ACTECO, 11/01/98, NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER

ACTUALIDAD ECONOMICA DEL PERU

País/Country: Perú

Centro de Asesoría Laboral del Perú, Lima, Perú

Número/Number: 193

Frecuencia/Frequency: 10 por año/10 per year


Fecha/Date: 11/01/98

Diciembre es el mes de las predicciones y de las bolas de cristal. Como ha dicho Jürgen Schuldt, el nostradamus que habita dentro de cada macroeconomista se despierta inevitablemente a fin de año. ¿Qué pasará con la economía peruana en 1999? ¿Será un año de vacas gordas o uno de vacas flacas? Y si este último es el caso, como parece, ¿cuán flacas serán?

Los pronósticos macroeconómicos que han aparecido hasta el momento no infunden mucho entusiasmo. Diez bancos de inversión extranjeros (JP Morgan, Merryll Linch, entre otros), que han hecho del optimismo a toda prueba una profesión, se muestran esta vez cautos, y ninguno de ellos respalda el ridículo pronóstico del Gobierno de un crecimiento económico de 5,5% anual para 1999 (Gestión, 1/12/98).

Los bancos de inversión más arriesgados proyectan un crecimiento máximo de 4,3% de la producción total del país (PBI) para 1999. Los más prudentes calculan una cifra de 2% de crecimiento para 1999.

Para poner en perspectiva estos pronósticos, conviene recordar que el PBI ha estado prácticamente estancado en el período enero-agosto de 1998, ya que ha crecido apenas 0,7% respecto del mismo período del año anterior.

Aun así, estas cifras del PBI subestiman la magnitud de la recesión que está incubándose en la economía del Perú urbano. Esto es lo que sugieren los resultados de las empresas industriales y de servicios públicos que cotizan en bolsa a setiembre de 1998.

En el sector de servicios públicos, las ventas totales de once empresas, entre las que se encuentran la Telefónica y las vinculadas al negocio de la electricidad, decrecieron 7,8% en el período enero-setiembre de 1998 en comparación con el mismo período del año anterior. En el sector industrial, de un total de 105 empresas, 51 experimentaron una caída de sus ventas durante este mismo período. En conjunto, las ventas de estas 105 empresas cayeron 5,1% con respecto al mismo período enero- setiembre de 1997. En la industria de alimentos, las ventas totales cayeron 11%; en la industria de bebidas, 0,1%; en la industria textil, 9%; y en la industria metalmecánica, 3% (Gestión, 1/12/98, suplemento "El Economista").

Roberto Abusada, que es algo así como el poder detrás del trono en el equipo económico del fujimorismo, ha admitido, en una reunión académica organizada a fines de noviembre por el Consorcio de Investigación Económica, que la cifra de crecimiento del PBI para 1999 puede estar, a su juicio, entre 0 y 6%, lo que da una idea del grado inusual de incertidumbre que existe en las alturas del Ministerio de Economía y Finanzas.

Es bueno recordar, sin embargo, que los pronósticos de crecimiento económico del Gobierno y de los bancos de inversión para 1998 erraron lastimosamente. Se suponía que el aparato productivo iba a continuar expandiéndose, aunque a un ritmo algo menor al de 1997, cuando el PBI se incrementó en más de 7%. Todavía en julio pasado, el Ministerio de Economía y Finanzas fantaseaba con un crecimiento del orden de 5% para 1998. Considerando las fuertes tendencias recesivas registradas a partir de octubre pasado (véase el recuadro 1), si el PBI araña 1% en 1998, sería todo un éxito.

El fenómeno El Niño fue bastante más destructivo de lo que anticipó el Gobierno, pero el hecho decisivo que explica este enorme error de cálculo fue el vuelco considerable que experimentó la situación económica internacional a raíz del estallido de la crisis asiática en junio de 1997.

El Gobierno se demoró todo un año --hasta que se desató la crisis rusa, en agosto pasado--, para entender, primero, que se había terminado la situación económica internacional sumamente favorable de la que habíamos gozado durante todo los noventa. Y, segundo, que este nuevo escenario económico internacional francamente desfavorable para nosotros, caracterizado por bajos precios de las materias primas de exportación y muchísima dificultad para conseguir capitales foráneos, no iba a ser flor de un día.

