COMEXT, 04/01/94, AMÉRICA DEL NORTE

Comercio Exterior

País/Country: México

Banco Nacional de Comercio Exterior

Autor/Author: Cesar Lajud Desentis y Mario Lopez Roldan*

Volúmen/Volume: 44

Número/Number: 4

Frecuencia/Frequency: Mensual/Monthly


Fecha/Date: 04/01/94

* Consejero Comercial de México en España por el Banco Nacional de Comercio Exterior, S.N.C., y becario de la misma Consejería, con estudios en la Universidad de Cambridge, respectivamente.

La zona de libre comercio, más que una fortaleza comercial, un reto a la imaginación empresarial europea

Los efectos externos del TLC

Con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte se pretende beneficiar a los estados miembros. Algunos actores del comercio internacional están preocupados por determinar si la situación de las otras naciones va a mejorar o a empeorar en términos del comercio y las inversiones en la zona. En este momento es difícil calcular con precisión los posibles beneficios o pérdidas para terceras economías. Ello, dada la naturaleza de las relaciones internacionales contemporáneas, ha generado cierto grado de especulación y aprensión, al igual que entusiasmo. Sería ingenuo imaginar que la creciente integración económica en América del Norte beneficiará a todas las naciones que participan activamente en el comercio internacional.

Sin embargo, varios estudios recientes señalan que las pérdidas inmediatas para los estados no participantes del TLC -por la creciente desviación del comercio o el fin del acceso privilegiado a un mercado antes protegido- se compensan con los efectos dinámicos de la expansión del mercado.1 De manera similar, un incremento en la competitividad de los productores norteamericanos y de los mercados externos de exportación, provocado por el TLC, no necesariamente significará pérdidas en las industrias exportadoras de los países no miembros si hay efectos de crecimiento de mercado o si 1994 genera incentivos y oportunidades para que las empresas extranjeras aumenten su competitividad. Como señala un informe de la Comisión de las Comunidades Europeas, la integración de las tres economías de América del Norte tal vez lleve a una mayor racionalización y restructuración de la inversión extranjera directa (IED) en la región y a un incremento de las inversiones en busca de mercados por parte de terceros países; estas últimas, estimuladas por perspectivas favorables de crecimiento (inversiones de carácter ofensivo) o por temor a una fortaleza norteamericana (inversiones de carácter defensivo). 2

En el actual entorno económico internacional las empresas más dinámicas y competitivas son las que en los esfuerzos de integración económica regional ven más una oportunidad que una amenaza. En un clima de creciente integración las empresas se enfrentan todo el tiempo a nuevos retos en la comercialización de sus productos.

Las economías de escala -antaño condición esencial para competir- pierden importancia ante la flexibilidad, la versatilidad y la capacidad de movimiento y adaptación de la empresa. Así, las empresas europeas con mayor capacidad de respuesta creativa ante la integración de América del Norte serán las que obtengan el mayor beneficio.

La empresa europea y el TLC

Las empresas europeas venden al principal socio de América del Norte (Estados Unidos) desde hace ya varias décadas. En los años setenta y ochenta la inversión extranjera directa en Estados Unidos proveniente de Europea occidental representó de 64 a 68 por ciento del total. La conformación de una zona de libre comercio en América del Norte afectará inevitablemente el entorno económico estadounidense, donde compite gran parte de las transnacionales europeas.

Cabe resaltar ciertos puntos clave ante los ojos de cualquier empresa de Europa preocupada por el proceso de integración en la parte septentrional de América.

Los aspectos anteriores, de carácter práctico y estratégico, pueden estimular la creatividad competitiva de algunas empresas europeas. Es posible que para muchas de ellas, afectadas por el proceso de liberación comercial en América del Norte, administrar el cambio entrañe cambiar la administración.

En muchos sentidos, sin embargo, el TLC constituye una suerte de experimento económico. La brecha (sobre todo en términos de ingresos y su distribución) entre las economías de México y Estados Unidos es mucho mayor que entre España y Francia, por ejemplo. 5 Por tanto, los efectos comerciales del TLC - positivos y negativos- se magnifican, al igual que los riesgos se incrementan.

Por otra parte, es muy probable que las empresas europeas más vulnerables a los efectos del TLC sean las que tienen una estrecha relación comercial con algún miembro del bloque norteamericano y una presencia física débil en la región. Al parecer, éste es el caso de las empresas españolas promedio que exportan a México.

