los trabajadores desplazados de los otros sectores y que se dedican a labores informales diversas. No hay que olvidar que la crisis de los ochenta reforzó estas tendencias.
En su conocido libro El otro sendero, Hernando de Soto concibe al comercio callejero como parte de la iniciativa empresarial que existe en la población, por lo que lo considera un fenómeno plausible. 15 Sin embargo, no debe perderse de vista la diversidad de categorías del comercio informal y que un número significativo de personas se dedican a él porque no encuentran ubicación en otras actividades y además no alcanzan las condiciones mínimas de subsistencia.
El espectro del comercio callejero incluye desde el que se equipara, por su estabilidad y el monto de los recursos que maneja, con el comercio establecido, hasta el que se acerca a la lumpenización callejera y la indigencia. Esto plantea conductas sociales diferenciadas, más propias de la pequeña burguesía propietaria las primeras (individualistas y conservadoras), y quizá más cerca de las conductas anómicas las segundas.
El trabajo en el sector industrial también creció, aunque menos que en los servicios, pues de 20.9% de la PEA en 1960, pasó a 25.7% en 1980. Es significativo que la cuarta parte de la PEA de América Latina se ubique en este sector. En los últimos años se ha hablado mucho de la pérdida de centralidad de la clase obrera, porque al bajar el peso numérico de los trabajadores industriales se ha reducido su importancia en las luchas sociales. 16 Sin embargo, de acuerdo con las estadísticas todavía son numerosos y han crecido en los últimos años, por lo que son aún actores políticos potenciales de primer orden. A modo de ejemplo cabe recordar que en Brasil una parte significativa del peso social del Partido de los Trabajadores arrancó del sector de los metalúrgicos y posteriormente de otras ramas industriales.
En Brasil, México, Colombia y Venezuela creció el peso porcentual de la población de la industria, que también aumentó en números absolutos, de 1960 a 1980. En Argentina prácticamente no cambió su importancia relativa y en Chile descendió de 30 a 25.2 por ciento, pero en ambos casos crecieron las cifras absolutas. Así, la pérdida de centralidad, en términos numéricos, tiene en la región una validez restringida. En el sector agrícola disminuyó el peso relativo de la PEA y creció levemente, en términos absolutos de 33.3 millones de personas en 1960 (47.95%) a 39.7 millones (32.1%) en 1980.
No obstante, es aún significativo el total de la población latinoamericana que trabaja en la agricultura. Su importancia aumenta si se consideran algunos casos particulares. Así, en Guatemala la PEA en la agricultura fue de 56.9% en 1980; 70% en Haití; 60.5% en Honduras; 45.5% en Bolivia y 40% en Perú. En el otro extremo, sólo 13% en Argentina: 16.5% en Chile y 16.1% en Venezuela. No es difícil concluir que las luchas campesinas tienen un peso mayor en los primeros países que en los segundos. Asimismo, es probable que la demanda de mayor democracia representativa tenga mayor base social en los últimos casos que en los primeros, dado el predominio del mundo urbano.
Nuevo modelo económico
Los cambios en la composición de la población trabajadora van de la mano de la llamada modernización (que provoca, por ejemplo, que el empleo se concentre en el sector terciario), pero también responden a algo mucho más específico, referido a los modelos de reproducción del capital.
América Latina emprendió en los últimos decenios (con puntos de partida y ritmos diferenciados en cada país) una profunda reorganización de su economía, lo cual partió del establecimiento de nuevos modelos de desarrollo que demandaron, en mucho mayor medida que en procesos similares anteriores, la readecuación del conjunto de la economía y que la remecen desde sus cimientos. Se busca en especial crear una nueva economía, por lo que parece pertinente asumir la idea de que se realizará una verdadera refundación económica (y quizá también social y política).
Una característica central del nuevo modelo es su vocación exportadora. Se trata de encontrar en el mercado mundial un espacio para los bienes tradicionales y los que no lo son, pero producidos con nuevas condiciones técnicas, de organización del trabajo y de explotación.