Los dos peligros

Ahora, a fines de 1998 o principios de 1999, seguimos esperando que el Gobierno de Fujimori reaccione de manera adecuada. Es decir, que adecue sus políticas macroeconómicas a este cambio desfavorable en la situación internacional, de manera tal que se limiten los efectos negativos que este deterioro del contexto externo trae consigo inevitablemente.

Para esto, el Gobierno debe elegir una combinación de políticas fiscales y monetarias que garanticen tres cosas. Primero, que las reservas de divisas no se agoten aunque esta situación externa desfavorable perdure más allá de lo esperado. Segundo, que la economía peruana no caiga en un abismo recesivo. Tercero, que la inflación no se desboque.

El problema es que para conseguir uno de estos tres objetivos básicos de la política económica, casi siempre hay que sacrificar los otros dos. Por ejemplo: si el dólar salta a 7 soles y, al mismo tiempo, el gasto público se recorta a la mitad, es posible que se detenga la hemorragia que está afectando las reservas de divisas del Banco Central y del sistema bancario o, incluso, que estas reservas aumenten. Es claro, sin embargo, que esta maxidevaluación, aunada a tamaño recorte del gasto público, no sólo pondría en marcha una peligrosa espiral inflacionaria sino que, además, hundiría a la economía peruana en un abismo recesivo similar al de 1982 o 1988, cuando el PBI se contrajo más de 10% en un solo año.

De igual manera, podríamos dejar inalterado el precio del dólar en 3 soles, para no echar gasolina al fuego de la inflación o, incluso, para echar un poco de agua, y aumentar al mismo tiempo el gasto público, con el fin de contrarrestar los efectos recesivos de la brusca disminución de las entradas de capital extranjero en el país. Sin embargo, esta política económica ensancharía el déficit comercial (las ventas de productos peruanos al extranjero menos las compras peruanas de productos extranjeros). Y este mayor déficit comercial, sumado a la menor entrada de capitales extranjeros, podría causar una inmensa sangría de las reservas de divisas del país.

Y a estas alturas del partido, todos sabemos que si el Banco Central no tiene dólares, hay una hiperinflación como la de 1988-90 esperando a la vuelta de la esquina.

Tenemos, pues, tres peligros potenciales. Primero, el peligro de quedarse sin reservas de divisas. Segundo, el de caer en el abismo recesivo. Tercero, que la inflación se desboque.

En la situación actual, este último peligro no existe en realidad. La inflación está bajando y gira alrededor de 6% anual, un mínimo histórico que no se alcanzaba desde hace un cuarto de siglo.

Los dos peligros terriblemente reales para 1999 son, en ese orden de importancia, caer en el abismo recesivo y quedarse sin reservas.

La política económica fujimorista

La opción del Gobierno de Fujimori ha consistido en privilegiar el control de la inflación y, por tanto, el control del tipo de cambio. El objetivo principal de las autoridades monetarias ha sido evitar que las presiones en el mercado cambiario produzcan un alza severa del tipo de cambio que eleve la inflación por encima de 6 o 7% anual.

Ante las críticas a esta política cambiaria del Banco Central, el ingeniero Fujimori ha contestado que, a pesar de que los "exportadores reclaman una mayor devaluación..., el objetivo principal es mantener baja la inflación". Y, a renglón seguido, ha añadido, contra toda lógica, que el "BCR no llevará adelante una política de venta de dólares que podría hacer disminuir las reservas internacionales" (Gestión, 2/12/98).

Aparentemente, Fujimori no entiende que frenar la devaluación para mantener baja la inflación implica, en las circunstancias actuales, que el Banco Central venda dólares o compre pocos, o los pida prestados afuera a través de la banca comercial, como podía hacer hasta hace poco, con lo cual las reservas de divisas del país tienden a disminuir. Esto es justamente lo que explica que las reservas de divisas del sistema bancario se hayan reducido 17% entre julio de 1997 y setiembre de 1998, tras haber crecido ininterrumpidamente durante el período 1992-97. Todo lo cual revela simplemente que la plana mayor del fujimorismo está algo perdida respecto de los temas cruciales de la política económica en la situación actual.

En lo que atañe al peligro de caer en un abismo recesivo, es claro que el Gobierno no está haciendo absolutamente nada por evitarlo. El ingeniero Fujimori no se cansa de aferrarse al dogma de que "el Gobierno mantendrá su programa económico basado en el equilibrio fiscal, que significa gastos igual que ingresos", aunque la crisis internacional afecte la marcha de la economía (Gestión, 2/12/98).

