COMEXT, 04/01/94, LA POLÍTICA AGRÍCOLA COMÚN DE LA UNIÓN EUROPEA

Comercio Exterior

País/Country: México

Banco Nacional de Comercio Exterior

Autor/Author: Arturo Leon Lopez*

Volúmen/Volume: 44

Número/Number: 4

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 04/01/94

* Profesor-Investigador del Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco.

La Comunidad Económica Europea nació de las decisiones políticas de varios países y del apoyo estratégico otorgado por Estados Unidos a diversas naciones europeas durante los años posteriores a la segunda guerra mundial. Si bien la construcción de esa zona constituyó una respuesta política a los avatares de la guerra, con los años lo que más destacó fueron sus resultados económicos; de ahí que también se le llame Mercado Común Europeo (desde el 1 de noviembre de 1993 se denomina Unión Europea). A mediados de este siglo Jean Monnet afirmaba que los países de Europa eran demasiado pequeños para asegurar a sus poblaciones la prosperidad y el desarrollo indispensables. "Ello suponía que los estados deberían conformar una federación o una entidad, creando una unidad económica común" y agregaba: "No habrá paz en Europa mientras los países se constituyan sobre una base de soberanía nacional. Si éstos nuevamente se protegen unos de otros, será necesaria la formación de ejércitos poderosos, por lo que los presupuestos militares pesarán sobre las reformas sociales. Así, Europa se volvería a construir sobre el temor".1

El Plan Marshall formó parte del conjunto de mecanismos orientados a la construcción de la paz americana de la posguerra.2

Ese instrumento se creó en 1948 para formar la alianza estratégica que Estados Unidos y Europa mantendrían en la "guerra fría".3 En el propio Congreso del primer país y en el discurso inaugural del administrador del Plan, Paul Hoffman, se instaba a Europa a crear un mercado interno sin barreras aduaneras. Con el impulso de la reconstrucción y el apoyo del Plan Marshall, los europeos emprendieron varios experimentos de integración: la unión aduanera y otra de pagos, así como varios intentos de agrupamiento político, incluyendo la Comunidad Europea de Defensa. La mayor parte fracasó rápidamente, pero la experiencia acumulada rindió frutos en la constitución de la Comunidad Económica Europea (CEE) mediante el Tratado de Roma en 1957. 4

En la primera etapa, que concluyó en 1961, se discutieron diversos proyectos. Sin embargo, Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo definieron dos acciones que prácticamente pusieron en marcha la CEE en 1962: a) el establecimiento de una unión aduanera (que se consolidó en 1968) para los productos agrícolas e industriales con una tarifa común sobre las importaciones extracomunitarias, y b) la aplicación común de una política agrícola con miras a la autosuficiencia regional; ésta fue la estrategia que más se aplicó y más se desarrolló. 5

Esas realizaciones hicieron que poco a poco otros países europeos se aproximaran al proyecto de integración, lo cual resultó en avances espectaculares en los ámbitos de la producción, la tecnología y el desarrollo económico. 6 Así, ese espacio regional se convirtió en la zona comercial más importante del mundo, tanto por su incidencia en el intercambio mundial como por las relaciones entre los estados miembros. En 1990 la CE participó con 19.9% del comercio internacional, en tanto que Estados Unidos y Japón dieron cuenta de 16 y 11.9 por ciento, respectivamente.

La CE es hoy un contrapeso fundamental en la conformación de la economía internacional frente al poder de Estados Unidos y Japón. Además, ha establecidos convenios bilaterales con casi todos los países del mundo. Con aquellas naciones la CE realiza cada año reuniones oficiales para resolver problemas de interés común, asiste a los encuentros de los países más poderosos del mundo (Grupo de los Siete), participa como observador en las reuniones de comercio de las Naciones Unidas y tiene más de 90 representaciones diplomáticas permanentes en distintos países y organismos internacionales. 7

La gestión de la Comunidad ha dado lugar al surgimiento de instancias como la Comisión Económica Europea, que tiene a su cargo ejecutar los acuerdos surgidos de las reuniones intergubernamentales, así como representar a la CE en las discusiones comerciales en el GATT y otros organismos internacionales, el Consejo de Ministros, el Consejo Europeo, la Corte de Justicia Europea, el Parlamento Europeo y el Sistema Monetario Europeo.