El TLC y la empresa española

Los mitos del Tratado de Libre Comercio

Para precisar la magnitud de los efectos que la integración económica norteamericana tendrá en las empresas españolas que venden en el mercado mexicano conviene hacer a un lado algunos mitos creados por la falta de información en torno al TLC.

La desviación del comercio a corto plazo (sobre todo en lo referente a las exportaciones de Estados Unidos a México) que señalan algunos estudios probablemente no alcance las dimensiones temidas.

A pesar de los logros en materia de eliminación de barreras no arancelarias, la institucionalización de una zona norteamericana de libre comercio no es más que un reconocimiento formal del grado de integración de las economías signatarias.

Los productos estadounidenses tienen gran presencia en el mercado mexicano (con una velocidad significativa) desde hace más de siete años, 6 cuando la política gubernamental optó por la apertura comercial en 1985-1986, entre cuyas decisiones destaca el ingreso al GATT.

En 1988-1989 se aceleró el ritmo de la integración al intensificarse el proceso de apertura. De 1986 a 1992 se cuadruplicó el valor de las exportaciones de Estados Unidos a México. Sin TLC en 1992 éstas alcanzaron 44 400 millones de dólares (13.7% del PIB mexicano), mientras que las de sentido contrario sumaron 37 600 millones de dólares (11.6% del PIB mexicano). 7

Así, la interdependencia es un hecho consumado desde hace varias décadas; el TLC sólo incorporó los mecanismos desreguladores para lubricar esa integración. Sin aquél difícilmente se frenaría o revertiría esta tendencia. 8

Por eso mismo es poco probable que la desgravación arancelaria acordada (que, por cierto, llevará quince años) provoque una explosión de las exportaciones estadounidenses en el mercado mexicano de la magnitud registrada en los últimos seis años.

Concebir, por otra parte, a América del Norte como una fortaleza regional es un tanto complicado si se considera que el TLC no construye una "barrera arancelaria" general. Como se dijo, éste no crea un mercado único ni busca formar una unión aduanera. Más aún, la apertura del mercado mexicano a los productos estadounidenses constituye un preámbulo que en poco tiempo permitirá argumentar en favor de una mayor apertura a productos europeos y japoneses. 9

Otro mito lo constituye la especulación sobre la inminente "americanización" del mercado mexicano (que provocaría cambios en las preferencias de los consumidores) en favor de las empresas estadounidenses. Hay que ver con cautela este tipo de inferencias.

La economía mexicana se encuentra "americanizada" desde hace varias décadas (igual que la mayor parte de las economías europeas), sobre todo si se toma en cuenta el volumen comercial que penetra la frontera mexicana desde el norte cada año. Afirmar que por el TLC habrá una progresiva "americanización" del México actual indica un pobre conocimiento de las características del mercado mexicano.

La empresa española en la economía mexicana

España no es el principal socio comercial en productos no petroleros de México, cuyas relaciones en esa materia son más estrechas con Alemania, Francia y el Reino Unido. 10

Sin embargo, el mercado mexicano es el noveno comprador de exportaciones españolas y el primero fuera de la OCDE, lo que ha generado ciertas preocupaciones entre empresarios y funcionarios de esa nacionalidad.

A primera vista parece muy probable que, en efecto, a buena parte de las empresas españolas que exportan a México les afecta de manera negativa (a corto plazo) el Tratado de Libre Comercio, de la misma manera que las exportaciones mexicanas a España se vieron afectadas por la integración europea, la Política Agrícola Común o el Acuerdo Multibras.

     GRADO DE  INTERNACIONALIZACION  DE  LAS  EMPRESAS  ESPAÑOLAS,
     1990-1993 (MILLONES DE PESETAS)
     ____________________________________________________________
                                                                 
                                                        Inversión
                                                       extranjera
     Año                     Exportaciones               directa

     1990                      5 630 600                 279 156
     1993                      7 982 704                 258 000

     Fuentes: ministerios de Economía  y Hacienda y de  Industria,
     Comercio y Turismo, de España. 
Ahora bien, el problema de la mayor parte de esas empresas españolas que temen perder mercado en México no es el proceso de integración económica norteamericana. Su verdadero problema es el escaso grado de internacionalización de sus estructuras productivas.

No obstante ser México el noveno comprador de los exportadores españoles, en 1993 la IED de ese origen en la economía mexicana representaba menos de 0.5% de la total, lo que refleja el comportamiento internacional de la empresa española durante los años de la globalización económica (los ochenta).

