El desistimiento del consorcio Shell-Mobil para el desarrollo de la segunda etapa de los proyectos del gas de Camisea ha sido, como dice el ministro del sector, una desagradable "sorpresa inesperada", que pone al desnudo la precariedad de las negociaciones internacionales de este gobierno frente a las empresas trasnacionales.
El retiro del consorcio de la etapa más importante, que implicaba la perforación de los pozos de explotación, tendido de ductos hacia la costa, instalaciones varias, la construcción de plantas de tratamiento y fraccionamiento de los ricos yacimientos de gas natural y líquidos de gas que yacen en el subsuelo de Camisea, constituye un durísimo golpe al modelo económico.
A pesar de los mejores deseos, la renuncia de la Shell-Mobil se debe sumar a las postergaciones de inversión de los megaproyectos mineros, tales como La Granja, Quellaveco y posiblemente Antamina. Se debe tener presente que la capacidad de pago de la economía peruana a partir del año 2002 estaba en función de los ingresos tributarios captados por el Estado, al margen de sus efectos en las inversiones esperadas, la balanza comercial y de cuenta corriente.
Hasta cierto punto, Camisea era para el Gobierno la "niña bonita" de los grandes proyectos, pues significaba, según los voceros oficiales, inversiones directas superiores a los 3.000 millones de dólares, de los cuales 800 constituían compras a la industria local (ver cuadro 1 sobre las proyecciones oficiales del proyecto Camisea en los primeros veintisiete años).
En verdad, hoy resultan pueriles las lamentaciones sobre la no firma de la segunda etapa del proyecto. Nadie se la esperaba en el Gobierno, imbuido como estaba de un triunfalismo vano que supuso el viaje del mandatario a Holanda y Londres, "para convencer" a los altos directivos de la Shell sobre las bondades del proyecto. Inclusive, los voceros gubernamentales lamentan que el consorcio haya presentado observaciones y demandas fuera del contrato firmado en mayo de 1996; han soslayado la fama y antecedentes de la Shell como empresa "dura" en los negocios.
| Cuadro 1
Proyecto Camisea PROYECCIONES PRELIMINARES EN LOS PRIMEROS VEINTISIETE AÑOS (Millones de dólares) | |
| Inversión | 2.682 |
| Costo operativo | 1.520 |
| Regalías | 3.590 |
| Recaudación por impuesto a la renta | 3.057 |
| Utilidades | 6.959 |
| Fuente: El Peruano, mayo de 1996. | |
Los problemas
Aunque se desconocen públicamente, por ahora, las razones la Shell-Mobil en Camisea, éstas se hubiesen podido deducir, por medio de las varias notas informativas expuestas en múltiples oportunidades; a ello se debían agregar las múltiples declaraciones de sus altos funcionarios, un mínimo análisis de la coyuntura internacional y un estudio semiótico que ayuda en la comprensión de una doble lectura, o, mejor aún, "leer entre líneas".
Después de todo, en mayo de 1996 la tendencia alcista del precio del petróleo, que significó una elevación cercana a los 25 dólares el barril, rentabilizaba los proyectos de recursos alternativos, como el gas natural. Hoy, con los precios del crudo a menos de 14 dólares el barril, se podría afirmar que, ceteris paribus, en términos relativos, los precios y costos de los proyectos relacionados con el gas se encarecen, es decir, no resultarían tan atractivos.
Por ello, resultaba fundamental superar la principal limitación para el desarrollo de Camisea, la insufiencia y debilidad del mercado interno en relación con el potencial de las reservas y montos de inversión supuestamente comprometidos. Así, el señor Dick de Jong, director de Estrategia y Servicios de Shell Internacional (Londres), señalaba:
"Considerando que el gas va a ser una nueva industria en el perú, el Gobierno tiene el importante rol de crear un adecuado régimen tributario y reglamentario bajo el cual todas las partes puedan beneficiarse con el gas de Camisea". (Conferencia en la Sociedad de Minería y Petróleo, 1996.)
Aunque la versión integral de Camisea planteaba una producción de 1.000 millones de pies cúbicos diarios de gas y 65.000 barriles diarios de líquidos de gas, el planteamiento por etapas resulta más realista, dada la insuficiencia del mercado para el gas y la ausencia de una cultura gasífera. Entonces, se estimó una disminución hacia una producción diaria de 450 millones de pies cúbicos, que aun así resultaba sobredimensionada. Según la Shell, "el mercado existente es pequeño y geográficamente disperso", y, de otro lado, "los combustibles competitivos están bien establecidos, tienen canales de distribución establecidos y sus activos se han depreciado".