La Política Agrícola Común

Los franceses insistieron en que la agricultura formara parte del Tratado de Roma, 8 cuyo artículo 38 señala: "El mercado común se extiende a la agricultura y al comercio de productos agrícolas, y tanto su funcionamiento como su desarrollo se deberán acompañar de la aplicación de una política agrícola común". Francia disponía de excedentes agrícolas, en tanto que había cinco países globalmente deficitarios en esa materia y con unidades de producción pequeñas y de baja rentabilidad. De ahí su interés de integrar un sólo mercado que "permitiera, en primera instancia, lograr un abasto regional estable y una autosuficiencia alimentaria al alcance de todos y, en segunda (más importante para los otros países), tender a la homogeneización social y productiva de las regiones de Europa".

Los costos de producción eran entonces más elevados en las naciones de la Comunidad que en otros países productores, por lo que fue preciso mantener los precios internos por encima de los internacionales; así, la única manera de impulsar la producción era protegiendo los mercados. Para ello se definieron cuatro estrategias: la unificación de mercados, los precios de garantía comunes, la solidaridad financiera entre los estados y la preferencia comunitaria. 9

La unificación de mercados

La eliminación de las barreras arancelarias era indispensable para emprender los procesos de intercambio, que comenzaron con la agricultura. Se fijó un período de adaptación (de enero de 1962 a finales de 1969) durante el cual los seis países fundadores podrían establecer medidas para atemperar los efectos sobre su agricultura y a cuyo término tendría que completarse la liberación agrícola regional. Así, las economías emprendieron la homologación de las reglamentaciones administrativas y sanitarias, la exclusión de los derechos aduanales internos y el establecimiento de reglas comunes de gestión y competencia, eliminando los subsidios y las diferencias de precios entre los países. 10

Si bien las líneas fundamentales se originaron en la Comisión, su aplicación y control las determinaron los propios estados, que al final de cada ciclo agrícola expondrían sus resultados a la CEE. Se crearon diversos organismos nacionales de intervención (junto con los agricultores) en la administración, financiamiento, control y comercialización de la actividad productiva. 11

En breve se inició una política que poco a poco fue constituyendo un mercado único, suprimiendo todo derecho aduanal y permitiendo la libre circulación de algunos productos: en noviembre de 1966, el aceite de oliva; en 1967, en enero, las frutas y legumbres; en julio, los cereales y oleaginosas, y en septiembre, el arroz. En abril de 1968 entraron en vigor los precios comunes de los productos lecheros y cárnicos y en julio los del azúcar de remolacha. Con el tiempo, los organismos de intervención llegaron a cubrir hasta 94% del total de los bienes agrícolas. A principios de 1992, 70% (cereales, carnes, leche) se beneficiaba de precios de garantía, estímulos a la exportación y protección las importaciones; 21% (hortalizas, huevos) sólo era protegido contra la importación de terceros; 2.5% (oleaginosas sobre todo) obtenía ayuda directa que cubría la diferencia entre los precios internos y los internacionales, y 0.5% recibía ayuda directa sobre superficies sembradas. 12 La reforma a la PAC de mayo de 1992 entrañó algunas modificaciones.

Los precios de garantía comunes

A principios de los sesenta los precios de los productos agrícolas en cada país de la Comunidad eran muy diferentes. La diversidad de modalidades de producción y rendimientos hacía que, en general, los precios fueran más altos en Alemania e Italia que en Francia. Después de varias propuestas de precios comunes, en 1964 se logró homologarlos para el ciclo productivo 1967-1968.

Alemania, Luxemburgo e Italia acordaron reducir sus precios y recibir compensaciones por parte de la Comunidad para indemnizar a sus productores. 13 Si un país devaluaba su moneda, podía de inmediato aumentar sus precios agrícolas en la misma cuantía. Durante los primeros años fue posible equilibrar ingresos y precios entre los países miembros. Los segundos se establecieron a partir de una base reconocida por todos como unidad de cuenta (primero en dólares y después, con la creación del SME, en umes).