De acuerdo con el Banco de España, 11 en 1993 la inversión de ese país en el exterior fue de 258 000 millones de pesetas y las exportaciones sumaron 7 982 704 millones de pesetas (véase el cuadro). 12

A pesar de que las prácticas del comercio exterior y de la inversión extranjera experimentaron profundas transformaciones durante la "década globalizadora" de los ochenta, son limitados los rangos de internacionalización de gran parte de las empresas españolas.

Concebir la exportación como la mera venta de productos allende las fronteras político-económicas se ha convertido en una práctica relativamente ineficaz que coloca a las empresas en una posición débil para afrontar los retos de los noventa.

Hoy día, los países verdaderamente exportadores tienen empresas que no esperan a que les vayan a comprar, sino que realizan el comercio exterior directamente en el lugar que les interesa.

Las compañías se instalaron incluso en los mercados compradores y desde ahí no sólo controlan la relación en el sistema de distribución, sino que participan en las decisiones importadoras.

Las exportadoras con mayor éxito fueron las que importaron sus productos desde el exterior.

Para convertirse en las principales exportadoras del mercado estadounidense, las empresas japonesas tuvieron antes que transformarse en los principales inversionistas de ese país.

En el ámbito actual la empresa española exportadora que quiera seguirlo siendo no debe pretender comercializar indefinidamente sus productos terminados en todos los mercados, sino aceptar que tendrá que compartir con el aparato productivo local, acaso de manera gradual pero sin duda inevitable, ciertas fases del proceso manufacturero. La inversión extranjera directa se ha convertido en la mejor estrategia de exportación. 13

El Ministerio de Industria, Comercio y Turismo de España, en un estudio de 1992 sobre la internacionalización de la empresa española, señala ciertos factores estructurales y coyunturales, internos y externos que han frenado su esfuerzo de globalización:

  1. La diversificación geográfica de sus exportaciones es reducida, pues exportan a una media de tres a cinco mercados;

  2. su conocimiento de mercado exterior, además de ser poco sistemático, se basa en estudios de viabilidad informales o intuitivos;

  3. su capacidad tecnológica es pobre;

  4. no cuenta con suficientes recursos humanos preparados, sobre todo directivos con dominio de idiomas extranjeros;

  5. ha sido insuficiente su apertura, pues sus tasas de comercio exterior en relación con el PIB son muy inferiores a la media comunitaria;

  6. aprovecha de manera escasa las medidas de fomento a la internacionalización de la empresa. 14

En concreto, la empresa española que exporta o desea exportar a México en el marco del TLC debe tratar de invertir en el mercado mexicano, con el propósito de desarrollar una estrategia de regionalización productiva que le permita explotar los beneficios de la integración económica de la región.

Asimismo, le conviene explotar su vínculo cultural con México -que en cierto grado representa una ventaja sobre el esto de las empresas europeas- para llevar a cabo alianzas estratégicas con la capacidad productiva local con el objetivo principal de calificar como "inversionista TLC".

Cabe subrayar que el TLC está en sus fases iniciales. Muchos de los efectos económicos esperados en materia de la reubicación internacional de la actividad productiva en la región están por ocurrir.

El período de ajuste de las tres economías del norte americano a la nueva lógica del libre comercio creará nuevas oportunidades y amenazas para las empresas con intereses en la zona.

En este sentido, es muy probable que los empresarios españoles que se anticipen a estos cambios del ambiente de negocios en América del Norte con nuevas estrategias de regionalización productiva por medio de la inversión extranjera directa se beneficien con el Tratado.

Por supuesto que estas empresas tendrán que pagar costos de ajuste por los beneficios que surjan a raíz de la reubicación de los recursos entre industrias y regiones.

Cada día es más necesario que se modifique la concepción que tienen los españoles sobre sus mercados norteamericanos.

Lo que antes se vio como mercados nacionales ahora debe verse como mercado regional.

Las empresas españolas que mayores beneficios obtengan de la participación de México en el TLC serán los que vean en ello una nueva oportunidad regional para el negocio trasnacional y no como una nueva forma de proteccionismo intercontinental.

Hay una pequeña diferencia entre el empresario español que teme la "americanización" de su mercado mexicano y el que comprende que el TLC es un modo de aprovechar la ampliación del mercado de hispanohablantes al norte del río Bravo. 15

Reflexiones finales

Hay otros aspectos interesantes que pueden enriquecer la reflexión europea sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y sus efectos externos.

Las consecuencias iniciales de reubicación de los negocios, por la desviación del comercio que se espera, tendrá diferentes efectos en países y sectores y tal vez también en los distintos tipos de empresas.

Así, las compañías europeas que cuentan con una red de actividades de valor agregado o de contactos de mercadotecnia y distribución en América del Norte están en buena posición para beneficiarse de la integración regional.