En tal sentido, en la creación del mercado la generación eléctrica con base en la utilización del gas resultaba un mecanismo importante; de ahí el atractivo inicial para la Shell de construir una planta de generación en el sur. La decisión de la empresa Enersur (Tractebel), responsable de la generación eléctrica para la trasnacional Southern Perú Copper Corporation, de ampliar su oferta eléctrica usando carbón importado, para asegurar el aumento de su producción de cobre en los próximos años, resultaba una decisión legítima desde el punto de vista empresarial, mas irracional desde el punto de vista del patrón de consumo energético, pues utilizaría un recurso que no producimos.
Por ello, el Consorcio Shell-Mobil señalaba la falta de mercado y su desinterés para el establecimiento de la planta de energía de 300 megavatios interconectada al Sistema Centro-Sur, utilizando el gas de Camisea, en razón de que "es improbable que esto ocurra si es que los planes para una nueva central que utilice carbón como combustible entra en operación en el sur del Perú" (Shell-Mobil: Nota Informativa Nº 6). Esta posición, de ser comprendida en toda su dimensión, habría constituido una señal premonitoria.
Por ello, resultaba vergonzoso observar a los altos funcionarios de la Shell darnos lecciones de "economía energética", cuando afirmaban que cada país debe utilizar los recursos más abundantes que posee. Es decir, si el país tiene reservas de gas, debiera utilizar dicho recurso como combustible en las diversas actividades y ramas económicas.
Sin planeamiento
El desarrollo de una cultura y mercado para el gas, inexistente en el país, supone una estrategia nacional de corto, mediano y largo plazo que planifique, que estimule el consumo del gas. Es decir, el futuro mercado del gas no se crea por la "libre oferta y demanda", ni tampoco por decreto del mandatario de turno. Se construye con base en la promoción, concertación con el sector privado, difusión y educación en los consumidores, con una enérgica participación estatal. Este debiera ser el fundamento de una política nacional en materia de energía, pues constituye un "absurdo económico" que residentes o empresas que operan en el país generen energía consumiendo diesel, petróleo residual o carbón importado.
En tal contexto, para ningún negociador serio hubiesen resultado inesperadas las pretensiones del consorcio Shell-Mobil respecto de las desmesuradas tarifas del gas, su lógica aspiración de participar en la distribución del gas natural, en el principal mercado (Lima) y el deseo en exportar los líquidos de gas, que constituye "la carnecita" hacia el Brasil, por medio de Bolivia.
Después de todo, no resulta una novedad reconocer que el negocio no radica tanto en la producción sino en la participación en la fase de la distribución. Bastaría para ello observar los extraordinarios márgenes brutos en la distribución de combustibles, que casi triplican los vigentes en los Estados Unidos de América.
El retiro de la Shell-Mobil demostraría también la necesaria "integración del negocio", por estrictas razones de rentabilidad, y la debilidad del mercado interno. Ello hubiese reproducido la presencia monopólica del consorcio y colocado en un primer plano la problemática de la regulación de parte del Estado, ante una presencia empresarial que adoptaría la forma de un "monopolio natural". Ante ello, debiera tenerse presentes los límites y restricciones de la legislación de electricidad, que fomenta la división entre la generación, transporte y distribución de la actividad.
A la luz de las consecuencias negativas de la privatización por "unidades de negocios" de la petrolera estatal Petroperú, debiera quedar demostrada la lógica integral entre la explotación, transporte, distribución y generación eléctrica. Es decir, la integración constituye la forma más eficiente de operar en el sector energético. Por tanto, resultan poco convincentes, por no decir "absurdos económicos", los argumentos que apuestan a la fragmentación de las distintas fases de la explotación de Camisea, pues ésta encarecería aún más el proyecto.
Dependencia energética
Ante tanta improvisación y ausencia de planeamiento estratégico, para entender los problemas y posibilidades que entraña el desarrollo integral de las ingentes reservas de gas de Camisea, resulta perentorio y de necesidad nacional presentar propuestas y alternativas en la utilización de una riqueza que cambiaría el perverso patrón de consumo energético de la economía peruana, basado en el petróleo y derivados, recurso escaso no renovable que cada día tenemos que importar en cantidades crecientes. Con Camisea se revertirían los saldos negativos de la balanza comercial de hidrocarburos, en la medida en que dejaríamos de importar significativas cantidades de petróleo, de gas licuado de petróleo (GLP) y de diesel.