El esfuerzo exportador de los últimos años queda de manifiesto en las estadísticas. De 16 960 millones de dólares exportados en 1970, se pasó a 152 176 millones en 1991. Un salto espectacular. En poco más de 20 años el valor total de lo exportado se multiplicó por nueve. 17
Es interesante destacar que la reinserción de América Latina en el mercado mundial entraña cambiar los bienes que tradicionalmente se volcaban al exterior. Ya no se trata de que la estructura exportadora repose sólo en los bienes tradicionales que mantienen un papel significativo-; también se busca ganar terreno con bienes que exigen una mayor cuota de procesamiento interno. El cuadro 2 refleja este fenómeno.
C U A D R O 2
ESTRUCTURA DE LAS EXPORTACIONES LATINOAMERICANAS, 1970-1988
(PORCENTAJES)
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Productos Petróleo y Productos
básicos combustibles manufacturados(1)
1970 66.9 22.5 10.6
1975 52.6 31.8 15.7
1980 40.0 37.9 22.1
1985 32.1 37.2 30.7
1988 32.9 27.0 40.1
1. Incluye productos semimanufacturados.
Fuente: Tomado de Centro Latinoamericano de Economía y
Política Internacional, Informe de la economía mundial.
Perspectiva latinoamericana 1990-1991. Hacia nuevos
horizontes, Santiago, 1991, p. 135.
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La disminución de los productos básicos y el crecimiento de las manufacturas en el conjunto de las ventas externas muestran que el modelo exportador no busca repetir simplemente las fórmulas tradicionales de la vinculación de América Latina con el mercado mundial. Para sentar las bases del nuevo modelo exportador la restructuración productiva ha supuesto una drástica caída de los ingresos de la población trabajadora.
Salvo en Colombia y Brasil (en particular Sao Paulo), en los demás países se presenta un marcado descenso de las remuneraciones en los años ochenta que no alcanza a revertirse entrados los años noventa (se exceptúa Chile). No debe perderse de vista, para realizar una justa valoración de lo que se comenta, que el año base del índice es 1980. Argentina, México, Perú (el caso más patético) y Uruguay no logran aún recuperar las remuneraciones de hace poco más de diez años.
Esta situación se presenta luego de que la economía latinoamericana iniciara, hace unos años, una leve recuperación, como lo indican las cifras de crecimiento del PIB. 18 En Argentina las remuneraciones muestran una acentuada tendencia a la baja, pese a que en 1990 comenzó a recuperarse su economía con tasas anuales de crecimiento del PIB de 7.3% en 1991 y 6% en 1992. Chile es el país latinoamericano que ha crecido más en los últimos diez años (9.8% en 1989 y 9.5% en 1992). En tales condiciones de expansión económica debe ponderarse la leve recuperación de las remuneraciones, sobre todo en los últimos dos años.
Lo que se quiere mostrar es que el nuevo modelo exportador tiene enormes dificultades para permitir niveles de ingresos acordes con el ritmo de expansión de la economía y aun para recuperar parte de lo que se llevó la mal llamada "década perdida". Todo parece indicar que más que una situación coyuntural de desajustes entre crecimiento de la economía y remuneraciones, lo que se tiene es un modelo que funciona a partir de que los ingresos de la población trabajadora se mantengan constreñidos. Esta hipótesis se fortalece cuando se dejan de lado las remuneraciones medias y se analiza lo que ha sucedido con los salarios mínimos, variable más cercana al mundo en que se desenvuelve la mayoría de la población latinoamericana (véase el cuadro 4).
