ACTECO, 09/01/98, SE REDUCE SOBRETASA A IMPORTACION DE TRIGO

ACTUALIDAD ECONOMICA DEL PERU

País/Country: Perú

Centro de Asesoría Laboral del Perú, Lima, Perú

Autor/Author: Custodio Arias

Número/Number: 192

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 09/01/98

Desde la década del treinta de este siglo, el consumo de harina de trigo, ya sea como fideos o pan, se ha incrementado enormemente. La producción doméstica es reducida; por lo tanto, importamos volúmenes cada vez mayores de este grano. Su volumen y valor afianzan nuestra dependencia alimentaria.

El trigo se ha instalado en los valles interandinos: Pasco, Junín, Huánuco, Huancavelica, Ayacucho y Apurímac, casi todos en la sierra central; también en la sierra de La Libertad y Cajamarca, en el norte; y por el sur, aunque en menor escala, en Arequipa. El área sembrada en la última década ha fluctuado entre 108.289 y 113.256 hectáreas para el período agosto-junio de las campañas agrícolas 1986/1987 y 1996/1997 respectivamente.

Resulta interesante apreciar que, en pleno desarrollo del fenómeno El Niño, su siembra se ha incrementado significativamente (12%): entre agosto de 1997 y junio de 1998 se sembraron 127.627 hectáreas, la cifra más alta de las últimas once campañas agrícolas (Ministerio de Agricultura: Estadística agrícola mensual, junio de 1998).

La agricultura serrana es básicamente de secano, y las tierras son de baja calidad. Por eso, el rendimiento promedio alcanzó sólo 1.115 kg/Ha en 1997. Arequipa, uno de los departamentos productores de trigo, aunque en una superficie no muy importante, tuvo en ese mismo año un rendimiento de 2.457 kg/Ha, un poco más del doble del promedio nacional.

Por la calidad del suelo, las variaciones climáticas y, por supuesto, las dificultades económicas para fertilizar su cultivo, sus resultados tuvieron muchos altibajos, particularmente en esta década. En 1989 se alcanzó la producción más alta de este último cuarto de siglo, con 159.300 Tm, y en 1992 la misma cayó a 73.100 Tm. Según los cálculos del Ministerio de Agricultura, este año se pueden superar largamente las 125.600 Tm de 1997.

El incremento de las importaciones

En 1938, la administración norteamericana dictó una norma, la PL 480, a través de la cual los excedentes de trigo comprados por el Estado a los agricultores en los años de sobreproducción podrían ser utilizados como donación, entre otros, a los países de América Latina.

Las donaciones que llegaron a nuestro país incentivaron su consumo.

Nuestras importaciones de trigo eran todavía reducidas, entre otras razones porque las necesidades de granos se podían cubrir con la producción doméstica, gracias a que la población peruana apenas bordeaba los 7 millones de habitantes.

El trigo blando importado fue incorporado rápidamente por las molineras, subsidiarias de las transnacionales productoras de granos, para la producción de pan y fideos, productos que se incorporaron con rapidez a la dieta de la población, principalmente urbana.

En 1970 importamos 521.800 Tm de trigo por un valor de 32 millones de dólares. Diez años después, en 1980, fueron 812.200 Tm por un valor de 141,3 millones de dólares. A mediados de los años setenta, más precisamente en 1974, se produjo la crisis cerealera por la pérdida de las cosechas en la ex URSS y la guerra en el Medio Oriente, sucesos que encarecieron el precio de los granos. Los militares que gobernaban entonces en el Perú introdujeron una política de subsidios para abaratar el precio del producto final, es decir, el pan y fideos que ya eran de consumo masivo. Al final de cuentas, los beneficiarios de esta política fueron las transnacionales molineras del trigo blando importado.

En la década de los ochenta el comportamiento de las importaciones estuvo influido por la crisis de la economía peruana. El volumen más alto de las importaciones de trigo de esa década fue el que se registró en 1986: 1.083,3 millones de toneladas, y correspondió al segundo año de gobierno de Alan García. Luego vino una caída de ese volumen que coincidió con una elevación del precio del grano en el mercado internacional.

En los dos primeros años de esta década, el shock de Hurtado Miller, de agosto de 1990, empujó a una reducción de la demanda de pan y fideos y, por lo tanto, del volumen importado de trigo. En 1990 y 1991 fue ligeramente superior al de 1970: 597.900 y 563.400 Tm respectivamente, como consecuencia de la dramática caída de los ingresos de la población.

El shock de agosto de 1990 multiplicó por 8 el precio del pan. En la segunda mitad de esta década la importación del grano se recuperó y superó el volumen de 1986. En 1997 importamos 1.115.100 Tm, el volumen más alto de nuestra historia (BCRP-Ministerio de Agricultura).