El cuadro 2 presenta las importaciones de petróleo, diesel y gas licuado de petróleo. Muestra la importancia de nuestras compras al exterior en el período comprendido entre 1991 y 1997, responsabilidad de este régimen. La pobre economía peruana ha tenido que desembolsar 3.207 millones de dólares por concepto de petróleo crudo (2.006 millones), gas licuado (185 millones) y diesel (1.016 millones). Es decir, en siete años se ha gastado más que los supuestos montos de inversión que haría el consorcio Shell-Mobil, aproximadamente 2.682 millones de dólares, para el desarrollo de la segunda etapa de Camisea.
Además, se posibilitaría la exportación de líquidos de gas natural y la generación de energía eléctrica en términos más económicos y se desplazaría al diesel como combustible, a lo que se debe sumar las bondades de un combustible limpio, no contaminante, que aseguraría el abastecimiento energético por varias décadas.
| Cuadro 2
VALOR DE IMPORTACIÓNES DE PETRÓLEO CRUDO/DIESEL Y GAS LICUADO DE PETRÓLEO (GLP) (Miles de dólares Valor CIF) | |||
| Crudo | Diesel -2 | GLP | |
| 1991 | 246.926 | 68.958 | 22.033 |
| 1992 | 200.841 | 118.468 | 21.097 |
| 1993 | 154.605 | 88.045 | 18.995 |
| 1994 | 122.730 | 110.115 | 26.962 |
| 1995 | 294.982 | 200.002 | 34.964 |
| 1996 | 421.032 | 224.610 | 34.785 |
| 1997 | 565.232 | 205.841 | 26.665 |
| US$ total | 2.006.348 | 1.016.039 | 185.501= 3.207 millones |
| Fuente: Ministerio de Energías y Minas. | |||
Propuesta
En estos últimos años, los organismos oficiales señalan invariablemente que las reservas probadas de crudo bordean los 300 millones de barriles. Sin embargo, entre 1993 y 1997 las inversiones en exploraciones para descubrir nuevas reservas lamentablemente no han tenido resultados positivos, pues los pozos han resultado secos, con agua, o no eran económicamente rentables. Por tanto, se están consumiendo las reservas, lo que nos hace más dependientes y vulnerables ante el recurso del petróleo.
Frente a esta realidad, las reservas de gas y líquidos de gas contenidas en Camisea cobran una importancia vital en la economía nacional, pues, en términos relativos, multiplican por más de siete veces nuestras alicaídas reservas de hidrocarburos. Estas consideraciones urgen para ser realistas, pues el país no puede esperar una década más, y, por tanto, urge buscar alternativas racionales para su pronta explotación, al margen de triunfalismo y vanas esperanzas de nuestros gobernantes.
En tal sentido, el desarrollo de Camisea no puede ser "simplemente un negocio trasnacional". Para el Perú, es un imperativo nacional y regional su explotación; por tanto, el Estado tiene que tener un papel protagónico en la creación del mercado y cultura del gas. Por ello, el Estado, a través de Petroperú potenciado y modernizado, debe participar como socio estratégico, por medio de una asociación en joint venture con empresas trasnacionales de primer orden, por estrictas razones de estabilidad, seguridad y rentabilidad.
Se debe tener presente que Petroperú, reducida a su mínima expresión, ha generado entre 1995, 1996 y 1997 más de 746 millones de dólares en utilidades, que podrían financiar en parte la participación del Estado. A dicho respaldo se podría sumar el crédito internacional con aval del Estado que no comprometa la propiedad del proyecto. Esto supone reconocer que la venta fragmentada de nuestra empresa petrolera ha sido "un pésimo negocio" para el país.
SUMILLAS
El desarrollo de una cultura y mercado para el gas, inexistente en el país, supone una estrategia nacional de corto, mediano y largo plazo que planifique, que estimule el consumo del gas.
El retiro de la Shell-Mobil demostraría también la necesaria "integración del negocio", por estrictas razones de rentabilidad, y la debilidad del mercado interno.