El miércoles 15 de julio se celebró el XXV aniversario de la Asociación de Exportadores, ADEX. En esa reunión se dieron tres intervenciones muy importantes que no sólo abordaron reflexiones sobre el sector exportador, sino que ubicaron la problemática en el actual contexto. Nos referimos a las alocuciones de Dionisio Romero, homenajeado como el empresario del año 1997; Carlos Bruce, presidente de ADEX; y Jorge Baca, ministro de Economía. En lo que sigue, una apretada síntesis de tales intervenciones.
Dionisio Romero hizo una presentación en la que dividió la reciente historia económica del Perú antes y después de los noventa. Una época catastrófica anterior que contrasta con una actual de fe en el futuro. Una estrategia expropiadora en los setenta: reforma agraria, industria pesquera, medios de comunicación, comunidad industrial y minera. Además de una economía controlada con una sobredimensionada presencia estatal que usó instrumentos como el dólar MUC, controles a la importación y flujos de capital. Esta estrategia habría llevado, en opinión del empresario Romero, a la hiperinflación y el terrorismo.
Desde los noventa hay aire fresco: el Estado ya no es el motor del desarrollo; ahora lo es el sector privado. Existe apertura, estabilidad, competencia y flexibilidad del mercado laboral. La experiencia previa le permitió al empresario la capacidad de adaptarse a cualquier cosa; ahora los nuevos retos son la competitividad y la competencia con el capital extranjero. Se habría pasado -según Romero- de distraer energías valiosas lidiando con el Estado y sus normas burocráticas, a dedicarse a lo que es la función empresarial esencial: competir y crear riqueza.
En esa medida, sólo faltarían elementos accesorios: reducir algunos sobrecostos, por ejemplo, para poder tener óptimos resultados de crecimiento. No se identificaron limitaciones del modelo, ni se hizo referencia a los shocks externos. El mensaje fue un espaldarazo a la actual política económica.
Carlos Bruce hizo un contraste entre lo que afirmaron los gobiernos en los últimos veinticinco años sobre que las exportaciones eran el motor de crecimiento, y la realidad de estancamiento que presentaron en términos reales. En esa época -nos recordó- teníamos exportaciones similares a Corea, Singapur, Taiwán; y hoy esos países tienen más de diez veces el valor de las nuestras. Algo pasó en el camino.
También señaló que en los últimos años se han creado las condiciones para un desarrollo sostenible. Sólo habría que hacer algunos «afinamientos» y defenderlo de las debilidades que el entorno internacional ahora genera. El modelo estaría muy bien; y hay que defenderlo. Se debe mejorar la competitividad, y esa es tarea compartida del Estado y el empresariado. Señaló los esfuerzos de los exportadores y sugirió, con menos énfasis que en otras oportunidades, que el Estado debería completar sus tareas mejorando la infraestructura y el entorno y reduciendo sobrecostos.
El ministro Baca, en su segunda presentación pública, volvió a repetir lo esencial del discurso de su intervención en la Convención Latinoamericana de Exportadores (véase el Dominical del diario La República,14/06/98). La disciplina fiscal y monetaria, el programa de reformas, ha llevado a una de las economías más sólidas de la región: crecimiento, baja inflación, reservas crecientes, ahorro e inversión crecientes, abundante inversión extranjera. Ahora, a diferencia del pasado, las exportaciones y la inversión son el motor del crecimiento.
Baca reconoció la importancia de la crisis asiática y de los shocks externos. ¿Qué hacer al respecto? Más de lo mismo: continuar con la disciplina fiscal y monetaria, completar las privatizaciones y, sobre todo, las concesiones en infraestructura, puertos y aeropuertos.
Anunció lo que fue un baldazo de agua fría para todos los presentes: el consorcio Shell-Mobil no continuaba con la segunda fase de la explotación de Camisea. Sin embargo, ya se encontrarán nuevos socios para un proyecto con reservas probadas.
En suma, los tres oradores coincidieron en que el modelo estaba muy bien. Para Bruce, habría que hacerle pequeños «afinamientos» (alguno más de lo que considera Romero). Para el ministro Baca, no falta nada; sólo acelerar las concesiones. ¿Hemos pasado de la catástrofe al Paraíso, como se sugirió?
El Perú ha seguido diversas estrategias de desarrollo en la segunda mitad del siglo, que incluye un período liberal en los cincuenta y comienzos de los sesenta, uno intervencionista en los setenta, políticas de ajuste hasta los noventa y un nuevo experimento liberal en esta década.
En los cincuenta el motor de crecimiento fue el sector privado, las exportaciones primarias; el Estado no intervenía en la economía; había libre funcionamiento de los mercados con fuerte presencia de capital extranjero. Hubo crecimiento económico, pero no suficiente creación de empleo ni mejoras en la distribución del ingreso. El crecimiento estuvo limitado por la brecha externa, que terminaba en crisis de balanza de pagos.