CUADRO 3
EVOLUCION DE LAS REMUNERACIONES MEDIAS REALES: INDICES
PROMEDIO ANUALES (1980 = 100)
____________________________________________________________
1984 1986 1988 1990 1992
Argentina 116.9 102.0 92.7 80.3 75.6
Brasil
Río de Janeiro 105.1 121.5 103.2 87.6 105.5
Sao Paulo 96.7 150.7 152.1 142.1 133.2
Colombia 118.1 120.1 117.7 113.4 116.7
Costa Rica 84.7 97.8 85.2 87.2 -
Chile 97.2 95.1 101.0 104.8 114.9
México 74.8 71.5 71.7 77.9 85.0
Perú 87.2 97.5 76.1 36.2 42.5
Uruguay 72.2 71.9 76.3 70.6 75.1
Fuente: CEPAL, Balance preliminar de la economía de América
Latina y el Caribe 1992, Santiago, 1992, p. 46. |
CUADRO 4
EVOLUCION DEL SALARIO MINIMO REAL URBANO, 1984-1992. INDICES
PROMEDIOS ANUALES (1980 = 100)
____________________________________________________________
1984 1986 1988 1990 1992
Argentina 167.5 110.0 93.5 40.2 44.5
Brasil 87.4 89.0 68.7 53.4 55.4
Colombia 113.5 114.2 109.9 107.9 103.2
Costarica 104.4 118.7 114.6 120.5 -
Chile 80.7 73.6 73.9 87.5 100.0
Ecuador 62.8 65.0 53.4 36.2 31.7
México 72.3 64.9 54.2 45.5 42.0
Perú 62.3 56.4 52.0 23.4 16.3
Uruguay 88.8 88.5 84.5 69.1 61.5
Venezuela 66.5 90.4 89.5 59.3 -
Fuente: CEPAL Balance preliminar de la economía de América
Latina y el Caribe 1992 Santiago, 1992, p. 47.
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Las economías que más crecieron en los años ochenta y comienzos de los noventa, la chilena y la colombiana, en 1992 apenas lograron que el salario mínimo alcance los niveles de 1980. La cifra no es para vanagloriarse. Por ello cuando en Chile se habla del "milagro económico" habría que preguntarse, con justificada razón, para quiénes lo fue. Al menos para los trabajadores persiste la "normalidad". Vale la pena insistir en esto porque se trata de los modelos que más avances han aportado en términos de crecimiento. Así, con mayor razón se presentarán dificultades en este terreno en las economías cuya recuperación es más débil o se inició más tarde. Tal es el caso de Argentina y México. En ambos casos el descenso en las remuneraciones medias no ha sido tan marcado como el del salario mínimo. En 1992 éste era 50% inferior al que se pagaba en 1980 en esas naciones. En Ecuador y Perú se apreciaron descensos aún más pronunciados, y un poco menos en Brasil y Venezuela.
Respecto a Brasil vale la pena destacar que el índice de las remuneraciones medias muestra que a comienzos de los noventa es apenas superior (particularmente en Sao Paulo) al de 1980.
Sin embargo, cuando se ven los datos del salario mínimo el panorama cambia radicalmente, pues éste apenas rebasa 50% del nivel de 1980.
Desde el punto de vista que interesa en este trabajo la situación referida plantea graves problemas para el futuro de la democracia en América Latina. ¿Cómo podrán construirse modelos políticos, que suponen amplios consensos sociales, en un cuadro de sociedades tan resquebrajadas como las que se están generando con los nuevos modelos de reproducción del capital?
El tejido social latinoamericano ha sufrido agudos desgarramientos en las últimas décadas y en el horizonte no se aprecian signos para suponer que, desde las bases de la nueva economía, esta situación vaya a subsanarse. Frente al reino de la economía productiva, eficiente y tecnológicamente avanzada que se integra al mercado internacional, aparece otra, socialmente mayoritaria, en donde no se alcanzan a cubrir los mínimos de supervivencia. No otra cosa es lo que reflejan las cifras del cuadro 1: en 1989 44% de la población latinoamericana estaba en la esfera de la pobreza y 21% en la indigencia.
Esta enorme población que no logra recibir los frutos del crecimiento y del desarrollo, para decirlo en términos caros al discurso modernizador, ¿qué compromisos puede asumir con los procesos de transición democrática que se han dado en los últimos años en América Latina? Es evidente que hay un desfase entre la economía y la política, que ya está presente en la vida política de la región pero que alcanzará expresiones mucho más severas y conflictivas en un futuro cercano. No es posible que en el discurso político se convoque a la población a participar y a integrarse a la sociedad, mientras los movimientos de la economía la disgregan, marginan y excluyen. Mientras persista una ruptura social de la magnitud que se ha creado en América Latina será difícil dotar a los proyectos democratizadores de bases sólidas para consolidarse y la fragilidad (mayor o menor de acuerdo con las situaciones específicas de cada país) será su rasgo dominante.
