ACTECO, 09/01/98, MOSCU NO CREE EN LAGRIMAS; NUEVA YORK SUFRE

ACTUALIDAD ECONOMICA DEL PERU

País/Country: Perú

Centro de Asesoría Laboral del Perú, Lima, Perú

Autor/Author: Óscar Ugarteche

Número/Number: 192

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 09/01/98

En agosto hemos visto cómo el tipo de cambio en Rusia se desplomó. Junto con el desplome del tipo de cambio, hemos sido testigos de una crisis política y una crisis de bolsa que ha llevado a severas preocupaciones sobre la estabilidad de la economía global. Tras cuernos, palos, podría ser el dicho que mejor describe la situación global.

La caída del precio del petróleo y del gas afectó la economía rusa de manera sustantiva, primero en el lado fiscal y luego en la balanza de pagos. La caída del precio del petróleo a niveles menores de 10 dólares por barril desde su pico de 23 dólares ha causado un problema de recaudación tributaria fundamental a Rusia.

A Venezuela, que exporta menos que Rusia, le significó una pérdida de 9.000 millones de dólares de ingresos fiscales durante el primer semestre de 1998 por efecto del precio. Sobre el problema tributario está el de balanza de pagos que ha incidido en pérdida de reservas internacionales y devaluaciones que finalmente se han expresado en una estampida de la bolsa de Moscú.

Esto no tendría mayor significación si la banca alemana no estuviera tan expuesta en la economía rusa. También se vio muy expuesta en Corea y Japón. Es decir, la economía alemana, que comercia con el bloque de Europa del Este y que financia en gran medida dicho comercio y que ha ingresado con préstamos a la banca rusa, se está viendo afectada.

La combinación de crisis en Japón con incertidumbre sobre si ya entraron en una depresión o no, más la posible crisis económica alemana, ahuyentaron a los inversionistas de la Bolsa de Nueva York y, a la par, de todas las bolsas del mundo. Todos los agentes económicos están pasándose a dólares y nadie quiere estar en bolsa, o quieren estar lo menos posible, cuidándose de entrar en bonos del Tesoro de Estados Unidos antes que en papeles de renta variable.

Entre el 17 de julio de 1998 y el 31 de julio de 1998 se precipitó la Bolsa de Nueva York (New York Stock Exchange) de 9.300 puntos del Dow Jones a 7.500 puntos. Estamos hablando de 1.800 puntos de caída, de los cuales 512 se perdieron el 31 de octubre. Esa caída diaria sólo ha sido superada, en porcentajes, por la de octubre de 1987. En puntos, es el doble de la del 28 de octubre de 1929.

Esto trajo consigo que la Bolsa de Tokio, ya frágil, cayera a menos de 14.000 puntos de los 23.000 que tuvo en el pico antes del inicio de la recesión japonesa en 1991 y de los 15.000 puntos que fue su piso psicológico durante toda la crisis iniciada en Asia en octubre de 1997. Todas las bolsas acusaron recibo del desaliento sobre la economía mundial, y en una típica reacción de pánico los agentes se retiraron de todas. El asunto es que los índices de precios de las materias primas están íntimamente relacionados con el índice nikkei, con lo que los precios de las materias primas descenderán aún más.

Advertencia a los subdesarrollados

Esta es una advertencia para las economías abiertas primario- exportadoras, que son casi todas las latinoamericanas y africanas.

Cada punto del Dow Jones expresa 1.000 millones de dólares de precio y 4.000 millones de capitalización. Es decir, sólo la pérdida de Nueva York de un día es la suma de las economías de México y Brasil completas de un año, y la capitalización perdida es del tamaño del PBI americano para el agregado de las semanas del 17 de julio al 31 de agosto. Sumando las pérdidas de todas las bolsas, la magnitud de las capitalizaciones suma EE.UU. más Alemania y Japón. El ahorro total perdido es del tamaño de las tres principales economías del mundo de un año. Sin duda, esto traerá consigo una recesión mundial.

Normalmente, en épocas de crisis financieras la tasa de interés internacional sube, para atraer mayores capitales, y eso termina de colapsar las bolsas por el efecto portafolio. Los agentes salen de acciones y entran en bonos o en instrumentos bancarios más rentables. La discusión en el FED sobre qué hacer comenzó en abril de 1998. Finalmente parecería que, habiendo aprendido la lección de 1929, 1876 y 1826, las cuatro grandes crisis en la historia financiera mundial, hoy la tasa de interés sería rebajada para reactivar la economía global. Keynes vive, parece ser el mensaje.

Al otro lado, los déficit crecientes en cuenta corriente de América Latina, África y Asia, sumados, presionan sobre el mercado financiero internacional empujando al alza de la tasa de interés. No queda claro cuánto tiempo pueden rebajar la tasa antes que reaccione la demanda mundial y corrija el alza de los precios de las materias primas. En este momento hay una clásica crisis de sobreproducción mundial.

La crísis y las teorías

Todas las grandes crisis han terminado luego de discusiones teóricas que han modificado el modo de manejo macroeconómico, cambios de paradigma productivo para aumentar la productividad, y cambio en las reglas del juego, para institucionalizar mecanismos estabilizadores. Hoy los estabilizadores no operan, la teoría no logró predecir las crisis y la tecnología no logró recuperar la productividad perdida luego del alza del precio del petróleo, por encima de su costo de capital. La tecnología de la información como paradigma está en cuestión, y las nociones de mercado perfecto también. Desde el modelo chileno hasta Brasil sienten lo mismo que México, Rusia, Venezuela y todos los primario-exportadores. Las exportaciones primarias no sólo no arrastran el crecimiento: arrastran la contracción. Es la hora de los poskeynesianos.

Los efectos de la crisis mundial se dejarán sentir varios años, que darán tiempo para repensar y asistir en la resolución del problema. El primer problema de todos es el empleo y la demanda agregada. El segundo, la recuperación del ahorro, en particular de aquellos 35 millones de personas retiradas y jubiladas que vivían de los ingresos de los fondos mutuos y fondos de pensiones. El tercero es la vigencia del mercado perfecto y la economía liderada por las exportaciones.