ACTECO, 09/01/98, GLOBALIZACIÓN FINANCIERA: SIN BRÚJULA

ACTUALIDAD ECONOMICA DEL PERU

País/Country: Perú

Centro de Asesoría Laboral del Perú, Lima, Perú

Número/Number: 192

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 09/01/98

El régimen de libre movilidad internacional de capitales impuesto a escala mundial a principios de la década de los noventa empieza a ser cuestionado teórica y prácticamente. Los desesperados controles de capital decretados recientemente por Malasia y Rusia, y las opiniones del famoso economista Paul Krugman recomendando el control de cambios en ciertos casos, opiniones que reproducimos en esta edición, son signos de los tiempos.

El fenómeno que explica estas críticas es la crisis financiera internacional que estalló el año pasado en Tailandia, se extendió luego a todo el Sudeste Asiático, terminó hace poco con Rusia y hoy amenaza con cobrar una nueva víctima y traerse abajo la economía brasileña, la más grande de América Latina.

Los capitales "golondrinos" que hasta ayer hacían cola para ingresar en masa en el Brasil, ya sea como préstamos bancarios, inversiones en la bolsa o compra de títulos de la deuda pública, han entrado en pánico y hoy se atropellan para salir del país.

Las altas tasas de interés que ayer atrajeron como un imán a estos capitales hoy están en la estratósfera --50% anual--, pero hasta el cierre de esta edición no tienen ningún efecto, y el éxodo de los capitales continúa.

Los capitales "golondrinos" fugan porque tienen miedo de que se produzca una gran devaluación del real, la moneda brasileña. Esta devaluación que, se teme, puede evaporar de un solo golpe no sólo las enormes ganancias obtenidas hasta ahora, sino también todo el capital inicial, causando enormes pérdidas.

El escenario y el drama son los mismos que hemos visto una y otra vez en México, en los países del Sudeste Asiático y en Rusia. Una enorme fuga de capitales foráneos, originada por el temor de una devaluación, amenaza con agotar las reservas de divisas del país anfitrión. Lo terrible es que todo el mundo sabe que si los capitales siguen huyendo a un ritmo de mil millones de dólares diarios, como ocurre en Brasil actualmente, al final la devaluación será inevitable. Y no importa cuáles hayan sido, sean o serán en el futuro las políticas económicas del Brasil.

La repetición incesante de estos dramas significa que el mercado global de capitales está totalmente descarrilado y amenaza con crear una recesión internacional de proporciones. El pánico financiero se está trayendo abajo una economía tras otra, y ha creado de la nada, en una buena parte del mundo, una recesión pocas veces vista, que se está propagando inevitablemente al resto del planeta. La caída de los precios de las materias primas que exportamos es parte de ese proceso.

¿Cuántos casos más tipo Brasil, Rusia o el Sudeste Asiático se requieren para que el escenario económico internacional en su conjunto se deteriore tanto que sólo sea comparable con la Gran Depresión de los años treinta?

Perdiendo la brújula

La euforia que existía en los mercados financieros de los países centrales a principios de los noventa por las oportunidades que ofrecían los países emergentes como Tailandia, Rusia, Perú o el Brasil, se ha convertido a fines de la década en un pánico irracional y profundo. Los capitales huyen de la periferia del sistema financiero internacional para refugiarse en los títulos públicos más seguros de Estados Unidos y Europa.

La devaluación del bath tailandés y la posterior crisis asiática produjeron un colapso de la confianza. Con estos eventos ocurrió lo que nunca podía ocurrir. Como ha dicho Greenspan, el presidente del banco central norteamericano, se destruyó así el sistema de creencias, la imagen del mundo real que orientaba y dirigía la conducta de las instituciones financieras de los países industrializados en la periferia del sistema financiero internacional.

A partir de allí, los mercados globales de capital han perdido la brújula. Al menor pretexto, o simplemente sin él, se producen estas fugas repentinas y masivas de los capitales "golondrinos". Este catastrófico cambio de dirección del flujo de los capitales fue la causa que provocó la debacle de los otros países asiáticos, uno tras otro, tras la caída de Tailandia en julio de 1997, y el reciente hundimiento de Rusia en el infierno de otra hiperinflación. Y es la misma causa que amenaza con traerse abajo hoy día a Brasil.

Como el mismísimo FMI acaba de reconocer en la presentación de su ultimo reporte sobre los mercados internacionales de capital, la historia demuestra que estos abruptos e irracionales cambios de dirección, estos tránsitos de la euforia al pánico, han sido siempre una característica intrínseca de los flujos internacionales de capital. La excesiva volatilidad de los capitales "golondrinos" no es un rasgo exclusivo de los noventa.

Lo único que ha cambiado en los noventa es que el terreno de juego de estos flujos de capital entre países se ha ensanchado enormemente, hasta incluir a todo el mundo subdesarrollado y los antiguos países socialistas, con la excepción de China. Los daños potenciales, por tanto, también se han globalizado. Todos estos países han adoptado el nuevo credo de la libre movilidad internacional de los capitales, una de las principales reformas estructurales que han promovido e impuesto Washington, el FMI y los otros organismos multilaterales. La caja de Pandora está totalmente abierta.

¿Hay remedios?

Para saber si hay algún remedio contra estas fugas masivas y repentinas de los capitales "golondrinos", contra estos ataques especulativos, conviene preguntarse si puede impedirse la anunciada devaluación del real brasileño.

Excluyendo al presidente Cardoso, quien jura y perjura que no va a permitir que el real caiga, todo el mundo da por hecha esta devaluación. La única pregunta es si Brasil devaluará antes o después de las elecciones presidenciales de principios de octubre.

Sólo hay dos maneras de impedir esta devaluación. La primera es que Washington no abdique de su responsabilidad como prestamista de última instancia en este régimen de libre movilidad de capitales que tiene su marca de fábrica. Es decir, que le preste a Brasilia 50 o 100 mil millones de dólares, lo que se necesite, sin condiciones políticas, directamente o a través del FMI, con el único objetivo de desarticular la fuga de capitales y evitar que el real caiga. Como se hizo con Argentina en el verano de 1995.

La segunda manera es que Brasilia aplique un control de cambios, suprima la libre movilidad de capitales e impida así que los capitales salgan y que se produzca un colapso cambiario. Lo que hizo Alemania en los años treinta. En esta edición, Krugman explica cómo funcionaría este esquema y cuáles son sus defectos y virtudes.

Si no hay prestamista de última instancia por el motivo que sea (porque los republicanos lo impiden, o porque el gobierno de Clinton condiciona los préstamos para sacar ventajas políticas o comerciales que el Brasil no acepta), el control de capitales es la única puerta de escape para evitar un colapso cambiario.

SUMILLAS

Los capitales "golondrinos" que hasta ayer hacían cola para ingresar en masa al Brasil, ya sea como préstamos bancarios, inversiones en la bolsa o compra de títulos de la deuda pública, han entrado en pánico y hoy se atropellan para salir del país.

Los capitales huyen de la periferia del sistema financiero internacional para refugiarse en los títulos públicos más seguros de Estados Unidos y Europa.