En este ambiente sólo queda espacio para proyectos democratizadores que busquen acuerdos políticos entre los sectores sociales a quienes la economía no excluye, lo que propicia una democracia selectiva y restringida. Pero a diferencia de las propuestas de la doctrina de la seguridad nacional, de democracia sin los grupos subversivos, aquí tendríamos restricciones que arrancan de la propia dinámica económica.
Conclusiones
Las estadísticas presentan signos contradictorios sobre la incidencia de ciertos procesos sociales y económicos en la política y, en particular, en la suerte de la democracia en América Latina. Algunos movimientos la favorecen y otros la complican o lisa y llanamente van en sentido contrario. Algunos buscan extenderla socialmente, otros restringirla. Unos propician su profundización, otros favorecen democratizaciones superficiales. Ciertos procesos crean las condiciones para que la democracia sea un fenómeno más estable y sólido, en tanto que otros le impiden echar raíces y favorecen su inestabilidad.
En general se puede afirmar que el futuro de la democracia en América Latina está cargado de factores que atentan contra su buena vida. La razón principal está en las tendencias de los modelos de desarrollo que se impulsan en la región y que apuntan a crear profundas fracturas sociales. Mientras no aparezcan signos en contrario, la democracia tenderá a convertirse en un proyecto diferenciado según el lado de la fractura en que cada quien se encuentre y será difícil que madure en un proyecto de nación. En un campo la democracia podrá ser regla de juego y al mismo tiempo un modo de organización social que favorecerá la recuperación de la idea de comunidad y propiciará mecanismos para superar las diferencias políticas. En otro, difícilmente podrá asumirse en su dimensión ética y la tarea seguirá siendo "la búsqueda de la comunidad perdida", al decir de Lechner.
Estas afirmaciones sólo buscan acotar el espacio y la dimensión en que pueden desarrollarse los procesos de democratización de América Latina en las actuales circunstancias. Desde luego podrían darse, pero la estrechez de sus alcances sociales y la inestabilidad serán dos rasgos que caracterizarán a estos procesos. Con Gino Germani cabe explicar que "las consideraciones precedentes sugieren un diagnóstico negativo. Quizá esté equivocado. O quizá se den soluciones no previstas que la limitada imaginación del autor no ha sabido descubrir".19
1. Peter Drucker, "El mundo poscapitalista", en Zona Abierta, suplemento de El Financiero, núm. 21, México, 1993.
2. BID, Informe 1991, Washington, 1991.
3. CEPAL, anuario estadístico de América Latina y el Caribe, 1992, Santiago, 1993, pp. 166 y 167.
4. CEPAL, Equidad y transformación productiva con equidad, Santiago, 1992.
5. Osvaldo Sunkel, El desarrollo desde dentro, serie Lecturas, núm. 71, Fondo de Cultura Económica, México, 1991.
6. CEPAL, Anuario..., op. cit., p. 10.
7. Ibid.
8. CEPAL y UNESCO, Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad, Santiago, 1992.
9. Ibid.
10. Ibid., p. 62.
11. Ibid.
12. Osvaldo Sunkel, op. cit., p. 52.
13. Darcy Ribeiro, "Conversación con Darcy Ribeiro", David y Goliath, núm. 57, Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Buenos Aires, 1990.
14. CEPAL, Anuario estadístico..., op. cit.
15. Hernando de Soto, El otro sendero, La Oveja Negra, Bogotá, 1986.
16. J. Martínez y E. Tironi, "La clase obrera en el nuevo estilo de desarrollo: un enfoque estructural", Revista Mexicana de Sociología, núm. 2, Instituto de Investigaciones Sociales. UNAM. México, 1982.
17. CEPAL, Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe. 1991, Santiago, 1992.
18. CEPAL, Balance preliminar de la economía de América Latina y el Caribe, 1992, Santiago, diciembre de 1992, p. 42.
19. Gino Germani, "Democracia y autoritarismo en la sociedad moderna", en Los límites de la democracia, vol. I, Clacso, Buenos Aires, 1985.