Desde el principio se impuso la costumbre de que cada año se reunieran los ministros de agricultura para fijar los precios que habrían de regir durante el ciclo productivo. Primero se establecían hasta 11 precios que se determinaban con base en dos cotizaciones fundamentales: un precio objetivo máximo de garantía uniforme por producto, que abarcaba a todos los productores -incluidos los menos rentables-, y un precio mínimo (de "intervención"). Cuando las cotizaciones de mercado se ubicaban por debajo del mínimo, los organismos oficiales compraban la producción con base en el precio objetivo máximo. Las políticas de garantía de algunos productos (avícolas, lácteos y porcinos) incluyeron siempre las primeras etapas de industrialización. Este apoyo tuvo efectos importantes en la evolución de la agroindustria europea.

De forma paralela se fijó un precio barrera a partir del cual se permitía la entrada de bienes de otros países; se calculaba con base en el precio máximo comunitario menos los costos de transporte y seguro. Cuando el precio barrera bajaba más allá de ese monto, se establecía una tasa adicional, con lo que toda importación resultaba incosteable.

El cierre de la competencia del exterior, con precios más de 100% superiores a los internacionales en productos como el trigo y el arroz, explica el incremento de la tecnificación y la productividad de las unidades europeas, así como los volúmenes impresionantes de producción y exportación comunitaria de los ochenta (véanse los cuadros 1 y 2).

Producción de cereales de los principales exportadores (millones de tonelades) Exportaciones de cereales de la Comunidad Europea (millones de tonelades)

El Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícolas

Al comenzar el proceso de construcción de la CEE se reconocía que las disparidades entre los países, regiones y unidades de producción se tenían que atemperar o suprimir. Para ello se estableció un mecanismo solidario de financiamiento entre los estados mediante el cual las naciones aceptaron compartir los costos a que dieran lugar las políticas definidas, canalizando los recursos en función de los gastos y las necesidades de los países y no de su procedencia. Las aportaciones se establecieron según las importancia de las economías: a Francia, Alemania Federal e Italia se les fijó, a cada uno, 28% del monto total; a Holanda y Bélgica, 7.9%, y a Luxemburgo, 2%. El resto provendría de las tarifas a la importación de productos agrícolas de cada país. Como algunas naciones realizaban importaciones cuantiosas, su porcentaje era más elevado que el asignado oficialmente.

En 1971 se decretó que la Comunidad operara con recursos propios, aunque se mantuvo el principio de solidaridad financiera. Se conservaron los impuestos a la importación de productos agrícolas y se integraron otros recursos, como los derechos de aduana. Asimismo, se estableció un gravamen a la producción de azúcar para apoyar la gestión de su mercado y se convino en que cada país aportara una cantidad de la recaudación anual del impuesto al valor agregado, que en 1986 se limitó a 1.4% por país. A partir de 1988 se fijó una aportación vinculada al PNB de cada nación. De los 75 000 millones de dólares a que ascendía en 1991 el monto total de aportaciones, el impuesto al valor agregado representaba 53.8%, los derechos de aduana, 20.4%; los impuestos a la importación de productos agrícolas y el de azúcar, 4.4%; las importaciones con respecto al PNB, 13.2%, y otras fuentes, 8.2 por ciento. 14

El Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícolas tiene dos secciones. La de orientación, cuyo objetivo al principio era disminuir las desigualdades mencionadas, tiene entre sus funciones transformar las estructuras productivas nacionales y regionales más atrasadas; en sus inicios se le asignó un tercio del presupuesto total, con la idea de acrecentarlo en la medida en que creciera su intervención. La de garantías se encarga de intervenir en los mercados y almacenar excedentes. Para unificar los primeros, el Fondo organiza en cada país oficinas dedicadas al acopio de la producción pagando los precios establecidos para el conjunto de las economías. Como estas cotizaciones se determinan a partir de las regiones y productores más desfavorecidos de cada país, los agricultores más eficientes perciben una renta de situación. El Fondo también se ocupa de crear la infraestructura para manejar grandes inventarios que puedan ofrecerse cuando los productos alcancen el mayor precio o su demanda externa sea favorable. Así, paga altos subsidios para que la producción se exporte.