Liberalización del mercado e importaciones de trigo

En la década de los noventa, la caída y recuperación de las importaciones de trigo blando utilizado por las molineras tiene como marco las medidas de ajuste y estabilización aplicadas por el Gobierno de Fujimori. Los subsidios a la importación de este grano se retiraron rápidamente en un contexto internacional en el que el precio del grano estaba en alza.

En 1991, el precio FOB del trigo importado estaba en 109,8 dólares la tonelada, y alcanzó su punto más alto en mayo de 1996, con 265,4 dólares por tonelada. A partir de ese mes, el precio ha venido cayendo. En enero de 1997 estaba en 179,6, y en enero de 1998, en 144,4 dólares/Tm. En julio último su precio era de 119,8 dólares, casi similar al de enero de 1992 (AgroData-CEPES).

Sin embargo, la disminución del precio del trigo, principal materia prima del pan y fideos, nunca ha conducido a un reajuste hacia abajo de los productos finales de consumo popular, es decir, el pan y los fideos. Por el contrario, la elevación del precio en el mercado internacional ha llevado a un casi automático incremento del precio de los productos derivados del trigo. Así, por esos raros mecanismos del mercado, el pan sube cuando el trigo importado sube de precio, pero nunca baja cuando su precio en el mercado internacional cae, como viene ocurriendo desde mayo de 1996 hasta la fecha.

En el nuevo contexto macroeconómico, el del neoliberalismo, la actual administración ha estado aplicando una política arancelaria errática, más proclive a las presiones de los empresarios que a la evolución de los precios internacionales, por lo menos en el caso concreto del trigo importado. Hasta abril de 1997, la importación de trigo tenía un arancel de 20% normal, más 5% de sobretasa fija y un derecho específico, una sobretasa movible que dependía de la evolución del precio en el mercado internacional.

El 6 de agosto último se publicó el Decreto Supremo 083-98-EF, que deja sin efecto el derecho específico a la importación de trigo y derivados. Es decir, se mantienen el arancel básico de 20% y la sobretasa fija de 5%. Así, la protección nominal sería del orden de 25% del precio FOB. En los medios especializados se señala que esta reducción ha sido consecuencia de la fuerte presión de las empresas molineras.

Al respecto, Alejandro Dalí Arbulú, gerente del Comité del Trigo de la Sociedad Nacional de Industrias, en entrevista concedida al programa radial Tierra Fecunda, señaló que el retiro del pago del derecho específico por la importación del trigo va a permitir que el producto y sus derivados estén a la altura de los niveles internacionales, particularmente de los productos terminados como el fideo. Asimismo, indicó que el contrabando de fideos y harinas que ingresa por las fronteras con el Ecuador, por el norte, y con Bolivia, por el sureste, países en los cuales los derechos aduaneros son más bajos que en nuestro país, está generando una competencia desventajosa, además de que el Estado deja de percibir ingresos. Además, subrayó que ellos nunca han presionado a los funcionarios del Estado, sino sólo planteado sus problemas.

Se supone que esta reducción influye en el costo de producción y, por lo tanto, en una disminución del precio de los derivados del trigo, como debería ser si consideramos que el precio FOB del trigo importado está muy por debajo del de mayo de 1996. Preguntado al respecto, Dalí respondió que cada empresario decide libremente sobre el precio de compra y venta, y que su representada está prohibida de opinar al respecto.

¿Es posible reducir la importación de trigo?

A lo largo de seis décadas, el patrón de consumo de alimentos de la población peruana se ha ido modificando con la introducción de productos importados que generalmente desplazan a la producción interna o la complementan. En el caso del trigo, insumo básico para la elaboración de harinas, éste se ha impuesto en el mercado nacional.

No ha existido ni existe una política agraria y económica que se haya planteado el incentivo al consumo de productos agrícolas nativos, por lo menos tratando de reducir el volumen importado para, así, reducir el desembolso de divisas.

Es difícil incrementar significativamente el área sembrada de trigo, pero sí sería posible elevar su rendimiento mediante una mejor fertilización. Eso supone una mayor dotación de recursos financieros, escasos en las actuales circunstancias. Un problema no resuelto es que la industria molinera existente usa y prefiere el trigo blando importado y nosotros producimos el trigo duro, que genera un problema de carácter técnico. Las 127 mil toneladas de trigo que produciremos este año están muy lejos de los requerimientos del mercado interno.

En todo caso, pensando en el largo plazo, lo que queda por hacer es un esfuerzo para incentivar el consumo de los productos nativos, entre ellos la papa, el camote, el maíz blanco y la cebada. Eso implica no sólo ampliar el área sembrada, sino también la calidad de dichos productos. Y ello, a su vez, supone orientar el financiamiento hacia esos productos, pues con la actual política económica resulta difícil pensar que el capital privado asumirá ese reto.

SUMILLAS

Frases

No, en absoluto.
Respuesta del ministro Baca ante la pregunta de si en el Perú existían presiones para devaluar el sol.