ACTECO, 11/01/98, CARLOS MALPICA: EL PERÚ COMO PASIÓN

ACTUALIDAD ECONOMICA DEL PERU

País/Country: Perú

Centro de Asesoría Laboral del Perú, Lima, Perú

Autor/Author: Alfredo Portal

Número/Number: 193

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 11/01/98

Hace ya cinco años, cumplidos el 15 de noviembre de este año, que la esclarecedora y combativa palabra de Carlos Malpica Silva Santisteban ha dejado de escucharse en el Perú. Está, sin embargo, su obra de investigación acuciosa y valiente. También constan en el diario de debates del Congreso las batallas por la fiscalización de los recursos de todos los peruanos que libró con un empeño y una lucidez ejemplares, mostrando el oscuro origen de algunas fortunas obtenidas mediante fraudulentas relaciones con el Estado.

Estos son algunos testimonios sobre Carlos Malpica, que componen una visión integral del político comprometido y empecinado en recomponer el destino del Perú, de lo generoso de su amistad y también del hombre amoroso en la intimidad de su hogar.

Teresa de Molina vda. de Malpica

Cuando Actualidad Económica del Perú me solicitó muy amablemente escribir veinte líneas sobre lo que Carlos significó para nuestro hogar, pensé que me sería casi imposible hacerlo... son tantos los recuerdos que llenan los corazones de mis hijas y el mío, que no pueden reducirse a veinte líneas. Sin embargo, debo decir simplemente que en Carlos encontré al compañero, amigo y esposo más comprensivo, tierno y complaciente que una mujer anhela para formar su hogar; y mis hijas, al padre cariñoso, apacible y responsable que les permitió ser muy felices.

Tuve el privilegio de amarlo y compartir con él casi veinte años. Nos casamos en 1975 y tuvimos dos hijas maravillosas, como su padre: Gabriela y Verónica, que actualmente tienen 21 y 14 años respectivamente.

Carlos tenía mucho sentido del humor; manifestaba siempre buen carácter, que era la demostración del otro extremo de su personalidad, tan enérgica y fuerte.

Su pasatiempo favorito era, sin lugar a dudas, la lectura; también disfrutaba del campo, la playa y las reuniones familiares en las que nos deleitaba con su trato afable y alegre.

Entre sus virtudes más destacadas, puedo mencionar su honradez, su valentía, su patriotismo, su compromiso social con los campesinos y obreros de nuestro país; y el amor a su familia. El vacío que dejó su partida nos sumió en la tristeza, pero su recuerdo y su imagen nos acompañarán hasta que se agoten nuestras vidas.

Javier Diez Canseco

Una singular mezcla de intelectual y activista revolucionario, político y maestro de juventudes, catedrático y asesor sindical: un arco iris de compromisos con el Perú y sus intereses. Un hombre que echó su suerte con los pobres de la tierra y caminó con ellos las difíciles rutas de la vida del peruano.

Un precursor de la reforma agraria. De la tierra para quien la trabaja, del derecho de los demás a tener raíces y futuro.

Un dibujante prolijo, casi barroco, del árbol genealógico de los dueños del Perú. Indiscreto y acucioso --antipático para algunos--, estudiante de la genética del poder. Un orador agudo; de monocorde, pausado y casi aburrido tono de voz, cuyos discursos todos seguían atentamente. Un mago fabuloso que sacaba --de su mágico e imaginario sombrero-- las más sucias, sorprendentes y secretas corruptelas del poder, al que hoy se extraña en el hemicirco.

Domador envidiable del miedo a la venganza de los poderosos, fue solitario empedernido en la lealtad con sus principios, también en momentos de reparto. Leal con sus afectos y firme en sus compromisos, fue desconfiado con los elogios. Hablo de un hombre de una fe socialista por convicción y no por conveniencia.

No podía resistir la sensualidad de un dato oportuno. Lo atraía perdidamente la hebra de un ovillo de negociados por esclarecer. Tenaz en sus preocupaciones, riguroso en su trabajo, estaba siempre seguro de lo que decía. Claro: tenía el aval que representaba el disco duro de 100 gigas que llevaba en el cerebro y que --lamentablemente-- no pudo dejarnos en herencia. Y es que vivió, casi hasta el fin, peleado con la computadora, fiel a su fabulosa memoria y a un indisoluble matrimonio con sus cuadernos y libretas de apuntes.

Devoto de la virgen del puño, siempre lo sentí discreto y sistemático en su vida diaria. Reservado en su vida privada, fue cuidadoso, respetuoso y cariñoso con su familia y sus afectos personales.

En fin, un amigo, un compañero, un maestro que extraño ahora que la política se ha banalizado y pragmatizado tanto, en que la ignorancia es tan atrevida y el sentido de la "oportunidad" se ha sacralizado... una ausencia que no podemos, ni sabemos, llenar.

Javier Alva Orlandini

Durante las semanas previas a las "elecciones" de 1950 los universitarios, sin convocatoria alguna, expresábamos nuestra protesta contra la dictadura de Odría todos los días desde poco más o menos las 6 de la tarde. No había convocatoria previa. Nos autoconvocábamos. En uno de esos atardeceres conocí a Carlos Malpica Silva Santisteban.