Asegurados precios, compra y exportación de los productos, los agricultores europeos emprendieron diversas acciones para elevar sus rendimientos mediante la mejora de sus equipos, insumos, infraestructura y formación técnica. El Fondo facilita créditos blandos para mecanización, infraestructura y mejoramiento vegetal y animal. Asimismo, impulsó una transformación trascendental del agro europeo (la "segunda revolución técnica de la agricultura"), que se caracterizó por la desaparición de todo vestigio de la agricultura tradicional autosuficiente y por un cambio radical en la relación entre industria y agricultura, en la cual la primera se ocupó del abastecimiento de los insumos necesarios a cambio de que la segunda cumpliera con el suministro seguro, permanente y estable. En el cuadro 3 se presentan los gastos del Fondo por secciones.

CUADRO 3
GASTOS DEL FONDO EUROPEO DE ORIENTACION Y GARANTIA AGRICOLAS 1978-1992 (MILLONES DE DOLARES)
  Total Garantía Orientación
1978 11 696.1 11 274.9 421.2
1979 14 099.8 13 575.9 523.9
1980 15 493.4 14 709.5 783.9
1981 15 232.1 14 483.3 748.8
1982 16 972.8 16 127.8 845.0
1983 21 642.4 20 696.0 946.4
1984 24 762.4 23 883.6 878.8
1985 26 731.9 25 795.9 936.0
1986 - 28 758.6 -
1987 30 862.8 29 835.4 1 027.4
1988 35 803.6 34 320.4 1 483.2
1989 33 485.5 31 731.8 1 753.7
1990 35 801.0 33 421.1 2 379.9
1991 43 175.8 40464.8 2 711.0
1992 47 342.1 - -
Fuentes: Commission des Communautés européennes., Fonds européen d'orientation et de garantie agricole. Róle et fonctionnement, Direction General Information, 1986, p. 4, y Rapport Financier, 1991, op. cit., p. 67, y Notre avenir agricole, noviembre de 1992, p. 23.

La preferencia del mercado comunitario

Definidas la Comisión Económica Europea como ejecutora y el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícolas como su instrumento de apoyo, los elementos que surgieron estimularon de inmediato la producción. El factor clave que complementó ese conjunto de medidas fue la exigencia de comprar y vender primero en Europa, es decir, la preferencia comunitaria. Ésta hizo necesario emprender acciones más profundas y más delicadas, pues ya no se trataba sólo de solidaridad financiera y crédito y precios comunes, sino también de la apertura de las fronteras y el establecimiento de tarifas a las importaciones extracomunitarias. En 1967 se habían suprimido los derechos de aduana entre los países y se habían establecido precios comunes, haciendo realidad la libre circulación de mercancías agrícolas producidas en la Comunidad. Los intercambios en el interior de ésta -incluidos los productos industriales- crecieron 13.4% anual de 1960 a 1970, 20.1% de 1970 a 1980 y 9.7% de 1980 a 1991. Asimismo, mientras que en 1968 el mercado común de productos agrícolas representaba casi 6 000 millones de dólares, en 1992 ascendió a 115 700 millones, es decir, casi 20 veces más. La participación del comercio intercomunitario en el mercado mundial se elevó de 11.8% en 1957 a 22.3% en 1987.

La preferencia comunitaria generó ciertos problemas que con el tiempo influyeron de manera notable en el proceso de integración. Que Europa se convirtiera en uno de los pocos mercados solventes importantes y fuese difícil de penetrar afectó a otros países productores. Estados Unidos había sido uno de los principales proveedores de ese mercado, por lo que la caída de las importaciones europeas generó conflictos que se agravaron cuando la CEE se convirtió en potencia productiva y en un verdadero competidor en el mercado internacional. 15

Otro problema radica en el impuesto cobrado en la frontera comunitaria a cualquier mercancía agrícola extranjera que participe en la Comunidad. Ese gravamen variable - generalmente alto- se definió con base en los precios internos de cada año y las cotizaciones internacionales. Por un tiempo el impuesto tuvo un significado muy importante en la aportación de cada país al Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícolas. Cada producto importado pagaba (y paga) en la frontera comunitaria un monto proporcional a su valor, el cual se aporta a la Comisión. Holanda y Alemania, que antes se aprovisionaban de países fuera de Europa, contribuyeron durante largo tiempo con cantidades más elevadas que otros países. Sin embargo, dadas las reglas que se establecieron con la preferencia comunitaria, los recursos obtenidos se distribuyeron conforme a los volúmenes de producción y no según los montos aportados. Así, recibió más quien importó menos y aportó menos quien produjo más.