Tal vez las trasnacionales que operan en el área con una estrategia policéntrica sean las más favorecidas.

Sin embargo, los efectos de mediano y largo plazos del proceso de integración son precisamente los que pueden tener más incidencia sobre la distribución internacional de la actividad económica, así como generar beneficios potenciales para empresas que están por instalarse en la región.

Estos efectos pueden obedecer tanto a la restructuración de la actividad productiva entre los países, los sectores y las empresas de América del Norte, como a las oportunidades que se abran para que las empresas incrementen su eficiencia técnica y de escala y reduzcan sus costos de producción y transacción.

Una vez que estas ganancias se filtren hacia los consumidores septentrionales, la integración generará incrementos en el ingreso real y una explotación adicional de los beneficios de la especialización productiva.

Cabe esperar también que se estimulen la innovación y el progreso tecnológico.

Como estos efectos son dinámicos (tienden a elevar la tasa potencial de crecimiento de las economías de la región), se abrirían nuevas oportunidades para el comercio y la inversión proveniente de regiones como Europa.

Por último, es muy probable que el Tratado de Libre Comercio genere entre las naciones industriales un genuino interés en el mercado mexicano.

Para las empresas trasnacionales y las instituciones financieras europeas México ahora se convierte en parte integral de su estrategia norteamericana.

Esto se observa ya en varios cambios en la organización trasnacional de una cantidad considerable de empresas del espacio económico europeo.


1. J.H. Dunning, Multinational Enterprises and the Global Economy, Addison-Wesley Publishers Ltd., Reading, 1993; Sidney Weintraub, "U.S. Mexico Free Trade: Implications for the United States", Journal of Interamerican Studies and World Affairs, julio de 1992, y Gabriel Szekely, The Impact of the NAFTA for European and Japanese Trade and Investment in Mexico and the United States, seminario ejecutivo México and the NAFTA: Who Will Benefit?, Institute of Latina American Studies, Universidad de Londres, con la colaboración de la Cámara de la Industria y Comercio de Londres, 1993.

2. Centro de Empresas Transnacionales de la ONU, Foreign Direct Investment and Industrial Restructuring in Mexico, Nueva York, 1992, p. 77.

3. La mano de obra mexicana, especialmente en el sector manufacturero, ha probado ser productiva y de buena calidad. En 1989 un estudio de J. D. Power and Associates mostró que la planta automovilística de la Ford en Hermosillo (al norte de México) se encontraba empatada con la mejor planta ensambladora del mundo (la perteneciente a Daimler-Benz, con 26.1 defectos por cada 100 coches). Un estudio similar elaborado en 1991 por el MIT informó que la planta de Hermosillo fue la de mejor calidad en el mundo pese a su poca automatización.

4. Desde el 1 de enero de 1994 50% de los contratos federales quedarán abiertos a la competencia pública para toda empresa establecida en América del Norte. Después de diez años todos esos contratos se abrirán a la competencia sin restricciones.

5. Según una publicación anual de The Economist, el actual ingreso per cápita de Estados Unidos es de 25 687 dólares; en México es de 4 040 dólares.

6. Principalmente bienes de consumo, pues las importaciones de bienes de capital e intermedios no se encontraban tan restringidos.

7. INEGI, Estadísticas de Comercio Exterior, enero-julio de 1993, pp. 86-95.

8. Dobson Wendy, "North American Economic Integration in the 1990's" en OCDE, Long Term Prospects for the World Economy, París, 1992, p. 105.

9. En principio, las empresas mexicanas que han sobrevivido a la reciente apertura comercial, al competir con la calidad y el precio de los productos estadounidenses, estarían más que listas para hacerlo con productos europeos y japoneses.

10. OCDE, Economics Surveys. México 1991-1992. París, 1992, p. 262.

11. Datos recabados del diario El País, 1 de marzo de 1994, p. 50.

12. Ministerio de Economía y Hacienda, Información esta estadística sobre el comercio exterior e intracomunitario, diciembre de 1993, p. 37.

13. Christopher Milner y David Allen, "The External Implications of 1992", en Dennis Swann (ed.). The European Market and Beyond. A Study of the Wider Implications of the Single European Act, Londres, 1992.

14. Ministerio de Industria, Comercio y Turismo de España, 1992.

15. Hoy en día hay 26.8 millones de hispanohablantes en Estados Unidos. Se espera que en los próximos 50 años esa cifra se triplique (para el año 2050 se calcula una población de alrededor de 88 millones).