Ese día, en la redada policial, fueron detenidos Malpica y sus contertulios. Días después me tocó el turno. Nos reunió la dictadura en el sótano de la Prefectura. Allí había alrededor de un centenar de universitarios y trabajadores, en su mayoría "compañeros".

Malpica estudiaba Agronomía y yo Derecho. Él nació en Chota; yo, en Cajamarca.

A ambos se nos aplicó la Ley de Seguridad Interior de la República (11049). Poco tiempo después de la "victoria" electoral de Odría recobramos la libertad. Malpica fue, además, exiliado.

Integró, en 1956, una lista independiente apoyada por el APRA, y fue elegido diputado por Cajamarca. Mostró su indoblegable espíritu de luchador social. Combatió con vehemencia el fraude electoral e inició su alejamiento del partido en el cual su padre fue el principal dirigente en el norte del país.

Estuvo en el llamado APRA Rebelde y más adelante en el MIR. Fue rebelde por antonomasia. Inconforme. Escribió, entre otros, un libro sobre los dueños del Perú y otro sobre los peces y tiburones.

Dedicó gran parte de su talento y de su tiempo a investigar la corrupción.

Estuvimos en el Congreso en distintos períodos; pero nos encontramos en el Senado, en el iniciado el 28 de julio de 1990 e interrumpido el 5 de abril de 1992. "Si tú eras Presidente del Senado, no había golpe", me dijo meses después. Creíamos en la necesidad de declarar vacante la Presidencia para prevenir la dictadura.

Raúl Wiener

Cuando falleció mi padre, un amigo que siempre tuvo singular ascendencia sobre mí me expresó su solidaridad con una insólita frase de consuelo: "Uno se hace adulto sólo a la muerte del padre". Años después, apenas enterado del deceso de Carlos Malpica, las mismas palabras volverían a mi mente para advertirme con dureza que uno también deja de ser alumno sólo a la muerte del maestro.

Estoy seguro de que si Carlos hubiera estado vivo, me hubiera resultado mucho más difícil animarme a escribir sobre el tema del petróleo en 1996. En todo caso, hubiera debido consultarlo para sentirme seguro de cada punto en debate. Pero dejé de contar con su presencia y, como muchos otros de mi generación, en nuestro desamparo debimos aprender a jugarnos confiando en nuestros propios datos e investigaciones.

Puedo decir que Carlos era un amable y divertido oráculo. Podía acudir a conversarle de cualquier cosa y siempre tenía una respuesta entre informada e irónica. Sabía de la vida de todo el mundo. Más aún de las propiedades de mucha gente y de las formas oscuras como se hicieron de ellas. Tenía una opinión categórica de los políticos que actuaban a su lado. De los de izquierda y de los de derecha. Claro: yo no soy nadie para dar cuenta de ellas. Tómese nota simplemente de que este hombre que jamás equivocó la dirección de una denuncia, no pudo ser puesto nunca en entredicho por sus adversarios. Todos dicen que era honesto hasta la exageración. Y lo dicen hasta los deshonestos.

En un país de difíciles consensos, ese será siempre un galardón de su memoria.

Ricardo Letts

Carlos Malpica Silva Santisteban me honró con su amistad entrañable. Conocí íntimamente de sus ideas políticas. Gloria eterna a su memoria de luchador revolucionario mariateguista.

Carlos fue un luchador incansable e implacable contra la corrupción y los corruptos. Seguramente ese fue su estandarte más reluciente. Su último libro, Pájaros de alto vuelo, da cuenta del enriquecimiento ilícito del acusado Alan García Pérez a través de sus relaciones con el BCCI y la compra (y venta) de los aviones Mirage 2000 en 1985/86.

Carlos es Cajamarca --más específicamente Chota--, el Colegio Militar Leoncio Prado, la Escuela Nacional de Agricultura de La Molina, el Partido Aprista Peruano, el APRA Rebelde, la Cámara de Diputados, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, la Marcha por la Patria Libre, la lucha por la reforma agraria, la asesoría de sindicatos de mineros, de pescadores, de bancarios, el Partido Unificado Mariateguista, el Senado de la República, sus libros, sus discursos, sus entrevistas.

Tenía el don de la sencillez. La virtud extraordinaria de convertir en comprensible lo complicado y difícil, y la capacidad para explicarlo.

Fue un luchador político revolucionario a carta cabal. Por tanto, comprendía la significación y la importancia del poder, y de sus usos y ventajas; pero nunca estuvo apegado a éste, nunca abusó de él.

Carlos tenia la formidable capacidad de manejarse siempre, o casi siempre, con mucho realismo. Tenía la ventaja de moverse en términos de lo concreto. Y, sin embargo, siempre luchó por nobles ideales, y se orientó por principios inmarcesibles.

Solidario y afectuoso, sereno y prudente, constante y batallador, su muerte temprana, prematura, ha sido una lástima inmensa.

Carlos Malpica nos ha dejado muchas enseñanzas valiosas. Por eso, para rescatarlas y difundirlas, un grupo de sus amigos y camaradas hemos formado, con la más amplia apertura, el Comité Malpica. Invitamos a participar en él.