Esas y muchas otras diferencias surgidas de acuerdos coyunturales crearon desavenencias entre los países miembros, algunas de las cuales abrieron fracturas imposibles de resolver, como los actuales desacuerdos entre Alemania y Francia y otros más antiguos entre Inglaterra y la Comunidad en su conjunto. Todo ello contribuyó a que ésta no haya podido ofrecer un frente común frente a terceros en la Ronda de Uruguay.

Los logros de la Política Agrícola Común

Afianzados los sistemas de apoyo a la producción (mediante precios al alza) y protegidos los productores de los cambios violentos del mercado internacional, se generaron excedentes que se canalizaron fácilmente a las zonas de menor producción. Luego de más de dos decenios de déficit alimentarios, a principios de los setenta la Comunidad logró la autosuficiencia en productos como trigo, leche, huevos, azúcar, mantequilla y carne. Diez años después, en 1981-1982, ya exportaba 19 millones de toneladas de trigo, cifra que se elevó a 27 millones en 1992: la región se había convertido en la segunda potencia agrícola mundial (con Estados Unidos en primer lugar). Lograr lo anterior implicó transformaciones profundas en el paisaje rural europeo. En menos de dos decenios se emprendieron cambios radicales en las unidades de producción. La agricultura modernizó su potencial productivo con medidas como la recuperación de tierras, el fuerte extensionismo agrícola y el acceso a créditos con bajas tasas de interés. Al mismo tiempo se apoyó la industrialización agrícola y la fabricación de insumos como fertilizantes, plaguicidas y alimentos balanceados, lo que dio origen a una verdadera industria pesada.

Luego de más de dos decenios de déficit alimentarios, hacia 1992 la región se había convertido en la segunda potencia agrícola mundial.

Las unidades agrícolas cambiaron drásticamente sus métodos de producción y mejoramiento genético vegetal y animal e incrementaron la mecanización y motorización. El empleo generalizado del tractor redujo la mano de obra y el empleo de animales de tiro, liberando las tierras destinadas a la alimentación de éstos; además, se incorporaron nuevas formas para el manejo y la conservación de productos (silos, invernaderos, cámaras frías). Todo ello hizo posible la expansión de las unidades y el surgimiento de la poderosa agroindustria europea.

Los estímulos de la Política Agrícola Común (PAC) a la producción transformaron las formas de gestión de las unidades y la relación con su entorno. "De hecho, el proceso de modernización se caracterizó por la integración gradual de las explotaciones en un sistema promovido por quienes aportaban los insumos y quienes compraban los productos". Unos de sus resultados fue el impresionante crecimiento de la productividad: en los últimos años los rendimientos del trigo superaron los obtenidos en Estados Unidos, primera potencia cerealera del mundo.

Como resultado de la capitalización y la productividad, el nivel de vida de los agricultores se elevó de manera considerable en los primeros quince años. En 1960 un agricultor alemán recibía 56% de la percepción de un trabajador urbano; uno francés, 57%; uno italiano, 38%, y un holandés, 78%. Se calcula que en 1979 los agricultores habían alcanzado la paridad de ingresos con los trabajadores de otros sectores.

Los logros de la PAC constituyen un elemento fundamental en el proceso de integración de la Comunidad. El crecimiento de la producción, la igualdad de precios y la preferencia comunitaria impulsaron el libre intercambio de mercancías entre los países miembros, lo que hizo necesario eliminar todo un conjunto de normas y controles aduaneros e instrumentar mecanismos expeditos para canalizar hacia las arcas del Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícolas los recursos recaudados en las aduanas provenientes de la importación de productos extracomunitarios. La progresiva homologación ha sido difícil y ha exigido disciplina, confianza y respeto entre los estados.