El modelo industrialista sustitutivo de importaciones de los setenta buscó superar la estrategia anterior con fuerte presencia estatal. Se llegó a extremos, algunos mencionados por los expositores, y otros como la protección infinita del Registro Nacional de Manufacturas. Pero también hubo crecimiento económico hasta 1974-75 (mejor que en el período liberal) con algo más de inflación (10% promedio), aunque no se superaron los problemas de empleo ni los de distribución de ingresos.
Se puede discutir sobre las limitaciones del modelo, pero un factor que desencadenó su debacle estuvo asociado a los shocks externos: la crisis de la deuda en los ochenta. La prueba es que economías que habían tenido políticas macroeconómicas sensatas, como Colombia y Chile, también sufrieron la década perdida.
Las diferentes estrategias y políticas aplicadas durante las administraciones de Odría, Prado, Velasco, Morales Bermúdez, Belaunde y García tuvieron crisis de balanza de pagos que obedecen a un factor estructural: el carácter primario- exportador de nuestra economía, la menor productividad en el sector industrial que le impide exportar y solucionar el límite externo.
Cuando el ingeniero Bruce constata que nuestras exportaciones se estancaron en términos reales desde una visión comparativa, en realidad lo que menciona es que no se aplicaron instrumentos estructurales que corrigieran la brecha de productividades.
El modelo actual es esencialmente la reedición del de los años cincuenta, que ya comentamos. ¿Qué es lo que elimina automáticamente sus limitaciones en los noventa?
Los shocks externos pueden ser positivos o negativos. En los ochenta, la crisis de la deuda fue fatal; lo fue también el deterioro de los términos de intercambio por la caída de los precios de las materias primas que se produjo con gran intensidad en los ochenta y que se ha reeditado en los noventa por la crisis asiática. Estos no son la causa de los problemas: son factores desencadenantes de la crisis.
A comienzos de los noventa tuvimos un shock positivo: la afluencia de capitales del exterior por la dramática caída de las tasas de interés internacional. Esto contribuyó a la desinflación, reactivación, incremento de créditos, inversión, consumo y reservas internacionales. Eso no anulaba las limitaciones de un modelo primario-exportador: las disimulaba, las hacía menos visibles, ya que se relajaba la restricción externa.
Los proyectos primario-exportadores marcaron picos de inversión históricos: Toquepala en los cincuenta, Cuajone en los setenta, los megaproyectos de los noventa (entre ellos el de Camisea). Su postergación equivale a un shock externo negativo.
La estructura de precios relativos que ha creado el modelo en curso propició una desinflación con base en el retraso cambiario, y una apertura importadora que ha generado un creciente desequilibrio de balanza comercial y cuenta corriente consustancial a él. Es más lo que se requiere de financiamiento externo para cubrir la brecha y/o se debe reducir el máximo con medidas de emergencia, que ya la crisis asiática y el fenómeno El Niño demandaban.
No se trata de volver a los setenta, ni, menos, a los ochenta; pero lo que estamos discutiendo escapa a la coyuntura. Nadie cuestiona que se impulsen las exportaciones, ni la agroindustria, pero también deben fomentarse las de mayor valor agregado que tienen como principal destino el mercado latinoamericano. Se debe superar el modelo primario-exportador.
Tampoco se trata de sustituir la economía de mercado. El problema es cuál economía de mercado. Como señala el ingeniero Gerbolini en su excelente libro:
«El ultraliberalismo se presenta con las características de un mesianismo institucional. Cualquier posición que no corresponda a su absolutismo incurriría en grave error. Para ser liberal no sería suficiente ser partidario de la privatización de la actividad económica, del libre juego del sistema de los precios internos, del equilibrio fiscal, de la disciplina monetaria, y rechazar el miope populismo y el iluso estatismo. El ultraliberalismo exige además juramentar un credo: renunciar a que el Estado posea un diseño estratégico definido, que se concreta en una activa política económica orientada a la capitalización del país y el desarrollo económico.
Eliminando el Estado como ente comprometido en gestar un entorno económico compatible con el desarrollo, el destino de la economía queda a merced del solo juego del sistema de precios y a la creencia de que éste conducirá al éxito del régimen económico. Se le impone así al Estado un radical abstencionaismo".
No podemos caer en el abstencionismo que anuncia el ministro Baca. Es una buena oportunidad para avanzar en una estrategia que incluya el componente primario-exportador pero que no se agote en él. En ese camino, anuncios como el del consorcio Shell-Mobil serían menos angustiantes. Debemos tomar medidas de emergencia en el corto plazo, que se articulen a una estrategia de largo plazo más integral.
SUMILLAS
Romero hizo una presentación en la que dividió la reciente historia económica del Perú antes y después de los noventa. Una época catastrófica anterior que contrasta con una actual de fe en el futuro.
Bruce hizo un contraste entre lo que afirmaron los gobiernos en los últimos veinticinco años sobre que las exportaciones eran el motor de crecimiento, y la realidad de estancamiento que presentaron en términos reales.
Según el ministro Baca, la disciplina fiscal y monetaria, el programa de reformas, ha llevado a una de las economías más sólidas de la región: crecimiento, baja inflación, reservas crecientes, ahorro e inversión crecientes, abundante inversión extranjera.