En realidad, con esta política fiscal lo único que está haciendo el Gobierno es agravar y exacerbar el fuerte impulso recesivo generado en setiembre último por el recorte de los fondos que el sistema bancario conseguía en el exterior (véase el recuadro 2).

El Gobierno gasta más o menos según cuánto recaude por tributos y según cuánto es lo que haya que pagar por la deuda pública externa. Si los ingresos tributarios caen por la recesión, como efectivamente está ocurriendo, entonces el Gobierno recorta la inversión pública, paraliza la industria de la construcción y ahonda, así, la recesión. Vuelven entonces a caer los tributos, se produce otra disminución del gasto público y nos lanzamos así, de frente, a un abismo recesivo.

En suma, la política económica que el Gobierno de Fujimori ha escogido para hacer frente a la desfavorable situación económica internacional amenaza con hundir a la economía peruana en un hoyo recesivo gigantesco.

SUMILLAS

RECUADRO

La sequía crediticia

Desde el estallido de la crisis asiática a mediados del año pasado, la entrada global de capitales a la economía peruana disminuyó sensiblemente. Sin embargo, el mercado de crédito bancario doméstico en moneda extranjera siguió operando fluidamente hasta setiembre último, gracias a la continua expansión de los fondos que los bancos conseguían en el exterior.

En setiembre último, la economía peruana fue sacudida duramente por una fuerte salida de capitales originada por la cancelación o no renovación de las líneas de crédito de corto plazo que la banca comercial local venía obteniendo en el exterior. Esta suerte de corrida de los acreedores externos de los bancos domésticos, que acontece por primera vez durante los 90, se produjo durante el pánico financiero causado por la crisis de balanza de pagos de Rusia.

Este brusco cambio de dirección de los flujos de capital de corto plazo intermediados por la banca comercial local causó el tercer y más potente ataque especulativo ocurrido este año contra la moneda doméstica. Exactamente igual que en los anteriores episodios donde se registraron fuertes presiones alcistas en el mercado cambiario, también esta vez el precio del dólar en moneda doméstica se disparó conjuntamente con la tasa de interés interbancaria en moneda nacional. Además, se incrementó sustantivamente la tasa interbancaria en moneda extranjera.

El Banco Central reaccionó frente a esta presión alcista sobre el tipo de cambio tomando medidas sin precedentes en los últimos años. La primera reacción consistió en intervenir en el mercado cambiario vendiendo dólares, cosa que no hacía desde el autogolpe de abril de 1992. La segunda reacción consistió en otorgar "créditos de liquidez" (préstamos de corto plazo) en moneda extranjera a los bancos comerciales, para que estos puedan pagar sus deudas de corto plazo con el exterior. Luego, rebajó por dos veces la tasa de encaje promedio que recae sobre los depósitos en dólares de los bancos comerciales, también para que los bancos puedan pagar sus deudas de corto plazo.

Finalmente, el Banco Central, la Superintendencia de Banca y Seguros y el gobierno mismo tomaron otras dos medidas mucho menos ortodoxas para frenar el alza del tipo de cambio. De un lado, se decretó la conversión de los depósitos bancarios del sector público de moneda extranjera a moneda nacional, una suerte de desdolarización forzosa del sector público. Estos depósitos podrían alcanzar los US$ 400 millones. Del otro lado, se limitó la "sobrecompra" de dólares por parte de los bancos y otras instituciones financieras hasta por un monto equivalente a su patrimonio efectivo.

El pánico de setiembre último parece inaugurar una nueva época de escasez del crédito doméstico en moneda extranjera. De acuerdo al presidente de la Asociación de Bancos, la menor disponibilidad y el incremento del costo de las líneas de crédito del exterior tendrá efectos sobre los créditos hipotecarios y automotrices, tarjetas de crédito, y créditos de consumo (Gestión 12/10/98).

En consecuencia, esta dura restricción crediticia en moneda extranjera puede tener un gran impacto negativo sobre las ventas de bienes de consumo duradero, las importaciones, la industria de la construcción, y los precios de casas y terrenos. Si algo está claro, es que la expansión del crédito ha sido el elixir que ha mantenido viva a la economía peruana durante los últimos años.

Esta sequía crediticia creada en el mercado de préstamos a partir de setiembre último constituye un enorme impulso recesivo que es imprescindible contener.