Desarrollar el comercio entre asociados y establecer el perfil definitivo del Mercado Común Europeo entrañó una novedosa y compleja amalgama de dispositivos de intervención en cada Estado y en la región en su conjunto. El amplio abanico de normas, reglamentos, acuerdos y conflictos indujo, con el tiempo,, una identidad europea entre los productores y la conformación de un bloque comercial frente a terceros. Hoy día la PAC es el ejemplo más importante de la voluntad de cooperación que han impulsado los estados europeos en los últimos 30 años para integrar a todo un sector económico. Es, además, una muestra clara del ejercicio de una política supranacional que de manera simultánea construye la zona comercial más importante del mundo -por su riqueza y dinamismo- y sustenta a la propia Unión Europea. Toda esa actividad, riqueza y desarrollo son fruto de la colaboración entre los diferentes gobiernos y la Comisión Económica Europea, a la que delegan autoridad y canalizan recursos. Con el tiempo, apoyándose en sus resultados, la Comisión ha reforzado su función ejecutiva e integradora y hoy cuenta con tanto o más poder que cualquier gobierno europeo. Ella negocia con el GATT los conflictos que han surgido con Estados Unidos desde que la Comunidad es potencia agrícola y, en última instancia, es la que ha transformado el mundo rural europeo y decidirá el futuro del resto de los agricultores de la Comunidad.

Los resultados imprevistos

Los espectaculares avances tecnológicos y el importante papel de la PAC en la integración europea no excluyen la existencia de riesgos y resultados comprometedores. Cuando la Comunidad aún no era autosuficiente, el consumidor pagaba los alimentos y los subsidios a la exportación se cubrían con gravámenes a la importación. Sin embargo, el notable impulso de la producción -sin limitaciones durante más de 30 años- y su integración a la de otros grandes productores del mundo, saturaron la demanda mundial de alimentos (la relación de subsidios a precios puede verse en el cuadro 4). A mediados de los ochenta los países europeos comenzaron a almacenar sus excedentes; en los noventa crecieron de manera notable y en 1991 ascendieron a 25 millones de toneladas de cereales, un millón de toneladas de productos lecheros y un millón de carne bovina. 16 En 1993 el excedente de cereales se elevó a 30 millones de toneladas. 17 Cuando Europa se convirtió en excedentaria, los subsidios a la exportación superaron con amplitud el monto recaudado por los impuestos a las importaciones y la saturación presionó a la baja los precios y la producción.

CUADRO 4
SUBSIDIOS A LA PRODUCCION DE ALGUNOS BIENES ALIMENTICIOS COMO PORCENTAJES DE LOS PRECIOS DE LOS PRODUCTOS(a)
Producción Comunidad Europea Estados Unidos
Triguera
Otros cereales
Oleaginosas
Vacuna
Porcina
Avícola
Ovina
Lechera
52
58
65
58
8
11
71
67
33
22
7
30
7
9
6
56
(a) Expresados según las formas convencionales empleadas por la OCDE para realizar comparaciones internacionales (subsidios equivalentes a la producción).
Fuente: Libération, París, 21 de septiembre de 1993.

Por ello, la Comunidad congeló los precios de garantía, aunque mantuvo el estímulo a las exportaciones. Sin embargo, no fue posible contener el aumento de los costos y el margen de utilidad de los productores registró una tendencia descendente en tanto los inventarios no dejaban aumentar. Para combatir (que no resolver esa situación, los gobiernos tuvieron que reasignar recursos adicionales a la Comunidad en perjuicio de otros rubros. Gradualmente se esclarecieron los mecanismos de garantía y estabilización del mercado, hasta resultar, en los últimos años, muy onerosos.

Mientras que en 1984 los apoyos a los precios y las exportaciones representaban dos tercios de los gastos comunitarios a la agricultura, en 1985 el costo de almacenamiento de alimentos ascendió a 13 650 millones de dólares (casi 50% del presupuesto anual). 18 En 1991 el costo de almacenamiento exclusivamente de cereales y productos lecheros ascendió a 10 000 millones de dólares; 19 es decir, el tercer rubro más importante del presupuesto después de los subsidios a la producción y la importaciones de hortalizas y materias primas para alimentos balanceados. 20

Con respecto al incremento de la producción, el monto de los recursos orientados a la agricultura ha sido desproporcionado. Desde 1977 la sección de garantías del Fondo aumentó más de 150%, mientras que el crecimiento real de la producción agrícola fue de 23%, lo cual ha dado lugar a que los demás grupos sociales consideren al sector agrícola muy ineficiente.

El propósito de los años sesenta de atemperar las diferencias productivas y sociales entre los países y regiones por medio de la sección de orientación del Fondo se ha logrado. La sección de garantías -sostén fundamental del impulso agrícola, los estímulos a la exportación y el control del mercado- ha absorbido la mayor parte del presupuesto y en algunos años casi su totalidad. El problema agrícola de la Comunidad en los últimos diez años se refleja claramente en la proporción en la del presupuesto que absorben los apoyos a la agricultura comunitaria respecto al monto destinado a los demás programas de la Comisión.

Los costos sociales de la Política Agrícola Común

Los grandes volúmenes de producción sin salida dieron lugar a una tendencia decreciente de los precios internos, sin llegar a los niveles internacionales.21 El modelo de modernización de las explotaciones (intensivo en energía e insumos) provocó un notable encarecimiento de los costos de producción y una caída de los ingresos de los sectores. Ante un problema de eficiencia productiva, los agricultores se endeudaron para capitalizarse y modernizarse aún más y mantener de esa manera su posición en el mercado. 22

Ello ha tenido varios efectos; las deudas del conjunto de los campesinos han crecido considerablemente y ha ganado importancia el papel del capital financiero, cuyo costo es cada vez más alto para los productores. En naciones como Francia y Holanda el endeudamiento de las unidades de producción llega hasta 30% del total de sus pasivos; en Dinamarca asciende a 59%.23 En ese entorno las unidades productivas mejor ubicadas y de mayor tamaño han aprovechado mejor los recursos de la Política Agrícola Común. Desde el principio se beneficiaron más de las políticas establecidas en Bruselas y tienen mayor influencia en la definición de esas estrategias debido al poder que adquirieron en el seno de la Comisión y en sus propios gobiernos.

Por otro lado, la producción está cada vez más vinculada a los vaivenes de capital financiero y de las tasas de cambio, lo que hace más inciertos los ingresos de los productores. No todas las unidades resisten la carrera del endeudamiento para incrementar la productividad. Se han presentado muchas quiebras en las menos fuertes y otras han empezado a diversificar sus actividades en detrimento de las agrícolas. De 1970 a 1987 el número de unidades de explotación se redujo casi 50% en Bélgica, 35% en Alemania y 38% en Francia. En los seis países fundadores de la Comunidad Europea la caída fue de 80 por ciento.

En la actualidad las exportaciones europeas de más de 50 hectáreas ocupan 54% de las tierras cultivadas (36% en 1970). En Francia, por ejemplo, 90% de las unidades obtienen sólo 50% del ingreso agrícola; 24 se calcula que 80% de la producción proviene de 450 000 unidades (de un millón): 100 000 son grandes unidades cerealeras ("élite agrícola") que aportan la mayor parte de la exportación agrícola comunitaria. 25 Asimismo, del total de explotaciones, 20% controla 80% del gasto comunitario. 26 Se calcula que dentro de 20 años 70% de la producción total agrícola de la Comunidad se concentrará a los largo del litoral del Mar del Norte, desde la región septentrional de Francia hasta Copenhague, pero sobre todo entre Ruán, Francia y Rotterdam, Holanda. 27

La tendencia concentradora ha dado como resultado que los ingresos agrícolas se distribuyan de manera desigual. En 1988 el ingreso promedio anual de las familias de la Comunidad Europea dedicadas a la agricultura era de 14 244 dólares; por debajo de ese promedio se encontraban Italia (13 935), Grecia (9 924), España (8 095), Dinamarca (6 062) y Portugal (3 847). Los ingresos más altos correspondían a Holanda y Bélgica (superiores a 40 000), seguidos por Luxemburgo (30 088), el Reino Unido (25 718), Francia (20 251), Alemania (19 535) e Irlanda (16 943).


1. Ministére de l'agriculture et de la forêt, "Le marché unique de 1993", Les Dossiers de la PAC, septiembre de 1990, París, p. 14.

2. De la conferencia de Bretton Woods (1944) surgieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que servirían para imponer el dólar como moneda internacional, y el GATT, con el propósito de eliminar las barreras arancelarias y canalizar así sus excedentes.

3. Gérard Lafay y Deniz Unal-Kesenci, L'integration européenne. Bilan et perspectives, Economica, París, 1990, p. 10. y Dan Morgan, Les grants du grain, Fayard, 1980, pp. 24-63.

4. Robert Raymond, L'unification monétaire en Europe, y Catherine Kamisky y Simon Kruk, Le nouvel ordre international, Presses Universitaires de France, París, 1993, pp. 7-22 y pp. 39-58, respectivamente.

5. Hasta ahora no se ha podido aplicar una verdadera política comunitaria en la industria; incluso se han comenzado a imponer nuevas barreras arancelarias entre los países.

6. En 1973 se incorporaron Inglaterra, Dinamarca e Irlanda; en 1981, Grecia, y en 1986, España y Portugal. Se prevé que en 1995 se integrarán cuatro países más y hay un buen número de solicitudes de ingreso.

7. Commission des Communautés européennes, L'Europe partenaire mondial. Les relations extérieures de la Communauté européenne, Luxemburgo, 1991, pp. 21-34.

8. Francia, que tenía la experiencia de haber constituido desde 1936 la Oficina Nacional Interprofesional de Trigo (organismo público encargado de fijar los precios y las condiciones de comercio y almacenamiento), la propuso como alternativa para el mercado común. Marc Dufumier, Les politiques agraires, Presses Universitaires de France, París, 1986.

9. Frédéric Teulon, La politique agricole commune, Presses Universitaires de France, París, 1991, p. 7.

10. Francois Descheemackere, Mieux comprendre la PAC et l'avenir du monde rural. Mementos EO, Les Éditions d'Organisation, París, 1992, p. 6.

11. Commission des Communautés européennes, Fonds européen d'orientation et de garantie agricole, Róle et fonctionnement, Direction General Information, 1986, pp. 40-41.

12. François Descheemarckere, op. cit, p. 8.

13. Estos mecanismos se adecuaban a las condiciones específicas de cada país que ingresaba.

14. Communautés européennes, Rapport Financier, 1991, Luxemburgo, 1992, p. 12.

15. Arturo León López, "El GATT y la guerra cerealera en Europa y Estados Unidos", Argumentos, núm. 18, UAM- Xochimilco, abril de 1993.

16. Gilles Bazin y Jean Christophe Kroll, "Satisfaire le marché plutót que les producteurs: la nouvelle PAC", Le Monde Diplomatique, noviembre de 1992, p. 5.

17. M. Steinchen, comisario responsable de agricultura de la Comisión en el congreso anual del Comité del Comercio de los Cereales y de los Alimentos Cárnicos (1993), organización europea con gran influencia en la Política Agrícola Común.

18. CCE, Fonde européen d'orientation et de garantie agricole, op. cit., p. 37.

19. François Descheemackere, op. cit., p. 18.

20. En la Ronda Dillon del GATT (1961-1962) Estados Unidos impuso a la Comunidad la entrada libre del algodón, aceite de soya y oleaginosas, pero también un nuevo producto a base de maíz que sustituye a los cereales en la alimentación animal. Los estadounidenses ya habían desarrollado métodos de crecimiento acelerado a base de soya y sustitutos de cereales. Estos métodos se difundieron al resto del mundo, Europa incluida. Mantenidos los cereales por la PAC a precios muy altos, los productores de carne y leche prefirieron desde el inicio importar de Estados Unidos otros alimentos además de dichos sustitutos. En 1990 Europa importaba 55 millones de toneladas para la alimentación animal, de los cuales cinco millones eran sustitutos de cereales. Frédéric Teulon, La Politique agricole commnune, op. cit., pp. 70-71.

21. A partir de las reformas a la Política Agrícola Común se habla francamente de disminución de precios, aunque hasta entonces sólo se manejaba una "estabilización".

22. Miren Etxezarreta y Lourdes Viladomiu, "El escenario internacional y sus efectos sobre la estructura de las explotaciones y de los hogares agrícolas", Ministére de l'agriculture et de la forét, Coloquio de Montpellier (Cambio Rural en Europa), 1987.

23. Ministére de l'agriculture et de la forét, "Le marché unique de 1993", Dossiers de la PAC, París, septiembre de 1990, p. 31.

24. Bernard Cassen, "La Politique agricole commune sur la selette", Le Monde Diplomatique, abril de 1992.

25. Bertrand Hervieu, "Un métier á retrouver", Le Monde des Débats, París, noviembre de 1992.

26. Comunidad Económica Europea, Notre avenir agricole, op. cit., p. 15.

27. Bertrand Hervieu, op. cit., p. 4.